De París a Bruselas: cuáles son los vínculos entre ambos ataques
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
AP

De París a Bruselas: cuáles son los vínculos entre ambos ataques

Najem Laachraoui, Salah Abdevlam: Son los nombres que resuenan al hablar de los sospechosos de los ataques perpetrados en Bruselas y en París, Francia, que fueron reivindicados por el Estado Islámico.
AP
Por BBC Mundo
25 de marzo, 2016
Comparte

Con cada nueva información que se publica queda más clara la relación entre los ataques de Bruselas y los de París.

Los de la capital belga tuvieron lugar a primera hora de este martes en el aeropuerto de Zaventem, a 7 kilómetros de la capital belga, y en la céntrica estación de Maalbeek, y dejaron 31 muertos y 270 heridos.

Y los de la capital francesa ocurrieron cuatro meses antes, el 13 de noviembre, y se saldaron con 137 víctimas mortales y 415 heridos.

Tras los incidentes de París, a la policía le quedó claro que varios atacantes huyeron a Bélgica, el país en el que se habían fabricado varias de las bombas utilizadas en la capital francesa.

El grupo autodenominado Estado Islámico reivindicó la autoría de las acciones tanto de París como de Bruselas.

Y son los mismos sospechosos los que los servicios de inteligencia vinculan a ambos ataques.

Estos son sus nombres.

Najim Laachraoui

La víspera de las explosiones en Bruselas, la policía belga informó de que el principal sospechoso relacionado con los ataques en París era Najim Laachraoui y que estaba prófugo.

Los servicios de inteligencia creen que este belga nacido en el suburbio Schaerbeek de Bruselas era el experto en armas de una célula de EI en Bélgica.

Reportes sin confirmar de Bélgica señalan que se inmoló en el aerpuerto de Bruselas el 22 de marzo, junto con Brahim Bakraoui.

Image copyrightPolicia de Belgica
Image captionEs el principal sospechoso de los ataques de París.

Si esto se llegase a confirmar, el vínculo entre los ataques de París y los de Bruselas quedaría probado.

El ADN de Laachraoui fue hallado en un apartamento de Bruselas y en una casa de Auvelais, en el sur de Bélgica.

Ambas casas habían sido utilizadas por los atacantes de París antes del 13 de noviembre.

Hasta esta semana, a Laachraoui sólo se le conocía por su alias, Soufiane Kayal.

Con ese nombre, falso, había alquilado el apartamento de Auvelais.

Se unió a Estado Islámico en Siria en 2013 y regresó a Bélgica el año pasado.

La policía lo identificó después de que en septiembre cruzara la frontera entre Hungría y Austria en coche junto con otros dos sospechosos.

Los otros dos eran Salah Abdeslam y Mohamed Belkaid.

Cuando el 15 de marzo la policía llevó a cabo una redada en una casa de Forest, un suburbio de Bruselas, encontró a los tres allí.

Belkaid murió de un tiro durante el operativo.

Salah Abdeslam

De acuerdo a la policía, Salah Abdeslam estuvo involucrado en el planeamiento y la ejecución de los ataques de París.

Allí murió su hermano Brahim Abdeslam, que se inmoló.

Después de las acciones de la capital francesa, Abdeslam estuvo prófugo por cuatro meses.

Lo capturaron el 18 de marzo en Molenbeek, en el barrio de Bruselas en el que creció, tres días después de que Belkaid muriera en el operativo policial.

Los servicios de inteligencia creen que era parte de la célula de EI en Bélgica que planeaba un ataque para Semana Santa, pero que después de que fuera arrestado adelantó los planes.

La policía belga asegura que les suministró información y que, como consecuencia, sus colaboradores yihadistas temen que hayan quedado al descubierto.

Antes de los ataques de París, Abdeslam viajó varias veces por Europa y por ello se le considera el experto en logística de la célula de EI en Bélgica.

La policía lo paró en Ulm, un pueblo del suroeste de Alemania, a principios de octubre.

Iba con otro sospechoso, Monir Ahmed Alaaj.

Era un nombre falso, y también se le conocía como Amine Choukri.

Fue capturado el viernes junto a Abdeslam.

Khalid y Brahim el Bakraoui

Los hermanos Khalid y Brahim el Bakraoui se inmolaron el 22 de marzo en Bruselas.

Brahim lo hizo en el aeropuerto de Zaventem, a 7 kilómetros de la capital belga, y Khalid en la céntrica estación de metro de Maalbeek.

Ambos tenían antecendetes criminales, aunque “no relacionados con terrorismo”, señaló el fiscal general belga este miércoles.

Eran considerados criminales comunes.

Brahim el Bakraoui había pasado nueve años preso por participar en un robo con pistola en 2010.

Y su hermano cumplió una pena de cinco años de cárcel por robar un coche en 2011.

Sin embargo, el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan dijo que Brahim el Bakraoui, de 29 años, fue identificado en la frontera con Siria en julio de 2015.

También señaló que ya habían advertido que era un “terrorista extranjero” antes de ser deportado a Turquía.

Además existen claros vínculos entre los hermanos, los ataques de París y Salah Abdeslam.

Khalid el Bakraoui, de 27, alquiló el piso de Bruselas en el que la policía belga llevó a cabo el operativo el 15 de marzo y en el que falleció Mohamed Belkaid.

La policía buscaba a los hermanos El Bakraoui cuando realizó la redada en la casa de la calle Dries, en Forest, un suburbio de la capital belga.

Y lo que es más importante, también se cree que Khalid el Bakraoui rentó el apartamente de Charleroi, en el sur de Bélgica, que la célula de EI utilizó para reunirse antes de los ataques de París.

En el piso de la calle Fort la policía encontró rastros tanto de los hermanos Abdeslam como del atacante del estadio de fútbol Stade de France (París) en noviembre, Bilal Hadfi.

Y también del supuesto cabecilla Abdelhamid Abaaoud y de Chakib Akrouh.

Ambos murieron durante una redada de la policía en París cinco días después de los ataques.

Aunque se cree que jugaron un papel menor en los ataques de París, la policía tiene claro su vínculo con Salah Abdeslam, Najim Laachraoui y los ataques de Bruselas.

Mohamed Abrini

La policía sospecha que Mohamed Abrini estuvo relacionado con los ataques de París y lo sigue buscando.

Lo vincularon con la búsqueda de Laachraoui en los días previos a los ataques en Bruselas y se especula que en estos también desempeñó un papel activo.

Image copyrightPolicia de Belgica
Image captionA Mohamed Abrini se le perdió la pista.

Antes de los ataques del 13 de noviembre en París, este amigo de infancia de Salah Abdeslam viajó dos veces entre Bélgica y París junto, el 10 y el 11 de noviembre, junto con los hermanos Abdeslam.

Fue visto en una gasolinera de camino a París.

Conducía un Renault Clio que sería después utilizado durante la noche de los ataques en la capital francesa.

No está claro qué pasó con él después de eso.

 

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

Cómo evitar caer en la ‘trampa de la eficiencia’ en el trabajo

Tenemos una cantidad limitada de tiempo, sin embargo, seguimos esforzándonos para cumplir metas infinitas. ¿Por qué nos imponemos tanta presión y cómo podríamos dejar de hacerlo?
24 de agosto, 2021
Comparte

Aquí va una pregunta sencilla que podría provocar una pequeña crisis existencial. Sin necesidad de sacar una calculadora, adivina: ¿cuántas semanas vivirá una persona promedio?

La respuesta, para una esperanza de vida de unos 80 años, es 4.000. Hasta los centenarios sólo vivirán 5.200.

Si eres como yo, ese concepto podría generar una sensación de pavor, seguida de una mayor determinación de lograr lo máximo de este corto período en la Tierra. Seguro que tiene sentido embutir cuantas actividades sean posibles en cada día, para asegurarnos de cumplir nuestras metas antes de dejar esta vida.

En realidad, eso podría ser la peor cosa que pudiéramos hacer para vivir una vida llena y feliz. En su nuevo libro, “Cuatro mil semanas”, el escritor en psicología Oliver Burkeman sostiene que esto sólo conduce a decepción e infelicidad, gracias a un fenómeno conocido como la “trampa de la eficiencia”. En su opinión, nos vendría mejor ir más lento, en lugar de acelerar, si queremos sacarle el máximo a nuestra corta esperanza de vida.

La tiranía del tiempo

La ansiedad por el paso del tiempo no es exactamente exclusiva de la vida moderna. Alrededor de 29 a.C., el poeta romano Virgilio escribió “fugit inreparabile tempus” (“el tiempo vuela irrevocablemente”) lo que expresa un poco de la ansiedad por el paso de los días. Pensamientos similares sobre cómo el tiempo se nos escapa se pueden encontrar en Chaucer y Shakespeare.

Burkeman, sin embargo, cree que la peculiar preocupación de la humanidad con el tiempo -y, en particular, si lo invertimos “productivamente”- se volvió mayor con el uso común del reloj y el surgimiento de la Revolución industrial. Antes de eso, los ritmos naturales del día guiaban a la gente: “Hay que ordeñar la vacas cuando necesitan ser ordeñadas, y no podías decidir de alguna manera hacer todo el ordeño de un mes en unos cuantos días”, dice.

Producción en línea en una fábrica automotriz

Getty Images
El auge de la Revolución industrial nos volvió agudamente conscientes de la productividad y el rendimiento, añadiendo más presión en el trabajo.

Una vez la gente empezó a trabajar en molinos y fábricas, sus actividades tuvieron que ser coordinadas con más precisión, frecuentemente para optimizar el uso de las máquinas que operaban.

Eso dio paso a prestarle mayor atención a la planificación y la creación de horarios, a la vez que se entendió que nuestra productividad podría ser cuidadosamente monitoreada. Y la presión resultante, de hacer más en menos tiempo, parece haber crecido exponencialmente en la segunda mitad del siglo XX.

La industria de autoayuda se ha encargado de atender estas ansiedades, con muchos textos en las pasadas cuatro décadas ofreciendo consejos para administrar mejor el tiempo.

“La implicación de estos libros es que, con la técnica correcta, podrías cumplir casi cualquier obligación que se te atraviese. Podrías emprender cuantas ambiciones personales quisieras, con una rutina diaria perfectamente optimizada”, señala Burkeman.

La “trampa de la eficiencia”

Desafortunadamente, no siempre funciona así. Burkeman describe la obsesión con la eficiencia y la productividad como una especie de “trampa”, ya que en realidad nunca puedes escapar de la sensación de que podrías estar haciendo más.

"Es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Una mujer con cuatro brazos haciendo muchos trabajos a la vez

Considera una meta básica, como optimizar tu correspondencia de correo electrónico. Podrías pensar en alcanzar un tipo de estado zen donde no tienes nada en tu buzón al final de cada día, y contestas cada correo a medida que llega. Desafortunadamente, cada correo que envías probablemente generará más respuestas y tareas que completar, lo que puede llevar a que los mensajes se acumulen otra vez.

El hecho de que el trabajo suele engendrar más trabajo significa que muchos empleados eficientes pronto se extralimitan más allá de sus capacidades, a medida que su jefe les sigue añadiendo responsabilidades. Como Burkeman escribe en “Cuatro mil semanas”: “Tu jefe no es idiota. ¿Por qué le daría el trabajo a otra persona más lenta?”

La rutina hedonista

También hay buenas razones psicológicas que explican por qué nunca estaremos satisfechos con nuestras actividades actuales -en el trabajo como en nuestras vidas personales-, que nos llevan a estar constantemente aplicándonos más presión.

Los humanos tenemos un molesto hábito de acostumbrarnos a los cambios positivos en nuestras vidas -el fenómeno conocido como la “rutina hedonista”-.

Podrías pensar que una promoción en el trabajo sería una recompensa adecuada por todo tu esfuerzo, pero los estudios demuestran que muchas veces no te hace más feliz que tu actual cargo. No importa cuán productivo se es, ni cuánto se logra, siempre querrás más para ti.

La noción de la trampa de la eficiencia de Burkeman también me hace recordar un estudio de la Universidad de Rutgers, en EE.UU., y de la Universidad de Toronto, en Canadá. A unos participantes le pidieron hacer una lista de 10 actividades que los haría sentirse mejor en sus vidas -sugestionándolos para pensar en la felicidad como una meta activa-. Después, ellos mismos registraron puntajes inferiores en un cuestionario sobre su bienestar actual que los participantes a los que antes se les había pedido que dijeran de qué estaban agradecidos en ese momento.

Una exploración más profunda encontró que la reducción de felicidad estaba vinculada al sentido de que el tiempo de alguna manera se estaba esfumando: en lugar de hacer que los participantes se sintieran positivos y proactivos, el pensar en todas esas actividades les había hecho más agudamente conscientes del poco tiempo que en realidad tenían para logarlo todo.

Un hombre con un proyecto personal pinta un cartel

Getty Images
Si tratas de hacer menos con tu tiempo y te enfocas en terminar una sola tarea, podrás dar pasos más amplios.

Escapando de la trampa

Al fin de cuentas, Burkeman piensa que nuestro implacable impulso de productividad es un intento inútil de escapar la cruda realidad de nuestras 4.000 semanas en la Tierra. “Es seductor tratar de pasar el tiempo mejorando tus rutinas y rituales, pero eso simplemente contribuye a evitar enfrentar la verdad de lo finitos que somos”, afirma. “Y es una verdadera receta para el estrés -la idea que puedes hacer algo sobrehumano con tu tiempo-“.

En opinión de Burkeman, todos podríamos reducir nuestra ansiedad si sólo aceptáramos nuestra capacidad limitada de lograr todo lo que quisiéramos en la vida.

Tiene unos cuantos consejos prácticos.

El primero parecería obvio, pero frecuentemente lo olvidamos: necesitamos limitar el número de objetivos que queremos alcanzar a la vez.

Podrías priorizar el mudarte de casa y escribir un libro, por ejemplo, mientras te das cuenta de que las clases de piano tendrán que esperar. Aunque pueda ser descorazonador abandonar algo que es muy importante para ti, serás capaz de dar pasos más grandes hacia las metas que has escogido, que si tratas de cumplir demasiadas cosas simultáneamente.

Puedes intercambiar metas, naturalmente, a medida que tu vida progresa -una vez te hayas mudado, por ejemplo, habrá espacio en tu horario para aprender el piano-. Pero en general, Burkeman sostiene que seríamos más felices si tomamos la decisión consciente de poner en espera algunos proyectos, en lugar de tener la continua sensación de que no estamos cumpliendo con falsas expectativas.

“Simplemente te estás reconciliando con ser un humano finito”, indica.

"Cuando enfrentas esta realidad , es de verdad muy liberadora"", Source: Oliver Burkeman, Source description: Autor de "Cuatro mil semanas", Image: Un hombre frente a un piano y un escritorio levantando los brazos en una expresión de felicidad

En el trabajo del día a día, Burkeman también aboga por tener una “lista de labores cumplidas” -más o menos paralela a la “lista de labores por hacer” que empieza vacía cada mañana, pero se va llenando con cada tarea que cumples-.

Muy importante es que muchas de esas tareas pueden haber sido distracciones que nunca hubieras incluido en tu lista de labores por hacer, pero que, sin embargo, fueron importantes cumplir. De esta manera, la práctica te ayuda a reformular tu carga laboral para que tengas una mayor sentido de logro, en vez de estresarte por las cosas que todavía no has acabado de hacer.

No obstante, Burkeman reconoce que le resulta difícil cambiar su propia actitud mental y aceptar los límites de lo que puede lograr en sus 4.000 semanas -pero vale la pena perseverar-.

“Cuando enfrentas esta realidad, es de verdad muy liberadora”, dice. “Te das cuenta de que has estado peleando una batalla inútil”.

El libro de Oliver Burkeman “Cuatro mil semanas” (Four Thousand Weeks) está publicado por la editorial Farrar, Straus and Giroux en EE.UU., y por Bodley Head en Reino Unido. En Twitter se le encuentra en @oliverburkeman.

David Robson es autor de “La trampa de la inteligencia: por que la gente lista hace tonterías” (The Intelligence Trap: Why Smart People Make Dumb Mistakes). Su próximo libro es “El efecto de la expectativa: cómo tu actitud mental puede cambiar tu mundo” (The Expectation Effect: How Your Mindset Can Change Your World) que saldrá en 2022. Se le encuentra en Twitter en @d_a_robson.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=C-3aYnhF6Io

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.