Despega ExoMars, la nueva era de exploración europea en Marte
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Despega ExoMars, la nueva era de exploración europea en Marte

La Agencia Espacial Europea y la rusa Roscosmos han lanzado Exomars 2016, una misión con dos protagonistas: el orbitador TGO, que analizará los gases de la atmósfera marciana, y el demostrador tecnológico Schiaparelli, que aterrizará con paracaídas en el planeta rojo.
ESA
Por Agencia Sinc
14 de marzo, 2016
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Cuando en 1877 el astrónomo italiano Giovanni Schiaparelli dibujó un mapa con los ‘canales’ de Marte, poco podía imaginar que una nave llevaría su nombre al planeta rojo casi 140 años después. El módulo de descenso Schiaparelli y el orbitador TGO (Trace Gas Orbiter) son los dos componentes de Exomars 2016, una misión que la Agencia Espacial Europea (ESA) y la rusa Roscosmos han lanzado hoy a las 10:31h (hora peninsular española) en un cohete Protón desde el cosmódromo de Baikonur (Kazajistán). El lanzador tardará más de 10 horas en poner la nave en su trayectoria correcta.

“Es difícil expresar con palabras la emoción que sentimos tras doce años de trabajo”, explica a Sinc Silvia Bayón, ingeniera de sistemas del satélite Exomars, quien conoce bien los avatares por lo que ha pasado la misión: “Inicialmente era solo europea, luego cambió a una cooperación con NASA en la se pasó de una arquitectura única a dos separadas –una en 2016 y otra en 2018–,  y finalmente hubo que cambiar a la colaboración con Roscosmos (Rusia), y en todo este proceso el diseño de la misión y el satélite han variado bastante, así como los análisis de los diversos lanzadores (Ariane, Atlas, Protón)”.

“Hasta hace dos o tres años había mucha gente que pensaba que no podríamos lanzar en 2016”, coincidieron en señalar Bayón y el director de ciencia de la ESA, Álvaro Giménez, durante un encuentro con la prensa celebrado la semana pasada en el Centro Europeo de Astronomía Espacial (ESAC) que tiene la ESA cerca de Madrid. “Es una misión impresionante, única, que pone a Europa dentro del esquema de exploración global de Marte y demuestra que los europeos también somos capaces de aterrizar allí”, subrayó Giménez.

El aspecto tecnológico es uno de los más importantes de ExoMars, ya que se ha lanzado la nave más grande enviada hasta ahora a Marte por la ESA, con más de 3.700 kg de masa (incluyendo los 3.130 de TGO y los 600 kg de Schiaparelli). Por comparar, Mars Express tenía una masa en el lanzamiento de 1.000 kg. También es la primera vez que se utiliza una arquitectura en la que una sonda despliega un aterrizador, desde que en la década de los 70 se hiciera con las misiones Viking de la NASA.

Está previsto que el próximo 16 de octubre se separare el módulo Schiaparelli de descenso y entrada (también llamado EDM) del orbitador TGO, que tres días después hará una maniobra –de unas dos horas y en la que se consumirá la mitad del combustible– para insertarse en la órbita de Marte. Justo ese día, el 19 de octubre, se posará Schiaparelli en la superficie marciana.

Secuencia de descenso del módulo Schiaparelli prevista para el próximo 19 de octubre.

Secuencia de descenso del módulo Schiaparelli prevista para el próximo 19 de octubre.

El objetivo de este módulo de descenso es demostrar tecnologías para la reentrada en la atmósfera marciana y el aterrizaje en su superficie, y todo durante los seis minutos que durará el descenso. “Van a ser los seis minutos más largos en la vida de mucha gente que ha trabajado en este proyecto”, adelanta Mariella Graziano, directora ejecutiva de sistemas espaciales en GMV, una de las siete empresas españolas que participan en el proyecto, quien también destaca, que al margen del retorno económico que supone la misión para la industria española, “el hombre necesita descubrir, y eso no se paga con nada”.

Vida corta del módulo Schiaparelli

ExoMars es una misión de exobiología y, por tanto, todos sus componentes han tenido que cumplir unos fuertes requisitos de protección planetaria, sobre todo en el módulo Schiaparelli. Una vez que ‘amartice’, podrá funcionar entre dos y ocho soles (días marcianos), dependiendo de la duración de sus baterías, y aunque incluye algunos instrumentos científicos para el análisis de la transparencia y condiciones de la atmósfera, su tarea principal es testar las tecnologías para el descenso y el aterrizaje.

El módulo (de 1,65 m de diámetro) probará un grueso escudo térmico, que podría enfrentarse a una tormenta de arena durante la reentrada, un paracaídas supersónico de 12 metros de diámetro y diversos sistemas de guiado, navegación y control, además de una estructura deformable para el impacto de tierra final. Su velocidad pasará de los 21.000 km/h a los que viajará a unos 122,5 km de altura hasta los menos de 11 km/h antes del impacto.

Respecto a TGO, además de llevar y soltar a Schiaparelli, incorpora cuatro instrumentos (la suite ACS de química atmosférica, el detector FREND de hidrógeno, la cámara CaSSIS y los espectrómetros NOMAD, con participación del Instituto de Astrofísica de Andalucía) que desarrollarán las tareas científicas y la plataforma de comunicaciones entre Marte y la Tierra. “Requiere mucho nivel de autonomía a bordo”, señala Bayón, “porque puede llegar a haber un retraso de 24 minutos en las comunicaciones con la Tierra y, en el verano de 2017, la conjunción solar de Marte interrumpirá dichas comunicaciones durante un mes”.

itador TGO (con unas dimensiones de 3,2 x 2 x 2 m y 17, 5 m con los paneles solares desplegados) también incluye un avance que se empleará por primera vez en una misión de la ESA: la utilización de una técnica del aerofrenado para alcanzar su órbita científica alrededor del planeta rojo, a una altitud de 400 km. sobre el suelo marciano.

Una vez que la sonda esté en esa órbita, comenzará su fase de ciencia, que durará un año marciano (687 días terrestres), y que se centrará en caracterizar los ‘gases traza’ (aquellos que representan menos de 1 % del volumen de la atmósfera marciana, como el metano, el vapor de agua, el dióxido de nitrógeno y el acetileno), así como en buscar respuestas a la pregunta de si alguna vez llegó a haber vida en el pasado del planeta rojo.

“Hace 3.500 millones de años, había agua líquida en la superficie de Marte y, posiblemente, vida también”, explica Leo Metcalfe, responsable de operaciones científicas de ExoMars 2016. De hecho, este planeta y la Tierra empezaron teniendo condiciones similares, y favorables para los seres vivos al principio del origen del sistema solar, hace unos 4.600 millones de años. Sin embargo, durante el denominado ‘bombardeo intenso tardío’, hace unos 4.000 millones de años, la superficie marciana comenzó a volverse más parecida a como la que hoy conocemos, y se transformó en un entorno muy hostil para la vida.

Para determinar hasta qué punto es así, TGO analizará la presencia de metano en la atmósfera marciana, un gas traza que en la Tierra tiene origen biológico o geológico, por procesos volcánicos. Metcalfe señala que el metano no sobrevive mucho tiempo en la atmósfera de Marte, es destruido por la radiación ultravioleta, así que si se encuentra allí, tiene que haber fuentes. “Aunque fuera de origen volcánico también sería importante, porque en nuestro planeta la combinación de actividad volcánica y agua líquida es fundamental para la vida”, subraya el experto.

Metcalfe también recuerda que en los últimos diez años se han acumulado bastantes evidencias de que se puede encontrar todavía en la superficie de Marte agua líquida. “Debería ser altamente salina para no congelarse. También hay cavernas, de origen volcánico, de las que no se sabe lo que hay debajo. Es posible que las condiciones bajo la superficie sean más compatibles con la existencia de vida”.

Próximo objetivo: enviar un rover

Para profundizar en esa investigación, los responsables de ExoMars tienen previsto enviar un rover que pueda taladrar la superficie marciana en 2018 como una segunda fase de la misión, aunque es probable las fechas se retrasen. Además, la posibilidad de que Marte aún pueda tener condiciones favorables para la vida abre la puerta a que esta misión suponga un primer paso hacia una futura misión tripulada al planeta rojo.

“La atención de todos los astronautas está puesta en esta misión”, destacó Pedro Duque por videoconferencia durante la presentación en ESAC. “La medición de los gases de Marte se va a conseguir con varios órdenes de precisión mayor de lo que se ha logrado hasta ahora, y esto es importante para determinar si merece la pena ir”.

Según el astronauta español lo que no es nada sencillo es concretar cuando un humano podrá pisar la superficie de Marte: “No es tanto una cuestión de tiempo medido en años, sino de la cantidad de gente y recursos que podamos dedicar a ello, porque va a ser difícil que resucite Kennedy”, bromeó Duque.

Agencia Sinc

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'Hará más mal que bien’: los peligros de apresurar la vacuna contra la COVID

La FDA adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra la COVID antes de que terminen los ensayos clínicos, pero varios expertos advierten que esto sería un "grave error".
Getty Images
4 de septiembre, 2020
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El jefe de la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos (FDA, por sus siglas en inglés), Stephen Hahn, adelantó que podría aprobar el uso de emergencia de una vacuna contra el coronavirus antes de que terminen los ensayos clínicos, algo sobre lo que varios expertos han advertido, tildándolo de “grave error”.

En una entrevista ofrecida al medio británico The Financial Times y publicada el domingo, Hahn insistió en que, de tomarse, la decisión será “científica, médica y basada en datos”, y no una respuesta política a las presiones del gobierno estadounidense para que se apruebe una vacuna.

A finales de agosto, el presidente Donald Trump acusó a la FDA de “retrasar” la aprobación de la vacuna hasta después del 3 de noviembre, fecha en la que los votantes acudirá a las urnas para decidir quién gobernará el país durante los próximos cuatro años.

De darle luz verde antes de terminar la fase 3 de los ensayos clínicos, EE.UU. se convertirá en el tercer país en aplicar la polémica medida, después de que Rusia y China lo hicieran en agosto.

Cuando el 11 del pasado mes las autoridades rusas registraron su vacuna Sputnik V, asegurando que había demostrado ser “altamente efectiva y segura”, científicos en todo el mundo y la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) acogieron con escepticismo.

Días después, el 20 de agosto, Moscú anunció que iniciaría las pruebas clínicas en 40.000 voluntarios en distintos países.

Vacuna contra el coronavirus.

Getty Images
Rusia y China han aprobado vacunas contra el coronavirus sin culminar la fase 3 de los ensayos clínicos.

La fase 3 de los ensayos clínicos suele considerarse la más crucial, pues es la etapa en la que los investigadores tratan de ver cuán eficaz y segura es la vacuna probándola en decenas de miles de personas.

“En otras palabras, se busca la reducción real de los casos de la enfermedad en el número de personas que fueron vacunadas comparado con el mismo número de sujetos que no recibieron la vacuna”, le explicó hace semanas el doctor Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading en Reino Unido, a BBC Mundo.

Si bien en las etapas previas también se evalúa el desempeño y la seguridad del producto, la fase 3 es la que “realmente te dice que la vacuna es capaz de prevenir que ocurra la infección”, según el virólogo británico.

“Falsas esperanzas”

Pero quizás el lado más peligroso de aprobar una vacuna antes de culminar todos los ensayos clínicos son sus posibles consecuencias.

Mijail Murashko.

Getty Images
El ministro de Salud ruso ha desestimado las preocupaciones y dudas que genera el programa de vacunas Sputnik V.

En conversación con BBC Mundo, Jones explica que hay varios problemas asociados con que la vacuna sea aprobada demasiado pronto.

Lo primero es que podría generar falsas esperanzas: puede que la gente se apresure a ponerse la vacuna “cuando en realidad tal vez no sea la mejor vacuna, sino la primera que está disponible“.

“Esto causaría decepción en los individuos que se inmunizaron”, añade.

Según el experto, una vacuna que no funcione tan bien como debería podría extender la idea de que (la vacuna en general, todas las que se están desarrollando contra la COVID-19) es ineficiente y suscitar desconfianza dentro de la población. “Al final, una vacuna apresurada hará más mal que bien”.

“Simplemente le quitaría valor a todas las demás vacunas. Y le daría alas al lobby antivacunas, que se aprovechará de cualquier desliz. Es perjudicial para todo el mundo“.

Más difícil ponerle fin a la pandemia

Este lunes, la científica en jefa de la OMS, Soumya Swaminathan, se unió a las advertencias de la comunidad de expertos y aseguró que autorizar una vacuna demasiado pronto y con pocos datos podría tener una variedad de consecuencias negativas.

Vacuna contra el coronavirus.

Reuters
La fase 3 de los ensayos clínicos es frecuentemente considerada como la más crucial, pero la Administración de Alimentación y Medicamentos de Estados Unidos está considerando saltársela.

“En primer lugar, hará que sea muy difícil continuar con los ensayos clínicos aleatorios”, dijo.

“Y en segundo lugar, existe el riesgo de que se introduzca una vacuna que no se haya estudiado de manera adecuada y que podría resultar que es poco eficaz y no cumple con el trabajo de ponerle fin a esta pandemia o, peor aún, que tenga un perfil de seguridad inaceptable”.

Para que una vacuna sea aprobada por la FDA, se debe haber demostrado que es segura y eficaz en función de los datos recopilados tras ser probada en miles de voluntarios.

Es un proceso de verificación que puede durar meses.

Swaminathan agregó que la aprobación del uso de emergencia de una vacuna debe realizarse “con mucha seriedad”, particularmente porque se trata de una decisión que “podría provocar efectos secundarios adversos” en algunas partes de la población.

Un pequeño riesgo de mutación

La confianza de la gente en una campaña de vacunación es crucial, por lo que aprobar una vacuna antes de que culminen todos los ensayos clínicos podría además limitar el número de personas que se dejarían inyectar.

Una niña recibiendo una vacuna.

Getty Images
Ian Jones, profesor de Virología de la Universidad de Reading, dice el objetivo es tener una vacuna que nos inmunice completamente y no una que funcione a medias.

“Se trata de una preocupación muy seria, subraya.

“Si la gente piensa que la primera vacuna en ser lanzada lo ha sido por el simple hecho de ser la primera (en desarrollarse), pero no es necesariamente la mejor, podrían considerar que no vale la pena aplicársela, lo que llevaría a no querer ser inmunizados”, prosigue.

“Pero el peligro es que no querrían inmunizarse con una vacuna que funcione mejor y que podría venir después, y eso haría que el virus siga circulando”.

Jones considera poco probable que la vacuna no funcione del todo debido a las pruebas que ya se han hecho.

Pero otro riesgo, según explica, es que el virus podría transformarse y evitar la respuesta inmune generada por la vacuna aprobada con apuro, mutar en una forma ligeramente diferente, que ninguna de las vacunas podría combatir.

“No queremos una vacuna que funcione a medias”

Sin embargo, él no cree que las preocupaciones deban centrarse en cuán segura es la vacuna, sino en su eficacia.

El virus junto a una inyección.

Getty Images
Soumya Swaminathan advierte que aprobar una vacuna sin finalizar todos los ensayos clínicos podría provocar efectos secundarios adversos en algunas partes de la población.

“No queremos una vacuna que funcione a medias, queremos una que nos inmunice completamente”.

“En realidad, pienso que todas las vacunas que están siendo probadas en la actualidad son bastante seguras y probablemente no le causarán ningún daño a quien las reciba. Pero cuando apruebas una vacuna que funciona mal, estás fijando expectativas sumamente bajas, y lo que venga después no tendrá la obligación de ser mejor”.

“Estarías abriéndole paso a una serie de genéricos que también van a funcionar mal“.

Para este virólogo británico esto es algo que se debe evitar, y para hacerlo la fase 3 del proceso debe ser culminada, probando la vacuna “en tanta gente como sea posible, para así conocer su resultado habitual con una dosis habitual“.

“Tomar atajos para lograr vacunas no es exactamente una buena idea. Sería un grave error”, concluye.

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