Más de 1,600 auditorías y solo este programa cumplió sus metas y regresó lo que no gastó
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Cuartoscuro

Más de 1,600 auditorías y solo este programa cumplió sus metas y regresó lo que no gastó

Este programa del Centro Nacional para la Salud cumple con disposiciones legales y normativas; y hace buen uso de los recursos públicos asignados.
Cuartoscuro
1 de marzo, 2016
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El común denominador en las revisiones que hizo la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en la Cuenta Pública 2014 es que los programas no cumplen con sus objetivos, los padrones de beneficiarios presentan irregularidades o los recursos públicos no se gastan correctamente. Pero existe uno que según el órgano fiscalizador sí cumplió con sus metas.

El Programa de Vacunación Universal “cumplió con las disposiciones legales y normativas” durante 2014, concluyó la ASF, tras realizar una auditoría de desempeño y una financiera, en la que revisó el destino de 2 mil 781 millones 867 mil pesos.

Aunque se le hicieron 10 recomendaciones para mejorar, entre otras cosas, la logística en la entrega de vacunas y aumentar el control en la aplicación de las mismas, la ASF concluyó que los recursos de este Programa se ejercen correctamente y cumple con sus objetivos.

La ASF realizó 1,659 informes de la Cuenta Pública 2014, que corresponden a 748 auditorías de cumplimiento financiero, 897 auditorías de desempeño, 8 evaluaciones de políticas públicas, 5 estudios, y una revisión de Situación Excepcional.

La Secretaría de Salud, a través del Centro Nacional para la Saud de la Infancia y la Adolescencia, tiene control del Programa de Vacunación Universal, cuyo objetivo es “desarrollar estrategias para la reducción de enfermedades prevenibles por vacunación”.

A través de dos programas presupuestarias —la E036 Reducción de Enfermedades prevenibles por vacunación y la U005 Seguro Popular— el centro adquiere y distribuye a las entidades federativas diferentes vacunas: neumococo, antihepatitis B infantil y adulto; difteria, tétanos, tos ferina, Rotavirus, papiloma humano o la de influenza estacional.

El Centro Nacional para la Salud reportó recursos ejercidos en 2014 por 2 mil 871 millones 297 mil pesos por la operación de esos dos programas presupuestarios.

La ASF encontró que, en realidad, se ejercieron 4 mil 854 menos, pero esa diferencia por “recursos no aplicados” fue reintegrada a la Tesorería de la Federación, justo como debe ocurrir cuando se da un subejercicio.

El órgano fiscalizador también comprobó que el Centro Nacional de Salud pagó en tiempo y forma a los proveedores de once tipos de vacunas, para entregarlas a las entidades federativas.

“Se comprobó que para efectuar dichos pagos, el CeNSIA gestionó 99 cuentas por liquidar certificadas, las cuales se encuentran soportadas en la documentación justificativa y comprobatoria consistente en facturas, reporte de conformidad y aceptación de bienes o prestación de servicios, oficio de liberación de dosis que emite la Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios, remisión de producto terminado y acuse de recibo; dichos documentos acreditan la entrega de los biológicos en las 31 entidades federativas y el Distrito Federal. Asimismo, se constató que se aplicaron las penas convencionales por los bienes no entregados oportunamente, en los términos previstos en los contratos”.

En total, el Centro compró 40 millones 429 mil 840 vacunas para cumplir con el programa de Vacunación Universal. Las distribuyó entre todos los estados, según lo acordado en convenios que firmó con cada uno de ellos y comprobó las entregas en reportes de “Remisión de producto terminado y acuse de recibo”.

La ASF entregó al Congreso el pasado 17 de febrero el Informe de Revisión y Fiscalización de la Cuenta Pública 2014. Ésta constó de mil 674 informes de auditorías de desempeño, cumplimiento financiero y evaluación de políticas públicas.

El titular de la ASF, Juan Manuel Portal, destacó que el rasgo común de los informes de la Auditoría es que las fallas o irregularidades detectadas se repiten año tras año y eso afecta la operación y ejecución de los programas.

Otros programas con buen desempeño o correcto manejo financiero

De la Comisión Nacional del Agua (Conagua), el Plan Hídrico Integral de Tabasco. 

El gasto de los 119 millones 506 mil pesos destinados en 2014 a este programa se “planearon, programaron, presupuestaron, adjudicaron, ejecutaron y pagaron conforme a la legislación aplicable”.

Según la ASF, para este programa se tramitaron y obtuvieron las licencias y permisos necesarios —incluidos de impacto ambiental y análisis de riesgo— para implementar las obras necesarias para cumplir con el objetivo de disminuir el riesgo de inundaciones en la región.

Del Fideicomiso para Apoyo a la Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico, la ASF concluyó que tanto los ingresos como los egresos se autorizaron y registraron según las normas.

De la Comisión Nacional Forestal, el Fondo Forestal Mexicano para promover la conservación, incremento, aprovechamiento sustentable y restauración de los recursos forestales del país.

La ASF determinó que los 8 mil 445 millones de pesos recibidos se ejercieron correctamente con excepción del 8.5% de los recursos que se entregaron para incendios forestales sin justificar su uso.

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Quiénes eran las Panteras Negras, el grupo radical de los años 60 en EU que aún tiene integrantes en prisión

La Corte Suprema de Nueva Jersey anunció esta semana que otorgaba la libertad condicional a Sundiata Acoli, el exintegrante de las Panteras Negras de mayor edad que aún queda en la cárcel. El grupo de izquierda reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense en los 60.
15 de mayo, 2022
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Por casi medio siglo, ha vivido detrás de la rejas en una prisión de Nueva Jersey. Ahora, a sus 85 años, volverá a respirar la libertad.

La Corte Suprema de ese estado anunció esta semana que decidió liberar a Sundiata Acoli, el exintegrante de mayor edad de las Panteras Negras que aún queda en la cárcel. Se trata del controvertido grupo de izquierda que reivindicaba los derechos de la minoría afroestadounidense a finales de 1960.

Acoli era elegible para libertad condicional desde hace 29 años, pero cada vez que sus abogados la solicitaron, se le negó.

Fue considerado sistemáticamente una “amenaza pública”, pese a que su salud, los años y diversos reportes médicos y psiquiátricos sugerían lo contrario.

Lo habían condenado a cadena perpetua en 1974, luego de un extraño incidente un año antes en el que un policía terminó muerto.

Acoli viajaba con Assata y Malik Shakur, otros dos integrantes de las Panteras Negras, cuando dos oficiales pararon el carro para una inspección rutinaria en la autopista de peaje de Nueva Jersey: llevaban una luz rota.

Lo que siguió después nunca ha quedado claro: hubo un tiroteo, Malik y un policía murieron, Acoli y otro agente resultaron heridos.

Acoli y Assata huyeron, pero fueron detenidos pocos días después y condenados a pasar el resto de su vida tras las rejas.

En una de las fugas más memorables de las cárceles de Estados Unidos, Assata logró escapar y se refugió años después en Cuba, donde se cree que todavía vive (sigue aún en la lista de los más buscados del FBI).

Acoli ha pasado su vida en la cárcel, pero no es el único.

Al menos 12 miembros del movimiento siguen todavía presos, con condenas que se acercan o superan los 50 años de cárcel.

Sus sentencias son todavía el testimonio de una época controvertida de luchas por los derechos civiles en EU y una muestra de la brechas raciales y sociales de la sociedad en que se generó.

Pero, ¿qué fue este grupo y por qué sigue generando polémica más de medio siglo después?

El partido

Boinas negras y chaquetas de cuero negro, puños cerrados y pistolas en mano… las Panteras Negras crearon su propia moda que era, a la vez, su símbolo.

Propugnaban la autodefensa armada, especialmente contra la policía, y se definían como un “partido socialista” en una época en la que el comunismo era visto como el mayor enemigo de EU.

El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale, quienes se habían hecho conocidos unos años antes por protestar en un acto en California que obvió el legado negro en la colonización del oeste americano.

Huey Newton y Bobby Seale

Getty Images
El partido fue creado en 1966 por Huey Newton y Bobby Seale.

Desde entonces, se habían envuelto en el activismo político pero hubo dos hechos que los llevaron a dar un paso más allá.

En febrero de 1965, fue asesinado el líder de los derechos civiles Malcom X y, un año después, la policía de San Francisco mató a tiros a un adolescente negro desarmado: Matthew Johnson.

Fue entonces cuando decidieron crear el Partido Pantera Negra para la Autodefensa, cuyas principales metas en un inicio eran monitorear las actividades policiales contra las comunidades negras en Oakland y otras ciudades.

Su activismo y carisma muy pronto multiplicaron la popularidad del grupo: del monitoreo pasaron a crear programas sociales, incluyendo desayunos gratuitos para niños o personas con anemia, a la vez que se involucraron en actividades políticas.

En un par de años, las filiales del grupo se habían multiplicado en más de 30 estados.

En su libro Black Against Empire: The History and Politics of the Black Panther Party, Joshua Bloom y Waldo E. Martin estiman que para 1969 ya tenía más de 5 mil miembros y sus ideas eran populares tanto en comunidades pequeñas como en grandes ciudades, desde Los Ángeles y Chicago hasta Nueva York o Filadelfia.

A diferencia de otros grupos por los derechos civiles de los afroaestadounidenses, las Panteras Negras portaban armas y defendían el derecho a la autodefensa con ellas.

Bloom y Martin señalan en su libro que era una respuesta activa ante la violencia policial que vivía la población negra y que buscaba “empoderar a la comunidad negra frente a un sistema racista”.

Sin embargo, su desafío a las autoridades y su uso de armas fue visto como desafiante y en ocasiones se les describía como pandillas o grupos violentos, algo que sus líderes negaban.

El peligro marxista

Las Black Panthers eran parte de un grupo todavía mayor, el llamado Black Power, que defendía el orgullo negro y la unidad por los derechos de las minorías raciales.

Sin embargo, Newton y Seale no se conformaron con la ideología de esa organización y se basaron en el marxismo.

Creían fervientemente en la “lucha de clases” y pensaban que la organización representaba “la batalla de la vanguardia proletaria contra el capitalismo”.

Fueron estas ideas en las que basaron su plataforma política, a la que llamaron Programa de Diez Puntos, en el que pedían, entre otras cosas, el fin inmediato de la brutalidad policial, empleos para los afroestadounidenses y mayor acceso a tierra, vivienda y justicia para todos.

Su cercanía al marxismo, el enfoque nacionalista negro y una serie de actos violentos que cometieron entonces los pusieron en la mira de las autoridades, en especial del Buró Federal de Investigaciones (FBI) de Edgar Hoover.

El FBI, de hecho, creó un programa secreto de contrainteligencia, COINTELPRO, solo para seguir de cerca a los miembros de las Panteras Negras.

panteras negras

Getty Images

Fue solo el comienzo.

Para 1969, el FBI los declaró una “organización comunista” y “enemiga del gobierno”, y Hoover llegó incluso a considerarlas “una de las mayores amenazas para la seguridad interna de la nación”.

Las rivalidades con la policía

El libro de Joshua Bloom y Waldo E. Martin cuenta cómo la creciente persecución de las autoridades llevó a una rápida radicalización del grupo.

Los enfrentamientos con la policía se hicieron frecuentes y varios agentes murieron en tiroteos que implicaban a las Panteras Negras. El grupo, sin embargo, siempre aseguró que solo usaban las armas como método de autodefensa y que solo respondían a la policía si esta los agredía.

La organización también se volvió un foco de la violencia policial.

En uno de los casos más sonados, en 1969, la policía de Chicago disparó más de 100 tiros a dos miembros del partido que dormían en su apartamento.

panteras negras

Getty Images

Las autoridades aseguraron que había ocurrido un feroz intercambio de disparos, pero luego se demostró que solo una bala provino del arma de uno de miembros del grupo.

En el libro The Black Panther Party , el historiador Charles E. Jones asegura que fue tanta la persecución a la que se vieron sometidos los miembros del grupo que una especie de paranoia colectiva comenzó también a manifestarse entre sus miembros… y a dividirlos.

Esto llevó no solo a numerosas discusiones y temores, sino que hubo también denuncias de que algunas “panteras negras” asesinaron o golpearon a otros del mismo grupo que creían que eran informantes de la policía.

Ciertas partes del movimiento fueron también asociadas con actividades delictivas y una ruptura interna entre sus principales líderes y organizadores pronto los debilitó como fuerza política.

Para mediados de los 70, las Panteras Negras siguieron perdiendo seguidores y popularidad, aunque hicieron esfuerzos por sobrevivir a la debacle, incluyendo crear una rama armada, el Ejército Negro de Liberación.

En las décadas siguientes, el nombre del grupo pasó a quedar como un asunto para investigaciones académicas y libros de historia, mientras algunos de sus principales activistas morían, escapaban a otros países o consumían sus vidas en la cárcel.


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