Europa en alerta, tras los atentados en Bruselas que dejaron 34 muertos y 187 heridos
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Europa en alerta, tras los atentados en Bruselas que dejaron 34 muertos y 187 heridos

Autoridades de Europa y Estados Unidos endurecieron las medidas de seguridad para tratar de evitar nuevos atentados. "Lo que temíamos ha sucedido", dijo el primer ministro belga, Charles Michel.
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Por Redacción Animal Político
22 de marzo, 2016
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Explosiones, al menos una de ellas causada por un suicida, sacudieron este martes 22 de marzo el aeropuerto de Bruselas y el metro de la capital belga, provocando el cierre de la ciudad y elevando la seguridad en Europa. De acuerdo con medios belgas, el saldo es de al menos 34 muertos y 187 heridos.

El grupo Estado Islámico se atribuyó los atentados, afirmando que sus agentes abrieron fuego en el aeropuerto y  detonaron chalecos llenos de explosivos.

Tras los ataques, el primer ministro belga, Charles Michel, dijo en conferencia que se reforzó la presencia militar en diversos puntos del país; se reforzaron los controles fronterizos con los países vecinos y esperan reanudar el funcionamiento del transporte público.

Indicó que el aeropuerto estará cerrado los próximos tres días, mismos que fueron decretados de duelo nacional. 

Un fiscal belga dijo que están en curso en todo el país operativos policiales, luego de que un video mostró a dos hombres que “probablemente” fueron los que protagonizaron los ataques suicidas en el aeropuerto y un tercero que se fugó.

Autoridades belgas encontraron una tercera bomba en la terminal aérea, la cual fue desactivada, dijo una vocera.

El mensaje colocado por la agencia de noticias de la agrupación, Amaq, dijo que otro suicida detonó sus explosivos en el metro. El mensaje dijo que los atentados son en venganza por el apoyo de Bélgica a la coalición internacional que batalla contra el grupo extremista.

 

“Lo que temíamos ha sucedido”, dijo el primer ministro belga Charles Michel a los periodistas. “En estos momentos de tragedia, en este momento negro para nuestro país, hago un llamado a todos a permanecer en calma y también a demostrar solidaridad”.

Bélgica elevó su nivel de alerta a grado más alto, desvió trenes y autobuses con destino a la ciudad y ordenó a la población que se quedara dónde estaba. Los aeropuertos de toda Europa reforzaron de inmediato su seguridad.

“Estamos en guerra”, dijo el primer ministro de Francia, Manuel Valls, tras una reunión de urgencia convocada por el presidente francés, François Hollande. “En los últimos meses Europa ha sido objeto de actos de guerra”.

Responsables de seguridad en Europa llevaban semanas preparadas para un gran ataque, y advirtieron que el grupo extremista Estado Islámico estaba preparándose para actuar. La detención el viernes de un sospechoso clave en los ataques del pasado noviembre en París, que dejaron 130 muertos, elevó esos temores, mientras los investigadores reconocían que hay más gente implicada en la trama de la que en un principio se creyó y que algunos siguen huidos.

El primer ministro dijo que por el momento no había pruebas que vinculen al detenido, Salah Abdeslam, con los incidentes. Tras su arresto el viernes, Abdeslam dijo a las autoridades que había creado una nueva célula y que estaba planeando nuevos atentados.

“Era un escenario de guerra”

Anthony Deloos, que trabaja en el aeropuerto para Swissport, que gestiona los servicios de facturación y equipajes, dijo que la primera explosión se había producido cerca de los mostradores de la aerolínea donde los pasajeros pagan por el exceso de equipaje. La segunda detonación golpeó una cafetería Starbucks de la terminal, dijeron Deloos y un compañero.

“Oímos una gran explosión. Es como cuando uno está en una fiesta y de pronto no oye, como por un fuerte ruido”, explicó Deloos, añadiendo que un compañero le había dicho que corriera mientras trozos de papel flotaban por el aire.

“Salté en una salida de equipaje para estar seguro”, dijo.

Tom de Doncker, de 21 años y que trabajaba como becario de facturación, estaba cerca del lugar de la segunda detonación.

“Vi a un soldado sacando un cuerpo”, dijo. “Me sentí como si también me hubiera llevado un golpe” por la onda expansiva de la explosión.

Zach Mouzoun, que llegó en un vuelo de Ginebra unos 10 minutos antes de la primera detonación, dijo a la televisora BFM que la segunda explosión, más fuerte, derribó trozos del techo y rompió tuberías, mezclando el agua con la sangre de las víctimas.

“Fue atroz. Los techos se cayeron”, dijo. “Había sangre por todas partes, gente herida, maletas por todas partes”.

“Estábamos caminando por entre los escombros. Era un escenario de guerra”.

Cerca de la entrada de la estación de metro de Maelbeek, no muy lejos de la sede de la Unión Europea, los equipos de emergencias habilitaron un hospital de campaña en un pub local. Pasajeros conmocionados salían de las bocas del metro mientras la policía intentaba establecer un perímetro de seguridad.

“El metro salía de la estación de Maelbeek cuando hubo una explosión que sonó muy fuerte. Había pánico por todas partes. Había mucha gente en el metro”, dijo Alexandre Brans, de 32 años y que se estaba limpiando la sangre del rostro.

Françoise Ledune, portavoz del metro de Bruselas, dijo a la televisora BFM que parecía haberse producido sólo una explosión en el subterráneo, en un automóvil detenido en Maelbeek.

En el aeropuerto, la gente huyó tan rápido como pudo.

Imágenes de video tomadas por testigos y emitidas en la televisora francesa i-Tele mostraban a pasajeros, incluido un niño que corría con una mochila, huyendo de la terminal en diferentes direcciones arrastrando su equipaje. Otra imagen mostraba a un agente de seguridad que patrullaba dentro de una sala con desperfectos, donde se veía lo que parecían paneles aislantes del techo tirados por el suelo.

Marc Noel, de 63 años, estaba a punto de abordar un vuelo de Delta a Atlanta para regresar a su casa en Raleigh, North Carolina.

Noel, nacido en Bélgica, dijo estaba en la tienda del aeropuerto comprando revistas de motor cuando se produjo la primera explosión, a unas 50 yardas (metros).

“La gente lloraba, gritaba, los niños. Fue una experiencia horrible”, dijo a AP. Su decisión de comprar las revistas podría haberle salvado la vida, señaló. “No quiero pensar en ello, pero probablemente habría estado en ese lugar cuando estalló la bomba”.

El aeropuerto conecta la capital europea con 266 destinos de todo el mundo y por sus instalaciones pasaron casi 23,5 millones de pasajeros en 2015.

Los pasajeros fueron evacuados a las pistas y el centro de crisis instó a la gente a no acudir al aeropuerto.

En París, el ministro del Interior dijo que el país reforzaría de inmediato la seguridad en aeropuertos y estaciones de tren y metro.

Las medidas de seguridad

Tras las explosiones, autoridades de Bélgica y de otros países, como Francia y Estados Unidos, endurecieron las medidas de seguridad para tratar de evitar nuevos atentados.

  • Eurostar suspendió los servicios en su tren de alta velocidad hacia la estación de Bruselas-Midi.
  • Francia reforzó su seguridad en aeropuerto, estaciones de tren y de metro.
  • Autoridades británicas reforzaron las medidas de seguridad en todo el país, inclusive en los aeropuertos de Heathrow y Gatwick. El alcalde de Londres Boris Johnson dijo que la reforzada presencia policial es “para tranquilizar a la población, no porque tengamos información de algún inminente ataque”.
  • Hay mayor presencia de agentes de la policía en los aeropuertos de toda Europa y de Estados Unidos.
  • La Autoridad Portuaria de Nueva York incrementó las medidas de seguridad en los aeropuertos John F. Kennedy, LaGuardia y Newark Liberty, además de puentes, túneles y estaciones de autobuses.
  • El ministro del Interior alemán Thomas de Maiziere dijo que las medidas de seguridad se han fortalecido en “puntos críticos de infraestructura” en Alemania y en sus fronteras con Francia, Bélgica y Holanda.
  • El gobierno británico le pidió a sus ciudadanos no viajar a  Bruselasa menos que sea estrictamente necesario, debido a los ataques ocurridos allí.

 

Con información de AP.

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Consecuencias del covid-19: 'Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes'

La fatiga crónica es uno de los síntomas que experimentan miles de pacientes recuperados de covid-19, incluso aquellos que no estuvieron tan enfermos como para estar hospitalizados. Jade cuenta cómo fue su caso.
22 de septiembre, 2020
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Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Jade Gray-Christie nunca fue hospitalizada, pero meses después de haberse recuperado sufre fatiga crónica.

Si has leído noticias de personas con coronavirus que experimentaron síntomas “permanentes”, puede que la historia de Jade Gray-Christie te resulte familiar. Ella tenía síntomas “leves” y no fue hospitalizada, pero su vida dio un vuelco desde que se enfermó en marzo.

Antes de la pandemia, Jade tenía una vida muy ocupada.

Esta londinense, de 32 años de edad, compaginaba un gratificante trabajo dando apoyo a jóvenes de entornos desfavorecidos con una vida social activa, e iba al gimnasio tres veces por semana.

Pero en las primeras horas de la mañana del 15 de marzo, Jade llegó a casa tras un largo día de trabajo y supo que algo no iba bien.

“Me sentía fatal. Tenía mucho calor y mucho frío, y no paraba de toser, toser y toser”, me contó en voz baja, con dificultad para respirar.

A medida que pasaron los días, Jade, que es asmática y vive sola, comenzó a sentirse peor y más asustada.

Llamó al 111 (el número de emergencias). Le enviaron una ambulancia, pero los paramédicos se negaron a entrar. “Me hablaron a través de la ventana y me preguntaron qué me pasaba”, dice ella.

Jade Gray-Christie

Zoë Savitz/BBC News
Los paramédicos no quisieron entrar a casa de Jade.

Tumbada en la cama y sin apenas poder pronunciar las palabras, Jade explicó que tenía problemas para respirar y que le dolía mucho el pecho.

Le dijeron que tenía la típica “tos covid”, pero por su edad no podían llevarla al hospital. Eres joven y tu cuerpo es lo suficientemente fuerte como para recuperarse, le dijeron.

Jade se sorprendió. “¿Qué hago con mi respiración? Soy asmática. Vivo sola, así que si pasa algo no tengo a nadie que me ayude“, les comentó.

Pero ellos le respondieron que no se llevaban a nadie menor de 70 años por si pudiera contagiar a alguien más en el hospital.

“Comprendí lo que decían, pero al mismo tiempo estaba muy mal y no sabía qué iba pasar. Por las noches sentía miedo al acostarme”, dice Jade.

Con el tiempo, parecía mejorar poco a poco. Pero cada vez que pensaba que estaba recuperándose, sus síntomas volvían.

En mayo, se sintió lo suficientemente bien como para comenzar a trabajar desde casa a tiempo parcial. Tenía dolor en el pecho y a veces se sentía cansada, pero pensó que se las podría arreglar.

Hasta que a finales de mes, algo cambió.

Durmiendo 16 horas al día

“Mi pecho volvió a empeorar. Me costaba respirar y no podía salir de la cama”, dice ella. “Mi fatiga no se parecía a nada que hubiera experimentado antes”.

Los inhaladores de Jade

Zoë Savitz/BBC News
Jade tiene un inhalador para el asma y recibió dos más para tratar la covid.

Los meses pasaron con pocas mejoras. A veces dormía más de 16 horas al día y le costaba hacer las actividades diarias para cuidar de sí misma.

Cuando hablé con Jade a fines de julio, me contó que su médico le había dicho que tenía fatiga posviral, pero no le dieron ningún consejo sobre cómo manejar sus síntomas, más allá de que estableciera una rutina para dormir y despertar.

La idea era aprender estrategias de recuperación para ayudar a mejorar su calidad de vida y estabilizar su salud.

Pero a Jade le costó entender cómo aplicarlo a su vida. Mantener una rutina le resultaba casi imposible, ya que a menudo se despertaba agotada y se volvía a dormir.

“Cuando hablé con el médico sobre mis mareos, el hecho de que me hubiera desmayado y también sobre mi fatiga, me dijo abiertamente que no sabía cómo ayudarme y que el virus todavía es muy nuevo. Esto, por supuesto, me hizo sentirme aún peor “, comenta.

“Si los médicos no podían ayudarme, ¿entonces quién?”, se preguntó.

Jade Gray-Christie usando su laptop

Zoë Savitz/BBC News
Jade se sintió desesperada; no sabía a quién pedir ayuda.

Covid “de largo plazo”

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce que no comprende por completo la covid-19.

Dice que los plazos de recuperación típicos son de dos semanas para pacientes leves, y hasta ocho para los que están graves, pero reconoce que hay personas como Jade que continúan teniendo síntomas durante más tiempo.

En tales casos, dice la OMS, los síntomas pueden incluir fatiga extrema, tos persistente o intolerancia al ejercicio. El virus puede causar inflamación en los pulmones, los sistemas cardiovascular y neurológico, y el cuerpo puede tardar mucho en recuperarse.

La experiencia de Jade le ha ocurrido a otras decenas de miles de personas,y se conoce como “covid de largo plazo”.

Barbara Melville, administradora de un grupo de apoyo en Facebook para este tipo de pacientes, explica que muchos de ellos dicen que no tienen acceso al cuidado y apoyo que necesitan, que no les toman en serio o que les dicen que sus síntomas son causados por ansiedad.

Short presentational grey line

BBC

Cómo conservar la energía si tienes fatiga

  • Para lidiar con la fatiga, los terapeutas ocupacionales usan “las tres pes”: planificación, pacing (ritmo) y priorización
  • Esto implica identificar estrategias para facilitar las cosas y gestionar la energía de forma más eficaz
  • Por ejemplo, si la ducha es agotadora, inténtalo en otro momento del día o siéntate en lugar de quedarte de pie
  • Divide las actividades en tareas más pequeñas y distribúyelas a lo largo del día
  • Planifica de 30 a 40 minutos de descansos entre actividades

Lauren Walker, Royal College of Occupational Therapists, Reino Unido

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BBC

¿Dónde deja esto a los pacientes? Para muchos es una cuestión de paciencia.

En el caso de Jade, su salud sigue con altibajos, pero ahora recibe sesiones de fisioterapia y de terapia ocupacional en la clínica covid del centro hospitalario University College Hospital de Londres.

Sus jefes han sido un gran apoyo, lo cual ha marcado la diferencia. Le dijeron que habían visto muchos casos similares.

“Fue un gran alivio,”, dice ella, tras haber pasado muchos meses sintiendo que tenía que demostrar que lo que le estaba ocurriendo no estaba “todo en su cabeza”.

Al final, recibió una carta confirmando su diagnóstico de covid-19 esta semana.

Jade planea ahora trabajar desde casa por el resto del año, con horas y responsabilidades reducidas, y le han aconsejado que divida su día, trabajando en períodos de dos horas con pequeños descansos en el medio.

Está contenta de poder volver al trabajo y de tener su mente activa.

jade en la puerta de su casa

Zoë Savitz/BBC News
A la joven inglesa le gusta haber vuelto a trabajar.

Barbara Melville advierte que no todos los empleadores son tan comprensivos y afirma que ha leído muchas historias en su grupo de apoyo de personas obligadas a regresar al trabajo demasiado pronto.

“Tienen miedo de no poder alimentar a sus familias. El descanso y la regulación del ritmo de vida son un privilegio“, comenta a la BBC.

Otros le han dicho que sufren discriminación en el trabajo porque no pueden proporcionar pruebas de que tenían la enfermedad, a pesar de que no hubo tests disponibles durante meses, y no se les dieron los ajustes que necesitaban para trabajar de manera segura.

Sin embargo, tiene la esperanza de que esta crisis lleve a un cambio cultural en cómo se trata a las personas que viven con problemas de salud a largo plazo.

“La covid ha puesto de relieve las desigualdades y esta es una oportunidad para empezar a hacer algo“, señala.

Jade dice que tras haberse enfermado sintió realmente que su vida se acababa. Solo cuando comenzó a recibir apoyo, atención y comprensión las cosas comenzaron a cambiar para ella.

Ahora siente que puede encontrar una manera de hacer frente a su nueva normalidad.

Fotografía de Zoë Savitz

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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https://www.youtube.com/watch?v=zdkwo02LwCs

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