Extravíos radiactivos: Hay más de 20 fuentes nucleares robadas o perdidas en México
close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

Extravíos radiactivos: Hay más de 20 fuentes nucleares robadas o perdidas en México

En el gobierno de Peña Nieto van seis robos, en el sexenio pasado no hubo ninguno; Tabasco, la Ciudad de México y Campeche concentran la mayoría de los casos que involucran a proveedores, hospitales, laboratorios e instalaciones de Pemex.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
24 de marzo, 2016
Comparte

Un total de 65 fuentes nucleares, con material radiactivo que representa una amenaza para la vida, se han perdido en los últimos 35 años en México, ya sea porque las personas responsables las “extraviaron” o porque delincuentes se las robaron. Hasta la fecha, la tercera parte de ellas no se han recuperado.

Aunque en nuestro país no se fabrican bombas nucleares, lo cierto es que las fuentes radiactivas se adquieren y utilizan dar energía a aparatos e instalaciones, desde hospitales hasta plataformas de Petróleos Mexicanos (Pemex). El problema, es que  no siempre se hace con la seguridad necesaria.

Datos oficiales solicitados por Animal Político a través de transparencia revelan que de 1979 a la fecha, 43 fuentes nucleares se han perdido por descuidos de trabajadores o de terceros y 23 fueron robadas por delincuentes.

Apenas el pasado 27 de febrero se registró el caso más reciente con una fuente de Iridio–192 de un equipo de radiografía industrial que fue robada junto con el vehículo que la transportaba en Querétaro. Tras casi diez días de búsqueda y alertas la referida fuente fue recuperada sin registro de personas lesionadas.

Pero no todas las fuentes y materiales se encuentran. Prácticamente la tercera parte continua hoy en día perdida y hay casos ya irreversibles, como el ocurrido en 1983 cuando un cabezal nuclear con Cobalto 60 perdido fue vendido a un depósito de chatarra donde se mezcló con otros restos para fabricar acero. Más de mil 200 viviendas construcciones fueron levantadas con varillas radiactivas.

El dato oficial indica que casi 35  personas han sido afectadas por haber estado expuestas a la radiación de las fuentes perdidas, algunas con lesiones severas pero en muchos de los casos las repercusiones humanas son en realidad desconocidas.

Animal Político solicitó también información respecto al número de personas detenidas por esto casos, sobretodo en el tema de los robos, pero esos datos no se proporcionaron.

Cabe señalar que Tabasco, la Ciudad de México y Campeche concentran  prácticamente el 40 por ciento de todos los incidentes registrados, aunque se han registrado pérdidas de material radiactivo en más de una decena de entidades.

grafico-material-radioactivo-

La radiografía

De acuerdo con los datos proporcionados por la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardas, a través de la solicitud de transparencia 1810000002716, en México se han registrado 65 pérdidas de fuentes de material radiactivo. El primer caso data de 1979 y el último ocurrió  este año.

Del total de casos, 42 han correspondido a extravíos del material y van desde situaciones en que se cayó cuando era transportado, incluso en alta mar, hasta la perdida de los mismos en  fábricas laboratorios e incluso domicilios particulares.

A estos se suman 23 casos en donde la fuente ha sido robada, en la mayoría de los casos junto con los vehículos que la llevaban consigo.

Aunque en la mayoría de las situaciones el material radiactivo junto con el contenedor en donde se encuentra son recuperados, han existido en casos donde no ha sido posible, ya sea porque se presume que cayó al agua o al drenaje, o porque las investigaciones resultaron infructuosas sin que se tenga pista de su destino.

Tabasco es la entidad con la mayor concentración de casos con un total de diez. La mayoría del equipo o sustancias se perdió de instalaciones de Petróleos Mexica so o de algunas de sus proveedores, situación similar a la de otras entidades como Campeche que registra siete casos, y Vera cruz con seis.

La Ciudad de México concentra la segunda mayor cantidad de robos y pérdidas de material radiactivo con ocho caso. En la capital, la mayoría de los incidentes están vinculados con particulares, con laboratorios y con hospitales que utilizan equipos cuya energía depende de una fuente nuclear.

El total de casos registrados entre 1979 y lo que va de 2016 arroja un promedio de casi dos pérdidas anuales de fuentes nucleares, sin embargo, hay años o periodos en que la frecuencia de estos incidentes se ha incrementado significativamente.

Según el registro histórico, 1980 es el año con mayor cantidad de casos, con un total de diez, seguido de 1995 y 2006 en que se registraron cinco respectivamente.

Luego de los casos registrados en 2006, en el sexenio del presidente Felipe Calderón no hubo casos de fuente radioactivas pérdidas o robadas peor a partir del 2013, ya en la administración del presidente Enrique Peña Nieto, suman seis los incidentes registrados.

Sustancias peligrosas

Las sustancias y materiales radiactivos que utilizan las fuentes nucleares son peligrosos para el ser humano. El daño que puede generar en el organismo, desde quemaduras hasta destrucción celular e incluso cáncer, depende del tiempo en que una persona pueda estar en contacto con la fuente. Una exposición prolongada es letal para la vida.

Las  fuentes  nucleares consisten generalmente en un contenedor de metal o algún otro material que protege la sustancia, con el objetivo de evitar que la misma que de expuesta a ambiente. En la mayoría de los casos registrados en México son robadas las fuentes completas incluyendo los contenedores, y en varias situaciones se han recuperado sin que el material quede expuesto.

En 38 de los casos existe certeza de que no hubo personas lesionadas por el incidente sin embargo, hay seis casos más en donde si hubo personas afectadas (más de 30 sin que ninguna muriera), mientras que en el resto de los incidentes no se sabe realmente el daño que pudo causarse.

Una de las sustancias más robadas o extraviadas en México es el Iridio-192 que se utiliza sobretodo en equipos de Rayos X industriales  o de los hospitales, y también en equipos de radioterapia usados para el tratamiento del cáncer.

Pero su contacto prolongado, como el de cualquier sustancia radiactiva (llamada científicamente isotopo radiactivo) puede causas quemaduras, envenenamiento por radiación e incluso la muerte.

Otra sustancia presente en varios de los casos de fuentes nucleares perdidas es el Cobalto 60, isotopo que tiene múltiples aplicaciones en equipos médicos e industriales, y también en reactores de laboratorio.

No obstante resulta una sustancia especialmente peligrosa por su capacidad para mezclarse con otras como el acero si no se maneja con cuidado, y puede generar cáncer. La exposición más grande a este isótopo de la que se tenga registro ocurrió precisamente en un incidente en México en la década de los 80.

grafico-material-radioactivo-2

Contaminación radiactiva

Entre los 65 casos de fuentes nucleares perdidas destaca uno por el nivel de contaminación que se generó: el ocurrido el 6 de diciembre de 1983 en Ciudad Juárez.

Según el registro oficial de la Comisión de Seguridad Nuclear, un cilindro que contenía Cobalto-60 fue extraído del cabezal de un equipo de teleterapia y luego vendido como “chatarra”. Las autoridades creen que quien lo hizo no tenía idea de qué tipo de equipo se trataba.

Se emitió la alerta pero por días no se supo nada hasta que de forma totalmente fortuita, un detector de radiación en Texas identificó Cobalto-60 en unas varillas exportadas por México. El gobierno estadunidense alertó del hallazgo a la Comisión de Seguridad Nuclear que inició las investigaciones.

Lo que se descubrió fue sorprendente. La capsula con el material radiactivo fue fundida con otros aparatos, y el resultado fue que se fabricaron más de 36 mil 680 toneladas de acero contaminado de Cobalto-60. En total, según la Comisión, se descubrieron mil 276 construcciones en las que se usaron varillas radiactivas.

El registro oficial no reporta cual fue el costo humano de esta mega contaminación por Cobalto 60. Investigaciones periodísticas de aquel tiempo evidenciaron que las varillas radiactivas llegaron a  por lo menos quince entidades del país.

Otro caso en donde la fuente radiactiva perdida se volvió irrecuperable, y en donde el grado de contaminación pudo ser importante fue el ocurrido en 1980 cuando, según el reporte oficial, “la sirvienta” tiro al lavabo 1.50 grados de óxido de uranio, en la casa de un investigador en la Ciudad de México.

La Comisión verificó que toda la sustancia radiactiva se fue al drenaje. Se desconoce cuáles pudieron ser las afectaciones.

En donde si hubo un daño severo fue un caso relativamente reciente ocurrido el 2 de diciembre del 2013, donde un cabezal de un equipo de radioterapia que contenía Cobalto-60, fue robado junto con la camioneta que lo transportaba en el municipio de Tepojaco, Hidalgo.

Emitidas las alertas, se descubrió la fuente en el estado de México pero la misma había quedado expuesta, ya que las personas que se la llevaron abrieron el cilindro. En total cinco personas presentaron síntomas por la exposición al Cobalto 60, dos de ellas con el llamado Síndrome de Irradiación Aguda.

De acuerdo con el Centro para Control y Prevención de Enfermedades (CDC) es una enfermedad grave que incluye afectaciones en la piel, nauseas, deshidratación, convulsiones e incluso hasta que la persona ciega en coma.

Fuentes radiactivas perdidas

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

#TheatreCapChallenge, la sencilla idea que "está salvando vidas" en las salas de operación

Cuando el británico Rob Hackett apareció en el quirófano con su nombre y profesión escrito en el gorro, recibió varias burlas. Pero esa sencilla medida ayuda a disminuir lo que es la tercera causa de muerte en Estados Unidos: los errores médicos.
31 de mayo, 2022
Comparte

“¿Acaso no puedes recordar tu nombre?”, solían decirle los colegas de Rob Hackett en broma.

Era fines de 2017 y el anestesista británico había decidido empezar a ingresar a las salas de operaciones con su nombre y profesión escritos en el gorro, algo tan vistoso que era ineludible para sus colegas.

Y esa era justamente la idea: que lo detectaran y leyeran con facilidad.

Un año y medio después, su iniciativa #TheatreCapChallenge (“desafío del gorro de quirófano”) se volvió viral y, según Hackett, ya está salvando vidas.

“Desde hace más de 10 años que me enfoco en mejorar la seguridad de los pacientes”, cuenta el médico a BBC Mundo desde Sídney (Australia), donde vive desde hace dos décadas.

Su interés en el tema comenzó tras presenciar la muerte de una madre joven por una serie de “peligros que aún existen”.

“Soy consciente de que otra gran cantidad de personas continúa muriendo innecesariamente por estos mismos problemas”, dice el anestesista.

Esos “peligros” o “problemas” se llaman errores médicos.

En Estados Unidos, por ejemplo, los errores médicos son la tercera causa de muerte, según un estudio realizado por la Universidad Johns Hopkins y publicado en la revista British Medical Journal en 2016.

Principales causas de muerte en EE.UU.. . .

Y, de acuerdo con la última guía para cirugías seguras de la Organización Mundial de la Salud, la comunicación es la raíz de 70% de los “miles de eventos adversos reportados (dentro de los quirófanos) entre 1995 y 2005” .

Hackett ha sido testigo directo o indirecto de todo ello.

Durante sus 12 años como anestesista, ha sabido de estudiantes a los que piden que terminen una operación porque los confunden con novatos en fase de entrenamiento.

O pacientes que sufren infartos porque no recibieron la compresión torácica (maniobra de primeros auxilios) a tiempo por la sencilla razón de que nadie en la sala quirúrgica se dio por aludido cuando se dio la orden.

Así que se propuso buscar medidas para cambiarlo.

#TheatreCapChallenge

“Conocí la llamada ciencia de los factores humanos a principios de 2015 y el tema me motivó aún más después de asistir a una serie de presentaciones del experto en seguridad médica (Rollin) ‘Terry’ Fairbanks”, cuenta Hackett.

Médicos operando.

Getty Images
La comunicación dentro de la sala de operaciones es la raíz del 70% de los “eventos adversos”, dice la OMS.

Fue en esa época que intentó introducir en la sala de operaciones lo que definió como “otra iniciativa obvia de seguridad”: “Fui sometido a intensas amenazas e intimidaciones por parte del personal de mayor jerarquía dentro de uno de mis propios hospitales”.

“Tal vez fue entonces cuando me di cuenta de que había pocas posibilidades de cambio y mejora dentro de los marcos de asistencia sanitaria existentes”, agrega.

Abandonó esa idea pero seguía pensando que algo debía cambiar.

La idea de los gorros con nombres llegó de una forma inesperada: leyendo el libro de autoayuda “Cómo ganar amigos e influir sobre las personasdel estadounidense Dale Carnegie.

“Cuanto más lo pensaba, más obvia y fantástica me parecía la idea”, confiesa. “Crea una mejora en la atención al paciente y expone los marcos de atención médica en los que nos basamos para resistirnos al cambio”.

Pero a la iniciativa le faltaba masificación.

La idea llegó de la entonces estudiante para partera Alison Brindle, quien propuso usar el hashtag #TheatreCapChallenge en redes sociales, cuenta Hackett.

En Twitter, en los últimos dos meses, el hashtag ha sido usado principalmente en Reino Unido y Estados Unidos, pero Australia, España y México le siguen en menciones, según la herramienta Hashtagify.

Además, organismos como las asociaciones de anestesistas de EE.UU. y Australia han apoyado públicamente la iniciativa.

La Asociación Estadounidense de Asistentes Médico Quirúrgicos, por ejemplo, lo agregó a su lista de políticas e informó: “Es una idea simple y gratuita que ayuda a mejorar la comunicación en una emergencia, especialmente en instituciones más grandes donde puede ser más difícil identificar a colegas y caras nuevas”.

“Experimento psicosocial”

Cuando Hackett comenzó con la iniciativa, creó un video donde explica que “saber los nombres de las personas y sus roles es una habilidad no técnica esencial para el trabajo en equipo”.

En situaciones de emergencia como un paro cardíaco, cuando el personal está corriendo hacia el quirófano, saber “quién es quién” marca la diferencia, continúa.

“Orquestamos al equipo con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir“.

Desde que se convirtió en “el loco” que lleva su nombre escrito en la frente hasta la actualidad, Hackett ha escuchado numerosas críticas.

Las principales, cuenta a BBC Mundo, son el costo, la falta de evidencia científica para llevar adelante la experiencia y la vergüenza de verse “poco profesional”.

Pero Hackett tiene argumentos para cada crítica.

Equipo médico.

Gentileza Rob Hackett
Rob Hackett junto a un equipo médico en Sídney, Australia, donde cada uno tiene su gorro con nombre y profesión.

Si bien hoy en día lleva un gorro con sus datos bordados, en un principio simplemente lo había escrito a mano. Por eso, agrega, el costo de implementación es cero.

Respecto a las pruebas, el británico cita una investigación de la Escuela Imperial de Anestesia de Reino Unido presentada en Londres el año pasado que afirma que los cirujanos saben el nombre de menos de la mitad (44%) del personal médico dentro del quirófano.

“Conocer y reconocer a los miembros del equipo por su nombre ha sido cuantitativa y cualitativamente asociado con una mayor confianza, compromiso laboral y resultados clínicos“, dice otro estudio publicado el año pasado por la revista British Journal of Anaesthesia.

El trabajo, que analizó el impacto de #TheatreCapChallenge en un hospital en Reino Unido, afirma que el recuerdo de nombres aumenta con los gorros, algo que no sucedió en otro estudio que incluyó una chapa identificatoria en el pecho.

Además, de acuerdo a ese mismo estudio, 94% de los anestesistas y enfermeros apoyaron la iniciativa.

“La reacción de los profesionales médicos ha sido fascinante”, confirma Hackett.

Médicos corriendo.

Getty Images
En las emergencias, saber quién es quién ayuda a organizar al equipo médico “con extrema eficiencia y el paciente tiene mayores probabilidades de sobrevivir”, dice Hackett.

Según una encuesta realizada por PatientSafe Network, una organización sin fines de lucro sobre seguridad del paciente que Hackett dirige, 86% del personal apoya la iniciativa.

El apoyo fue unánime por parte de los estudiantes de enfermería y medicina, aquellos que son nuevos en la atención médica”, dice, agregando que lo mismo ha sucedido con los pacientes.

“Sin embargo, el apoyo fue menor entre quienes tienen la mayor influencia: el personal que ha estado en la industria durante más de 20 años”, reconoce.

Y es aquí donde entra el factor del profesionalismo y prestigio.

En palabras de Hackett, el #TheatreCapChalleng “es como un experimento psicosocial internacional masivo, que expone fácilmente dónde la cultura de la atención médica está fallando”.


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=6AMWU9EbdCU

https://www.youtube.com/watch?v=AYRg2DPj-FM

https://www.youtube.com/watch?v=UtuieuqZq7M

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
close
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.