Los retos que enfrentan los adultos con autismo: "Es difícil encontrar un trabajo"
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Los retos que enfrentan los adultos con autismo: "Es difícil encontrar un trabajo"

La mayoría de los adultos con este trastorno carece de los apoyos suficientes para poder desarrollarse profesionalmente.
Cuartoscuro Archivo
Por Alejandra Crail / Más por Más
30 de marzo, 2016
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Cuando era niño, Javier fue diagnosticado con Síndrome de Asperger, un Trastorno del Espectro Autista (TEA) considerado leve. A pesar de ello, hoy trabaja y está por cumplir un año como asistente de comunicación en una empresa de mensajería para la cual escribe y diseña carteles.

Javier, sin embargo, es una excepción a la regla que impera en el país, pues la mayoría de las personas con algún tipo de autismo difícilmente puede integrarse al mercado laboral por falta de políticas públicas en la materia y de sensibilidad por parte del sector privado, advierten expertos.

“Es difícil encontrar un trabajo ”, dice el propio Javier, de 25 años, quien asegura estar lleno de satisfacciones por sentirse “productivo y parte del mundo”.

Lee >>El autismo fotografiado por un padre

La empresa donde trabaja, Servicio Continental de Mensajería (SCM), tiene otros dos empleados con autismo en la ciudad.

No obstante, esta compañía sale del común de lo que en este rubro ocurre en el país. Incluso, ha recibido el Distintivo Empresa Incluyente Gilberto Rincón Gallardo que otorga la Secretaría del Trabajo federal.

“Todas las personas tienen cualidades que, como empresa, puedes aprovechar. Sólo tienes que ver cuál es el puesto idóneo para cada individuo”, sostiene Nancy Martínez, miembro del área de reclutamiento y selección de SCM.

Sin acceso a la independencia

A nivel nacional, no existe una cifra oficial sobre cuántas personas padecen autismo. Por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) lleva el registro de los ciudadanos con alguna discapacidad pero no desglosa sus tipos.

Y, de acuerdo con los especialistas, el desconocimiento sobre el autismo deriva en la falta de sensibilización sobre las necesidades de quienes padecen este trastorno.

Gloria Olivera, de la organización no gubernamental CLIMA, señala que, por lo general, cuando se habla de autismo únicamente se piensa en cómo atender a los niños que lo padecen y no cómo ayudarlos cuando llegan a la vida adulta.

“El autismo no se cura, se vive con él para siempre y tenemos una gran cantidad de adultos que no tiene acceso a la independencia por la falta de sensibilidad de autoridades y empleadores”, dice.

En el plano internacional, estudios señalan que 27% de quienes están diagnosticados con algún TEA lo tiene a escala leve y esto facilita su inclusión social y la oportunidad de conseguir un empleo formal —aunque sólo lo logre 5%—. En contraste, 33% lo tiene a escala moderada y la mayoría de las veces termina en la economía informal o en trabajos poco rentables, mientras que el 40% restante depende de un tercero para muchas de sus actividades cotidianas.

Tal es el caso de Mireya, a quien de niña le diagnosticaron un TEA moderado pero nunca recibió atención médica especializada ni educación. Ahora tiene 17 años, vive en Tláhuac, necesita a su madre para alimentarse, vestirse y salir a trabajar, y para apoyar en el ingreso familiar borda y vende servilletas en un mercado.

Para CLIMA, estas situaciones demuestran que las autoridades tienen una deuda con este sector de la población, un punto en el que coincide la OMS, la cual alerta de que la mayoría de las personas con autismo en el mundo carece de prestaciones o respaldo de instituciones públicas para atenderse. “Esto no puede salir sólo del bolsillo de las familias, existe una responsabilidad del gobierno que no ha cumplido”, dice Gloria Olivera.

La deuda local

Delhi Calderón, responsable de la única clínica pública de autismo de la ciudad —inaugurada en enero—, reconoce que las autoridades capitalinas tienen grandes retos en este campo.

En primer lugar, dice, se necesita que existan clínicas en cada delegación, en las que médicos puedan hacer intervenciones tempranas y evitar que los adultos queden sin un lugar en la sociedad. En segundo término, detalla la funcionaria, se requiere mayor educación y sensibilización en las empresas.

Carlos Marcín, un psicólogo que ha estudiado el autismo durante 30 años, advierte al respecto que debe analizarse la prevalencia de este trastorno en todo el país, bajo el argumento de que sin esos datos será imposible diseñar planes futuros de atención.

Marcín es autor del único estudio sobre el autismo en México. En este trabajo, para el cual se revisó a niños de León, Guanajuato, se encontró que la prevalencia es de un menor con autismo por cada 115, un poco más baja a la media mundial de uno por cada 100.

Para los expertos, tomar en cuenta estos datos es indispensable para atender a quienes lo necesiten y lograr casos de éxito. Uno de ellos es el de otro empleado de SCM —cuyo nombre la empresa no reveló—, quien, a pesar de tener autismo severo, es responsable de un área de sistemas y coordina a todo un equipo de trabajo.

Desafíos

El autismo implica retos para el sector salud y para las familias con pacientes:

  • Delhi Calderón dice que no hay síntomas específicos para determinar el tipo de trastorno de una persona. Para hacerlo se debe analizar su sociabilidad y capacidad intelectual.
  • Uno de los aspectos más importantes para tratar el autismo es la detección temprana. Para ello, los padres deben estar atentos a ciertas conductas de sus hijos, como la falta de comunicación con otros.

Con potencial de desarrollo

Los especialistas en autismo coinciden en que las personas con este tipo de trastorno por lo general tienen una gran capacidad de concentración y mejores aptitudes para tareas que no requieren constante interacción social, que implican minuciosidad y que les permiten establecer una rutina. Algunas de las actividades en las que suelen destacar son la ingeniería informática y electrónica, la microbiología, el comercio y las matemáticas. También lo hacen en artes como el dibujo, el diseño gráfico y la música.

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Elecciones en EU: los votantes a quienes no les gustan ni Trump ni Biden

A medida que aumentan los esfuerzos para convencer a los votantes indecisos, no todos están contentos con la opción que se les ofrece.
13 de septiembre, 2020
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Post it con caras tristes y una pregunta

Getty Images
No todos están contentos con los candidatos a las elecciones de Estados Unidos.

En la recta final de una elección polémica en Estados Unidos, los partidarios de Donald Trump y Joe Biden están haciendo un último esfuerzo para mostrar su respaldo y convencer a los votantes indecisos.

Pero no todo el mundo está contento con las alternativas que se les ofrecen.

A menos de dos meses para el final de la campaña, los dos partidos principales han promocionado la contienda de noviembre como “la elección más importante de nuestra vida” y anunciaron récords de recaudación de fondos en las últimas semanas.

Los observadores políticos predicen un gran aumento en la participación general, pero muchos votantes aún no están seguros de si votarán por el presidente en funciones Donald Trump, el candidato demócrata Joe Biden o por cualquier otra persona.

Estoy desilusionado con esta elección”, dice Samian Quazi, un enfermero psiquiátrico de 32 años de edad residente en Houston.

“Realmente no tenemos buenas opciones. Ninguno de los candidatos está abordando realmente ningún problema ni ofrece ninguna esperanza para que este país mejore la vida de las personas”, añade.

Imagen de promoción con Joe Biden y Donald Trump

BBC
Ni Joe Biden, ni Donald Trump

Quazi ha votado regularmente en elecciones anteriores. Dijo que lo hizo por los candidatos del Partido Demócrata en las elecciones presidenciales de 2016 y los comicios de mitad de período de 2018, pero se ha vuelto desconfiado después de ver perder a su candidato preferido, el izquierdista Bernie Sanders, en las primarias del Partido Demócrata a principios de este año.

“Fue un ejemplo de los poderes fácticos que controlan el acceso a los medios en este país sin querer ver amenazados sus intereses económicos”, analiza.

Me pregunto si Estados Unidos todavía está tratando de ser una democracia, cuando en realidad es una plutocracia”, dice Quazi.

“Cuando se trata de cambios económicos y estructurales reales que posiblemente podrían amenazar el control que tienen sobre nuestro país, hay una reacción dura y expulsan a cualquiera que materialmente pudiera cambiar nuestras vidas”, opina.

Poca participación

La desconexión política en Estados Unidos ha llevado a bajas tasas de participación de votantes en relación con el resto del mundo, en elecciones recientes en el rango del 50-60%.

Pegativas de Yo voté en inglés.

Reuters
La participación de la gente en las elecciones en Estados Unidos es baja en comparación con otros países.

La participación general de votantes entre los países de la OCDE es de aproximadamente el 70% e incluso muchos países en desarrollo tienden a ver tasas de participación más altas que las observadas en la mayoría de las elecciones estadounidenses.

Aproximadamente el 64% votó en las elecciones de 2008 entre Barack Obama y John McCain, pero la participación cayó a un mínimo de 20 años durante las elecciones de 2016 a solo el 55%.


Candidatos de otros partidos para las elecciones presidenciales de 2020

Jorgensen_Hawkins_West_De-La-Fuente_Blankenship

Getty/Reuters
  • Jo Jorgensen, Libertarian Party (Partido Libertario)
  • Howie Hawkins, Green Party (Partido Verde)
  • Kanye West, Birthday Party (Partido Fiesta de Cumpleaños)
  • Rocky De La Fuente, Alliance and Reform Parties (Partido Alianza y Reformas)
  • Don Blankenship, Constitution Party (Partido de la Constitución)

Según un estudio publicado en febrero por la organización sin fines de lucro Knight Foundation, de tendencia izquierdista, casi la mitad de los votantes elegibles, o cerca de 100 millones de personas, no participan en las elecciones.

“Es un grupo muy grande y es la mitad del país, por lo que es diverso”, dijo Eitan Hersh, profesor asociado de ciencias políticas en la Universidad de Tufts y asesor académico del informe de la Fundación Knight.

“La falta de compromiso tiene que ver con que la gente no se sienta conectada con el sistema electoral y no piensa que es importante“, agrega.

Algunos países con mayor participación, como Bélgica y Chile, implementaron alguna forma de voto obligatorio, que tuvo un impacto dramático en la participación.

Un hombre con mascarilla inserta su voto en un buzón del correo para las elecciones en Estados Unidos.

Reuters
Existen varios factores que hacen que la gente vote menos en Estados Unidos.

Otros, como Australia y Alemania, han conquistado a nuevos votantes mediante el registro automático de votantes u otro tipo de iniciativas.

En Estados Unidos, sin embargo, votar y registrarse para votar son más una responsabilidad individual.

Durante las últimas décadas, muchos estados han dado prioridad a mejorar el acceso a las urnas, lo que incluye permitir el registro de votantes el mismo día, mantener abiertos los lugares de votación por más tiempo y ampliar las opciones de votación anticipada o por correo.

¿Por qué la gente no va a votar?

Según Hersh, la enorme importancia que se le da a mejorar el acceso de los votantes y a eliminar otras barreras estructurales no tiene un impacto significativo en la participación de los votantes.

Las razones de por qué hay bajas tasas de participación “tiene mucho más que ver con lo que le importa a la gente y lo que los motiva”.

Él predice que, a medida que la política en Estados Unidos se vuelve más nacionalizada y partidista, más personas pueden desvincularse del proceso político.

“Solía ocurrir que los votos para una legislatura estatal no estaban muy correlacionados con los votos para presidente, porque son temas diferentes”, describe.

Partidarios de Trump y Biden.

Reuters
Hay estadounidenses a quienes no les gustan ni Trump ni Biden.

“En esta era votar por alguien que se postule para el concejo municipal podría ser un referéndum sobre Trump en la cabeza de la gente”, opina.

Señala que hacer de la política una lucha entre el bien y el mal está desvinculado de la realidad de dirigir un gobierno.

Mucha gente simplemente no está interesada. Al igual que en cualquier deporte, cuanto más se centra en una rivalidad, más divertido es para las personas a las que les gusta ese deporte, pero a otros les parece una parte extraña de la vida que no es para ellos”, compara.

“Votar de buena fe”

Hrant Papazian, de 52 años, es una de esas personas a quienes no le interesa ir a votar

Como inmigrante armenio que creció en el Líbano durante una guerra civil que duró tres décadas, Papazian cumplió 18 años en California y ha vivido allí desde entonces, pero nunca ha votado.

Afirma que votar puede hacerte sentir bien y empoderado, pero cree que el status quo siempre permanecerá intacto.

“No tengo ganas de seguirle el juego. No creo que alguna vez se nos ofrezcan candidatos que estén interesados en la salud de la sociedad. No puedo imaginar que el sistema produzca políticos por los que yo pueda votar de buena fe”, afirma.

Hrant Papazian

Courtesía Hrant Papazian
Hrant Papazian no confía en el sistema político.

Papazian, que trabaja como profesor de informática de secundaria, sabe que su opinión sobre la votación suena radical, pero se mantiene firme en su resistencia a un sistema político que, según él, está en declive.

Se supone que la democracia mejorará, pero creo que es lo contrario, empeora con el tiempo. Y cuanto más grande es el país, más heterogéneo es, menos sostenible es. Nos estamos dividiendo en tribus más pequeñas y eso hace nos sea más fácil de controlar y mantenernos en este camino que va cuesta abajo lentamente”, analiza.

“La única forma de lograr un cambio real es que boicoteemos”, sugiere.

“No habrá grandes cambios”

Algunos votantes primerizos ya están desilusionados con el sistema.

Grace Link, de 20 años, es una estudiante universitaria de Wisconsin. Quiere votar en su primera elección presidencial, pero no está contenta con sus opciones.

“Es muy fácil ver cuando el dinero y el poder dentro de un partido entran en juego para callar a los jóvenes”, advierte.

“Básicamente, nos sentimos culpables de votar por Joe Biden y por quien elija el Partido Demócrata cuando, durante la temporada de primarias, los jóvenes fueron ignorados de manera abrumadora“, asegura.

Grace Link

Courtesía Grace Link
Grace Link dice que no hay representación para los jóvenes.

Link argumenta que la nominación de Joe Biden refleja un sistema que prioriza las necesidades de los votantes blancos de clase alta por sobre otros, incluidos los votantes jóvenes con una creciente deuda de préstamos estudiantiles como ella.

“Gran parte de su discurso, especialmente hacia los jóvenes, es que pueden empujar (a Biden) más a la izquierda, mientras que con Trump no pueden hacerlo. En el corto plazo, los próximos cuatro años pueden ser mejores, pero en el largo plazo, no habrá grandes cambios“, concluye.


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