Redes neuronales y Facebook: La tecnología para que forenses mexicanos resuelvan casos
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Manu Ureste

Redes neuronales y Facebook: La tecnología para que forenses mexicanos resuelvan casos

La Facultad de Ciencias Forenses de la UNAM está formando a las próximas generaciones de forenses en el uso de inteligencia artificial, incluyendo tecnología como la de Facebook para reconocer el rostro de una persona en mitad de una multitud.
Manu Ureste
Por Manuel Ureste
28 de marzo, 2016
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Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre en Nueva York, Harold Finch, un ingeniero de software multimillonario, desarrolla en secreto un sistema de videovigilancia que hace realidad el argumento de la novela 1984 de George Orwell: crea un ‘Gran Hermano’ al que llama ‘La Máquina’, el cual monitorea y analiza los datos de cualquier persona obtenidos a través de miles de cámaras de video, comunicaciones electrónicas, y sistemas de audio.

Pero Finch va un paso más allá del ‘Gran Hermano’: consigue que ‘La Máquina’ también pueda predecir a través de una serie de algoritmos matemáticos la identidad de los involucrados en un crimen futuro, ya sea la víctima o el agresor.

A grandes rasgos, este es el argumento de Person of Interest. Una serie de televisión producida en Estados Unidos que, si bien está basada en la ciencia ficción, muestra cómo sus personajes principales –el ingeniero Finch y el exoficial de la CIA John Reese- también utilizan herramientas tecnologías para resolver crímenes que ya son una realidad en 2016.

“El algoritmo de Facebook para reconocer rostros es superior al del FBI”

Una de esas herramientas, explica Vicente Torres, profesor de la Licenciatura en Ciencias Forenses de la UNAM, son las redes neuronales. Un sistema inspirado en el sistema nervioso de los seres humanos, que aunque no puede ‘predecir’ crímenes futuros como ‘La Máquina’ de la serie de ficción, sí puede procesar miles de datos de manera automática, e incluso aprender patrones de conducta.

En 2014, expone Torres, la red social Facebook fue pionera en tomar como base esta tecnología para crear DeepFace, un poderoso sistema que a través de algoritmos matemáticos puede reconocer el rostro de una persona en mitad de una multitud, aún y cuando las imágenes estén sometidas a malas condiciones de iluminación, o a pesar de que la cara esté tapada parcialmente.

“Antes de DeepFace ya existían otros algoritmos de reconocimiento facial o de reconocimiento de objetos, como huellas digitales. Sin embargo, en la parte del procesamiento de imágenes tenían muchos problemas”, plantea el profesor de la UNAM, quien recientemente participó en la Expo Forense 2016, con la ponencia ‘¿Cómo Facebook reconoce tu rostro?; ¿cómo los forenses aprovecha esta tecnología?’

Uno esos problemas, por ejemplo, es la oclusión. Que se refiere a cuando un objeto tapa parte del rostro que se quiere identificar.

“Los humanos sí somos buenos para identificar rostros, a pesar de la oclusión –añade el investigador-. Es decir, si yo me tapo la cara parcialmente cualquier persona podría seguir identificándome. En cambio, una máquina tendría muchos problemas. E igualmente sucede con las muecas o las expresiones faciales. En ese caso, los humanos podemos ir aprendiendo qué significan estas señales que hacemos con el rostro –como expresar tristeza, alegría, enojo-, pero a la computadora le cuesta mucho trabajo por el tipo de algoritmo que utiliza”.

Sin embargo, ‘DeepFace’ sí puede contrastar dos imágenes de una cara y arrojar un 97.25% de seguridad de que se trata de la misma persona; cifra muy cercana a la precisión del ser humano, que en el 97.5% de las veces puede identificar con una cara.

“El algoritmo de Facebook es altamente óptimo. De hecho, está tan solo a unas décimas de lo que puede lograr el ser humano”, subraya Vicente Torres, quien explica que para alcanzar tal nivel de precisión, ‘DeepFace’ se ‘entrenó’ retratando a 400 individuos, a los que tomó mil fotografías por persona de sus rostros en múltiples poses y muecas.

“El algoritmo de Facebook es, en datos abiertos, el más potente que existe en la actualidad para reconocer rostros. Incluso, es superior en precisión al que utiliza el FBI”, remarca el profesor en Ciencias Forenses.

Los retos: ¿Tecnología para combatir el crimen o sociedad altamente vigilada?

En cuanto a cómo se utiliza esta tecnología en la práctica para resolver crímenes y combatir la delincuencia, Vicente Torres matiza en primer lugar que el algoritmo de Facebook es secreto por el momento, aunque en la facultad de Ciencias Forenses de la UNAM ya se está formando a los peritos forenses mexicanos  en el uso de sistemas de redes neuronales similares a ‘DeepFace’.

“La tecnología de Facebook son matemáticas. De ahí que se pueda trabajar en estos algoritmos y lograr resultados similares”, asegura el investigador.

Como parte del entrenamiento de los forenses de la UNAM, Torres detalla que se les plantea casos ficticios, para los que usan tecnología de redes neuronales que les permite ampliar imágenes, retirar ruidos de la misma que dificulten el reconocimiento de una posible víctima o agresor, resaltar algún detalle como objetos ocultos, o incluso ‘predecir’ a partir de una imagen cómo sería el rostro de un bebé dos o tres años después de un hipotético secuestro.

No obstante, a pesar de los avances que esta tecnología que emplea Facebook puede aportar a la investigación forense y policial, Vicente Torres contrapone que el uso de estas herramientas también plantea retos importantes.

En la Facultad de Ciencias Forenses de la UNAM se enseña a los alumnos el uso de algoritmos similares a los empleados por Facebook en su programa 'DeepFace'.

En la Facultad de Ciencias Forenses de la UNAM se enseña a los alumnos el uso de algoritmos similares a los empleados por Facebook en su programa ‘DeepFace’.

Por ejemplo, ¿sería válido obtener pruebas a través de las redes neuronales y que un juez las admitiera como tal para procesar a una persona?

Según algunas encuestas, la mayoría de la ciudadanía está de acuerdo en que haya cámaras de videovigilancia en los bancos, ¿pero y en los lugares de ocio o de trabajo? Parece que la respuesta es negativa.

U otro reto: ¿cómo se integrarían las bases de datos con las que el algoritmo se entrenaría en el reconocimiento de rostros para obtener datos tan precisos como los de Facebook? ¿Se podrían utilizar las bases de datos de fotografías y huellas digitales del Instituto Nacional Electoral (INE) para una investigación policial o para resolver un caso?

Para el profesor, dar una respuesta a estos retos aún es complicado.

“El uso de estas tecnologías siempre va a plantear dos posturas: desde un punto de vista literario, la novela 1984 muestra muy bien qué puede suceder cuando tenemos una sociedad altamente vigilada por cámaras. Pero por otro lado, también tenemos ejemplos de cómo la videovigilancia puede mejorar la vida de las personas ayudando a resolver casos”, expone Torres, quien concluye asegurando que los alumnos de Ciencia Forenses saldrán de la Facultad con ambas visiones para tratar de dar respuesta a estos retos en un futuro próximo.

“Los próximos peritos forenses tendrán una gran formación académica y práctica en el uso de estas herramientas tecnológicas, como el uso de las redes neuronales. Pero también tendrán una formación en los impactos que el uso de esta tecnología puede tener tanto a nivel social, como jurídico”, asegura el profesor de la UNAM.

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Segunda Guerra Mundial: la monja que salvó en secreto a 83 niños judíos de la persecución nazi

Un convento del sur de Francia refugió a decenas de niños judíos durante la invasión alemana.
6 de septiembre, 2020
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Denise Bergon

BBC
La hermana Denise Bergon se convirtió en la salvadora de muchas familias judías.

Dos niñas judías de la región de Alsacia corrieron un gran peligro cuando Alemania invadió Francia hace 80 años.

Mientras sus padres y hermana menor fueron capturados y asesinados, ellas sobrevivieron junto a decenas de niños judíos.

Y todo gracias a la valentía de una monja de un convento cerca de Toulouse.

Hélène Bach tenía 12 años y jugaba en el jardín junto a Ida, su hermana pequeña. Entonces vieron cómo se acercaba rápido un camión militar.

Las dos niñas y su madre abandonaron su casa en Lorena, al noreste de Francia, tras la invasión alemana en mayo de 1940. Se dirigieron hacia la “zona libre” en el sur del país.

Para evitar que toda la familia fuese capturada, decidieron que el padre, Aron y la hija mayor, Annie, viajaran separados.

Pero cuando Aron y Annie fueron arrestados en 1941 y llevados a un campo de detención cerca de Tours, la madre de Hélène rentó una casa en la zona.

Allí se quedaron viviendo durante un año, hasta que llegó un vehículo con soldados alemanes.

Hélène e Ida, de ocho años, corrieron a la cocina para avisar a su madre.

“Mi madre nos dijo que huyéramos y nos escondiéramos en el bosque. Tomé la mano de mi hermana pequeña pero no quería venir conmigo. Quiso regresar con su madre. La dejé ir y volvió”, dice Hélène.

Escape

Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

BBC
Cecile Bach, la madre de Helene y Anne.

Sola en el bosque, Hélène permaneció escondida hasta que todos se fueron.

Entonces volvió a la casa y encontró algo de dinero que su madre dejó sobre la mesa.

“Sabía que regresaría”, dijo.

Hélène se fue a la casa de unos amigos en la zona. Jamás volvió a ver a su madre y hermana pequeña.

La hermana mayor de Hélène, Annie, también logró escapar. Tras pasar un año en el campo de Tours, consiguió escabullirse entre las verjas y salir corriendo.

Annie, de 16 años, viajó sola hasta la casa de su tía en Toulouse, pero ni siquiera allí estaba a salvo.

La familia de su tía no estaba registrada como judía y podía hacerse pasar por católica, pero Annie no podía.

Un día en otoño de 1942, la policía llamó a la puerta. Ordenaron que se les mostrara el libro de familia de todos.

“La suerte de mi vida fue que Ida, mi prima, había ido a comprar el pan. Así que mi tía me presentó como Ida. Por eso a veces creo en los milagros”, cuenta Annie.

Poco después de la llegada de Annie a Toulouse, su tía recibió una carta de Hélène desde su escondite. Entonces coordinó su rescate.

Así, una joven mujer de la Resistencia Francesa se presentó una noche en la casa donde Hélène se estaba quedando.

“Dijo que venía a buscarme”, recuerda.

Para mostrar confianza, la mujer le enseñó una fotografía suya que su tía le había dado.

La familia Bach antes de la guerra.

BBC
La familia Bach tuvo que huir de forma separada. No todos corrieron con la misma suerte.

Fue un viaje difícil. La mujer llevaba documentos falsos en que ambas eran descritas como estudiantes. Fueron detenidas e interrogadas en varias ocasiones.

Políticas antijudías

El gobierno del mariscal Philippe Pétain, con sede en Vichy, aprobó leyes antijudías, permitió que los detenidos en Baden, Alsacia y Lorena fueran internados en su territorio y confiscó varias propiedades y negocios.

El 23 de agosto de 1942, el arzobispo de Toulouse, Jules-Geraud Saliège, escribió una carta a sus clérigos pidiéndoles que la leyesen a sus congregaciones.

“En nuestra diócesis han ocurrido escenas perturbadoras. Están separando familias y mandando a sus miembros a destinos desconocidos. Los judíos son hombres y mujeres, parte de la raza humana. Son nuestros hermanos. Un cristiano no puede olvidarse de eso”, decía la carta.

El arzobispo protestó ante las autoridades por las acciones contra los judíos, pero la mayoría de la jerarquía católica francesa guardó silencio.

De 100 obispos franceses, Saliège fue uno de los únicos seis que se pronunciaron en contra del régimen nazi.

“Respuesta al llamado”

La monja Denise Bergon atendió al llamado de Saliège. Esta joven era la madre superiora del Convento de Nuestra Señora de Massip en Capdenac, situado a 150 kilómetros del noreste de Toulouse.

“Este llamado nos conmovió profundamente y tal emoción se apoderó de nuestros corazones. La respuesta favorable a esta carta fue testimonio de la fuerza de nuestra religión sobre cualquier raza o partido“, escribió Bergon en 1946, tras terminar la guerra.

El arzobispo de Toulouse.

BBC
El arzobispo de Toulouse fue uno de los pocos obispos que se pronunció en contra del nazismo.

“También fue un acto de patriotismo, ya que al defender a los oprimidos estábamos desafiando a los perseguidores”, añadió.

El convento gestionaba un internado y Bergon confiaba en que fuese posible esconder niños judíos entre sus alumnos católicos. Sin embargo, le preocupaba poner en peligro a las otras monjas y el acto de deshonestidad que supondría su idea.

Pidió consejo al arzobispo Saliège y la respuesta fue clara: “Mintamos, hija mía, siempre y cuando salvemos vidas humanas”.

83 niños judíos

En el invierno de 1942, la hermana Bergon recogió a varios niños judíos que se escondían en los bosques y valles en las inmediaciones de su región.

Mientras las tropas alemanas y fascistas intensificaron la búsqueda de judíos, el número de niños refugiados en el convento llegó a ascender a 83.

Entre ellos se encontraba Annie, cuya tía consideró que allí estaría más segura que en Toulouse. Poco después, también llegó Hélène, acompañada por su guía de la Resistencia.

Denise Bergon junto a una chica, posiblemente Annie.

BBC
Annie junto a la hermana Bergon.

“Al llegar, la hermana Bergon me llevó a una habitación e intentó hacerme sentir que mis padres seguían aquí. Se portó como si fuera mi madre”, describe Hélène.

Pero a la chica le pesaba mucho lo que había sucedido con Ida, su hermana pequeña.

“Siempre pensaba que si mi hermana no me hubiera soltado la mano, ahora estaría en el convento conmigo”, dice.

Albert Seifer era otro de los niños de Alsacia que se refugió en el convento.

“Estábamos rodeados por muros altos, como en un fuerte. Estábamos muy contentos. No sentimos la guerra a pesar de estar rodeados de peligro”, cuenta Albert.

El jardín actualmente.

BBC
El convento dio refugio a 83 niños y a varias pertenencias de valor de sus familias.

Parientes y cuidadores enviaban s sus niños con dinero, joyas y otros bienes de valor para pagar por el refugio antes de intentar salir de Francia.

La hermana Bergon registró cómo transcurrieron esos días.

“Desde comienzos de 1944, la búsqueda de judíos se volvió más estrecha y numerosa. Nos llegaban solicitudes de refugio de todas partes. Recibimos cerca de 15 niñas pequeñas. Algunas de ellas consiguieron escapar milagrosamente de la persecución de la Gestapo”, escribió en 1946.

“Se convirtieron en nuestros niños. Nos comprometimos a devolverlos a salvo a sus familias”, añadió.

Además de Bergon, las únicas personas que sabían la verdad sobre el origen de los niños eran la directora de la escuela, el capellán y otras dos hermanas.

Las otras 11 monjas sabían que los niños eran refugiados de la región de Alsacia y Lorena, pero desconocían que eran judíos.

Como los niños no estaban familiarizados con los ritos católicos, la forma que encontraron de no levantar sospechas fue haciéndose pasar por comunistas.

“En el este de Francia había muchas ciudades industriales cuyos trabajadores eran comunistas. Hacíamos como que no sabíamos nada sobre religión”, dijo Annie.

Peligro extremo

Mientras la guerra se alargaba, los niños corrían más peligro y esto preocupaba a la hermana Bergon.

“Aunque todos los documentos comprometedores y la joyería de las familias de los niños estaban escondidos en varias esquinas del convento, no nos sentíamos seguros. Así que una noche, mientras todos dormían, cavamos un agujero profundo en el jardín del convento y enterramos todo lo que pudiera ser comprometedor”, escribió Bergon en su diario.

Ventana en uno de los dormitorios de los niños.

BBC
Mientras más se alargaba la guerra, más peligro corrían los niños.

Annie recuerda el día de 1944 en que abrió la puerta a un miembro de la Resistencia que se presentó en el convento con una advertencia.

“Rápido, debo hablar con tu directora. ¡Es muy urgente!”

El hombre contaba que el convento había sido denunciado, que se había corrido la voz de que ocultaba niños judíos.

La hermana Bergon trazó un plan con la Resistencia, quien accedió a lanzar tiros de advertencia si el enemigo se acercaba.

“Los niños dormirían emparejados: los mayores con los menores. A la primera detonación, se irían deprisa pero en silencio hacia los bosques y abandonarían la casa”, apuntó Bergon en su diario.

Pero pronto decidió esconder a los niños sin esperar a que llegaran los invasores. Un grupo, donde estaba Annie, fue llevado a la capilla.

“El capellán era un hombre fuerte y podía levantar los bancos. Abrió una trampilla en el suelo y nos metieron allí”, recuerda Annie.

El agujero medía 2,5 metros de largo y tenía 1,5 metros de altura.

Annie junto a la trampilla de la capilla.

BBC
Annie junto a la trampilla de la capilla.

Allí se escondieron siete niños durante cinco días.

No podían pararse o acostarse. Solo se les permitía salir por tiempos cortos, a primera hora de la mañana, para ejercitarse, comer, beber e ir al baño.

Aquellos días bajo el suelo marcaron a Annie para siempre. Desde entonces no puede dormir sin un pequeña luz encendida.

Hélène tuvo algo más de suerte y fue llevada a una casa con otra familia local.

Trampilla.

BBC
La trampilla donde escondieron a los niños es diminuta.

Las tropas alemanas no entraron en el convento, pero dejaron rastros de destrucción en las inmediaciones.

“Encontramos miembros de la Resistencia muertos y abandonados en el camino”, cuenta Annie.

Como muestra de respeto, depositaron flores encima de los cadáveres.

En junio de 1944, las tropas fascistas que rondaban el aire se desplazaron al norte para repeler los desembarcos de los Aliados en Normandía.

En el camino participaron en dos masacres para castigar a los lugareños por las actividades de la Resistencia en la zona.

Una vez en Normandía, fueron aplastadas por la Segunda División Blindada de Estados Unidos. Perdieron 5,000 hombres, más de 200 tanques y otros vehículos de combate.

Fin de la guerra

Tras la liberación del sur de Francia en agosto de 1944, los niños judíos comenzaron a abandonar el convento.

Albert Seifer se reunió con su familia, incluyendo su padre, quien logró regresar con vida del campo de concentración de Auschwitz.

Annie y Hélène no tuvieron tanta suerte.

Las hermanas Hélène y Annie en las puertas del convento.

BBC
Hélène y Annie siguen visitándose tanto como pueden.

Su tía sobrevivió, pero sus padres e Ida, la hermana pequeña, fueron asesinados en Auschwitz.

Annie se instaló en Toulouse, se casó, tuvo hijos y recientemente se convirtió en bisabuela. Todavía se reúne con Albert, ahora de 90 años.

Hélène se casó y tuvo un hijo, instalándose en Richmond, al oeste de Londres. Con 94 y 90 años, las hermanas viajan entre Londres y Toulouse para verse tan a menudo como pueden.

A ambas les entristeció despedirse de la hermana Bergon y la visitaron de forma regular el resto de su vida.

Cuando los hijos de Annie eran pequeños, los llevaba a menudo consigo para recordarles esa etapa de la historia, lo que soportó el pueblo judío.

La hermana Bergon permaneció en el convento y continuó trabajando hasta su muerte en 2006 a la edad de 94 años. Más adelante ayudó a niños desfavorecidos y luego a inmigrantes del norte de África.

Denise Bergon

BBC
La hermana Betgon continuó realizando labores humanitarias durante el resto de su vida.

En 1980 recibió honores por parte del Centro Conmemorativo del Holocausto y fue nombrada como “Justa de la Naciones”.

Una calle lleva su nombre en Capdenac, pero aparte de eso, el único monumento de su hazaña se encuentra en los terrenos del convento.

Foto de sobrevivientes junto a Bergon.

BBC
Hélène (a la izquierda), Annie (a la derecha) junto a la hermana Bergon en el memorial del convento.

“Este cedro fue plantado el 5 de abril de 1992 en memoria de la salvación de 83 niños judíos (de diciembre de 1942 a julio de 1944) por Denise Bergon (…) a petición de Monseñor Jules-Geraud Saliège, arzobispo de Toulouse”, dice la conmemoración.

Se encuentra cerca del lugar donde Bergon enterró las joyas, el dinero y los artículos valiosos que dejaron los padres, y que devolvió intactos después de la guerra para ayudar a las familias a comenzar de nuevo.


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