Seis de cada diez mexicanos ven a las cárceles como escuelas del crimen: Parametría
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Seis de cada diez mexicanos ven a las cárceles como escuelas del crimen: Parametría

Según la encuestadora, para la población las prisiones en México no están cumpliendo con rehabilitar y disuadir conductas delictivas en los reclusos: 65% cree que los mismos internos peligran en los centros penitenciarios.
CNDH
Por Redacción Animal Político
8 de marzo, 2016
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La desconfianza de los mexicanos en las cárceles es abrumadora, siete de cada diez asegura que en ellas hay corrupción, control de grupos delincuenciales, violaciones a derechos humanos y 64% las considera escuelas del crimen, de acuerdo con la reciente encuesta realizada por Parametría.

Según la encuestadora, para la población las prisiones en México no están cumpliendo con rehabilitar y disuadir conductas delictivas en los reclusos: 65% cree que lejos de ser espacios de corrección, los mismos internos peligran en los centros penitenciarios. Incluso, siete de cada diez  menciona que no tienen las condiciones para vivir que no se respetan los derechos humanos.

Y tienen motivos para pensarlo, pues de 2007 a 2014 el número de presos reincidentes en los Centros Federales de Readaptación Social se multiplicó más de 600%, al pasar de solo mil 484 internos a casi 10 mil 900, de acuerdo con una evaluación de la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

Estas fallas coinciden con las señaladas por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en su reciente informe sobre la situación de garantías en el país presentado el pasado 2 de marzo.

En lo que va de 2016 se han registrado al menos tres enfrentamientos entre internos de centros penitenciarios del país, el más  fuerte de ellos ocurrido en el penal de Topo Chico, Nuevo León, donde la pelea entre presuntos miembros de distintos grupos delictivos dejó un saldo de 49 muertos.

82% de la población mexicana se enteró de este suceso y repartió responsabilidades en los tres sectores de gobierno, pues 31% culpó al gobierno federal, 33% a la administración estatal y sólo 11% dijo que era un tema municipal, señala Parametría.

También destaca que la mayoría, un 47%, está en desacuerdo con que empresas privadas administren las prisiones del país, contra un 29% al que le agrada la idea de que ya no sea el gobierno quien se encargue de los penales, sino particulares.

Y lo mismo sucede con los hipotéticos resultados, pues 33% cree que el gobierno haría mejor trabajo cuidando las cárceles contra un 31% que confía más en las empresas para este trabajo, mientras que el 25% considera que ninguno pondría mayor orden.

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El caso del hombre con superanticuerpos contra la COVID (y por qué da esperanza a los científicos)

Los anticuerpos de John Hollis son tan potentes que es inmune incluso a las variantes recién descubiertas de la COVID-19.
18 de marzo, 2021
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John Hollis

BBC
Se podrían diluir los anticuerpos de John Hollis al uno por mil y seguirían matando el 99% de los virus, aseguran los expertos.

El escritor estadounidense John Hollis, de 54 años, pensó que iba a contraer la covid-19 cuando un amigo con el que compartía casa se infectó y enfermó gravemente en abril de 2020.

“Fueron dos semanas en las que sentí mucho miedo”, dice John Hollis. “Durante dos semanas esperé que la enfermedad me golpeara, pero nunca ocurrió”.

Hollis simplemente pensó que había tenido suerte por no contraer la enfermedad.

Pero en julio de 2020, de manera absolutamente casual, Hollis mencionó esa convivencia con una persona muy enferma en una conversación con el médico Lance Liotta, profesor de la Universidad George Mason, en Estados Unidos, donde Hollis trabaja en tareas de comunicación.

Liotta, quien investiga formas de combatir el coronavirus, invitó a Hollis a participar como voluntario en un estudio científico sobre el virus que se estaba desarrollando en la universidad.

De este modo, Hollis descubrió que no sólo había contraído la covid-19, sino que su cuerpo tenía superanticuerpos que le hacían permanentemente inmune a la enfermedad, es decir, que los virus entraban en su cuerpo, pero no lograban infectar sus células y hacerle enfermar.

“Esta ha sido una de las experiencias más surrealistas de mi vida”, reconoce Hollis.

“Una mina de oro”

“Recogimos la sangre de Hollis en diferentes momentos y ahora es una mina de oro para estudiar diferentes formas de atacar el virus”, explica Liotta.

En la mayoría de las personas, los anticuerpos que se generan para combatir el virus atacan las proteínas de las espículas del coronavirus, formaciones puntiagudas en la superficie del Sars-Cov-2 que le ayudan a infectar las células humanas.

virus

Getty Images
Los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

“Los anticuerpos del paciente se adhieren a las espículas y el virus no puede pegarse a las células e infectarlas”, indica Liotta.

El problema es que cuando una persona entra en contacto con el virus por primera vez, su organismo tarda en producir estos anticuerpos específicos, lo que permite la propagación del virus.

Pero los anticuerpos de Hollis son distintos: atacan varias partes del virus y lo eliminan rápidamente.

Son tan potentes que Hollis es inmune incluso a las nuevas variantes del coronavirus.

“Podrías diluir sus anticuerpos al uno por mil y seguirían matando el 99% del virus”, asevera Liotta.

Los científicos están estudiando estos superanticuerpos de Hollis y de algunos otros pacientes como él con la esperanza de aprender a mejorar las vacunas contra la enfermedad.

“Sé que no soy la única persona que tiene anticuerpos de este tipo, sólo soy una de las pocas personas a quien se le han descubierto“, opina Hollis.

Experimento

BBC
La población negra es poco proclive a participar en estudios por escándalos como el de Tuskegee, una investigación sobre la sífilis en pacientes negros que los tuvo sin tratamiento durante décadas aunque existía el remedio.

Prejuicios raciales en las investigaciones

Sin embargo, este tipo de descubrimientos no suceden algunas veces debido a un sesgo racial en las investigaciones científicas: la mayor parte se realizan con pacientes blancos.

La participación de los individuos negros en los estudios suele ser mucho menor que su representación en la sociedad.

“Hay una larga historia de explotación (de pacientes negros) que hace que la comunidad afroamericana desconfíe a la hora de participar en las investigaciones”, revela Jeff Kahn, profesor del Instituto de Bioética de la Universidad John Hopkins.

“Es comprensible que exista esa desconfianza”, reconoce.

Uno de los experimentos más conocidos en el que participaron afroamericanos es el estudio de la sífilis de Tuskegee: durante más de 40 años, científicos financiados por el gobierno estadounidense estudiaron a hombres negros que tenían sífilis en Alabama sin proporcionarles medicamentos para la enfermedad.

“A lo largo de los años, durante la elaboración del estudio, los antibióticos se volvieron un remedio ampliamente disponible y no se les ofrecieron a estas personas”, relata.

“Los investigadores mintieron sobre lo que se les hacía y se les negó el tratamiento en nombre de la investigación”, sentencia Kahn.

“Cuando el estudio de Tuskegee salió a la luz, se establecieron normas y regulaciones para la investigación con seres humanos, que están en vigor desde los años 70”.

Esta historia es una de las razones por las que un segmento de la población, el cual se ha visto muy afectado por la pandemia, suele ser reacio a participar en los estudios o a vacunarse.

Poblacion negra

Getty Images
La población negra está siendo muy afectada por el coronavirus y hay que asegurarse de que reciban “los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, consideran los expertos.

“Queremos asegurarnos de que las comunidades más afectadas reciban los beneficios de las innovaciones que se están desarrollando”, afirma Kahn.

“Y para ello, esas poblaciones también deben formar parte de los estudios”.

“Debemos honrar a esas personas, a las víctimas del estudio de Tuskegee, iniciando un proceso para asegurarnos de que eso no vuelva a ocurrir. Y también para salvar vidas, especialmente en la comunidad afroamericana, que se ha visto muy afectada por la pandemia”, sostiene Hollis.

“Protegernos los unos a los otros es un deber para con nosotros mismos y para con las personas que amamos”, zanja el escritor.


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