¿Cómo enseñan en las escuelas el Holocausto? En 14 países ni lo mencionan
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¿Cómo enseñan en las escuelas el Holocausto? En 14 países ni lo mencionan

En un estudio, la UNESCO encontró que hay países que no incluyen en los planes de estudio de sus escuelas referencias al genocidio perpetrado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.
Archivo Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
14 de abril, 2016
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En las escuelas, un mismo hecho se enseña de diferente forma. La UNESCO hizo un análisis de los planes de estudio de 135 países para comparar la compresión histórica del Holocausto. En 14 de ellos, como Bolivia, Nepal o Tailandia, no existe ninguna referencia al genocidio perpetrado por el régimen nazi durante la Segunda Guerra Mundial.

En las escuelas mexicanas se enseña de manera “parcial”, como un ejemplo de las violaciones de los derechos humanos, según concluye el informe La situación internacional de la enseñanza del Holocausto, realizado por laUNESCO y el Instituto Georg Eckert de Investigación Internacional sobre Manuales Escolares.

El informe, presentado este miércoles 13 de abril, hace una serie de recomendaciones para que los países elaboren planes y programas de estudio que enseñen de manera contextualizada y evite la reproducción de estereotipos.

Los alumnos de países como Bolivia, Guyana, Kirguistán, Azerbaijan, Iraq, Egipto, Camerún, Ghana, Benín, Islandia, Tailandia, Bangladesh, Nepal y Angola no reciben ningún tipo de instrucción sobre el Holocausto, es decir, la persecución y el asesinato sistemático, burocráticamente organizado y auspiciado por el Estado de seis millones de judíos por parte del régimen nazi.

La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) llevó a cabo un proyecto de investigación para documentar y comparar el tratamiento pedagógico en 272 planes de estudios en vigor en 135 países y en 89 manuales escolares publicados en 26 países desde 2000.

Las conclusiones revelan que el tratamiento del Holocausto “está sujeto a patrones comunes de representación” y forma parte de los planes de estudios de la asignatura de historia en aproximadamente la mitad de los países analizados, con diversos contextos y terminologías.

En la mayor parte de los casos, se presenta en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, aunque también figura en las lecciones sobre las violaciones de los derechos humanos.

En algunos planes de estudios solo se menciona explícitamente como víctimas a los judíos y se menciona poco a los gitanos, las personas con discapacidad, los opositores políticos, los homosexuales u otros grupos socialmente marginados.

De acuerdo con la investigación, existen cuatro clasificaciones para la revisión del hecho. La primera es la “referencia directa”, en la que se incluye la enseñanza del Holocausto en los planes de estudio. En esta categoría están países como  Albania, Australia, Dinamarca, Etiopía y Polonia, Alemania, Argentina y Suiza.

En otros países se hace una referencia directa al Holocausto aunque utilizando términos como “la singularidad del genocidio de los judíos” (España), “la política de exterminio nazi” (Andorra), entre otros.

Las “referencias parciales”, es cuando se incluye  manera indirecta, es decir, cuando el objetivo de aprendizaje no es Holocausto, sino que sirve para “ilustrar un tema”, como la educación en materia de derechos humanos. En ese caso está Argentina, Belice, Colombia, Ecuador, Eslovenia y México se presenta el Holocausto como un ejemplo de las violaciones de los derechos humanos.

En tanto, en Estados Unidos, los alumnos deben “explicar los hechos que condujeron al inicio de la Segunda Guerra Mundial” y “analizar la respuesta del Gobierno de los Estados Unidos de América ante el descubrimiento del Holocausto y las políticas de inmigración en relación con los refugiados”.

La tercera clasificación es para países como Botswana, Burkina Faso, Kenya, Malasia, Níger, Noruega, Pakistán, Perú, Senegal y Uruguay “que mencionan únicamente el contexto”, es decir, la Segunda Guerra Mundial o al nacionalsocialismo sin mencionar explícitamente el Holocausto.

En los planes de estudios de la India y Sri Lanka figuran expresiones como “repercusiones del nazismo” o “consecuencias de la Segunda Guerra Mundial” y en Costa Rica sólo se menciona como parte del “antisemitismo y superioridad racial: el caso de los judíos, los musulmanes, los eslavos y los gitanos”.

Mientras que los países que no hacen ninguna referencia tienen planes de estudios que no determinan los contenidos específicos de la enseñanza de la historia.

Como parte del análisis, la UNESCO hace recomendaciones para que los países incluyan el Holocausto en sus programas de estudio atendiendo a estos parámetros:

  1. Mencionar explícitamente el Holocausto e incluir en el plan de estudios de la asignatura de historia el aprendizaje histórico sobre ello.
  1. Examinar cómo se conceptualiza y se contextualiza el Holocausto en los planes de estudios y en los objetivos de aprendizaje. Establecer un diálogo abierto y colaborativo entre encargados de la formulación de políticas, autores de manuales escolares y educadores.
  1. Reconocer la larga escalada de la exclusión y la persecución desde comienzos de los años 1930, el contexto social e ideológico arraigado desde finales del siglo XIX y las trascendentales consecuencias que llegan hasta la actualidad.
  1. Reducir el espacio dedicado a Hitler y, al mismo tiempo, subrayar los múltiples factores o causas (ideológicos, políticos, psicológicos o económicos) que pueden explicar los hechos.
  1. Aportar información (mediante citas de documentos) sobre las decisiones cotidianas a las que se enfrentaban los protagonistas, abordando sus esperanzas, miedos y dudas.
  1. Usar la voz activa en lugar de la pasiva; evitar el lenguaje emotivo; concienciar sobre los estereotipos que provoca el uso de nombres colectivos como “los alemanes”, “los nazis”, “los judíos” y “los gitanos”.
  1. Indicar la relevancia, tanto individual como colectiva de los hechos históricos dentro del contexto de sus causas y consecuencias, a corto y a largo plazo y de sus múltiples dimensiones espaciales (local, nacional, internacional o “universal”).
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Cómo el ejercicio físico puede ayudarnos a crear nuevas neuronas y a mejorar la memoria

Por mucho tiempo se pensó que el cerebro no podía generar nuevas neuronas, pero ahora se sabe que la neurogénesis no se detiene ni siquiera durante la vejez.
31 de agosto, 2021
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Hace tiempo se pensaba que en el cerebro no se podían generar nuevas neuronas. Éste se entendía como una entidad estática e invariable que, simplemente, degeneraba a medida que envejecíamos o debido a lesiones cerebrales.

No obstante, a partir de los experimentos de la bióloga de la Universidad de Berkeley (Estados Unidos) Marian Diamond, se demostró en 1964 que el cerebro adulto era plástico y adaptativo.

Ese estudio fue pionero en identificar cómo las características del entorno afectaban directamente al desarrollo y crecimiento cerebral.

El experimento realizado contaba con una jaula grande y espaciosa con doce ratas que crecían en un ambiente enriquecido (elementos para jugar o correr en la rueda giratoria, compañía, alimentación diversa), así como con otras doce ratas que se encontraban en una jaula pequeña, aisladas, sin estímulos sociales o de juego.

Tras ochenta días, Diamond analizó sus cerebros y descubrió que el córtex cerebral se había modificado en el grupo del ambiente enriquecido.

En estos, la corteza cerebral era más extensa, debido al crecimiento de las espinas dendríticas de las neuronas, se observó angiogénesis —mayor número de vasos sanguíneos—, se vió incrementado el nivel del neurotransmisor acetilcolina, así como el del factor neutrófico derivado del cerebro, conocido por sus siglas en inglés BDNF, una proteína que se expresa especialmente en la corteza cerebral y el hipocampo, áreas fundamentales para procesos como aprendizaje y memoria.

Estos datos han generado un sinfín de estudios dirigidos a analizar el papel de cada uno de los elementos que componían ese ambiente enriquecido.

Neurogénesis y ejercicio físico

Desde los estudios pioneros de neuroplasticidad, múltiples han sido las evidencias científicas que demuestran cómo factores tales como la dieta, la actividad cognitiva diversa, el ambiente social, la novedad y el ejercicio físico son elementos que favorecen indiscutiblemente este fenómeno.

Cerebro.

Getty Images
El ejercicio físico regular puede contribuir a la neurogénesis.

Centrémonos en el ejercicio físico.

Los múltiples beneficios del ejercicio físico regular se han demostrado ampliamente en modelos humanos y animales. Sabemos que puede contribuir a la neurogénesis, así como poseer un rol importante para revertir y reparar el daño neural existente, tanto en mamíferos como en peces.

Comprender cómo se produce este proceso, y qué factores lo ponen en marcha, puede resolver el rompecabezas para mejorar la pérdida de memoria relacionada con la edad y tal vez prevenir enfermedades neurodegenerativas, incluido el Alzhéimer.

El cerebro promedio contiene alrededor de 100 000 millones de células cerebrales, la mayoría de las cuales se formaron antes del nacimiento. En las primeras etapas de la infancia se siguen generando nuevas células cerebrales a un ritmo acelerado.

Con los años, la neurogénesis disminuye gradualmente, pero el proceso no se detiene ni durante la vejez. Los factores neurotróficos ayudan a estimular y controlar este proceso, siendo el BDNF el más importante.

Entre 700 y 1.500 nuevas por día

Eso es especialmente cierto en el giro dentado del hipocampo, a pesar de que hay otras regiones cerebrales que también producen nuevas células cerebrales.

Recientemente, un equipo de investigación de la Universidad de Harvard, liderado por Rudolph Tanzi, ha encontrado que el hipocampo puede producir entre 700 y 1.500 nuevas neuronas cada día.

Hipocampo.

Getty Images
El ejercicio consigue acelerar la maduración de células madre a células adultas totalmente funcionales.

Quizás esto pueda no parecer mucho si tenemos en cuenta la vasta galaxia de neuronas que poseemos, pero incluso este pequeño número tiene valor, ya que mantiene activas muchas conexiones neurales ya existentes.

Así, si bien la mayoría de los cerebros puede desarrollar nuevas células, el objetivo de la ciencia ahora es encontrar las mejores maneras de hacerlo.

La idea sería que, si se puede aumentar el número de neuronas aún más a través de la neurogénesis, se podría intensificar la función principal del hipocampo y mejorar la forma en que las personas aprenden nueva información y acceden a la memoria a corto y largo plazo.

Los resultados de este estudio respaldan el vínculo entre ejercicio y neurogénesis.

Se encontró que el ejercicio aeróbico durante ocho semanas puede doblar la ratio de generación de nuevas neuronas en el hipocampo, en relación a aquellos sujetos que no realizan ejercicio.

Además de producir BDNF, el ejercicio aeróbico podría ayudar a aumentar la producción hepática de una enzima (Gpld1), que también puede ayudar con la neurogénesis.

Sabemos que el ejercicio consigue acelerar la maduración de células madre a células adultas totalmente funcionales y fomenta el principal mecanismo celular existente para el aprendizaje y la memoria, denominado aprendizaje a largo plazo. Todos estos elementos son clave para fomentar el aprendizaje y la memoria.

¿Cómo reducir el riesgo de enfermedades como el alzhéimer?

Aunque estos hallazgos provienen de estudios en animales, las personas podrían obtener los mismos beneficios cerebrales a través del ejercicio aeróbico. En este momento, no hay sustituto para el ejercicio regular para ayudar con la neurogénesis.

Mujer haciendo deporte.

Getty Images
Cualquier ejercicio físico que aumente la frecuencia cardíaca es ideal.

Sin embargo, no está claro qué tipo de ejercicio aeróbico funciona mejor, ni cuánto tiempo y cuánto es suficiente. Existen datos que sugieren entre 120 y 150 minutos recomendados de ejercicio de intensidad moderada por semana.

Estudios apuntan a la natación como uno de los deportes más completos. Promueve un claro beneficio cognitivo (mejoras en procesos atencionales, flexibilidad cognitiva, memoria) tanto en jóvenes como en personas mayores.

No obstante, cualquier ejercicio físico que aumente la frecuencia cardíaca, como usar usar una cinta de correr, andar en bicicleta o caminar con fuerza, son ideales. El cerebro en movimiento aprende más rápido.


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