Lo hago por tu bien: el 44% de las mujeres sufren violencia física de su pareja
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Omar Bobadilla (@obobadilla)

Lo hago por tu bien: el 44% de las mujeres sufren violencia física de su pareja

Los golpes y la violencia psicológica se han normalizado al grado de que 89% de las mujeres reconoce haber sido víctima de este último tipo de agresiones. Presentamos las historias de Diana y Lorena, sobrevivientes.
Omar Bobadilla (@obobadilla)
Por Nayeli Rodán
15 de abril, 2016
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cintillo

Diana Alba tiene 29 años y es psicóloga, activista y mamá. Apenas hace cuatro años su vida se transformó: dejó de sentirse insegura y reconoció que durante ocho años fue víctima de violencia por parte de su pareja. Ni siquiera los golpes que le perforaron el intestino habían podido separarla del “amor”.

Después de abandonar el hospital tras esa golpiza, Diana perdonó a su novio e incluso decidieron tener un hijo. Pero, dice, “los agresores no cambian”. Los golpes continuaron hasta que un día, como parte de la capacitación para un nuevo empleo, se reconoció como víctima de violencia. “Ahí empecé a nombrarlo”, agrega. Ese fue el primer paso.

Descubrió también que la violencia no es exclusiva de un sector social o educativo. “Feministas o no, tenemos ese tipo de relaciones porque así nos educaron”, afirma la activista, integrante de la colectiva Las enredadas.

La frase tiene sustento: en México, 44% de las mujeres han vivido algún episodio de violencia en su vida durante una relación conyugal, según la encuesta Panorama de violencia contra las mujeres en México 2011.

Además, la violencia intrafamiliar es la décima causa de muerte de mujeres en el país.

Lee: Violencia contra la mujer en datos (parte 1): El silencio de 332 mil acosos

Se trata de una violencia ejercida en el espacio más intimo por un agresor que dice sentir amor, lo que vuelve más compleja la situación. Es por eso que, dice Diana, “las mujeres, a pesar de que tenemos el conocimiento, no podemos salir de esas relaciones tan fácil”.

A pesar de vivir violencia, “no podemos nombrarla ni identificarla”. Se vive de forma “privada”. En la mayoría de los casos, la víctima ni siquiera se atreve a comentarlo con su círculo más cercano como amigas o familiares. “Piensas: ‘No tengo qué decirle a mi amiga que este tipo me está matando porque voy a ser criticada’”.

Los números lo confirman: 90% de las mujeres casadas o en unión libre que fueron violentadas por su pareja no pidieron ayuda ni no denunciaron. Sólo 10% lo hace, pero de ellas, la mitad lo hace sólo ante organismos como el DIF o el Instituto de la mujer, que no tienen facultad para someter al agresor a un proceso judicial.

“En nombre del amor nos están asesinando”, sentencia Diana cuando insiste que las mujeres deben “desmitificar el amor romántico”; es decir, reconocer que los celos no son sinónimo de amor, ni el control de la protección.

Violencia psicológica, la huella indeleble

Después de que Lorena terminó su noviazgo con Martín, él le escribió un mail de despedida que incluía frases como: “Eres una puta”, “mediocre”, “ojalá te mueras”. Cuando lo leyó, no le impactó porque lo consideró como una tontería. Pero después de varios días seguía pensando en esas palabras le retumbaban en la cabeza. Comenzó a cuestionarse si los calificativos eran verdad. “Dudé de mí”, reconoce.

Ella es una mujer independiente, con un trabajo estable y afición por el arte. Él estudia un doctorado en antropología. En un principio tenían una relación abierta, pero luego Lorena cedió a la presión para comenzar un noviazgo y eso abrió la puerta para que Martín quisiera controlarla.

Después de varias peleas ella descubrió una manera de evitar la confrontación: “Le informaba todo lo que hacía en el día: ‘ya voy al trabajo; voy a comer; ya estoy en  casa’”. Él le respondía: “Gracias por contarme todo, ya estamos funcionando mejor”.

Lee: Universidades reprobadas: solo 4 tienen protocolos contra el acoso sexual

Aún así, ella tenía que cuidar lo que decía frente a él porque podía malinterpretar sus palabras y, por ende, tener más peleas.

También criticaba que usara falda o cómo se comportaba frente a los demás. “Siempre te voy a juzgar, lo hagas bien o no. Lo hago por tu bien”, le decía. Aunque ella terminó la relación un mes después, reconoce que ni siquiera debió intentarlo por las señales de alerta.

Cuando se reencontraron después de un tiempo de no verse, él le preguntó si había estado con otra persona. Y dijo de inmediato: “Si me entero de que saliste con alguien te mato, al fin que vives sola y nadie se va a dar cuenta”. Ella lo tomó como una broma esa ocasión, pero la segunda vez que lo escuchó sintió mucho miedo.

Este tipo de violencia es de las más comunes. Según la encuesta de violencia antes mencionada, 89% de las mujeres ha sido agredida psicológicamente por su pareja; es decir, ha sufrido insultos, menosprecios, intimidaciones, imposición de tareas serviles y limitaciones para comunicarse con amigos, conocidos y familiares.

Cicatriz de guerra

Diana tiene una cicatriz que inicia en su pecho y llega hasta el vientre. Es la marca de una laparotomía a la que fue sometida luego de que los golpes de su novio le perforaron el intestino. Tenía 21 años y estuvo a punto de morir.

Ver esa marca sobre su cuerpo la hacía recordar lo que había vivido, pero desde hace tres años ha cobrado otro sentido: “Mi cicatriz es como una marca de guerra”. Es el recordatorio de que es una sobreviviente.

Superar ese episodio fue un proceso difícil y largo. Para dejar a su ex pareja tuvo que empezar a restablecer redes, a retomar las relaciones con sus amigas y familia, porque “un agresor te aisla y al principio crees que sin él no vas a poder”. Pero Diana decidió convertirse en madre soltera.

Después tuvo dos procesos psicológicos para “empoderarme y construir autoestima”.

Lleva cinco años separada, pero “apenas tiene tres años que lo superé”. Parte de los cimientos de su recuperación está en las redes de apoyo que ha construido con otras mujeres. Desde 2013, junto con otras feministas crearon la colectiva Las enredadas, una organización para visibilizar la violencia contra las mujeres en México.

Lee: El acoso en las universidades, cuando las bromas e insinuaciones suben de tono

Se trata de un espacio de protesta y acción por y para las mujeres porque, dice, “el Estado no va a responder ante la violencia de género cuya expresión extrema es el feminicidio. La alerta de género no está funcionando y en lugar de estar diciendo ‘mírame, hazme caso’, apostamos a organizarnos”. Las Enredadas promueven la autodefensa como una forma de combatir la violencia contra las mujeres.

“Traer tu silbato, saber técnicas de autodefensa, traer un aparato de toques, a uno la hace sentir más segura para salir a la calle vestida como quiera. Vamos a defendernos nosotras mismas porque el Estado no está respondiendo”.

En su página de internet, promueven un manual de autodefensa, que instruye cómo actuar ante ataques físicos.

Las Enredadas han realizado manifestaciones en el Estado de México para evidenciar que la problemática existe, pero que también hay colectivos de apoyo. “Mientras seamos manada nos sentimos más poderosas”, afirma Diana.

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Qué es el kafala, el controvertido sistema de empleo por patrocinio que 'esclaviza' a los trabajadores

Miles de trabajadores viajan a los países del Golfo, Jordania y Líbano con el sueño de ahorrar dinero para ayudar a sus familias, pero acaban en un ciclo interminable de abuso.
6 de octubre, 2021
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Pensó que había encontrado el empleo de su vida, pero terminó cautivo y obligado a trabajar gratis.

Athenkosi Dyonta, un barista de 30 años, trabajaba en un café en la ciudad de George, un popular sitio de vacaciones en su país natal, Sudáfrica.

El joven solía compartir su “arte en latte“, los diseños que se hacen con leche sobre el café, con baristas de todo el mundo en un grupo de Facebook.

Fue allí donde una mujer lo contactó con una oferta de trabajo en Omán.

Además de un salario decente, le ofrecían alojamiento, comida y transporte gratuitos.

La mujer dijo que se ocuparía de su visa. Todo lo que Athenkosi tendría que hacer era pagar un boleto de avión, un chequeo médico y una prueba de covid-19.

Taza de latte con diseños hechos con el café sobre la leche

Getty Images
Athenkozi fue contactado en un grupo de Facebook donde compartía su “arte en latte”.

“Pensé que cuando él regresara después de un año más o menos nos compraríamos una casa y podríamos enviar a nuestros niños a mejores escuelas”, recordó su novia Pheliswa Feni, de 28 años, con quien tiene dos hijos.

La pareja pidió prestado dinero para el pasaje aéreo de Athenkosi, quien poco después viajó a Omán.

Al llegar al país árabe, el barista fue conducido desde la capital, Muscat, a una ciudad llamada Ibra, donde lo trasladaron a su nuevo hogar.

“Era un lugar sucio, una habitación pequeña, con apenas un colchón y cajas”, le dijo Athenkosi al podcast The Comb de la BBC.

La sorpresa fue solo el inicio de un período de enorme angustia para el joven, quien se enteró poco después de que el “empleo de sus sueños” no existía.

Athenkosi Dyonta lavando tazas en Omán

Athenkosi Dyonta
En Omán, cuando Athenkosi no estaba trabajando debía permanecer encerrado en su habitación.

Athenkozi pasó a trabajar de 12 a 14 horas al día en tareas de limpieza en cafés.

Cuando no tenía que trabajar lo obligaban a permanecer encerrado en su habitación. La comida era terrible y no le pagaban.

“Comía solo pan y leche, a veces un panecillo con un huevo. No recibía ningún salario, solo trabajaba”.

Lo que el joven no sabía era que había firmado un acuerdo de patrocinio utilizado en partes del Medio Oriente llamado “kafala”, que otorga a ciudadanos y empresas privadas un control casi absoluto sobre el empleo y el estatus migratorio de los trabajadores extranjeros.

A la merced del empleador

“El sistema de kafala o patrocinio ata a los trabajadores migrantes a sus empleadores”, le señaló a BBC Mundo May Romanos, investigadora de Amnistía Internacional (AI) sobre derechos de migrantes en la región del Golfo .

Romanos es una de las autoras de un informe de AI de 2019 sobre el sistema de kafala en Líbano.

La palabra árabe kafala significa garantizar.

En este sistema “los trabajadores no pueden entrar al país u obtener una visa a menos que tengan ese patrocinio”.

“Y el empleador puede en cualquier momento cancelar el permiso de residencia y dejar al trabajador como un ilegal en riesgo de ser deportado”, explicó Romanos.

“El trabajador no puede cambiar de trabajo ni abandonar el país sin permiso de su empleador, así que acaba atrapado en un ciclo de abuso”.

El sistema fue creado para asegurar una oferta abundante de mano de obra barata durante una era de boom económico.

Sus defensores aseguran que beneficia a las empresas locales y es un factor que impulsa el desarrollo, aunque el sistema se ha vuelto cada vez más polémico por las denuncias de casos de abuso.

A pesar de la posible explotación, los trabajadores muchas veces aceptan trabajos en el sistema de kafala porque la paga que se ofrece es mejor que la que obtendrían en sus propios países, señala el Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), un think tank con sede en Nueva York.

Muchos trabajadores envían remesas a sus hogares, que según el Banco Mundial pueden ayudar a aliviar la pobreza en países de medianos y bajos ingresos. En 2019, Kuwait, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos estuvieron entre los 10 países desde donde se enviaron más remesas.

Los valedores del sistema argumentan que facilitar la entrada legal de trabajadores a la región hace que éstos sean menos vulnerables al tráfico de personas.

Quienes se oponen, sin embargo, señalan que se requieren mayores garantías legales para proteger a los trabajadores, agrega el análisis de CFR.

Mujeres protestando en Líbano con un cartel que dice "abajo el kafala". 2019

Getty Images
“Abajo el kafala”. Trabajadores migrantes protestaron contra este sistema en Líbano.

El sistema de kafala se aplica con variaciones en todos los países del Golfo, además de en Jordania y Líbano.

“En Líbano, por ejemplo, los trabajadores migrantes no pueden cambiar de empleo sin el permiso del empleador pero sí pueden salir del país”, afirmó Romanos.

“Aunque en la práctica es muy difícil hacerlo si el empleador se niega a pagar el pasaje aéreo, ya que estos trabajadores ganan muy poco. En muchos casos además los empleadores confiscan sus pasaportes“.

“Historias desgarradoras”

El informe de 2019 de Amnistía Internacional se centra en el caso de las trabajadoras domésticas.

Uno de los testimonios que recoge el reporte es el de Mary, una trabajadora de Etiopía que viajó a Líbano, donde aseguró haber sufrido abuso físico y verbal.

“Estuve en la casa de mis empleadores sin salir durante un año, trabajaba 18 horas al día. Lloraba todos los días y traté de acabar con mi vida en tres ocasiones. Su casa era mi prisión”, relató Mary.

“La historia de las trabajadoras domésticas es tristemente muy similar en toda la región”, señaló Romanos.

Manos con guantes de limpieza

Getty Images
Algunas de las trabajadoras domésticas entrevistadas por Amnistía Internacional trabajaban hasta 18 horas al día.

“Como viven en la casa de sus empleadores tienden a estar aisladas, a muchas se les prohíbe salir de la casa. Creo que algunas de las historias más desgarradoras que escuchamos eran especialmente de trabajadoras domésticas”.

La mayoría de las trabajadoras domésticas atrapadas en el sistema de kafala son mujeres y provienen de Filipinas, Sri Lanka, India, Bangladesh, y en muchos casos de África.

Muchas de ellas son madres que dejaron a sus hijos en sus países y viajaron con la idea de ganar dinero para la educación y alimentación de sus niños”.

Romano señaló que muchas trabajadoras domésticas migrantes trabajan, como Mary, hasta 18 horas al día sin ningún día libre a la semana.

La carga de trabajo es atroz y muchas relatan casos de abusos físicos por parte no solo de sus empleadores sino de los menores a su cargo”.

“Hemos hablando con muchas de estas mujeres que estaban en refugios en Líbano y Qatar. Estaban atrapadas, porque los empleadores aún tenían sus pasaportes y además no tenían dinero para regresar a su país y reunirse con sus hijos”.

Muchas de ellas ni siquiera habían recibido sus salarios así que trabajaron por nada”.

Un estudio de 2008 de Human Rights Watch denunció que las trabajadoras domésticas migrantes estaban muriendo en Líbano a una tasa de más de una por semana, debido a suicidios o intentos de escapes fallidos.

Bahréin, Qatar y Arabia Saudita

Bahréin anunció en 2009 que desmantelaría el sistema de kafala y estableció un organismo público, la Autoridad Reguladora del Mercado de Trabajo, con el fin de regular el estatus de los trabajadores migrantes en lugar de los empleadores.

Sin embargo, la Organización Internacional del Trabajo, OIT, señaló que esa Autoridad actúa luego del reclutamiento y “no ha asumido el rol de patrocinio, por lo que el sistema de kafala permaneció con algunas restricciones”.

Los trabajadores migrantes en Bahréin ahora tienen “un grado de mobilidad ya que pueden cambiar de empleo sin el consentimiento escrito de su empleador”.

Pero la OIT advirtió que esta libertad fue luego restringida por otra ley en 2011 “que impide a los trabajadores cambiar de empleo antes de un año”.

Qatar también introdujo reformas recientemente al sistema de kafala “ante la presión internacional y por ser foco de atención antes del Mundial de fútbol de 2022”, señaló Romanos.

El país tiene cerca de dos millones de trabajadores migrantes, que representan el 95% de su fuerza laboral, según AI.

“Qatar permite ahora que los trabajadores migrantes cambien de trabajo y salgan del país sin permiso de sus empleadores, pero en la práctica esto sigue siendo difícil”.

“Y además el empleador aún tiene el poder de cancelar en cualquier momento el permiso de residencia. Si el trabajador abandona el empleo por abuso puede ser acusado de huir y enfrentar un posible arresto y deportación”.

La OIT, por su parte, describió la reforma al sistema de kafala en Qatar como “un cambio histórico”.

“Qatar ha introducido grandes modificaciones a su sistema laboral, poniendo fin al requisito de que los trabajadores migrantes obtengan el permiso de su empleador para cambiar de trabajo. El país convirtió al mismo tiempo en el primero de la región en adoptar un salario mínimo no discriminatorio”, señaló la OIT.

“Tras la adopción de la ley 19 de 2020, el 30 de agosto de ese año, los trabjaadores migrantes pueden cambiar de empleo antes del fin de su contrato sin obtener primero un Certificado de No Objeción de su empleador.

Esta nueva ley, unida a la eliminación previa del requisito de un permiso del empleador para abandonar el país, efectivamente desmantela el sistema de patrocinio de kafala y marca el comienzo de una era en el mercado laboral de Qatar”.

“Mediante legislación adicional se estableció un salario mínimo de 1.000 riyales de Qatar (unos US$275) que se aplica a todos los trabajadores, de todos los sectores, incluyendo las empleadas domésticas”, agregó la OIT.

Trabajadores migrantes en Doha, Qatar, haciendo fila para usar un cajero automático

Getty Images
Qatar tiene cerca de dos millones de trabajadores migrantes, que conforman el 95% de la fuerza laboral del país.

Arabia Saudita, por su parte, “tiene más de 10 millones de trabajadores migrantes“, afirmó Romanos.

Este país también introdujo algunas reformas, “pero son más en papel que en la práctica”, según la investigadora de AI.

“Por otra parte, es un país cerrado a las organizaciones de derechos humanos por lo que es muy difícil documentar los abusos y ofrecer apoyo a los trabajadores”.

“Una forma de esclavitud moderna”

Al igual que Mary, la trabajadora doméstica en Líbano, Athenkosi intentó quitarse la vida.

El joven barista logró finalmente volver a Sudáfrica, luego de que su novia organizara una campaña para recaudar fondos. El empleador sólo lo dejó ir tras recibir unos US$1.500 por “incumplimiento de contrato y gastos de comida y alojamiento”.

Otras personas atrapadas en el sistema de kafala no han sido tan afortunadas y siguen a la merced de sus empleadores.

Protesta de trabajadores migrantes en Líbano en 2019

Getty Images
Estos trabajadores migrantes en Líbano piden a sus empleadores: “Entreguen nuestros pasaportes, concédannos un día libre, paguen salarios, hablen en forma amable”.

Para Romanos, el kafala es un sistema complejo que no se cambia solo aboliendo un par de leyes.

“Debe haber un cambio de cultura en estos países, y debe acabarse con la cultura de impunidad”.

Los empleadores no enfrentan ninguna consecuencia por sus abusos, ni en Qatar ni en el resto de la región”.

Romanos asegura que los gobiernos deben no solo reformar las leyes sino implementar esos cambios y castigar a los abusadores.

“Definitivamente el sistema de kafala es una forma de esclavitud moderna y creemos que debe ser abolido“.

“Ése es el llamado que hicimos ya hace más de diez años cuando comenzamos a informar sobre el kafala”.

“Es un sistema que debe ser reemplazado por otro que proteja a los trabajadores migrantes de los abusos y garantice sus derechos humanos”.


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