GIEI acusa tortura y malos tratos contra detenidos que testificaron sobre el incendio en Cocula
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GIEI acusa tortura y malos tratos contra detenidos que testificaron sobre el incendio en Cocula

En su segundo informe, los expertos del GIEI presentaron un análisis de telefonía que muestra cómo al menos siete celulares de los normalistas estuvieron activos días después del ataque perpetrado en septiembre de 2014.
Cuartoscuro
Por Tania L. Montalvo
24 de abril, 2016
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“En todos los casos hay indicios de malos tratos y tortura”, concluyeron los expertos del GIEI, tras revisar los informes médicos y de lesiones de 17 detenidos por la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa; incluyendo el de Gildardo López Astudillo, señalado como responsable de ordenar el ataque a los normalistas.

Las lesiones de los detenidos “no son explicables bajo ninguna circunstancia”, dijo Carlos Beristain, al detallar que los informes médicos muestran cómo esas heridas se multiplicaron después de la detención.

Además del caso de Gildardo López, los casos revisados y confirmados con lesiones fueros los de 5 inculpados que declararon sobre la quema de los estudiantes, 7 policías de Iguala y 4 de Cocula.

“Si se hace un informe médico después de la detención no debería haber lesiones en los informes médicos posteriores (…) de una lesión registrada, en el siguiente informe se reportan 14 o 22”.

Los datos sobre los informes médicos son los que PGR entregó en el expediente del caso.

Lee: “Este es el segundo informe de los expertos del GIEI sobre el caso Ayotzinapa”

Los expertos agregaron que los 17 casos analizados sobre lesiones son solo una muestra. “Entre los detenidos por el caso hay más indicios de tortura”, indicaron en conferencia de prensa posterior a la presentación del segundo informe.

“El 80% de los detenidos tiene lesiones, no sabemos cuántos son efectivamente víctimas de tortura, pero de los 17 casos revisados por el GIEI, cinco declararon para concluir que ocurrió la quema en el basurero de Cocula”.

Agregaron que de los 17 casos de lesiones analizados por el GIEI, quince presentaron quejas por tortura ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH).

Explicaron que no existen datos en los informes médicos sobre a qué se deben las lesiones de los detenidos y detallaron que solo “algunos” mencionan “maniobras de sometimiento”, además, el número de lesiones aumentan desde el primer informe médico, tras la detención y los consecuentes.

Carlos Beristáin dijo que existen diferentes tramos en la investigación en los que aparece la tortura, pero que son tres los que están claramente identificados: el primero cuando las lesiones aparecen después de la detención, las cuales podrían estar ligadas a las “maniobras de sometimiento”.

El segundo ocurrió en el trayecto después de la detención. “Hay casos en los que las lesiones aparecen en el  trayecto a la SEIDO (Subprocuraduría Especializada en Investigación de Delincuencia Organizada). Cuando llegan ahí, hay nuevas lesiones”, dijo.

El tercero ocurre durante el periodo en detención o arraigo, puesto que “ya detenidos comienzan a presentar nuevas lesiones”.

Tras conocer estos casos, los expertos del GIEI informaron a la PGR y a la CNDH sobre el estatus de las lesiones de algunos de los detenidos y llamaron a que se les practicaran pruebas “pero que sean independientes de quien hace la investigación para que los resultados sean útiles”

Los siete celulares activos tras el ataque

Los expertos del GIEI también presentaron un primer análisis de telefonía que muestra cómo al menos siete celulares de los normalistas estuvieron activos días después del ataque.

Contrario a lo que indica la versión de PGR de que todos los aparatos fueron quemados en el basurero de Cocula, se pudo confirmar que al menos siete celulares estuvieron activos horas y días después del ataque y del supuesto incendio en el que fueron asesinados lis normalistas.

Destaca el celular de Jorge Anibal Cruz que envío un mensaje a su familia a la 01:00am del 27 de septiembre y la señal fue ubicada en Huitzuco.

“Este estudiante estaba vivo, lo que se contradice con la versión oficial de que los estudiantes habrían sido asesinados. Es una línea de investigación no agotada”.

El análisis permite observar cómo siete policías de Iguala estuvieron, durante las horas del ataque, en constante contacto con un sujeto que se identificó como ‘Caminante’. 

A la fecha, no hay más datos sobre ‘Caminante’ ni se ha entregado información sobre el número celular al que policías se comunicaron la noche del 26 de septiembre; pero el análisis muestra cómo este sujeto coordinó las actividades durante el ataque.

El informe del GIEI también detalla que el ataque del 26 de septiembre de 2014 estuvo coordinado y controlado “toda la noche”.

Mencionaron la participación de la policía de Huitzuco y de bloqueos en la zona de Mezcala para aislar él área de Iguala.

“Hubo una coordinación perfecta entre policías para generar un círculo de control para evitar la salida de los buses de Iguala”.

Los expertos destacaron las inconsistencias en la investigación de la PGR. Mostraron cómo el 28 de octubre de 2014 acudieron a la zona del Río Cocula con uno de los detenidos, Agustín García Reyes, sin que haya registro de las actividades que realizaron.

Asimismo, mostraron imágenes de peritos recogiendo evidencia ósea en él área, sin que exista información de lo recolectado o los resultados de esa indagatoria.

Un día después de esa visita de PGR no registrada en el expediente, se informó del hallazgo de restos que después fueron identificados como los de Alexander Mora.

En conferencia de prensa posterior a la presentación del segundo informe, los peritos señalaron que “hay evidencia de cosas que no están en el expediente y que tienen que ser investigadas. De lo que ocurrió el 29 (de octubre) sí hay registro pero nada de lo que se hizo un día antes”.

Tras la presentación del segundo informe del GIEI, el presidente Enrique Peña Nieto agradeció la presentación y las recomendaciones sugeridas por los expertos independientes y señaló que “la PGR analizará el informe completo, para enriquecer su investigación sobre los trágicos hechos del 26 y 27 de septiembre de 2014”.

México debe seguir trabajando en la búsqueda: CIDH

Sobre el fin de las actividades del GIEI, James Cavallaro, presidente de la CIDH, dijo que la Comisión lamenta profundamente que el Estado mexicano se haya opuesto a la ampliación del mandato del grupo de los expertos independientes.

“También lamento que el día de hoy las autoridades del país no hayan estado presentes para recibir el informe (…) Deseo exhortar a las autoridades de México a continuar trabajando en la búsqueda y paradero de los 43 estudiantes desaparecidos”.

Cavallaro dijo a las familias de los 43 que la CIDH seguirá el caso bajo sus propias competencias y autonomía.

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Desaparecidos en México: 'Encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé'

La crisis de desaparecidos en México suma ya más de 83.500 personas. Muchas madres se han organizado para buscar a sus familiares, incluso en fosas clandestinas. Cecilia Delgado encontró a su hijo en una de ellas.
4 de marzo, 2021
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La noche del 2 de diciembre de 2018 fue la última vez que vieron con vida a Jesús Ramón Martínez Delgado.

Estaba en su negocio en Hermosillo, Sonora, cuando dos policías que llegaron en una patrulla lo subieron en una camioneta que los seguía.

Su madre, Cecilia Delgado, comenzó entonces una búsqueda sin descanso. Primero por hospitales, cárceles, municipios cercanos. Después, en fosas clandestinas, donde lo encontró tras dos años de buscarlo sin descanso.

Su historia es un relato del horror que viven miles y miles de familias en México, donde suman ya más de 83.550 desaparecidos.

BBC Mundo contactó a la fiscalía del estado de Sonora. La vocera dijo que no puede dar mucha información porque es un caso en investigación. Pero la fiscal del estado, Claudia Indira Contreras, ha prometido justicia a Delgado y castigar “a quien sea que resulte culpable”.

Esta es la historia de Cecilia Delgado contada en primera persona


Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cortesía Cecilia Delgado
Cecilia Delgado con su hijo, Jesús Ramón Martínez, antes de su desparición.

Cuando mi hijo desapareció le prometí que lo iba a encontrar.

“Hijo, te prometo que te voy a regresar a casa. Te lo prometo, hijo de mi alma. Así me tarde toda una vida, así te tenga que buscar en el infierno“, le dije.

Después de dos años cumplí mi promesa. No como yo quería, pero lo encontré.

Todavía cierro mis ojos y lo veo en esas condiciones en las que estaba. No se lo merecía.

La noche de su desaparición, Jesús Ramón estaba con un amigo en su negocio, un expendio de cervezas, cuando llegaron una patrulla estatal y otra camioneta, una Chevrolet Silverado blanca con doble cabina.

Además del video de la cámara CCTV hay testigos de que dos policías lo subieron a la camioneta blanca y se lo llevaron. Nadie volvió a verlo vivo.

En la policía estatal me dijeron que me iban ayudar, que me iban a regresar a mi hijo. Me pidieron que me fuera y aseguraron que me iban a llamar. Jamás lo hicieron.

Tuve que encontrar a mi hijo yo sola porque ellos no hicieron su trabajo.

Cecilia Delgado

Lorenza Sigala
A la fecha Cecilia Delgado ha ayudado a exhumar 194 cadáveres.

Mi hijo tenía 34 años cuando se lo llevaron. Era muy alegre, le encantaba la música, bailar, cantar. Me llamaba “mi reina”, siempre me decía que me amaba y me lo demostraba.

Dejó tres hijos. La más pequeña tiene apenas 5 años. Es la que más sufre por la ausencia de su padre. “Abuela, ¿por qué te tardaste tanto en encontrar a mi papá?”, me pregunta llorando sin consuelo. Es algo que me duele en el alma.

Muerta en vida

Que un hijo desaparezca es lo más terrible que le puede pasar a una madre.

Me robaron todo. Me dejaron muerta en vida.

Poster de Buscadoras por la paz

Cortesía Cecilia Delgado
La desaparición de Jesús Ramón llevó a que Cecilia fundara “Buscadoras por la paz”.

Esos dos años fueron el infierno. Siempre pensando: “¿Dónde estará, estará comiendo, lo matarían, qué le harían?”. Es un dolor inimaginable que me carcome por dentro. Nunca jamás en la vida pensé que existiera tanto dolor.

En las noches, en la soledad y la oscuridad, la incertidumbre pega todavía más.

Todavía voy caminando y siento que es solo el cuero, porque yo ya estoy muerta por dentro. Yo estoy muerta.

Perdí las ilusiones de todo, las ganas de vivir. Solo me movía el saber que si yo no buscaba a mi hijo, nadie lo iba a hacer. Que si yo moría, nadie lo iba a encontrar.

Empecé a buscarlo por hospitales, cárceles, en muchos de los municipios de Sonora.

Luego empecé a excavar fosas clandestinas. Aunque en mi corazón siempre desee que estuviera vivo. Y se lo pedía a dios.

Me uní a un par de colectivos que excavan fosas clandestinas. Y luego, fundé el mío, Buscadoras por la Paz Sonora.

“Buscamos tesoros”

La mayoría de veces nos enteramos de la ubicación de esas fosas, donde han enterrado cuerpos, por llamadas anónimas.

Vamos allí armadas. Nuestras armas son el pico, la pala y una varilla. Vamos a donde sea, al campo, al monte, incluso a casas. Aquí el clima es extremo, el calor a veces supera los 50 grados centígrados, vemos cómo el vapor sale de la tierra. Otras veces, un frío que congela.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Lorenza Sigala
Las mujeres del colectivo buscan incansablemente a sus hijos.

Pero nada nos detiene. Es más grande el amor que tenemos por nuestros hijos, que la dureza del clima, el hambre o el miedo.

Vamos a buscar a nuestros tesoros.

Para nosotros son tesoros porque los encontramos en fosas clandestinas que tenemos que excavar. Y son, por desgracia, cadáveres.

Aún así, con todo el horror que esto significa, el encontrarlos y darles una sepultura digna nos da una relativa paz.

Sacamos a esos tesoros de la oscuridad, de esos hoyos donde después de matarlos los entierran de una manera tan vil, tan cruel que no me explico como pueda existir gente así, sin corazón, que pueda hacer tanto daño.

¿Qué pudieron haber hecho para que les hagan todo lo que he visto? Son cosas tremendas. Se ensañan de una forma bestial, igual con hombres que con mujeres.

Colectivo Buscadoras por la Paz de Sonora.

Cortesía
El colectivo “Buscadoras por la paz” es uno de varios similares que operan en México.

Recuerdo cómo encontramos a un muchacho, creo que era un jovencito porque sus pies eran muy chiquitos. Estaba encadenado. Encadenadas sus piernas y con candado. Sus manos, amarradas con un alambre. Enterrado a más de metro y medio de profundidad.

A otros los encontramos calcinados a tal punto que será imposible identificarlos. Me duele en el alma. Pienso en sus madres, que nunca podrán encontrarlos.

“La realidad de México”

Muchos nos critican porque hacemos transmisiones en vivo en redes sociales de nuestras búsquedas. Las imágenes que se ven son muy fuertes y nos dicen que somos amarillistas.

Pero es la realidad que estamos viviendo. No es de dios que nosotros tengamos que sacar a nuestros hijos de esos lugares tan feos. De esos hoyos que incluso a veces ponen a cavar a la persona que van a matar.

Si hacemos los videos es porque queremos que la gente vea nuestra labor, lo que estamos pasando. A nadie le gusta. A mí no me gusta andar excavando fosas clandestinas. Pero es la realidad de México.

Las desapariciones forzadas están a la orden del día. Los que se indignan por ver un video, mejor que se indignen con las personas que matan a otras y con las autoridades que no hacen su trabajo.

A nosotros no nos correspondería, con todo y el dolor que cargamos, estar sacando a nuestros hijos de ahí.

Sabemos que a la mayoría de los desaparecidos los vamos a encontrar muertos, es muy raro el que regresa vivo. Y a estas alturas encontrar sus cadáveres es un privilegio.

Además, las víctimas y sus familias son revictimizadas. Es muy común que digan que si los mataron es que “andarían en algo malo”, que estaban de una manera u otra ligados al narcotráfico.

Eso es una vil mentira. Yo conozco a muchos, muchos que se han llevado que eran totalmente inocentes. Hay de todo: hombres, mujeres, jóvenes e incluso niños.

Y de los que hicieron algo malo, pues que lo procesen judicialmente, no que pongan a la familia en este infierno.

Quienes se los llevan muchas veces pertenecen al crimen organizado, pero a veces también algunas autoridades están coludidas con ellos, como fue el caso de mi hijo.

En México han matado a madres y padres por buscar a sus hijos. Por eso, muchos nos preguntan si no tenemos miedo. La verdad es que no. Y no lo digo solo por mí, sino porque lo veo en mis compañeras.

No tenemos miedo. El miedo más grande fue perder a nuestros hijos y ya lo vivimos.

Si hubiera sido posible, yo hubiera dado mi vida. La hubiera dado una y mil veces a cambio de la de mi hijo.

“Yo desenterré a mi hijo”

Después de dos años de búsqueda sin descanso, encontré a mi hijo en una fosa clandestina que yo misma excavé.

Yo misma desenterré a mi hijo. Fue algo terrible.

Fue el 25 de noviembre de 2020, exactamente dos años después que lo viera por última vez.

Buscábamos cuerpos en un lugar donde había una docena de fosas.

Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar.

Supe que era él por los brackets en sus dientes, por su muela del juicio y porque en su cráneo todavía tenía su cabello. Su pelo castaño, con sus rulitos que no le gustaban y que siempre se peinaba con mucho gel para que no se le vieran. (Llora sin consuelo).

Después vi su ropa. Y comprobé que sí, que era mi niño.

Grité y grité. “No, no, no. No puede ser”, repetía llorando.

Pero sabía que era cierto.

Las pruebas de ADN que llegaron días después solo volvieron a confirmarlo.

Me derrumbé. El mundo se me vino abajo. A pesar de todo, esperaba un milagro.

"Cuando lo encontré, lo reconocí de inmediato. Una madre no se puede equivocar". ", Source: Cecilia Delgado, Source description: , Image:

Yo quería tener las cenizas de mi hijo en mi casa, pero mis otros dos hijos me insistieron que no. Que tenía que dejarlo en el panteón, para que yo pudiera seguir viviendo de alguna forma.

El 8 de diciembre lo enterramos.

Durante seis horas le cantamos sus canciones, le tocamos música y bailamos. Así como él en alguna ocasión me había dicho, medio en broma, medio en serio, que quería que hiciéramos cuando muriera.

Yo le dije que se callara, que estaba loco. Que primero iba a morir yo.

Ni en mis peores pesadillas hubiera podido imaginar que me lo iban a arrebatar así.

Por eso quiero decirles a todos en México que no esperen a pasar por lo mismo que yo, que nosotras, las miles de madres que estamos así, no queremos que le pase a nadie más.

La búsqueda sigue

A la semana de encontrar a mi hijo, volví a agarrar mi pala e irme al monte con mis compañeras.

Desde que desapareció Jesús Ramón he encontrado con los distintos colectivos un total de 194 tesoros. Pero la situación es tan terrible que esta búsqueda no puede parar.

Moisés Reynoso

Cortesía Cecilia Delgado
Ahora Cecilia también busca a su sobrino, Moisés Alfonso Reynoso.

Hace siete meses también desapareció mi sobrino Moisés Alfonso Reynoso Delgado, de 28 años, hijo de mi hermana. Igual que a mi hijo yo le prometí que lo iba a encontrar.

También les he prometido a otras madres que no me detendré hasta que encontremos a sus hijos. Y las promesas se cumplen.

Por desgracia hay todavía miles y miles de tesoros por desenterrar.


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