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Cuartoscuro

La discriminación en Facebook también es cuestión de género

Los jóvenes varones con menos estudios son los que comparten más contenidos discriminatorios en Facebook, y las jóvenes universitarias, las que menos. La investigación forma parte de un proyecto europeo que busca combatir estos comportamientos.
Cuartoscuro
Por Agencia Sinc
4 de abril, 2016
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Más de 1.000 millones de  personas utilizan  a diario Facebook, según datos de la compañía, con un gran porcentaje de gente joven. El uso de contenidos racistas y discriminatorios preocupa a la Unión Europea. Por ello se puso en marcha el proyecto ‘Internet: Creatively Unveiling Discrimination’ (I:CUD), que ha elaborado una guíapara educadores y familias con el fin de facilitar la creación de herramientas y estrategias que combatan estos comportamientos en la red.

Como parte de esta iniciativa, un equipo de sociólogos de la Universidad Rovira i Virgil de Tarragona ha llevado a cabo un estudio sobre las expresiones de discriminación utilizadas por los jóvenes –con edades que van de los 17 a los 24 años– en Facebook y han llegado a la conclusión de que hay variaciones en este tipo de contenidos dependiendo de si son compartidos por chicos o chicas. Los resultados de la investigación se han publicado en la revista Comunicar.

Según explica a Sinc David Dueñas i Cid, investigador del Social and Business Research Laboratory (SBRlab) en la universidad catalana y autor del principal del estudio, el objetivo ha sido obtener información acerca de los tipos de contenidos discriminatorios creados por jóvenes y su propagación a través de redes sociales como Facebook.

En lugar de usar técnicas de big data, tan en boga en estos momentos, el equipo ha optado una aproximación sociológica, “ya que una simple extracción de datos podía conducir a resultados erróneos”, dice el investigador.

Para ello, han diseñado una estrategia metodológica de detección de contenidos discriminatorios en 493 perfiles de Facebook procedentes de Reino Unido, Italia, Bélgica, Rumanía y España –que son los países que participan en el proyecto I:CUD­–, lo cual ha permitido encontrar 363 ejemplos para su análisis.

“Considerando los principios éticos y de privacidad de datos que deben regir la investigación social, buscamos voluntarios en los cinco países, en colaboración con entidades que tienen experiencia en la lucha contra la discriminación o la desigualdad”, señala el sociólogo.

Entre estas instituciones se encuentran CEPS Projectes Socials (Barcelona), Fundatia PACT (Bucarest), Pour la Solidarité (Bruselas), Collage-Arts (Londres), CIES (Roma) y el propio SBRlab. “Con ello –agrega Dueñas– quisimos garantizar que el interés y la dedicación por el proyecto iba más allá de lo analítico para incluir también una dimensión ética y práctica”.

Los investigadores accedieron a los perfiles de Facebook de los voluntarios –que habían sido previamente informados del objetivo del estudio– y revisaron los contenidos publicados durante el último año. Los comentarios o actividades considerados discriminatorios fueron evaluados, analizados y categorizados.

Intensidad discriminatoria

Dueñas explica que hicieron un análisis minucioso de los elementos de los contenidos discriminatorios detectados, así como el tipo de actividad asociada: “No es lo mismo crear contenidos que reaccionar ante ellos. También se evaluó la intensidad discriminatoria del contenido”.

Como resultado, observaron algunos patrones diferenciales entre hombres y mujeres jóvenes que sugieren la existencia de una forma femenina y otra masculina de comportarse en internet y un uso diferencial de las redes sociales en relación con la discriminación.

En el estudio se destaca que los hombres jóvenes tienden a la actividad directa, publicando y compartiendo mensajes con contenidos más claramente discriminatorios, sobre todo dirigidos hacia grupos étnicos y minorías culturales.

En cambio, ellas utilizan estrategias de discriminación más indirectas, aceptando y difundiendo contenidos de otros (‘me gusta’) con una menor evidencia del componente discriminatorio. Sus actitudes se dirigen mayoritariamente hacia la situación sociocultural y la apariencia física, comenta el autor.

En el borde de lo políticamente correcto

En el trabajo se pone de relieve también que los jóvenes varones con menos estudios son los que vierten más contenidos discriminatorios en Facebook, y las jóvenes universitarias, las que menos.

Además, los autores han detectado que hay ciertos tipos de discriminación que se pueden esconder más fácilmente, entre ellos, la apariencia física, la clase social o la homosexualidad. Otros, como la etnia y la religión, son  clasificados como altamente discriminatorios, en tanto que los temas de género se sitúan en un nivel intermedio. Todo ello, lleva a que los primeros sean más fácilmente propagados en la red al carecer del peso del estigma social o quedar en el borde de lo ‘políticamente correcto’.

Las diferencias inconscientes entre estas diversas actitudes discriminatorias pueden dar algunas pistas para entender cómo ciertos contenidos se difunden fácilmente. Facebook permite que algunos contenidos puedan marcase como no apropiados y eliminados, pero si los usuarios solo son capaces de  detectar las formas tradicionales de discriminación, el resto puede sobrevivir sin dificultad, indica el estudio.

Dueñas subraya que aunque son conscientes de los límites de su investigación, los datos obtenidos muestran la existencia de una relación entre las diferencias internas de la juventud y su comportamiento online, lo que abre un puente al estudio de otros ámbitos de análisis, como pueden ser las diferencias entre socialización, uso del leguaje o del poder.

“La vida online no deja de ser un reflejo de la realidad offline, con la diferencia de que las actividades pueden ser registradas en un espacio que se ha convertido en público o semipúblico, lo cual ayuda a darles relevancia, visibilidad y permanencia. Seguimos moviéndonos en internet de un modo similar a como lo haríamos en el mundo real, pero en la red las palabras no se las lleva el viento”, reflexiona el investigador.

Referencia bibliográfica:

David Dueñas i Cid, Paloma Pontón, Ángel Belzunegui, Inma Pastor. “Discriminatory Expressions, the Young and Social Networks: The Effect of Gender”. Comunicar nº 46 v.XXIV (2016)

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WhatsApp: ¿desinstalar la aplicación hace el teléfono más seguro?

Algunos usuarios de teléfonos móviles están abandonando la popular aplicación de mensajería por alternativas ante los recientes ataques cibernéticos. Sin embargo, los expertos dicen que esta no es la solución.
5 de noviembre, 2019
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Logo de WhatsApp con un gráfico por detrás.

Getty Images
Teléfonos de activistas, periodistas y diplomáticos fueron bancos de ataques cibernéticos recientemente y sus mensajes de WhatsApp se filtraron.

WhatsApp es una de las aplicaciones de mensajería instantánea más populares grandes del mundo. ¿Pero es de las más seguras?

A fines de octubre, WhatsApp, cuya dueña es Facebook, presentó una demanda contra el Grupo NSO de Israel, que fabrica software para vigilancia conocido como Pegasus, alegando que la empresa estaba detrás de ataques cibernéticos.

Los piratas informáticos pudieron instalar de forma remota el software de vigilancia en teléfonos y otros dispositivos aprovechando una vulnerabilidad importante en la aplicación de mensajería.

WhatsApp acusa a la compañía de enviar malware a aproximadamente 1.400 teléfonos móviles con fines de espiar a periodistas, activistas de derechos humanos, disidentes políticos y diplomáticos de todo el mundo, aunque en su mayoría son de India.

Hombre encapuchado con un teléfono.

Getty Images
El software para vigilancia es conocido como Pegasus.

En México, por ejemplo, se conoció el caso porque se utilizó para espiar a figuras públicas como la periodista Carmen Aristegui.

El diario The Washington Post señaló que el teléfono del periodista saudita Jamal Khashoggi, que fue asesinado dentro del consulado de Arabia Saudita en Estambul el año pasado, estaba “infectado” con un programa de la compañía israelí.

NSO Group, por su parte, rechaza las acusaciones y dijo que su misión es la de una empresa dedicada a prestar servicios a los gobiernos para luchar “contra el terrorismo”.

En una presentación judicial en San Francisco, Estados Unidos, WhatsApp dijo que NSO Group “desarrolló su malware para acceder a los mensajes y otras comunicaciones después de que fueron descifrados en los dispositivos de destino”.

Tras este escándalo de ciberseguridad, algunos usuarios están buscando opciones distintas a WhatsApp, incluidas aplicaciones de mensajería como Signal o Telegram, que se dice que están encriptadas de forma más segura.

Y muchos otros están pensando en desinstalar la aplicación WhatsApp de sus teléfonos. Pero ¿es esta la solución?

Encriptados pero vulnerables

WhatsApp en un teléfono.

Getty Images
La aplicación WhatsApp presentó una demanda contra el Grupo NSO de Israel alegando que la empresa estaba detrás de ataques cibernéticos que infectaban dispositivos con software malicioso.

Los expertos dicen que WhatsApp, una aplicación utilizada por aproximadamente 1.500 millones de personas en 180 países (solo en India están 400 millones), está sufriendo la peor parte del ataque cibernético que no es completamente su culpa.

Si bien una vulnerabilidad en la función de videollamadas de la aplicación permitió que el spyware funcionara sin la intervención del usuario, finalmente infectó el teléfono debido a lagunas en los sistemas operativos del dispositivo.

“Las vulnerabilidades que el spyware supo explotar estaban en el nivel del sistema operativo, ya sea Android o Apple”, dijo Vinay Kesari, un abogado especializado en privacidad en tecnología.

“Si hay un programa espía en tu teléfono, todo lo que es legible o lo que sea que pase por tu cámara o micrófono está en riesgo“, dijo el consultor especialista en tecnología Prasanto K. Roy.

WhatsApp se promociona como una aplicación de comunicaciones “segura” porque los mensajes están encriptados de principio a fin. Esto significa que solo deben mostrarse de forma legible en el dispositivo del remitente o del destinatario.

“En este caso, no importa si la aplicación está encriptada o no, una vez que el spyware está en tu teléfono, los piratas informáticos pueden ver lo que esté en tu teléfono tal como lo ves, esto ya está descifrado y en una forma legible en esta etapa”, describió Prasanto K. Roy a la BBC.

“Pero lo más importante, es que esta violación muestra cuán vulnerables son los sistemas operativos“, agregó.

Cambios de aplicación

Una mujer india habla por teléfono.

Getty Images
Los usuarios más afectados por la filtración de mensajes de Whatsapp son de India, uno de los mercados de internet de más rápido crecimiento en el mundo.

Desde que Whatsapp reconoció esta brecha en la seguridad y presentó la demanda, gran parte de la conversación en las redes se ha centrado en cambiar a otras aplicaciones de mensajería.

Una de las opciones de las que más se habla es Signal, conocida por su código fuente abierto, es decir que es un modelo de desarrollo de software basado en la colaboración abierta que todos pueden ver.

Pero ¿esto significa que tu teléfono estaría mejor protegido contra un ataque? No necesariamente, dicen los expertos.

“Con Signal, hay una capa adicional de transparencia porque liberan su código al público, por lo que si tú eres un desarrollador de código sofisticado y la compañía dice que ha solucionado un error, puede acceder al código y verlo por ti mismo”, dijo Kesari.

“Pero eso no significa que la aplicación tenga una capa adicional de protección contra tales ataques”.

Prasanto K Roy asegura que este ataque en particular fue más allá de la aplicación de mensajería.

“Para aquellos cuyos teléfonos estaban comprometidos, toda la información estaba en riesgo, no solo WhatsApp”, dijo Roy.

A partir de ahora, no hay razón para creer que WhatsApp es “menos seguro” que otras aplicaciones, agregó.


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