Los asesinatos de mujeres casi se duplicaron entre 2007 y 2014
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Cuartoscuro

Los asesinatos de mujeres casi se duplicaron entre 2007 y 2014

El aumento en la tasa de mujeres que murieron por homicidio fue de 92.9%. Sólo en tres entidades federativas hubo una disminución en ese periodo.
Cuartoscuro
Por Tania L. Montalvo
20 de abril, 2016
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cintillo

Los asesinatos de mujeres aumentaron 92.9% en México entre 2007 y 2014. En esos siete años, se alcanzó el punto máximo de homicidios de mujeres registrados en las últimas tres décadas.

Sólo Quintana Roo, Aguascalientes y Yucatán pueden decir que en ese periodo redujeron la tasa de homicidios de mujeres. En el resto de los estados se cuenta otra historia: en Tamaulipas o Chiapas la cifra de asesinatos por cada 100 mil mujeres incluso se cuadruplicó, según los datos del informe “La Violencia Feminicida en México. Aproximaciones y Tendencias 1985-2014”.

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Aunque el reporte —presentado por la Secretaría de Gobernación, el Instituto Nacional de las Mujeres y ONU Mujeres— intenta abordar la violencia feminicida en el país, reconoce que es imposible conocer cuántos de los homicidios de mujeres cometidos en ese periodo fueron feminicidios, pues México carece de un sistema para registrar las muertes como crímenes de género y las procuradurías locales fallan en reportarlos como tales.

La única aproximación para saber cómo ha evolucionado la violencia feminicida en el país son los datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) y de la Secretaría de Salud (SSA) que recopilan datos a partir de certificados de defunción.

Por ello, este informe considera las “defunciones femeninas con presunción de homicidio” como la mejor aproximación para hablar de violencia feminicida en el país.

El informe detalla que entre 1985 y 2014 se registró el asesinato de 47 mil 178 mujeres. El año más violento en ese periodo ha sido 2012, cuando 2, 761 mujeres fallecieron por homicidio.

En ese año, la tasa de asesinatos de mujeres fue de 4.6 por cada 100 mil, la más alta en las últimas tres décadas.

Y aunque durante 2013 y 2014 se registró una reducción en la tasa de homicidios de mujeres —pasó de 4.3 a 3.7—, los niveles todavía están muy por encima de 2007 —cuando hubo una tasa de 1.9—.

Es a partir de 2008 que, según el reporte de Gobernación, Inmujeres y ONU Mujeres, inicia el incremento más importante de la violencia contra las mujeres en la historia reciente.

Tasas

Cómo se asesina a las mujeres

Los datos del informe sobre Violencia Feminicida indican que la mayoría de las mujeres son asesinadas en la vía pública y con arma de fuego.

Entre 2008 y 2014, la tasa de mujeres asesinadas de esa forma (1.2) se cuadruplicó en comparación con los datos de 1989.

Los asesinatos de mujeres por ahorcamiento y medios similares ocurridos en la vivienda alcanzaron su máximo en 2004, y diez años después sólo se han reducido 9%. En cuanto a muertes por objetos cortantes, los casos de 2014 duplican los registrados entre 1985 y 2005.

Armas

El reporte “La Violencia Feminicida en México. Aproximaciones y Tendencias 1985-2014” destaca que la violencia contra las mujeres “constituye una de las violaciones a los derechos humanos más reiterada, extendida y arraigada en el mundo. Impacta en la salud, la libertad, la seguridad y la vida de las mujeres y niñas”.

“Niñas, mujeres jóvenes, adultas y de edades avanzadas viven en riesgo constante de sufrir algún tipo de violencia, y prácticamente todas, en algún momento de su vida, han sido víctimas de violencia o han experimentado su amenaza por el simple hecho de ser mujeres”.

Puede consultarse aquí.

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'El día que descubrí que nací sin vagina por una enfermedad'

Julian Peter nació con el síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH). Además de aceptar que no podría tener hijos, la joven debió combatir los prejuicios y la ignorancia de muchos en su comunidad.
19 de agosto, 2020
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Una pregunta de rutina por parte de su médico llevó a Julian Peter, una joven de Kenia de 29 años, a descubrir que había nacido sin útero, sin cuello uterino y sin vagina.

Doce años después, compartió su historia con la BBC. Este es su testimonio.

“Nací con una enfermedad llamada síndrome de Mayer-Rokitansky-Küster-Hauser (MRKH).

Las mujeres que paceden esta enfermedad nacen sin útero, sin cuello uterino y sin vagina, y a veces también sin un riñón.

Como no tengo útero, jamás tuve una menstruación. Pero no me siento mal por eso.

Cuando las personas se enteran de mi enfermedad reaccionan en formas diferentes.

“Pueden decir lo que quieran”

Alguien me recomendó una vez que fuera a algún sitio a pedir que rezaran por mí.

Otra persona afirmó que seguramente mi abuela debía haber hecho algo malo, porque provengo de Ukambani, una región asociada con la hechicería.

Pueden decir lo que quieran, pero lo que realmente importa es la manera en la que yo reacciono.

Si comenzara a prestar atención a las opiniones de otras personas, eso seguramente afectaría a mi confianza y me haría dudar sobre mí misma.

Descubrí que tenía el síndrome a los 17 años. En esa época era una estudiante.

Fui al hospital porque se me hinchaban las piernas.

Lo primero que me preguntó el médico fue cuando había menstruado por última vez. Le respondí que jamás había tenido un período.

En el hospital me hicieron una tomografía, que reveló que mi aparato reproductivo no tenía un orificio exterior.

Me operaron para intentar abrir un canal vaginal, pero la intervención no tuvo éxito.

Otra tomografía mostró que no tenía útero ni cuello uterino y me diagnosticaron con MRKH.

Lloré durante tres días tras ese diagnóstico, pero luego decidí seguir adelante con mi vida.

Tenía solo 17 años y era muy joven, por lo que mi prioridad era volver al colegio.

Estaba todavía en el hospital con mi madre, que me crió sola.

Ella quedó en shock con la noticia, e incluso se preguntaba si como madre tenía alguna responsabilidad y había cometido algún error.

“No quería operarme”

Como había estudiado biología, entendí bien lo que el médico me dijo aquella primera vez.

Pero yo no quería pasar por una operación en ese momento, porque quería terminar mis estudios.

Diez años después, regresé al hospital y tuve otra operación que sí tuvo éxito.

El tipo de MRKH que yo tenía significaba que no tenía útero ni cuello uterino. También carecía de vagina y solo tenía un riñón. La operación fue para crear un cana vaginal.

Mi vida es normal, pues el MRKH no interfiere con cómo yo quiero vivirla.

Pero otras personas con este síndrome precisan de apoyo psicológico profesional para superar el impacto emocional.

Una vez que comprendes las implicaciones de esta enfermedad debes descartar la posibilidad de tener hijos biológicos.

Me hicieron cuatro tomografías en total y en ninguna de ellas se detectó la presencia de ovarios, por lo que tampoco es posible extraer óvulos para fertilización in vitro.

Debemos aceptarnos como somos. Aunque darte cuenta de que no eres como otras mujeres es difícil y precisas tener a alguien con quien conversar.

Conocí a otras personas aquí en Kenia que padecen el mismo síndrome y compartimos nuestras experiencias.

Acepté mi enfermedad desde el comienzo y me acepté a mí misma, por lo que puedo decir que me siento bien.

Explicaciones a mi pareja

Tuve algunas relaciones sentimentales. Y nunca dejo pasar mucho tiempo antes de hablar con quien en ese momento es mi pareja y contarle sobre mi enfermedad.

Si quieren aceptarla, lo harán. Pero los seres humanos son apenas seres humanos.

Y muchos de los hombres a quienes les conté sobre mi síndrome simplemente me dejaron. Otros me acusaron de mentir para ahuyentarlos.

En estos momentos no tengo pareja, pero todo es obra de Dios.

Tuve la operación para construir el canal vaginal en 2018 y aún no me siento preparada para tener una relación sexual.

Tampoco estoy lista para encarar un matrimonio.

Y creo que si algún día me caso, una opción sería adoptar.

Consejos a los padres

Me llevó al menos 10 años decidir hablar públicamente sobre mi historia.

Hay muchas personas que no entienden qué es el MRKH y quiero crear conciencia sobre este síndrome.

Ilustración del aparato reproductivo femenino

Science Photo Library
“Abrir el canal vaginal es una operación dolorosa. Yo recomiendo a los padres que no acepten operar a sus hijas cuando son niñas”.

En primer lugar, a los padres de bebés con la enfermedad les digo que no acepten operar a sus hijas mientras son niñas.

En mi opinión, la cirugía solo debe ocurrir cuando ellas entiendan más sobre el síndrome, porque la operación es un procedimiento complejo y largo.

Es una intervención dolorosa y una niña no entendería qué le está sucediendo.

Los padres también deben informarse sobre este síndrome para poder ayudar a sus hijas a lidiar con el estigma que seguramente enfrentarán.

Formé un grupo de apoyo y sé que las personas con MRKH enfrentan todo tipo de desafíos.

Algunas mujeres están casadas y se ven ante una gran presión por parte de sus suegros, quienes quieren nietos. Una joven me contó que sus suegros la acusan de ser en realidad un hombre.

Así que en mi grupo escuchamos a las personas y las alentamos.

Lo importante es ayudarnos entre nosotras porque esta travesía puede ser difícil”.


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