Penales operados por privados, opacos, corruptos y con violaciones a derechos humanos
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Archivo Cuartoscuro

Penales operados por privados, opacos, corruptos y con violaciones a derechos humanos

En una audiencia ante la CIDH, organizaciones civiles dijeron que en estos centros penitenciarios se promueve la corrupción y no contribuyen a un sistema justo pues no rinden cuentas.
Archivo Cuartoscuro
Por Tania L. Montalvo
8 de abril, 2016
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El modelo de centros penitenciarios que están bajo operación de la iniciativa privada promueven la corrupción, no son transparentes y evitan la garantía de derechos humanos de los internos, dijeron este jueves organizaciones civiles en audiencia pública ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

En el país, al menos nueve prisiones funcionan bajo el modelo de contratos de prestación de servicios, lo que permite que empresas privadas construyan el centro penitenciario y obtengan un contrato de operación, de al menos 20 años, antes de entregarlo al Estado.

Organizaciones civiles acudieron a la audiencia “Derechos de las personas privadas de libertad y la privatización del sistema penitenciario en México” en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para denunciar cómo el sistema penitenciario del país se caracteriza por las pésimas condiciones para los internos y cómo la respuesta del Estado mexicano ha sido el esquema de privatización, entregando los penales a privados que no rinden cuentas sobre la operación o respeto de derechos humanos. Este tipo de centros penitenciarios arrancaron en el país en 2010.

“Lejos de ajustarse a una política pública con visión de derechos humanos, la operación y contratos de centros penitenciarios son poco transparentes. Los modelos de privatización son costosos: promueven la corrupción y no contribuyen a un sistema penitenciario justo”, establecieron en su posicionamiento ante la CIDH organizaciones civiles como Documenta, A.C., Madres y hermanas de la Plaza Luis Pasteur, el Instituto de Justicia Procesal Penal (IJPP), el Instituto de Derechos Humanos Ignacio Ellacuría SJ (IDIHIE ), México Evalúa, el Centro de Análisis de Políticas Públicas o la Fundación para el Debido Proceso (DPLF).

En su demanda dijeron que los contratos de prestación de servicios no establecen criterios de evaluación mientras que la información con los detalles de los contratos ha sido reservada por la Secretaría de Gobernación bajo el argumento de que éstos son datos que atentan contra la seguridad nacional, la seguridad pública o la defensa nacional.

“La privatización de las prisiones se contaminan con intereses económicos, sin mecanismos de control eficiente”.

Citando datos de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, las organizaciones civiles dijeron que el argumento de que la inversión privada disminuye el gasto del Estado no se sostiene, pues el costo calculado por cada persona privada de libertad en centros privados es de 90 dólares diarios aproximadamente, contra un promedio de 8-22 dólares que cuesta en centros estatales y federales públicos.

Entre las violaciones que mencionaron está la restricción de la movilidad de los internos, que pueden estar hasta 23 horas en su celda; y que “se priorizan los intereses de las empresas sobre los internos”.

Citaron el caso de la empresa ICA, que buscó vender el 70% de su participación en prisiones de Sonora y Guanajuato. Aunque la transacción fue negada, sociedad civil denunció que cuenta con testimonios de que tras el fallo en la venta “las condiciones de internamiento se degradaron de forma intensiva. La calidad y la cantidad de alimentos bajó de manera drástica. La empresa está reduciendo costos de operación en detrimento de la vida de los internos”.

En la audiencia pública en la CIDH, el Comisionado del Órgano Administrativo Desconcentrado Prevención y Readaptación Social (OADPRS), Eduardo Guerreo, habló por el Estado mexicano.

El funcionario indicó que en 2009 el gobierno federal contaba sólo con 9 mil 423 espacios y una sobrepoblación del 29.9%.

El déficit de espacios en el sistema penitenciario ascendía a 51 mil 689 espacios, dijo Guerrero. “Urgía atender la sobrepoblación”.

En una estrategia para rescatar el sistema surgió el modelo de centros penitenciarios de contratos de prestación de servicios; que opera desde 2010 y hasta la fecha.

“Bajo ninguna circunstancia significó ni significa en la actualidad la privatización del sistema penitenciario. Toda vez que la organización y administración de prisiones en México es una responsabilidad indelegable de poderes ejecutivo federal y estados. El proveedor brinda lo que se conoce como servicios integral de capacidad penitenciaria”, explicó Guerrero.

Según el Estado, la autoridad penitenciaria “es la única responsable de la organización, administración, seguridad y acceso a una efectiva inserción social”.

Tras la operación de estos contratos en nueve centros penitenciarios del país, dijo el funcionario del órgano de prevención y readaptación social, aumentaron en 15 mil los espacios en las prisiones, es decir, hubo un crecimiento de 44% en comparación con 2011.

La sociedad civil pidió a la CIDH que se realice un informe temático sobre el impacto real de la privatización de los centros penitenciarios mexicanos y sobre los derechos humanos de las personas privadas de su libertad en estas prisiones.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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