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Omar Bobadilla (@obobadilla)
El acoso en el transporte público: las mujeres llevan las de perder al denunciar
Las cifras oficiales de violencia sexual contra usuarias del transporte han bajado, pues se promueve que la víctima otorgue el perdón a su agresor y no siga un proceso ante las autoridades.
Omar Bobadilla (@obobadilla)
Por Eréndira Aquino
14 de abril, 2016
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cintillo

Era diciembre de 2014, Ana caminaba por un puente peatonal cerca del Metro Taxqueña, en la Ciudad de México, cuando un hombre se le acercó por la espalda y le tocó las nalgas. Ella gritó pidiendo ayuda. Dos señores se acercaron y retuvieron al sujeto, mientras ella corría a buscar un policía. Los oficiales le preguntaron si quería denunciar y ella contestó que sí.

A pesar de que fue atacada en Taxqueña, en el sur de la ciudad, Ana y su agresor fueron conducidos hasta la agencia del Ministerio Público de la delegación Venustiano Carranza, ubicada en el oriente. “Íbamos en el mismo vagón él y yo, el agresor y la víctima, después supe que por protocolo no se puede viajar en el mismo vagón. Yo iba muy nerviosa, era la primera vez que me pasaba, tenía miedo”, recuerda.

“En cada proceso que pasaba, en cada oficina, me decían que si quería continuar con la denuncia y que si no, podíamos llegar a un arreglo. Me decían que me ofreciera una disculpa y ahí quedara la cosa”, dice Ana acerca de cómo las autoridades de Inmujeres, del Metro y de la PGJ de la Ciudad de México trataron de convencerla de desistir.

“No te motivan a querer denunciar. No es agradable pasar ahí tanto tiempo. Estuve en el proceso desde las 6:00 de la tarde hasta las 3:00 de la mañana del día siguiente”, recuerda. “La cotidianidad de estos actos los vuelve invisibles, incluso tú como mujer los pasas por alto. Dices ‘ah, es normal que me digan tal o cuál cosa’. Incluso cambias tus hábitos por miedo, como la vestimenta que usas a diario,es como una forma de autodefensa”.

Ana ignora si la persona que la atacó fue castigada. “No quise regresar a ese lugar (el Ministerio Público). La verdad, lo único que quería era que mi agresor sintiera un poco de miedo. Que supiera qué es sentirse vulnerable. Saber que había estado detenido, que tenía una denuncia en su contra, que pasó la noche encerrado, fue suficiente para mí”.

Usted disculpe

Las agresiones sexuales que se comenten en el transporte público de la Ciudad de México, como la que sufrió Ana, no se denuncian debido a que las autoridades promueven que la víctima acepte una disculpa de su atacante. Así lo reconoce Teresa Incháustegui, directora general del Instituto de las Mujeres (Inmujeres) de la Ciudad de México, quien agrega que eso ha permitido disminuir las cifras oficiales de violencia sexual contra usuarias, aunque eso no significa que se cometan menos abusos de este tipo.

Señala que eso ha aumentado tras la reforma al sistema penal de la Ciudad de México que entró en vigor en enero del año pasado: “El sistema penal acusatorio lo primero que señala es que, en el Ministerio Público, debe de haber un acuerdo antes de que se vaya la denuncia. Entonces, lo que ha pasado es que se han dado arreglos sin llegar siquiera a la denuncia”.

Como ya no se levanta la denuncia, agrega, ese caso no se registra en el Módulo Viajemos Seguras (en los que Inmujeres recibía las denuncias de violencia sexual en el transporte público) y tampoco en el Ministerio Público.

Gracias a este cambio de procedimiento en el manejo de las denuncias que presentan las víctimas de ataques sexuales en el transporte público, las autoridades capitalinas reportan un descenso de 72% en un solo año: pasaron de 311 casos registrados en 2014 a 86 casos en 2015, según los registros del Inmujeres. Esto no implica una disminución de la violencia sexual en el transporte público, sino sólo en las estadísticas.

La funcionaria describió de la siguiente manera el nuevo procedimiento de “conciliación” que se aplica para evitar que las víctimas presenten una denuncia formal: “A la mujer se le pregunta: ‘A ver, ¿usted se sintió ofendida?’. Y después al hombre: ‘Y usted, joven, ¿la agredió? ¿Lo acepta?¿Si?’.  Para al final decirle a la mujer: ‘Bueno, entonces, ¿qué quiere?, ¿que el hombre le pida disculpas o que le dé tres mil pesos, o cuánto dinero quiere que le dé por la reparación del daño?’”.

Con este nuevo procedimiento, de las denuncias que se recibieron en los módulos de Inmujeres en 2015, ninguna de ellas llegó de manera formal a la Procuraduría General de Justicia (PGJ) capitalina.

Factor de vulneración: ser mujer

El estudio denominado “El porqué de la relación entre género y transporte”, elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo en 2015, señala que 40% de las mujeres entrevistadas en la Ciudad de México modifica su vestimenta para evitar algún tipo de violencia en el Metro. Y que 4.5%, incluso, que ha dejado su trabajo o estudio por causa de la violencia en el Sistema de Transporte Colectivo.

El mismo estudio ubica a la Ciudad de México como la urbe con el sistema de transporte más peligroso para las mujeres en América Latina y el Caribe. Le siguen Bogotá, en Colombia,  y Lima, en Perú.

En contraste, las estadísticas oficiales de las autoridades mexicanas reconocen la existencia de este problema, pero en una dimensión mucho menor: la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE 2015), señala que sólo 4% de las mujeres capitalinas se siente insegura de vivir y/o transitar por la Ciudad de México.

Debido a estos índices de violencia en 2008 el gobierno de la Ciudad de México puso en marcha el Programa Viajemos Seguras, que articula diversas medidas y acciones de “prevención, atención y acceso a la justicia” para las mujeres que transitan por la ciudad.

Estas acciones son la separación entre hombres y mujeres en el transporte en “horas pico”, el acompañamiento de las víctimas en el proceso de denuncia por cualquier tipo de violencia sexual y la atención psicológica posterior a la denuncia.

Las conductas denunciables van desde los tocamientos, palabras obscenas, insinuaciones sobre el cuerpo o apariencia, acosos, intimidación, amenazas con fines sexuales, exhibición de genitales, miradas lascivas e incómodas al cuerpo de las mujeres, persecución y que tomen fotografías o video sin el consentimiento de la persona.

casos atendidos

Esto no siempre se cumple. En el caso de Karina, a quien en enero pasado un hombre le mostró sus genitales dentro de un vagón del Metro, para después darse a la fuga mientras ella gritaba, no hubo denuncia. No sabía, dice, que podía presentar una denuncia formal aún cuando el agresor -“un chavito de 17 o 18 años”, recuerda- hubiese huido. Lo único que hizo en el momento fue denunciarlo por redes sociales.

Según la ONU-Mujeres, en la Ciudad de México una de cada dos mujeres ha sido agredida sexualmente en espacios púbicos. Las formas más frecuentes son las frases ofensivas, tocamientos e incluso, la violación; en la mayoría de los casos, no existe denuncia.

¿Sabes qué hacer en caso de ser agredida sexualmente?

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Día del Autismo: por qué hay tantas niñas y mujeres que no reciben adecuadamente este diagnóstico
Es probable que cientos o miles de niñas y mujeres en todo el mundo lidien con el autismo y nunca sean diagnosticadas. Se estima que de 17 personas que son diagnosticadas con autismo, 16 son hombres. ¿Dónde quedan las mujeres?
Getty Images
2 de abril, 2019
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“Muchas chicas y mujeres autistas son muy calladas, tímidas e introvertidas”, dice Alis Rowe, escritora y empresaria británica.

Frecuentemente, señala, “estas chicas tranquilas, y sus problemas, pueden ser ‘invisibles’ para otras personas”.

Rowe supo que era autista cuando ya era una adulta joven, pero es una de las relativamente pocas mujeres en obtener un diagnóstico, al menos en comparación con los hombres.

El trastorno del espectro autista (TEA) es una discapacidad permanente que afecta la forma en que las personas se comunican e interactúan con el mundo.

El nivel intelectual de individuos con algún TEA es extremadamente variable y se extiende desde un deterioro profundo hasta niveles superiores.

Se estima que 1 de cada 160 niños en todo el mundo tiene un TEA, según datos de la Organización Mundial de la Salud, pero se cree que existe una gran disparidad de género en los diagnósticos.

Carol Povey, directora del Centro para el Autismo de la Sociedad Nacional Autista Británica, ha dicho que hay un creciente reconocimiento del problema.

Dos manos sosteniendo una pieza de rompecabezas cada una.
Getty Images

Puede haber una razón por que la que “no encajas”.

Nuevas investigaciones científicas en Reino Unido, diseñadas específicamente para detectar las características del autismo en las mujeres, sugieren que la proporción real de casos de autismo podría ser de una mujer cada tres hombres.

Si esto es correcto, cientos de miles de niñas en todo el mundo viven con la discapacidad sin siquiera saberlo.

Diagnóstico

“No me diagnosticaron hasta los 22 años”, cuenta Rowe.

“(Hasta entonces) había pasado toda mi vida preguntándome por qué era ‘diferente’, sintiéndome absolutamente aterrorizada por serlo, y tratando de encajar y dejar de ser tan distinta”, recuerda.

Recibir un diagnóstico transformó la vida de Rowe: “Ahora tengo un nombre y una razón por la que soy diferente. Es terriblemente aterrador ser diferente y no tener idea de por qué, pensar que estás completamente solo”.

“La tranquilidad, el cierre y la autoaceptación que se derivan de recibir un diagnóstico significan que he podido cambiar mi estilo de vida para atender mis necesidades especiales”, señala.

“Puedo explicarles a mis amigos y colegas que tengo dificultades y que mi forma de pensar y mi comportamiento pueden ser un poco ‘inusuales'”, indica.

“En última instancia, todo esto me ha llevado a mejorar mi salud mental y a tener relaciones más significativas y agradables”, asegura.

Al igual que Rowe, a muchas personas les resulta útil un diagnóstico para entender por qué se sienten de cierta forma, y para encontrar la aceptación y el entendimiento de familiares y amigos.

Una niña en un escritorio de una escuela.

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Las niñas trabajadoras, “tranquilas”, que se portan bien no suelen atraer la atención de los profesores ni de los médicos.

El diagnóstico de autismo también es importante porque muchos de los afectados experimentan problemas secundarios de salud mental, como ansiedad, depresión y autolesión.

Un pequeño estudio realizado en Reino Unido halló que el 23% de las mujeres hospitalizadas por anorexia presentaban síntomas de autismo.

¿Por qué tantas mujeres viven sin diagnóstico?

Las señales de autismo en niñas y mujeres no son los mismos que en niños y hombres.

Más importante aún, tal vez pueden ser fáciles de pasar por alto, especialmente en casos de personas con autismo que muestran “alto rendimiento” en sus vidas.

Una de las dificultades que experimentan los investigadores es que las niñas con autismo parecen comportarse de maneras que se consideran aceptables, si no ideales: pueden parecer pasivas, retraídas, dependientes de otras personas, no involucradas o incluso deprimidas.

Pueden interesarse apasionadamente e incluso obsesivamente en áreas muy específicas, al igual que los niños autistas, pero a diferencia de ellos, no necesariamente gravitan hacia áreas “geek”, como la tecnología o las matemáticas.

Una niña sola en un columpio.

Getty Images
Sentirse “diferente” puede ser aterrador.

“Lamentablemente, en la cultura occidental, las niñas que muestran estos comportamientos tienen más probabilidades de ser acosadas o ignoradas, en lugar de ser diagnosticadas y tratadas”, dice Alice, la madre de una niña con TEA.

“Para el ojo externo, este tipo de persona parece simplemente ‘arreglárselas’, es un tipo de persona bastante ‘neutral’. No es ‘desafiante’, ni ‘traviesa’, por lo tanto, nadie los nota”, explica.

Dificultades

Alis, que es una adulta tímida pero asertiva, fue a su médico con una lista de puntos que explicaban por qué pensaba que estaba en el espectro autista y fue remitida para una evaluación.

Pero ¿y si eres una niña? ¿qué pasa si no sabes cómo expresarte?

Cuando diagnosticaron TEA a mi hija, sentí un gran alivio“, dice Marilú. “Pero, ¿cómo es posible que una madre sienta alivio cuando a su hija de 10 años le diagnostican una afección que no tiene cura y que la afectará el resto de su vida?”.

Bueno, Marilú puede sentir alivio. Ella luchó durante años para que los médicos y maestros se unieran para averiguar qué le pasaba a su hija, Sophia.

La madre describe llegar a este punto como la culminación de una “batalla para entender lo que estaba detrás de la tristeza extrema de mi niña”.

Los TEA comienzan en la infancia y tienden a persistir en la adolescencia y en la edad adulta.

Una madre abrazando a su hija.

Getty Images
¿Qué pasa si quieres ayudar a tu hija, pero no sabes cómo?

Mientras algunas personas con TEA pueden vivir independientemente, otras tienen discapacidades graves y requieren atención y apoyo de por vida.

Si los padres y cuidadores recibieran la información correcta, podrían ser capacitados y adquirir habilidades vitales como el manejo de las dificultades en la comunicación y el comportamiento social, lo que a su vez podría mejorar el bienestar y la calidad de vida de las personas con TEA y las que viven con ellos.

La madre “hipersensible, emocional” y su hija “mimada”

“Mi hija Sophia es muy tímida de una manera peculiar. Es ‘seria’ y ‘muy creativa’, así es como su maestra solía describirla”, dice Marilú.

“Desde muy temprano supe que a ella le resultaba difícil hacer amigos de su misma edad”, cuenta.

Pero Marilú no quería “hacer un escándalo”. “No me preocupaba que ella fuera percibida como ‘diferente’, hasta que la vi sufriendo en la escuela. A la hora de ir a la cama, decía ‘no tengo amigos, mamá, a nadie le caigo bien'”, dice.

“Le decía que todos tenemos días buenos y malos. Pero empezó a preocuparme y a preguntarles a los maestros si notaban algo en la escuela”, recuerda Marilú. “La respuesta siempre era la misma: ‘no pasaba nada'”.

Hasta que la situación se deterioró.

Una chica contenta, sentada con una laptop sobre unas escaleras en la calle.

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Recibir el diagnóstico adecuado puede cambiar tu vida.

“Estaba muy molesta. Les pregunté a los maestros si le estaban haciendo bullying a Sophia. Sabía que algo estaba mal. Pero me dijeron que era ‘demasiado emocional’ e ‘hipersensible’. Incluso me acusaron de ‘engreírla'”, relata.

Marilú y su familia estaban luchando por entender lo que le estaba pasando, y todos sufrían: “Una vez le dije a una amiga que llevar a Sophia a la escuela era como si la estuviera llevando al matadero“.

“A lo largo de los meses, vi a mi niña enojarse y frustrarse, fingiendo estar bien fuera de la casa, pero quebrándose cuando estaba en casa conmigo”, recuerda.

“Creo que yo también empeoraba la situación”, reconoce Marilú. “No entendía por qué todo tenía que ser tan difícil. La regañaba cuando lloraba e insistía en cepillarse los dientes antes de ponerse la pijama. Simplemente no podía ver la diferencia (de hacer una cosa antes o después)”.

“Sabía que Sophia estaba sufriendo y no podía ayudarla. Lo intenté y fracasé. Desafortunadamente, mis emociones me superaron. Tal vez si hubiera explicado lo que estaba pasando con hechos, en lugar de sentimientos, podríamos haber tenido un diagnóstico antes”, piensa Marilú.

Brecha de género

Alis dice que, hasta hace poco, “la gente ‘tranquila’, que tiende a trabajar duro, a ser complaciente y amable no atraía la atención de los médicos”.

Pero el mundo científico está cambiando, y el sesgo de género se está abordando de manera lenta, pero progresiva.

“Si deseas algún consejo sobre cómo ayudar a las personas con TEA”, dice Alis, “lee y aprende sobre el autismo (…), saber mucho sobre el trastorno ayuda”.

“Si eres una persona autista que ha pasado toda su vida tratando de encajar, comienza a creer que está bien no encajar”, añade.

Niña adolescente con madre detrás desenfocada.

Getty Images
El apoyo familiar y es clave para ayudar a las personas con el espectro autista a enfrentarse a los desafíos que hay para ellos.

“De hecho, tienes muchas habilidades y fortalezas únicas para ofrecer al mundo. Si puedes, haz lo que hice y haz de tus diferencias parte de tu medios de vida”, recomienda Alis, que dirige The Curly Hair Project, una organización que apoya a aquellos en el espectro autista y las personas que los rodean.

Si eres padre o cuidador, toma nota de los intereses “diferentes” de tu hijo y aprecia cómo ven el mundo.

Ten en cuenta que lo que podría ser fácil para ti, puede ser muy difícil para ellos.

Sophia está feliz de que finalmente tenga un diagnóstico: “Me siento aliviada, pero también un poco preocupada. No quiero que mis compañeros sepan porque no quiero ser diferente, y no quiero que nadie se burle de mí”.

¿Pero preferiría no haber sido diagnosticada? “Oh no, sí quiero saber”, admite. “Hace que las cosas pesen menos en mi corazón”.

* Los nombres de Sophia y Marilú han sido cambiados para preservar su identidad.


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