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Manu Ureste (@ManuVPC)

Si tocan a una, nos organizamos miles, la consigna de las mujeres para gritar contra el abuso

Miles de mujeres salieron a la calle este domingo 24 de abril para denunciar los abusos que por años han soportado. Estas son algunas de sus historias.
Manu Ureste (@ManuVPC)
Por Nayeli Roldán
25 de abril, 2016
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cintillo

Irinea Buendía está segura: su hija Mariana Lima fue asesinada por su esposo. Ha recorrido un tortuoso camino judicial durante cinco años y logró que por primera vez, la Suprema Corte de Justicia de la Nación discutiera un caso de feminicidio. Cuando se le pregunta por qué ha mantenido su lucha, responde sin titubeos: “Yo sé que aunque me pare de cabeza, mi hija no volverá a la vida, pero el asesino sí podría asesinar a otra mujer. Si puedo salvar a una mujer, con eso me basta”.

Las palabras de Iriniea pueden resumir lo que ocurrió este 24 de abril. Por primera vez, miles de mujeres salieron a las calles para denunciar la violencia que padecen, pero sobre todo, para exigir que cese. Que ninguna otra mujer enfrente más episodios de violencia en la calle, en el transporte, en su casa.

Salieron a la calle y comprobaron que miles de mujeres han experimentado el mismo miedo cuando un hombre las agrede, han sentido impotencia y dolor, pero ninguna se ha rendido. “Si tocan a una, nos organizamos miles”, rezaba una pancarta y sí; así lo hicieron.

Mientras una reportera realizaba una transmisión en redes sociales, una mujer quiso dar su testimonio: “Estoy aquí porque a la hija de una amiga la dejaron apenas respirando en las calles de la Ciudad de México tras una violación tumultuaria. Desde hace tres meses ha intentado suicidarse en tres ocasiones. Estoy aquí para que entiendan que las leyes no funcionan a nuestro favor”.

A su alrededor, cientos de mujeres se reconocían como víctimas de algo que hasta ahora no habían reclamado en conjunto. Gritaron con todas sus fuerzas: no más feminicidios, no más acoso, no más injusticia.

“¿Por qué es importante esta marcha? Para saber que no estamos solas. El cambio no vendrá al instante, pero por primera vez los hombres se enteran que el piropo en realidad es acoso”, dijo Eréndira Mejía.

Compañeras de lucha

Después de que mujeres sufrieron agresiones sexuales en espacios públicos y lo denunciaron a través de redes sociales, los mensajes que recibieron no fueron de apoyo como se hubiese esperado. Al contrario, usuarios de Twitter escupían frases como: “es tu culpa por usar vestido”, “tuviste suerte, yo te hubiera violado”, “feminzi”.

La violencia que desencadenó derivó en que algunas mujeres comenzaran a organizar una protesta en Facebook. Era un evento privado al que sólo estaban invitando a sus amigas.

En unos días, las denuncias de agresión se fueron sumando y con ello la intención de muchas mujeres más para participar en la movilización fijada para este 24 de abril, por eso el #24a. Las violencias machistas expresadas en la casa, la escuela, el trabajo, la calle, derivó en el nombre de la marcha que resume la exigencia: Nos queremos vivas.

Ciudad Juárez, Xalapa, Tuxtla Gutiérrez, Guadalajara, Tepic, Cancún, Mérida, Hermosillo. En total, más de 40 ciudades de 27 entidades del país realizaron movilizaciones este domingo.

En el Valle de México, la movilización inició en Ecatepec, Estado de México, entidad donde 840 mujeres fueron asesinadas de 2011 a 2013, lo que ubica al estado con el mayor número de asesinatos, según organizaciones feministas.

“Estamos cansadas de todas estas violencias que sufrimos las mujeres solo por haber nacido mujeres”, decían en un altavoz. A sus pies, en las escalinatas del edificio del ayuntamiento pusieron cruces de color morado y fotografías de desaparecidas.

Allí, Irinea Buendía tomó el micrófono para exponer el caso de su hija. Su yerno, policía judicial, siempre sostuvo que la joven de 29 años se había suicidado, pero ella nunca lo creyó. Pidió que los juzgados y luego el Tribunal del Estado de México investigara, pero nadie le hizo caso. Por eso, en el pronunciamiento, las mujeres incluyeron una exigencia fundamental: “cese al favoritismo judicial hacia los hombres criminales en procesos penales”.

Minutos después, las mujeres salieron del Estado de México en caravana de autobuses, autos y bicicletas. Algunas decidieron llevar la protesta al metro porque ahí también hay violencia: 6 de cada 10 mujeres ha sido agredida en el transporte público. Con tambores, la cara pintada, los pechos descubiertos, pancartas y consignas gritaron “Mi cuerpo es sólo mío”.

A la misma hora, en el Monumento a la Revolución, en una larga lona negra, la organización Bordamos feminicidios narró asesinatos de mujeres en pedazos de tela. “Soy Margarita Aldama Hernández, de Jalisco. Tenía 33 años. Me mató mi vecino Ramón. Trató de violarme. Mis vecinas me defendieron y también las mató. No quiero flores. Quiero justicia”.

Según explicó Minerva, una de las integrantes de la organización, ayer se expusieron sólo 80 bordados, aunque ya han tejido más de 400 casos que siguen sin justicia. “Cada uno de estos bordados es un feminicidio. Y desde 2011 no hemos dejado de bordar”, lamentó.

Todos los contingentes se concentraron en el Monumento a la Revolución para salir juntos hacia el Ángel de la independencia. Había batucada, porras, pancartas, mensajes escritos en el cuerpo o en el rostro: “No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, “Con falda o pantalón, respétame cabrón”, “No, no me da la gana morir asesinada por quien dice que me ama”.

Por primera vez unieron sus pasos, se sintieron apoyadas para denunciar que no son objetos sexuales de nadie y que su cuerpo no le pertenece a nadie más que a ellas.

Desde el inicio de la movilización, las organizadoras anunciaron en alta voz que los hombres debían ir detrás de los contingentes. En la vanguardia sólo podían estar mujeres.

Cuando algún hombre trataba de incorporarse al frente o fotoreporteros se acercaban, gritaban “fuera hombres, fuera hombres”. “Ustedes se sienten discriminados ahorita, pero nosotras todo el tiempo, para que vean lo que sentimos”, explicaba una joven.

Al llegar al Ángel de la Independencia, después de seis horas de movilización, no hubo templete ni aparatos de sonido como ocurre en marchas sindicales o partidistas. Un pequeño grupo leyó un pronunciamiento a través de un alta voz que sólo algunas alcanzaban a escuchar. Pero no importó. Miles de mujeres sonreían, se abrazaban.

Este fue un primer paso. El primero y el más difícil: hablar de la violencia que han sufrido. Muchas, lo hicieron por primera vez horas antes, gracias al #MiPrimerAcoso en Twitter.

Fue el preámbulo de la marcha para que miles de mujeres se atrevieran a recordar los hechos de violencia que marcaron su niñez, adolescencia y vida cotidiana. Tanto así que el hashtag fue tendencia en el país por las miles de menciones.

#MiPrimerAcoso fue el preámbulo del dolor de saber que miles de mujeres han sido violentadas, de la rabia por la impunidad, pero también del deseo de marchar hombro a hombro con desconocidas y al mismo tiempo, compañeras de lucha.

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Los niños de Chernobyl: la historia de afectados por el accidente que recibieron tratamiento en Cuba

Los gobiernos de Cuba y Ucrania anunciaron que este año retomarán la colaboración para dar atención médica a hijos de afectados por el accidente de la central nuclear de Chernóbil de 1986.
14 de junio, 2019
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“No era como estar en un hospital. Hasta los niños más enfermos lo pasaban bien”.

El ucraniano Roman Gerus tiene muy buenos recuerdos de una experiencia que tuvo su origen en una catástrofe.

Hablamos de la explosión de uno de los reactores de la central nuclear de Chernóbil el 26 de abril de 1986, tragedia que vuelve a estar de plena actualidad por la exitosa miniserie de HBO Chernobyl.

Cuba

Getty Images
En esta imagen se ve al expresidente de Cuba, Fidel Castro, recibiendo a un grupo de niños provenientes de Bielorrusia en marzo de 1990.

Gerus fue uno de los más de 23.000 menores afectados por el accidente que recibieron atención médica en Cuba.

El programa auspiciado por el Ministerio de Salud cubano se desarrolló entre 1990 y 2011.

A finales de mayo, las autoridades cubanas y ucranianas anunciaron su intención de retomar la iniciativa, aunque sería a menor escala que el programa de los años 90.

¿En qué consistió aquella experiencia?

A la orilla del mar

Expresidente de Ucrania Victor Yanukovich rodeado de niños que participaron en el programa Niños de Chernóbil en Cuba

Getty Images
En Ucrania se valora positivamente la ayuda que brindó Cuba a los afectados por Chernóbil.

“Estuve en Cuba tres veces”, le cuenta Roman Gerus a BBC Mundo.

“La primera tenía 12 años, me quedé seis meses. La segunda tenía 14 años y me quedé tres meses. La última tenía 15 años y solo me quedé 45 días.

“Cada vez fue diferente, pero todas ellas las disfruté. Es algo que recuerdo con cariño, quiero regresar a Cuba con mi familia para mostrarles la isla”, dice.

Gerus enfatiza la belleza del escenario al que llegó para recuperarse de la enfermedad de la piel que desarrolló muchos años después del accidente de Chernóbil.

Este joven que ahora tiene 27 años ni siquiera había nacido cuando ocurrió el desastre, pero su familia vivía relativamente cerca de la planta nuclear.

“Cuando tenía unos 10 u 11 años, los doctores detectaron puntos blancos en mi piel, era vitíligo. Intentamos tratarlo en Ucrania, pero los médicos dijeron que no era tan fácil, que necesitaba medicamentos muy caros y no garantizaban que pudieran ayudarme”, relata.

Algunos de los participantes en el programa "Niños de Chernóbil"

Getty Images
Los niños ucranianos que llegaron a Cuba tenían enfermedades de distinta gravedad.

“Alguien le contó a mi madre que había un programa para ir a Cuba. Ella no se lo creyó al principio porque le dijeron que era gratis, pero averiguó los detalles y rellenó los documentos.

“Esperamos al menos medio año. De repente llamaron para decir que me iba en dos semanas. No me lo podía creer. Mis padres estaban preocupados porque Cuba está muy lejos de Ucrania y yo era pequeño, pero decidimos seguir adelante y me fui”.

Más de 25.000 pacientes

El lugar donde aterrizó Gerus era un balneario situado en la playa de Tarará, unos 30 kilómetros al este de La Habana.

Fundado en los años 50 como urbanización de clase media-alta, tras la Revolución Cubana se transformó en sede de los campamentos infantiles de la organización Pioneros José Martí.

Mujer con vitíligo en Cuba

Getty Images
En el programa de asistencia del gobierno cubano también participaron adultos, aunque la mayoría fueron niños.

El gobierno cubano rehabilitó la zona para acoger a los miles de pacientes que participaron en el programa “Niños de Chernóbil” durante más de 21 años: desde el 29 de marzo de 1990 hasta el 24 de noviembre de 2011.

Según datos del Ministerio de Salud de Cuba, en total fueron 26.114 pacientes (el 84% niños) que procedían fundamentalmente de Ucrania, Rusia y Bielorrusia.

Las serias dificultades que Cuba atravesó durante el llamado “periodo especial” en los 90 tras la disolución de la URSS no hicieron que el programa se detuviera.

Diferentes enfermedades

El complejo de Tarará contó con residencias para los niños y sus acompañantes, dos hospitales, una clínica, un parque de ambulancias, cocina, un teatro, escuelas, parques y áreas recreativas.

Sin olvidar los dos kilómetros de playa a unos 15 minutos de distancia.

A la isla llegaron pacientes con dolencias de distinta gravedad, desde cáncer, parálisis cerebral y problemas dermatológicos hasta malformaciones, enfermedades digestivas y trastornos psicológicos.

Niño de Chernóbil en Cuba

Getty Images
Algunos de los niños ucranianos que llegaron a Cuba también recibieron atención psicológica.

El programa estuvo bajo la dirección de los doctores cubanos Julio Medina y Omar García, que clasificaron a los pacientes en cuatro grupos dependiendo de su estado:

  • Niños con afecciones oncohematológicas y enfermedades graves que necesitaban hospitalización y permanecían en la isla durante varios meses en dependencia de su recuperación.
  • Niños con diversas patologías que requerían hospitalización pero no eran consideradas graves. Su estadía era de 60 días o más.
  • Niños con patologías susceptibles de tratamiento ambulatorio. Su estadía era de entre 45 y 60 días.
  • Niños relativamente sanos cuya estadía era también de entre 45 y 60 días.

Dos zonas

El caso de la ucraniana Khrystyna Kostenetska, que participó en el programa cuando tenía 12 y 13 años, corresponde al cuarto grupo.

“Fui a Cuba en 1991 y 1992”, le cuenta Kostenetska a BBC Mundo.

“Las dos veces estuve allí 40 días. Se supone que ese es el período en el que el cuerpo humano tiene la capacidad de recuperarse de una dosis baja de radiación“.

Dentista atendiendo a un menor ucraniano en Cuba

Getty Images
A los niños que viajaban a Cuba se les daba atención médica.

Kostenetska explica que había dos zonas diferenciadas en Tarará: el campamento bajo, donde se alojaban los niños con problemas más graves de salud, y el alto, destinado a menores sin problemas de salud pero que habían estado en las cercanías de Chernóbil.

“Vivíamos en pequeñas casas independientes, unos 15 niños en cada una. Los menores del campamento alto no teníamos un tratamiento médico específico, pero sí nos chequearon la visión y nos llevaron al dentista”, detalla.

Kostenetska tiene recuerdos contrapuestos de las temporadas que pasó en Tarará.

“Recuerdo un mar increíble, las olas, los atardeceres, la naturaleza y los helados, pero también me acuerdo de niños con graves problemas de salud“, expone.

“Eran niños con vitíligo que tenían que llevar manga larga y cubrirse del sol. A pesar de eso, el clima de Cuba sanó a algunos de ellos y aceleró la recuperación de muchos otros”.

Sol sanador

Varios niños miran una ilustración de recuerdo a las víctimas de Chernóbil

Getty Images
El desastre de Chernóbil de 1986 es el peor accidente nuclear de la historia.

Gerus fue uno de los niños que se recuperó totalmente.

“Después de la segunda vez que fui, todos los puntos se hicieron grises y desparecieron. Tomé algunos medicamentos, pero la principal medicina fue el sol”, afirma.

“Nadábamos mucho. El océano era precioso. Íbamos con los profesores a la playa, era parte del tratamiento. Siempre queríamos ir”, evoca Gerus, que recuerda que algunas noches participaban en actividades lúdicas como ir al cine o la discoteca.

Elementos poco claros

Más allá de los buenos recuerdos de Gerus y Kostenetska y de la visión positiva que generalmente se tiene del trabajo que realizó el gobierno cubano, es indudable que en Tarará se vivieron también situaciones dramáticas, especialmente si se piensa en aquellos que llegaron con dolencias más graves o en los que se quedaron fuera del programa.

En ese sentido, la corresponsal del servicio ucraniano de la BBC en Kiev Diana Kuryshko apunta que el proceso de selección de los participantes no fue del todo transparente.

“Crecí en un lugar menos contaminado, pero recuerdo vívidamente las secuelas del accidente de Chernóbil”, explica Kuryshko,

La periodista señala que aquella era una época de crisis profunda en Ucrania en la que las familias no podían permitirse el lujo de pagar billetes de avión para que los niños viajaran a lugares donde pudieran recuperarse de los efectos de la radioactividad.

Edificio en la zona de exclusión de Chernóbil

Getty Images
El accidente en la planta nuclear de Chernóbil ocurrió el 26 de abril de 1986.

“Cuando se dio a conocer el programa del gobierno cubano, la gente se emocionó pensando que podía mandar allí a sus hijos”, recuerda.

“Eras muy afortunado si tu hijo o hija podía ir a Cuba. No quedó muy claro cómo eligieron a los participantes, la realidad es que muchos de ellos no eran de familias precisamente humildes”.

A pesar de estas dudas, la percepción que se tiene en Ucrania y otras antiguas repúblicas soviéticas de la colaboración cubana es positiva y prevalece un sentimiento de agradecimiento.

“Aunque era pequeño, era capaz de entender que la situación de los cubanos era difícil, había mucha pobreza. Aun así fueron siempre muy agradables, desde los trabajadores de la cocina, hasta los profesores, los encargados de seguridad, los médicos,…”, evoca Gerus.

“Eran personas de muy buen corazón y eso fue lo más importante”.


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