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Manu Ureste
Chiquiclub, el camión que viaja por las escuelas de México para detectar abuso sexual en niños
La organización Asexoría imparte talleres para detectar el abuso sexual a menores y para capacitar a los adultos en la prevención de las agresiones a los niños.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
11 de mayo, 2016
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“Mi hijo presentó muchos síntomas de abuso sexual, pero yo no supe verlos”.

Mariana Tovar niega con la cabeza tras pronunciar la frase. Ella es madre de un menor y una de las seis denunciantes del caso Montessori-Matatena; una guardería ubicada al sur de la Ciudad de México donde, presuntamente, un empleado administrativo agredió sexualmente a varios infantes de entre tres y cinco años de edad.

“No supe ver las señales”, Mariana se lamenta de nuevo, para explicar a continuación que su hijo le dejó pistas de que estaba siendo abusado sexualmente, tal y como después confirmó un peritaje en psicología que le practicó la Procuraduría del DF, como parte de las averiguaciones por el caso Matatena.

“Un día mi hijo comenzó a tener pánico de ir al kínder, se la pasaba llorando todo el camino -cuenta Tovar en entrevista con Animal Político-. Además, evitaba el contacto visual con las personas. No se dejaba tocar por nadie, ni tampoco que lo cambiaran de ropa o bañarlo. Incluso, no quería que nadie se sentara junto a él en el sillón y golpeaba a su padre y a su hermano en los genitales”.

“Pensamos que tal vez se había vuelto un niño huraño –añade la madre-. Pero luego vimos que no, porque dos semanas después de hablar de todo esto con los peritos psicológicos, mi hijo volvió a ser un niño cariñoso. Nos dimos cuenta de que no era huraño, sino un niño con mucho miedo”.

Emiliano Martinelli, tío de otros de los menores que presuntamente fueron abusados en el kínder Matatena, explica que su sobrino comenzó a mostrar otro tipo de síntomas, como pedir a otras personas tocarle los genitales, o que se los tocaran a él.

“Mi sobrino de repente se erotizó mucho. Apenas tiene tres años y hacía o pedía cosas sexuales que no eran normales en un nene de tres años”, cuenta Martinelli.

“Un niño que sufre abusos tiene comportamientos sexuales inadecuados para su edad”

Para María Alfaro Martínez, directora Asexoría, una organización que se dedica desde el 2001 a detectar y prevenir casos de abuso infantil, subraya que estos dos ejemplos son básicos para identificar cuándo se está produciendo una agresión sexual a un menor.

“Es cierto que a veces algunos de estos síntomas, como cambios en la alimentación, o cambios en el estado de ánimo, se ve también en otras problemáticas sociales de los niños, como el divorcio de los papás, o el bullying en las escuelas”, matiza Alfaro.

“Sin embargo, los papás o los familiares deben estar muy atentos a dos cosas -añade a colación-. Una, los cambios radicales en el comportamiento del menor (por ejemplo, el niño es sociable y repentinamente se aisla de los demás). Y dos, a las respuestas de los niños a situaciones sexuales. Es muy importante que los padres sepan que un niño que sufre abusos tienen comportamientos sexuales que no se corresponden con su edad”.

Para identificar estos y otros síntomas del abuso –por ejemplo, los dibujos en los que trazan genitales grandes, desproporcionados-, Asexoría enseña un modelo educativo llamado ‘Habilidades para la Vida’ que dirige no solo a niños, sino también a padres y a docentes, a quienes capacita a través de talleres para la rápida detección de las señales de abuso infantil y también para la no revictimización de los niños que hayan sufrido agresiones.

El 'Chiquiclub' es el camión con el que Asexoría viaja a numerosas escuelas para detectar casos de abuso infantil.

El ‘Chiquiclub’ es el camión con el que Asexoría viaja a numerosas escuelas para detectar casos de abuso infantil.

Por qué es importante llamar al pene, pene, y a la vagina, vagina

Por ejemplo, se dan talleres para que los adultos interpreten el lenguaje de los niños. “Porque muchas veces ellos nos comunican lo que les pasa, pero lo hacen en su lenguaje”, apunta Alfaro, quien aconseja encarecidamente que a los menores se les enseñe a identificar todas las partes de su cuerpo por su nombre para evitar situaciones de riesgo.

“Lo ideal es que identifiquen sus genitales por su nombre y no por apodos como ‘el pajarito’. Porque no es lo mismo que el menor se queje en casa de que no quiere jugar con el pajarito de su tío, a que diga ‘no quiero jugar con el pene de mi tío’. Ese mensaje es muy diferente, y esto nos podría alertar mucho antes de un abuso”, advierte la directora de Asexoría.

Además, en los talleres dirigidos a los adultos también se ofrecen pláticas de cómo hablar de sexualidad con los niños, recomendaciones para ejercer autoridad sin violencia, o información útil para estar alerta, como que “el 80% de los casos de abuso sexual se da principalmente al interior de la familia” y no solo con extraños.

Otro de los componentes clave del modelo educativo de Asexoría es el trabajo que hacen en el ‘Chiquiclub’, un camión en el que la organización ya ha viajado a ocho ciudades de varios estados de la República para entrevistar a más de 150 mil menores de kínder y primaria,  y a 50 mil adultos.

Pero antes de subir al camión, María Alfaro explica que el procedimiento funciona de la siguiente manera: primero, el equipo de psicólogos aplican en las escuelas varios test para evaluar si los menores son vulnerables al abuso infantil.

Luego les cuentan el cuento de ‘Filipón’, en el que enseñan a los niños a identificar y prevenir los insultos, los golpes, y los tocamientos eróticos que los hacen sentir incómodos.

Y por último, juegan con los menores al concurso del ‘manchómetro’, en el que evalúan la autoestima del infante y le enseñan “a no guardar secretos que los lastiman”, como puede ser los tocamientos de un adulto que le pide que no cuente nada a nadie.

Tras cumplir estas fases, que Asexoría lleva a cabo con el consentimiento previo de los padres o de algún tutor, entonces los niños en los que han detectado posibles indicios de abuso infantil pasan al ‘Chiquiclub’.

En su interior, el camión tiene dos consultorios equipados con juegos diseñados para que los menores expresen sus emociones, como los juguetes sexuados –es decir, que tienen ropa interior y genitales-, o la lotería de las emociones.

“En este espacio los niños vienen y juegan, y en ese juego le cuentan a la psicóloga qué es lo que les está sucediendo en la escuela, sus casas, o con sus familiares”, comenta María Alfaro, quien expone que luego de confirmar un caso de abuso el menor es devuelto a sus padres o tutor con la recomendación de que se interponga una denuncia ante las autoridades.

No obstante, María admite que ha habido casos en los que no se hace nada porque el agresor puede ser el padre, la madre, el tío, o el hermano, o porque incluso los padres o el tutor se niegan a firmar el consentimiento para que el menor sea sometido a las pruebas.

“Hay muchos padres de familia que no quieren que los niños suban al camión. Primero, porque quieren revisar el contenido que se les da a sus niños, lo cual es válido, especialmente porque un tema como la sexualidad es delicado. Pero también hay otros papás abusadores que cuando se enteran de que vamos a ir a la escuela no dan el consentimiento para que su hijo tome el curso. Por eso hay niños que dejan de ir a la escuela hasta que nos marchamos, y no los podemos intervenir”, asegura Alfaro.

“El abuso no tiene por qué marcar la vida de una persona para siempre; se puede tratar”

Ahora bien, ¿qué pasa con los menores que han sido abusados?

A pesar de que se trata de un daño emocional grave, Asexoría defiende que sí hay posibilidad de recuperación.

“El abuso es una cosa muy dolorosa, pero los seres humanos tenemos muchas capacidades para sobreponernos de una situación así. Y un abuso sexual en la infancia no tiene por qué marcar para siempre la vida de una persona”, enfatiza la directora de Asexoría.

¿Qué se necesita en este proceso de recuperación? En el caso de los niños éstos deben acudir a una terapia “con un profesional que tenga conocimientos adecuados en este tipo de situaciones”, para que no se les revictimice.

Segundo, hay que trabajar en las emociones contradictorias del abuso, como la culpabilidad: “Hay partes del abuso que le pudieron gustar al menor y surge la vergüenza. Entonces, se trata de quitarle al niño esos sentimientos porque él no hizo nada malo. Y también es importante hacerle ver que no está causando una catástrofe contando lo que pasó, porque muchos tienen miedo de qué puede pasar si hablan”.

Y por último, Asexoría recomienda como parte de este proceso que los padres y el menor a lo largo de su vida afronten lo sucedido “con valentía” para tumbar los estigmas derivados del abuso.

“Como sociedad, necesitamos quitar este estigma de que si sufrimos un abuso sexual nuestra vida ya está marcada y que además nos vamos a convertir en futuros abusadores. Eso no es cierto, porque si a un menor se le trata adecuadamente puede volver a recuperar su autoestima y su poder como persona”, concluye María Alfaro.

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Getty
Archie Harrison: ¿cuál es el origen del nombre del hijo de Meghan Markle y el Príncipe Harry?
Los duques de Sussex dieron a conocer el nombre de su primogénito. El nombre de Archie Harrison tomó a muchos por sorpresa, pues se aleja de la tradición de la realeza británica. ¿Qué significa y por qué eligieron este nombre?
Getty
9 de mayo, 2019
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Meghan Markle y el Príncipe Harry, duques de Sussex, revelaron el nombre de su hijo recién nacido: Archie Harrison Mountbatten-Windsor.

La elección tomó por sorpresa a quienes apostaban por otros nombres como Alexander, Arthur o Albert.

“Creo que ninguno de nosotros venía venir ninguno de esos nombres”, dijo Joe Little, editor de la revista Majesty, que cubre temas de la realeza británica.

Según Little, el nombre Archie no tiene ninguna connotación para la realeza británica.

Harrison también es un nombre totalmente nuevo para la familia real.

Archie es un nombre de origen germánico, significa “genuino”, “audaz” y “valiente, y es más popular en el Reino Unido que en Estados Unidos.

El nombre original es Archibald, y fue usado en las tierras altas de Escocia durante la Edad Media.

En 2017 Archie ocupó el puesto 18 entre los nombres más populares para niños en Inglaterra y Gales. Ese año, 2.803 niños fueron llamados Archie.

Desde 2003, Archie se ha mantenido entre los 50 nombres más populares.

Más estadounidenses

Harrison, por su parte, también es más común en Reino Unido que en EE.UU. Este nombre, que originalmente se usaba como un apellido, significa “hijo de Harry”.

“Puede que sea un nombre con el que Meghan esté familiarizada y por eso es que lo están usando”, dice Little.

“Archie tiene un toque más británico, mientras que Harrison es más estadounidense”.

“Querían hacer algo un poco diferente, y lo hicieron”.

Harry y Meghan decidieron no usar un título de realeza para su hijo.

Señorito Archie

Archie Harrison

Getty
Archie Harrison es Mountbatten-Windsor nació el 6 de mayo de 2019.

Como el primogénito de un duque, Archie podría haber asumido el título de Conde de Dumbarton, pero en lugar de eso simplemente será conocido como Señorito Archie (Master Archie, en inglés).

Jonny Dymond, corresponsal de la BBC para asuntos de la realeza, dijo que esta elección era “un fuerte indicio de que (los duques) no quieren criarlo como alguien de la realeza formal”.

El apellido de Archie Harrison es Mountbatten-Windsor.

En la realeza británica, los descendientes de la reina que usan un título real no necesitan un apellido, pero si en determinado caso llegasen a necesitarlo, ese apellido es Mountbatten-Windsor.

El apellido Mountbatten-Windsor apareció por primera vez en un documento oficial el 14 de noviembre de 1973, en el acta de matrimonio de la princesa Anne y el capitán Mark Phillips.

Richard Fitzwilliams, comentarista de temas de la monarquía, dijo que el individualismo mostrado por Harry y Meghan al momento de elegir nombres no tradicionales en la realeza, era algo “maravilloso” y podría “rejuvenecer la monarquía”.

“Es una elección única, por parte de una pareja única que están haciendo las cosas de una manera única”.


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