La Brigada de ciudadanos que busca desaparecidos en tumbas clandestinas de Veracruz
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Manu Ureste

La Brigada de ciudadanos que busca desaparecidos en tumbas clandestinas de Veracruz

En su primera misión en Córdoba, estado de Veracruz, la Brigada compuesta por ciudadanos con familiares víctimas de desaparición encontraron en solo 15 días hasta 15 fosas con cientos de restos humanos.
Manu Ureste
Por Manu Ureste
2 de mayo, 2016
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“Veracruz es un tiradero de cuerpos”.

A pesar de que Mario Vergara habla despacio y con una entonación solemne, como si todo el tiempo estuviera recitando salmos de una Biblia, las palabras que salen de su boca golpean con la violencia de un púgil peso pesado.

“En Veracruz lo que está pasando es un genocidio –sentencia mientras niega con la cabeza y frunce el ceño-. Nosotros sólo pudimos buscar fosas en un pedacito muy pequeño de terreno. Pero mucha gente ya nos ha pedido que regresemos para buscar en más lugares, porque en todo el estado hay muchísimos cuerpos regados”.

Mario acaba de regresar de Córdoba, ciudad del centro del estado de Veracruz. Hasta allí viajó junto con otros 40 integrantes, entre hombres y mujeres, de la Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas; un equipo formado por asociaciones civiles de Coahuila, Sinaloa, Chihuahua, Baja California, Morelos y Guerrero, que nació el pasado 9 de abril con un objetivo: desenterrar, fosa a fosa, la verdad de lo sucedido con miles de personas desaparecidas en México.

“Sabemos que no es la solución buscar en fosas clandestinas, pero nuestros familiares puede que estén enterrados en algún lugar. Por eso, mi misión en la Brigada es motivar a la gente para que nos ayude a buscar”, explica Mario Vergara, de la organización Los otros desaparecidos de Iguala, quien desde el 5 de julio de 2012 desconoce el paradero de su hermano Tomás.

Mario Vergara (izquierda) junto a Juan Carlos Trujillo, ambos integrantes de la primera Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas.

Mario Vergara (izquierda) junto a Juan Carlos Trujillo, ambos integrantes de la primera Brigada Nacional de Búsqueda de personas desaparecidas. //Foto: Jazmín Suazo (@JazSuazo) / El Mundo de Córdoba (@ElMundoCordoba)

Y ese llamado a la gente al que hace alusión Mario tuvo una rápida respuesta en Veracruz, concretamente entre la ciudadanía de Amatlán de los Reyes; localidad de algo más de 42 mil habitantes que está prácticamente conurbada a Córdoba, y cuya parroquia de los Santos Reyes sirvió de campamento base para la Brigada.

“La zona para buscar en Córdoba era muy grande y teníamos que reducirla. Por eso llegamos a la parroquia un domingo y después de la misa le pedimos ayuda a la gente de Amatlán para que nos dijeran dónde podrían haber sido enterradas personas, o dónde se hicieron cosas malas”, cuenta Vergara en entrevista con Animal Político.

“Les dijimos que no estábamos buscando justicia, y que no nos interesaba quién podría haber matado a esas personas enterradas. Y fue así como muchos anónimos comenzaron a llegar diciéndonos: búsquenle allá, vayan a tal parte, o revisen tal camino”, añade el activista, quien incluso detalla que los pobladores de Amatlán le entregaban al sacerdote de la parroquia papeles con mapas y croquis indicando lugares donde sospechaban que podría haber restos de personas desaparecidas.

“Revisen esos pozos; ahí aventaban a la gente”

Alma Rosa Rojo, quien busca a su hermano Miguel Ángel, desaparecido el 4 de julio de 2009 en Culiacán, Sinaloa, cuenta que gracias a los anónimos los resultados llegaron pronto.

Equipados con unas palas, picos, unas varillas para hacer hoyos en la tierra, y una canción que entonan para darse ánimo, la Brigada encontró el 15 de abril en San Rafael Calería, una comunidad rural que pertenece a Córdoba, hasta 11 puntos con restos calcinados y fragmentados, como rótulas, huesos del cráneo, fragmentos de costilla, y dientes.

Y otros cinco días más tarde, el 20 de abril, un ciudadano llevó anónimamente a la Brigada a un punto ubicado en la comunidad de El Porvenir, también en la región de Córdoba, y literalmente le dijo a Mario Vergara: “Aquí pasaron cosas muy feas. No dejen de revisar esos pozos, porque a mucha gente los han matado y los han aventado ahí adentro”.

La Brigada encontró 15 fosas en la zona de San Rafael Calería y El Porvenir, en la región de Córdoba, en el centro de Veracruz.

La Brigada encontró 15 fosas en la zona de San Rafael Calería y El Porvenir, en la región de Córdoba, en el centro de Veracruz.

Resto hallado por la Brigada Nacional de Búsqueda en Córdoba, Veracruz.

Resto hallado por la Brigada Nacional de Búsqueda en Córdoba, Veracruz. //Foto: Jazmín Suazo /El Mundo de Córdoba

Estas son las herramientas con las que trabaja la Brigada.

Estas son las herramientas con las que trabaja la Brigada. // Jazmín Suazo/El Mundo de Córdoba

La Brigada comenzó entonces a escarbar uno de los pozos que estaba tapado con piedras. Según detalla Mario, cuando llevaban dos metros de profundidad, empezaron a sacar bloques de concreto que estaban ennegrecidos probablemente por la acción del fuego, “y que no tenían ninguna relación con el lugar, porque no había ninguna construcción cercana al lugar, ni ninguna casa”. Y a un poco más de profundidad, comenzaron a hallar “un regadero” de cientos de restos humanos, entre vértebras de cadera, fémures, pedazos de tibia, de clavícula, y de la pelvis.

Con cada hallazgo, María Guadalupe Pérez, de la Asociación Familias Unidas en la Búsqueda de Personas Desaparecidas de Piedras Negras, Coahuila, detalla que la Brigada iniciaba siempre el mismo protocolo para no contaminar las evidencias que entregaban a peritos de la Fiscalía de Veracruz: “Primero recogíamos el huesito y lo poníamos en una bolsa con un número y la hora del hallazgo. Luego delimitábamos el área, y por último poníamos una banderita en el lugar”.

“Duarte dice que en Veracruz no pasa nada, pero en 15 días encontramos 15 fosas”

Sin embargo, a las pocas horas del primer hallazgo en San Rafael Calería, el Gobierno veracruzano de Javier Duarte salió presto a emitir un comunicado en el que aseguraba que tales restos eran, en realidad, maderas y ropa, y no fragmentos humanos.

“No somos expertos, pero sabemos detectar cuándo es un hueso y cuándo es madera –enfatiza Mario Vergara-. El dolor ha hecho que nos preparemos y que aprendamos los nombres de los huesos y la forma que tienen cuando están quemados”.

“El gobierno lo hizo para desacreditarnos, para desanimarnos. Pero no lo consiguió, porque ahora estamos más fuertes haciendo esta labor”, opina por su parte Alma Rosa.

Cuando encuentran restos, la Brigada sigue un protocolo para entregar las evidencias a los peritos de la Fiscalía veracruzana.

Cuando encuentran restos, la Brigada sigue un protocolo para entregar las evidencias a los peritos de la Fiscalía veracruzana. // Jazmín Suazo/El Mundo de Córdoba

Mientras que para Rosa Neris, activista sinaloense, el comunicado del gobierno de Javier Duarte es un intento de tapar la realidad en Veracruz, entidad donde el Gobierno Federal contabiliza al menos 663 personas desaparecidas entre enero de 2014 y marzo de 2016 –un total de 170 en el fuero federal y 493 en el fuero estatal-.

“Decidimos ir a Veracruz para demostrarle al gobierno de Javier Duarte que sí hay desaparecidos. Él es muy enfático en decir que en Veracruz no pasa nada. Y nosotros fuimos a quitarle la careta, porque en menos de dos semanas encontramos 15 fosas”, recalca Rosa Neris, quien busca a tres familiares desaparecidos en Monclova, Coahuila, en el año 2010.

“Lo nuestro no es sacar huesos del fondo de la tierra, sino sacar la verdad”

Tras los resultados de la primera misión en Veracruz, Juan Carlos Trujillo, el activista que tuvo “la locura” de reunir a múltiples organizaciones civiles para formar la Brigada Nacional, admite que analizan regresar a la entidad para continuar con los trabajos de búsqueda, a pesar de los obstáculos de las autoridades.

“No confiamos en las autoridades, claro. Porque sabemos que los perpetradores de las desapariciones son los mismos policías”, advierte Trujillo, quien, no obstante, admite que no tienen muchas más alternativas que trabajar con los gobiernos para poder encontrar más fosas y llevar de vuelta, en cierta manera, a cientos de personas que permanecen desaparecidas en fosas.

Por ello, Trujillo apunta que ya mantuvieron reuniones con el Gobierno Federal “para que le entre” al proceso de identificación de los restos de ADN hallados en Córdoba, “pero de manera vigilada” por peritos independientes, como el Equipo Forense Argentino.

“Lo nuestro no es sacar huesos del fondo de la tierra, sino sacar la verdad. Y por eso buscamos a esas personas que están ahí enterradas. Porque en México nos hemos dedicado a desaparecer a los desaparecidos”, subraya Trujillo, quien desde el año 2008 cambió las cuentas de la empresa familiar por buscar a cuatro hermanos desaparecidos, un primo, un sobrino, y cinco compañeros de trabajo.

“Ahora mi objetivo en la vida es encontrar a personas desaparecidas –añade el activista, que concluye-. Y si en esta búsqueda encuentro a mis hermanos, Dios me va a dar una bendición. Y si no, al menos hice todo lo que pude por encontrarlos”.

*Animal Político buscó a la Fiscalía del Estado de Veracruz para conocer los avances en los análisis de ADN de los restos hallados por la Brigada. Sin embargo, el departamento de comunicación social de la Fiscalía no dio respuesta a las preguntas de este medio. 

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Coronavirus en México: los pueblos que se niegan a vacunarse contra COVID

En muchas aldeas remotas del estado sureño de Chiapas las tasas de vacunación son de apenas el 2%.
21 de julio, 2021
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En noviembre de 2019, Pascuala Vázquez Aguilar tuvo un extraño sueño sobre su aldea Coquiltéel, enclavada entre los árboles en las montañas del sur de México.

Una plaga había llegado al pueblo y todos tenían que correr hacia el bosque. Se escondían en una choza cobijada por robles.

“La plaga no podía alcanzarnos allí”, dice Pascuala. “Eso es lo que vi en mi sueño”.

Unos meses después, la pandemia se apoderó de México y miles de personas morían cada semana. Pero Coquiltéel, y muchos otros pueblos indígenas pequeños del suereño estado de Chiapas, resultaron relativamente ilesos.

Aunque esto ha sido una bendición para sus pobladores, también presenta un problema.

Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 a julio, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

En Coquiltéel y en muchas aldeas remotas del estado, probablemente se acerca apenas al 2%.

La semana pasada, el presidente de México Andrés Manuel López Obrador comentó la baja tasa de vacunación en Chiapas y dijo que el gobierno debe hacer más esfuerzos para enfrentar esta situación.

“La gente no confía en el gobierno”

Pascuala es funcionaria de salud para 364 comunidades de la zona y recibió su vacuna.

Suele visitar el pueblo y los alrededores, y le preocupa traer la covid-19 de regreso a su familia y amigos que, como la mayoría de sus vecinos, no están vacunados.

Los miembros de estas comunidades están influenciados por las mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

Pascuala ha visto mensajes que dicen que la vacuna matará a la gente en dos años, que es un complot del gobierno para reducir a la población o que es una señal del diablo que maldice a quien la recibe.

Profesores son vacunados en Chiapa

AFP
Casi el 30% de los mexicanos ha recibido una dosis de la vacuna contra la covid-19 hasta el momento, pero en el estado de Chiapas la tasa de vacunación es menos de la mitad.

Este tipo de desinformación se está difundiendo por todas partes, pero en pueblos como Coquiltéel puede ser particularmente preocupante.

“La gente no confía en el gobierno. No ven que haga nada bueno, solo ven mucha corrupción”, dice Pascuala.

El municipio de Chilón, donde se encuentra la aldea de Coquiltéel, está compuesto predominantemente por indígenas descendientes de la civilización maya.

En Chiapas se hablan más de 12 idiomas tradicionales oficiales. El primer idioma en Coquiltéel es el tzeltal y solo algunas personas hablan español.

La comunidad indígena de esta parte de México tiene una larga historia de resistencia a las autoridades centrales, que culminó con el levantamiento zapatista de 1994.

“El gobierno no consulta a la gente sobre cómo quiere ser ayudada”, dice Pascuala. “La mayoría no cree que la covid-19 exista”.

Este no es solo un problema en México o en América Latina, está sucediendo en todo el mundo.

En el norte de Nigeria, a principios de la década de 2000 y más tarde en algunas zonas de Pakistán, la desconfianza en las autoridades hizo que parte de la población boicoteara la vacuna contra la polio.

Algunas de estas comunidades creían que la vacuna había sido enviada por Estados Unidos como parte de la llamada “guerra contra el terrorismo”, para causar infertilidad y reducir su población musulmana.

“Hay un terreno fértil para los rumores y la desinformación donde ya existe una falta de confianza en las autoridades y tal vez incluso en la ciencia”, dice Lisa Menning, científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que investiga las barreras para la vacunación.

“Hay brechas de información y quizás campañas de comunicación mal diseñadas que históricamente se han dirigido a estas comunidades”, agrega.

Medicina herbal

Nicolasa Guzmán García pasa gran parte de su día en Coquiltéel cuidando a sus gallinas y cultivando vegetales para su familia. Ella cree que la covid-19 es real, pero no siente la necesidad de vacunarse.

“No salgo mucho de mi casa. No viajo a la ciudad, estoy enfocada en cuidar de mis animales”, dice.

La mujer cree que su estilo de vida tradicional protege a la comunidad, pues esta come alimentos frescos y saludables, toma aire fresco y hace ejercicio.

Y como muchas comunidades indígenas en América Latina, los tzeltales practican una mezcla de catolicismo y su antigua religión espiritual.

Mujer con síntomas de covid

AFP
Los miembros de estas comunidades están influenciados por mentiras y rumores que circulan por WhatsApp.

“No puedo decir si esta vacuna es buena o mala, porque no sé cómo se hizo, quién la hizo y qué contiene”, dice Nicolasa.

“Yo misma preparo mi medicina tradicional, tengo más confianza en ella”.

Su medicina es una mezcla de tabaco seco, alcohol casero y ajo que ayuda a los problemas respiratorios, y una especie de bebida hecha con flores de caléndula mexicana o agua de la planta de ruda para la fiebre.

El médico Gerardo González Figueroa ha tratado a las comunidades indígenas en Chiapas durante 15 años y dice que la confianza en la medicina herbal no es solo una tradición sino una necesidad, porque las instalaciones médicas a menudo están demasiado lejos.

Para él, si bien hay algunos la dieta tradicional pro, el estilo de vida y las prácticas curativas, lo extremadamente preocupante son las bajas tasas de vacunación.

“No creo que los esfuerzos del gobierno mexicano hayan sido lo suficientes para involucrar a toda la sociedad”, dice.

“Estas instituciones han estado actuando de manera paternalista. Es como ‘ve y ponte las vacunas'”.

Una persona aplica gel a pobladores

AFP

El gobierno federal ha dicho que su programa de vacunación es un éxito, con una disminución de la mortalidad del 80% en medio de la tercera ola de covid-19 que se extiende por las áreas urbanas más densamente pobladas de México.

¿Cómo aumentar las tasas vacunación?

Pascuala cree que las autoridades se rindieron con demasiada facilidad cuando vieron que la gente de estos pueblos rechazaba vacunarse.

“Es un falso binario pensar en la oferta y la demanda como cosas separadas”, dice Lisa Menning, de la OMS.

La científica explica que, en marzo, algunas encuestas hechas en Estados Unidos reflejaban que las comunidades de color también dudaban en vacunarse, hasta que las autoridades hicieron un gran esfuerzo para que la inoculación fuera accesible.

Ahora, las tasas de vacunación en estas comunidades son mucho más altas.

“Tener un acceso fácil, conveniente y realmente asequible a buenos servicios, donde haya un trabajador de salud que esté realmente bien capacitado y sea capaz de responder a cualquier inquietud y responda de una manera muy cariñosa y respetuosa, eso es lo que marca la diferencia”, afirma.

Vacuna contra la covid

Getty Images

“Lo que funciona mejor es escuchar a las comunidades, asociarse con ellas, trabajar con ellas”, agrega.

Coquiltéel es una de los millones de pequeñas comunidades rurales de todo el mundo en las que esto es muy deficiente.

Por ahora, todo lo que puede hacer Pascuala es seguir intentando convencer a la gente de que se vacune y está centrando sus esfuerzos en los que deben salir de sus pueblos, como los camioneros.

Pero hasta que todos estén vacunados, solo le queda confiar en otros poderes.

“Gracias a Dios vivimos en una comunidad donde todavía hay árboles y donde el aire todavía está limpio”, dice.

“Creo que de alguna manera, la Madre Tierra nos está protegiendo”.


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