La codicia de dos gigantes del fútbol que dio origen a la Champions League
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La codicia de dos gigantes del fútbol que dio origen a la Champions League

Las ganancias de la Champions League nunca hubieran existido si no fuera por un capricho del torneo de aquel entonces que emparejó a los campeones de España e Italia, las dos ligas más poderosas por aquellos años, en la ¡segunda ronda!
Por BBC Mundo
28 de mayo, 2016
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No hubo espacio para el merecimiento, la justicia o la igualdad. Hace 30 años, la edición de la Champions League (antigua Liga de Campeones) de la temporada 1986-1987 ofreció uno de los duelos más espectaculares que se podían dar para la época, Real Madrid vs. Juventus, un enfrentamiento que terminó siendo crucial para la creación de la Liga de Campeones.

Este sábado 28 de mayo, el conjunto merengue juega nuevamente la final de la Champions League en busca de la undécima Copa de su historia.

Este sábado 28 de mayo, el conjunto merengue juega nuevamente la final de la Champions League en busca de la undécima Copa de su historia.

Este sábado 28 de mayo, el conjunto merengue juega nuevamente la final de la Champions League en busca de la undécima Copa de su historia.

Lo hará frente al Atlético de Madrid, en el estadio San Siro de Milán, en el que el ganador recibirá unos US$17 millones.

Un botín que se sumará a los casi US$100 millones en ganancias acumuladas durante el torneo.

Pero estas cifras puede que nunca hubieran existido si no fuera por un capricho del torneo de aquel entonces que emparejó a los campeones de España e Italia, las dos ligas más poderosas por aquellos años, en la ¡segunda ronda!

La eliminatoria no sentó nada bien a los directivos de ambos clubes, ya que uno de los dos principales aspirantes al título estaba destinado a quedarse por fuera del torneo cuando apenas estaba comenzando.

Algo había que hacer.

Cuestión de prestigio

El presidente de la Juventus, Giampiero Boniperti, pidió un cambio de inmediato para modificar la manera en que se seleccionaban los partidos de los que él consideraba eran los principales clubes.

“Es una lástima que uno de nosotros no alcance los cuartos de final”, dijo tras conocer el sorteo.

“Ellos deberían cambiar la manera en la que la Copa de Campeones es organizada. Es necesario algo parecido al sistema de cabezas de serie que de la Copa del Mundo”.

El argentino Jorge Valdano, delantero por entonces del Real Madrid, tuvo una opinión similar.

“Fue algo terrible para nosotros y la Juventus encontrarnos tan temprano en el torneo. Debería haber sido la semifinal… o la final”, lamentó.

El Real Madrid contaba con jugadores, además del delantero argentino, como el mexicano Hugo Sánchez y la famosa “quinta” liderada por Emilio Butragueño, autor del gol en el triunfo en el Santiago Bernabéu.

En la Juventus, que respondió con tanto de Antonio Cabrini en Turín, jugaban futbolistas del nivel del francés Michel Platini y el danés Michael Laudrup.

Al final prevaleció el conjunto español en la definición por penales.

Cuestión de dinero

“La seguridad deportiva y financiera que existe hoy en la Liga de Campeones, con su fase de grupos, no existía en la Copa de Europa, que era un torneo de eliminación directa”, explicó Harry Philp, experto en el aspecto financiero del deporte de la firma Portland Advisers.

El formato de eliminatoria directa iba en contra de los intereses de los principales clubes de Italia, que tenía la liga más importante del mundo en esa época, y de los dos gigantes del fútbol español, Real Madrid y Barcelona”.

“Después de ese duelo en la Copa de Europa, los clubes más ricos comenzaron a pensar más en un formato que les diera la oportunidad, o que les garantizara más partidos en Europa”, recordó Philp.

A partir de ese momento comenzó la presión sobre la UEFA para cambiar el formato del torneo.

“Tenías a gente en dos de los clubes más poderosos en Europa que coincidían en sus puntos de vista”, dijo Philp.

“No tengo duda que allí fue que se inició el proceso para pensar los cambios del torneo que vivió una mutación para convertirse en la Liga de Campeones”.

Se creó un sistema de grupos previo a la fase de eliminación directa en la temporada 1991-1992 antes de que se formalizará el nacimiento de la Liga de Campeones al año siguiente.

La garantía de más partidos y el aumento en las probabilidades de tener duelos entre los clubes más atractivos atrajo a la televisión, que estaba por entonces incorporando su tecnología de pagar para ver (PPV).

El impacto del nuevo torneo fue inmediato y el beneficio se ha ido multiplicando con el paso de los años, para satisfacción de los principales clubes de las grandes ligas del fútbol europeo.

Basta dar una cifra: desde la final de 1992, los equipos de España e Italia han ganado entre ellos 14 de las 24 finales de la Liga de Campeones que se han disputado desde entonces.

Antes de los cambios, sólo habían conseguido cuatro de las últimas 24 ediciones de la Copa de Europa.

Estadística que aumentará este sábado cuando nuevamente un equipo español se proclame campeón de Europa, sea Atlético de Madrid o Real Madrid.

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Qué son los anticuerpos monoclonales y por qué podrían ser una alternativa contra el COVID

En paralelo a la búsqueda de una vacuna, investigadores analizan la posibilidad de utilizar anticuerpos monoclonales tanto para evitar la infección de SARS-CoV-2 como para combatirla.
27 de agosto, 2020
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A la par que avanza la carrera por encontrar una vacuna contra la covid-19, equipos de investigación y farmacéuticas en todo el mundo continúan buscando desesperadamente alternativas para lidiar con la enfermedad provocada por el coronavirus.

Y uno de los hallazgos que se perfila como prometedor es la terapia de anticuerpos monoclonales (mAbs), un tipo de fármaco que puede utilizarse tanto para prevenir la infección como para tratarla una vez que la enfermedad se ha desarrollado.

¿Qué son los anticuerpos monoclonales?

Cuando nuestro cuerpo detecta la presencia de un antígeno, en este caso el SARS-CoV-2, el sistema inmunitario produce anticuerpos, unas proteínas destinadas a neutralizar a ese antígeno en particular, con el objetivo de evitar que penetre en nuestras células, secuestre su mecanismo y se reproduzca.

Los anticuerpos monoclonales son copias sintéticas creadas en el laboratorio a partir de un clon de un anticuerpo específico, hallado en la sangre de una persona que se ha recuperado de la covid-19.

Es decir, los mAbs imitan a los anticuerpos que nuestro cuerpo produce de forma natural.

Viaje en transporte público durante la pandemia.

Getty Images
En tanto no se encuentre una cura o una vacuna, muchas medidas de seguridad como la distancia social y el uso de mascarillas seguirán vigentes en la mayor parte del mundo.

“A diferencia de una vacuna, que introduce una proteína o material genético en nuestro organismo para estimular al sistema inmune (para que genere anticuerpos), estos son anticuerpos que se le suministran al cuerpo para brindarle protección”, le explica a BBC Mundo Jens Lundgren, médico especializado en enfermedades infecciosas de la Universidad de Copenhague y del hospital Rigshospitalet, en Dinamarca.

“Es lo que llamamos inmunidad pasiva”, añade el investigador, quien lidera uno de los ensayos sobre anticuerpos monoclonales de la farmacéutica Eli Lilly.

Terapias exitosas

Desarrollados por primera vez como terapia en los años 70, se utilizan en la actualidad para tratar exitosamente una serie de enfermedades que abarcan desde el sida hasta numerosos tipos de cáncer.

Dese el inicio de la pandemia, son muchos los laboratorios -AstraZeneca, Regeneron, VirBiotechnology, Eli Lilly y Adimab, entre otros- que se han abocado a investigar anticuerpos monoclonales que resulten efectivos contra el coronavirus, y han hallado decenas que se muestran promisorios.

Desde una perspectiva terapéutica, le explica a BBC Mundo Gigi Gronvall, profesora especializada en inmunología del Centro Johns Hopkins de Seguridad Sanitaria en Estados Unidos, los anticuerpos monoclonales son relativamente similares a la terapia de plasma convaleciente, en la que el paciente recibe plasma de una persona recuperada, pero constituyen una forma “mucho más moderna y depurada”.

Laboratorio

Getty Images
Los mAbs se han utilizado con éxito para tratar otras enfermedades como el cáncer.

“Cuando le das plasma a alguien, le estás dando todos los anticuerpos que produjo esa persona. Unos pueden ser efectivos, pero otros no. Lo que contiene es un poco un misterio”, dice la profesora.

En cambio los anticuerpos monoclonales “están hechos a partir de la selección de aquellos que tienen la capacidad de neutralizar al virus”.

El proceso de aprobación de estos fármacos puede llegar a ser más rápido, añade Gronvall, dado que los entes reguladores están muy familiarizados con los mAbs ya se emplean para tratar numerosas enfermedades.

“Su mecanismo de acción está muy comprendido: sabemos que los anticuerpos se unen a cosas y por eso bloquean físicamente la entrada del virus a la célula”, explica.

“Para los reguladores, es fácil saber lo que ocurre con ellos, por eso pueden llegar a superar los obstáculos de las regulaciones antes que las vacunas”, afirma la académica.

“Mejores que la vacuna”

Laura Walker, directora asociada de Adimbab, uno de los laboratorios que investiga anticuerpos monoclonales para la covid-19 y cuyos ensayos clínicos comenzarán en enero, confía más en la capacidad profiláctica de los anticuerpos monoclonales que en la terapéutica.

“En algunos casos han funcionado en el contexto del tratamiento. El ejemplo más reciente es el del ébola, donde los anticuerpos monoclonales demostraron reducir los índices de mortalidad en pacientes enfermos y también en casos de VIH, pero no sabemos si va a funcionar con el SARS-CoV-2”.

Abuela saludando a su nieta detrás de una ventana

Getty Images
Para las personas mayores, que no reaccionan tan bien con las vacunas, los mAbs pueden ser una mejor opción.

“No ha funcionado en casos de virus respiratorio sincitial (VSR), no ha demostrado un gran éxito con la influenza, ni tampoco en otros virus respiratorios”.

Aunque reconoce que en el caso de la covid-19, cuyo período de incubación es más largo en comparación por ejemplo con la gripe, puede haber una ventada de oportunidad más grande para la terapia.

De lo que no duda, sin embargo, es de los beneficios que puede ofrecer como método para prevenir la enfermedad, y considera incluso que los anticuerpos monoclonales pueden tener más ventajas que las vacunas.

Una vacuna, dice la experta, induce la producción de todo tipo de anticuerpos y solo una porción de ellos son neutralizantes.

“Al poder elegir anticuerpos, solo seleccionamos los más potentes. En nuestro caso, por ejemplo, hemos identificado anticuerpos muy raros. Y, uno en particular, es extremadamente potente no solo contra el SARS-CoV-2, que produce la covid-19, sino también contra varios otros virus de la familia de los SARS”, asegura.

“Estos son los tipos de anticuerpos que queremos producir a gran escala, no solo para darle inmunidad en esta pandemia a las personas que no responden bien a las vacunas, sino para futuras pandemias, ya que es muy probable que veamos más coronavirus en el futuro”.

La vacuna también puede inducir anticuerpos muy potentes, continúa Walker, pero estos “pueden no estar presentes en grandes cantidades”.

“Por esta razón, suministrar un único anticuerpo monoclonal pero con una alta potencia y en una dosis alta puede brindar una protección más elevada que una vacuna”, acota.

Otro punto débil de las vacunas en comparación con los mAbs, señalan Gronvall y Walker, es que no funcionan de la misma manera para todos los rasgos etarios.

Plasma

Getty Images
El tratamiento con mAbs vendría a ser una versión moderna y mucho más depurada del tratamiento con plasma convalesciente.

“Son efectivas para la gente joven, pero a veces la gente mayor no genera una respuesta inmunitaria tan poderosa ante una vacuna. Lo hemos visto por ejemplo con la vacuna de la gripe”, dice.

Lo mismo ocurre en el caso de las personas inmunodeprimidas.

La inmunidad pasiva, en cambio, no tiene este problema.

Las dificultades son otras…

Costo, período de inmunidad y efecto contrario

Por un lado, está el tiempo en que se mantendría la inmunidad de los anticuerpos monoclonales que, modificaciones de por medio, podría oscilar entre los cinco y seis meses.

No se sabe aún qué inmunidad otorgará una vacuna contra la covid-19, pero recordemos que, en la mayoría de las vacunas, una dosis alcanza para toda la vida, mientras que otras necesitan uno o dos refuerzos cada 10 años.

Sin embargo, el mayor problema es el acceso a este fármaco y el costo de producción, que supera con creces a los de una vacuna.

Según un reporte de Wellcome, una fundación de salud global e independiente que hizo un llamado para expandir el acceso a los anticuerpos monoclonales, “el 80% de los mAbs se venden en EE.UU., Europa y Canadá”.

“Solo el 20% de los mAbs se vende en el resto del mundo, que conforma el 85% de la población global. Pocos, si algunos, están disponibles en países de ingresos bajos y medios”, dice el informe publicado a mediados de agosto.

Estos tratamientos médicos se encuentran entre los más caros del mundo. Para darnos una idea, el precio promedio de un tratamiento con mAbs en EE.UU. oscila entre US$15.000 y US$200.000 al año.

Y, por último existe otro problema vinculado a su seguridad.

Si bien los anticuerpos son un arma de defensa, en algunos casos “actúan de forma opuesta, acrecentando la infección“, le dice Lundgren a BBC Mundo.

Es un complejo fenómeno conocido como amplificación de la infección dependiente de anticuerpos, en el que algunos anticuerpos en vez de prevenir la entrada del virus a la célula, la facilitan.

Por el momento, “no lo hemos visto con la covid-19, pero se ha visto con otras infecciones virales”, aclara el investigador.

Esto deberá ser evaluado minuciosamente en ensayos clínicos.

Enlaces a más artículos sobre el coronavirus

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