San Andrés: el peligro real de una de las fallas más temidas del mundo
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San Andrés: el peligro real de una de las fallas más temidas del mundo

Científicos advirtieron en la Conferencia Nacional de Terremotos que la sección sur de la falla de San Andrés está "cargada y lista" para provocar un gran temblor.
BBC Mundo
Por BBC Mundo
9 de mayo, 2016
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La tierra ruge y los rascacielos del distrito financiero de Los Ángeles se desmoronan, atrapando a miles de personas bajo sus escombros.

Un tsunami de proporciones bíblicas se adentra en la bahía de San Francisco, engullendo a su paso el icónico puente Golden Gate, antes de arrasar la ciudad californiana.

Estos son dos de los terroríficos escenarios que presentaba “San Andrés”, película protagonizada por Dwayne “la roca” Johnson que se estrenó en 2015 en los cines de todo el mundo.

Su argumento gira en torno a las devastadoras consecuencias de un potente terremoto en la famosa falla que da nombre al filme y que lleva el caos y la destrucción de la costa oeste estadounidense.

Se trata de una premisa pensada para el disfrute de los amantes del cine de catástrofes, aunque cuando se habla de terremotos, la línea que separa realidad de ficción es demasiado delgada.

Este miércoles, en declaraciones recogidas por el diario Los Angeles Times,científicos advirtieron desde la Conferencia Nacional de Terremotos que se celebra en la localidad californiana de Long Beach que la sección sur de la falla de San Andrés está “cargada y lista” para provocar un gran temblor.

La sección sur

La falla de San Andrés, que recorre California de norte a sur a lo largo de 1,300 kilómetros y que delimita la placa norteamericana de la placa del Pacífico, es una de las más estudiadas del planeta, ya que en su práctica totalidad se encuentra sobre la superficie terrestre.

Fue la causante del devastador terremoto de 7.8 grados que destruyó gran parte de San Francisco en 1906, provocando la muerte de más de 3,000 personas.

Aunque la extrema premisa de “San Andrés” tiene más de ciencia ficción que de escenario real, lo cierto es que esta superproducción de Hollywood fue un recordatorio de que, tarde o pronto, la falla volverá a quebrarse y los más de 38 millones de personas que viven en sus inmediaciones tienen que estar preparadas.

Los Ángeles
AP Un terremoto en la sección sur de la falla de San Andrés tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU.

La que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años, pese a que los registros geológicos indican que es la causante de un gran terremoto con una periodicidad de unos 150 años.

Los cálculos más conservadores apuntan a que, de producirse un temblor de magnitud 7.8 en esa sección -que tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU.- cerca de 2.000 personas morirían y habría más de 50,000 heridos. Los daños materiales superarían los 200,000 millones de dólares.

“La información con la que trabajamos los científicos indica que el extremo sur de la falla de San Andrés es en la que es más probable que se produzca un gran terremoto en los próximo 30 años”, señala en conversación con BBC Mundo Jennifer Andrews, sismóloga del Instituto de Tecnología de California (Caltech).

Según explica Andrews, “la parte media de la falla se rompió hace unos 160 años y la parte norte en 1906, provocando el terremotos de San Francisco”.

“La parte sur de la falla no se ha quebrado en cerca de tres siglos y sabemos que durante este tiempo la tensión se ha ido acumulando”.

Un gran impacto

La experta del Caltech señala que “en el pasado los terremotos en California tuvieron un impacto limitado porque la densidad de población de ese territorio era muy baja”.

“Hoy en día las cosas serían muy diferentes ya que en zonas como el sur de California viven millones de personas”.

California
Getty Image captionUn gran terremoto en el sur de California destruiría servicios básicos como el agua, la electricidad o el transporte.

“El impacto de un gran terremotos sería importante. Destruiría muchos edificios y provocaría la pérdida de servicios básicos como el agua, la electricidad o el transporte“.

“En las últimas décadas se ha trabajado para hacer que una ciudad como Los Ángeles sea más segura para enfrentar un gran terremoto, pero hay muchas construcciones que se levantaron antes de los años 70, cuando se introdujeron nuevas regulaciones sísmicas”.

Científica
AP Los científicos creen que un gran terremoto en la falla de San Andrés ocurrirá en los próximos 30 años.

Andrews señala además que en el sur de California hay más de 300 fallas y existe el temor de que un gran terremoto en la falla San Andrés haga que estas también se quiebren, provocando un daño todavía mayor.

La experta de Caltech cree que películas como “San Andrés” sirven para recordarle a los habitantes de la costa oeste de EE.UU. que se trata de un área de alta actividad sísmica, “por lo que deben prepararse para la inevitabilidad de un terremoto”.

Los últimos grandes sismos que sacudieron California fueron el de Northridge (magnitud 6.7), en 1994, que dejó 57 muertos en el área de Los Ángeles, y el de Loma Prieta (magnitud 6.9), que se cobró la vida de 67 personas en San Francisco en 1989.

Este último hizo que en el norte de California se introdujeran nuevas regulaciones, obligando a que se reforzaran estructuras construidas con concreto, muchas de las cuales albergan escuelas y hospitales.

No fue hasta fines de 2014 que la alcaldía de Los Ángeles propuso una normativa similar, que conllevará la inversión de centenares de millones de dólares.

Sistema de alerta

Para los expertos ahora es fundamental que las autoridades se tomen en serio la puesta en marcha de un sistema de alerta temprana de terremotos.

California
Getty Image captionCada año los californianos participan en un simulacro de terremoto.

El sistema -que hace años ya se instaló con éxito en países como Japón y México y que en California se enfrenta a la falta de inversión pública- consiste en una red de sensores que permitirá detectar el inicio de un temblor hasta con 40 segundos de antelación, lo que ayudará a alertar a las autoridades y a la población.

“Desafortunadamente en este país muchas veces la voluntad de mejorar las cosas sólo llega después de que ocurra un desastre”, le dijo a BBC Mundo Peggy Hellweg, responsable de operaciones del Laboratorio Sismológico de Berkeley, en el norte de California.

“Un sistema de alerta temprana sería muy útil. Se podrían detener los trenes para que no descarrilen y el tráfico de automóviles en los puentes. Se podría alertar a los hospitales. También ayudaría a que la gente se pudiera proteger, metiéndose debajo de un escritorio o, si hubiera tiempo suficiente, abandonando los edificios”, señala la experta.

Según Hellweg, los sismólogos en California llevan a cabo sus investigaciones con pocos recursos y para que pudieran hacer bien su trabajo “se tendría que invertir mucho más dinero”.

“Nuestros sistemas de alerta de terremotos deberían ser mejores. No tenemos sensores en todos los sitios en los que son necesarios. No tenemos una infraestructura robusta”.

Terremoto de San FranciscoImage copyrightAP
El devastador terremoto de magnitud 7.8 que destruyó gran parte de San Francisco en 1906, causó la muerte de más de 3,000 personas.

Hellweg cree que en California hay partes del sistema de prevención de sismos que están funcionando moderadamente bien y otras que no tanto.

Los servicios de emergencia -la gente que responde a los desastres naturales como los bomberos o la policía- están relativamente bien preparados“.

“Los que no están preparados son los ciudadanos y los negocios privados”, señala la experta, quien atribuye este hecho a que hace tiempo que no ocurre un terremoto de importancia en California, “lo que ha vuelto a la gente complaciente”.

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Especial

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Especial
22 de marzo, 2021
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Arnulfo Aguirre, de 74 años, extraña ir a trabajar; lo hacía desde que tenía 15, pero la pandemia por el COVID-19 lo ha mantenido casi un año encerrado en su casa. Dice que sus clientes lo extrañan y él a ellos; dice también que trabajar es para él un hobby y, aunque en su hogar busca mantenerse ocupado, nada se compara con levantarse cada mañana para ir a su lugar de trabajo.

“Uno necesita trabajar, necesita salir de aquí, no nada más estar metido en la casa aquí viendo televisión. Yo quiero estar trabajando, me interesa más trabajar”, dijo resignado tras un año de encierro.

Pero a diferencia de lo que ocurrió con casi 12 millones de empleos informales y 1.57 millones de puestos de trabajo formales que se perdieron a partir de marzo del año pasado por la pandemia del COVID-19, don Arnulfo, que por su edad pertenece a uno de los sectores poblacionales más vulnerables a la enfermedad, tiene la tranquilidad de que él no perdió el trabajo, pues le han mantenido su salario por casi un año y lo único que tiene que hacer es cuidarse.

“Hay gente que se quedó sin trabajo; sí, conozco gente que se quedó sin trabajo, de otras empresas, no de nosotros porque a nosotros sí se nos estuvo pagando.”, afirmó.

Don Arnulfo forma parte del grupo de más de 24,000 colaboradores de FEMSA que pertenecen a grupos vulnerables y que por motivo de la pandemia fueron enviados a casa con goce de sueldo. A un año de que inició la emergencia sanitaria, muchos de ellos ya han vuelto a su puesto de trabajo y otros permanecen en su domicilio.

Lo mismo ocurrió con Liliana González, montacarguista en OXXO, quien estaba embarazada cuando inició la alerta sanitaria y también la mandaron a su casa como medida de protección.

 “Me hablaron a recursos humanos y lo primero que me dijeron es te vas a casa, te mandamos para que te cuides, con sueldo pagado y todo, percepciones, todo”, afirmó.

Cuando inició la pandemia en México, el gobierno hizo un llamado a las empresas para que hicieran un esfuerzo a fin de que los empleadores pudieran conservar el salario íntegro de sus trabajadores, siempre que les fuera posible, pero la realidad es que esto no ocurrió en la mayoría de los casos.

 “En México desde finales de marzo (de 2020) se estableció una emergencia sanitaria que se prolongó hasta finales de mayo. Desde ese momento, millones de personas trabajadoras se tuvieron que quedar en sus casas, en teletrabajo, o bien tuvieron que afrontar consecuencias de la crisis como bajas de sueldo o despidos”, estableció el estudio México y la crisis de la COVID-19 en el mundo del trabajo: respuestas y desafíos, elaborado por la Organización Internacional del Trabajo.

De acuerdo con la Encuesta sobre el Impacto Económico Generado por COVID-19 en las Empresas, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), al menos 59% de las empresas tuvo que enfrentar cierres temporales o paros técnicos por la pandemia, por lo que muchas tuvieron que hacer recortes de personal.

El estudio indica que sólo 12.2% de las empresas pudo mandar a su personal a hacer homeoffice o trabajo en casa, aunque cuando se divide por tamaño de las empresas destaca que 44.8% de las grandes sí pudo aplicar el trabajo remoto para su personal, en contraste con lo que ocurrió con las PyMES (19%) y las microempresas (11.2%). Por eso los casos de Arnulfo y Liliana son excepcionales.

Especial

 “OXXO GAS hizo un esfuerzo muy fuerte en seguir cumpliendo con los sueldos de ellos, con los incentivos”, explicó Luis Enrique Garza González, gerente de la región Noreste Poniente en OXXO GAS. Y el esfuerzo no sólo fue al inicio de la pandemia, sino que permanece.

“Aún hoy, nosotros tenemos personal de grupos vulnerables que está en su casa, que se le respeta su sueldo, pero aparte traemos un seguimiento tanto emocional como de salud”, comentó Adán Gilberto García Cardozo, responsable de operaciones de la región Monterrey Oriente en OXXO GAS. Y es que no sólo se trata de enviar a la gente a casa. Don Arnulfo, por ejemplo, se siente extraño sin ir a trabajar.

“Mi asesor me habló una vez, el médico también me habló otra vez, y luego el asesor vino personalmente a verme. De Recursos Humanos nos hablan para ver cómo estamos, tanto a mi señora como a mí, el médico de OXXO me habló otra vez e inclusive se puso a disposición por si algo se me ofrecía. Gracias a Dios pues no ha habido más necesidad”, añadió.

 

DIVERSIDAD DE APOYOS

La pandemia del COVID-19 tomó por sorpresa a todos. De la noche a la mañana millones de personas tuvieron que aislarse en sus casas, adoptar nuevas medidas de higiene y hacer frente a un enemigo diminuto. Mientras esto ocurría los contagios y las desafortunadas muertes comenzaron a acumularse y la ayuda para hacer frente a la crisis emergió desde los primeros días.

Actos de solidaridad y apoyo comenzaron a ponerse en marcha para apoyar a quienes estaban en la primera línea de la batalla contra el virus, así como para quienes se vieron afectados en su economía.

Por ejemplo, en OXXO GAS se han donado más de 32 mil litros de gasolina para las ambulancias de la Cruz Roja que han tenido un aumento considerable de trabajo por el traslado de pacientes.

“Viendo las necesidades que tenía la Cruz Roja, nos dimos a la tarea de apoyar, de entregar un donativo. Fuimos a las instalaciones, estuvimos con la gente, vimos las unidades, conocimos al personal con esa pasión que tienen por servir y fue muy emocionante poder participar por medio de OXXO GAS, y entregamos un donativo a la Cruz Roja”, recordó Garza González.

“Se eligió a la Cruz Roja porque siempre está al pendiente de las necesidades de cualquier persona que lo necesite, en cualquier momento, y algo que nos decían mucho es que uno de los recursos que más buscaban era el tema de gasolina, o del diésel pues es lo que más necesitan”, añadió García Cardozo.

La Cruz Roja no fue el único beneficiario, a través de Coca-Cola FEMSA desde el inicio de la pandemia se han llevado litros de agua y bebidas hidratantes en todos los países en donde opera, para el personal médico y de enfermería a centros hospitalarios donde se lucha día a día contra el COVID-19. La cifra más reciente apunta a poco más de 3.87 millones de litros de bebidas donadas (un promedio superior a los 10 mil litros diarios).

“El apoyo con hidratación fue a varias instituciones. En los 14 estados donde operamos apoyamos a más de 100 hospitales. Ayudamos con hidratación, con agua, para que pudieran seguir operando bajo las condiciones en que lo han estado haciendo en el último año”, explicó Luis Darío Ochoa Rodríguez, director de Asuntos Corporativos Coca-Cola FEMSA México.

Además de estos apoyos a los hospitales, también se ayudó a comunidades afectadas por la crisis económica que trajo consigo la pandemia.

“En muchos de los estados donde operamos vimos cómo las comunidades cercanas a nuestras operaciones empezaban a tener muchas dificultades, pues en esos lugares había pérdidas de empleo o necesidades que se estaban acrecentando, y junto con gobiernos estatales y municipales se apoyó directamente para poder hacer llegar a estas comunidades despensas con alimentos, insumos de limpieza y líqudos como agua, lácteos, leche, y jugos”, agregó.

El corte más reciente de FEMSA indica que se han entregado más de 34 mil despensas en comunidades en situación de vulnerabilidad. Otras acciones que se han tomado durante este año son el reparto de cubrebocas y gel antibacterial, tanto a personal médico como en tienditas alrededor del país, el uso de la planta recicladora de PET para fabricar caretas protectoras con este material, y la dotación de pantallas protectoras de acrílico para tienditas, entre otras. 

Adicional a la entrega en especie de despensas y producto, Coca-Cola FEMSA fue una de las empresas que ha participado desde el inicio en la iniciativa impulsada por la UNAM, el INER y otras instituciones y fundaciones para habilitar una unidad temporal para la atención a pacientes COVID en Centro Citibanamex en la Ciudad de México.

 

COLABORACIÓN, LA CLAVE

La emergencia sanitaria también generó que gobiernos (federal, estatal y municipal), empresas y organizaciones de la sociedad civil trabajaran de la mano para hacer frente a las necesidades surgidas con la pandemia.

Una de estas iniciativas fue Contagia Solidaridad, en la que participaron seis grandes empresas y organizaciones sociales que se dieron a la tardea de recaudar recursos para destinarlos a crear kits de protección para médicos que no necesariamente estaban en la primera línea de la lucha contra el COVID-19 pero seguían desarrollando una actividad fundamental. 

“Pensábamos en ese pediatra que podía seguir atendiendo en su consultorio a familias sin saber que podrían estar contagiadas. Y pues llámese un pediatra, un cardiólogo, un técnico en un hospital, alguien en rayos X que no necesariamente están en los hospitales COVID-19, pero que sabíamos que un alto porcentaje de ellos se estaba contagiando. Entonces nos pusimos a diseñar una estrategia contracíclica para atender con protección a médicos, a personal de salud, en hospitales públicos principalmente”, recordó Lorena Guillé-Laris, directora de Fundación FEMSA, organismo que participó en este esfuerzo que llegó a más de 100 mil beneficiados.

Especial

Cabe destacar que uno de los principales retos que se generó al realizar acciones de apoyo durante la pandemia fue la logística, pues la tragedia (a diferencia de sismos o huracanes) no se centró en un punto del país, sino por el contrario, las necesidades se expandieron a todo lo largo y ancho del territorio nacional.

Ahí “entró al quite” Solistica, otra empresa de FEMSA cuyas unidades recorrieron casi 30,000 kilómetros para llevar estos apoyos a sus destinos. 

“Hoy suena fácil poder comprar cubrebocas. En abril del año pasado era complejísimo saber qué tipo de cubrebocas, cuál es el que te protege más, cuál es el que no lastima los ojos, que verdaderamente es seguro, que vas a asumir un compromiso de comprar millones de ellos y que puedas contar en tiempo, en forma y en calidad con lo que estás esperando. Nosotros evaluamos a más de 100 proveedores para poder llegar a quien le comprábamos los insumos que íbamos a necesitar para poderlos entregar. Y luego de ahí, cómo te aseguras que puedas distribuirlo en las comunidades que llegas. Llegamos a más de 90 municipios en todo el país”, narró Guillé-Laris.

Otra iniciativa surgida en la pandemia es Juntos por la Salud, en la que igualmente participan empresas, gobierno, academia y sociedad civil, que busca proteger la salud del personal hospitalario, de las familias y de las fuerzas de seguridad mexicanas, así como la salud de los colaboradores, proveedores, clientes y consumidores de las empresas y las organizaciones. 

“Aquí se sumaron más de 500 organizaciones destinando miles de millones de recursos tanto en especie como económicos que, basados en un esfuerzo 100% altruista, partían de cómo podríamos analizar evidencia, experiencia y aprendizajes de nuestro país y del extranjero para responder en la pandemia”, explicó la directora de Fundación FEMSA.

A un año de desatada la emergencia sanitaria por el COVID-19 hay muchos aprendizajes que ha generado el virus. “Una de las cosas importantes es recordarnos que posterior a la pandemia quisiéramos que el nuevo normal sea mejor que como estábamos antes, que podamos abrir estos espacios de reflexión y de compartir que nos permitan dibujar un nuevo normal. Que podamos tener espacio todos los actores de la sociedad para visibilizar, para diseñar las soluciones a los problemas complejos que tenemos como sociedad y que podamos seguir sentados en la mesa juntos, el sector privado con la sociedad civil organizada, con el gobierno en sus distintos órdenes y con la academia, para juntos poder impulsar hacia adelante la visión que tenemos de sociedad como un todo, y evidentemente en un rol particular de nuestro México”, concluyó.

 

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