#SemáforoEconómico: Campeche, Veracruz y Tabasco, los estados que en lugar de crecer retroceden
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#SemáforoEconómico: Campeche, Veracruz y Tabasco, los estados que en lugar de crecer retroceden

Chihuahua, Colima y Nuevo León encabezan una lista de ocho estados que alcanzaron tasas de crecimiento superiores a 4.5% durante el cuarto trimestre del año pasado; sin embargo, tres puntos clave afectan a 21 entidades que presentan bajas tasas de crecimiento.
Cuartoscuro
5 de mayo, 2016
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Con un rezago de casi 4 meses, la semana pasada se publicaron las cifras de crecimiento económico de los estados al cierre de 2015. Los resultados son variados. Por un lado, hay entidades que terminaron el año con altas tasas de crecimiento y, por otro, estados que mostraron una desaceleración respecto al ritmo que habían mostrado en los primeros trimestres de 2015. También hay estados con crecimiento negativo.

De acuerdo con los últimos datos del #SemáforoEconómico, ocho estados de la República alcanzaron tasas de crecimiento superiores a 4.5% durante el cuarto trimestre de 2015, respecto al mismo trimestre de 2014. Esta lista está encabezada por Chihuahua, Colima y Nuevo León, con tasas de crecimiento anuales de 6.8%, 6.2% y 5.9% respectivamente. En perspectiva, el país creció a 2.5% anual en ese periodo.

Grafico: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Grafico: Omar Bobadilla (@obobadilla)

No existe un común denominador en el tipo de actividad económica que impulsó el crecimiento económico en estas entidades. En Chihuahua, el crecimiento fue impulsado por el sector de la construcción, financiado por el sector privado, así como las manufacturas, y el comercio al mayoreo; en Colima las actividades que mostraron más dinamismo en ese periodo fueron las manufacturas, así como la generación, transmisión y distribución de energía eléctrica, suministro de agua y de gas por ductos al consumidor final. En Nuevo León, las manufacturas en vez de propiciar crecimiento decrecieron en 2.1% en el último trimestre de 2015, el crecimiento del estado fue impulsado por el sector servicios.

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Dentro de los estados con mayores tasas, destacan Nuevo León y Baja California, pues han mostrado consistencia en su alto crecimiento. Nuevo León ha crecido a tasas superiores al 5% desde el tercer trimestre de 2014 y Baja California lo hizo durante los cuatro trimestres de 2015.

Querétaro, Quintana Roo, Tlaxcala y Aguascalientes, que habían mostrado altas tasas de crecimiento en el año anterior, tuvieron una desaceleración en su ritmo de crecimiento al mostrar tasas inferiores a 4.5%.

Es importante mencionar el caso de Chiapas. Después de cuatro trimestres de tasas de crecimiento negativas, Chiapas tuvo una ligera recuperación en el último trimestre de 2015 al crecer 0.7% anual. La mejoría se dio, principalmente, por la recuperación del sector servicios y manufacturero. Si bien es una recuperación respecto a la tendencia negativa que llevaba, aún queda lejos del ritmo de crecimiento nacional.

En cuanto a los estados con peor desempeño en ese periodo, los tres estados que tuvieron tasas de crecimiento negativas fueron Campeche, con -8.1%; Veracruz, con -2.1%, y Tabasco, con -0.1%.

Campeche ha mostrado tasas de crecimiento negativas desde el segundo trimestre de 2014, es el estado que ha decrecido durante más tiempo. Este bajo desempeño económico se debe a la dependencia de su economía en la industria petrolera, cuya producción cayó 8.5%. El sector servicios, a pesar de que ha tenido tasas de crecimiento positivas en los últimos trimestres de 2015 no es suficiente para compensar la caída en el sector minero.

La caída en la producción de Veracruz se debe a la baja en su actividad manufacturera, la cual cayó 17% en el mismo periodo. En cuanto a Tabasco, su producción cayó en servicios, manufacturas y construcción, aun cuando tuvo una mejora en su actividad de minería petrolera.

Los estados que cerraron 2015 con tasas superiores a 4.5% aportan el 20% del PIB nacional. Mientras que los 21 estados con tasas de crecimiento positivas pero inferiores a 4.5% aportan 67.5%. En cuanto a los tres estados que decrecieron, su producción representa 12.5% del PIB nacional.

Grafico: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Grafico: Omar Bobadilla (@obobadilla)

¿Cuál es la principal restricción al crecimiento de esos 21 estados con bajas tasas de crecimiento? La respuesta está condicionada a cada estado y región. Sin embargo, México, ¿Cómo Vamos? considera que existen tres puntos clave:

  • La principal restricción al crecimiento en el sur es la baja productividad laboral. Para incrementar la productividad laboral en el sur es necesario, por un lado, revertir el rezago tecnológico y de infraestructura que existe; y por otro, aumentar el capital humano. Aumentar el capital humano es una tarea de largo plazo, pero que tiene que empezar a atenderse desde ahorita. De no hacerlo, se agrandará la brecha que existe en el nivel de capacidades que tienen los trabajadores del sur con respecto al resto del país.
  • Hay estados con alta capacidad productiva que aportan un gran porcentaje al PIB nacional pero que se encuentran estancados en un crecimiento mediocre. Los mejores ejemplos son la Ciudad de México, el Estado de México, Campeche y Veracruz. En estos estados es necesario encontrar las restricciones al movimiento de sus recursos para que se puedan ubicar en actividades más productivas y sofisticadas. Es decir, encontrar las políticas públicas que pudieran permitir que la fuerza de trabajo, el capital invertido y los recursos naturales se utilicen en las actividades económicas que pudieran sacarles mayor provecho.
  • La falta de un estado de derecho eficaz es una limitante para el crecimiento en todo el país. De no contarse con instituciones que otorguen certidumbre en los procesos legales y que otorguen transparencia en sus procesos, será muy difícil lograr el ambiente de negocios necesario para la creación y crecimiento de las empresas.

De no tomarse las acciones necesarias para fomentar el crecimiento regional, el país no llegará a la meta de crecimiento y el bienestar de los mexicanos se seguirá posponiendo.

 

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Quién vigila la radiación del 5G (y cuáles son sus verdaderos riesgos)

Esta nueva tecnología regresa el eterno debate sobre los efectos sobre la salud de las radiaciones electromagnéticas. Estos, sin embargo, son descartados por todas las agencias internacionales.
27 de octubre, 2020
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Seúl

Getty Images
Corea del Sur ya tiene una red 5G en todo el país.

Decenas de antenas, dispositivos bluetooth y cientos de teléfonos móviles nos rodean e irradian cada día. Por no hablar de la telefonía 5G que, al parecer, acabará con la vida en la Tierra. ¡Tanta radiación no puede ser buena!

¿Quién controla los niveles de exposición y los posibles efectos sobre la salud?

Percepción del riesgo

Los campos electromagnéticos están presentes en la naturaleza desde antes de la aparición del ser humano. La luz solar, los rayos cósmicos, las tormentas y la radiación natural terrestre son fuentes de exposición a estos campos.

A mediados de los años 90, se comenzaron a desplegar las redes de antenas de telefonía móvil. Aunque se hacían con estándares técnicos internacionales, que ya tenían en cuenta la protección de la población, no se ofreció la suficiente información al respecto.

A pesar de una reacción rápida por parte de organismos, operadoras y expertos, la percepción de riesgo se instaló entre los ciudadanos. También caló en instituciones, administraciones locales y asociaciones.

Así, se produjo una situación paradigmática. Por un lado, el rechazo a las antenas era un fenómeno global. Por el otro, crecía la demanda universal del servicio.

Ilustracion 5G

Getty Images
La red 5G es mucho más que la mejora de la red 4G.

La OMS parece tenerlo claro

Tanto la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la Unión Europea fueron conscientes a principios de los 2000 de esa carencia y de la necesidad de dar respuesta a una inquietud y percepción social del riesgo asociado a la telefonía móvil.

Aunque esta percepción e inquietud estaban sobredimensionadas.

A pesar de los esfuerzos realizados para informar y tranquilizar a la población, la OMS reconoció en 2006 que “algunas personas consideran probable que la exposición a campos electromagnéticos de radiofrecuencia entrañe riesgos y que éstos puedan ser incluso graves”.

En la revisión de 2014, la OMS aseguraba que “hasta la fecha no se ha confirmado que el uso del teléfono móvil tenga efectos perjudiciales para la salud”.

En otro documento publicado a comienzos de este 2020 sobre el 5G, insiste en que en las últimas décadas no hay estudios científicos que demuestren una relación causal que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

“El calentamiento de tejidos es el principal mecanismo de interacción entre los campos electromagnéticos de radiofrecuencia y el cuerpo humano”.

Ese posible efecto, a los niveles habituales de exposición, es insignificante. Por eso es importante que los niveles se mantengan por debajo de los límites establecidos por agencias internacionales independientes.

Mujer con una tablet.

Getty Images
La OMS ha dicho que no hay estudios científicos que demuestren una relación causal del 5G que pueda hacer temer efectos sobre la salud.

Quién y cómo se establecen los límites de exposición

En 1992 se estableció en Alemania la Comisión Internacional de Protección frente a Radiaciones No Ionizantes (ICNIRP). Esta organización científica, independiente y sin ánimo de lucro, revisa periódicamente y de forma sistemática las evidencias científicas para determinar los niveles a los cuales se producen efectos biológicos.

No solo de los campos electromagnéticos de radiofrecuencia, sino también de otras radiaciones electromagnéticas como la luz visible, los infrarrojos y los ultravioletas que, por encima de ciertos niveles, también pueden resultar muy peligrosos.

Por eso se fijan niveles de seguridad y, por eso mismo, no debemos preocuparnos de la radiación que emite el mando a distancia de nuestra tele. Tampoco del router wifi de nuestra casa o de nuestro teléfono inalámbrico.

El proceso de revisión es abierto y su publicación se realiza en una revista científica tras un proceso de revisión por pares.

Así, una vez se establecen los niveles a los cuales se observan efectos para cada frecuencia, se aplica un factor de precaución o seguridad de 50.

Estos valores son aceptados por la mayor parte de los países occidentales desde hace décadas y se adoptan en las correspondientes legislaciones.

Además, existen otras agencias u organismos que realizan una revisión similar. Por ejemplo el Institute of Electrical and Electronics Engineers (IEEE) y la Food and Drug Administration de Estados Unidos.

Estos tres organismos, en los últimos meses y coincidiendo con el despliegue de la 5G, han revisado y publicado sus guías de límites seguros de exposición humana.

La mano negra de la industria

Que la industria está detrás de todas estas regulaciones e instituciones es un argumento reiterado por los movimientos antiantenas -ahora anti-5G- que parecen acoger toda clase de creencias conspiranoicas con respecto, también, a las mascarillas, las vacunas y la COVID-19.

En realidad han sido la industria y los profesionales del sector los más interesados en garantizar que las radiaciones emitidas por las antenas fueran seguras y que los niveles de potencia estuviesen dentro de los límites permitidos.

Transmisión de eventos deportivos en dos pantallas.

Getty Images
Con la conexión 5G se podrán conectar muchos dispositivos al mismo tiempo.

El Colegio Oficial de Ingenieros de Telecomunicación (COIT), como entidad de derecho público al servicio de la sociedad, fue la primera organización que ya en 2001 elaboró un informe sobre las radiofrecuencias de telefonía móvil.

Con ello se pretendía informar a la ciudadanía y mitigar la inquietud que ya surgía ante el desconocimiento de esta tecnología y la normativa que la regula.

La labor de difusión se centró en ayuntamientos y asociaciones ciudadanas, aunque se ha seguido trabajando durante todos estos años con todo tipo de administraciones e instituciones.

En 2006, se creó el Comité Científico Asesor de Radiofrecuencias y Salud (CCARS), comité independiente compuesto por profesionales de gran prestigio -en campos como la medicina, física, química, biología, ingeniería de telecomunicación y derecho-, que, desde entonces, ha elaborado cinco informes trienales de referencia.

En ellos recogen las evidencias científicas existentes sobre el impacto de los campos electromagnéticos en la salud.

Además, ha publicado numerosos documentos sobre tecnologías concretas -el último sobre 5G-, con el ánimo de informar verazmente a la sociedad, manteniendo siempre el conocimiento científico riguroso como referencia.

Sus informes han tratado siempre de arrojar luz y evitar cualquier tergiversación que de forma interesada se intentara hacer sobre el efecto de estas tecnologías sobre la salud.

Incluidas comparaciones sin fundamento con sustancias, como el tabaco o el alcohol, que la ciencia sí ha demostrado como perniciosas incluso en pequeñas cantidades.

5G

Getty Images
Los verdaderos riesgos de estas tecnologías son los asociados a la dependencia, problemas musculares, malas posturas y al condicionamiento de nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Los verdaderos riesgos para la salud

Decir que los campos electromagnéticos de radiofrecuencia son inocuos es falso si no se acompaña de la frase “a los niveles habituales de exposición”.

Dichos niveles están decenas o centenas de miles de veces por debajo de los de seguridad marcados por ICNIRP.

Es lo que han demostrado numerosos estudios y revisiones sistemáticas de exposición personal en condiciones reales.

Pero hay efectos constatados derivados del uso de dispositivos y que no son consecuencia de las radiaciones que emiten.

Así, se ha demostrado que su uso puede provocar dependencia, problemas musculares, malas posturas y que condicionan nuestras relaciones personales y hábitos saludables.

Dichos efectos, sin embargo, no son denunciados por los movimientos en contra de estas tecnologías.

Ilustración 5G

Getty Images
Hay una proliferación de un cierto “negocio del miedo” vinculado a las nuevas tecnologías.

Negar la evidencia, ¿con qué fin?

Quizá piense que existe cierta controversia científica en este tema.

Habrá oído que “numerosos científicos alertan de los efectos” en cuestionables llamamientos internacionales, algún pseudoinforme como el Bioinitiative o declaración política ajena a la Unión Europea, como la declaración 1815 del Consejo de Europa.

Todos tienen en común su falta de rigor, el establecimiento de límites de forma arbitraria o la extrapolación inadecuada de estudios en animales o de laboratorio sin tener en cuenta las condiciones reales.

En 30 años, no se ha publicado una revisión sistemática o metaanálisis -los estudios con mayor fortaleza en ciencia- que demuestre sus alarmantes augurios y peligros para la salud (efectos sobre el sueño, la concentración, fisiológicos, hipersensibilidad o, incluso, cáncer).

En cambio, sí es constatable la relación de sus promotores con la proliferación de un cierto “negocio del miedo” a partir de datos tergiversados, erróneos y en ningún caso avalados por la evidencia científica.

Y ese negocio que se basa en esos datos afecta tanto a ámbitos como el médico-sanitario, con diagnósticos o prescripciones no fundamentados en el conocimiento médico; el legal, con denuncias insostenibles basadas en opiniones de supuestos expertos, medios de información carentes de credibilidad (webs pseudocientíficas) o, incluso, empresas que ofrecen aparatos y dispositivos de protección completamente innecesarios.

Todo un negocio basado en el miedo y el desconocimiento que sigue alimentando esa falsa percepción de que vivimos radiados al límite.

*Alberto Nájera López es doctor en radiología y medicina física y profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y Juan Carlos López es ingeniero de telecomunicaciones y catedrático de la Universidad de Castilla-La Mancha.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.


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