Un avión de EgyptAir con 66 personas a bordo se estrella cerca de la isla griega de Creta
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Un avión de EgyptAir con 66 personas a bordo se estrella cerca de la isla griega de Creta

El primer ministro de Egipto, Sherif Ismail, dijo que era demasiado pronto para decir si el siniestro del vuelo de EgyptAir fue por un ataque terrorista.
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Por AP
19 de mayo, 2016
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Un vuelo de EgyptAir que cubría la ruta entre París y El Cairo con 66 personas a bordo, entre pasajeros y tripulación, se estrelló el jueves cerca de la isla griega de Creta, según autoridades egipcias y griegas.

El primer ministro de Egipto, Sherif Ismail, dijo que era demasiado pronto para decir si el siniestro estuvo provocado por un problema técnico o un ataque terrorista. “No podemos descartar nada”, dijo a reporteros en el aeropuerto de El Cairo.

La aeronave desapareció de los radares a las 02:45 de la mañana, hora local, cuando volaba a 37,000 pies de altura, apuntó la aerolínea explicando que el Airbus A320 había recorrido 16 kilómetros (10 millas) en el espacio aéreo egipcio. El choque habría ocurrido a 280 kilómetros (175 millas) de la ciudad portuaria de Alejandría, en el norte del país.

Funcionarios egipcios de aviación confirmaron más tarde el siniestro y dijeron que la operación de búsqueda en marcha se centra ahora en encontrar los restos de la aeronave.

La “posibilidad de que el avión se estrellara se ha confirmado” ya que no aterrizó en ninguno de los aeródromos cercanos, señalaron los responsables, que hablaron bajo condición de anonimato porque no estaban autorizados a informar a la presa.

Konstantinos Lintzerakos, director de la Autoridad griega de Aviación Civil, ofreció una descripción similar del suceso a la presentada por EgyptAir. En declaraciones a la televisora privada Antenna, dijo que los controladores aéreos griegos estuvieron en contacto con el piloto, que no informó de problemas, cuando el avión pasó por el espacio aéreo griego a 37,000 pies de altura y a una velocidad de 830 kilómetros por hora (519 mph).

Los controladores intentaron contactar con el piloto a 10 millas de que la aeronave saliera de la Franja griega de Información de Vuelo, pero no obtuvieron respuesta, indicó Lintzerakos. Los controladores siguieron intentando contactar con el piloto hasta las 3:39 de la mañana, hora griega (1239 GMT) cuando el avión desapareció del radar dentro de la zona de información aérea egipcia, 11 kilómetros (7 millas) al sureste de la isla de Creta.

El avión no emitió ninguna señal de alerta antes de desaparecer, dijo el periódico estatal egipcio Al-Ahram citando a un funcionario aeroportuario. Su último contacto con el avión había sido 10 minutos antes, agregó sin identificar al responsable.

Aviones y barcos del ejército egipcio participan en un operativo para localizar los restos de la aeronave en la costa mediterránea del país. A bordo del aparato viajaban 56 personas, entre ellas un niño y dos bebés, y 10 miembros de la tripulación. El piloto acumulaba 6,000 horas de vuelo.

Grecia se unió al operativo de búsqueda con dos aviones, un C-130 y uno de alerta temprana, explicaron funcionarios, agregando que una fragata viajaba hacia la zona del siniestro y hay helicópteros a la espera en la isla de Karpathos, en el sur del país, para participar en una hipotética operación de rescate.

El ministro francés de Exteriores, Jean-Marc Ayrault, ofreció aviones militares y barcos para el operativo que busca los restos.

“Estamos a disposición de las autoridades egipcias con nuestros recursos militares, nuestros barcos para ayudar en la búsqueda de este avión”, dijo el canciller, que habló tras una reunión de emergencia convocada por el presidente del país, François Hollande, en el Palacio del Elíseo.

Más tarde, el ejército francés dijo que entró en la operación de búsqueda con un avión de vigilancia Falcon que estaba en la zona para controlar el flujo migratorio en el Mediterráneo, explicó a The Associated Press el portavoz del cuerpo, el coronel Gilles Jaron. La marina francesa podría enviar otro avión y un barco a la zona, agregó.

Hollande habló con su homólogo egipcio, Abdul Fatá el Sisi, por teléfono y acordaron “cooperar estrechamente para establecer las circunstancias” en las desapareció el avión, según un comunicado emitido desde París.

En El Cairo, El Sisi convocó una reunión de emergencia del Consejo de Seguridad Nacional, el máximo organismo de seguridad del país. En el consejo están el primer ministro y los titulares de Defensa, Exteriores e Interior, así como los jefes de las agencias de inteligencia.

Según los datos ofrecidos por la aerolínea, a bordo del avión iban 15 franceses, 30 egipcios, un británico, dos iraquíes, un kuwaití, un saudí, un sudanés, un chadiano, un portugués, un argelino y un canadiense. Ayrault confirmó la presencia de 15 ciudadanos franceses a bordo.

Unos 15 familiares de pasajeros que iban a bordo de la aeronave desaparecida llegaron al aeropuerto de El Cairo, a dónde también se desplazaron equipos médicos tras las primeras escenas de dolor de los parientes.

En París, familiares de los pasajeros comenzaron a llegar al aeropuerto Charles de Gaulle, en las afueras de la capital, donde sus seres queridos embarcaron con dirección a El Cairo.

Un hombre y una mujer, identificados por personal del aeródromo como parientes de los pasajeros del vuelo, se sentaron en una mesa de información próxima al mostrador de la aerolínea en la terminal 1 del aeropuerto. La mujer lloraba y se tapaba la cara con un pañuelo. La policía se llevó a la pareja del lugar y el personal no habló con los reporteros desplazados hasta allí.

El Airbus A320 es un popular avión de dos motores y un solo pasillo que suele emplearse en vuelos cortos o de media distancia. En la actualidad, casi hay casi 4.000 operativos en todo el mundo. Las versiones que utiliza EgyptAir tienen capacidad para 145 pasajeros.

La ubicuidad del A320 supone que la marca se haya visto implicada en varios accidentes en los últimos años. El último siniestro con víctimas mortales fue el del vuelo 9525 de Germanwings. Sus 150 ocupantes fallecieron cuando uno de los pilotos estrelló el avión de forma intencionada en los Alpes franceses.

El avión se entregó a la aerolínea egipcia en 2003 y había acumulado 48.000 horas de vuelo antes de “perderse” sobre el Mediterráneo, indicó Airbus. El fabricante de aviones europeo apuntó en un comunicado que el consorcio IAE, con sede en Suiza, construyó los motores del aparato, que tenía el número de serie 2088.

El pasado marzo, un avión de EgyptAir fue secuestrado y desviado a Chipre. El autor confeso del secuestro, a quien las autoridades chipriotas describieron como “psicológicamente inestable”, está detenido en la isla.

El incidente renovó las preocupaciones por la seguridad de los vuelos en el país meses después de que un avión de pasajeros rusos explotó en el aire sobre la península del Sinaí. En el incidente, ocurrido el 31 de octubre de 2015, fallecieron las 224 personas que iban a bordo de la aeronave. Moscú dijo que fue derribado por un artefacto explosivo, y una rama local del grupo extremista Estado Islámico reivindicó la autoría del ataque.

En 1999, el vuelo 1990 de EgyptAir se estrelló en el océano Atlántico cerca de la isla de Nantucket, en Massachusetts, matando a sus 217 ocupantes.

Investigadores estadounidenses dijeron en su informe definitivo sobre el siniestro que el copiloto de la aeronave apagó el piloto automático y dirigió el Boeing 767 hacia el mar. Pero autoridades egipcias rechazan la versión del suicidio insistiendo en que el siniestro se debió a problemas mecánicos.

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Afganistán: qué ocurre ahora con la economía del país tras la llegada de los talibanes (y cuál puede ser el papel de China)

Ahora que los talibanes tienen de nuevo el control del país, ¿puede funcionar su sistema financiero?
18 de agosto, 2021
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La economía de Afganistán está “moldeada por la fragilidad y la dependencia de la ayuda internacional”.

Este es el problemático panorama económico que describió el Banco Mundial muchos meses antes de que los talibanes se hicieran otra vez con el control del país, algo que se concretó este fin de semana.

Y con la situación actual, las perspectivas económicas son mucho más precarias, con una nube de incertidumbre que se cierne sobre la asistencia financiera que le llega a este país.

Por una parte, Afganistán tiene recursos minerales, pero la crisis política ha impedido su explotación.

Entiende mejor: Afganistán: cómo surgió el Talibán y otras 5 preguntas clave sobre el grupo islamista

La dependencia económica es llamativa. En 2019, el Banco Mundial mostró que la ayuda para el desarrollo representaba el 22% del ingreso general nacional (que no es lo mismo que el PIB, pero sí muy parecido).

Esta es una cifra muy alta, pero es mucho menor que la de unos 10 años atrás, cuando llegaba al 49%.

Ahora esas ayudas están bajo un manto de duda. La ministra de Relaciones Exteriores de Alemania, Heike Maas, le dijo a las cadenas de su país que “no le vamos a dar otro centavo si los talibanes toman el control del país y reintroducen la ley sharia”.

Otros países que son proveedores de ayuda van a estar mirando la situación muy de cerca.

El mal de la corrupción

La fragilidad a la que se refiere el Banco Mundial se ilustra con los altos gastos en defensa y seguridad antes de que los talibanes retomaran el control: Afganistán dedica el 29% del PIB a estos gastos, una cifra muy superior al 3% promedio que tienen los países de bajos ingresos.

Además de la seguridad y los serios problemas de corrupción, detrás hay otro aspecto crítico persistente en Afganistán: la poca inversión extranjera que hay en el país.

De acuerdo con Naciones Unidas, en los últimos años no se han hecho anuncios sobre nuevas inversiones, por parte de capitales extranjeros iniciando nuevos negocios.

Desde 2014 solo se han contado cuatro inversiones de este tipo.

Pastor de ovejas en Afganistán.

Getty Images
Cerca del 60% del ingreso promedio de los hogares en Afganistán dependen de la agricultura y el campo.

Solo para comparar con dos países del sur de Asia con poblaciones parecidas, en Nepal el número de nuevos negocios con inversión extranjera es 10 veces superior al logrado por Afganistán, y Sri Lanka multiplica por unas 50 veces esa cifra en ese mismo período.

El Banco Mundial describe el sector privado afgano como “estrecho”. El empleo está concentrado en una producción agrícola limitada: el 60% de los ingresos de los hogares en Afganistán vienen de este rubro.

A esto se suma que en el país funciona una enorme economía informal e ilegal. Por ejemplo, hay minería ilegal y, por supuesto, la muy conocida producción de opio y su contrabando asociado.

El tráfico de drogas también es una fuente de financiamiento para los talibanes.

Riqueza mineral

Dicho todo esto, la economía afgana ha crecido desde la invasión en 2001.

Aunque las cifras económicas de Afganistán no son del todo confiables, lo que estas muestran, de acuerdo con el Banco Mundial, es un crecimiento promedio anual del 9% desde 2003 hasta 2013.

Después de ese año, los números del crecimiento caen un poco (que coinciden con la reducciòn de los niveles de ayuda) a un promedio de 2,5% desde 2015 hasta 2020.

Amapolas

EPA
El tráfico de drogas ha sido una importante fuente de ingresos para los talibanes.

Ahora, el país cuenta con abundantes recursos naturales y, en la medida en que mejore la seguridad y reduzca la corrupción, puede ser atractivo para los negocios internacionales.

Se pueden encontrar grandes cantidades disponibles de cobre, cobalto, carbón y hierro. También hay yacimientos de gas y petróleo.

Un material particular destaca sobre otros: el litio, que tiene una alta demanda para la producción de baterías para celulares y vehículos eléctricos.

Y va a ser fundamental para la industria automotriz en su transición hacia un modelo de “emisión cero” de gases contaminantes.

De vuelta en 2010, un general estadounidense le dijo al New York Times que el potencial minero de Afganistán era impresionante. Eso sí, como muchas salvedades.

El diario también reportó que el departamento de Defensa de EE.UU. había dicho en un informe que el país podía convertirse en la “Arabia Saudita del litio”.

Pero a pesar ello, este potencial no está ni cerca de ser explotado. Ni los afganos están cerca de percibir algún beneficio por ello.

Poderes extranjeros

Se han presentado muchos informes que revelan la voluntad de China de tomar parte. El gigante asiático parece tener mejores relaciones con los talibanes que las potencias occidentales, por lo que puede tener una ventaja si el nuevo régimen se mantiene en el poder.

Ahora, lo cierto es que las empresas chinas obtuvieron contratos para desarrollar operaciones de cobre y petróleo, pero no pasó mucho.

Es de esperar que China esté interesada. Las oportunidades están allí y los dos países comparten un corto segmento de frontera.

Pero cualquier empeño chino, ya sea oficial o empresarial, va a necesitar cierta certeza de que tendrá éxito.

Y los chinos se mostrarán reacios a comprometerse a menos que sientan que los problemas de seguridad y corrupción están lo suficientemente resueltos -o al menos, contenidos- como para permitirles extraer cantidades valiosas de estos productos de uso industrial.

Mineros en Afganistàn.

Getty Images
Afganistán posee un gran potencial de explotación de minerales.

Una pregunta clave para cualquier inversionista potencial, de China o de cualquier otro lugar, será si es probable que los talibanes serán más capaces de crear el tipo de entorno que necesita el negocio de lo que lo fue el anterior gobierno afgano.

Otro factor que puede afectar la economía es el empleo de las mujeres. En la última década, el porcentaje de la población femenina de más de 15 años con empleo ha aumentado drásticamente, aunque en 2019 era del 22%, todavía bajo los estándares internacionales.

Bajo control de los talibanes, es probable que este cambio se revierta, lo que podría dañar aún más las perspectivas económicas.

En el futuro inmediato, también existe una gran incertidumbre sobre la estabilidad financiera. En estos días se han visto largas filas de personas que intentan sacar su dinero de los bancos.

El Afghan Islamic Press, con sede en Pakistán, informó que un portavoz talibán ofreció garantías a los propietarios de bancos, cambistas, comerciantes y tenderos de que sus vidas y propiedades estarán protegidas.

Que incluso haya dudas sobre la seguridad física de los operadores financieros es impactante.

Necesitan tener confianza para que funcione el sistema financiero de Afganistán. Pero también se necesita que los clientes sientan que su dinero está seguro y eso seguramente no sucederá pronto.


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