Un estudio irregular de Semarnat dejó sin protección el manglar Tajamar
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Salvemos Manglar Tajamar

Un estudio irregular de Semarnat dejó sin protección el manglar Tajamar

En mayo de 2005, la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales divulgó un estudio oficial en el que detallaba los argumentos técnicos y científicos para justificar la separación de Tajamar.
Salvemos Manglar Tajamar
Por Paris Martínez
19 de mayo, 2016
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En mayo de 2005 las autoridades federales mexicanas presentaron los argumentos científicos que justificaban la creación del área natural protegida Manglares de Nichupté, en Quintana Roo, una reserva ecológica dentro de la cual quedarían resguardados los manglares de la zona, amenazados por la expansión del complejo turístico de Cancún.

En ese momento, sin embargo, ante la opinión pública pasó desapercibido un hecho que, 10 años después, indignaría a la sociedad civil: al establecerse la reserva natural de Nichupté, se había dejado sin protección una franja de 70 hectáreas de manglar que, inmediatamente, fue lotificada y vendida en el mercado inmobiliario.

Esa franja de 70 hectáreas es hoy conocida como manglar Tajamar, zona en donde la Secretaría de Turismo y un grupo de inversionistas privados planean construir ahí un complejo turístico que albergará centros comerciales, auditorio de convenciones, residencias y departamentos particulares, un malecón, una basílica e, incluso, un parque público, para todo lo cual será talado y rellenado el manglar original. Esas obras están detenidas, hasta ahora, sólo por la oposición de la ciudadanía.

Para conocer cuáles fueron los argumentos técnicos y científicos empleados por las autoridades federales, para justificar la separación de Tajamar del resto de los manglares que se convertirían en reserva ecológica, Animal Político solicitó una copia del estudio oficial divulgado en mayo de 2005 por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, en conjunto con la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas. A continuación te presentamos algunas irregularidades detectadas.

1. Generación espontánea

El documento que contiene estos argumentos científicos se denomina “Estudio Previo Justificativo para el Establecimiento del Área Natural Protegida Parque Nacional Manglares de Nichupté”, y en su caráturla va estampado el logotipo tanto de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), como de su área encargada de las reservas naturales, la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp).

En el estudio, sin embargo, se aclara que este documento no fue elaborado por especialistas de ninguna de estas dependencias de gobierno, sino que fue realizado por la “empresa” Ecología y Restauración SC.
Cuando se consultó a Semarnat y a Conanp bajo qué criterios eligieron a esta empresa para que realizara dicho estudio, y bajo qué términos fue contratada, la respuesta fue que “no se localizó documento alguno que acredite que esta dependencia del Ejecutivo Federal haya realizado la contratación” referida.

Según el “memorandum F00.9 DRPYyCMUJR.-036/2016”, escrito en hoja foliada con los logotipos tanto de Semarnat como de Conanp, quien contrató a la empresa Ecología y Restauración SC para elaborar el estudio ambiental no fue, en realidad, ninguna autoridad ambiental, sino “el Fondo Nacional de Fomento al Turismo”.

Este solo hecho representa una violación el artículo 45 del “Reglamento de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente en Materia de Áreas Naturales Protegidas”, según el cual, la única autoridad facultada para realizar o para encargar la realización de estos estudios es, precisamente, la Semarnat, nunca una autoridad turística.

Pese a ello, siguiendo la información proporcionada por autoridades ambientales, se consultó al Fondo Nacional de Fomento al Turismo (que pertenece a la Secretaría de Turismo federal) bajo qué criterios eligió a la empresa Ecología y Restauración, y cuáles fueron los acuerdos establecidos para su contratación; sin embargo, el Fonatur, nuevamente, informó que “no se han realizado contrataciones” con dicha firma.

Fue así como tanto las autoridades turísticas como las ambientales, ambas a nivel federal, negaron la paternidad del “Estudio Previo Justificativo para el Establecimiento del Área Natural Progegida Parque Nacional Manglares de Nichupté”, aunque sí respaldan sus resultados.

Tampoco proporcionaron alguna explicación oficial sobre la forma en que ese estudio llegó a manos de las autoridades federales, o cómo se verificaron sus resultados.

No obstante, en 2008, usando como base dicho “estudio”, el entonces presidente Felipe Calderón decretó la creación del área natural protegida Manglares de Nichupté, dejando a Tajamar a merced del mercado inmobiliario, .

2.- Empresa fantasma

Aunque la empresa Ecología y Restauración SC elaboró el estudio gubernamental sobre los manglares de Nichupté, esta firma no ha sido proveedora autorizada del gobierno federal, al menos de 2002 a la fecha, tal como revelan los registros de prestadores de bienes y servicios que ha contratado el gobierno desde entonces, y que pueden consultarse a través del sistema Compranet, de la Secretaría de la Función Pública.

Por esta misma razón, en las bases de datos del gobierno no existen registros sobre la dirección, teléfono o nombre de algún responsable de esta empresa, que permitan verificar su existencia.

En el estudio de Semarnat-Conanp sobre los manglares de Nichupté, la empresa Ecología y Restauración SC se presenta, también, como ECO RED, y afirma haber realizado en el año 2000 el proyecto de restauración de las Laguna de Bojórquez, también en Cancún.

A través de una búsqueda en internet, pudo localizarse una empresa denominada Ecología y Restauración SC, sin embargo, no cuenta con oficinas y el número telefónico que se proporciona es, en realidad, el de un domicilio particular ubicado en el Estado de México, en el que negaron cualquier vínculo con esta empresa.

También a través de internet, se localizó una segunda firma denominada ECO RED SA de CV (segundo nombre usado por Ecología y Restauración SC, en el estudio de Semarnat), que se atribuye la restauración ambiental de la misma Laguna Bojórquez.

Ante esta coincidencia, Animal Político se comunicó con ECO RED SA de CV para saber si se trata de la misma empresa que elaboró el estudio gubernamental sobre los manglares de Nichupté, sin embargo, no se obtuvo ninguna respuesta.

Cabe destacar que, al igual que Ecología y Restauración SC, la empresa ECO RED SA de CV tampoco es proveedor autorizado del gobierno, no cuenta con oficinas, ni con teléfono de atención al público.

3.- Errores técnicos

Según el artículo 45 del “Reglamento de la Ley General de Equilibrio Ecológico y Protección al Ambiente en Materia de Áreas Naturales Protegidas”, un requisito obligatorio para el establecimiento de cualquier reserva natural es que antes se realice un “estudio previo justificativo”, que fundamente “el tipo de área natural protegida que se pretenda declarar”.

Pero en el caso de Nichupté, este apartado legal no fue respetado.

Como ya se mencionó, esta reserva natural recibió la categoría de “Área de Protección de Flora y Fauna” en 2008, sin embargo, el estudio realizado no justifica dicho estatus, sino que, como señala su mismo título, contiene argumentos técnicos para crear un “Parque Nacional”.

Este mismo Reglamento obliga a que el estudio realizado contemple las “razones que justifiquen el régimen de protección” asignado al área natural, sin embargo, el documento presentado por Semarnat-Conanp no establece ninguna razón para crear un “parea de protección de flora y fauna”.

Así, en los hechos, las autoridades federales nunca cumplieron con el requisito de presentar un estudio acorde con la figura legal que finalmente fue asignada a la reserva ecológica de Nichupté.

La diferencia entre ambas categorías es amplia: mientras que en un área de protección de flora y fauna está permitida la explotación comercial de los recursos naturales, en un parque nacional está prohibida toda actividad productiva, ya sea el turismo o la explotación económica de recursos naturales.

Por otra parte, el mismo Reglamento establece que, independientemente de la categoría que se pretenda asignar a una reserva ecológica, los estudios previos justificativos deben señalar el “estado de conservación de los ecosistemas” de la zona.

Según la misma Ley General de Equilibrio Ecológico, es el grado de conservación o deterioro lo que define si si un área natural puede ser declarada reserva ecológica o no. Por lo tanto, para exlcuir a Tajamar del resto de la zona protegida, debían presentarse pruebas científicas de que el deterioro de esa franja había anulado su condición de manglar.

No obstante, el estudio de Semarnat-Conanp –elaborado por Ecología y Restauración SC– no establece cuál es el estado de conservación de la parte del manglar Nichupté que hoy se conoce como Tajamar y, por lo tanto, tampoco aporta elementos técnicos o científicos que justificaran excluir esa franja de manglar del resto de la zona protegida.

Por el contrario, imágenes satelitales de la región evidencian que el manglar de Tajamar se mantuvo en buen estado de conservación al menos hasta 2010, cuando comenzó el “desmonte” del manglar, con autorización de Semarnat.

Esas imágenes prueban que, para 2008, Tajamar era una sección sana del manglar Nichupté, y que no existían razones científicas para excluirlo de la reserva ecológica.
A continuación, te presentamos de forma íntegra el estudio previo justificativo de Nichupté, elaborado por Ecología y Restauración SC, proporcionado a Animal Político por la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, de la Semarnat.

Estudio Previo Justificativo para el Establecimiento del Área Natural Protegida Parque Nacional Manglares d…

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Prueba del coronavirus: para qué sirven y para qué no los distintos tests de la covid-19

Existen multitud de pruebas para saber si estamos infectados de coronavirus o lo hemos estado en el pasado. ¿Para qué sirve cada una? ¿Qué información nos dan?
26 de noviembre, 2020
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Conforme avanza la pandemia la población se va anegando en una terminología médica que hace menos de un año desconocía.

Los términos anticuerpo, antígeno y PCR son ya habituales en las conversaciones, aunque muchas veces no se tenga clara la utilidad y la repercusión de cada uno de ellos en la salud individual y colectiva.

La introducción reciente de nuevas pruebas diagnósticas como la prueba de detección de antígenos, más fiable ahora que al inicio de la pandemia, ha hecho que se amplíe el número de herramientas disponibles para la detección de infecciones por SARS-CoV-2.

Con ello, aumenta la necesidad de disponer de guías que ayuden a decidir qué prueba se debe realizar en cada caso particular y cómo interpretar sus resultados.

Entornos diferentes necesitan pruebas diferentes

Son muchas las situaciones en las que es necesario aplicar pruebas diagnósticas pero, en líneas generales, podemos plantear los siguientes escenarios:

  • El cribado masivo de la población asintomática.
  • El cribado de la población de alto riesgo (por ejemplo, en residencias de la tercera edad y a personal sanitario).
  • La investigación de los contactos estrechos que ha tenido una persona infectada.
  • El diagnóstico clínico de una persona sintomática.
  • El seguimiento de la severidad de la enfermedad una vez diagnosticada o de la duración de la infectividad del paciente.
  • El estudio serológico poblacional de infecciones pasadas.

Hasta la fecha ninguna prueba diagnóstica cumple los requerimientos para ser aplicada con fiabilidad en todos y cada uno de estos escenarios.

Esta situación ha generado mucha confusión en la interpretación de los resultados obtenidos por las distintas pruebas en cada uno de estos escenarios. No solo entre la población sino a veces entre los propios sanitarios.

Cada prueba, con sus limitaciones, puede tener utilidad en un entorno concreto y es necesario conocerlas para poder tomar las decisiones clínicas oportunas en función de sus resultados.

En la siguiente tabla se muestra un resumen de las situaciones clínicas donde se puede aplicar cada prueba y cuáles, dentro de las aplicaciones recomendadas, son aquellas situaciones donde hay más probabilidad de que se obtenga un falso positivo (un positivo en personas no infectadas) o un falso negativo (un negativo en personas que sí están infectadas).

Todo esto asumiendo que no ha habido errores en la toma de muestras, su transporte y el procesado preanalítico.

Pruebas que detectan infección pasada o en fases finales

Las pruebas serológicas consisten en la detección de anticuerpos (IgM, que indica infección resolviéndose, e IgG, que indica infección pasada). Pueden ser útiles en las encuestas epidemiológicas a nivel poblacional en las que se quiere evaluar la prevalencia de personas que han estado en contacto con el virus.

En concreto, los anticuerpos IgM aparecen a los 6-7 días del inicio de la infección y se detecta mayor positividad a los 15 días. Alrededor del día 20 desde el inicio de los síntomas ya no se detectan.

Los anticuerpos IgG aparecen aproximadamente a los 15 días del inicio de la infección y confieren probable inmunidad (aunque en la actualidad se desconoce por cuánto tiempo).

Este es el caso de las encuestas de seroprevalencia realizadas en España desde el Instituto de Salud Carlos III y en las que se pudo conocer la prevalencia y características de la población que se había contagiado durante la primera ola de la pandemia, a través de la medición de los anticuerpos IgG .

Tubo con muestra para prueba molecular de covid-19

Getty Images
Si te has hecho la prueba contra el covid-19, ¿sabes qué tipo de análisis te has hecho?

Sin embargo, estas pruebas tienen un uso muy limitado (si es que tienen alguno) en la evaluación de la infección activa, a pesar de que con este fin se estén aplicando erróneamente en algunas comunidades autónomas y en otros ámbitos.

Además, tienen importantes limitaciones, especialmente las relacionadas con la presencia de resultados falsos positivos por su reacción cruzada con otros virus.

Existen diferentes técnicas para la determinación de anticuerpos: ELISA (Enzima-Inmunoensayo) y CLIA (Quimio-luminiscencia) (pruebas de referencia para la determinación de anticuerpos) e inmunocromatografía (o también llamada prueba rápida).

Los resultados de las pruebas de ELISA/CLIA son cuantitativos. Es decir, se indica el título (o número) de anticuerpos presentes.

Por otra parte, los resultados de las pruebas rápidas son cualitativos (presencia o ausencia de anticuerpos).

La sensibilidad y especificidad es mayor en las pruebas de ELISA y CLIA que en las pruebas rápidas. No obstante, dada la facilidad de realización de las pruebas rápidas (muestra de sangre capilar frente a suero o plasma y menor complejidad en su realización), se ha extendido su uso, sobre todo en laboratorios privados, a pesar de la mayor probabilidad de resultados falsos negativos y positivos.

Pruebas que detectan infección activa

Entre las pruebas para detectar la presencia del virus, el uso de la PCR -que detecta el genoma viral- se ha establecido como la prueba de oro para la detección de infección activa.

Entre sus limitaciones, además de la complejidad en términos de equipamientos de laboratorio, coste y tiempo, hay que destacar los falsos negativos que pueden depender del inicio de los síntomas o la carga viral, así como falsos positivos en función de las características del entorno en que se realizan y la dinámica temporal de la infección.

En general, en personas con baja probabilidad de estar infectadas (como ocurre en los cribados de población general) aumenta la probabilidad de obtener falsos positivos.

Por otro lado, un resultado positivo semanas después de la aparición de los síntomas puede ser debido a la detección de fragmentos no viables del virus en personas que ya no tienen capacidad infecciosa.

Dentro de esta categoría de pruebas infección activa se encuentran las nuevas pruebas de detección de antígenos que se consideran “rápidas y baratas”.

Detectan la presencia de proteínas virales de SARS-CoV-2 y tienen las ventajas de dar resultados en 15-30 minutos y poderse realizar fuera del ámbito del laboratorio clínico, en el ámbito cercano al paciente.

Su recibimiento por parte de la población y la clase política ha sido entusiasta.

No obstante, su sensibilidad (especialmente en poblaciones asintomáticas) es menor a la de la PCR, con una mayor tasa de falsos negativos, por lo que un resultado negativo en alguien con sospecha de estar infectado necesita confirmación con una determinación por PCR.

Raspado nasal para aplicar una prueba molecular de covid-19 a un paciente.

Getty Images
La prueba molecular se aplica sobre muestras del tracto respiratorio del paciente.

La OMS y el ECDC han recomendado su uso en ámbitos donde no es posible realizar la PCR o se necesita un resultado rápido para la toma de decisiones clínicas (aislamiento, hospitalización, inicio de tratamiento específico, etc.), aun señalando que deben realizarse dentro de los 5 días desde el comienzo de los síntomas.

Estas pruebas no se aconsejan para la detección de personas infectadas entre los casos asintomáticos, ya que su rendimiento diagnóstico en esta población es bajo.

Los estudios en estas poblaciones en nuestro país (España) sitúan su sensibilidad entre el 45% y 57% (un estudio que la eleva hasta al 79%, pero en una población con una prevalencia de enfermedad muy alta).

En el caso de los niños sintomáticos, con una sensibilidad en torno al 62 %, también podría ser preferible la PCR.

Pruebas en farmacias y administradas por los propios pacientes

Algunas pruebas de infección pasada (anticuerpos) se han empezado a comercializar en las farmacias comunitarias para su uso por los propios pacientes tras prescripción médica.

Igualmente, algunas Comunidades Autónomas -regiones en España- y colegios farmacéuticos han abierto el debate sobre la realización de pruebas de antígenos en las farmacias comunitarias.

Una práctica que ya se da en países como Francia, un país con un sistema sanitario muy diferente al español.

En el Sistema Nacional de Salud español (no tanto en las aseguradoras privadas) las pruebas de antígenos están disponibles en los centros de atención primaria y hay que evaluar cuidadosamente la necesidad de remitir a las farmacias comunitarias una prueba que puede hacerse inmediatamente en el propio centro.

No obstante, en la situación tan excepcional que estamos viviendo, y con la necesidad de ampliar la capacidad de detección del virus, son iniciativas a evaluar.

Pese a las discusiones en los medios sobre las competencias de cada profesión y el lugar de realización de las pruebas, el problema importante se debe centrar en el hecho de que una prueba diagnóstica exige una interpretación rigurosa de sus resultados en función de la situación clínica del paciente o la persona en que se realiza.

Esto es lo que se debe asegurar en cada caso.

El hecho de que una prueba pueda dar falsos positivos y negativos no significa que no sea útil, sino que debe ser realizada en el entorno en el que es más útil y ser interpretada teniendo en cuenta la información clínica del paciente y la prevalencia de la infección en el ámbito de actuación.

Por tanto, las iniciativas en las que es el propio paciente el que recoge el test de anticuerpos en la farmacia para hacerlo en su casa puede llevar a múltiples situaciones confusas.

Estas suponen un riesgo tanto para la salud individual como para la colectiva.

Interpretación apropiada de pruebas imperfectas

Buena parte del lío en torno a las pruebas de covid-19 deriva de la confusión entre asintomáticos y presintomáticos, del valor informativo de cada prueba en la dinámica temporal de la infección y del falso discurso de “cuantas más, mejor”.

Al mismo tiempo se olvida que, como en cualquier otra enfermedad, la medicina científica exige el uso de la prueba adecuada, en la persona adecuada y en el momento adecuado.

Más allá de la confusión, el uso de pruebas diagnósticas de covid-19 requiere no olvidar algunas reglas de extrema importancia:

  • Las personas con síntomas o que sean contacto estrecho de caso de covid-19, aunque sean asintomáticas, deben ser aisladas y controladas por los servicios de atención sanitaria. Todo esto aunque los resultados de sus pruebas, sean cuales sean, den negativo.
  • Un resultado negativo de una prueba de antígenos (o una PCR) no excluye el desarrollo de enfermedad o la posibilidad de contagiar (especialmente en los días inmediatamente siguientes). Tampoco permite relajar ninguna medida de distanciamiento social (mascarillas, distancia, aforos, etc.).
  • Una prueba de anticuerpos positiva no es un pasaporte biológico. No garantiza que una persona concreta haya pasado la infección o que no la pueda volver a contraer, sobre todo si se ha llevado a cabo mediante test rápidos.

* Blanca Lumbreras es catedrática de medicina preventiva y salud pública de la Universidad Miguel Hernández y Salvador Peiró es investigador de Fisabio Salud Pública.

Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes ver la versión original aquí.


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