Amenazados y sin medicinas: así trabajan los médicos que harán paro laboral el 22 de junio
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Cuartoscuro · Gráficos: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Amenazados y sin medicinas: así trabajan los médicos que harán paro laboral el 22 de junio

Personal médico agrupado en torno al movimiento 'Yosoymédico17' convocó para este 22 de junio un paro nacional de labores en más de 70 ciudades. Además de expresar su rechazo a la reforma sanitaria del Ejecutivo, denuncian agresiones y condiciones laborales precarias.
Cuartoscuro · Gráficos: Omar Bobadilla (@obobadilla)
Por Manu Ureste
21 de junio, 2016
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En México, la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED) recibe un promedio 17 mil inconformidades de pacientes al año -47 al día-. Mientras que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) recabó en los últimos tres años más de 8 mil quejas por malas prácticas médicas contra el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el ISSSTE y la Secretaría de Salud.

Sin embargo, ‘Yosoymédico17’ -movimiento que aglutina entre otras especialidades a doctores, pediatras, cirujanos, anestesiólogos y personal de enfermería, y que convocó un paro nacional de labores para este miércoles 22 de junio- sostiene que muchas de esas miles de quejas no son siempre responsabilidad del médico, sino que éstas obedecen a tres claves: el mal estado de los hospitales; la falta de insumos básicos; y las agresiones y amenazas que reciben tanto de pacientes, como de la delincuencia.

Animal Político documentó las historias de médicos que sufrieron intentos de linchamiento, amenazas del crimen organizado, y las agresiones de pacientes inconformes con la calidad de un servicio que, al menos sobre el papel, debería ser de calidad y gratuito.

1.- ¡Asesinos, matagentes!

Cuando aquel mediodía del 6 de octubre de 2015 Martha vio que el lazo de una horca pendía de lo alto de una viga, la idea de que entregaran a su familia su cadáver carbonizado la estremeció.

-¡Asesinos, matagentes! –clamaba la turba enfurecida.

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Martha, quien pide que se proteja su verdadera identidad, cuenta que a su alrededor todo era violencia porque los pobladores de Teopisca, una comunidad indígena de Chiapas, la culparon junto con el resto de integrantes del Hospital Básico Comunitario de la muerte de una niña de cuatro años.

-Ya tenían la horca preparada –recuerda la enfermera con voz trémula, ocho meses después-. Hasta los niños gritaban que nos empezaran a colgar uno por uno y que luego nos quemaran vivos.

Y para ser francos, dice a continuación Martha, no dudó que aquellas personas fueran capaces de cumplir con la amenaza. De hecho, tenía muy fresca en la memoria la nota que tan sólo unos días antes ocupó las portadas de los tenderetes de periódicos locales, en la que se informaba del linchamiento de dos asaltantes en el municipio vecino de Chamula, quienes fueron quemados públicamente en una improvisada hoguera.

Tras mostrarles la soga que se balanceaba inquieta desde lo alto de la fachada del hospital, la enfermera señal que la muchedumbre metió de nuevo a todo el personal médico al patio del inmueble. Allí los retuvo durante horas sin comer ni beber, soportando la aplastante humedad chiapaneca, el sol implacable y las fuertes lluvias, hasta que en la noche los llevaron a la cárcel del pueblo.

-Los indígenas nos hicieron caminar descalzos para humillarnos. Y ya una vez en la cárcel, rociaron todo a nuestro alrededor con gasolina –denuncia Martha, quien asegura que aún la persiguen en sus pensamientos aquellas “caras de odio” que la amenazan con prenderle fuego.

Finalmente, la tortura psicológica contra los médicos concluyó de madrugada, luego de que sus familiares presionaran a las autoridades locales y éstas consiguieron sacarlos furtivamente del pueblo y ponerlos a resguardo.

Ahora Martha respira hondo, aliviada.

Hace meses que está ‘exiliada’ en su propia tierra, dice. Aunque las amenazas de muerte no consiguieron detenerla y continúa trabajando en otro centro médico.

-No lo puedo dejar, quiero demasiado este trabajo –contesta al reportero que le pregunta por qué continúa ejerciendo su profesión.

No obstante, la enfermera advierte de inmediato que sólo con la vocación es muy difícil sacar adelante a los pacientes y soportar además sus reacciones violentas por la mala atención.

Por ejemplo, en el caso de la niña de cuatro años que falleció y que detonó la ira de los pobladores de Teopisca –según medios locales, los padres denunciaron que se aplicó indebidamente una inyección a la menor-, Martha jura que se hizo “todo lo humanamente posible” para salvarla. Y eso –recalca-, a pesar de las malas condiciones del Hospital Básico; mismo que en abril de 2013 ya vivió una situación similar, cuando dos pasantes de Medicina junto con otras 30 personas fueron retenidas durante más de seis horas por pobladores que exigían una mejor atención médica.

-La niña ya venía muy mal y no teníamos los medicamentos adecuados. No había casi oxígeno y además los gorgoteadores para hidratar los pulmones de los pacientes no servían porque no se les había dado mantenimiento –expone la enfermera.

Incluso, durante su estancia en el Hospital Básico (de quién de Teopisca, Martha dice que era común que se cooperaran entre el personal médico “para comprar medicinas tan básicas como vitaminas para niños con desnutrición, o para la gasolina de la ambulancia”.

Y es cierto, admite la enfermera. Las quejas se cuentan por miles tal y como lo apunta la CONAMED en su Informe estadístico anual sobre laudos concluidos 2014, en el que detalla que al año recibe un promedio de 12 mil inconformidades de pacientes, de las cuales dos mil acabaron en una queja médica con expediente abierto. Mientras que la CNDH informó a Animal Político que de enero de 2013 a mayo de 2016 recibió 8 mil 498 quejas contra personal de instituciones públicas de salud –aunque sólo 19 acabaron en recomendaciones-, siendo el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) el que más acumula con el 72% de las quejas.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

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Sin embargo, a pesar de este panorama, la chiapaneca cree que muchas de esas quejas se podrían evitar si mejoraran las condiciones de trabajo de los médicos en el país. Por eso, “para generar conciencia”, la enfermera asegura que participará en el paro de labores que el movimiento ‘Yosoymédico17’ convocó para mañana 22 de junio en 78 ciudades de diferentes estados de la República, como Chiapas, Campache, Oaxaca, Veracruz, Ciudad de México, Edomex, Jalisco, o Nuevo León.

-Queremos que los pacientes sepan que la culpa de la mala atención no es siempre de los médicos –subraya la enfermera-. El problema es que muchas veces no tenemos ni lo más mínimo para poder ayudarles.

2.- “Si se muere mi primo, todos ustedes también se mueren”

Ernesto relata que aquella noche de 2013 acababa de entrar a su turno en el área de urgencias pediátricas de un hospital de Guadalajara, en Jalisco, cuando la puerta de su consultorio salió volando literalmente de una patada.

-¡Atiendan a mi primo, cabrones! –bramó una voz de muchacho-. Y más vale que no se les muera, porque si no todos ustedes se mueren junto con él.

Sin tiempo para tragar saliva, Ernesto vio “a cámara lenta” cómo dos jóvenes entraron a la habitación cargando a un hombre “de entre 35 y 40 años de edad”, que traía toda la camisa blanca empapada de sangre.

Tras varios segundos, el pediatra reaccionó.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Se acercó al paciente, le dio un vistazo, y comprobó con un escalofrío que no era necesaria una especialidad médica para atinarle el diagnóstico: herida de bala en la cabeza.

-La verdad, no sé de dónde saqué el temple para pedirle a los dos chavos que se calmaran, que me ayudaran a subir a su primo a la camilla, y para decirles que salieran de la sala porque estaban aterrorizando a todo el personal médico y a todos los papás que estaban allí con sus hijos –recuerda Ernesto, quien también pide que se proteja su identidad.

Pero los dos tipos seguían muy alterados. Hablaban con su primo, quien a pesar del balazo seguía consciente y les pedía que cuidaran mucho de su hijo, y uno de ellos se llevó al pediatra a un costado de la habitación.

-¿Cuánto ocupas, pues? –le preguntó-. Orita mismo te forramos de dinero para que salves a mi primo.

Como respuesta, Ernesto le insistió en que tienen que salir de la sala si querían ayudar a su primo. Y al fin, los jóvenes accedieron. Abandonaron el cuarto y se reunieron con otros compañeros que custodiaban a bordo de motos y coches la puerta del hospital, al que no dejaban entrar ni salir a nadie.

Al fin, el médico respiró. Se puso los guantes para inspeccionar al herido, pero pronto se dio cuenta que los doctores y el personal de enfermería estaban escondidos debajo de las camillas y en el cuarto de medicamentos.

-¡Ayúdenme aquí, por favor! –gritó a sus compañeros, quienes después de cerciorarse de que los dos jóvenes se habían marchado, comenzaron a salir poco a poco.

Una vez que el paciente entró al quirófano, el pediatra abandonó la sala de operaciones para dejar trabajar a sus compañeros, y se sentó en una silla para comenzar a masticar en silencio lo sucedido.

Entonces, otra puerta se abrió y por ella apareció una compañera médico que sin mediar palabra se acercó a él para abrazarlo.

-Doctor –le dijo llorando-, pensé que nos iban a matar a todos.

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Tres años después de lo sucedido, Ernesto explica que va a participar en el paro nacional porque lo que vivió aquella noche “no fue un hecho aislado”. Al contrario, aunque la Secretaría de Salud federal dijo a este medio que no cuenta con “datos duros” sobre agresiones, y que hasta el día de ayer no tenían notificación alguna sobre la convocatoria del paro de labores, los medios de comunicación reportan con frecuencia hechos violentos contra personal médico.

De hecho, tan solo en un recuento de notas informativas que el movimiento proporcionó a Animal Político, ‘Yosoymédico17’ documentó 26 agresiones a médicos de 2014 a junio de 2015, entre un amplio abanico de secuestros, homicidios y extorsiones, que tuvieron lugar en varios puntos de la República, como Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas, Jalisco o Guerrero.

Sin embargo, doctores como Ernesto aseguran que la “cifra negra” de agresiones es mucho mayor.

3.- “¿Salud Universal? Pero si no tenemos ni paracetamol”

Alicia ríe con desgana al otro lado del hilo telefónico y responde que no, que en la facultad de Medicina nadie te enseña a soportar lo que ella vivió durante 10 meses como pasante al frente de un centro del Seguro Popular, en una comunidad rural del Estado de México.

Aunque admite que muy al principio las cosas no comenzaron tan mal: tenía jornadas maratónicas, es cierto –entraba a las siete de la mañana y salía hasta las ocho de la tarde, cuando su turno era de ocho a cuatro-, y atendía a un promedio de hasta 80 pacientes con la única ayuda de una enfermera pasante. Pero hasta cierto punto, dice, era lo que se imaginaba.

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Lo que no pensó es lo que sucedería poco después, cuando los medicamentos comenzaron a escasear hasta el punto de no tener “absolutamente nada” que ofrecer a la enorme fila que comenzaba a arremolinarse en el consultorio a las cuatro de la mañana.

-Un día, mi coordinador me marcó para preguntarme si no había llegado nadie a ponerse agresivo conmigo –cuenta la doctora, quien a pesar de que le extrañó la pregunta contestó que al margen de “algunos reclamos fuertes” no había tenido problemas.

Hasta que días después, la mujer policía que cuida el centro le insistió para acompañarla hasta su casa.

Extrañada, Alicia le preguntó el motivo de tanta atención.

-Ay doctora, usted debe tener mucho cuidado aquí –cuenta Alicia que le advirtió la uniformada, quien además le informó que los dos médicos que estuvieron antes que ella fueron agredidos a golpes por los pobladores insatisfechos por el servicio-. ¿No le dijo nada el coordinador? El otro día le hablaron para decirle que la cuidara, porque si no usted iba a aparecer con un tiro en el centro de salud.

Alarmada, Alicia fue a la junta de médicos pasantes y pidió que la cambiaran de centro. Sin embargo, como respuesta de sus superiores sólo obtuvo un desdeñoso: “No te preocupes, seguro que fue una broma”.

Pero la doctora no se lo tomó a broma. Sobretodo, porque como advierte ‘Yosoymédico17’, los pasantes “son el grupo más vulnerable a las agresiones”. Y así los apunta también el estudio ‘Agresiones hacia los médicos durante el servicio social’ que presentó en 2015 la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, en el que se destaca que 7 de cada 10 pasantes encuestados dijeron haber sufrido agresiones físicas, amenazas o insultos, especialmente durante el turno nocturno de urgencias.

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A pesar de todo, Alicia cuenta que continua trabajando porque su vocación así se lo demanda. Y aunque subraya que no justifica que nadie se comporte agresivo, admite que entiende que los pacientes, a quienes las publicidades gubernamentales les prometen una atención médica de calidad y gratuita, se sientan estafados cuando ven las farmacias vacías.

-Les dan muy mala información cuando sacan su Seguro Popular. Se lo pintan todo muy bonito; les dicen que van a tener medicina gratis y que se les garantiza la atención. Pero la realidad es que estamos muy lejos de esa promesa –critica.

Por eso, dice, está en contra de la reforma que propuso Peña Nieto en 2013 como uno de sus pilares de campaña –y que aún no ha entrado en vigor-, la cual plantea un sistema de salud universal en el que cualquier paciente mexicano pueda ser atendido en hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del ISSSTE, así como en hospitales de la Secretaría de Salud.

-Esa es otra idea tonta con la que engañan a la gente. Porque, ¿cómo vamos a tener un sistema de salud universal, si en los consultorios no hay ni paracetamol para atender una simple gripa? –cuestiona Alicia, que concluye-. Antes de llenarse la boca prometiendo cosas, deberían ir a uno de estos centros del Seguro Popular, ver la problemática real, y después proponer algo bien estructurado. 

Ante los señalamientos de los testimonios, Animal Político buscó la versión oficial de la Secretaría de Salud, pero al momento de publicar esta nota, no emitió respuesta.

 

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#YoSoyAnimal

Cómo tu personalidad cambia a medida que cumples años

Por mucho tiempo se ha pensado que nuestra personalidad se fija, aproximadamente, para cuando alcanzamos los 30 años de edad. Investigaciones recientes revelan que no es así.
1 de febrero, 2021
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“Señor presidente, quiero plantearle un tema que creo que ha estado rondando durante dos o tres semanas y presentarlo específicamente en términos de seguridad nacional… “, dijo el periodista Henry Trewhitt, mientras miraba fija y seriamente al presidente estadounidense Ronald Reagan.

Era octubre de 1984, y Reagan estaba en el circuito de debates, luchando por permanecer en el cargo por un segundo mandato.

Unas semanas antes había tenido un mal desempeño frente a su rival principal. Entonces se rumoreaba que, a los 73 años, simplemente era demasiado mayor para el trabajo.

En ese momento, Reagan ya era el presidente más mayor en la historia de Estados Unidos, un récord que ha sido superado por Donald Trump (74) y ahora por el actual presidente Joe Biden, de 78 años.

Trewhitt quería saber si Reagan tenía alguna duda de si podría funcionar en circunstancias estresantes.

“No, ninguna, Trehwitt”, respondió Reagan, conteniendo una sonrisa.

Expresidente de EE.UU. Ronald Reagan en 1984

Getty Images
En 1984, Reagan era el presidente de mayor edad que había gobernado EE.UU. hasta la fecha.

“Y quiero que sepa que tampoco voy a convertir la edad en un tema de esta campaña. No voy a explotar, con fines políticos, la juventud y la inexperiencia de mi oponente”.

Su respuesta fue recibida con risas estridentes y aplausos, que precedieron a una victoria aplastante en las elecciones.

La broma de Reagan, sin embargo, contenía más verdad de lo que sabía entonces.

No solo tenía la experiencia de su lado, también tenía una “personalidad madura”.

Cambio misterioso

Todos estamos familiarizados con la transformación física que conlleva el envejecimiento: la piel pierde su elasticidad, las encías retroceden, nuestra nariz crece, los pelos brotan en lugares peculiares -a la vez que desaparecen por completo de otras partes- y esos preciosos centímetros de altura a los que nos aferramos comienzan a desaparecer.

Ahora, después de décadas de investigación sobre los efectos del envejecimiento, los científicos han comenzado a descubrir cambios más misteriosos.

“La conclusión es exactamente esta: que no somos la misma persona durante toda nuestra vida“, señala René Mõttus, psicólogo de la Universidad de Edimburgo.

Mujer mayor disfrutando de una piscina de agua caliente.

Getty Images
Si bien nuestras personalidades cambian constantemente, lo hacen en relación a quienes nos rodean.

A la mayoría de nosotros nos gustaría pensar en nuestra personalidad como algo relativamente estable a lo largo de nuestra vida. Pero diversas investigaciones sugieren que este no es el caso.

Nuestros rasgos cambian constantemente, y para cuando entramos en la década de los 70 y 80 años, hemos experimentado una transformación significativa.

La modificación gradual de nuestra personalidad tiene algunas ventajas sorprendentes. Nos volvemos más conscientes, agradables y menos neuróticos.

Los niveles de los rasgos de personalidad de la llamada “Tríada Oscura” -el maquiavelismo, el narcisismo y la psicopatía- también tienden a disminuir, y con ellos, nuestro riesgo de caer en comportamientos antisociales como el crimen y el abuso de sustancias.

Las investigaciones han demostrado que nos convertimos en personas más altruistas y confiadas. Nuestra fuerza de voluntad aumenta y desarrollamos un mejor sentido del humor.

Finalmente, los adultos mayores tienen más control sobre sus emociones.

Es sin duda una combinación ganadora, y una que indica que el estereotipo de que las personas mayores son gruñonas y cascarrabias necesita ser revisada.

Nuestras personalidades son fluidas y maleables

Lejos de asentarse en la infancia, o alrededor de los 30 años -como pensó la comunidad científica durante años-, parece que nuestras personalidades son fluidas y maleables.

“Las personas se vuelven más agradables y más adaptadas socialmente”, dice Mõttus.

“Son cada vez más capaces de equilibrar sus propias expectativas de vida con las demandas de la sociedad”.

Los psicólogos llaman al proceso de cambio que ocurre a medida que envejecemos “maduración de la personalidad”.

Mujer mayor

Getty Images
Aquellos con mayor autocontrol serán probablemente más saludables de mayores.

Es un cambio gradual e imperceptible que comienza en nuestra adolescencia y continúa al menos hasta nuestra octava década en el planeta.

Curiosamente, parece ser universal: la tendencia se observa en todas las culturas humanas, desde Guatemala hasta India.

“Generalmente es controvertido hacer juicios de valor sobre estos cambios de personalidad”, dice Rodica Damian, psicóloga social de la Universidad de Houston, en Estados Unidos.

“Pero al mismo tiempo, tenemos evidencia de que son beneficiosos”.

Por ejemplo, la falta de estabilidad emocional se ha relacionado con problemas de salud mental, tasas de mortalidad más altas y divorcios.

Entretanto, Damian explica que la pareja de alguien con un grado elevado de conciencia probablemente sea más feliz, porque es más probable que estas personas laven los platos a tiempo y sean menos propensos a engañar a su pareja.

Un lado más estable de nuestra personalidad

Resulta que, si bien nuestra personalidad cambia en cierta dirección a medida que envejecemos, lo que somos en relación con otras personas del mismo grupo de edad tiende a permanecer bastante estable.

Por ejemplo, es probable que el nivel de neurosis de una persona vaya bajando en general, pero los niños de 11 años más neuróticos siguen siendo, en general, los ancianos de 81 años más neuróticos.

“Hay una base de quiénes somos en el sentido de que mantenemos nuestro rango en relación con otras personas hasta cierto punto”, dice Damian.

“Pero en relación a nosotros mismos, nuestra personalidad no está escrita en piedra, podemos cambiar”.

¿Cómo se desarrollan estos cambios de personalidad?

Dado que la maduración de la personalidad es universal, algunos científicos piensan que, lejos de ser un efecto secundario accidental de haber tenido más tiempo para aprender las normas sociales, las formas en que cambia nuestra personalidad podría estar genéticamente programada, tal vez incluso moldeada por fuerzas evolutivas.

Por otro lado, otros expertos creen que nuestra personalidad está en parte forjada por factores genéticos y luego esculpidas por presiones sociales a lo largo de nuestra vida.

Por ejemplo, una investigación de Wiebke Bleidorn, psicóloga de la personalidad de la Universidad de California, concluyó que, en culturas donde se esperaba que las personas maduraran más rápido (en términos de casamiento, empezar a trabajar, asumir responsabilidades adultas), sus personalidades tienden a madurar a una edad más temprana.

Niño con traje

Getty Images
Las personas de culturas donde se espera que se casen o empiecen a trabajar más jóvenes, tienen personalidades que maduran antes.

“Las personas simplemente se ven obligadas a cambiar su comportamiento y, con el tiempo, a volverse más responsables. Nuestras personalidades cambian para ayudarnos a enfrentar los desafíos de la vida”, dice Damian.

¿Pero qué ocurre cuando nos volvemos muy mayores?

Hay dos formas posibles de estudiar cómo cambiamos a lo largo de nuestra vida.

La primera es tomar un grupo grande de personas de muchas edades diferentes y luego observar en qué se diferencian sus personalidades.

Un problema con esta estrategia es que es fácil confundir accidentalmente los rasgos generacionales que han sido esculpidos por la cultura de un período de tiempo particular -como la mojigatería o una adoración inexplicable por las natillas y el jerez- con los cambios que ocurren a medida que uno envejece.

Estudio de largo plazo

La alternativa es tomar un mismo grupo de personas y estudiarlas a medida que crecen.

Esto es exactamente lo que sucedió con el Lothian Birth Cohort (estudio de cohorte de Lothian), un grupo de personas en Escocia a quienes se les examinaron sus rasgos de personalidad e inteligencia en junio de 1932 o junio de 1947, cuando aún estaban en la escuela.

En ese momento, las personas tenían cerca de 11 años de edad.

Junto con colegas de la Universidad de Edimburgo, Mõttus rastreó a cientos de las mismas personas cuando tenían 70 u 80 años, y les hizo dos pruebas idénticas más, con varios años de diferencia.

Señor mayor en un parque

Getty Images
Un famoso estudio con personas en Escocia mostró resultados notablemente diferentes para dos generaciones de personas.

“Debido a que teníamos dos grupos diferentes de personas, y ambas fueron medidas en dos ocasiones, pudimos utilizar ambas estrategias a la vez”, dice Mõttus.

Fue una suerte, porque los resultados fueron notablemente diferentes para las dos generaciones.

Si bien las personalidades del grupo más joven permanecieron más o menos iguales en general, los rasgos de personalidad del grupo mayor comienzan a cambiar, de modo que, en promedio, se volvieron menos abiertos y extrovertidos, así como menos agradables y concienzudos.

Los cambios beneficiosos que habían estado ocurriendo a lo largo de sus vidas comenzaron a revertirse.

“Creo que esto tiene sentido, porque en la vejez las cosas comienzan a pasarle a la gente a un ritmo más rápido”, dice Mõttus, quien señala que la salud de estas personas podría haber estado en declive y es probable que hayan comenzado a perder amigos y familiares.

“Esto tiene cierto impacto en su participación activa en el mundo”.

Nadie ha investigado aún si esta tendencia continuaría después de los 100 años.

Investigaciones sobre japoneses centenarios han descubierto que tienden a obtener una puntuación alta en la conciencia, la extroversión y la apertura, pero es posible que hayan tenido más de estas características para empezar, y tal vez esto incluso contribuyó a su longevidad.

Mujer mayor asiática

Getty Images
Nuestra personalidad está muy ligada a nuestro bienestar.

De hecho, nuestra personalidad está intrínsecamente ligada a nuestro bienestar a medida que envejecemos.

Por ejemplo, aquellas con un mayor autocontrol tienen más probabilidades de ser saludables en la edad adulta, las mujeres con niveles más altos de neurosis tienen más probabilidades de experimentar síntomas durante la menopausia, y cierto grado de narcisismo se ha asociado con tasas más bajas de soledad, que en sí mismo es un factor de riesgo para una muerte más temprana.

En el futuro, comprender cómo ciertos rasgos están vinculados a nuestra salud -y cómo podemos esperar que nuestra personalidad evolucione a lo largo de nuestra vida- podría ayudar a predecir quién está en mayor riesgo de padecer ciertos problemas de salud y poder intervenir.

El conocimiento de que nuestra personalidad cambia a lo largo de nuestra vida, lo queramos o no, es una prueba útil de lo maleables que son.

“Es importante que sepamos esto”, considera Damian. “Durante mucho tiempo, la gente pensó que no”.

“Ahora estamos viendo que nuestra personalidad puede adaptarse, y esto nos ayuda a enfrentar los desafíos que nos presenta la vida”, agrega.

Al menos, nos da a todos algo que esperar a medida que envejecemos y la posibilidad de descubrir en quiénes nos convertiremos.


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