Amenazados y sin medicinas: así trabajan los médicos que harán paro laboral el 22 de junio
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Cuartoscuro · Gráficos: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Amenazados y sin medicinas: así trabajan los médicos que harán paro laboral el 22 de junio

Personal médico agrupado en torno al movimiento 'Yosoymédico17' convocó para este 22 de junio un paro nacional de labores en más de 70 ciudades. Además de expresar su rechazo a la reforma sanitaria del Ejecutivo, denuncian agresiones y condiciones laborales precarias.
Cuartoscuro · Gráficos: Omar Bobadilla (@obobadilla)
Por Manu Ureste
21 de junio, 2016
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En México, la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED) recibe un promedio 17 mil inconformidades de pacientes al año -47 al día-. Mientras que la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) recabó en los últimos tres años más de 8 mil quejas por malas prácticas médicas contra el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el ISSSTE y la Secretaría de Salud.

Sin embargo, ‘Yosoymédico17’ -movimiento que aglutina entre otras especialidades a doctores, pediatras, cirujanos, anestesiólogos y personal de enfermería, y que convocó un paro nacional de labores para este miércoles 22 de junio- sostiene que muchas de esas miles de quejas no son siempre responsabilidad del médico, sino que éstas obedecen a tres claves: el mal estado de los hospitales; la falta de insumos básicos; y las agresiones y amenazas que reciben tanto de pacientes, como de la delincuencia.

Animal Político documentó las historias de médicos que sufrieron intentos de linchamiento, amenazas del crimen organizado, y las agresiones de pacientes inconformes con la calidad de un servicio que, al menos sobre el papel, debería ser de calidad y gratuito.

1.- ¡Asesinos, matagentes!

Cuando aquel mediodía del 6 de octubre de 2015 Martha vio que el lazo de una horca pendía de lo alto de una viga, la idea de que entregaran a su familia su cadáver carbonizado la estremeció.

-¡Asesinos, matagentes! –clamaba la turba enfurecida.

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Martha, quien pide que se proteja su verdadera identidad, cuenta que a su alrededor todo era violencia porque los pobladores de Teopisca, una comunidad indígena de Chiapas, la culparon junto con el resto de integrantes del Hospital Básico Comunitario de la muerte de una niña de cuatro años.

-Ya tenían la horca preparada –recuerda la enfermera con voz trémula, ocho meses después-. Hasta los niños gritaban que nos empezaran a colgar uno por uno y que luego nos quemaran vivos.

Y para ser francos, dice a continuación Martha, no dudó que aquellas personas fueran capaces de cumplir con la amenaza. De hecho, tenía muy fresca en la memoria la nota que tan sólo unos días antes ocupó las portadas de los tenderetes de periódicos locales, en la que se informaba del linchamiento de dos asaltantes en el municipio vecino de Chamula, quienes fueron quemados públicamente en una improvisada hoguera.

Tras mostrarles la soga que se balanceaba inquieta desde lo alto de la fachada del hospital, la enfermera señal que la muchedumbre metió de nuevo a todo el personal médico al patio del inmueble. Allí los retuvo durante horas sin comer ni beber, soportando la aplastante humedad chiapaneca, el sol implacable y las fuertes lluvias, hasta que en la noche los llevaron a la cárcel del pueblo.

-Los indígenas nos hicieron caminar descalzos para humillarnos. Y ya una vez en la cárcel, rociaron todo a nuestro alrededor con gasolina –denuncia Martha, quien asegura que aún la persiguen en sus pensamientos aquellas “caras de odio” que la amenazan con prenderle fuego.

Finalmente, la tortura psicológica contra los médicos concluyó de madrugada, luego de que sus familiares presionaran a las autoridades locales y éstas consiguieron sacarlos furtivamente del pueblo y ponerlos a resguardo.

Ahora Martha respira hondo, aliviada.

Hace meses que está ‘exiliada’ en su propia tierra, dice. Aunque las amenazas de muerte no consiguieron detenerla y continúa trabajando en otro centro médico.

-No lo puedo dejar, quiero demasiado este trabajo –contesta al reportero que le pregunta por qué continúa ejerciendo su profesión.

No obstante, la enfermera advierte de inmediato que sólo con la vocación es muy difícil sacar adelante a los pacientes y soportar además sus reacciones violentas por la mala atención.

Por ejemplo, en el caso de la niña de cuatro años que falleció y que detonó la ira de los pobladores de Teopisca –según medios locales, los padres denunciaron que se aplicó indebidamente una inyección a la menor-, Martha jura que se hizo “todo lo humanamente posible” para salvarla. Y eso –recalca-, a pesar de las malas condiciones del Hospital Básico; mismo que en abril de 2013 ya vivió una situación similar, cuando dos pasantes de Medicina junto con otras 30 personas fueron retenidas durante más de seis horas por pobladores que exigían una mejor atención médica.

-La niña ya venía muy mal y no teníamos los medicamentos adecuados. No había casi oxígeno y además los gorgoteadores para hidratar los pulmones de los pacientes no servían porque no se les había dado mantenimiento –expone la enfermera.

Incluso, durante su estancia en el Hospital Básico (de quién de Teopisca, Martha dice que era común que se cooperaran entre el personal médico “para comprar medicinas tan básicas como vitaminas para niños con desnutrición, o para la gasolina de la ambulancia”.

Y es cierto, admite la enfermera. Las quejas se cuentan por miles tal y como lo apunta la CONAMED en su Informe estadístico anual sobre laudos concluidos 2014, en el que detalla que al año recibe un promedio de 12 mil inconformidades de pacientes, de las cuales dos mil acabaron en una queja médica con expediente abierto. Mientras que la CNDH informó a Animal Político que de enero de 2013 a mayo de 2016 recibió 8 mil 498 quejas contra personal de instituciones públicas de salud –aunque sólo 19 acabaron en recomendaciones-, siendo el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) el que más acumula con el 72% de las quejas.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

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Sin embargo, a pesar de este panorama, la chiapaneca cree que muchas de esas quejas se podrían evitar si mejoraran las condiciones de trabajo de los médicos en el país. Por eso, “para generar conciencia”, la enfermera asegura que participará en el paro de labores que el movimiento ‘Yosoymédico17’ convocó para mañana 22 de junio en 78 ciudades de diferentes estados de la República, como Chiapas, Campache, Oaxaca, Veracruz, Ciudad de México, Edomex, Jalisco, o Nuevo León.

-Queremos que los pacientes sepan que la culpa de la mala atención no es siempre de los médicos –subraya la enfermera-. El problema es que muchas veces no tenemos ni lo más mínimo para poder ayudarles.

2.- “Si se muere mi primo, todos ustedes también se mueren”

Ernesto relata que aquella noche de 2013 acababa de entrar a su turno en el área de urgencias pediátricas de un hospital de Guadalajara, en Jalisco, cuando la puerta de su consultorio salió volando literalmente de una patada.

-¡Atiendan a mi primo, cabrones! –bramó una voz de muchacho-. Y más vale que no se les muera, porque si no todos ustedes se mueren junto con él.

Sin tiempo para tragar saliva, Ernesto vio “a cámara lenta” cómo dos jóvenes entraron a la habitación cargando a un hombre “de entre 35 y 40 años de edad”, que traía toda la camisa blanca empapada de sangre.

Tras varios segundos, el pediatra reaccionó.

Gráfica: Omar Bobadilla (@obobadilla)

Se acercó al paciente, le dio un vistazo, y comprobó con un escalofrío que no era necesaria una especialidad médica para atinarle el diagnóstico: herida de bala en la cabeza.

-La verdad, no sé de dónde saqué el temple para pedirle a los dos chavos que se calmaran, que me ayudaran a subir a su primo a la camilla, y para decirles que salieran de la sala porque estaban aterrorizando a todo el personal médico y a todos los papás que estaban allí con sus hijos –recuerda Ernesto, quien también pide que se proteja su identidad.

Pero los dos tipos seguían muy alterados. Hablaban con su primo, quien a pesar del balazo seguía consciente y les pedía que cuidaran mucho de su hijo, y uno de ellos se llevó al pediatra a un costado de la habitación.

-¿Cuánto ocupas, pues? –le preguntó-. Orita mismo te forramos de dinero para que salves a mi primo.

Como respuesta, Ernesto le insistió en que tienen que salir de la sala si querían ayudar a su primo. Y al fin, los jóvenes accedieron. Abandonaron el cuarto y se reunieron con otros compañeros que custodiaban a bordo de motos y coches la puerta del hospital, al que no dejaban entrar ni salir a nadie.

Al fin, el médico respiró. Se puso los guantes para inspeccionar al herido, pero pronto se dio cuenta que los doctores y el personal de enfermería estaban escondidos debajo de las camillas y en el cuarto de medicamentos.

-¡Ayúdenme aquí, por favor! –gritó a sus compañeros, quienes después de cerciorarse de que los dos jóvenes se habían marchado, comenzaron a salir poco a poco.

Una vez que el paciente entró al quirófano, el pediatra abandonó la sala de operaciones para dejar trabajar a sus compañeros, y se sentó en una silla para comenzar a masticar en silencio lo sucedido.

Entonces, otra puerta se abrió y por ella apareció una compañera médico que sin mediar palabra se acercó a él para abrazarlo.

-Doctor –le dijo llorando-, pensé que nos iban a matar a todos.

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Tres años después de lo sucedido, Ernesto explica que va a participar en el paro nacional porque lo que vivió aquella noche “no fue un hecho aislado”. Al contrario, aunque la Secretaría de Salud federal dijo a este medio que no cuenta con “datos duros” sobre agresiones, y que hasta el día de ayer no tenían notificación alguna sobre la convocatoria del paro de labores, los medios de comunicación reportan con frecuencia hechos violentos contra personal médico.

De hecho, tan solo en un recuento de notas informativas que el movimiento proporcionó a Animal Político, ‘Yosoymédico17’ documentó 26 agresiones a médicos de 2014 a junio de 2015, entre un amplio abanico de secuestros, homicidios y extorsiones, que tuvieron lugar en varios puntos de la República, como Ciudad de México, Chihuahua, Veracruz, Tamaulipas, Jalisco o Guerrero.

Sin embargo, doctores como Ernesto aseguran que la “cifra negra” de agresiones es mucho mayor.

3.- “¿Salud Universal? Pero si no tenemos ni paracetamol”

Alicia ríe con desgana al otro lado del hilo telefónico y responde que no, que en la facultad de Medicina nadie te enseña a soportar lo que ella vivió durante 10 meses como pasante al frente de un centro del Seguro Popular, en una comunidad rural del Estado de México.

Aunque admite que muy al principio las cosas no comenzaron tan mal: tenía jornadas maratónicas, es cierto –entraba a las siete de la mañana y salía hasta las ocho de la tarde, cuando su turno era de ocho a cuatro-, y atendía a un promedio de hasta 80 pacientes con la única ayuda de una enfermera pasante. Pero hasta cierto punto, dice, era lo que se imaginaba.

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Lo que no pensó es lo que sucedería poco después, cuando los medicamentos comenzaron a escasear hasta el punto de no tener “absolutamente nada” que ofrecer a la enorme fila que comenzaba a arremolinarse en el consultorio a las cuatro de la mañana.

-Un día, mi coordinador me marcó para preguntarme si no había llegado nadie a ponerse agresivo conmigo –cuenta la doctora, quien a pesar de que le extrañó la pregunta contestó que al margen de “algunos reclamos fuertes” no había tenido problemas.

Hasta que días después, la mujer policía que cuida el centro le insistió para acompañarla hasta su casa.

Extrañada, Alicia le preguntó el motivo de tanta atención.

-Ay doctora, usted debe tener mucho cuidado aquí –cuenta Alicia que le advirtió la uniformada, quien además le informó que los dos médicos que estuvieron antes que ella fueron agredidos a golpes por los pobladores insatisfechos por el servicio-. ¿No le dijo nada el coordinador? El otro día le hablaron para decirle que la cuidara, porque si no usted iba a aparecer con un tiro en el centro de salud.

Alarmada, Alicia fue a la junta de médicos pasantes y pidió que la cambiaran de centro. Sin embargo, como respuesta de sus superiores sólo obtuvo un desdeñoso: “No te preocupes, seguro que fue una broma”.

Pero la doctora no se lo tomó a broma. Sobretodo, porque como advierte ‘Yosoymédico17’, los pasantes “son el grupo más vulnerable a las agresiones”. Y así los apunta también el estudio ‘Agresiones hacia los médicos durante el servicio social’ que presentó en 2015 la Comisión Permanente del Congreso de la Unión, en el que se destaca que 7 de cada 10 pasantes encuestados dijeron haber sufrido agresiones físicas, amenazas o insultos, especialmente durante el turno nocturno de urgencias.

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A pesar de todo, Alicia cuenta que continua trabajando porque su vocación así se lo demanda. Y aunque subraya que no justifica que nadie se comporte agresivo, admite que entiende que los pacientes, a quienes las publicidades gubernamentales les prometen una atención médica de calidad y gratuita, se sientan estafados cuando ven las farmacias vacías.

-Les dan muy mala información cuando sacan su Seguro Popular. Se lo pintan todo muy bonito; les dicen que van a tener medicina gratis y que se les garantiza la atención. Pero la realidad es que estamos muy lejos de esa promesa –critica.

Por eso, dice, está en contra de la reforma que propuso Peña Nieto en 2013 como uno de sus pilares de campaña –y que aún no ha entrado en vigor-, la cual plantea un sistema de salud universal en el que cualquier paciente mexicano pueda ser atendido en hospitales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), del ISSSTE, así como en hospitales de la Secretaría de Salud.

-Esa es otra idea tonta con la que engañan a la gente. Porque, ¿cómo vamos a tener un sistema de salud universal, si en los consultorios no hay ni paracetamol para atender una simple gripa? –cuestiona Alicia, que concluye-. Antes de llenarse la boca prometiendo cosas, deberían ir a uno de estos centros del Seguro Popular, ver la problemática real, y después proponer algo bien estructurado. 

Ante los señalamientos de los testimonios, Animal Político buscó la versión oficial de la Secretaría de Salud, pero al momento de publicar esta nota, no emitió respuesta.

 

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Joe Biden: 5 cosas que quizás no sabías del ganador de las elecciones de EU

El demócrata Joe Biden es un experimentado político y fue vicepresidente de Estados Unidos con Barack Obama, pero no es una figura tan conocida internacionalmente.
7 de noviembre, 2020
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A la tercera fue la vencida: Joe Biden se convertirá en el 46º presidente de Estados Unidos el próximo 20 de enero.

El demócrata derrotó al actual mandatario, Donald Trump, en una disputada contienda que se definió días después de la jornada electoral tras un laborioso proceso de recuento de votos.

Biden, quien fuera vicepresidente con Barack Obama, consiguió recuperar el apoyo de estados clave que en 2016 votaron por su rival republicano.

A punto de cumplir 78 años, el demócrata será el presidente de Estados Unidos de más edad.

Te contamos otros detalles destacados de su vida personal y profesional.

1. Un político de carrera

Como ha insistido en recordarlo Trump a lo largo de la campaña, Biden lleva 47 años activo en la política estadounidense.

Joe Biden en la década de 1970.

Getty
Joe Biden se estrenó en la política cuando muchos de los votantes actuales ni siquiera habían nacido.

Su carrera en Washington DC empezó en el Senado en 1973, donde consiguió un escaño por el estado de Delaware recién cumplidos los 30 años.

Su llegada a la política coincidió con uno de los momentos más trágicos de su vida del que hablaremos más adelante.

Como senador, Biden cimentó la imagen de político cercano, conciliador y con habilidad para llegar a acuerdos con sus oponentes.

Biden en 1987

Getty Images
La primera apuesta de Joe Biden por la presidencia data de1987.

También tomó algunas decisiones no tan elogiadas, como la ley de justicia penal de 1994 redactada por él y aprobada durante el primer gobierno de Bill Clinton.

La reforma tenía como objetivo poner freno a décadas de creciente violencia, pero derivó en encarcelaciones masivas, con un especial impacto en la población negra y latina.

A su larga carrera como senador hay que sumarle sus ocho años de vicepresidente de Barack Obama (2009-2017), con quien construyó una excelente relación más allá de lo profesional.

Barack Obama y Joe Biden en un evento de campaña 2020

Reuters
La camaradería entre Obama y Biden quedó plasmada en numerosas fotografías de su gobierno y de momentos posteriores.

Esta es la tercera vez que intenta llegar a la presidencia del país.

Las dos primeras resultaron un fracaso, lo que hizo que un sector de los demócratas se preguntara si era la mejor baza para arrebatarle la presidencia a Trump.

Las circunstancias demuestran que sí lo fue.

2. La tragedia que marcó su estreno político

Desgraciadamente, la alegría por haber ganado la elección al Senado no le duró mucho tiempo.

Unas semanas después de su victoria, su familia sufrió un grave accidente de tráfico mientras él estaba en Washington DC entrevistando a personal para su nuevo despacho.

Su esposa Neilia y los tres hijos del matrimonio volvían de comprar el árbol de Navidad cuando un camión que transportaba mazorcas de maíz chocó lateralmente con su auto.

La mujer, de 30 años, y la hija pequeña, Naomi, de 13 meses de edad, murieron.

Joe Biden junto a su primera esposa y sus hijos.

Getty Images
La primera esposa de Biden, Neilia, murió junto a la hija más pequeña de la pareja en un accidente de auto.

Los niños -Beau, de 3 años, y Hunter, de 2- resultaron gravemente heridos y fueron hospitalizados.

Empezaba una etapa de dolorosos contrastes en la vida de Biden.

3. Dolor y empatía

Biden, que tomó juramento de su cargo en el Senado en la habitación del hospital donde se recuperaba su hijo Beau, no sabía si seguir adelante con su carrera como senador.

Estaba destrozado.

Criado en una familia católica de clase trabajadora, su padre repetía un breve pero contundente mantra: “Levántate, levántate después de haber sido derribado”.

Eso es lo que hizo. Decidió volcarse en el trabajo, pero sin alejarse de sus hijos.

Joe y Jill Biden

EPA
Joe y Jill Biden llevan casados más de 40 años.

De esa época data una de las anécdotas destacadas de sus primeros años como senador: cada día hacía en tren el trayecto de ida y vuelta entre su casa en Wilmington, Delaware, y Washington DC, más de 300 kilómetros diarios para estar cerca de los suyos.

Fue así como Biden desarrolló un estrecho vínculo con sus hijos que no hizo más que reforzarse a medida que se hacían adultos.

En 1977, Biden se casó con Jill, una profesora universitaria con quien tiene una hija, Ashley, y junto a quien logró reconstruir su familia.

Muchos vieron en Beau al posible sucesor de su padre en la política.

Tras servir en Irak con la Guardia Nacional en 2008, Beau fue fiscal general del estado de Delaware por dos períodos y tenía por delante una brillante carrera.

Joe Biden y Beau Biden.

AFP
Beau Biden tenía 46 años cuando murió en junio de 2015.

Pero en 2013 le fue diagnosticada una rara forma de tumor cerebral y murió dos años después.

La pérdida de personas tan cercanas moldeó el carácter de Biden.

Quienes mejor lo conocen dicen que tiene el “superpoder de la empatía”, un rasgo que fue subrayado durante la campaña para presentarlo como el presidente idóneo para superar una crisis sanitaria, económica y social como la que supone la pandemia de covid-19.

4. Globalista y comprometido con el planeta

Biden ha defendido la necesidad de rehacer las relaciones de EE.UU. con los países aliados que, en su opinión, se han visto afectadas durante la presidencia de Trump.

Promete regresar al Acuerdo de París de lucha contra el cambio climático y al seno de la Organización Mundial de la Salud, por ejemplo.

Experiencia no le falta: estuvo al frente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado y presume de que ha “conocido a todos los líderes importantes del mundo en los últimos 45 años”.

Joe Biden y Xi Jingping.

Getty Images
Biden tiene una amplia experiencia internacional.

Sus decisiones en la esfera internacional no han estado exentas de críticas.

En 1991 votó en contra de la Guerra del Golfo; sin embargo, en 2003 estuvo a favor de la invasión de Irak para después convertirse en un crítico de la implicación de Estados Unidos en ese país.

De naturaleza cauta, recomendó a Obama no realizar la operación de las fuerzas especiales que culminó con la muerte de Osama Bin Laden.

A los republicanos les encanta señalar que Robert Gates, exsecretario de Defensa de Obama, dijo que “es imposible que a alguien no le guste Biden”, pero que ha estado “equivocado en casi todos los grandes temas de seguridad nacional y de política exterior ocurridos en las últimas cuatro décadas”.

Gates señaló recientemente que sus palabras fueron tomadas fuera de contexto.

5. Propenso a las meteduras de pata

Los detractores de Biden opinan que es un desfasado miembro del establishment demasiado mayor para el cargo y con tendencia a meter la pata.

Su estilo directo y campechano le ha causado algunos problemas, como cuando en plena campaña dijo que si un afroestadounidense no estaba convencido de votar por él significaba que no era negro, unas declaraciones por las que se disculpó posteriormente.

Joe Biden

Reuters
A diferencia de otros políticos, Biden se siente muy cómodo cuando se encuentra con los votantes.

Biden dice que el recuerdo de su tartamudez infantil hace que no le guste leer los discursos de un apuntador electrónico y por eso prefiere hablar de memoria.

Un periodista de la publicación NY Magazine escribió el año pasado que la posibilidad de que Biden improvise un discurso era algo que su equipo de campaña parecía “estar concentrado en evitar a toda costa”.

Es por eso que sus simpatizantes respiraron aliviados al ver que fue capaz de superar los debates presidenciales y los discursos de campaña sin decir nada que lo pusiera en un aprieto.

Otra faceta de su personalidad espontánea y sociable es su propensión a acercarse demasiado a la gente, lo que ha dado lugar a situaciones incómodas, obviamente en tiempos anteriores al coronavirus.

El año pasado, ocho mujeres lo acusaron por toques, abrazos y besos inapropiados, mientras que la televisión estadounidense mostró videos en los que se le veía saludando a mujeres en eventos públicos con mucha proximidad física.

En respuesta, Biden se comprometió a “tener más cuidado” en sus interacciones.

Simpatizantes de Joe Biden celebran su victoria

Reuters
Joe Biden se ha convertido en el presidente con más votos en la historia de Estados Unidos.

Su actitud “tocona” pasó de ser una anécdota a algo más serio cuando el pasado marzo una antigua asistente, Tara Reade, alegó que el presidente electo la agredió sexualmente hace 30 años en Washington.

Biden y su equipo rechazaron la acusación y el caso terminó por difuminarse sin ocupar un lugar relevante durante la campaña.

Aunque sus rivales republicanos han intentado retratarlo como un hombre con demencia senil que está en manos de la izquierda radical del Partido Demócrata, Biden ha sabido salir airoso y ha terminado por convertirse en el presidente más votado de la historia de Estados Unidos.

Curiosamente, al evaluar hace unos años si se animaba a participar o no en la carrera presidencial de 2016, Biden dijo: “Puedo morir como un hombre feliz sin ser presidente”.


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