Ante los fallos de los programas sociales, ellos buscan otra solución a la pobreza

Lo que los programas sociales no han logrado en Oaxaca, como disminuir la pobreza y aumentar la movilidad social, sí lo han hecho proyectos productivos que apoyan a las comunidades desde la sociedad civil. Este reportaje se realizó con apoyo de Oxfam.

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Fotografía: Cuartoscuro · Gráficos: Yosune Chamizo (@_yosune)

*Este reportaje se realizó con apoyo de Oxfam México.
Aquí puedes leer la primera parte.

Florelia García recuerda que en los años noventa, en tiempos del ex presidente priísta Carlos Salinas, llegó a su colonia el programa Solidaridad. Fue el pionero en programas sociales gubernamentales. Ella era una niña y debía caminar tres horas para poder recoger, dice, “una cajita con una lata de sardinas, frijoles, galletas de animalito, café y azúcar”.

Después, en el sexenio del panista Felipe Calderón, sus hijos tuvieron el programa Oportunidades, por el que les daban dinero si permanecían en la escuela. Pero como ellos ya no quisieron seguir estudiando, les recortaron ese apoyo.

Florelia dice que ya no le preocupa recibir o no esos programas sociales aunque vive en la colonia Nicolás Bravo, en Valle de Zaachitla, Oaxaca, una zona de alta marginación. Dice que si ella salió adelante no fue por ellos, sino porque trabaja desde pequeña y porque ahora, a través de una organización civil, consiguió un microcrédito.

Con él pudo comprar mercancía y poner un puesto ambulante de mariscos con el que mantiene a su familia. Le ha ido tan bien, afirma, que ya se dio de baja de este programa social que ahora, en el sexenio del priísta Enrique Peña Nieto, se llama Prospera.

Ángel Vázquez es el director general de la organización que está dando esos créditos y que se dedica a impulsar proyectos productivos al interior de las comunidades: Centro de Desarrollo Comunitario Centéotl.

Para ellos es el desarrollo de capacidades autogestivas de la gente lo que le va a permitir romper los círculos viciosos de la pobreza, no los programas sociales: “Lo que empezamos a notar es que las familias dependen  de este recurso (Prospera), pero también que cada vez más sienten que no les alcanza, dicen ‘queremos más’. Pareciera que estamos esperando que el gobierno nos mantenga y eso no es ni digno ni crea ciudadanía”.

Uno de los programas de esta pequeña organización, con sede en Zimatlán, Oaxaca, es el de Bancomunidad, en el que entregan a mujeres microcréditos de entre mil y 25 mil pesos, los cuales deben pagar en un plazo máximo de 30 semanas con una tasa de interés del 20 por ciento anual, mucho menor al 80 o 120 por ciento anual que cobran otras financieras de la zona.

La condición para la entrega del crédito es que cuenten con el aval de una mujer que ya haya recibido uno de estos préstamos y que se comprometa a invertirlo en un proyecto productivo. En áreas rurales se destina en su mayoría a la compra y reventa de animales de granja, y en las urbanas al establecimiento de negocios como estéticas o misceláneas.

Centéotl ha entregado 30 mil 200 microcréditos a mujeres de 60 municipios de la región de Valle Centrales de Oaxaca y, hasta el momento, su cartera vencida es de cero por ciento.

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Las familias que se han incorporado al proyecto, asegura Vázquez, tienen menos rezagos en comparación que aquellas que dependen únicamente de programas sociales, pues les ha permitido hacerse de activos que pueden reinvertir y que se traducen en la mejora de su calidad de vida.

“Hace tres años que empecé con un crédito de mil pesos, me compré un par de borregos y fueron abundando: ya tengo 12 animalitos y tres borregas cargadas. Solo los vendo si tengo una necesidad muy fuerte, o cuando se enferman mis hijos”, dice Abigail Celaya, quien vive en El Trapiche, en Santa Cruz Mixtepec.

Abigal asegura que con lo que gana al vender animales puede apoyar a su esposo con los gastos de la casa, pues él recibe un sueldo de 100 pesos diarios como campesino.

“Ya estamos mejor, me acuerdo que cuando era chica mi mamá partía un pan de los amarillos para todos mis hermanos. Hoy ya no, ahora tenemos el ahorro de los animales y para cualquier necesidad ya no tenemos que alquilar bien caro el dinero”, agrega.

Quienes no tienen negocios o ven insuficiente el apoyo de la política social, siguen encontrando como alternativa emigrar a Estados Unidos. Según el Consejo Nacional de Población, Oaxaca es uno de los diez estados con mayor grado de intensidad migratoria en el país, de acuerdo con  las remesas que recibe y el número de habitantes por hogar que viven en Estados Unidos.

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El hijo mayor de Dominga Íbañez, Uriel, vive en California. Tiene 24 años y manda cada semana 3 mil pesos a sus padres para que mejoren su casa: es la única de la zona que tiene piso de mosaico. También para que compren ropa y zapatos, y paguen los pasajes para la escuela de su hermano menor, que todavía está en secundaria. Él tiene una beca de Prospera de 540 pesos bimestrales, pero eso no cubre todos sus gastos.

“Ya no quiere seguir estudiando, se quiere ir con su hermano a Estados Unidos”, dice Dominga.

De acuerdo con el informe “Desigualdad extrema y tendencias de desarrollo. El caso del estado de Oaxaca, México”, elaborado por Oxfam y Educa, la política de desarrollo social debe estar centrada en la participación de los actores locales para atacar las carencias que afectan a una misma comunidad.

De igual forma, asegura que es urgente elevar los ingresos de los hogares más pobres para cerrar las brechas de desigualdad económica que caracteriza al país. Para ello propone dejar atrás el enfoque asistencialista de la actual política social para aprovechar las capacidades que tienen las propias comunidades.

Por ejemplo, Juana Ángel nunca se imaginó que fuera tan buena para vender cosas. En medio de un mal momento económico, una vecina le propuso que pidiera un microcrédito. Después de pensarlo mucho se animó a hacerlo y puso una miscelánea en su casa en El Trapiche, Oaxaca. Dice que le cambió la vida pues desde entonces ya no depende de que a su marido le salga una buena cosecha o de que llegue a tiempo la beca que el gobierno le daba a sus hijos.

“Yo pedí un microcrédito y puse una miscelánea. De Prospera no dura el dinero, cuando mucho una semana, ahora ya tenemos para estar tranquilos”, dice Juana Ángel, orgullosa de que sus ganancias de la tienda ya representan casi tres cuartas partes de los ingresos de su familia. “Yo no sabía que sí podía solita”.

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