Así fue la lucha de José Jesús, el activista que buscó a su hija y acabó asesinado en Veracruz
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Cuartoscuro

Así fue la lucha de José Jesús, el activista que buscó a su hija y acabó asesinado en Veracruz

Integrantes de la Brigada de Búsqueda de Personas Desaparecidas denuncian que el asesinato en Veracruz es una amenaza para que no sigan haciendo su labor.
Cuartoscuro
Por Manu Ureste
26 de junio, 2016
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La madrugada del 21 de mayo de 2011, Iván Eduardo se comunicó por radio con su hermano para decirle que ya iba de regreso a casa. Era la una, aproximadamente, y el joven de 18 años acababa de salir de una feria en Poza Rica, al norte del estado de Veracruz, a la que fue a pasar un rato agradable con sus amigos.

Ya a bordo de una camioneta blanca modelo ‘Lobo’, Iván, Pedro, Jenny y Yaquelinne, decidieron que antes de ponerle fin a la noche pasarían por la colonia 20 de noviembre. Allí cenarían tranquilamente unos tacos, le comentó Iván a su hermano, quien luego pasaría a dejarlos a cada uno en sus casas.

Sin embargo, tal cosa jamás sucedió.

Porque tras cortar Iván la llamada, no se volvió a saber nada de ellos.

Rescates, extorsiones, chantajes… 

A partir de entonces, los padres de los muchachos emprendieron juntos una lucha desesperada por hallar a sus hijos en un estado donde, oficialmente, hay 680 personas desaparecidas hasta el último corte de abril de este año, aunque la cifra negra es incalculable.

José Jesús Jiménez y Francisca Vázquez, padres de Jenny Isabel Jiménez, estudiante de enfermería de 23 años, de algo menos de un metro sesenta de altura, tez cobriza, ojos negros y pelo oscuro, lo intentaron absolutamente todo. Incluso, durante dos años pagaron rescates que sólo les sirvió para ser víctimas de falsas promesas, chantajes y continuas extorsiones.

Ante la falta de resultados, José Jesús, de 56 años, y Francisca, de 52, acudieron a las redes sociales. A Facebook, concretamente. Donde una y otra vez difundieron las fichas con los rostros aniñados de los cuatro amigos, con sus datos personales, características físicas, un resumen de los hechos, y correos electrónicos y varios números telefónicos de contacto.

Pero tampoco hubo respuesta, ni pistas. Aunque Facebook sí les abrió una puerta: ahí encontraron varias notas de la creación de la Brigada Nacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas; un grupo de familiares y asociaciones civiles que en abril de este año realizó su primera misión en Córdoba, la zona centro del estado de Veracruz, donde en tan solo 15 días hallaron 15 fosas clandestinas con cientos de restos humanos que podrían ser la respuesta a muchas otras historias de incertidumbre y angustia.

“José Jesús ya estaba apuntado para venir con la Brigada; estaba muy entusiasmado”

José Jesús vio en la Brigada una esperanza: se contactó con Juan Carlos Trujillo, integrante de la organización Familiares en Búsqueda María Herrera, y acordaron crear una pequeña ‘delegación’ en Poza Rica, de la que José Jesús sería su representante.

Precisamente, relata Trujillo a Animal Político, hace tan solo unos días, el 15 de junio, José Jesús tuvo su primera reunión institucional con el subsecretario de Derechos Humanos, Roberto Campa, a quien le pidió apoyo para que el Gobierno Federal obligara a las autoridades veracruzanas a que investigaran las desapariciones.

-La lucha de José Jesús por encontrar a su hija fue una lucha sorda. Y así se lo expresó a Roberto Campa, a quien le dijo que en Poza Rica nunca pasa nada. No hay investigaciones, no hay atención a las víctimas, ni tampoco hay labores de búsqueda de los desaparecidos –refiere el activista-.

Por eso, ante los nulos resultados de las investigaciones ministeriales, José Jesús le dijo a sus familiares que ya tenía tomada la decisión: participaría como buscador en la segunda misión que el próximo 15 de julio la Brigada llevará a cabo de nuevo en la zona conurbada de Córdoba y Amatlán de los Reyes. El mismo lugar donde, con ayuda de los pobladores, encontraron en abril “un tiradero de cuerpos” en apenas unos metros cuadrados de terreno.

-José Jesús ya estaba apuntado para venir con nosotros. Estaba muy entusiasmado porque había conseguido formar un grupo de víctimas en Poza Rica, y ahora venía con la esperanza de encontrar a su hija y a otros desaparecidos –asegura Mario Vergara, de la organización Los otros desaparecidos de Iguala, quien desde el 5 de julio de 2012 busca a su hermano Tomás.

Sin embargo, tal cosa tampoco sucederá jamás.

“Tenemos miedo, pero seguiremos buscando”

La tarde del miércoles 22 de junio, José Jesús iba con su esposa circulando a bordo de un Ford Focus blanco por las calles de la colonia Flores Magón, en la ciudad de Poza Rica, cuando según la Fiscalía del estado, una camioneta Dodge Journey color roja les dio alcance y les soltó una ráfaga de balas con rifles de asalto.

Tras la agresión, Francisca fue trasladada de urgencia al hospital de Petróleos Mexicanos, donde su condición se reporta grave tras recibir al menos tres impactos.

Mientras que, a falta de unos días para emprender nuevamente las labores de búsqueda de su hija Jenny, José Jesús murió asesinado de cinco disparos.

-Hace sólo ocho días que tuvo su primera reunión institucional. Y sin embargo, ayer terminó la lucha de José Jesús. Una lucha en la que, en lugar de encontrar a su hija, lo que encontró fue la muerte –lamenta Juan Carlos Trujillo, quien no duda en cargar contra la Procuraduría General de la República (PGR) por la desprotección a la que someten a las víctimas.

-La muerte del compañero es producto de la desatención y de la falta de humanidad de la procuradora de la república (Arely Gómez) –denuncia-. Se la hecho ver en infinidad de ocasiones que los casos de desaparición forzada no pueden ser investigados por las fiscalías estatales, porque en muchas ocasiones los mismos gobiernos locales participan directamente en la desaparición de personas.

Y esa situación, añade Trujillo, hace aún más vulnerables a las víctimas. “Por eso, la consecuencia directa es que ahora mismo estemos en el velorio de un compañero”.

Por su parte, aunque la Fiscalía de Veracruz apuntó en un comunicado que está trabajando para “esclarecer los hechos”, Mario Vergara apunta que el asesinato es una respuesta a las labores de búsqueda y al activismo de las víctimas.

-El asesinato de José es una muestra de lo que le puede pasar a las familias que buscan a sus desaparecidos. Por desgracia, podemos terminar muertos, como mi compañero” –lamenta Vergara, quien no obstante asegura que la Brigada continuará con sus labores de búsqueda.

-Tenemos mucho miedo –admite-, porque la justicia en ese país está desaparecida, congelada. Pero tratamos de dominar el temor y por eso continuaremos buscando a nuestros familiares.

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Morgues móviles y presos transportando cadáveres: cómo El Paso es una de las zonas más golpeadas por COVID

Las imágenes de presos ayudando en el traslado de cadáveres han despertado críticas y preocupación por la situación en la que se encuentra el condado de El Paso, en Texas, desbordado por el número de enfermos y muertos por coronavirus.
21 de noviembre, 2020
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Estados Unidos tenía algo más de 9 millones de casos confirmados de covid-19 cuando empezó el mes de noviembre. Solo unas semanas después, el país supera los 11 millones.

Y un condado de Texas emerge como el último epicentro de la pandemia.

En el El Paso, situado justo en la frontera con México y conocido por su paisaje desértico y sus complejos militares, los pacientes de covid-19 suponen más de la mitad de los ingresos hospitalarios, y el recuento continúa al alza.

Te presentamos cinco elementos que explican esta alarmante crisis.

Atención: alguna de las imágenes de esta nota pueden herir la sensibilidad de los lectores.

1. Hospitales desbordados

Con un aumento de casos de más de 1.000 al día en El Paso, la cifra de contagios superó los 76.000. Es aproximadamente el mismo número de casos confirmados para todo Grecia o Libia.

Los datos muestran que 1.120 residentes de El Paso están actualmente hospitalizados con el virus y se prevé que el número suba.

Esto significa que de todos los pacientes hospitalizados por covid-19 en todo el estado de Texas, uno de cada seis está en El Paso, según las últimas cifras.

Un total de 782 personas habían muerto en ese condado por la pandemia a fecha de 18 de noviembre.

Una furgoneta roja con carteles de "quédate en casa" y "apoyo a los enfermeros"

Reuters
Los habitantes de El Paso organizaron una caravana de vehículos para mostrar su solidaridad con el personal sanitario.

Tanto los hospitales como el personal sanitario están luchando para intentar hacer frente a esta situación.

Un portavoz del Centro Médico de la Universidad de El Paso dijo que el hospital reconoce la factura “física y emocional” que la pandemia les está pasando a los trabajadores de la salud.

En la carrera de las autoridades para hacer frente al creciente número de enfermos, el centro de convenciones de la ciudad de El Paso fue recientemente transformado en un hospital temporal para poder ofrecer camas adicionales.

Algunas instalaciones están tan desbordadas que los pacientes están siendo trasladados por vía aérea a otras ciudades de Texas.

El pasado lunes, el juez Ricardo Samaniego anunció que en el condado de El Paso se añadieron 500 camas de hospital adicionales, pero al ritmo de propagación del virus, esas camas estarán ocupadas para la semana que viene.

2. Morgues móviles

Al tiempo que los hospitales lidian con la gran cantidad de pacientes, la morgue de El Paso no ha podido hacer frente al aumento de muertes en el condado.

Como resultado, las autoridades tuvieron que recurrir a tráileres refrigerados. Diez de estas morgues fueron solicitadas en las últimas semanas.

Las instalaciones móviles están situadas a las puertas de la oficina del forense del condado, que ha tenido que gestionar más de 150 cuerpos en la última semana.

Una morgue móvil

Reuters
En el Paso se ha tenido que recurrir a morgues móviles para hacer frente al creciente número de muertos.

Previamente este mes, el Departamento de Defensa de Estados Unidos desplegó equipos médicos para ayudar a los trabajadores sanitarios locales.

Incluso las funerarias del condado están sintiendo la presión. El director de una de ellas, Jorge Ortiz, le dijo a la emisora local KERA News que tuvo que convertir la capilla de la funeraria en un refrigerador improvisado.

Ortiz advirtió que el punto álgido de la crisis del pasado verano boreal fue “nada” en comparación con lo que se está viviendo ahora.

3. Presos que trasladan cadáveres

La ciudad continúa haciendo frente a la falta de personal y las autoridades han sido criticadas por recurrir a las prisiones locales para obtener ayuda.

Se han visto imágenes de presos que transportan cadáveres de víctimas de covid-19 de la oficina del forense y ayudan a subirlos a las morgues móviles.

Un portavoz de la oficina del alguacil dijo que a los presos, convictos por delitos menores en prisiones de mínima seguridad, se les paga US$2 la hora. El trabajo es voluntario y se les suministra equipamiento de protección. Aun así, la medida ha sorprendido a muchos.

Un trío de presos entre las morgues móviles de El Paso

Reuters
Presos voluntarios están ayudando a transportar cadáveres en El Paso.

El juez Samaniego opinó que el uso de presos debe ser un último recurso.

“Si no hay personal, nadie que pueda ayudar, y hay voluntarios, aunque sean presos, entonces eso es con lo que contamos”, dijo, citado por la emisora local KFOX14 News.

El juez añadió que las autoridades esperaban que la Guardia Nacional de Texas ayudara con esos trabajos, pero el ejército no ha confirmado que pueda gestionar la demanda.

4. Seis meses, seis familiares muertos

En los últimos seis meses, una mujer de El Paso perdió a seis de sus familiares por el virus.

Bonnie Soria Nájera relató en el popular programa de televisión Good Morning America que su tío fue el último en morir el pasado domingo. También ha tenido que enterrar a sus padres, dos tías y un primo.

Todos estaban siendo muy cuidadosos“, dijo. “Hacían solo las cosas que tenían que hacer: ir al supermercado, ir a las citas médicas”.

La madre de Nájera dio positivo en mayo. En tres días, le tuvieron que poner un respirador. Su padre se enfermó poco después con el virus y terminó en otro hospital.

Un cementerio al lado de la oficina del forense de El Paso

Reuters
Hay familias que han perdido a varios miembros a causa del coronavirus.

Una semana después de ingresar en el hospital, la madre murió. Una hora después, Nájera supo que a su papá le habían puesto también un respirador. Murió tres semanas después.

Nájera contrajo también la enfermedad, pero se recuperó. Cuando empezó a sentirse mejor, se enteró de que su primo y su tía habían muerto tras contagiarse del virus. Y la semana pasada, otra tía murió de covid-19 en el hospital

Ahora, Nájera pide a los residentes de Texas que respeten la distancia social, como su familia intentó hacer.

“Ustedes no quieren estar en nuestro lugar“, subrayó.

5. No hay cierre para El Paso

Pese a las preocupaciones de muchos habitantes de El Paso, no se prevé que se vaya a imponer un cierre en este condado del oeste de Texas.

El pasado viernes, un tribunal de apelaciones revocó una orden de quedarse en casa después de que dueños de restaurantes y el fiscal general del estado demandaran al juez Samaniego por cerrar la ciudad.

Un panel de jueces falló 2 a 1 que la orden de cerrar negocios no esenciales hasta diciembre era contraria a las directrices de reapertura aprobadas por el gobernador de Texas, Greg Abbott, el 7 de octubre.

Varias personas con mascarilla a las afueras de un local en El Paso

Reuters
Pese a la preocupante situación, no hay una orden de cierre en el condado de El Paso.

Algunos locales reanudaron sus actividades casi de inmediato, según medios locales.

El fiscal general de Texas, Ken Paxton, tildó al juez Samaniego de “tirano” por el mandato.

El juez del condado respondió que era “desafortunado” que el fiscal general buscara “regodearse” t en lugar de visitar El Paso para caminar con él entre las morgues móviles.

Samaniego añadió que estaba decepcionado por la decisión judicial, pero añadió que los residentes y visitantes de El Paso todavía tienen que respetar ciertas restricciones sobre las mascarillas, los negocios y los encuentros sociales.


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