El caso de Tairo, otro joven con trastorno mental preso por robar 7 pesos a un Seven Eleven
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El caso de Tairo, otro joven con trastorno mental preso por robar 7 pesos a un Seven Eleven

La comisión de penales de la ALDF denuncia que casos como el de Erick Nájar, discapacitado intelectual quien estuvo encarcelado un mes por robar dos manzanas a un Soriana, no es aislado. Acusan de “insensibles” a las tiendas y piden que se revisen los expedientes de presos con discapacidad psicológica.
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Por Manu Ureste
10 de junio, 2016
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Cuando Tairo Duque, un colombiano de 36 años de edad que padece trastorno de bipolaridad, se llevó sin pagar de una tienda Seven Eleven unos sustitutos de crema para el café valorados en 7 pesos con 50 centavos, no imaginaba las graves consecuencias que estaban por desatarse.

El pasado 17 de mayo, el sudamericano con pasaporte mexicano entró a una de las sucursales que la tienda de autoservicio tiene en la colonia Del Carmen de la delegación Coyoacán, al sur de la Ciudad de México. Allí, según la averiguación previa del caso, tomó cinco cubitos de crema de los que las tiendas ofrecen gratuitamente en sus exhibidores a quienes compran café. Sin embargo, Tairo salió del establecimiento con las cremas pero sin comprar nada.

A continuación, la empleada de la tienda alertó a la policía del robo tras percatarse del suceso por las cámaras de videovigilancia. Cerca del local, a la altura del jardín Hidalgo, dos motropatrulleros interceptaron a Tairo y lo detuvieron, aunque en la declaración de uno de los agentes ante el Ministerio Público admitió que ni a él, ni a su compañero, le constaba “los hechos del robo”.

Por su parte, la empleada aseguró en su declaración que no imprimió el ticket de los sustitutos de crema como prueba del daño económico en contra de la tienda, “porque no tiene un valor-costo asignado”. Es decir, es un producto que se da gratis al cliente con el café. Por lo que para determinar el daño de 7.50 pesos a Seven Eleven, se tuvo que hacer un peritaje.

A pesar de lo anterior, Tairo ingresó el 17 de mayo con la causa penal 88/2016 en el Centro Varonil de Rehabilitación Psicosocial (Cevarepsi), en la delegación Xochimilco de la Ciudad de México, acusado de robo agravado con violencia, debido a que presuntamente ofreció resistencia a la detención.

Tairo estuvo preso hasta la noche del miércoles 8 de junio, luego de que el magistrado del Juzgado Penal 64 declarara “extinguida la pretensión punitiva en contra del acusado” por parte de la tienda.

Pero para entonces, el joven ya había pagado con creces su falta: hasta cuatro días de cárcel por cada cubito de crema para café robado.

Por irregularidades, comisión de reclusorios pide revisar casos de enfermos mentales presos

Para la Comisión Especial de Reclusorios de la Asamblea Legislativa del DF (ALDF), los casos de personas con alguna discapacidad intelectual encarceladas por robar alimentos de poco valor en tiendas y supermercados no son aislados. De hecho, el caso de Tairo es prácticamente idéntico al de otro joven: Erick Najar, quien también estuvo en la cárcel para personas con trastornos psicológicos (Cevarepsi), acusado de robarle a Soriana 21 pesos en dos manzanas y un refresco.

A raíz del encarcelamiento y posterior puesta en libertad de Erick Nájar, la legisladora Rebeca Peralta, vicepresidenta de la Comisión de Reclusorios de la ALDF, realizó varias visitas al Cevarepsi. Allí, además de acompañar el caso de Erick y de documentar el de Tairo, la diputada asegura que se ha encontrado con otras historias muy similares de robos “en los que las cantidades no exceden de 40 pesos”.

“Hay varios casos que estamos revisando. Sólo por poner ejemplo, hay otra señora que está en reclusión por robar una sopa”, apunta Peralta, quien detalla que en el Cevarepsi hay 313 internos con problemas mentales, los cuales “están recluidos en su mayoría por robo”.

Ante este contexto, la legisladora subraya que es necesario hacer una revisión de todos los expedientes de personas con problemas mentales presas por robos menores. Y no sólo de los 313 internos del Cevarepsi, sino de los mil 030 internos con enfermedades mentales que hay en la capital. Porque, subraya la diputada, casos como el de Érick Nájar, a quien según su defensa las autoridades le violaron sus derechos al hacerle firmar una declaración sin su abogado y sin que previamente se le hiciera un peritaje médico para determinar su discapacidad, evidencian irregularidades en las acusaciones.

Además, Peralta señala que la Comisión de Reclusorios solicitó a la Secretaría de Gobierno del DF, a la subsecretaría del Sistema Penitenciario y al Tribunal Superior de Justicia de la ciudad, que realicen un informe de las tiendas departamentales o supermercados que han interpuesto demandas en contra de personas con alguna discapacidad por robos menores.

La idea, plantea la legisladora, es analizar no solo los casos de personas con discapacidad intelectual presos por robos menores, sino también aquellos expedientes en los que los imputados presuntamente amenazaron o golpearon a policías o guardias de seguridad de las tiendas al momento de su detención. Lo cual hace que su falta se convierta en delito grave y pueda ser merecedora de prisión preventiva si no se paga una fianza.

En este sentido, Peralta apunta que las grandes cadenas de tiendas y supermercados tienen como ‘modus operandi’ incluir algún agravante en la denuncia, como robo con violencia o en pandilla, para llevar a quienes cometen pequeños hurtos en sus locales hasta la prisión.

“La práctica común de los abogados de estas tiendas es siempre meter algún tipo de agravante al delito de robo simple, para que sea un delito grave y la persona ya no pueda acceder a los beneficios de la ley”, denuncia la legisladora, quien acusa a los dueños de las tiendas de carecer de “sensibilidad” para entender que quienes llevan hasta la cárcel son personas con problemas mentales que, presuntamente, robaron unos pocos pesos.

Exigen indemnización para Erick y Tairo

Por lo pronto, tras la salida de Tairo de prisión, quien regresará a Colombia para tratarse en una clínica el trastorno bipolar, la vicepresidenta de la Comisión de Reclusorios anunció en un comunicado que pedirán a las tiendas departamentales que capaciten a su personal para atender a personas con alguna discapacidad intelectual.

Asimismo, dijo que la comisión exigirá a tiendas como Seven Eleven, Oxxo y Soriana, que paguen una indemnización “a personas como Erick Nájar y Tairo Duque, quienes sufrieron abusos y maltratos al momento de su detención”. Asimismo, el pleno de la Asamblea Legislativa del DF solicitó a la Comisión de Derechos Humanos de la ciudad que investigue el caso de Erick Nájar, y pidió al Consejo para Prevenir y Eliminar la Discriminación (Copred) que inicie un proceso para que las autoridades capitalinas ofrezcan una disculpa pública al joven.

Ante esta exigencia, Animal Político contactó vía correo electrónico a Seven Eleven para pedir su versión, pero al momento de publicar esta nota no dio respuesta.

Cabe recordar que el pasado 1 de junio, en la nota que publicó Animal Político ‘Ni perdón ni conciliación: la implacable política de los supermercados contra el robo hormiga’, la Organización Nacional de Tiendas de Autoservicio y Departamentales (ANTAD), en la que está Seven Eleven, explicó que sus representados tienen una política de “tolerancia cero” contra cualquier tipo de robo, sin importar el monto ni el motivo, puesto que lo que se denuncia es el hecho de robar y no la cantidad.

Esto, debido a las pérdidas millonarias de las tiendas. Sólo en 2014, la ANTD reportó que empresas como Walmart, Oxxo, Seven Eleven o Soriana, dijeron haber tenido mermas por hasta 14 mil millones de pesos por el ‘robo hormiga’ de productos como café, leche, refrescos, cigarros o bebidas alcohólicas.

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Cómo es el kawésqar, el idioma que solo hablan 8 personas en el mundo

¿Qué particularidades tiene el idioma nativo de los kawésqar? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes? Aquí te lo contamos.
27 de abril, 2022
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Entre laberínticos archipiélagos australes —donde los vientos, las lluvias y el frío no dan tregua—, vivían los kawésqar.

El grupo nómada pasaba gran parte del día en sus canoas (o hallef) recorriendo los canales entre el golfo de Penas y el estrecho de Magallanes, rodeados de densos bosques y en busca de lobos marinos, nutrias, aves y moluscos para alimentarse.

Los hombres eran los responsables de la caza terrestre (que incluía el icónico huemul) y marítima, mientras las mujeres recolectaban mariscos mediante el buceo, para lo que cubrían su piel con grasa de lobo marino.

Al igual que el resto de los pueblos originarios que poblaron América hace miles de años, los kawésqar tenían su propia lengua, marcada profundamente por su geografía. Eso explica, por ejemplo, por qué tenían 32 maneras de decir “aquí”.

Pero con el paso del tiempo y la llegada de los colonos a esta zona austral de Chile, denominada Patagonia Occidental, el grupo étnico sufrió una transformación brutal: no sólo abandonó su vida nómada —estableciéndose en Puerto Edén, una pequeña villa situada al sur del golfo de Penas—, sino que también relegó a segundo plano su idioma.

Kawésqar

Internet Archive Book Images
Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, los kawéskar (también llamados “alacalufes” por algunos investigadores) fueron vistos por primera vez en 1526 por la expedición del marino español Francisco José García Jofré de Loaysa.

Y es que aprender español se volvió una necesidad para ellos y, así, poco a poco se llegó a un punto crítico: hoy, solo ocho personas hablan su lengua originaria.

Cuatro de ellas son ancianos. Tres nacieron en la década de 1960 —la última generación que adquirió la lengua desde la infancia—, y solo uno, que no es miembro del grupo étnico, lo habla: Oscar Aguilera.

El etnolingüista chileno de 72 años lleva casi 50 intentando salvar este idioma, registrando el vocabulario, grabando durante horas archivos sonoros y documentando el léxico.

Ahora hay otra persona que no es de la comunidad interesada en aprender su gramática: la pareja del próximo presidente Gabriel Boric y futura primera dama, Irina Karamanos.

La dirigenta feminista se ha comunicado con Aguilera con el fin de investigar más del tema. Para ella, los chilenos tienen una relación “deficiente” con sus comunidades y pueblos indígenas, y aprender de su léxico es una forma de acercarse a ellos.

Pero ¿qué particularidades tiene este idioma nativo? ¿Cuál es su origen y sus características más importantes?

Aquí te lo explicamos.

¿Cuál es el origen del kawésqar?

Los lingüistas e investigadores siempre intentan responder la misma pregunta: ¿de dónde vienen las lenguas de los pueblos, cuál es su verdadero origen?

Kawéskar

Oscar Aguilera
Mujer kawéskar en Puerto Edén.

En el caso del kawésqar —así como de muchas otros hablas indígenas—la respuesta aún no está clara.

Esto se explica en parte porque se le considera una lengua “aislada” o “no clasificada”.

Es decir, no forma parte de una familia lingüística ni tiene vínculos con ninguna otra lengua viva (como sí lo tiene, por ejemplo, el español, que procede del latín y es parte de las lenguas romances).

Al ser “aislada” es más difícil descubrir de dónde vienen sus palabras, su estructura o su gramática.

Aunque se cree que los kawéskar habitan la Patagonia Occidental hace unos 10 mil años, el primer testimonio que se conoce de su lengua aparece recién entre los años 1688 y 1689, elaborado por el aventurero francés Jean de la Guilbaudière.

Según el Museo Chileno de Arte Precolombino, hacia el siglo XIX su población alcanzaba las 4 mil personas, y la mayoría hablaba el idioma ancestral.

A fines del siglo XIX, sin embargo, su población descendió abruptamente a 500 personas y luego a 150 en la década de 1920.

Actualmente, hay cerca de 250 kawéskar en la región de Magallanes, pero son monolingües —hablan solo español— y no dominan la lengua de sus antepasados.

¿Qué características tiene?

Por sus características morfológicas, el kawéskar es una lengua aglutinante (al igual que el turco y otras) y polisinética; es decir, tiene “palabras, oraciones o frases” que no se pueden traducir con una sola palabra al español.

“No hay una equivalencia de uno a uno, como por ejemplo, el table inglés y el ‘mesa’ español. En kawésqar tenemos palabras como jerkiár-atǽl, un verbo que significa ‘el movimiento que hace el mar de flujo y reflujo'”, le explica Oscar Aguilera a BBC Mundo.

Puerto Edén.

Oscar Aguilera
En Puerto Edén viven unos 200 kawéskar actualmente.

A pesar del amplio contacto de los kawésqar con los colonos, se resisten a aceptar préstamos del español. Así, han creado sus propias palabras para llamar, por ejemplo, a los aparatos han ido adquiriendo (como el televisor o el teléfono).

Las pocas palabras que se han adoptado del español han sufrido una “nativización”; es decir, una transformación a la fonética kawéskar.

Es el ejemplo de “barco”, que se dice jemmáse pero también wárko. La “b” en castellano se reemplaza por la “w”, pues no existe el sonido “b” en kawésqar.

Además, hay un lado cultural que, según Aguilera, “difiere notablemente de la manera en como nosotros nos expresamos”.

Si el kawésqar no tiene certeza de lo que dice, no lo dice. Siempre usa el condicional. Culturalmente ellos rechazan la falta de veracidad, es sancionada por el grupo. La persona que miente se la señala con el dedo”, explica.

Así, por ejemplo, los kawésqar nunca dirían que tal persona los llamó desde Londres. Como no tienen seguridad de que esa persona estaba en Londres (porque no lo ven), dirían “me habría llamado” desde Londres.

¿Por qué está en peligro de extinción?

Al ser hablado solo por ocho personas, está entre las lenguas que la Unesco considera en vías de extinción.

“El problema es que, en términos generales, no es una lengua práctica. Es mejor aprender español o estudiar inglés”, dice Aguilera.

Según el experto, entre las razones que explican por qué el español penetró tan fuerte entre los kawésqar está la comercialización de sus productos con los nuevos habitantes de la zona.

Oscar Aguilera

Oscar Aguilera
El etnolingüista Oscar Aguilera se mudó a Punta Arenas en 2015. Hoy es profesor de la Universidad de Magallanes.

Además, de acuerdo al especialista, se sentían discriminados por los pueblos aledaños, como los chilotes (habitantes de la isla de Chiloé).

“Los chilotes los miraban en menos e incluso se reían de cómo hablaban su idioma. Entonces ellos decidieron no hablar más su idioma en público, sino que solamente en la casa”, explica el lingüista.

El Estado de Chile tampoco ha priorizado su rescate o sobrevivencia. Hasta el día de hoy no hay suficientes incentivos para revitalizar el idioma. La única escuela que hay en Puerto Edén, por ejemplo, enseña en español.

“Hay algunas personas que están haciendo esfuerzos por aprender la lengua, pero la falta de continuidad y persistencia, además de tratarse de una lengua gramaticalmente tan diferente del español, lo hace difícil para ellos”, cuenta Aguilera.


La fascinante historia de Oscar Aguilera

En el invierno de 1975, Oscar Aguilera emprendió una aventura que cambiaría su vida para siempre.

Siendo un joven inexperto, recién egresado de Filología Clásica, Germanística y Lingüística de la Universidad de Chile, decidió viajar a Puerto Edén, el lugar donde viven actualmente los kawésqar.

“Quedé muy impresionado porque me habían pintado un cuadro completamente distinto. Me imaginaba que me iba a encontrar con personas vestidas con pieles, casi con harapos, y viviendo en chozas icónicas. Pero no, ellos vivían en casas común y corrientes, y se vestían igual que yo”, dice.

En ese viaje —que se extendió por todo el invierno— conoció a la familia Tonko, quienes lo ayudaron a comenzar con el registro de la lengua, compartiendo con él largas jornadas de grabación.

Al año siguiente, publicó un primer léxico que perdura hasta el día de hoy.

Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera (operando la grabadora) junto al equipo de investigación y un miembro kawésqar (el de más a la derecha) en Puerto Edén, 1975.

La fascinación de Aguilera con los kawésqar fue tal que siempre encontró razones para volver.

Y así es como decidió embarcarse en una segunda expedición, de la cual volvió con dos miembros de la comunidad a su casa en Santiago, donde vivía con sus padres y su abuela.

Estuvieron viviendo con nosotros durante cuatro meses. Mi familia los recibió bien, los aceptaron”, afirma.

Aguilera era en ese entonces profesor del Departamento de Filosofía de la Universidad de Chile.

Cada tarde, cuando se acababan las clases, se quedaba con los dos kawésqar grabando parte de su léxico y registrando información etnográfica.

Luego, regresaron todos juntos a Puerto Edén.

“A mí me gustaba ir porque la lengua de una comunidad tiene un componente cultural muy importante. Así que me dediqué no solo a salvar el idioma sino también al rescate cultural que implica mucho más, toda la forma de vida y el testimonio propio de ellos”, explica.

La mayoría de los kawéskar que conoció en esos viajes hablaban español pero con distintos grados de competencia. Los más ancianos, por ejemplo, solían tener más interferencia de su lengua materna, cometiendo errores como la no diferenciación entre el singular y el plural.

Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

Oscar Aguilera
Oscar Aguilera grabando el idioma kawéskar con uno de sus hablantes en 2009.

El académico reconoce que se enamoró de su gente.

“Hice todo lo contrario a lo que los libros de texto le recomendaban a un investigador: ‘Usted saque información, describa la lengua y váyase’. Yo me involucré con la comunidad”, dice.

“Adopción mutua”

En los años 80, la relación entre Oscar Aguilera y los kawésqar se profundizó aún más cuando decidió adoptar a dos niños de la comunidad para que recibieran una buena educación en Santiago.

Los niños pertenecían a la familia de los Tonko. En total, eran ocho hermanos. Uno de ellos, José, amaba la lectura.

“Con el permiso de sus padres, le compré un pasaje a Puerto Montt y lo fui a buscar para irnos a Santiago. Ingresó a la escuela, al Liceo Alessandri, donde yo también había estudiado”, cuenta.

José Tonko

Oscar Aguilera
José Tonko.

Cuatro años después, el hermano de José, Juan Carlos, también se fue a vivir a Santiago con Aguilera. Vivían todos juntos en una casa que el académico arrendaba en la comuna de providencia.

“Yo los adopté. Es que su familia había sido muy buena conmigo, me recibieron siempre como si fuera parte de ellos. Así que en realidad fue una adopción mutua”.

Cuando cumplieron 18 años, José y Juan Carlos ingresaron a la universidad. El primero, estudió Trabajo Social y Antropología, y el segundo, periodismo.

“Ellos son mi familia”

Actualmente, los hermanos —que bordean los 60 años— viven en la ciudad de Punta Arenas, al igual que Aguilera, quien dicta seis cursos en la Universidad de Magallanes.

“Hasta el día de hoy ellos son mi familia. Es como si fueran mis hijos, me cuidan y yo los cuido”.

Ambos han trabajado con él en la ardua tardea de rescatar el idioma.

José es coautor de distintas publicaciones —como “Gente de los canales” (2019)—, y ha colaborado en la creación de un diccionario kawésqar-español, que aún no logran terminar.

Además, entre 2007 y 2010, redactaron un texto y un archivo sonoro que se encuentra hoy en la Universidad de Texas, en Austin, Estados Unidos, y en la Universidad James Cook, en Australia.

Sin embargo, el lingüista cree que aún falta mucho por hacer.

José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

Oscar Aguilera
José Tonko y Oscar Aguilera en Puerto Edén, año 2009.

“Detrás de las lenguas hay un gran conocimiento y por eso se deben preservar, porque albergan información única sobre el medioambiente donde vive la gente que lo habla”, dice.

De cara al futuro del idioma, su esperanza está depositada en la futura primera dama, Irina Karamanos.

Quizás su interés —dice— ayude a revitalizar realmente la lengua de quienes considera su verdadera familia.


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