El Trolebús, una medicina contra la contaminación caduca y abandonada
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Cuartoscuro

El Trolebús, una medicina contra la contaminación caduca y abandonada

Este transporte es una opción no contaminante para la ciudad, pero sus unidades tienen hasta 40 años de antigüedad y sus rutas se han reducido 60% en las últimas décadas.
Cuartoscuro
Por Lizbeth Padilla
30 de junio, 2016
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Aunque el Trolebús es una de las pocas opciones de transporte que no contaminan en la Ciudad de México, sus unidades son viejas, algunas tienen hasta 40 años de servicio, y sus rutas se han reducido a la mitad en los últimos años.

Pese a ser un transporte benéfico para el ambiente, con el paso de los años, el gobierno de la ciudad ha reducido el número de unidades y desaparecido rutas de trolebús, el sistema más antiguo de los transportes actuales.

El ‘trole’ fue inaugurado en 1951, y vio sus años de esplendor en la década de 1980, cuando se adquirieron 100 unidades nuevas con lo que la cifra llegó a 758 trolebuses, la más alta de su historia, según datos del STE.

En las décadas siguientes se renovaron algunas unidades, pero el número total de la flota se redujo notoriamente: para 2001, había 290 trolebuses, 62% menos que en 1980.

Actualmente hay 340 trolebuses, de ellos 284 unidades están en operación y 56 en mantenimiento.

Las unidades más nuevas, compradas entre 1997 y 1998, tienen 18 años de antigüedad y las más viejas, adquiridas en 1975, tienen 41 años de servicio.

En el caso del tren ligero, éste cuenta con 19 trenes en operación; los más antiguos tienen 26 años – fueron adquiridos en 1990 – y los más recientes fueron comprados en 2008. Diariamente transporta a 55,000 pasajeros por su única línea que va de Taxqueña a Xochimilco.

grafico-trolebuses

Servicio único, pero olvidado

El 9 de marzo de 1951 se inauguró la primera línea de trolebús: Tacuba – Calzada de Tlalpan. Entre sus ventajas estaban que era “silencioso, rápido y confiable”, detalla una reseña del Sistema de Transportes Eléctricos.

Las características que hicieron al trolebús un transporte de vanguardia en décadas pasadas quedaron atrás, según algunos de sus usuarios.

“Ya no son rápidos. Antes pasaban más seguido, pero ahora se tardan en pasar y no van rápido, será porque ya están muy viejos”, dice Dalia González, quien utiliza la Línea G, que va del metro Boulevard Puerto Aéreo al metro el Rosario.

En los últimos 16 años, nueve rutas de trolebús dejaron de prestar servicio. Dos fueron fueron sustituidas por la construcción de la Línea 2 del Metrobús, otra por la Línea 12 del Metro.

Seis líneas más fueron retiradas por el “redimensionamiento de la red” para ajustar rutas; entre ellas tres que circulaban por el Eje 3 Oriente dejaron de prestar servicio por la implementación de la línea 5 del Metrobús, detalla el STE, sin embargo este transporte solo llega a San Lázaro y no cubre toda la ruta que tenía el trolebús hacia el sur de la capital.

“Silencioso no es, a algunos les rechina todo, más cuando frenan, las puertas no abren bien y los vidrios están rayados, sucios”, dice Carlos Hernández usuario del corredor Cero Emisiones que va de la Terminal de Autobuses del Norte a la Terminal de Autobuses del Sur.

Actualmente funcionan ocho rutas. El corredor Cero Emisiones que opera en Eje Central tiene el mayor número de unidades en funcionamiento, con 88 unidades.

José Gallardo comenta que ya no usa el trolebús porque “tarda en pasar. Sí es rápido, porque tiene un carril confinado. Solo lo espero cuando tengo tiempo o voy sin prisa, porque si no se me hace tarde”.

Las últimas rodadas del trolebús

Para que el transporte eléctrico vuelva a estar en las preferencias de los capitalinos la Secretaría de Movilidad proyecta el cambio de los trolebuses por camiones eléctricos.

Con esto se transformaría la electromovilidad de la capital como ha sucedido en otras ciudades del mundo, explicó Laura Ballesteros, Subsecretaria de Planeación de la Semovi, durante un diálogo con lectores de Animal Político.

“Se tiene proyectado para los siguientes años hacer una transformación de los transportes eléctricos de la ciudad especialmente convirtiendo al trolebús en camión eléctrico.

Si vemos una línea de evolución, el transporte eléctrico del mundo, el trole es sin duda uno de los elementos más evolucionados, pero el último elemento de evolución hoy en lo eléctrico es el bus específicamente eléctrico sin concatenado para poder circular”, dijo Ballesteros.

En abril pasado, el mandatario local, Miguel Ángel Mancera, anunció que la ciudad tendría un financiamiento por 7,000 millones de pesos para la renovación del transporte público. Parte de esos recursos serían para la renovación de 80 trolebuses.

Entonces, Mancera dijo que el costo de sustituir una unidad de trolebús es de 13 millones de pesos.

A inicios de junio el gobierno capitalino inició el cambio de los camiones de RTP por los nuevos autobuses denominados M1, además mandatario local, Miguel Ángel Mancera, anunció el pasado 8 de junio la desaparición de los microbuses. Sin embargo no ha dado una una fecha para comenzar la sustitución de los trolebuses.

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5 razones por las que 2021 puede ser un año crucial en la lucha contra el cambio climático

El año que comienza representa una gran oportunidad para encaminarnos hacia un planeta con menos emisiones de carbono.
6 de enero, 2021
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Glaciar en Argentina

Getty
El mundo no está encaminado hacia lograr sus metas de reducción de emisiones de carbono.

El mundo tiene un tiempo limitado para actuar si quiere evitar los peores efectos del cambio climático.

La pandemia de covid-19 fue el gran problema de 2020, sin duda, pero espero que, para fines de 2021, las vacunas se hayan activado y hablemos más sobre el clima que sobre el coronavirus.

Este año que comienza será decisivo para enfrentar el cambio climático.

Según Antonio Guterres, secretario general de la ONU, estamos en un “punto de quiebre” para el clima.

Con el espíritu optimista de Año Nuevo, estas son cinco razones por la que creo que 2021 podría confundir a los fatalistas y ver un gran avance en la ambición global sobre el clima.

1. La crucial conferencia climática

En noviembre de 2021, los líderes mundiales se reunirán en Glasgow, Escocia, para trabajar en el sucesor del histórico Acuerdo de París de 2015.

París fue importante porque fue la primera vez que prácticamente todas las naciones del mundo se unieron para acordar que todas necesitaban ayudar a abordar el cambio climático.

El problema fue que los compromisos asumidos por los países para reducir las emisiones de carbono en ese entonces no alcanzaron los objetivos establecidos por la conferencia.

En París, el mundo acordó que para fines de siglo el aumento de la temperatura global no estaría por encima de 2 °C respecto a los niveles preindustriales. El objetivo era limitar el aumento a 1,5 °C, si era posible.

Naturaleza.

Getty
La conferencia de Glasglow es una nueva oportunidad para lograr las metas climáticas.

La realidad es que no estamos avanzando en ese sentido.

Según los planes actuales, se espera que el mundo supere el límite de 1,5 °C en 12 años o menos, y que alcance 3 °C de calentamiento para fines de siglo.

Según el acuerdo de París, los países prometieron volver a reunirse cada cinco años y aumentar sus objetivos de reducción de carbono.

Eso debía suceder en Glasgow en noviembre de 2020, pero debido a la pandemia se aplazó para este año.

Así, Glasgow 2021 puede ser un encuentro en el que se aumenten los recortes a las emisiones de carbono.

2. Grandes reducciones de emisiones

El anuncio más importante sobre el cambio climático el año pasado salió completamente de la nada.

En la Asamblea General de la ONU en septiembre, el presidente de China, Xi Jinping, anunció que su país tenía como objetivo convertirse en neutral en emisiones de carbono para 2060.

Los ambientalistas quedaron atónitos.

Reducir el carbono siempre ha sido visto como una tarea costosa, pero aquí estaba la nación más contaminante del mundo, responsable de cerca del 28% de las emisiones mundiales, comprometiéndose a cortar sus emisiones incondicionalmente, independientemente de si otros países seguirán su ejemplo.

Ese fue un cambio total respecto a las negociaciones anteriores, cuando todos temían asumir el costo de descarbonizar su propia economía, mientras que otros no hacían nada, pero disfrutaban a costa de los que sí habían hecho la tarea.

Planta de carbón.

Getty
China es responsable de cerca del 28% de las emisiones de gases de efecto de invernadero.

China no es la única en tener esta iniciativa.

En 2019, Reino Unido fue la primera de las principales economías del mundo en asumir un compromiso legal de cero emisiones netas.

La Unión Europea hizo lo mismo en marzo de 2020.

Desde entonces, Japón y Corea del Sur se han sumado a lo que, según estimaciones de la ONU, son ya más de 110 países que han establecido una meta de cero neto para mediados de siglo.

Según explica la ONU, el cero neto significa que no estamos agregando nuevas emisiones a la atmósfera. Las emisiones continuarán, pero se equilibrarán absorbiendo una cantidad equivalente de la atmósfera.

Los países que se han puesto la meta de llegar al cero neto representan más del 65% de las emisiones globales, y más del 70% de la economía mundial, dice la ONU.

Con la elección de Joe Biden en Estados Unidos, la economía más grande del mundo ahora se ha reincorporado al coro de reducción de carbono.

Estos países ahora necesitan detallar cómo planean lograr sus nuevas aspiraciones, que serán una parte clave de la agenda de Glasgow, pero el hecho de que ya estén diciendo que quieren llegar a ese punto es un cambio muy significativo.

3. La caída del costo de las energías renovables

Hay una buena razón por la que tantos países ahora dicen que planean tener cero emisiones netas: la caída del costo de las energías renovables está cambiando por completo el cálculo de la descarbonización.

En octubre de 2020, la Agencia Internacional de Energía, una organización intergubernamental, concluyó que los mejores esquemas de energía solar ofrecen ahora “la fuente de electricidad más barata de la historia”.

Cuando se trata de construir nuevas centrales eléctricas, las energías renovables ya suelen ser más baratas que la energía generada por combustibles fósiles en gran parte del mundo.

Paneles solares

Getty
El costo de producción de las energías renovables está disminuyendo.

Si los países aumentan sus inversiones en energía eólica, solar y de baterías en los próximos años, es probable que los precios caigan aún más, hasta un punto en el que comenzará a ser rentable cerrar y reemplazar las centrales eléctricas de carbón y gas.

Esto se debe a que el costo de las energías renovables sigue la lógica de toda la industria: cuanto más produces, más barato se vuelve, y entre más barato se vuelve, más produces.

Esto significa que los activistas no tendrán que presionar a los inversores para que hagan lo correcto.

Por su parte, los gobiernos saben que al aumentar las energías renovables en sus propias economías, ayudan a acelerar la transición energética a nivel mundial, al hacer que las energías renovables sean aún más baratas y competitivas en todas partes.

Granja eólica.

EPA
La energía eólica es una alternativa para reducir las emisiones de carbono.

4. La pandemia lo cambia todo

La pandemia de coronavirus ha sacudido nuestra sensación de ser invulnerables y nos ha recordado que es posible que nuestro mundo se trastorne de formas que no podemos controlar.

También ha provocado la conmoción económica más significativa desde la Gran Depresión.

En respuesta, los gobiernos están dando un paso adelante con paquetes de estímulo diseñados para reactivar sus economías.

Y la buena noticia es que rara vez, si es que alguna vez, ha sido más barato para los gobiernos realizar este tipo de inversiones. En todo el mundo, las tasas de interés rondan el cero o incluso son negativas.

economía verde.

Getty
Muchos países tienen planes de incentivar la economía verde.

Esto crea una oportunidad sin precedentes para hacer las cosas mejor esta vez.

La Unión Europea y el nuevo gobierno de Joe Biden en EE.UU. han prometido billones de dólares en inversiones verdes para poner en marcha sus economías e iniciar el proceso de descarbonización.

Ambos dicen que esperan que otros países se unan a ellos, ayudando a reducir el costo de las energías renovables a nivel mundial. Pero también advierten que, junto con esta zanahoria, planean blandir un garrote: un impuesto a las importaciones de países que emiten demasiado carbono.

La idea es que esto puede ayudar a que los rezagados en la reducción de carbono, como Brasil, Rusia, Australia y Arabia Saudita, se animen a recortar emisiones.

La mala noticia es que, según la ONU, los países desarrollados están gastando un 50% más en sectores vinculados a los combustibles fósiles que en energías bajas en carbono.

5. Los negocios también se está volviendo verdes

La caída del costo de las energías renovables y la creciente presión pública para que se actúe sobre el clima también están transformando las actitudes en los negocios.

Existen sólidas razones económicas para ello. ¿Por qué invertir en nuevos pozos de petróleo o centrales eléctricas de carbón que se volverán obsoletas antes de que puedan amortizarse a lo largo de sus 20 o 30 años de vida?

De hecho, ¿por qué tener en sus carteras riesgos asociados al carbono?

La lógica ya se está desarrollando en los mercados. Solo este año, el vertiginoso precio de las acciones de Tesla la ha convertido en la empresa automotriz más valiosa del mundo.

auto eléctrico.

Getty
Los autos eléctricos han ganado terreno en el mercado automotriz.

Mientras tanto, el precio de las acciones de Exxon, que llegó a ser la compañía más valiosa del mundo, cayó tanto que fue expulsada del Promedio Industrial Dow Jones de las principales corporaciones estadounidenses.

Al mismo tiempo, existe un impulso creciente para lograr que las empresas incorporen el riesgo climático en su toma de decisiones financieras.

El objetivo es hacer que sea obligatorio para las empresas y los inversores demostrar que sus actividades e inversiones están dando los pasos necesarios para la transición a un mundo de cero emisiones netas.

Setenta bancos centrales ya están trabajando para que esto suceda, y la integración de estos requisitos en la arquitectura financiera mundial será un enfoque clave para la conferencia de Glasgow.

Aún está todo en juego.

Por lo tanto, hay buenas razones para la esperanza, pero está lejos de ser un trato hecho.

Confinamiento.

Getty
El confinamiento causó una reducción de las emisiones, pero ya los niveles están volviendo a subir.

Para tener una posibilidad razonable de alcanzar el objetivo de 1,5 °C, debemos reducir a la mitad las emisiones totales para fines de 2030, según el Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático, el organismo respaldado por la ONU que recopila la ciencia necesaria para informar las políticas.

Esto implicaría lograr cada año la reducción de emisiones que hubo en 2020 gracias a los confinamientos masivos debido a la pandemia.

Las emisiones, sin embargo, ya están volviendo a los niveles que tenían en 2019.

La verdad es que muchos países han expresado grandes ambiciones de reducir el carbono, pero pocos han implementado estrategias para alcanzar esos objetivos.

El desafío para Glasgow será lograr que las naciones del mundo se adhieran a políticas que comenzarán a reducir las emisiones ya.

La ONU dice que quiere ver el carbón eliminado por completo, el fin de todos los subsidios a los combustibles fósiles y una coalición global para llegar al cero neto para 2050.

Eso sigue siendo una tarea muy difícil, incluso si los sentimientos globales sobre enfrentar el calentamiento global están comenzando a cambiar.


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