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¿Infiltrados? Hombres con chalecos antibalas recorrieron Nochixtlán antes del enfrentamiento

Esta es la tercera parte de la reconstrucción de lo que sucedió el 19 de junio. Habitantes de Nochixtlán señalan que hubo policías estatales vestidos de civil infiltrados en la protesta. Algunos dicen que ellos fueron los primeros en disparar desde las azoteas de los hoteles.
AFP
Por Paris Martínez
28 de junio, 2016
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Esta es la tercera entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito.

Lee aquí las primeras dos partes.

Primera parte: Así fue el desalojo del plantón de Nochixtlán, narrado por testigos

Segunda parte: ¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?

I.

Omar González Santiago murió a 15 metros del hotel Juquila. Fue la segunda víctima mortal del operativo policiaco realizado el 19 de junio, en Nochixtlán, por autoridades federales y estatales. Nadie vio a su atacante.

Su hermano intenta narrar los hechos, justo en el punto donde ocurrieron, sobre la carretera, en el acceso al pueblo de Nochixtlán, pero inmediatamente después se disculpa, “no me salen las palabras”, musita, con los ojos entornados, pasmados.

Apenas logra comentar que el ataque ocurrió alrededor de las 10:00 horas y que su hermano cayó sobre la cinta asfáltica de la carretera.

Después de que Omar cayó herido de bala, manifestantes infirieron que el disparo había salido del hotel Juquila, el cual fue incendiado, en venganza.

Sin embargo, así como nadie vio quién disparó a Omar, hasta el momento tampoco se ha identificado a testigos que afirmen haber visto tiradores actuando desde el hotel Juquila.

“Las pérdidas rebasan más de 1 millón de pesos –explica I., copropietario del hotel Juquila–, debido al fuego, las trabes (de la cimentación) se están deshaciendo… si queremos mantener el edificio, toda la estructura deberá ser reforzada con acero.”

Durante un recorrido por el interior del hotel, se pudo constatar que la mayoría de las habitaciones lucían deshabitadas: camas tendidas, sin equipaje de huéspedes, con los artículos sanitarios aún dispuestos fuera del baño.

Cinco habitaciones, sin embargo, estaban cerradas con llave, y no fue posible acceder a ellas.

–¿Tuvieron huéspedes en los días previos al operativo? –se pregunta a I.

–No –responde–, de hecho, en el momento en que se hace el bloqueo (es decir, desde el 14 de junio) al hotel prácticamente ya no van huéspedes. Estamos hablando de ocho diez días antes, en los que prácticamente no tuvimos gente. Por eso, para salvaguardar el inmueble, nosotros nos precavimos y dimos la indicación de que sólo se atendiera a las personas conocidas, porque había mucha gente que no era de Nochixtlán… entonces, había instrucciones de que a gente extraña no se le rentaran habitaciones.

Por eso, subraya, es imposible que alguien haya disparado desde dentro de su hotel, en contra de Omar.

 

II.

En la entrada al pueblo de Nochixtlán no sólo se ubica el hotel Juquila. También están ahí, el hotel Merli y el hotel Fandango’s, así como distintos negocios de bienes y servicios: tiendas de abarrotes, refaccionarias, labradores de cantera, y más.

F. es empleado de uno de los negocios de este punto y, desde el martes 14 de junio (es decir, cuando fue instalado el bloqueo carretero en Nochixtlán), asegura haber visto que en los hoteles Juquila y Merli se hospedaron policías estatales.

En el tercer hotel, el Fandango’s, había “un letrero de cupo lleno”, y por eso los policías se iban a los otros, afirma.

–¿Cómo puedes identificarlos como estatales? –se le pregunta.

–Porque iban con pantalón azul oscuro, playera blanca, pistola, y chaleco antibalas, y el chaleco dice “Policía estatal”. Los chalecos traen una franja plateada en la espalda, y enfrente, en el pecho, del lado izquierdo, dicen Policía Estatal. No llegaban en patrullas, llegaban en camionetas como particulares, sin ningún logotipo ni nada, pero yo los veía cuando se bajaban en la noche, y cuando caminaban por aquí enfrente durante el día –explica el joven empleado.

Según su testimonio, todas las noches, entre el 14 y el 18 de junio, a estos hoteles llegaron camionetas con personas que portaban este tipo de chalecos antibalas, para pernoctar, y luego partían en la mañana.

–El día del operativo policiaco, ¿pudiste ver tú, desde tu trabajo, si desde estos hoteles dispararon contra los manifestantes?

–Como a las 12:00 o 12:30 yo me subí a la azotea –narra F.–, para ver (lo que ocurría). Y cuando voy saliendo (del cubo de la escalera) veo que unas personas están en la azotea del hotel Marli, detrás del letrero (de hotel), y cuando yo salgo y le empiezo a echar seguro a la puerta, que me avientan unos disparos.

–¿Quién?

–Los señores de la azotea del hotel Merli. Estaban vestidos de civiles, pero eran policías estatales, y lo sé porque tenían chalecos antibalas.

Según el testimonio de este joven empleado, esas personas portaban el mismo tipo de chalecos antibalas de aquellos policías que, en las noches previas, llegaron a hospedarse a los hoteles Juquila y Merli.

–¿Puedes describirlos?

–Todo fue muy rápido, ni tuve tiempo de sostenerme a ver lo que estaba pasando. Llevaban camisa blanca y encima el chaleco, con una franja color plata. Entonces, en el momento en que me avientan las balas, yo me agacho, y lo que hago es bajarme de la azotea, y ya con los nervios ni supe si cerré la puerta o no…

Animal Político intentó consultar a los propietarios del Hotel Merli para conocer su postura en torno a estos señalamientos, pero no fue posible entablar contacto.

 

III.

L. es un maestro de primaria en Nochixtlán. Integrante del movimiento magisterial e indígena mixteco.

Él explica que, en los días previos al operativo policiaco del 19 de junio (que dejó siete personas muertas el día de los hechos), la vida en el pueblo no había sufrido alteraciones: “Nochixtlán no depende de esa carretera, al revés, cuando la construyeron, eso mermó la economía del pueblo”.

Por ello, detalla, el bloqueo carretero instalado el 14 de junio no alteró la dinámica de la población: los servicios públicos estatales y municipales continuaban brindándose y, por ello, en la zona se detectó presencia de policías estatales, haciendo “inteligencia”, desde el mismo día en que se bloqueó el paso de los vehículos, pero no se impidió que hicieran presencia en el poblado.

“Desde días antes (del operativo) empezó a haber esa tensión, se nos decía que (los policías) venían por acá, venían por allá, y que había gente estudiando el terreno”.

Este maestro, quien participaba en el bloqueo, afirma que “hubo gente que estuvo viendo los movimientos de los compañeros, y eso se reflejó después (el día del operativo), porque ellos (los policías) se acomodaron en puntos estratégicos, avanzando por un terreno que no les era desconocido, avanzaron bien, colocándose en lugares en los que se impidiera el repliegue de los compañeros (manifestantes): por los huizachales, por la vulcanizadora Reyes, cubriendo el panteón, en la nopalera, y uno más en la carretera. Ellos dicen que fueron emboscados, pero no, la verdad es que la emboscada era más bien de ellos para nosotros… sabemos que ese es su trabajo y la estudiada que dieron a la zona fue muy certera: nos cubrieron completamente.”

La versión oficial de los hechos, sin embargo, es completamente inversa.

Según el titular de la Policía Federal, Enrique Galindo, quien rindió conferencia de prensa un día después del operativo, los 800 uniformados no avanzaron contra los manifestantes, sino que “grupos radicales”, tal como él mismo los definió, “estaban tratando de impedir el retiro de la Policía Federal”.

Aún así, se ufanó, “en todo momento tratamos de preservar el orden, la paz, la tranquilidad”.

El operativo policiaco del 19 de junio concluyó con siete civiles asesinados por disparos de arma de fuego; más de 50 ciudadanos heridos, también por lesiones de bala; y decenas más de personas con lesiones menores.

Por parte de la policía, se reportó a 26 uniformados con lesiones, dos de ellos (pertenecientes a la Policía Estatal) con heridas de bala.

 

IV.

Mientras los pobladores de Nochixtlán enardecían por la muerte de civiles, después del operativo de desalojo y aprovechando el desconcierto, hubo policías federales resguardados dentro del pueblo.

V. confirmó que elementos de la Policía Federal quedaron rezagados del resto de su grupo y desde las 14:00 horas, justo cuando los manifestantes quemaban el palacio municipal de Nochixtlán, aprovecharon para esconderse en el poblado.

De acuerdo con su testimonio, los federales salieron hasta las 23:00 horas del 19 de junio. Sin embargo, evitó dar más detalles de cómo pudieron entrar y salir.

Esto pudo ocurrir gracias al desconcierto que regía en el poblado, luego de que, hacia las 18:00 horas, la policía se retiró, abandonando Nochixtlán y dejando, como al principio, la carretera bloqueada.

Después de la batalla con policías federales, el ambiente era de caos absoluto: las familias buscaban a sus fallecidos, en clínicas y consultorios se atendía a heridos, había autos particulares y tréilers –incluyendo uno con pollos vivos– consumiéndose entre las llamas.

En ese momento, los pobladores quemaron el hotel Juquila –que se encuentra sobre la carretera– porque, testigos aseguraban que desde ahí, alguien disparaba hacia civiles. Además, el Palacio municipal se mantuvo en llamas hasta el lunes 20 de junio.

Otro grupo se dirigió hacia el rancho de la familia del presidente municipal, Daniel Cuevas, a quien acusaron de permitir la entrada del convoy de policías federales horas antes del inicio de operativo.

El acceso directo a Nochixtlán estaba impedido por los bloqueos en el cruce de las vías principales (la autopista federal, hacia la Ciudad de México, y la carretera hacia Oaxaca). Sin embargo, la propiedad del presidente municipal se encuentra en la desviación del kilómetro 195 sobre la carretera hacia Oaxaca, un camino empedrado permite llegar a la comunidad.

El grupo de manifestantes que acudió a este rancho prendió fuego al acceso, aunque sólo una pequeña fracción se consumió.

 

V.

En el palacio municipal de Nochixtlán ardió el mobiliario entero; un cajero automático fue sacado a la calle y destruido; la cárcel municipal, cuyas rejas aún eran de antigua madera, ardieron.

Dos días después del operativo policiaco –luego del cual ardió el palacio municipal– dentro de este inmueble aún humeaban algunas oficinas.

Por una escalera de caracol, cubierta de hollín, puede accederse a la azotea del inmueble, lugar en el que quedaron abandonados al menos cuatro uniformes de la Policía Estatal, completos: pantalón, camisa, chamarra y cinturón.

Quien los portara parece haberse despojado de ellos, conservado sólo el calzado.

Estos uniformes están arrojados en desorden en la azotea del palacio municipal, junto a dos cajas de balas calibre .223, para armas largas, que están vacías.

Por una esquina del palacio municipal, un desnivel permite brincar con facilidad a una especie de callejón, que da a la entrada de la iglesia de Nochixtlán.

Queda la duda: ¿qué hacían policías estatales en instalaciones que, tradicionalmente, son custodiadas por agentes municipales?

 

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Atlantic Productions

Titanic: las asombrosas imágenes del barco que muestran su deterioro y cómo desaparece en el mar

Por primera vez en casi 15 años, una expedición submarina llegó hasta los restos del Titanic y descubrió que algunas partes emblemáticas del barco ya han desaparecido.
Atlantic Productions
22 de agosto, 2019
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Las primeras personas que llegaron en casi 15 años hasta los restos sumergidos del Titanic se llevaron una gran sorpresa al descubrir el rápido deterioro de algunas de sus partes.

Mediante cinco inmersiones, un equipo internacional de exploradores de aguas profundas inspeccionó el barco hundido hace más de un siglo, el cual se encuentra a 3.800 metros bajo la superficie del Atlántico.

Si bien partes del naufragio estaban en condiciones también sorprendentemente buenas, otras partes incluso ya han desaparecido y se han perdido en el mar.

Lo más deteriorado se observó en el estribor de la nave, donde se ubicaban los camarotes de los oficiales.

Parks Stephenson, historiador especializado en el Titanic, dijo que una parte de lo que vio durante la inmersión fue “impactante”.

La bañera del capitán es una imagen favorita entre los admiradores del Titanic, y eso ya no está“, explicó.

RMS Titanic

PA
El Titanic partió del puerto de Southampton el 10 de abril de 1912.

“Toda la cubierta en ese lado se está derrumbando, lo que se llevó consigo los camarotes. Y ese deterioro continuará avanzando”, advirtió.

Dijo que el techo inclinado de la sección de proa probablemente será la siguiente parte que se perderá, lo que oscurecerá las vistas del interior del barco.

“El Titanic está regresando a la naturaleza”, agregó.

La bañera del capitán -fotografiada durante una expedición de 1996- ya no está.

Getty Images
La bañera del capitán del Titatnic, aquí fotografiada durante una expedición de 1996, ya no está.

Las fuertes corrientes oceánicas, la corrosión salina y las bacterias que se comen el metal están atacando la nave.

Una inmersión difícil

El Titanic ha estado bajo el agua durante más de 100 años, reposando en el lecho marino a unos 600 kilómetros de la costa de Newfoundland (Canadá).

Este barco de pasajeros, que fue la embarcación más grande que existía en su época, chocó contra un iceberg en su viaje inaugural desde Southampton a Nueva York en 1912.

De las 2.200 personas que iban a bordo entre pasajeros y tripulación, más de 1.500 fallecieron.

La expedición hasta el Titanic fue ejecutada por el mismo equipo que recientemente hizo la inmersión más profunda de la historia hasta el fondo de la fosa de las Marianas, ubicado a casi 12 kilómetros de profundidad en el océano Pacífico.

Estas inmersiones se realizaron utilizando un sumergible de 4,6 metros de largo y 3,7 metros de ancho, llamado DSV Limiting Factor y construido por la empresa estadounidense Triton Submarines.

DSV Limiting Factor

Reeve Jolliffe
Las inmersiones se realizaron a bordo de un sumergible Tritón, construido para poder soportar las altas presiones del fondo del mar.

Pilotar el submarino alrededor del sitio del naufragio, que se encuentra separado en dos grandes piezas ubicadas a unos 600 metros de distancia, fue un auténtico desafío.

El mal clima en el Atlántico y las fuertes corrientes submarinas dificultaron la inmersión.

Quedarse enredados entre los restos del naufragio era un riesgo importante para el equipo.

Las inmersiones han sido filmadas por Atlantic Productions para un documental que divulgarán en el futuro.

Expedición científica

Al mismo tiempo que se hacían las grabaciones, un grupo de científicos en la expedición estudió a las criaturas que viven en los restos del naufragio.

A pesar de las temperaturas casi bajo cero, de las aguas negras y de la inmensa presión, existe vida en la zona.

Esto, sin embargo, fue uno de los factores que influyeron en el deterioro del Titanic según Clare Fitzsimmons, experta de la Universidad de Newcastle y una de las científicas de la expedición.

Hay microbios entre los restos de la nave que se están comiendo el hierro de la embarcación, creando unas estructuras mucho más débiles”, explicó.

Restos del Titanic.

Atlantic Productions
La expedición reveló que algunas partes del Titanic están desapareciendo.

Estos carámbanos de óxido -como una especie de estalactitas que cuelgan del naufragio- son tan frágiles que ante el contacto pueden convertirse en una nube de polvo.

Los científicos estudian ahora cómo distintos tipos de metal se erosionan en las aguas profundas del Atlántico, para poder calcular cuánto tiempo más le queda al Titanic.

Al hablar sobre la expedición, Robert Blyth del Museo Marítimo Nacional en Greenwich dijo que es importante descender y documentar el naufragio en el estado en el que se encuentra actualmente.

El naufragio en si mismo es el único testigo que tenemos ahora del desastre del Titanic“, explicó.

“Todos los sobrevivientes han muerto ya, así que creo que es importante usar el naufragio mientras este aún tenga algo que decir”, concluyó.


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