Juan estaba acuartelado en un hotel con otros 300 policías, y ahí desapareció
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Juan estaba acuartelado en un hotel con otros 300 policías, y ahí desapareció

El policía federal Juan Hernández desapareció en Nuevo León cuando tenía 23 años, tres días antes de la fecha programada por él y por su novia para casarse.
Por Paris Martínez
4 de junio, 2016
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Juan Hernández Manzanares es un policía federal, adscrito al destacamento de respuesta inmediata, capacitado en el manejo de armamento especial, que desapareció hace cinco años, cuando estaba acuartelado, junto con otros 300 elementos, en un hotel de Nuevo León.

”Yo sé que ese trabajo era peligroso –narra Patricia, la mamá de Juan–, y sabía que a mi hijo me lo podían matar en un enfrentamiento. Claro que lo sabíamos. En un enfrentamiento él recibió un disparo en la mejilla y otro en el muslo. Pero esa era su elección, él me decía que su trabajo le gustaba, que alguien tenía que defender a la gente… pero no estábamos preparados para lo que pasó: a mi hijo se lo llevaron del mismo hotel en el que estaban acuartelados él y otros 300 policías… y nadie vio nada”.

Juan desapareció cuando tenía 23 años, el 19 de febrero de 2011, tres días antes de la fecha programada por él y por su novia para casarse por el civil.

De hecho, recuerda la señora Patricia con indignación, “yo me enteré de que había desaparecido por su novia, no por la Policía Federal, ella me habló para decirme que no lograba contactarlo… En la Policía Federal dicen que se dieron cuenta de su ausencia en la mañana del día 20 de febrero, mi hijo compartía habitación con otros tres elementos, pero ellos dicen que no se dieron cuenta de su ausencia, sino hasta el día siguiente, con el pase de lista. Aún así, nunca me notificaron nada”.

Juan no fue el único policía federal acuartelado en ese hotel, que desapareció esa noche. El agente Juan Luis Lagunilla García, hospedado en una habitación distitna, corrió la misma suerte. Sus compañeros de habitación tampoco reportaron su ausencia.

“Yo me fui a Nuevo León inmediatamente, para buscar a mi hijo. Llegué el día 22 de febrero, es decir, al tercer día de su desaparición, y al llegar me di cuenta de que los mandos de la Policía Federal no habían investigado nada, todo lo contrario: los habían dado de baja, por ‘abandono de trabajo’…

“Ahí yo tuve una pelea muy fuerte con el comandante del destacamento, porque uno abandona su trabajo cuando ya no vuelve para su siguiente jornada laboral, pero en el caso de mi hijo la jornada era constante, él estaba comisionado en Nuevo León las 24 horas del día y los siete días de la semana, y era responsabilidad de la Policía Federal controlar la ubicación de cada uno de los agentes de esa comisión, no existe el ‘ya me voy, al ratito regreso'”.

Foto 1

Gracias a esa disputa inicial, la decisión de darlos de baja fue revertida y, hasta la fecha, Juan es reconocido como elemento de la Policía Federal.

No obstante, destaca su mamá, aunque se le reconoció como desaparecido, la corporación no hizo nada por dar por su paradero en esos primeros días.

“Primero me dijeron que mi hijo se había ido de borracho, que se había ido a un bar, que había estado con una muchacha, y que seguramente, al salir, los ‘levantaron’. El comandante del destacamento incluso me dijo que había visto los videos de seguridad del bar, en los que aparecía mi hijo… Pero todo eso era mentira: el bar no tenía cámaras de seguridad y, de hecho, el establecimiento ni siquiera era como él lo describía”

Días después, el mismo comandante de la Policía Federal informó a la señora Patricia Manzanares que un “halcón” había revelado que Juan estaba retenido, en una casa de seguridad de Saltillo, Coahuila.

“Según ellos (los policías federales), arman un operativo para ir a rescatarlo a Saltillo. Se van, y media hora después, los vehículos regresan, y me dice el comandante que Saltillo está muy caliente, y que si entran podían matarlos…”
Un día después, cambia la versión: “Viene el comandante y me dice que un compañero vio a mi hijo salir del hotel.

Ese policía dijo que vio a mi hijo ir por una recarga de celular al 7 Eleven que estaba en la esquina, hasta describió las ropas que supuestamente vestía… Ese policía, sin embargo, en estos cinco años, se ha negado a rendir declaración ministerial. Todos sus demás compañeros ya declararon, pero él no, la Policía Federal ha hecho todo para no presentarlo”.

Además, subraya la señora Patricia, el informe de este agente a sus mandos “no tiene ningún sentido: todos los policías del destacamento habían recibido teléfonos de la compañía Nextel, con planes de tiempo ilimitado, esos teléfonos se los dio la misma Policía Federal, así que no necesitaba mi hijo salir por ninguna recarga… la declaración de ese policía es falsa, incluso la ropa que dice que llevaba, yo la tengo. Esa ropa estaba entre sus pertenencias, que quedaron en su habitación”.

¿El hotel en el que estaban acuartelados su hijo y el resto de los policías, tenía cámaras de vigilancia? –se pregunta a la señora Patricia.

–Sí, pero nunca pidieron esas imágenes, y se perdieron. Pero eso no es todo: oficialmente los muchachos estaban acuartelados en el hotel, pero no había ningún control del personal, no había bitácoras de entrada o salida de elementos y no había agentes vigilando los accesos…

¿Por qué?

“Yo tengo una hipótesis –dice Patricia–: yo pienso que a mi hijo lo entregaron sus mismos mandos, al crimen organizado… el año 2011 fue muy violento en toda esa región, hubo muchas desapariciones y una guerra de cárteles. Y a mí, mi hijo me contaba que les daban distintos cursos en manejo de armas especiales, varias veces me dijo de esos cursos, y me platicaba del tipo de armamento especial que les enseñaban a usar, pero yo en ese momento no ponía atención a los nombres de las armas…

“Y ahora resulta que ninguno de esos cursos está inscrito en su historial. Yo estoy segura que mi hijo recibió esa capacitación en el manejo de armamento especial, porque él me lo contaba entusiasmado, cada vez que hablábamos por teléfono, cuando me platicaba lo que hacía y lo que aprendía, porque él ama su trabajo. Y a mí eso me parece extremadamente raro: compañeros de mi hijo me han confirmado que esos cursos sí se dieron, y que ninguno de los elementos recibió su certificado oficial, entonces, pienso yo que algunos de esos policías fueron entrenados, para entregarlos al crimen organizado”.

–¿Existen posibilidades de que Juan se fuera por voluntad propia? –se le pregunta.

–No –responde Patricia, tajante–. En la habitación de mi hijo quedaron todas sus pertenencias, incluida su cartera, su ropa. Su cuenta bancaria, en la que recibía sus quincenas, está intacta, no hubo ningún movimiento, no sacó dinero ni se hicieron compras… Él estaba muy enamorado, él desapareció un sábado, y se iba a casar con su novia el lunes… no, el no se fue. Él estaba en su hotel, acuartelado, y de ahí desapareció. No existe una sola evidencia de que mi hijo saliera por su propia voluntad”.

–¿Cuál es el estado de las investigaciones realizadas por las autoridades?

Hay una investigación de la procuraduría de Nuevo León, una más de la Subprocuraduría Especializada en Delincuencia Organizada, de la PGR, y otra más, también en la PGR, en la Unidad de Búsqueda de personas Desaparecidas. De esas tres, la única que veo avanzar es la tercera: la Unidad de Búsqueda es la única que ha aceptado hacer que declaren los policías federales que ese día compartían habitación con mi hijo, y sus mandos.

–¿Y ellos han colaborado?

–Los policías federales ya están muy molestos. Dicen que nada más estoy chingue y chingue, que esa carpeta de investigación desde cuándo se tenía que cerrar, que qué es lo que quiero… Pues nada más quiero a mi hijo –concluye.

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Los niños que olvidaron leer y escribir durante la pandemia de COVID-19

Unicef reclama que solo en América Latina 86 millones de menores no han vuelto a clases. Se les ha comenzado a llamar "la generación perdida".
28 de septiembre, 2021
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Ya los llaman “la generación perdida”: Naciones Unidas señaló en un informe reciente que cerca de mil millones de menores alrededor del mundo están en riesgo de tener una “pérdida de aprendizaje” significativa a causa de las interrupciones en la asistencia a la escuela durante la pandemia del covid-19.

Y la advertencia va mucho más allá: en muchos países el sistema de educación está a punto de colapsar, si además de la pandemia se suman otros factores como el cambio climático y los conflictos internos.

Un ejemplo de esta crisis que reporta la ONU es lo que ocurre en India.

La periodista de la BBC Divya Arya pudo comprobar que niños en varias regiones de este país asiático “se han olvidado de leer y escribir” debido a que se han visto impedidos de asistir a la escuela en el último año.

Arya expone el caso de Radhika Kumari, de 10 años, a quien básicamente se le olvidó escribir debido a que “estuvo 17 meses” fuera de las aulas.

Radhika vive en el estado de Jharkhand, donde la brecha digital es enorme. Y cuando la pandemia del covid-19 obligó al cierre de las escuelas, muchos niños de las escuelas públicas no tuvieron acceso a dispositivos que les permitieran continuar con su educación de manera remota.

“Fue realmente impactante descubrir que, de 36 niños matriculados en un solo curso de nivel primario, 30 no podían leer una sola palabra“, le explicó a la BBC el economista Jean Dreze, quien analiza la situación en esta región de India desde que los estudiantes pudieron regresar a clases.

Vishnu reads aloud to Radhika.

BBC
En algunos sectores de India hay niños que estàn olvidando leer y escribir debido al cierre de escuelas.

“Si no te olvidas de leer y escribir, que te atrases un poco puede remediarse. Pero si te olvidas de los conceptos básicos, ahora que regresas a clases y te hacen avanzar al siguiente curso la brecha va a ser peor“, agrega.

Alumnos latinoamericanos

En Latinoamérica el panorama es similar: de acuerdo con un informe presentado por Unicef hace una semana, cerca de 86 millones de niños aún no han retomado las clases, lo que pone en riesgo el progreso de su aprendizaje y los niveles de conocimientos previamente adquiridos.

Durante los últimos 18 meses, la mayoría de los niños, niñas y adolescentes de América Latina y el Caribe no han visto a sus profesores o amigos fuera de una pantalla. Los que no tienen Internet, directamente no los han visto”, explicó Jean Gough, directora regional de Unicef para América Latina y el Caribe.

Y añade que no solo existe el riesgo de que los niños dejen de aprender las competencias básicas para su vida, sino de que incluso no regresen nunca a la educación formal.

La educación virtual debe continuar y mejorar, pero está claro que durante la pandemia las familias más marginadas no han tenido acceso al aprendizaje”, añade la especialista.

La realidad es aún más acuciante entre los grupos más vulnerables, donde la deserción escolar era una problemática previa a la pandemia.

“Cada día fuera de las aulas acerca a los niños, niñas y adolescentes más vulnerables a la deserción escolar, la violencia de las pandillas, el abuso o la trata de personas”, añade.

“Fracasó mi colegio”

Para muchos de los alumnos y alumnas, durante estos últimos 18 meses “no se ha aprendido nada”.

En BBC Mundo hablamos con algunos escolares en partes de América Latina que se han visto afectados por la falta de conectividad y la baja asistencia escolar durante la pandemia.

Uno de ellos es Richard Guimaraes. Él tiene 15 años y vive en San Rafael, una comunidad indígena ubicada a dos horas y media de la ciudad Pucallpa, en el Amazonas peruano.

Richard quiere ser diseñador gráfico.

“Mis papás hacen artesanías y yo he aprendido a tejer y a hacer varias cosas que vendemos en el mercado”, le cuenta BBC Mundo.

Richard en su casa.

UNICEF
Richard Guimaraes vive en la regiòn amazónica de Perú.

“Y quiero aprender a hacerlas mejor”, confiesa.

Hace un año, Richard estaba cursando cuarto grado de bachillerato cuando la pandemia del covid-19 irrumpió con fuerza inusitada en el Perú y obligó a poner la vida en pausa.

En este último año y medio no aprendí nada. La pandemia hizo que fracasara el colegio“, se queja.

Antes de la pandemia, iba a clases desde las 7:30 de la mañana hasta el mediodía.

“En ese horario, durante la semana veíamos 12 materias”, recuerda.

Pero una vez comenzó la pandemia y las clases se suspendieron, las cosas se volvieron más difíciles.

“Pasamos de 12 materias a solo seis”, relata. El sistema establecido para remediar la crisis funcionaba así: cada mes los maestros venían a su localidad, les dejaban una especie de cartillas y ellos las tenían que resolver y enviar las respuestas a través de WhatsApp.

Arte, que es su clase favorita, se redujo a dibujos que hacía en casa y que le enviaba a su profesor por el móvil.

Mi papá vive de las artesanías y de vender plátanos, vivimos en una zona muy alejada, por lo que es difícil poder acceder a internet”, relata.

Como muchos de sus maestros no vivían cerca de su comunidad, solo los podía contactar por teléfono cuando se conectaba a internet. Además, algunas de las cartillas le parecían confusas y a veces hasta inentendibles.

Clases cerradas

Getty Images
Unicef señala que en América Latina y el Caribe 86 millones de niños aún no han regresado a las aulas.

El aumento de la desigualdad

Para muchos expertos en psicopedagogía y procesos educativos, es claro que los niños necesitan volver a las aulas lo más pronto posible.

La desaparición de este espacio de aprendizaje y socialización ha sido para muchos niños y niñas – especialmente entre familias de menor nivel sociocultural- “una catástrofe”.

“La verdad es que, en materia de conocimientos, un año y medio, casi dos de pérdida de clase porque la realidad es que los niños están volviendo a una escolarización muy precaria, es una catástrofe, que además va a costar mucho tiempo superar”, le dice a BBC Mundo Guillermina Tiramonti, especialista en educación e investigadora de Flacso Argentina.

Hay muchos niveles en este tema, pero pongo un ejemplo: un chico que estaba en primer año de primaria antes de la pandemia, y aún no había logrado aprender a leer, ahora que regresó al colegio debe finalizar el segundo grado sin haber aprendido a leer o escribir”, señala.

Para la académica, no solo se trata de los contenidos que no han sido aprendidos o incorporados sino de algo más importante: recuperar el hábito de aprender.

“La pérdida del conocimiento no es solamente no haber aprendido determinados contenidos, sino el hecho de perder el ritmo, el hábito, la rutina escolar”, apunta.

Lo explico en relación con un elemento muy simple como los códigos lingüísticos. Los niños de los sectores más bajos socio culturalmente no están acostumbrados a estos códigos complejos y solo tienen acceso a ellos en la escuela, donde son fundamentales para luego poder avanzar en el conocimiento. En la casa no tienen acceso a ellos”.

Para los niños que no están expuestos a ese tipo de códigos durante dos años, el retroceso cognitivo es muy grande, concluye Tiramonti.

salones cerrados en una escuela

Getty Images
Para varios analistas se deben crear proyectos especiales para recuperar el tiempo perdido durante la pandemia.

Revisar los objetivos

A medida que se van levantando las restricciones de la pandemia en distintas regiones, la reapertura de las escuelas se ha vuelto una prioridad de muchos gobiernos. A la fecha, el informe de la ONU señala que 47 millones de niños han regresado paulitinamente a las aulas.

Y la siguiente etapa también se pone en evidencia el gran desafío de poner al día a los niños con los objetivos que se debieron aprender durante este año y medio.

La educación de los niños y las niñas se perdió en un esfuerzo por proteger las vidas de toda la población ante el coronavirus“, explica Irma Martínez, experta en temas de educación de Human Rights Watch.

Pero si de toda crisis surge una oportunidad, este es el momento de replantear algunas de las premisas de la escolarización y el sistema educativo como un todo, señalan los expertos.

“El objetivo no debería ser simplemente volver a como eran las cosas antes de la pandemia, sino arreglar los defectos de los sistemas que durante mucho tiempo han impedido que las escuelas sean abiertas y acogedoras para todos los niños y niñas”, agrega Martínez.

En este tema, Tiramonti es categórica: “No podemos volver a la escuela y hacer como si nada hubiera pasado”, le dice a BBC Mundo.

“Es necesario hacer evaluación, ver qué pasó con los niños, cuáles son las pérdidas, cuáles son las problemáticas de aprendizaje que tienen y armar un programa para que recuperen aquellos conocimientos que son básicos para poder seguir una trayectoria escolar”.

Se necesita trabajo muy profesional para elaborar un proyecto de recuperación“, anota.

Hace menos de un mes, Richard Guimaraes es uno de decenas de miles de alumnos que volvieron a a las aulas después de casi un año y medio.

Y aunque está contento, siente en carne propia los desafíos: “Ahora estamos viendo las materias que dejamos de ver en la pandemia y es difícil seguir el ritmo. Es como empezar de nuevo”.


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