Así fue el desalojo del plantón de Nochixtlán, narrado por testigos
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Así fue el desalojo del plantón de Nochixtlán, narrado por testigos

Animal Político recabó los testimonios de 22 testigos presenciales de los hechos ocurridos el domingo 19 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, donde murieron 9 personas. Los testigos son maestros, padres de familia, taxistas… Algunos estuvieron desde el primer momento, otros se sumaron a las 9:00 de la mañana y algunos más no eran parte del movimiento, pero les tocó vivir los enfrentamientos. También se entrevistó a dos policías federales. Este texto se basa en lo que nos narraron. Hoy presentamos la primera parte. El lunes publicaremos la segunda.
Cuartoscuro Archivo
Por Nayeli Roldán, Paris Martínez y Arturo Daen
24 de junio, 2016
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El 20 de junio pasado, un día después del enfrentamiento entre policías y pobladores de Nochixtlán, Oaxaca, los titulares de la Policía Federal y de la Policía Estatal de esa entidad, Enrique Galindo y Jorge Ruiz Martínez, dieron una conferencia de prensa para presentar la versión oficial de los hechos, que dejaron un saldo de nueve personas muertas, al menos 26 más con heridas de distinta gravedad, y decenas con lesiones menores.

Su narración, sin embargo, difiere de lo que sobrevivientes y testigos no involucrados vivieron ese domingo, 19 de junio de 2016, en que se celebraba en el país el día del padre.

Animal Político entrevistó a 22 testigos, incluyendo dos policías federales que participaron en el operativo, de los cuales cinco vivieron los hechos ocurridos entre las 7:30 y las 9:30 horas, cuando se reportó el primer herido de bala, y el resto llegaron luego del primer enfrentamiento. Salvo los policías, ninguno de los testimonios coincide con la versión oficial.

I.
El operativo para desalojar el bloqueo carretero inició, según la versión oficial, “aproximadamente a las 8:30 de la mañana”, explicó Jorge Ruiz, secretario de Seguridad Pública de Oaxaca, hora en que “llegaron a desalojar (a los manifestantes), de una manera pacífica y dialogada con los líderes de quienes ahí permanecían en este bloqueo”.

Según el titular de la policía estatal oaxaqueña, en ese momento había “aproximadamente 250 personas” obstruyendo la autopista que conecta la Ciudad de México con la capital del estado.

Dos de los testigos, sin vínculo entre sí, afirman que los hechos no ocurrieron así. El operativo no empezó a las 8:30, no había 250 manifestantes y tampoco fue pacífico.

L. es uno de esos manifestantes que vieron llegar al contingente policiaco. Se trata de un maestro de 32 años, mixteco y habitante de Nochixtlán desde su nacimiento. Él da clases de primaria en las comunidades serranas desde hace cinco años.

El maestro estaba en el bloqueo carretero de Nochixtlán, desde la noche previa a los hechos, y su testimonio contradice la versión oficial, empezando por la hora en que se desataron los hechos, y el supuesto diálogo pacífico.

“Mira –explica–, uno como maestro está acostumbrado a los desalojos, ya nos han desalojado antes, y sabemos que existe un protocolo: llega la policía, y el que viene al mando se acerca con los compañeros y dice ‘saben qué, ustedes tienen 30 minutos o una hora, y les vamos a pedir que nos desocupen estos espacios’… Nosotros esperábamos que se aplicara ese protocolo, esa búsqueda de entendimiento. Sin embargo, en esta ocasión, nos agarraron recién de mañana, a las 7:30 de la mañana, a esa hora llegaron, y nosotros éramos poquitos en el bloqueo, algo así como 20 o 25 personas, sobre todo padres de familia, pero también algunos maestros.”

Según los testigos, el ultimátum que los manifestantes esperaban de la policía, exigiendo su retirada, no se dio y hubo golpes y gases lacrimógenos desde el primer momento.

Uno de los policías federales lesionados confirma que el operativo inició antes de lo afirmado por los titulares de la PF y la SSP de Oaxaca, aunque no dice que haya habido golpes en esa primera etapa.

Según este agente, que resultó con una lesión en la mano, el operativo inició “como a las 7 u 8 de la mañana”, y no a las 8:30. También descartó que se hubiera dado algún diálogo pacífico entre los mandos policiacos y los manifestantes.

“Lo primero que encontramos (al llegar) fue que estaba bloqueada la autopista, pero al ver la presencia de la policía, la gente se retiró, caminó en dirección al pueblo”.

Una tercera testigo, M, una ama de casa y madre de familia en Nochixtlán, dice: “Yo los vi. Cuando ellos empezaron a disparar gases le llamé al maestro de mi hija, para avisarle lo que ocurría. Era 7:38 de la mañana”.

M. no duda en la precisión de la hora, porque su celular tiene el registro de la llamada que hizo ese domingo 19 de junio.

“Ellos (los policías) no hablaron”, confirma M., quien acudió desde la noche previa de los hechos a apoyar el bloqueo, en solidaridad con una amiga que ya participaba en la protesta. “Ellos llegaron aventando bombas y nosotros (los manifestantes) corrimos, pero nos siguieron hasta la desviación de Tlatongo. Ahí golpearon gente. Ahí había gente que iba al hospital y no tenían nada que ver, pero estaban en ese lugar cuando empezó”.

En ese momento, dice la ama de casa, ya se escuchaban los balazos. “No se vale. Ellos no llegaron hablando. Yo nomás lo creo porque yo lo viví”.

Según los testimonios de estos dos habitantes de Nochixtlán, la andanada policial puso en fuga a los entre 20 y 25 manifestantes que hacían guardia en el bloqueo carretero.

“Nos agarraron desprevenidos –explica el docente L.– nunca hubo un acercamiento dialogado, ni siquiera amenazante, como de ‘¡ya váyanse!’, nada… Nada más llegaron, cerca de las 7:30, y empezaron a dispararnos casquillos que echaban gases, y como éramos muy poquitos, y ellos eran cientos, pues nos tuvimos que replegar así como empezaron a dispararnos casquillos de lacrimógeno, nos fuimos hacia atrás, hacia el panteón municipal”, que se ubica a unos 350 metros de punto donde se mantenía el bloque carretero.

En contraste, la versión oficial de los hechos, ratificada en la misma conferencia de prensa por el titular de la Policía Federal, Enrique Galindo, descarta que los 800 uniformados que arribaron a Nochixtlán (mitad federales y mitad estatales) llevaran armas, ni siquiera para lanzar cartuchos de gas lacrimóngeno.

Según Galindo, los 800 policías portaban exclusivamente “equipo antimotín: escudo, casco, protección corporal, sin armas”, lo cual, enfatizó, fue “debidamente certificado” ante notario público, antes de iniciar el operativo.

II.
Gracias a ese repliegue inicial de los manifestantes, la policía logró tomar el control de toda la zona que va de la carretera al panteón (350 metros lineales), donde los uniformados tomaron posiciones estratégicas, según dos de los testigos.

“Unos policías permanecieron en el bloqueo carretero –explica L.–, otros avanzaron hacia donde están los chamizales (una zona de espinos y nopales que está frente al panteón), otro grupo de policías estuvo en la vulcanizadora Reyes (a 30 metros del panteón), cubriendo todo lo que era el panteón. Y otro grupo estuvo ubicado donde estaban los pirules, cubriendo toda la zona de las nopaleras (también frente al panteón).”

Entre las 8:30 y las 9:00 horas, según el maestro, “fue cuando comenzaron a escucharse las campanas del pueblo, y toda la comunidad acudió a apoyar a los maestros, llegó bastante, pero bastante, gente de la comunidad. Eran ya las 9:00 y ahí sí empezó el enfrentamiento, si así se le puede llamar, porque más bien parecía una batalla.”

Tanto habitantes de Nochixtlán, como autoridades, coinciden en un hecho: la población respondió rápidamente al repique de las campanas, saliendo en auxilio de los manifestantes del bloqueo, “debido a que los domingos se establece ahí (en el poblado) un tianguis”, tal como señaló el jefe de la policía estatal oaxaqueña.

“Como fue domingo –subraya P., un taxista de Nochixtlán– estaba toda la gente preparándose para ir de plaza (recorrer el tianguis), al mercado, a comer. Y empezaron a tocar las campanas, y la gente se fue directo a la carretera.

Pero todo el pueblo se fue: yo vi gente que nunca se mete en problemas, pero ese día, ahí estaba, en la protesta. Acudieron hombres, mujeres, gente grande, gente joven, de todo.”

A partir de la llegada de un gran número de habitantes de Nochixtlán a la zona de la refriega, en apoyo al pequeño grupo de manifestantes, “las corporaciones (policiacas) fueron agredidas de manera directa por grupos radicales –según la versión oficial, dictada por el titular de la Policía Federal–, que de manera indiscriminada arrojaron cohetones, petardos y nos fueron reportando lesionados por arma de fuego”.

III.
Según la versión oficial, estos “grupos radicales”, fueron los que abrieron fuego por primera vez en la refriega, alrededor de las 9:00 horas.

Esta afirmación, no obstante, fue rechazada por J., quien es la primera persona que se reportó herida por un arma de fuego, durante los enfrentamientos del domingo. Él es originario de Nochixtlán, pero nunca participó en el bloqueo de la carretera.

En la mañana, alrededor de las 8:00 horas del 19 de junio, estaba en su casa, cuando escuchó gritos y autos pasando a toda velocidad.

Al salir de casa, vecinos le notificaron de la presencia de policías federales en el poblado, por lo que él, junto con otros habitantes, se acercaron a la carretera para ayudar a los maestros y padres de familia que desde una semana antes mantenían cerrada la carretera.

J. llegó al lugar cuando los federales ya habían replegado a los 25 manifestantes. Según su versión, para las 8:00 horas, los policías ya estaban desplegados sobre el puente vehicular que pasa por encima de la carretera bloqueada, y desde ahí diparaban gases lacrimógenos.

“Con el gas –explica J.– nos estaban orillando hacia la entrada al pueblo (ubicada a cerca de 700 metros del bloqueo carretero). Empezamos a replegarnos. Ya había más gente y oí los disparos”. Cuando se le pregunta si vio a algún civil armado, tal como sostiene la versión oficial, J. ataja: “Nada de armas (entre los pobladores de Nochixtlán), los armados eran ellos (los policías): con sus gases y los balazos que se oían eran del lado de ellos”.

Hacia las 9:00 horas, J. se refugió a unos metros del panteón municipal.

Según el reporte de la Policía Federal, ante el arribo de más pobladores a la zona, “desde el centro de mando establecido en la ciudad de Oaxaca se valoró la conveniencia de llevar a cabo un repliegue, y lo empezamos a hacer, poco a poco, porque debíamos salir del cerco que estaban llevando a cabo los pobladores de Nochixtlán”, tal como afirmó Enrique Galindo.

Sin embargo, J. –que para ese momento estaba guarecido a unos metros del muro del panteón– descarta que las fuerzas policiales se hayan replegado, sino que, por el contrario, comenzaron a disparar ya con armas de fuego, y a avanzar también hacia la zona del panteón.

Hacia las 9:30 horas, J. fue alcanzado por un disparo que, según su versión, provino de uno de los puntos en los que previamente se había parapetado un grupo de policías.

“Nosotros estábamos en una orilla (del panteón). Los que tiraron los balazos, entre ellos el que me tocó a mí, fueron los federales que se escondieron donde está la vulcanizadora Reyes (a 30 metros, del panteón), de ahí salieron los policías. Desde ahí empezaron a disparar, y nosotros nos echamos a correr, pero me dieron”. J. recibió el disparo en la pantorrilla.

La PF sostiene, por el contrario, que “la orden de repliegue fue una orden táctica, para no exponer la vida de los pobladores”.

Otro grupo de testigos que refutan el “repliegue táctico” de las fuerzas policiales es una familia que, en esos momentos, alrededor de las 9:30 horas, se encontraba dentro del panteón municipal, excavando una fosa dónde sepultar a un anciano, fallecido el 15 de junio.

Según sus relatos, el gas lacrimógeno que comenzó a lanzar la policía llegaba hasta donde estaban los 18 familiares, lugar al que ingresaron uniformados para aprehenderlos.

“Llevábamos un papel que decía que estábamos en el panteón (para enterrar a una persona), pero los policías nos decían ‘cuál difunto, ustedes están con los maestros”, revela R., uno de los integrantes de esta familia.

Luego de ser aprehendidos, y golpeados, los 18 familiares fueron trasladados a un camión policial, donde los obligaron a tenderse bocabajo, en el suelo del vehículo, con las manos en la nuca.

Según su testimonio, los policías los obligaron a permanecer en esa posición durante más de 12 horas: de las 9:30 hasta las 22:30, cuando fueron puestos a disposición del Ministerio Público, en la localidad de San Bartolo Coyotepec.

Finalmente, esta familia fue puesta en libertad el 21 de junio por la noche, al no encontrarse elementos para acusarlos de ningún delito.

IV.
P. es un comerciante, y llegó a Nochixtlán desde las 5:00 de la mañana, para vender en el tianguis que cada domingo se instala en el poblado; ese mismo tianguis que, según la versión oficial, propició la concurrencia de muchos pobladores a la zona de la refriega.

Se trata, explica P., de un mercado abierto al que acuden los pobladores no sólo de Nochixtlán, sino también de las localidades aledañas, para hacer sus compras de la semana. Por eso, el domingo es un día de mucho bullicio y tránsito de gente en el centro del poblado.

Poco antes de las 8:00, P. afirma haber visto una humareda a lo lejos, hacia la zona de la carretera, y minutos después, asegura que la gente comenzó a gritar que la policía federal estaba desalojando la barricada de la carretera.

“Pensamos que no llegarían al pueblo –narra P.–, pero cuando vimos al primer herido, empezamos a levantar los puestos”.

Minutos antes de las 9:00 de la mañana, asegura, las campanas de la iglesia repicaron para que la población saliera a enfrentar el desalojo y una hora después, el primer herido ya estaba llegando al atrio de la iglesia, asegura P.

Su relato coincide con F., voluntario en la iglesia, quien asegura que desde las 8:30 de la mañana, él y otra persona instalaron una lona en el patio del templo, que más tarde funcionó como área de atención médica para los heridos. El primer herido, dice, llegó a las 10:00 horas y tenía una herida en el pie.

Se refiere a J., el joven que recibió un disparo en la pantorrilla a las 9:30 horas cuando estaba refugiado junto al panteón, y a quien otros pobladores ayudaron a llegar hasta la iglesia, para recibir primeros auxilios.

V.
K. es policía tercero de la División de Fuerzas Federales de la Policía Federal. Después de las 9:00 horas, cuando comenzó a congregarse toda la población de Nochixtlán en la zona de la refriega, K. quedó aislada del resto de sus compañeros, y fue golpeada por los manifestantes. Reconoce, sin embargo, que al distinguir que se trataba de una mujer, uno de los pobladores intentó evitar que el resto la siguieran golpeando, y la condujo hasta una ambulancia.

En este vehículo, K. y un compañero más de la Gendarmería fueron conducidos también al atrio de la iglesia, no sólo para recibir atención médica, sino también para impedir que la población los linchara.

“Me empezaron a golpear –narra la policía federal–, a quitarme todo mi equipo antimotín, a darme con todo, me echaron gasolina. Uno les decía que yo era mujer, este señor me levantó y me llevó a la ambulancia. En el recorrido a la ambulancia, yo iba recibiendo toda clase de golpes, patadas, machetazos.”

Según el parte médico, la agente de policía sufrió dos cortadas en la cabeza, hematomas en diversas partes del cuerpo, golpes en el brazo, un golpe en el coxis, y un machetazo en la pierna.

Su narración sobre cómo inició la violencia, sin embargo, difiere de la de todos los testigos consultados e, incluso, difiere de la versión oficial, ofrecida por la misma corporación a la que pertenece.

Según esta policía, desde que llegaron a Nochixtlán, los policías fueron recibidos a balazos por la población.

“Cuando llegamos ahí –narra– los pobladores nos recibieron con balazos”.

“Ellos (los pobladores) corrían del lado derecho (de la carretera) balaceando –asegura la agente–, primero (los disparos) sonaban al aire, luego ya directo a nosotros, los compañeros empezaron a caer (…) Todos nos tirábamos al suelo –reconoce–, porque era increíble que una población se levantara en armas.”

La batalla, en realidad, apenas iniciaba.

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Lucie Vildnerova

'Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia'

Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena. Y se quedó a gusto porque, según dice, encontró familia en un pequeño pueblo de la costa caribeña del país.
Lucie Vildnerova
4 de enero, 2021
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Joanna Zdanowska, una polaca de 47 años, era una de las turistas que estaba en Colombia cuando empezó la cuarentena por la pandemia de coronavirus.

A diferencia de cientos de extranjeros que volvieron a su país, elladecidió quedarse en un país cuya naturaleza enamora con facilidad.

Su relato, presentado en este texto que resultó de una conversación con BBC Mundo, es prueba de que el virus, además de trágico, abrió la puerta para muchas experiencias e historias positivas.


En agosto de 2020, cuando en Colombia anunciaron el fin de la cuarentena estricta, nosotras ya nos queríamos quedar donde estábamos. No queríamos que nada cambiara.

Mis amigos turistas y yo, que vinimos a América Latina a viajar antes de que empezara la pandemia, encontramos en Palomino, en la Costa Atlántica colombiana, un hogar.

Palomino es un pequeño pueblo muy cerca de una hermosa playa llena de palmeras que se prolonga por varios kilómetros.

En marzo, apenas empezó todo, yo no quise irme a Polonia, como hicieron algunos de mis compañeros, porque tenía la esperanza de que pronto podría seguir viajando.

Pero luego pasaron dos semanas y prolongaron la cuarentena. Y dos más. Y más. Y así hasta que nos quedamos ocho meses en un pueblo al lado de la playa sin poder nadar en el mar.

Estábamos en un hostal y todos los restaurantes y bares estaban cerrados. No había nada para hacer.

Con el tiempo se fueron yendo los turistas y solo quedamos algunos pocos. Pero con los días fuimos conformando una familia de unas quince personas con una relación muy íntima con los dueños de los hostales donde estábamos.

Salí de vacaciones de Polonia y terminé quedándome toda la pandemia en Colombia porque acá encontré familia.

Atrapada a gusto en Colombia

En 2019, decidí tomarme un año sabático porque me aburrí de Polonia, donde además tengo un apartamento que genera renta y me permite viajar tranquila.

Estuve en México y Cuba. Luego tenía el plan de viajar dos meses por Colombia, un país que recomiendan mucho para el turismo. Me quedé 10 meses y sigo contando.

Cuando viajas conoces muchas personas, pero normalmente los ves máximo una semana. Pero cuando vives con alguien seis meses, se genera una relación única.

Turistas en Palomino

Joanna Zdanowska
Los turistas que se quedaron en Palomino toda la cuarentena se convirtieron en miembros y colaboradores de la comunidad.

Porque ninguno trabajaba, entonces pasábamos todos el día juntos. Nos sentimos como en vacaciones permanentes.

Cada día había actividades con la gente local para apoyarnos unos a otros. Nos cocinaban. Algunos trabajaban para los hostales, otros aprendieron a surfear, había una chica que empezó a dar clases de español por internet.

En la casa donde yo me quedé, por ejemplo, había una familia de venezolanos con dos niños que descubrieron que nosotras las tratábamos mejor que sus padres. Entonces pasaban el día con nosotras. Yo les compré libros y les leía cuentos. Les mostraba videos en YouTube. Ahora los niños dicen que nosotras somos sus madres. Eso te rompe el corazón.

Lo que aprendí

Lo mejor de haberme quedado tanto tiempo aquí fue que pude conocer bien a la gente del pueblo, una experiencia que no tiene nada que ver con uno ve en el sector turismo.

Una de las experiencias más extraordinarias que tuve fue cuando fui a un pueblo de arhuacos, un grupo de indígenas que viven en la Sierra Nevada de Santa Marta y han tenido muy poco contacto con culturas occidentales.

Tuvimos que salir a las 4 de la mañana. Nos dijeron que eran 8 horas caminando pero cuando levábamos 9 horas aún no llegábamos. Pensamos que este lugar no existía. A las 10 horas finalmente llegamos, sin poder hablar del cansancio. Y nos quedamos ahí con nuestras hamacas.

Nos dieron su casa más grande. Nos quedamos tres días.

Joanna Zdanowska

Joanna Zdanowska
Joanna dice que los tres días que estuvo en un pequeña villa de indígenas le cambió su forma de pensar.

Esta experiencia cambió mi pensamiento, descubrimos algo que puede ser obvio pero nunca lo habíamos vivido: que no necesitamos nada para ser feliz.

Nos cobraban 50 dólares por cada uno de nosotros cinco. Cuando vimos las condiciones en las que viven los indígenas, decidimos no negociar nada, porque duermen en el suelo, cocinan en el fuego, no hay electricidad, ni gas, todo es muy básico; comen solo cosas que tienen ahí en su finca: yuca, plátano, arroz.

Son cosas muy básicas que me enseñaron mucho y me dieron ganas de seguir viajando, y quizá buscar aprovechar mi experiencia de 14 años en la televisión polaca en alguno de estos países. Creo que es buen momento para vender producciones que ya están listas y no necesitan más que subtítulos o doblaje.

Palomino

Joanna Zdanowska
Palomino es uno de los tantos paraísos de Colombia.

Con mi familia no necesito tener contacto físico. Lo único que me hace falta es ver al hijo de mi hermana, que solo vi cuando tenía un año. Pero hablamos mucho.

Y ahora la situación en Polonia es muy fuerte: en coronavirus Colombia y Polonia son países vecinos. Pero, además, ahora el gobierno en mi país es muy conversador y tengo la impresión de que estamos como hace 30 años: no aceptan la sociedad LGTBI, el aborto es tema de guerra, millones de personas están en la calle protestando.

Además allá es invierno. Y no es que me haya acostumbrado al clima de acá. Cuando hace 38 grados me molesta. Pero estar solo en chancletas y vestido corto en lugar de cinco kilos de ropa te relaja. Y eso me gusta de Palomino.


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