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Archivo Cuartoscuro

La SEP no le paga a los autores de los libros de texto y dice que no es un tema que le corresponda

La respuesta para 282 autores es que no recibirán su pago a menos que el Órgano Interno de Control se pronuncie a su favor, pero éste ya se declaró sin competencias para resolver el caso.
Archivo Cuartoscuro
24 de junio, 2016
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Los requisitos que exige la Secretaría de Educación Pública (SEP) para liquidar la deuda que tiene desde 2013 con los autores de los libros de texto son imposibles de cumplir pues el Órgano Interno de Control se declaró incompetente para resolver el caso.

Desde diciembre de 2015, la SEP informó a los autores que para liquidar la deuda debían presentar su caso ante el Órgano Interno de Control, que se encargaría de investigar si los servicios vinculados a la creación de los libros de texto realmente se solicitaron, si se pactó una contraprestación, si el material fue entregado en tiempo y si existía la necesidad de requerir los servicios que ahora se reclaman.

La SEP condiciona el pago de su deuda con autores de los libros de texto

Durante los primeros cinco meses del año, el Órgano Interno de Control ha respondido a los autores que “no es competente para conocer y resolver” las denuncias por incumplimiento de pago.

El argumento del Órgano Interno de Control es que su función es resolver las denuncias que se formulen “en contra de los servidores públicos adscritos a la Secretaría de Educación Pública y de sus órganos desconcentrados, únicamente por el incumplimiento a sus obligaciones legales en el ejercicio de sus funciones”.

La SEP reconoce que tiene 282 archivos de autores que trabajaron con la Dirección General de Materiales e Informática Educativa en el verano de 2013 para corregir los libros de texto tras el hallazgo de, al menos, 117 errores.

La SEP ‘perdió’ 225 mdp destinados a la producción de libros

Sin embargo, insiste en que no pagará la deuda que reclaman los afectados a menos que el Órgano Interno de Control se pronuncie sobre el tema, pese a que éste se declara incompetente para resolver las denuncias.

Mientras la SEP, para liquidar la deuda, exige más y más pruebas de que se solicitó y realizó el trabajo; en las escuelas del país está por concluir el segundo ciclo escolar (2015-2016) en el que se utilizaron los libros de texto hechos por autores que no han recibido su pago.

En la Dirección de Administración de Recursos y de Gestión Digital informaron a los autores que para reclamar su pago, además de la denuncia y el caso resuelto ante el Órgano Interno de Control, es necesario comprobar “fehacientemente” que fueron solicitados los servicios: incluso con cartas de invitación a colaborar con la Dirección General de Materiales e Informática Educativa que deben estar firmadas este año por funcionarios que ya no están en la SEP.

Aunque en ningún caso se firmó un contrato de colaboración —bajo el argumento de que tras entregado el trabajo se celebraría una licitación en la que resultarían ganadores— también tienen que entregar documentos para probar que pactaron en 2013 algún tipo de contraprestación; así como pruebas de que entregaron el trabajo en tiempo y con las características pactadas.

Lo pendientes de liquidación con 282 autores incluye distintos montos. Según el colectivo Sep Págame se incluyen deudas que van desde 13 mil hasta 165 mil o 300 mil pesos.

La decisión de exigir a los autores la presentación de pruebas y una denuncia ante el Órgano Interno de Control se tomó tras la salida de Emilio Chuayffet de la SEP y la llegada de Aurelio Nuño, quien nombró como titular de la Unidad de Asuntos Jurídicos de la SEP a Miguel Augusto Castañeda Fernández.

Antes de la llegada de Nuño a la secretaría en agosto de 2015, se realizaron entre 20 y 40 pagos tras la firma entre los afectados y la SEP de un Convenio o Contrato de Reconocimiento de Adeudo.

Los autores de los libros de texto de la SEP suman otro ciclo escolar sin pago

Sin embargo, en octubre de 2015 la SEP turnó el caso a la Unidad de Asuntos Jurídicos, que invalidó el Convenio argumentando que éste no se encontraba “debidamente regulado por la Ley”.

La misma Unidad, tras determinar los requisitos para el pago, informó a los autores que podían intentar resolver su caso “ante las instancias que consideren convenientes”.

Distintos autores dijeron a Animal Político que funcionarios de la misma SEP y de la Dirección de Administración de Recursos les han aconsejado demandar, ante la negativa de resolver los casos.

Los adeudos están vinculados a la producción intelectual, dictaminación editorial, revisión y evaluación de los libros de 1º y 2º grado de Español, 1º y 2º de Educación Artística con materiales para el maestro, 4º a 6º de Historia; 5º y 6º de Formación Cívica y Ética; 1º a 6º de los libros de Lecturas; 1º a 6º de Educación Física con libro para maestros; y la revisión de los materiales de secundaria.

Los autores exigen respuesta en la SEP y que se reconozca el trabajo que realizaron para que en las aulas de todo el país haya libros de texto.

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#YoSoyAnimal

Así canalizamos nuestras obsesiones en redes sociales (y por qué se nos puede ir de las manos)

Los comportamientos compulsivos en las redes sociales pueden salirse de control cuando tienes acceso a internet las 24 horas del día. ¿Cómo podemos evitar perdernos en el empeño de observar a otros de forma compulsiva e incontrolada?
19 de julio, 2019
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¿Es una pasión o una obsesión? A veces, la delgada línea entre una y otra puede ser difícil de distinguir cuando se trata de internet.

Pero pregúntate: ¿has buscado alguna vez a un ex en las redes sociales y te has encontrado mirando la pantalla tres horas después, todavía viendo fotos de esa persona y de su nueva pareja?

Tener una computadora en el bolsillo y acceso a Twitter e Instagram las 24 horas, puede hacer difícil manejar nuestras compulsiones.

La psicóloga social y presentadora de la BBC, Aleks Krotoski, explora cómo los comportamientos obsesivos pueden salirse de nuestro control.

Celos retroactivos

Hombr triste mirando el teléfono

Getty Images
Las redes sociales pueden amplificar nuestras compulsiones.

Cuando Zach Stockill era adolescente se enamoró.

Pero pronto desarrolló una obsesión insana con el pasado de su novia, a pesar de que nunca se había obsesionado antes con nadie o nada.

No era una persona celosa ni tampoco le preocupaba que le engañaran en aquel momento, pero un simple comentario de pasada sobre un ex activaba un interruptor en su cerebro.

“Esto es lo que me hacía volverme loco”, dice Zach.

“Básicamente, me obsesioné con los pequeños detalles sobre su pasado; tenía mucha curiosidad sobre qué había pasado en su vida romántica antes de conocerme”.

“También acechaba su perfil de Facebook”, cuenta. “¿Dónde se enmarca esta persona? ¿Quién sale en esa foto? ¿Qué significa ese comentario?”.

Zach se encontró en un bucle de curiosidad sobre el pasado de su pareja del que le era enormemente difícil escapar.

Intentaba calmar sus celos retroactivos buscando compulsivamente respuestas online, pero esto no hacía más que alimentar a la bestia.

Acoso cibernético

Ojo humano

Getty Images
Espiar es siempre espiar, pero mucha gente puede sentir que es algo diferente si lo están haciendo online.

El acoso cibernético es la forma que toma el acoso (el seguimiento no buscado de alguien) en el mundo digital, que tiene lugar solo en Internet y se ve facilitado completamente por la tecnología.

Stina Sanders es una periodista que escribe sobre su uso de las redes sociales.

Cuando su pareja la dejó sin explicación alguna hace seis años, empezó a monitorear de forma obsesiva sus cuentas en las redes sociales para intentar entender el porqué.

“Nunca realmente pude cerrar el tema de por qué me dejó”, dice Stina. “Así que mi única forma de hacerlo era observar online su nueva vida con su nueva pareja”.

Esto se convirtió en una obsesión, y a pesar de que rompieron hace años, ella todavía visita sus perfiles de Instagram, Facebook y Twitter.

“Con frecuencia miro las redes sociales de mi ex para ver en qué anda, y también para ver con quién sale y ver qué tiene ella que yo no tenga”.

Este tipo de acoso cibernético es más común de lo que quizás piensas.

Según las investigaciones llevadas a cabo por Veronika Lukacs, de la Universidad de Toronto, nueve de cada 10 personas entran en el perfil de Facebook de su ex.

El ciberacoso es más fácil porque nadie te ve

Una mujer viendo una pantalla

Getty Images
¿Actuarías de la misma manera si no pudieras mantenerlo en secreto?

Estas investigaciones también revelaron que alrededor del 70% de las personas admitieron ver el perfil de sus ex a través del perfil de un amigo en común, incluso si los habían bloqueado o los habían borrado de la lista de amigos, encontrando una forma encubierta de hacerlo.

Stina dice que creó un perfil falso para poder seguir a su ex y a la nueva pareja de este, “y nunca lo sabrán”.

Emma Short, psicóloga y directora del Centro Nacional de Investigación sobre el Ciberacoso en la Universidad de Bedfordshire, explica cómo Internet nos permite mantenernos escondidos, viendo cómo todo lo demás va sucediendo sin ser parte de ello.

Este distanciamiento nubla nuestro juicio sobre los límites.

Observar a la gente no es malo en sí mismo, pero las redes sociales nos permiten observar más a la gente: más de lo que deberíamos y más de lo que admitimos.

Ahora es posible continuar con comportamientos obsesivos sin interrupción, de una forma que puede parecer obsesiva en otro contexto.

Puedes ver el perfil de un ex cien veces al día, y seguir con tu vida normal: encontrarte con amigos, actuar con normalidad, aparentar que te cuidas… no hay ninguna señal externa de que algo va mal.

Pero si aparecieras en la puerta de la oficina de tu ex y miraras por la ventana ocho oras al día, sería muy distinto.

Tenemos acceso a información como nunca antes

Cuatro jóvenes con sus teléfonos

Getty Images
¿Sabes quién sigue tu rastro en las redes sociales?

Las redes sociales brindan una ventana a la vida de otra persona y ofrecen una gran cantidad de información que simplemente no estaba disponible antes.

Los detalles que ponemos online, cuando decimos que vamos al cine con esta persona, o estamos “en una relación” con esta otra, crean una mina de oro de indicios y posibilidades.

Para alguien con celos retroactivos, la tentación de lanzarse al pasado de su pareja puede ser demasiado grande.

En el pasado, tras una ruptura, un ex no tenía las mismas oportunidades para vigilar a la otra persona, pero ahora es muy fácil.

La comediante Andrea Hubbert dice que cuando ella tenía veintitantos años, su compañero le hizo “ghosting”: la dejó y luego ignoró completamente sus intentos de establecer contacto, actuando como si ella nunca hubiera existido.

Ella se convenció de que él estaba viendo a alguien nuevo y, tras la ruptura, comenzó a acosarlo obsesivamente online; una y otra vez entraba en sus perfiles.

“Cuando no hay nada que te detenga, puedes mirar el perfil de otra persona sesenta, setenta veces al día”, dice Andrea.

“Una forma muy sutil de hacerse daño”

Una mujer triste con un teléfono

Getty Images
¿Por qué llevarías a cabo una actividad que te hace daño?

Andrea dice que podría no parecer particularmente dañino el mirar algo en internet, pero “te estás socavando a ti misma”. “Es una forma extremadamente sutil de hacerse daño”.

Ella tenía muy claro que la tristeza que sintió después de la ruptura estaba siendo magnificada por su comportamiento en las redes sociales.

“Estás buscando algún tipo de certeza para detener el dolor que sientes, pero nunca encontrarás las respuestas que estás buscando”, explica.

La psicóloga Emma Short está de acuerdo en que el ciberacoso y otros comportamientos obsesivos online tienen un efecto negativo en la salud de quienes los practican.

Introducen a la víctima en un comportamiento repetitivo que no tiene ninguna o escasa recompensa: “No estás obteniendo una comunicación recíproca positiva. Para seres sociales, eso no es bueno”, dice Emma.

Además, poner tanta energía en algo y no obtener nada a cambio “no va a aumentar tu autoestima”, concluye.

¿Qué podemos hacer si creemos que tenemos un problema?

Manos con teclado

Getty Images
Siempre es mejor hablar.

Una de las cosas importantes que se desprenden de las últimas investigaciones es que cuando las personas sienten que están perdiendo demasiado tiempo investigando a otros en internet, o si se sienten culpables por su comportamiento, deben hablar de ello.

“Habla con tus amigos”, dice Emma. “Hay ayuda profesional para la gente que siente que sus vidas se han visto tan interrumpidas que están atascadas”.

Zach asegura que se dio cuenta de que el problema era totalmente suyo y de que las redes sociales estaban haciendo las cosas “mucho, mucho peores…”.

“Si tenía alguna oportunidad de recuperarme, sabía que tenía que dejar de usar estas plataformas más temprano que tarde”, afirma.

Redujo su tiempo en internet y fue extremadamente disciplinado para no observar secretamente a sus ex en las redes sociales.

“Necesitas ser lo suficientemente fuerte como para resistir esa tentación”, dice.

Andrea asegura que sabía que en el futuro tendría que hacer las cosas de manera diferente: en las rupturas posteriores, cortó deliberadamente todo contacto online porque no quería que nunca más el sentimiento de rechazo la hiciera comportarse de manera obsesiva.

Ella dice que tras “reconocer que era una pendiente resbaladiza”, desde entonces nunca ha mirado el perfil de un ex en las redes sociales.


Esta pieza ha sido adaptada del programa de radio de la BBC “The Digital Human” (El humano digital), de Aleks Krotoski.

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