Las bebidas muy calientes, ‘probable’ causa de cáncer, según la OMS
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Las bebidas muy calientes, ‘probable’ causa de cáncer, según la OMS

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, la institución especializada en la enfermedad de la Organización Mundial de la Salud, anunció que las bebidas muy calientes, como el café, té o mate, son una ‘probable’ causa de cáncer.
Cuartoscuro
Por Agencia Sinc
15 de junio, 2016
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Hoy, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) ha hecho públicos los resultados de la evaluación sobre el potencial carcinógeno del café, yerba mate y demás bebidas muy calientes. Un resumen de las conclusiones se publica hoy en The Lancet Oncology.

Después de una evaluación exhaustiva de toda la literatura científica relevante y disponible al público –más de mil estudios–, un grupo de 23 expertos internacionales convocados por la IARC no encontró pruebas concluyentes de un efecto carcinogénico de beber café  o mate.

Sin embargo, los expertos hallaron que el consumo de bebidas muy calientes ‘probablemente’ causa cáncer de esófago en los seres humanos (grupo 2A). “Estos resultados sugieren que es la temperatura, más que las propias bebidas, la responsable”, apunta Christopher Wild, director de la IARC.

Según ha precisado el comité de 23 expertos reunido para esta cuestión, las bebidas muy calientes son aquellas que se consumen a temperaturas superiores a 65 °C.

Los estudios realizados en lugares como China, República Islámica de Irán, Turquía y países de América del Sur, donde el té o la yerba mate se beben tradicionalmente muy calientes (a aproximadamente 70 °C), encontraron que el riesgo de cáncer de esófago aumenta con la temperatura a la cual la bebida es consumida.

“Fumar y beber alcohol son las principales causas de cáncer de esófago, particularmente en muchos países desarrollados”, ha subrayado Wild. “Sin embargo, la mayoría de los cánceres esofágicos ocurren en zonas de Asia, América del Sur y África oriental, donde se beben regularmente bebidas muy calientes y no se comprenden bien las razones de esta alta incidencia”.

El cáncer de esófago es la octava causa más común de esta enfermedad en todo el mundo y una de las principales causas de muerte asociada, con aproximadamente 400.000 fallecimientos registrados en 2012 (5 % de todas las muertes por cáncer).

El mate y el café, libres de sospecha

Según los resultados publicados hoy, el consumo de yerba mate y café a temperaturas no muy calientes no está clasificado como carcinógeno en seres humanos (grupo 3 de la clasificación de la IARC).

En el caso del mate, esto se basa en evidencias insuficientes en seres humanos y en animales de experimentación para la carcinogenicidad de la yerba mate fría o tibia.

Lee: “Típico: vas por un café y no sabes si comprar un ‘Lattl’ o un ‘Capuchichenitzá’”.

Para el café, la gran cantidad de pruebas disponibles actualmente condujo a la reevaluación de la carcinogenicidad del consumo de café, clasificado por la IARC como posiblemente carcinógeno para los humanos (grupo 2B) en 1991.

Muchos estudios epidemiológicos demostraron que el consumo de café no tuvo efectos carcinogénicos para los cánceres de páncreas, mama y próstata, y un riesgo reducido fue observado para los cánceres de endometrio y de hígado. Para otros más de 20 tipos de cáncer, la evidencia no es concluyente.

Referencias bibliográficas:

Dana Loomis, Kathryn Z Guyton, Yann Grosse, Béatrice Lauby-Secretan, Fatiha El Ghissassi, Véronique Bouvard, Lamia Benbrahim-Tallaa, Neela Guha, Heidi Mattock, Kurt Straif on behalf of the International Agency for Research on Cancer Monograph Working Group. ‘Carcinogenicity of drinking coffee, mate, and very hot beverages’. The Lancet Oncology DOI: http://dx.doi.org/10.1016/S1470-2045(16)30239-X

International Agency for Research on Cancer. Volume 116: coffee, mate and very hot beverages. IARC Working Group. Lyon, France; 24–31 May, 2016. IARC Monogr Eval Carcinog Risks Hum (in press).

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COVID-19: cuál es la mejor forma de reforzar tu inmunidad, ¿con una infección natural o a través de las vacunas?

¿Qué es mejor, la protección que tenemos ante la covid-19 por habernos infectado y superado la enfermedad o aquella que nos proporcionan las vacunas?
27 de agosto, 2021
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Para nuestro sistema inmunológico, las diferencias entre haber adquirido defensas tras una infección natural por coronavirus o haberlo hecho tras la vacuna son marcadas.

¿Pero qué es mejor?

El mero hecho de plantearse la pregunta rayaba la herejía hace un año, cuando contagiarse con covid-19 por primera vez podía ser mortal, especialmente para los ancianos o las personas con problemas crónicos de salud.

Ahora, sin embargo, ya no partimos con inmunidad cero, ya que muchos se han vacunado o han pasado la enfermedad.

Y por ello, se ha vuelto una pregunta relevante que tiene implicaciones en el tema de si los niños deben ser vacunados o si se debe usar el virus o aplicar una tercera dosis a adultos para reforzar la inmunidad, cuestiones ambas polémicas.

“Podríamos estar metiéndonos en un agujero, por mucho tiempo, al creer que solo podemos mantener alejado el covid-19 vacunándonos cada año”, me dijo la profesora Eleanor Riley, inmunóloga de la Universidad de Edimburgo.

El profesor Adam Finn, un asesor de vacunas del gobierno británico, dijo que vacunar en exceso, cuando en otras partes del mundo todavía hay gente a la que no se le ha inoculado ni la primera dosis, es “un poco loco”.

“No solo es injusto, es estúpido”, dijo.

Vacunación en España

Getty Images

La anatomía de la inmunidad

Antes que nada, necesitamos entender un poco tanto las claves del sistema inmunológico como las del virus que este está atacando.

Los elementos fundamentales del sistema inmunológico para hacer frente a la infección son dos: los anticuerpos y las células T.

Los anticuerpos se adhieren a la superficie del virus y lo marcan para que sea destruido.

Las células T pueden detectar cuáles de nuestras propias células han sido infectadas por el virus y destruirlas.

A pesar de todos los problemas que ha causado, el virus es espectacularmente simple.

Tiene la famosa espiga, una proteína que es la llave que usa para abrir la puerta de las células de nuestro cuerpo.

También hay otras 28 proteínas que necesita para secuestrar nuestras células y hacer miles de copias de sí mismo. (A modo de comparación, se necesitan alrededor de 20.000 proteínas para hacer funcionar el cuerpo humano).

Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Science Photo Library
Ilustración de anticuerpos atacando el SARS CoV-2.

Hay cuatro áreas clave para comparar la inmunidad que proporciona una vacuna y la que se desarrolla después de la infección natural con el virus.

1. Amplitud

¿Qué porcentaje del virus aprende a atacar el sistema inmunológico?

Quienes se infectan con el virus generan una respuesta inmune mayor que la que proporciona la vacunación.

Con cualquiera de las vacunas de Moderna, Pfizer u Oxford-AstraZeneca, lo que está aprendiendo el cuerpo es a detectar solo una cosa: la proteína de espiga.

Esta es la parte clave para producir anticuerpos y los resultados, al evitar que la mayoría de infectados tengan que ser hospitalizados, han sido espectaculares.

Pero apuntar a las otras 28 proteínas también les daría a las células T mucho más para atacar.

“Eso significa que si alguien se infectó, es posible que tenga mejor inmunidad ante cualquier nueva variante que surja, ya que tiene inmunidad frente a más proteínas “, dijo el profesor Riley.

Células T

Reuters
El propósito principal de las células T es identificar y matar patógenos invasores o células infectadas.

2. Fuerza

¿Cuál de las dos opciones —vacuna o inmunidad natural— detiene la infección o previene una enfermedad grave?

Sabemos que ha habido casos de personas que contrajeron el virus dos veces (reinfección) y de otras que se vacunaron y aún así desarrollaron la covid-19 (lo que se conoce como infección progresiva).

“Ninguna de las dos te brinda una protección completa contra la infección, pero la inmunidad que obtienes parece protegerte bastante bien de caer gravemente enfermo”, explicó el profesor Finn, de la Universidad de Bristol.

Los niveles de anticuerpos son, en promedio, más altos alrededor de un mes después de la vacunación que de la infección.

Sin embargo, existe un gran abismo en cuanto a anticuerpos entre aquellos que son asintomáticos (que no producen muchos anticuerpos) y aquellos que padecen un ataque severo de covid-19.

La mayor respuesta inmune proviene de personas que contrajeron la enfermedad y luego fueron vacunadas.

Todavía estamos esperando datos sobre lo que sucede al revés.

laboratorio

Reuters
Aunque los anicuerpos son importantes podrían no ser suficientes para evitar la propagación de covid-19.

3. Duración

¿Cuánto dura la protección?

Se ha demostrado que los niveles de anticuerpos disminuyen con el tiempo, aunque esto puede no ser importante para prevenir que enfermes gravemente.

El sistema inmunológico recuerda los virus y las vacunas para poder responder rápidamente cuando se encuentra una infección.

Hay “células T de memoria” que permanecen en el cuerpo, y las células B permanecen preparadas para producir una nueva avalancha de anticuerpos si es necesario.

Existe evidencia de respuestas inmunitarias que duran más de un año después de la infección y los ensayos de las vacunas también han demostrado un beneficio duradero.

“En términos de durabilidad, todavía hay mucho por estudiar”, dijo el profesor Peter Openshaw, del Imperial College de Londres.

Un hombre con mascarilla

Getty Images

4. Localización: nariz o brazo

¿En qué parte del cuerpo está la inmunidad?

Esto importa.

Existe un conjunto completamente diferente de anticuerpos, conocidos como inmunoglobulina As, en la nariz y los pulmones, en comparación con los inmunoglobulina G que medimos en la sangre.

Los primeros son más importante por su papel como barrera contra la infección.

La infección natural ocurre en la nariz, mientras la vacuna se aplica con un pinchazo en el brazo. Por eso, la posición de esos anticuerpos es clave.

Ya se están investigando las vacunas nasales.

El profesor Paul Klenerman, que indaga sobre las células T en la Universidad de Oxford, señaló: “La ubicación de una infección marca la diferencia incluso si es el mismo virus, por lo que esperaríamos diferencias importantes entre la infección natural y las vacunas”.

Vacuna

Getty Images
Las vacunas han transformado la evolución del covid porque han reducido drásticamente las posibilidades de enfermarse gravemente.

¿Entonces, más vacunas o exposición al virus?

Existe una clara evidencia de que los adultos que no han recibido ninguna dosis tendrán defensas inmunitarias más fuertes si se vacunan, incluso si han contraído covid antes.

Pero en este punto hay dos importante cuestiones que plantearse:

  • ¿Los adultos vacunados necesitan una dosis de refuerzo o es suficiente la exposición al virus?
  • ¿Los niños necesitan vacunarse o toda una vida de encuentros con el virus construye una buena defensa inmunológica?

La idea de aumentar la inmunidad poco a poco durante toda la vida no suena radical cuando hablamos de otros virus, como el RSV (virus respiratorio sincitial) o los otros cuatro coronavirus que causan los síntomas del resfriado común.

Cada vez que está expuesto, el sistema inmunológico se fortalece un poco y esto continúa hasta la vejez, cuando el sistema inmunológico comienza a fallar y las infecciones empiezan a ser un problema.

“Esto no está probado, pero podría ser mucho más barato y sencillo dejar que eso suceda que pasar todo el tiempo inmunizando a las personas”, dijo el profesor Finn, quien advierte que podríamos terminar “encerrados en un ciclo de refuerzo” sin saber si era necesario.

Sin embargo, observó que el argumento en los niños “ya se ha demostrado”, ya que “el 40-50% ya se ha infectado y la mayoría no se puso enfermo o muy enfermo”.

Niño en una prueba de covid

Getty Images

Pero hay contraargumentos.

Riley apunta a la covid prolongada en los niños y el profesor Openshaw recuerda el nerviosismo en torno a los efectos a largo plazo de un virus que puede afectar a muchos órganos del cuerpo.

Pero Riley dijo que hay potencial en el uso de vacunas para “aliviar” la covid, seguido de una infección que amplíe nuestra respuesta inmunitaria.

“Realmente debemos considerar: ¿estamos simplemente asustando a la gente en lugar de darle la confianza para seguir adelante con su vida? Ahora estamos preocupando a la gente otra vez“.

Por supuesto, dado que los casos continúan, es posible que no haya muchas opciones.

“Me pregunto si es inevitable”, dijo el profesor Klenerman, pensando en que el virus continuará propagándose. Es probable que entonces veamos un efecto de constante cuestionamiento.


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