Manejar una motocicleta en la CDMX, sin restricciones ni requisitos
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Cuartoscuro

Manejar una motocicleta en la CDMX, sin restricciones ni requisitos

La capital mexicana es la ciudad más laxa de América Latina con ellos, pues no exige ningún tipo de prueba para otorgar licencias.
Cuartoscuro
Por Rafael Montes / Más por Más
15 de junio, 2016
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En América Latina, la Ciudad de México es el ejemplo de lo que no se debe hacer con los motociclistas, considerados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) entre los usuarios de vía más vulnerables.

Un estudio de la Fundación Mapfre advierte que la capital es donde más fácilmente se consigue una licencia para conducir una motocicleta, pues no se exigen pruebas físicas, psicológicas ni de aptitud. Para obtener el documento —que también faculta para manejar autos—, basta con pagar 725.50 pesos y presentar identificación y comprobante de domicilio. En este análisis, se comparan las normas capitalinas, de alcance local, con las reglas nacionales de 13 países de la región y tres europeos.

El texto, titulado Informe sobre la Seguridad de los Motociclistas en Latinoamérica, incluso señala que en la ciudad sólo se pide a una persona tener 15 años para expedirle un permiso. Lo mismo ocurre en España, mientras que en Brasil, Chile y Puerto Rico la edad mínima es 18, en Nicaragua es 21 y en el resto es 16.

Además, “todos los países, excepto México, exigen algún tipo de pruebas o exámenes teóricos y prácticos para la obtención del permiso o licencia de conducción de vehículos de dos ruedas a motor”, detalla el estudio, elaborado en 2013.

En contraste, en Brasil se requiere aprobar exámenes teóricos y prácticos y, después, acumular un año de experiencia sin cometer infracciones graves. De forma similar, en Chile, el solicitante debe demostrar “idoneidad moral, física y psíquica”, y acreditar bajo juramento que no consume drogas. En Argentina se debe pasar una prueba de ética ciudadana. En Colombia hay que comprobar que se sabe leer y escribir. En Perú se debe demostrar que se aprobó la primaria. Y en todas las naciones analizadas, menos México y Puerto Rico, se piden estudios médicos.

Todo esto, coinciden el análisis y distintos expertos en movilidad, contribuye a que aumenten tanto los accidentes como la cifra de muertes.

En 2013, según los datos más recientes del Consejo Nacional para la Prevención de Accidentes (Conapra), en la capital murieron 110 motociclistas, 34% más que en 2010. Además, esa cantidad equivalió a 25% el número de peatones muertos: 491.

¿Y el examen de manejo?

El estudio de la Fundación Mapfre señala: “La formación es la mejor garantía de uso seguro de cualquier modo de transporte, pero todavía más en el caso de los usuarios de vehículos de dos ruedas a motor, debido a la mayor complejidad de su conducción”.

Dentro de la capital mexicana, sin embargo, las autoridades no han cumplido con exigir exámenes para otorgar licencias, a pesar de que esta disposición se encuentra en la Ley de Movilidad.

Laura Ballesteros, subsecretaria de Planeación de la Secretaría de Movilidad (Semovi), dice al respecto que el gobierno capitalino está revisando qué elementos técnicos debe cubrir la aplicación del examen y, para ello, recibe asesoría de la Dirección General de Tránsito de España.

“Una de las prioridades es generar un examen para primoconductores, y que quien vaya a renovar se someta a un curso de capacitación, además de que se incluya a las motocicletas en este proceso”, asegura.

“Todo motociclista debe pasar por cursos, según el tipo de moto que quiera manejar. No puedes tener una licencia de moto de carreras para una crucero o una scooter. Y para los de alto riesgo, que la usan para trabajo, deben tener un curso especializado. No sólo los de pizza, sino las de todo tipo de reparto”, dice el experto en seguridad vial Francisco de Anda.

Hace años, agrega, en la capital existían estas licencias especiales, pero las autoridades las eliminaron bajo el argumento de que, al unificar el trámite con el de los autos, se evitarían actos de corrupción.

Fernanda Benfield, presidenta de la asociación México Previene, lamenta que exista una baja oferta de clases de conducción de motocicletas y que la mayoría de los usuarios aprenda a utilizarlas a través de familiares o amigos. Por esa razón, exige a la Semovi intervenir y fomentar estos cursos.

Más motos, más muertes

Sobre este tema, la OMS tiene una postura clara: “Facilitar el acceso a motocicletas sin necesidad de superar un examen especial aumenta el número de lesionados de tráfico que implican motocicletas”.

De 1999 a 2009, según el organismo, el parque de motocicletas en México creció 312%, en tanto las muertes de motociclistas subieron en proporción similar: 332%.

En la ciudad, de 2009 a 2013 los choques contra motos se incrementaron 20%, si bien la cantidad de heridos graves disminuyó 0.6%. La mayoría de los motociclistas fallecidos tenía entre 20 y 39 años.

La muerte de estas personas en América Latina representa 20% de los decesos por hechos de tránsito, según la OMS. Para Eugenia Rodrigues, asesora del organismo, esto demuestra que la región debe crear “políticas de transporte público adecuadas para el aumento del uso de las motocicletas y que establezcan medidas necesarias para proteger a todos los usuarios vulnerables”.

En cifras

  • 91 mil motocicletas circulaban en la Ciudad de México en 2013, según datos del Conapra.
  • 54% creció el parque vehicular de motocicletas de 2012 a 2013, de acuerdo con el órgano federal.
  • 1008 motocicletas estuvieron involucradas en diversos accidentes durante 2013.

 

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Coronavirus: qué es el cerebro pandémico y cómo nos afecta en el día a día

La exposición al estrés crónico que ha traído la pandemia está teniendo más consecuencias de las que imaginamos. Te contamos algunas y cómo contrarrestarlas.
26 de julio, 2021
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Me siento a escribir este texto. Arranco. Voy bien, llevo 100 palabras. Bueno, pienso que esta última línea quizás no se entiende. La borro. Lo borro todo. ¿Cómo retomo? Página en blanco. Mente en blanco. Pasan los minutos. Reviso el teléfono. ¡Es imposible concentrarse!

Es muy probable que en el último año y medio hayas sentido algo parecido ante cualquier actividad.

Si es así, no te preocupes. Muchos lo comparten. Tenemos cerebro pandémico.

No se trata de un término clínico, pero es así cómo algunos científicos denominan a la serie de dolencias que está sufriendo nuestro cerebro a raíz de la pandemia.

El estrés crónico y los largos ratos de confinamiento no solo han afectado nuestra capacidad de memoria y concentración.

Hay expertos que creen que también es posible que hayan reducido en tamaño algunas zonas de nuestro cerebro.

Pero, ¿nos quedaremos así para siempre?

Estrés prolongado

Los especialistas coinciden en que el principal responsable de los cambios en nuestra cabeza es la larga exposición al estrés durante tanto tiempo, el estrés crónico.

“Hay niveles de estrés ‘buenos’. Si necesitas culminar una tarea en un tiempo ajustado, una vez lo haces el estrés se va. Se acaba todo”, ejemplifica Michael Yassa, neurólogo del Centro de Neurobiología del Aprendizaje y la Memoria en California.

Mujer mirando a través de la ventana durante el confinamiento.

Getty Images
El aislamiento social provoca una exposición al estrés prolongado, impactando el volumen de varias zonas de nuestro cerebro involucradas en nuestras actividades diarias.

“Pero cuando el fin no está la vista y el estrés continúa por una sesión prolongada, entonces se vuelve problemático”, le explica Yassa a BBC Mundo.

Es lo que nos está sucediendo con la pandemia. Vivimos un estado dilatado de espera, de confinamientos y relajaciones, restricciones y medidas sin saber cuándo recuperaremos lo que ahora llamamos normalidad.

El estrés prolongado libera cortisol, y si tienes problemas continuos con esta hormona, puede llegar a afectar el volumen de algunas zonas del cerebro.

La neuropsicóloga Barbara Sahakian, de la Universidad de Cambridge en Reino Unido, ha estado analizando los efectos del distanciamiento social y la ansiedad por la pandemia en nuestra masa cerebral.

“A través de escáneres a personas socialmente aisladas hemos detectado cambios en el volumen de las regiones temporales, frontales, occipitales y subcorticales, así también como en el hipocampo y la amígdala”, le dice Sahakian a BBC Mundo.

“Ya en el pasado, altos y prolongados niveles de cortisol han sido asociados con disrupciones del humor y la reducción del hipocampo. Esto se observa sobre todo en pacientes con depresión”, añade.

En 2018, por ejemplo, un estudio publicado en la revista Neurology de la Academia Estadounidense de Neurología demostró que un alto nivel de cortisol en pacientes se asoció con una peor memoria y percepción visual, así como con volúmenes más bajos de materia gris total, occipital y lobar frontal.

Y esos cambios de volumen como los detectados por Sahakian pueden incidir directamente en las actividades que realizamos a diario.

“Ese conjunto de dolencias que afectan a la salud mental y nos generan depresión y ansiedad, es lo que coloquialmente estamos llamando cerebro pandémico”, apunta Yassa.

¿Cómo nos afecta el cerebro pandémico en el día a día?

La doctora Sahakian pone un ejemplo muy común.

“Aparcas tu auto en un estacionamiento público de múltiples niveles de un centro comercial. Regresas después de varias horas. Por un momento te pierdes y no recuerdas dónde dejaste tu auto. Pues bien, el hipocampo es la zona del cerebro responsable de aplicar esa memoria, precisamente una de las zonas más afectadas por los efectos de la pandemia”.

Aparcamiento en Santa Mónica, Los Ángeles, Estados Unidos.

Getty Images
Los efectos del llamado cerebro pandémico pueden notarse si tenemos dificultades para reencontrar nuestra plaza de aparcamiento.

El hipocampo también está involucrado en los procesos de aprendizaje. Además, es una zona que normalmente se deteriora con la edad.

“Es por ello que los ancianos pueden ser más vulnerables, aunque también hemos detectado que los niños pueden experimentar retrasos en su desarrollo social y del lenguaje”, argumenta Sahakian.

Pero los efectos del llamado cerebro pandémico van mucho más allá de una afectación leve de la memoria o un retroceso de la capacidad de aprendizaje.

Son muchos los receptores que son sensibles al cortisol, así que varias redes neuronales quedan afectadas, notándose en nuestros posibles cambios de humor frecuentes, sentimientos de miedo o la incapacidad para concentrarnos, realizar varias tareas a la vez o tomar decisiones sin titubear.

Esto se debe a su impacto en el sistema límbico y la amígdala, esta última encargada de hacernos sentir emociones.

“Muchos pacientes describen un sentimiento de “neblina mental” y se quejan de que ya no toman decisiones de la misma forma que lo hacían antes”, explica Yassa.

Por supuesto, esta carga psicológica también viene acompañada de irremediables consecuencias fisiológicas.

“La depresión y la ansiedad nos afectan el sueño, cambian el apetito y producen fatiga”, añade el neurólogo.

Escáner de cerebro.

Getty Images
Sahakian y su equipo han estado investigando las variaciones en nuestro cerebro que provoca la pandemia.

No afecta a todos por igual

Como en todo, el cerebro pandémico lastra más a unos que otros. En esto entra en juego la resiliencia individual y el nivel de estrés al que estemos sometido.

No sufren lo mismo quienes han padecido el aislamiento social que aquellos que perdieron un familiar o conocido, se quedaron desempleados o estuvieron infectados.

En estos casos, además del estrés crónico, también puede aparecer el estrés postraumático, incrementando la inestabilidad de la salud mental, la depresión, el dolor y la ansiedad.

Algunos hemos mostrado más resiliencia y creamos estrategias durante los confinamientos para mantenernos sanos, como seguir una rutina de ejercicio físico, pero para los más afectados este tipo de actividades puede ser más difícil de seguir”, diferencia Sahakian.

“La autogestión del estrés es algo personal que no todos logramos de la misma manera. Todos hemos tenido estrés en nuestra vida. Si logramos superarlo, este estrés hasta puede ser bueno en cierto punto” añade.

¿Es posible recuperarse?

El doctor Yassa quiere pensar que sí es posible superar los cambios sufridos, pero reconoce que no será de la noche a la mañana y que tomará tiempo.

“La gente se sobrepone a desastres naturales o la pérdida de seres queridos, así que de esto también deberíamos superarlo. Pero primero debe desaparecer la causa”, aclara.

“Según se vayan recuperando las libertades y la gente retome el contacto social, todos mejoraremos”, amplía Sahakian.

Persona llorando en una tumba en Indonesia en plena ola de coronavirus.

Getty Images
Las personas que han sufrido un ser querido pueden tardar más en recuperarse de los efectos psicológicos de la pandemia.

Mientras esperamos por la vuelta a la normalidad, los expertos igualmente aconsejan aplicar técnicas para traer de vuelta nuestras funciones cognitivas.

“Debemos retarnos con juegos de memoria para recuperarla, así también como ponernos a aprender cosas nuevas”, recomienda la doctora.

Yassa opina que debemos enfocarnos en crear una especie de armonía de ritmos.

“Levantarnos a la misma hora, comer regularmente y hacer ejercicio físico da mejores oportunidades al cerebro para recuperarse“.

Pero si bien estas actividades pueden ser suficientes para muchos, Sahakian reconoce que algunos podemos necesitar la ayuda de profesionales.


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https://www.youtube.com/watch?v=WhrDWNcNQEM

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