¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?
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Cuartoscuro

¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?

Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán, Paris Martínez
27 de junio, 2016
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Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito. Ese día murieron siete personas (hubo dos más en los días siguientes). Uno de ellos murió lejos de la batalla y de la policía y no se han encontrado testigos que expliquen quién lo mató. Cinco fallecieron cerca de los enfrentamientos o en zonas controladas por la policía. Y el último no se tiene registro del lugar donde murió.

Nochixtlán es un antiguo poblado comunal, que existe desde antes de la conquista, y al que tocan dos carreteras: la autopista, que une la capital de Oaxaca con la capital del país, y la carretera “libre”, que une los municipios del norte del estado.

Un cruce carretero estratégico, que hace a este pueblo epicentro de protestas políticas, que usan el bloqueo para presionar autoridades.

Eso es lo que ocurrió el pasado 14 de junio, cuando grupos afines al movimiento magisterial oaxaqueño bloquearon este punto carretero para exigir la anulación de la reforma educativa.

No eran muchos. Sólo un grupo de alrededor de 30 pobladores de Nochixtlán, vigilando día y noche las piedras y troncos que obstruían el paso de los vehículos en ambos sentidos del camino.

Hasta el domingo 19 de junio.

Ese día, a las 7:30 horas, 800 policías (la mitad federales y la mitad estatales) se trasladaron hacia ahí para “liberar” la carretera.

Según los testigos, la policía llegó disparando granadas de gas lacrimógeno, sin mediar ningún intento de entendimiento, lo que generó que habitantes de Nochixtlán salieran de sus casas para enfrentar a la policía, ya no como simpatizantes del movimiento magisterial, sino como defensores de sus vecinos y su comunidad.

La versión oficial de los hechos, presentada por el titular de la Policía Federal, Enrique Galindo, asegura en contrapartida que los policías actuaron siempre de forma “pacífica y dialogada”, y que un grupo de los policías vivieron “prácticamente una emboscada” por parte de “grupos radicales”, que dispararon lo mismo a policías que a habitantes de Nochixtlán.

Hasta la fecha, sin embargo, las autoridades no han presentado pruebas de esto último y el único testimonio que lo respalda es el de una policía, cuya declaración fue proporcionada por la Comisión Nacional de Seguridad, que prefirió que no se le entrevistara.

Por el contrario, los videos captados por turistas que se encontraban ese día de visita en Nochixtlán muestran que la población que respondió al desalojo llevaba palos y piedras, no armas.

De hecho, en ninguno de los videos difundidos hasta ahora en todos los medios se muestra a civiles armados y los únicos que aparecen con armas son los propios policías.

Lo que sí puede probarse es que el primero de los siete civiles que ese día perderían la vida cayó 90 minutos después de que llegaran los policías.

Esta primera víctima falleció cerca del panteón, en un momento en el que ese punto estaba rodeado por policías.

El segundo falleció lejos del lugar en el que estaban los policías y no se han encontrado testigos que declaren quién lo mató, si fueron uniformados o civiles.

Las siguientes tres víctimas perecieron cerca de la línea de enfrentamiento, en un punto controlado por los uniformados.

La sexta víctima, Óscar Nicolás Santiago de quien hasta la fecha se ignora dónde y en qué momento falleció, sólo se sabe que murió por herida de bala.

Durante los hechos hubo una séptima víctima mortal de la que también se ignoran las circunstancias del fallecimiento y se desconoce su nombre.

Cabe destacar que el saldo total es de nueve muertos, sin embargo, el día de los hechos sólo fallecieron siete; los otros dos fallecieron en los días posteriores.

El repliegue

Según los testimonios de los vecinos del poblado, el arribo de la policía obligó al primer grupo de manifestantes a replegarse hacia la zona urbana de Nochixtlán, cuyos habitantes, al percatarse de lo sucedido, salieron en su auxilio y cruzaron un tráiler a mitad de camino entre la intersección carretera y el acceso al pueblo, a un costado del panteón municipal.

Ese tráiler separaba para ese momento los bandos: del vehículo hacia la intersección carretera era territorio controlado por la policía; de tráiler hacia el pueblo era la zona en la que se fueron congregaron los habitantes de Nochixtlán, hasta contarse por cientos.

F. visitaba ese fin de semana Nochixtlán, famoso por su tianguis dominical y, a las 8:00 horas, las incesantes campanadas de la iglesia la despertaron.

Momentos después, esta turista salió a la calle y cuenta que vio a los pobladores de Nochixtlán congregados a un costado del panteón, sobre la carretera “libre”, justo frente a un tráiler que se incendiaba.

La situación era excepcional, y F. decidió tomar video de lo sucedido.

Su teléfono registró la hora de grabación: las 8:53 de la mañana.

Fue a esa hora, según el registro de su video, que el contingente policiaco decidió rebasar el tráiler, y avanzar sobre las posiciones que ocupaban los vecinos del pueblo.

Sus escudos y los parches reflectantes de sus uniformes “brillaban” con el sol, según la turista F.

Tal como muestra su video, ese avance de la policía generó un nuevo repliegue de los pobladores, que huían no sólo de los policías, sino también del gas lacrimógeno que lanzaban.

Debido a que el tráiler incendiado se ubicaba a un costado del panteón municipal, cuando los policías remontaron esa barrera comenzaron también a desplegarse alrededor de este camposanto.

Las imágenes captadas en ese momento por F. muestran que mientras los uniformados lanzan granadas de gas contra los pobladores, éstos responden con piedras y cohetes.

Con lo que se aprecia en estas imágenes, además, coincide el testimonio de otra turista que se encontraba también en la zona, P., según la cual “se veía que los policías estaban yéndose hacia el panteón, donde había pobladores (guarecidos)”.

En ese momento “fue cuando yo empecé a escuchar lo que me parecieron disparos”, narra.

La turista F. refrenda este punto: luego de que los policías lanzaran lacrimógeno contra los manifestantes, empezaron a disparar con armas de fuego.

Al principio de la trifulca, narra, sólo se escuchaban lo que ella interpretó como estallidos de la pirotecnia utilizada por los pobladores, pero alrededor de las 9:15 de la mañana, dice, se empezaron a escuchar detonaciones distintas a las primeras.

Según su testimonio, luego de que los policías remontaron el tráiler incendiado, los uniformados formaron una valla frente a los manifestantes; mientras que otro grupo de agentes se ubicó a un costado de ese punto, es decir, alrededor del panteón municipal.

F. relata que los policías que se ubicaron alrededor del panteón “estaban persiguiendo a civiles y, como no los alcanzaron, les empezaron a disparar”.

Los videos que capturó con su teléfono, efectivamente, muestran que un grupo de uniformados lanzan una granada de lacrimógeno contra civiles ubicados en el camino que lleva al panteón, y luego, desde donde están esos policías, el video muestra que parten al menos cuatro destellos, que son los que la turista identifica como disparos de arma de fuego.

Es este momento, además, cuando policías estatales y federales realizaron las primeras 18 aprehensiones del operativo, siendo los arrestados un grupo de familiares que se encontraban dentro del panteón municipal preparando un entierro.

Para ese momento, según el video, faltaban unos minutos para que el reloj marcara las 9:00 de la mañana.

En esa misma zona del panteón, minutos después, J., un joven habitante de Nochixtlán, recibió un disparo en la pantorrilla.

Según su testimonio, sufrió la lesión alrededor de las 9:30 de la mañana, es decir, cuando los policías ya tenía media hora desplegados desde el crucero carretero hasta el territorio del cementerio.

“Nosotros estábamos en una orilla (del panteón) –narra–. Los que tiraron los balazos, entre ellos el que me tocó a mí, fueron los federales que se escondieron donde está la vulcanizadora Reyes (a 30 metros, del panteón, junto a la gasolinería instalada en la autopista  bloqueada).

La primera víctima

Los destellos que muestra el video, que parten desde el lugar donde hay al menos cuatro policías, se dieron a las 9:30 horas.

A esa misma hora cae muerto la primer víctima fatal, Óscar Luna Aguilar, de 23 años, que se encontraba junto con otras personas a algunos metros del grupo de policías que disparaban.

Según L., otro joven de Nochixtlán, cuando Óscar fue herido se aproximó a él para auxiliarlo, pero Óscar le dijo “ya me dieron, ya vete”.

Esas fueron sus últimas palabras, expresadas mientras la sangre le brotaba de las costillas.

“Me di cuenta de que del lado derecho había unos pinos y de ahí salieron unos federales. Al cargarlo (a Óscar), yo escuchaba que atrás de mí los policías se gritaban entre ellos que que nos agarraran y siguieron las detonaciones, pero por suerte no me tocó ninguno” de los disparos.

L. afirma, convencido, que los tres o cuatro hombres armados que les dispararon pertenecían a un grupo policiaco, y explica su convicción: “ellos traían todo el equipo antimotín, y salieron dando la espalda, y sus uniformes decían atrás ‘Policía Federal’”.

En cuanto Óscar cayó herido, un grupo de pobladores se acercó y lo subieron a un taxi, para llevarlo al hospital, pero perdió la vida antes de llegar.

De acuerdo con el certificado de defunción, la hora de la muerte fue a las 9:40 de la mañana.

L. asegura que él y Óscar habían acudido a la zona del operativo a brindar apoyo a los heridos, después del llamado que hizo el cura del pueblo, a través de altavoces.

“Nosotros nos fuimos a mano limpia, no llevábamos armas, ni siquiera llevábamos piedras –narra–. Nomás nos dijeron que era un desalojo y uno se espera golpes, patadas, pero nunca se imagina que iban a ver balazos.”

La segunda víctima: quién disparó

Casi al mismo tiempo cayó la segunda víctima mortal: Omar González Santiago, de 22 años. Z., uno de los testigos del deceso, asegura que éste ocurrió entre las 9:30 y 10:00 de la mañana, sobre la misma carretera “libre” en la que se incendiaba el tráiler, pero ya en el acceso a Nochixtlán, a unos 300 metros de distancia del panteón y del tráiler quemado, que era la zona hasta donde habían llegado los policías.

Es decir, según Z., Omar se encontraba a una distancia considerable de los uniformados, lo que, a su juicio, hace imposible que el disparo viniera del contingente policial.

En el punto donde cayó muerto Omar se ubican tres hoteles: el Juquila, el Merli, y el Fandango’s.

Por eso, los pobladores concluyeron que el disparo homicida no vino del contingente policiaco, sino del hotel Juquila, junto al que el joven estaba parado.

No existe, hasta el momento, ningún testigo que afirme haber visto a quién habría disparado desde el hotel; sin embargo, hacia las dos o tres de la tarde, el rumor de que ese era el punto desde el cual dispararon a Óscar había cundido ya entre la población de Nochixtlán y, después de la batalla, un grupo de manifestantes se congregó frente al hotel y le prendió fuego.

Tres muertos en un mismo punto

La muerte de Óscar enardeció al pueblo porque era muy conocido. Tenía un puesto de jugos y materias primas, que repartía en las casas de Nochixtlán.

Además, su madre vende tamales en el mercado y su padre es un campesino apreciado por los vecinos.

A partir de que Óscar fue herido de muerte, la mayoría de los pobladores de Nochixtlán salió a la carretera donde se desarrollaba el operativo policiaco, ya sea para arrojar piedras y bombas molotov a los policías, para auxiliar heridos, o para proporcionar trapos mojados a las personas afectadas por el gas lacrimógeno.

En la calle Progreso, que da hacia el centro del pueblo, los habitantes comenzaron a preparar bombas molotov, que luego enviaban a la línea de batalla, para que sus vecinos las arrojaran contra la policía.

G. es uno de esos pobladores, que acudió al lugar de la refriega junto con otros tres jóvenes, con la intención de prestar auxilio a los heridos.

Según su testimonio, mientras la población se congregaba cada vez en mayor número en la carretera, los disparos de la policía continuaban, y algunos iban dirigidos contra ellos.

Por esta razón, estos cuatro jóvenes intentaron guarecerse, detrás de una pequeña casa en construcción, ubicada cerca del punto donde la carretera estaba bloqueada.

Ese lugar, sin embargo, no los protegía de las balas, por lo que corrieron hacia un sembradío contiguo, y se echaron pechotierra.

En ese momento, G. fue testigo de la muerte de las siguientes dos víctimas fatales del operativo: Jesús Cadena, de 19 años, y Anselmo Cruz, de 33 años, con quienes estaba tirado en el suelo para protegerse.

El momento es confuso, dice G.

“No sé por qué corrimos hacia allá, no supe por qué el chavo se levantó”.

Se refiere a Jesús, quien recibió un disparo en la ingle, que momentos después le provocaría la muerte.

G. le dijo que estirara la pierna, para que no se desangrara y mientras se acercaba a ayudarlo, cayó herido su otro acompañante, Anselmo, quien recibió un disparo en el rostro, a pesar de que estaba pechotierra.

La bala lo impactó cuando intentó levantar el torso y la cabeza, para observar lo sucedido: el proyectil entró con una trayectoria horizontal, atravesando la quijada y destrozando el pulmón.

La hora de su muerte, según el acta de defunción, fue a las 11:00 de la mañana.

Jesús murió poco después, a las 11:30, se asienta en el documento oficial.

Según G., los disparos provenían de un costado de la súpercarretera, de un policía plantado junto a un poste de luz, que estaba parado, disparando a descubierto, por eso, afirma, es que pudo verlo claramente cuando accionó su arma larga contra ellos.

En ese mismo punto, y en ese mismo momento, murió también Yalid Jiménez, de 19 años, quien se guarecía junto con ellos.

En el acta se asienta que su defunción ocurrió a las 11:00 de la mañana por “choque hipovolémico severo producido por hemorragia interna intensa, producida por perforación de corazón, producido por proyectil disparado por arma de fuego”.

Él recibió el disparo también cuando estaba pechotierra, la bala, con trayectoria horizontal, le atravesó el costado.

¿Radicales?

A las 11:30 de la mañana, habitantes de otros pueblos como Tlaxiaco y Yanhuitlán, comenzaron a llegar a Nochixtlán, “como si estuvieran desfilando, lanzando consignas. Ahí todo se puso más violento y descontrolado”, cuenta la turista F.

El poblado de Ñumi, a tres horas de Nochixtlán, mandó tres contingentes de apoyo.

El primero llegó a mediodía, según confirmó Elías Chávez, agente del pueblo mixteco que se rige por usos y costumbres.

Elías asegura que distintos poblados llegaron a Nochixtlán, como parte del apoyo hacia los maestros que sirven en sus pequeñas comunidades y su sentido de solidaridad comunitario. 

En los siguientes minutos, los manifestantes, reforzados no sólo por la población de Nochixtlán, sino de comunidades vecinas, hicieron retroceder a los policías federales y estatales hasta el punto donde inició la batalla, es decir, casi al llegar al cruce de la carretera libre con la supercarretera.

Según T., un taxista de Nochixtlán, varios policías se ubicaron entre los sembradíos, cerca del hospital, pero su gremio se organizó con machetes para cubrir ese flanco, e impedir que los uniformados llegaran hasta el edificio donde se atendía a enfermos.

A esa hora, dice, “ya los estábamos corriendo”.

X., es un policía de Oaxaca y cuando se le pregunta si en esa zona de la mixteca hay presencia de grupos radicales o hasta crimen organizado, con seguridad lo niega.

“Aquí se roban quizá un carro, sí hay delitos comunes, pero no hay ese tipo de situaciones (guerrilla o crimen organizado). Uno conoce la noticia criminal y de eso no hay (en Nochixtlán)”, dice.

Atención humanitaria

Nochixtlán cuenta con una pequeña clínica de cuidados preventivos, que suele operar con un médico y dos enfermeras.

La mañana del 19 de junio, sin embargo, los seis médicos de la zona entablaron comunicación telefónica para organizar la atención de heridos, previendo que ésta sería necesaria, al enterarse del arribo de cientos de policías a la zona.

T. es uno de esos médicos, quien comenzó comunicaciones con el resto de sus colegas a las 7:45 horas, es decir, 15 minutos después de que iniciara el operativo policiaco.

“Los seis médicos y dos enfermeras que llegamos a la clínica establecimos un protocolo elemental para estabilizar a los heridos que requerían atención de urgencia; luego de estabilizarlos, a los más graves (cuya vida estaba en peligro) los enviábamos a otros hospitales”, mejor equipados, como el de Huajuapan, ubicado a dos horas y media de camino.

El objetivo del protocolo, explicó el médico, era “jamás negarle el servicio a nadie”.

N., una de las enfermeras que acudió voluntariamente a prestar auxilio humanitario, detalla que para las 9:30 horas, es decir, dos horas después de que inició el operativo policiaco, en la clínica ya había al menos 50 personas con heridas de bala.

“Desde las 9:15 empezaron a escucharse los disparos –narra N.–, y todos los heridos que llegaron aquí (a la clínica) tenían impacto de bala. La mayoría en los brazos, en las piernas, en los pies.”

De esos 50 heridos, al menos 13 tenían heridas de gravedad.

De hecho, en esta clínica se decretó la muerte de seis de las siete personas que fallecidos durante el operativo del 19 de junio.

Además de estos ocho trabajadores de la salud, decenas de vecinos y vecinas de Nochixtlán se sumaron a las labores de evacuación y traslado de heridos. Se improvisó en el atrio de la iglesia una zona de atención médica y a las 10 de la mañana recibieron al primer herido.

“Toda la gente corría de un lado a otro –narra Y., una de esas vecinas que voluntariamente acudió a prestar servicio humanitario a los heridos–. Llegaban (heridos) en carros particulares, en camionetas, o cargados con mantas, como camillas… y también llegaban caminando, aquellos que tenían heridas en los brazos.”

Para la evacuación de heridos fuera de Nochixtlán, además, acudieron en ayuda de la población camilleros de ocho pueblos de la zona, a bordo de sus ambulancias, provenientes de Santa María Apazco, Fortín, San Miguel Chicahua, Coixtlahuaca, Tamazulapam, Tepelmeme, Tlaxiaco y Santiago Yolomécatl; es decir, los mismos poblados de los que salió la población en caravanas de autos particulares, para apoyar a la gente de Nochixtlán.

Para las 12:00 horas, narra por su parte el doctor G., quien arribó a esa hora desde la vecina comunidad de Tlaxiaco, “el pueblo era ya un escenario terrible: nunca habíamos visto algo así en nuestras vidas, eso no era el escenario de un desalojo, era el de una guerra como las que vemos en las películas… era aterrador, y no nos dábamos abasto, nos faltaban medicamentos, vendas…”.

El doctor G. fue, de hecho, quien atendió a K., una agente de la Policía Federal que alrededor de las 11:00 horas fue retenida por pobladores, golpeada, y finalmente conducida al puesto médico improvisado en la iglesia del pueblo; así como a otro elemento de la Gendarmería (es decir, también policía federal), quien fue conducido inconsciente a causa de los golpes.

“Cuando llegué –narra el doctor–, también llegaron dos federales, muy golpeado de la cara, con la nariz inflamada. La (mujer policía) federal sólo llevaba un hematoma en la pierna izquierda, por lo que les limpiamos la cara y manos, porque estaban llenos de sangre… mientras eso pasaba, la gente afuera de la iglesia exigía que se los entregáramos, había gente del pueblo desaparecida y entonces, los vecinos, decían que si la policía no regresaba a los detenidos, entonces no iban a entregar a los federales. Sin embargo, el padre salió a contenerlos, para que nosotros auxiliáramos a los policías, y sí, se les atendió como a cualquier persona”.

La ceguera

K. es la integrante de la Policía Federal atendida por el doctor G. en el atrio de la iglesia de Nochxtlán, hospitalizada actualmente por las lesiones que sufrió durante el operativo policiaco del pasado 19 de junio, cuando quedó aislada del resto de sus compañeros agentes, y fue tundida por pobladores de Nochixtlán, que le provocaron dos cortes en la cabeza, diversos hematomas en el cuerpo y, según su testimonio, un machetazo en la pierna.

“Fue algo de verdad triste –narra, a través de una grabación proporcionada a Animal Político por la Policía Federal–, porque no se tientan el corazón.”

Según su testimonio, desde que llegó el contingente de 800 policías al bloqueo carretero de Nochixtlán, “los pobladores nos recibieron a balazos (…) y todos nos tirábamos al suelo, porque era increíble que una población se levantara en armas. No lo creíamos. Todos estábamos asombrados de que nos recibieran así”.

En la grabación, K. deja sentada su sorpresa ante un hecho particular: el que desde distintas comunidades de la región hubiesen llegado más ciudadanos, para dar refuerzos a los habitantes de Nochixtlán que enfrentaban a las policías Federal y Estatal.

“Empezaron a llegar más y más y más –exclama K.–, de muchas poblaciones, a atacarnos con todo lo que tenían”.

Una escena que ella calificó como “espantosa”, ya que se trataba de una “multitud ciega”, que “no saben qué piden ni por qué luchan”

Muy lejos del hospital en el que K. rinde su testimonio, aunque también postrado y herido, R. da una respuesta a esas preguntas.

R. es un joven de 24 años, que recibió un disparo en el vientre, mientras ayudaba a evacuar heridos, durante el operativo policiaco en Nochixtlán.

Para salvarle la vida, los médicos debieron extirparle el bazo y retirarle parte del intestino, a causa de las perforaciones de una bala que sigue alojada junto a su riñón.

R. no es maestro ni padre de familia, no tenía nada qué ver con el bloqueo carretero y, aún más, esos eran temas que no le incumbían: “yo ese día quería ir a jugar futbol, pero me levanté tarde, a eso de las 9:15 de la mañana, y ya no pude ir al juego”, se lamenta.

Por ello, reconoce, lo único que lo vinculaba con los hechos era su condición de “vecino” y, más aún, su condición de “mixteco”.

–¿Por qué decidiste salir de tu casa el 19 de junio, y acudir al lugar de los enfrentamientos?

–Yo me asomé a la calle y en ese momento vi gente del pueblo desesperada, y (a lo lejos) vi que ya estaba encendiéndose algo (en la zona de la confrontación), y entonces yo también me alarmé… Luego escuché que estaban diciendo desde la iglesia que se necesitaba apoyo, porque en esos momentos ya había gente herida… entonces, si uno ve que hay gente que necesita ayuda, ¿a poco no te dan ganas ayudarla? Por eso es que yo fui a apoyar, pues. Para sacar heridos, para acercar agua, porque “somos hermanos mixtecos, nos tenemos que apoyar”.

Esa expresión, la que invoca a la hermandad entre los pueblos de origen mixteco, surge de forma reiterada, de hecho, cuando se consulta a otros pobladores, hombres o mujeres, la razón de que habitantes de otras poblaciones, y los mismos vecinos de Nochixtlán, salieran en auxilio del pequeño grupo de manifestantes que mantenían tomada la carretera.

La maestra Lis (la única entrevistada que aceptó que su nombre fuera publicado) lo explica así:

“Yo soy una indígena mixteca y estoy orgullosa de serlo, soy originaria de aquí, y si hablamos de resistencias indígenas, mis paisanos la tienen. Nuestros usos y costumbres son que por defender nuestro suelo, nuestra tierra, y a nuestros hermanos, que venga lo que venga. Y esa es la postura de la mayoría de nosotros (…) Y ustedes pueden constatar cómo somos tratados los indígenas: pueden ver los muertos, los heridos que nos dejaron, y estamos muy molestos, porque los medios de comunicación no han dicho nada: hay dolor, hay llanto, hay sangre”.

Esa es la razón de que todo el pueblo de Nochixtlán, y todos los pueblos mixtecas de la región acudieran en auxilio de aquellos sobre los que se desplegaba un contingente de 800 policías armados y disparando.

No es ceguera de ningún tipo, pues.

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Las teorías conspirativas que surgieron en torno al ataque del 11-S de 2001

Dos décadas después de los ataques las teorías conspirativas continúan propagándose y ganando adeptos.
10 de septiembre, 2021
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Las primeras teorías conspirativas del 11 de septiembre aparecieron en internet pocas horas después de los ataques en 2001, y desde entonces, con el auge de las redes sociales han crecido en alcance y escala.

Los extensos informes de la Comisión del 11 de Septiembre, de las agencias gubernamentales de Estados Unidos y los grupos de expertos, han refutado la existencia de cualquier conspiración oculta.

Pero grupos de activistas en Estados Unidos y en otros lugares, el movimiento de la Verdad del 11 de Septiembre, dicen que se han ocultado los hechos.

Algunos de los principales miembros del movimiento también han acogido las conspiraciones sobre covid-19 y las vacunas.

Y ciertos políticos de alto nivel, celebridades y figuras de los medios también han cuestionado la versión oficial.

“Gobierno mundial”

El surgimiento de nuevos movimientos de conspiración en internet, como QAnon, cuyos seguidores, entre otros puntos de vista conspirativos, creen que un “Estado profundo” estadounidense responsable de los ataques ha mantenido estas teorías de conspiración en circulación y las ha llevado a una audiencia mucho más amplia.

Y los videos en internet de una serie de películas conocidas como “Loose Change” han reforzado muchas de las falsedades que circulan.

Algunos afirman que el gobierno de EE.UU. organizó los ataques o los conocía de antemano y los permitió.

Y estas falsedades se entrelazan con la creencia de los movimientos en internet más recientes de que las élites globales planean restringir las libertades civiles en respuesta a los ataques y facilitar el establecimiento de un gobierno mundial autoritario.

ataques del 11/09

Getty Images

Una afirmación ampliamente compartida en internet, “El combustible para aviones no puede derretir vigas de acero”, sugiere que las Torres Gemelas del World Trade Center fueron demolidas por explosivos.

Pero según un informe oficial, los aviones estrellados dañaron considerablemente las columnas de soporte de ambas torres y se desprendieron los materiales resistentes al fuego.

Además, los incendios alcanzaron los 1.000° C en algunas áreas, lo que provocó que las vigas de acero se deformaran y el eventual colapso de los edificios.

Incendios incontrolados

El colapso del 7 World Trade Center, un rascacielos de 47 pisos en las cercanías de las Torres Gemelas, ha atraído muchas teorías de conspiración, algunas de las cuales fueron tendencia en las principales redes sociales en el aniversario del 11 de septiembre del año pasado.

Este edificio, que contiene oficinas de la CIA, el Departamento de Defensa y la Oficina de Manejo de Emergencias, se derrumbó horas después de las Torres Gemelas sin ser alcanzado por un avión ni atacado directamente.

Pero en 2008, una investigación de tres años realizada por el Instituto Nacional de Estándares y Tecnología concluyó que se había derrumbado debido a incendios intensos y descontrolados, que duraron casi siete horas, iniciados por los escombros de la caída de la cercana Torre Norte.

El 7 World Trade Center fue la primera torre de este tipo que colapsó debido a un incendio.

Pero en 2017, la torre Plasco en la capital iraní, Teherán, se convirtió en la segunda.

Volverse viral

El hecho de que el colapso del 7 World Trade Center fue anunciado en un informe en vivo por la corresponsal de BBC News, Jane Stanley, mientras el edificio todavía estaba visible detrás de ella, ha sido citado por teóricos de la conspiración como evidencia de que las principales organizaciones de medios de comunicación fueron parte del complot que llevó a los hechos.

reporte de la BBC

BBC
La BBC informó erróneamente sobre el derrumbe del 7 World Trade Center.

La agencia de noticias Reuters había informado erróneamente del colapso del edificio, un reporte que también fue recogido por CNN, justo antes de la transmisión en vivo.

Reuters luego emitió una corrección, pero los cortes del informe continúan haciéndose virales en los días previos a los aniversarios del 11 de septiembre.

Jet corporativo

Algunas teorías de conspiración en internet sugieren que se dispararon misiles estadounidenses contra el Pentágono, como parte de un complot del gobierno, y que el agujero que quedó en el edificio era demasiado pequeño para haber sido causado por un avión de pasajeros.

Pero un miembro de la Sociedad Estadounidense de Ingenieros Civiles le dijo a la revista Popular Mechanics que el tamaño y la forma del agujero se debieron a que un ala del Boeing 757 golpeó el suelo y la otra se cortó al impactar con el edificio.

Mientras tanto, el vuelo 93 de United Airlines se estrelló cerca de Shanksville, Pensilvania, luego de que los pasajeros intentaron quitarle a los secuestradores el control del avión.

Las teorías en internet afirman que fue derribado por un avión corporativo blanco que volaba hacia un aeropuerto cercano.

Pero los funcionarios de aviación habían pedido al avión que inspeccionara el área, lo que hizo, informando de evidencia de un gran agujero en el suelo del que salía humo.

Las teorías conspirativas sugieren que un misil cayó sobre el Pentágono.

Getty Images
Las teorías conspirativas sugieren que un misil cayó sobre el Pentágono.

El vicepresidente Dick Cheney reveló más tarde en su autobiografía que, tras el ataque a las Torres Gemelas, había ordenado el derribo de cualquier avión comercial que se creyera que había sido secuestrado.

Pero en el caos y la confusión que siguió al ataque, su orden no pasó a los pilotos de combate, según el informe de la Comisión del 11 de Septiembre.

“Élites judías”

Otra teoría afirma falsamente que ningún judío murió en los ataques porque 4.000 empleados judíos en el World Trade Center habían recibido un aviso previo para que no se presentaran a trabajar.

Los creyentes en ella concluyen que el gobierno israelí montó los ataques para incitar a Estados Unidos a atacar a sus enemigos regionales o se responsabiliza a poderosas élites judías que controlan los acontecimientos mundiales desde las sombras.

Pero de las 2.071 víctimas que trabajaban en el World Trade Center el 11 de septiembre, se confirmó que 119 eran judíos y se cree que al menos otros 72 también lo eran.

Eso constituiría el 9,2% de las víctimas, según una investigación del documental “Conspiracy Files” de la BBC, una cifra similar al 9,7% de la población que en ese momento viajaba al trabajo en Nueva York que se creía que era judía.

Y algunos estiman que hasta 400 judíos podrían haber muerto ese día.

Teorías similares rodean a otros Estados, incluidos Irak e Irán, pero nunca se ha encontrado evidencia de su participación directa.


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