close
Recibe noticias a través de nuestro newsletter
¡Gracias! Desde ahora recibirás un correo diario con las noticias más relevantes.
sync
Cuartoscuro

¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?

Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán
27 de junio, 2016
Comparte

Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito. Ese día murieron siete personas (hubo dos más en los días siguientes). Uno de ellos murió lejos de la batalla y de la policía y no se han encontrado testigos que expliquen quién lo mató. Cinco fallecieron cerca de los enfrentamientos o en zonas controladas por la policía. Y el último no se tiene registro del lugar donde murió.

Nochixtlán es un antiguo poblado comunal, que existe desde antes de la conquista, y al que tocan dos carreteras: la autopista, que une la capital de Oaxaca con la capital del país, y la carretera “libre”, que une los municipios del norte del estado.

Un cruce carretero estratégico, que hace a este pueblo epicentro de protestas políticas, que usan el bloqueo para presionar autoridades.

Eso es lo que ocurrió el pasado 14 de junio, cuando grupos afines al movimiento magisterial oaxaqueño bloquearon este punto carretero para exigir la anulación de la reforma educativa.

No eran muchos. Sólo un grupo de alrededor de 30 pobladores de Nochixtlán, vigilando día y noche las piedras y troncos que obstruían el paso de los vehículos en ambos sentidos del camino.

Hasta el domingo 19 de junio.

Ese día, a las 7:30 horas, 800 policías (la mitad federales y la mitad estatales) se trasladaron hacia ahí para “liberar” la carretera.

Según los testigos, la policía llegó disparando granadas de gas lacrimógeno, sin mediar ningún intento de entendimiento, lo que generó que habitantes de Nochixtlán salieran de sus casas para enfrentar a la policía, ya no como simpatizantes del movimiento magisterial, sino como defensores de sus vecinos y su comunidad.

La versión oficial de los hechos, presentada por el titular de la Policía Federal, Enrique Galindo, asegura en contrapartida que los policías actuaron siempre de forma “pacífica y dialogada”, y que un grupo de los policías vivieron “prácticamente una emboscada” por parte de “grupos radicales”, que dispararon lo mismo a policías que a habitantes de Nochixtlán.

Hasta la fecha, sin embargo, las autoridades no han presentado pruebas de esto último y el único testimonio que lo respalda es el de una policía, cuya declaración fue proporcionada por la Comisión Nacional de Seguridad, que prefirió que no se le entrevistara.

Por el contrario, los videos captados por turistas que se encontraban ese día de visita en Nochixtlán muestran que la población que respondió al desalojo llevaba palos y piedras, no armas.

De hecho, en ninguno de los videos difundidos hasta ahora en todos los medios se muestra a civiles armados y los únicos que aparecen con armas son los propios policías.

Lo que sí puede probarse es que el primero de los siete civiles que ese día perderían la vida cayó 90 minutos después de que llegaran los policías.

Esta primera víctima falleció cerca del panteón, en un momento en el que ese punto estaba rodeado por policías.

El segundo falleció lejos del lugar en el que estaban los policías y no se han encontrado testigos que declaren quién lo mató, si fueron uniformados o civiles.

Las siguientes tres víctimas perecieron cerca de la línea de enfrentamiento, en un punto controlado por los uniformados.

La sexta víctima, Óscar Nicolás Santiago de quien hasta la fecha se ignora dónde y en qué momento falleció, sólo se sabe que murió por herida de bala.

Durante los hechos hubo una séptima víctima mortal de la que también se ignoran las circunstancias del fallecimiento y se desconoce su nombre.

Cabe destacar que el saldo total es de nueve muertos, sin embargo, el día de los hechos sólo fallecieron siete; los otros dos fallecieron en los días posteriores.

El repliegue

Según los testimonios de los vecinos del poblado, el arribo de la policía obligó al primer grupo de manifestantes a replegarse hacia la zona urbana de Nochixtlán, cuyos habitantes, al percatarse de lo sucedido, salieron en su auxilio y cruzaron un tráiler a mitad de camino entre la intersección carretera y el acceso al pueblo, a un costado del panteón municipal.

Ese tráiler separaba para ese momento los bandos: del vehículo hacia la intersección carretera era territorio controlado por la policía; de tráiler hacia el pueblo era la zona en la que se fueron congregaron los habitantes de Nochixtlán, hasta contarse por cientos.

F. visitaba ese fin de semana Nochixtlán, famoso por su tianguis dominical y, a las 8:00 horas, las incesantes campanadas de la iglesia la despertaron.

Momentos después, esta turista salió a la calle y cuenta que vio a los pobladores de Nochixtlán congregados a un costado del panteón, sobre la carretera “libre”, justo frente a un tráiler que se incendiaba.

La situación era excepcional, y F. decidió tomar video de lo sucedido.

Su teléfono registró la hora de grabación: las 8:53 de la mañana.

Fue a esa hora, según el registro de su video, que el contingente policiaco decidió rebasar el tráiler, y avanzar sobre las posiciones que ocupaban los vecinos del pueblo.

Sus escudos y los parches reflectantes de sus uniformes “brillaban” con el sol, según la turista F.

Tal como muestra su video, ese avance de la policía generó un nuevo repliegue de los pobladores, que huían no sólo de los policías, sino también del gas lacrimógeno que lanzaban.

Debido a que el tráiler incendiado se ubicaba a un costado del panteón municipal, cuando los policías remontaron esa barrera comenzaron también a desplegarse alrededor de este camposanto.

Las imágenes captadas en ese momento por F. muestran que mientras los uniformados lanzan granadas de gas contra los pobladores, éstos responden con piedras y cohetes.

Con lo que se aprecia en estas imágenes, además, coincide el testimonio de otra turista que se encontraba también en la zona, P., según la cual “se veía que los policías estaban yéndose hacia el panteón, donde había pobladores (guarecidos)”.

En ese momento “fue cuando yo empecé a escuchar lo que me parecieron disparos”, narra.

La turista F. refrenda este punto: luego de que los policías lanzaran lacrimógeno contra los manifestantes, empezaron a disparar con armas de fuego.

Al principio de la trifulca, narra, sólo se escuchaban lo que ella interpretó como estallidos de la pirotecnia utilizada por los pobladores, pero alrededor de las 9:15 de la mañana, dice, se empezaron a escuchar detonaciones distintas a las primeras.

Según su testimonio, luego de que los policías remontaron el tráiler incendiado, los uniformados formaron una valla frente a los manifestantes; mientras que otro grupo de agentes se ubicó a un costado de ese punto, es decir, alrededor del panteón municipal.

F. relata que los policías que se ubicaron alrededor del panteón “estaban persiguiendo a civiles y, como no los alcanzaron, les empezaron a disparar”.

Los videos que capturó con su teléfono, efectivamente, muestran que un grupo de uniformados lanzan una granada de lacrimógeno contra civiles ubicados en el camino que lleva al panteón, y luego, desde donde están esos policías, el video muestra que parten al menos cuatro destellos, que son los que la turista identifica como disparos de arma de fuego.

Es este momento, además, cuando policías estatales y federales realizaron las primeras 18 aprehensiones del operativo, siendo los arrestados un grupo de familiares que se encontraban dentro del panteón municipal preparando un entierro.

Para ese momento, según el video, faltaban unos minutos para que el reloj marcara las 9:00 de la mañana.

En esa misma zona del panteón, minutos después, J., un joven habitante de Nochixtlán, recibió un disparo en la pantorrilla.

Según su testimonio, sufrió la lesión alrededor de las 9:30 de la mañana, es decir, cuando los policías ya tenía media hora desplegados desde el crucero carretero hasta el territorio del cementerio.

“Nosotros estábamos en una orilla (del panteón) –narra–. Los que tiraron los balazos, entre ellos el que me tocó a mí, fueron los federales que se escondieron donde está la vulcanizadora Reyes (a 30 metros, del panteón, junto a la gasolinería instalada en la autopista  bloqueada).

La primera víctima

Los destellos que muestra el video, que parten desde el lugar donde hay al menos cuatro policías, se dieron a las 9:30 horas.

A esa misma hora cae muerto la primer víctima fatal, Óscar Luna Aguilar, de 23 años, que se encontraba junto con otras personas a algunos metros del grupo de policías que disparaban.

Según L., otro joven de Nochixtlán, cuando Óscar fue herido se aproximó a él para auxiliarlo, pero Óscar le dijo “ya me dieron, ya vete”.

Esas fueron sus últimas palabras, expresadas mientras la sangre le brotaba de las costillas.

“Me di cuenta de que del lado derecho había unos pinos y de ahí salieron unos federales. Al cargarlo (a Óscar), yo escuchaba que atrás de mí los policías se gritaban entre ellos que que nos agarraran y siguieron las detonaciones, pero por suerte no me tocó ninguno” de los disparos.

L. afirma, convencido, que los tres o cuatro hombres armados que les dispararon pertenecían a un grupo policiaco, y explica su convicción: “ellos traían todo el equipo antimotín, y salieron dando la espalda, y sus uniformes decían atrás ‘Policía Federal’”.

En cuanto Óscar cayó herido, un grupo de pobladores se acercó y lo subieron a un taxi, para llevarlo al hospital, pero perdió la vida antes de llegar.

De acuerdo con el certificado de defunción, la hora de la muerte fue a las 9:40 de la mañana.

L. asegura que él y Óscar habían acudido a la zona del operativo a brindar apoyo a los heridos, después del llamado que hizo el cura del pueblo, a través de altavoces.

“Nosotros nos fuimos a mano limpia, no llevábamos armas, ni siquiera llevábamos piedras –narra–. Nomás nos dijeron que era un desalojo y uno se espera golpes, patadas, pero nunca se imagina que iban a ver balazos.”

La segunda víctima: quién disparó

Casi al mismo tiempo cayó la segunda víctima mortal: Omar González Santiago, de 22 años. Z., uno de los testigos del deceso, asegura que éste ocurrió entre las 9:30 y 10:00 de la mañana, sobre la misma carretera “libre” en la que se incendiaba el tráiler, pero ya en el acceso a Nochixtlán, a unos 300 metros de distancia del panteón y del tráiler quemado, que era la zona hasta donde habían llegado los policías.

Es decir, según Z., Omar se encontraba a una distancia considerable de los uniformados, lo que, a su juicio, hace imposible que el disparo viniera del contingente policial.

En el punto donde cayó muerto Omar se ubican tres hoteles: el Juquila, el Merli, y el Fandango’s.

Por eso, los pobladores concluyeron que el disparo homicida no vino del contingente policiaco, sino del hotel Juquila, junto al que el joven estaba parado.

No existe, hasta el momento, ningún testigo que afirme haber visto a quién habría disparado desde el hotel; sin embargo, hacia las dos o tres de la tarde, el rumor de que ese era el punto desde el cual dispararon a Óscar había cundido ya entre la población de Nochixtlán y, después de la batalla, un grupo de manifestantes se congregó frente al hotel y le prendió fuego.

Tres muertos en un mismo punto

La muerte de Óscar enardeció al pueblo porque era muy conocido. Tenía un puesto de jugos y materias primas, que repartía en las casas de Nochixtlán.

Además, su madre vende tamales en el mercado y su padre es un campesino apreciado por los vecinos.

A partir de que Óscar fue herido de muerte, la mayoría de los pobladores de Nochixtlán salió a la carretera donde se desarrollaba el operativo policiaco, ya sea para arrojar piedras y bombas molotov a los policías, para auxiliar heridos, o para proporcionar trapos mojados a las personas afectadas por el gas lacrimógeno.

En la calle Progreso, que da hacia el centro del pueblo, los habitantes comenzaron a preparar bombas molotov, que luego enviaban a la línea de batalla, para que sus vecinos las arrojaran contra la policía.

G. es uno de esos pobladores, que acudió al lugar de la refriega junto con otros tres jóvenes, con la intención de prestar auxilio a los heridos.

Según su testimonio, mientras la población se congregaba cada vez en mayor número en la carretera, los disparos de la policía continuaban, y algunos iban dirigidos contra ellos.

Por esta razón, estos cuatro jóvenes intentaron guarecerse, detrás de una pequeña casa en construcción, ubicada cerca del punto donde la carretera estaba bloqueada.

Ese lugar, sin embargo, no los protegía de las balas, por lo que corrieron hacia un sembradío contiguo, y se echaron pechotierra.

En ese momento, G. fue testigo de la muerte de las siguientes dos víctimas fatales del operativo: Jesús Cadena, de 19 años, y Anselmo Cruz, de 33 años, con quienes estaba tirado en el suelo para protegerse.

El momento es confuso, dice G.

“No sé por qué corrimos hacia allá, no supe por qué el chavo se levantó”.

Se refiere a Jesús, quien recibió un disparo en la ingle, que momentos después le provocaría la muerte.

G. le dijo que estirara la pierna, para que no se desangrara y mientras se acercaba a ayudarlo, cayó herido su otro acompañante, Anselmo, quien recibió un disparo en el rostro, a pesar de que estaba pechotierra.

La bala lo impactó cuando intentó levantar el torso y la cabeza, para observar lo sucedido: el proyectil entró con una trayectoria horizontal, atravesando la quijada y destrozando el pulmón.

La hora de su muerte, según el acta de defunción, fue a las 11:00 de la mañana.

Jesús murió poco después, a las 11:30, se asienta en el documento oficial.

Según G., los disparos provenían de un costado de la súpercarretera, de un policía plantado junto a un poste de luz, que estaba parado, disparando a descubierto, por eso, afirma, es que pudo verlo claramente cuando accionó su arma larga contra ellos.

En ese mismo punto, y en ese mismo momento, murió también Yalid Jiménez, de 19 años, quien se guarecía junto con ellos.

En el acta se asienta que su defunción ocurrió a las 11:00 de la mañana por “choque hipovolémico severo producido por hemorragia interna intensa, producida por perforación de corazón, producido por proyectil disparado por arma de fuego”.

Él recibió el disparo también cuando estaba pechotierra, la bala, con trayectoria horizontal, le atravesó el costado.

¿Radicales?

A las 11:30 de la mañana, habitantes de otros pueblos como Tlaxiaco y Yanhuitlán, comenzaron a llegar a Nochixtlán, “como si estuvieran desfilando, lanzando consignas. Ahí todo se puso más violento y descontrolado”, cuenta la turista F.

El poblado de Ñumi, a tres horas de Nochixtlán, mandó tres contingentes de apoyo.

El primero llegó a mediodía, según confirmó Elías Chávez, agente del pueblo mixteco que se rige por usos y costumbres.

Elías asegura que distintos poblados llegaron a Nochixtlán, como parte del apoyo hacia los maestros que sirven en sus pequeñas comunidades y su sentido de solidaridad comunitario. 

En los siguientes minutos, los manifestantes, reforzados no sólo por la población de Nochixtlán, sino de comunidades vecinas, hicieron retroceder a los policías federales y estatales hasta el punto donde inició la batalla, es decir, casi al llegar al cruce de la carretera libre con la supercarretera.

Según T., un taxista de Nochixtlán, varios policías se ubicaron entre los sembradíos, cerca del hospital, pero su gremio se organizó con machetes para cubrir ese flanco, e impedir que los uniformados llegaran hasta el edificio donde se atendía a enfermos.

A esa hora, dice, “ya los estábamos corriendo”.

X., es un policía de Oaxaca y cuando se le pregunta si en esa zona de la mixteca hay presencia de grupos radicales o hasta crimen organizado, con seguridad lo niega.

“Aquí se roban quizá un carro, sí hay delitos comunes, pero no hay ese tipo de situaciones (guerrilla o crimen organizado). Uno conoce la noticia criminal y de eso no hay (en Nochixtlán)”, dice.

Atención humanitaria

Nochixtlán cuenta con una pequeña clínica de cuidados preventivos, que suele operar con un médico y dos enfermeras.

La mañana del 19 de junio, sin embargo, los seis médicos de la zona entablaron comunicación telefónica para organizar la atención de heridos, previendo que ésta sería necesaria, al enterarse del arribo de cientos de policías a la zona.

T. es uno de esos médicos, quien comenzó comunicaciones con el resto de sus colegas a las 7:45 horas, es decir, 15 minutos después de que iniciara el operativo policiaco.

“Los seis médicos y dos enfermeras que llegamos a la clínica establecimos un protocolo elemental para estabilizar a los heridos que requerían atención de urgencia; luego de estabilizarlos, a los más graves (cuya vida estaba en peligro) los enviábamos a otros hospitales”, mejor equipados, como el de Huajuapan, ubicado a dos horas y media de camino.

El objetivo del protocolo, explicó el médico, era “jamás negarle el servicio a nadie”.

N., una de las enfermeras que acudió voluntariamente a prestar auxilio humanitario, detalla que para las 9:30 horas, es decir, dos horas después de que inició el operativo policiaco, en la clínica ya había al menos 50 personas con heridas de bala.

“Desde las 9:15 empezaron a escucharse los disparos –narra N.–, y todos los heridos que llegaron aquí (a la clínica) tenían impacto de bala. La mayoría en los brazos, en las piernas, en los pies.”

De esos 50 heridos, al menos 13 tenían heridas de gravedad.

De hecho, en esta clínica se decretó la muerte de seis de las siete personas que fallecidos durante el operativo del 19 de junio.

Además de estos ocho trabajadores de la salud, decenas de vecinos y vecinas de Nochixtlán se sumaron a las labores de evacuación y traslado de heridos. Se improvisó en el atrio de la iglesia una zona de atención médica y a las 10 de la mañana recibieron al primer herido.

“Toda la gente corría de un lado a otro –narra Y., una de esas vecinas que voluntariamente acudió a prestar servicio humanitario a los heridos–. Llegaban (heridos) en carros particulares, en camionetas, o cargados con mantas, como camillas… y también llegaban caminando, aquellos que tenían heridas en los brazos.”

Para la evacuación de heridos fuera de Nochixtlán, además, acudieron en ayuda de la población camilleros de ocho pueblos de la zona, a bordo de sus ambulancias, provenientes de Santa María Apazco, Fortín, San Miguel Chicahua, Coixtlahuaca, Tamazulapam, Tepelmeme, Tlaxiaco y Santiago Yolomécatl; es decir, los mismos poblados de los que salió la población en caravanas de autos particulares, para apoyar a la gente de Nochixtlán.

Para las 12:00 horas, narra por su parte el doctor G., quien arribó a esa hora desde la vecina comunidad de Tlaxiaco, “el pueblo era ya un escenario terrible: nunca habíamos visto algo así en nuestras vidas, eso no era el escenario de un desalojo, era el de una guerra como las que vemos en las películas… era aterrador, y no nos dábamos abasto, nos faltaban medicamentos, vendas…”.

El doctor G. fue, de hecho, quien atendió a K., una agente de la Policía Federal que alrededor de las 11:00 horas fue retenida por pobladores, golpeada, y finalmente conducida al puesto médico improvisado en la iglesia del pueblo; así como a otro elemento de la Gendarmería (es decir, también policía federal), quien fue conducido inconsciente a causa de los golpes.

“Cuando llegué –narra el doctor–, también llegaron dos federales, muy golpeado de la cara, con la nariz inflamada. La (mujer policía) federal sólo llevaba un hematoma en la pierna izquierda, por lo que les limpiamos la cara y manos, porque estaban llenos de sangre… mientras eso pasaba, la gente afuera de la iglesia exigía que se los entregáramos, había gente del pueblo desaparecida y entonces, los vecinos, decían que si la policía no regresaba a los detenidos, entonces no iban a entregar a los federales. Sin embargo, el padre salió a contenerlos, para que nosotros auxiliáramos a los policías, y sí, se les atendió como a cualquier persona”.

La ceguera

K. es la integrante de la Policía Federal atendida por el doctor G. en el atrio de la iglesia de Nochxtlán, hospitalizada actualmente por las lesiones que sufrió durante el operativo policiaco del pasado 19 de junio, cuando quedó aislada del resto de sus compañeros agentes, y fue tundida por pobladores de Nochixtlán, que le provocaron dos cortes en la cabeza, diversos hematomas en el cuerpo y, según su testimonio, un machetazo en la pierna.

“Fue algo de verdad triste –narra, a través de una grabación proporcionada a Animal Político por la Policía Federal–, porque no se tientan el corazón.”

Según su testimonio, desde que llegó el contingente de 800 policías al bloqueo carretero de Nochixtlán, “los pobladores nos recibieron a balazos (…) y todos nos tirábamos al suelo, porque era increíble que una población se levantara en armas. No lo creíamos. Todos estábamos asombrados de que nos recibieran así”.

En la grabación, K. deja sentada su sorpresa ante un hecho particular: el que desde distintas comunidades de la región hubiesen llegado más ciudadanos, para dar refuerzos a los habitantes de Nochixtlán que enfrentaban a las policías Federal y Estatal.

“Empezaron a llegar más y más y más –exclama K.–, de muchas poblaciones, a atacarnos con todo lo que tenían”.

Una escena que ella calificó como “espantosa”, ya que se trataba de una “multitud ciega”, que “no saben qué piden ni por qué luchan”

Muy lejos del hospital en el que K. rinde su testimonio, aunque también postrado y herido, R. da una respuesta a esas preguntas.

R. es un joven de 24 años, que recibió un disparo en el vientre, mientras ayudaba a evacuar heridos, durante el operativo policiaco en Nochixtlán.

Para salvarle la vida, los médicos debieron extirparle el bazo y retirarle parte del intestino, a causa de las perforaciones de una bala que sigue alojada junto a su riñón.

R. no es maestro ni padre de familia, no tenía nada qué ver con el bloqueo carretero y, aún más, esos eran temas que no le incumbían: “yo ese día quería ir a jugar futbol, pero me levanté tarde, a eso de las 9:15 de la mañana, y ya no pude ir al juego”, se lamenta.

Por ello, reconoce, lo único que lo vinculaba con los hechos era su condición de “vecino” y, más aún, su condición de “mixteco”.

–¿Por qué decidiste salir de tu casa el 19 de junio, y acudir al lugar de los enfrentamientos?

–Yo me asomé a la calle y en ese momento vi gente del pueblo desesperada, y (a lo lejos) vi que ya estaba encendiéndose algo (en la zona de la confrontación), y entonces yo también me alarmé… Luego escuché que estaban diciendo desde la iglesia que se necesitaba apoyo, porque en esos momentos ya había gente herida… entonces, si uno ve que hay gente que necesita ayuda, ¿a poco no te dan ganas ayudarla? Por eso es que yo fui a apoyar, pues. Para sacar heridos, para acercar agua, porque “somos hermanos mixtecos, nos tenemos que apoyar”.

Esa expresión, la que invoca a la hermandad entre los pueblos de origen mixteco, surge de forma reiterada, de hecho, cuando se consulta a otros pobladores, hombres o mujeres, la razón de que habitantes de otras poblaciones, y los mismos vecinos de Nochixtlán, salieran en auxilio del pequeño grupo de manifestantes que mantenían tomada la carretera.

La maestra Lis (la única entrevistada que aceptó que su nombre fuera publicado) lo explica así:

“Yo soy una indígena mixteca y estoy orgullosa de serlo, soy originaria de aquí, y si hablamos de resistencias indígenas, mis paisanos la tienen. Nuestros usos y costumbres son que por defender nuestro suelo, nuestra tierra, y a nuestros hermanos, que venga lo que venga. Y esa es la postura de la mayoría de nosotros (…) Y ustedes pueden constatar cómo somos tratados los indígenas: pueden ver los muertos, los heridos que nos dejaron, y estamos muy molestos, porque los medios de comunicación no han dicho nada: hay dolor, hay llanto, hay sangre”.

Esa es la razón de que todo el pueblo de Nochixtlán, y todos los pueblos mixtecas de la región acudieran en auxilio de aquellos sobre los que se desplegaba un contingente de 800 policías armados y disparando.

No es ceguera de ningún tipo, pues.

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal

'La selfie que reveló que fui robada cuando era una bebé'

A los 17 años, Miché Solomon descubrió que tenía dos madres: una real, una falsa. Todo empezó con el robo de un bebé en un hospital de Ciudad del Cabo, Sudáfrica. Esta es su historia.
30 de octubre, 2019
Comparte

En abril de 1997, una mujer vestida con un uniforme de enfermera salió de un hospital de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, llevándose a una bebé de tres días de nacida de la sala de maternidad mientras la madre de la niña dormía. Fue solo por azar que, 17 años más tarde, la bebé robada descubrió su verdadera identidad.

Era el primer día de clases en la Escuela Secundaria Zwaanswyk y el comienzo del último año de Miché Solomon.

Ese día de enero en 2015, un grupo de estudiantes exaltadas rodearon a la joven de 17 años para decirle que había una nueva alumna, Cassidy Nurse, que era tres años menor que ella pero que era casi idéntica a Miché.

Al principio, Miché no pensó mucho en ello. Pero cuando las dos se encontraron después en el corredor, Miché dice que sintió una conexión instantánea que no pudo explicar.

“Era como si la conociera”, dice. “Daba miedo. No podía entender por qué me sentía así”.

A pesar de la diferencia de edad, Miché y Cassidy comenzaron a pasar mucho tiempo juntas.

“Yo decía, ‘¡hola, hermana pequeña!’, ella decía, ‘¡hola hermana grande!’. A veces íbamos al baño juntas y le decía, ‘déjame cepillarte el cabello, deja que te ponga brillo labial'”.

Miché Solomon

Mpho Lakaje
Miché Solomon en la actualidad.

Cuando alguien preguntaba si ambas eran hermanas ellas bromeaban: “No sabemos, quizás en otra vida”.

Entonces un día las dos se tomaron un selfie juntas y la mostraron a sus amigos. Alguien le preguntó a Miché si estaba segura de que no era adoptada. “¡No, estás loco!”, respondía.

Cuando mostraron el selfie a la madre de Miché, Lavona, ella también comentó lo idénticas que eran las jóvenes.

Michael, el padre de Miché, dijo que conocía a la nueva amiga de su hija: el padre de Cassidy tenía una tienda de dispositivos eléctricos donde él a veces compraba.

Pero los padres de Cassidy, Celeste y Morne Nurse, le dijeron a su hija que le preguntara a Miché si ella había nacido el 30 de abril de 1997.

“Yo respondí, ‘¿por qué?, ¿me estás espiando en Facebook?”, dice Miché.

Cassidy le aseguró que no la estaba espiando, que sólo quería saber cuándo había nacido. Así que Miché contestó que sí, que había nacido el 30 de abril de 1997.

Semanas después, inesperadamente llamaron a Miché a la oficina del director, donde dos trabajadores sociales estaban esperando.

Le contaron a Miché una historia sobre una bebé de tres días de nacida llamada Zephany Nurse, quien había sido secuestrada del hospital Groote Schuur hacía 17 años y nunca había sido encontrada.

Miché escuchó la historia sin saber por qué se la estaban contando. Entonces los trabajadores sociales le explicaron que había evidencia que sugería que Miché podría ser la niña que habían secuestrado hacía tantos años.

Lavona Solomon con Miché

BBC
Lavona Solomon fotografiada en su casa con la recién nacida Miché.

Miché les explicó que ella no había nacido en el hospital Groote Schuur, que había nacido en el Hospital Retreat a unos 20 minutos de distancia. Eso era que lo decía su certificado de nacimiento, les dijo.

Pero los trabajadores sociales contestaron que no había registro de que ella hubiera nacido allí.

Pensando que tenía que ser un terrible error, Miché acordó someterse a una prueba de ADN.

“Creía tanto en la madre que me crió, creía que ella nunca me hubiera mentido, especialmente sobre quién soy y de dónde vengo”, cuenta Miché. “Así que pensaba que la prueba de ADN iba a ser negativa”.

Pero las cosas no salieron como ella esperaba. Los resultados mostraron indiscutiblemente que Miché Solomon y Zephany Nurse, eran la misma persona.

“Me senté conmocionada”, dice. “Mi vida estaba fuera de control”.

Su vida cambió de inmediato

La historia de la bebé robada, ahora una joven, que había sido encontrada por casualidad casi dos décadas después, acaparó titulares en Sudáfrica y alrededor del mundo, y la vida de Miché cambió de inmediato.

Se le dijo que no podría regresar a su casa. Faltaban tres meses para que cumpliera 18 años y se le permitiera tomar sus propias decisiones. Por ahora tenía que quedarse en un refugio.

Entonces Miché recibió más noticias devastadoras. Lavona Solomon, la mujer que la había criado y que creía era su madre, había sido arrestada.

“Eso me destrozó”, recuerda. “La necesitaba. Necesitaba preguntarle por qué, ¿qué estaba pasando?. Me abrumaba saber que yo le pertenecía a alguien más”.

Miché con Michael

BBC
Miché, de ocho meses, con Michael.

Miché estaba presente cuando el esposo de Lavona, Michael, el hombre que Miché consideraba su papá, fue interrogado por la policía.

“Pude ver el estrés en su cara, pude ver sus ojos rojos y realmente me asusté”, cuenta Miché.

La policía quería saber si él había sido parte del plan de secuestro.

“Mi padre era suave y gentil”, dice Miché. “Es mi roca, mi héroe, mi papi, es el hombre. Y allí estaba este otro hombre haciéndolo ver como un niño pequeño, mientras decía: ‘no, no hice eso. Miché es mi hija, ¿cómo puede no ser mi hija? Yo no fui parte de eso'”.

La policía nunca encontró evidencia de que Michael Solomon supiera que Miché había sido tomada de sus padres biológicos sin permiso y fue liberado.

Michael dice que Lavona había estado embarazada. Se cree que escondió un aborto y después fingió el resto del embarazo, antes de robarse a Zephany Nurse, llevarla a su casa y pretender que había dado a luz a la bebé.

Y así, Lavona estaba en custodia, esperando un juicio acusada de secuestro y declarar de forma fraudulenta que era madre de una niña.

Celeste y Cassidy

Huisgenoot/Noncedo Mathibela
Celeste Nurse (izq) y su segunda hija, Cassidy.

Aunque Celeste y Morne Nurse tuvieron otros tres hijos, nunca dejaron de buscar a su primogénita, Zephany, y celebraban su cumpleaños cada año, incluso después de que se divorciaron.

Mientras tanto, su hija robada crecía muy cerca de ellos. La casa de los Solomon está a solo 5 km de la de los Nurse. Cuando era pequeña Miché solía correr en los campos frente a la casa de los Nurse, mientras Michael jugaba fútbol allí.

“No sentía nada”

Ahora, después de los extraordinarios eventos, las oraciones de la familia Nurse finalmente eran respondidas. Miché se reunió con sus padres biológicos en la estación de policía.

“Me abrazaron y comencé a llorar”, cuenta. Pero no se sentía cómoda. Algo no estaba bien.

“Sentía como si tuviera que hacer eso por pena a esta gente que había sufrido tanto”, dice. “Es triste pero, sabes, no sentía nada, no sentía como si los hubiera extrañado”.

Miché estaba muy confundida. Un par de padres estaba dichoso y desesperado por recuperar el tiempo perdido, pero eran extraños para ella. El otro par, los que ella amaba, estaban devastados, y uno de ellos estaba tras las rejas.

Lavona Solomon arrives at the Cape Town High Court on February 29, 2016

Getty Images
Lavona Solomon (con la cara cubierta) al llegar al Tribunal Superior de Ciudad del Cabo durante su juicio.

El juicio de Lavona Solomon en el tribunal superior en Ciudad del Cabo comenzó en agosto de 2015. Tanto Miché como sus padres biológicos estaban allí para escuchar el testimonio de Lavona.

Durante todo el juicio, Lavona negó haber hecho algo incorrecto. Le contó a la corte sobre sus numerosos intentos para quedar embarazada, sus varios abortos y su desesperación por adoptar a un niño.

Lavona entonces dijo que una mujer llamada Silvia que le había estado dando un tratamiento de fertilidad, le había ofrecido un bebé. Silvia le dijo a Lavona que el bebé era de una joven que no quería mantenerlo y deseaba que el bebé fuera adoptado.

Pero no había evidencia de que Silvia existiera.

Además, casi dos décadas después del incidente, un testigo que recordaba haber visto a la mujer vestida de enfermera que se había llevado a Zephany mientras Celeste dormía, señaló a Lavona en una rueda de identificación. El juez concluyó que la evidencia en su contra era abrumadora.

Morne deja la corte

Getty Images
Morne Nurse, el padre biológico de Zephany, presenció el veredicto de culpabilidad en un tribunal.

En 2016, Lavona Solomon fue sentenciada a 10 años en prisión por secuestro, fraude y violación del Acta Infantil. El juez la criticó por no mostrar remordimiento durante el juicio.

“Sentí que me estaba muriendo”, Miche cuenta. “Pensaba, ‘¿cómo voy a superarlo? ¿cómo voy a soportar la vida sin la madre que tuve cada día en mi vida?'”.

Perdón

Más tarde ese año, Miché visitó a Lavona en prisión y pudo hablar con ella por primera vez desde que los trabajadores sociales llegaron a su escuela.

“La primera visita fue detrás de una ventana, no tuvimos contacto”, cuenta. “Y vi a mi madre con la ropa que las prisioneras usan y me rompió el corazón. Lloré y lloré”.

Miché realmente quería saber la verdad, descubrir qué había pasado el día en que Lavona se la había llevado del hospital.

Miché fotografiada con Michael

BBC
Miché decidió vivir con Michael, afirmando que era donde sentía en “su hogar”.

“Le dije ‘saber que no era de tu sangre, que yo realmente le pertenecía a alguien más y que les robaste posibilidades y cambiaste todo mi destino, me duele. ¿Cómo se supone que debo creer en tu palabra cuando me mentiste, diciéndome que yo era tu hija? Rompiste mi confianza. Vas a tener que decirme la verdad si quieres tener una relación conmigo'”.

“Y ella dijo: ‘un día te lo diré’. Ella todavía dice que no lo hizo, pero creo que sí”.

Sin embargo, Miché dice que no guarda rencor: “Perdonar trae tanto alivio a tu corazón”, afirma Miché. “La vida debe continuar. Ella sabe que la perdono y que todavía la amo”.

Han pasado más de cuatro años desde que Miché descubrió la verdad sobre su identidad. Cuando cumplió 18 años a fines de abril de 2015, consideró mudarse con uno de sus padres biológicos, pero decidió no hacerlo.

“Estaban divorciados, esa unidad familiar se encontraba en mal estado”, dice Miché. “Así que tomé la decisión obvia y la decisión más estable: volver a vivir con Michael, ese era mi espacio seguro, ese era mi hogar”.

Miché ha luchado por formar una relación con su familia biológica y dice que a veces incluso sintió que los odiaba por llevarse a su “madre”.

Michael con la hija de Miché camino a visitar a Lavona en prisión

BBC
Michael con la hija de Miché. Ambos han visitado a Lavona en prisión.

Todavía visita a Lavona en la prisión de Worcester, a unos 120 km de donde vive, pero es un viaje largo, especialmente ahora que tiene dos hijos.

Lavona Solomon será liberada en seis años y Miché dice que a menudo desea que el tiempo “vaya de prisa”. Todavía vive en la casa de la familia y espera que regrese su madre.

Miché Solomon sorprendentemente ha elegido mantener el nombre con el que fue criada en lugar del nombre con el que nació.

A pesar de la catástrofe psicológica de descubrir que la mujer que la crió en realidad la había robado, de alguna manera ha hecho las paces con sus dos identidades.

“Creo que odié a Zephany al principio”, dice Miché.

“Ella vino con tanta fuerza, una invitación tan poco pedida, tanto sufrimiento y mucho dolor… Pero Zephany es la verdad y Miché, la chica de 17 años que yo solía ser, era una mentira. Así que me las arreglé para equilibrar ambos nombres. Puedes llamarme Zephany o Miché, está bien“.

La historia de Miché se cuenta en el libro Zephany: Two mothers. One daughter de Joanne Jowell


Ahora puedes recibir notificaciones de BBC News Mundo. Descarga la nueva versión de nuestra app y actívalas para no perderte nuestro mejor contenido.

https://www.youtube.com/watch?v=gDmHB8hPS8s

https://www.youtube.com/watch?v=C8aesqi_RDY

https://www.youtube.com/watch?v=WPAFssynBMU

Lo que hacemos en Animal Político requiere de periodistas profesionales, trabajo en equipo, mantener diálogo con los lectores y algo muy importante: independencia. Tú puedes ayudarnos a seguir. Sé parte del equipo. Suscríbete a Animal Político, recibe beneficios y apoya el periodismo libre.

#YoSoyAnimal
¡Muchas gracias!

Estamos procesando tu membresía, por favor sé paciente, este proceso puede tomar hasta dos minutos.

No cierres esta ventana.