¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?
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¿Quién emboscó a quién en Nochixtlán?

Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán, Paris Martínez
27 de junio, 2016
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Esta es la segunda entrega de tres de la reconstrucción de la batalla ocurrida en Nochixtlán, Oaxaca, el pasado 19 de junio, elaborada a partir de las narraciones de 20 testigos, documentos y material videográfico inédito. Ese día murieron siete personas (hubo dos más en los días siguientes). Uno de ellos murió lejos de la batalla y de la policía y no se han encontrado testigos que expliquen quién lo mató. Cinco fallecieron cerca de los enfrentamientos o en zonas controladas por la policía. Y el último no se tiene registro del lugar donde murió.

Nochixtlán es un antiguo poblado comunal, que existe desde antes de la conquista, y al que tocan dos carreteras: la autopista, que une la capital de Oaxaca con la capital del país, y la carretera “libre”, que une los municipios del norte del estado.

Un cruce carretero estratégico, que hace a este pueblo epicentro de protestas políticas, que usan el bloqueo para presionar autoridades.

Eso es lo que ocurrió el pasado 14 de junio, cuando grupos afines al movimiento magisterial oaxaqueño bloquearon este punto carretero para exigir la anulación de la reforma educativa.

No eran muchos. Sólo un grupo de alrededor de 30 pobladores de Nochixtlán, vigilando día y noche las piedras y troncos que obstruían el paso de los vehículos en ambos sentidos del camino.

Hasta el domingo 19 de junio.

Ese día, a las 7:30 horas, 800 policías (la mitad federales y la mitad estatales) se trasladaron hacia ahí para “liberar” la carretera.

Según los testigos, la policía llegó disparando granadas de gas lacrimógeno, sin mediar ningún intento de entendimiento, lo que generó que habitantes de Nochixtlán salieran de sus casas para enfrentar a la policía, ya no como simpatizantes del movimiento magisterial, sino como defensores de sus vecinos y su comunidad.

La versión oficial de los hechos, presentada por el titular de la Policía Federal, Enrique Galindo, asegura en contrapartida que los policías actuaron siempre de forma “pacífica y dialogada”, y que un grupo de los policías vivieron “prácticamente una emboscada” por parte de “grupos radicales”, que dispararon lo mismo a policías que a habitantes de Nochixtlán.

Hasta la fecha, sin embargo, las autoridades no han presentado pruebas de esto último y el único testimonio que lo respalda es el de una policía, cuya declaración fue proporcionada por la Comisión Nacional de Seguridad, que prefirió que no se le entrevistara.

Por el contrario, los videos captados por turistas que se encontraban ese día de visita en Nochixtlán muestran que la población que respondió al desalojo llevaba palos y piedras, no armas.

De hecho, en ninguno de los videos difundidos hasta ahora en todos los medios se muestra a civiles armados y los únicos que aparecen con armas son los propios policías.

Lo que sí puede probarse es que el primero de los siete civiles que ese día perderían la vida cayó 90 minutos después de que llegaran los policías.

Esta primera víctima falleció cerca del panteón, en un momento en el que ese punto estaba rodeado por policías.

El segundo falleció lejos del lugar en el que estaban los policías y no se han encontrado testigos que declaren quién lo mató, si fueron uniformados o civiles.

Las siguientes tres víctimas perecieron cerca de la línea de enfrentamiento, en un punto controlado por los uniformados.

La sexta víctima, Óscar Nicolás Santiago de quien hasta la fecha se ignora dónde y en qué momento falleció, sólo se sabe que murió por herida de bala.

Durante los hechos hubo una séptima víctima mortal de la que también se ignoran las circunstancias del fallecimiento y se desconoce su nombre.

Cabe destacar que el saldo total es de nueve muertos, sin embargo, el día de los hechos sólo fallecieron siete; los otros dos fallecieron en los días posteriores.

El repliegue

Según los testimonios de los vecinos del poblado, el arribo de la policía obligó al primer grupo de manifestantes a replegarse hacia la zona urbana de Nochixtlán, cuyos habitantes, al percatarse de lo sucedido, salieron en su auxilio y cruzaron un tráiler a mitad de camino entre la intersección carretera y el acceso al pueblo, a un costado del panteón municipal.

Ese tráiler separaba para ese momento los bandos: del vehículo hacia la intersección carretera era territorio controlado por la policía; de tráiler hacia el pueblo era la zona en la que se fueron congregaron los habitantes de Nochixtlán, hasta contarse por cientos.

F. visitaba ese fin de semana Nochixtlán, famoso por su tianguis dominical y, a las 8:00 horas, las incesantes campanadas de la iglesia la despertaron.

Momentos después, esta turista salió a la calle y cuenta que vio a los pobladores de Nochixtlán congregados a un costado del panteón, sobre la carretera “libre”, justo frente a un tráiler que se incendiaba.

La situación era excepcional, y F. decidió tomar video de lo sucedido.

Su teléfono registró la hora de grabación: las 8:53 de la mañana.

Fue a esa hora, según el registro de su video, que el contingente policiaco decidió rebasar el tráiler, y avanzar sobre las posiciones que ocupaban los vecinos del pueblo.

Sus escudos y los parches reflectantes de sus uniformes “brillaban” con el sol, según la turista F.

Tal como muestra su video, ese avance de la policía generó un nuevo repliegue de los pobladores, que huían no sólo de los policías, sino también del gas lacrimógeno que lanzaban.

Debido a que el tráiler incendiado se ubicaba a un costado del panteón municipal, cuando los policías remontaron esa barrera comenzaron también a desplegarse alrededor de este camposanto.

Las imágenes captadas en ese momento por F. muestran que mientras los uniformados lanzan granadas de gas contra los pobladores, éstos responden con piedras y cohetes.

Con lo que se aprecia en estas imágenes, además, coincide el testimonio de otra turista que se encontraba también en la zona, P., según la cual “se veía que los policías estaban yéndose hacia el panteón, donde había pobladores (guarecidos)”.

En ese momento “fue cuando yo empecé a escuchar lo que me parecieron disparos”, narra.

La turista F. refrenda este punto: luego de que los policías lanzaran lacrimógeno contra los manifestantes, empezaron a disparar con armas de fuego.

Al principio de la trifulca, narra, sólo se escuchaban lo que ella interpretó como estallidos de la pirotecnia utilizada por los pobladores, pero alrededor de las 9:15 de la mañana, dice, se empezaron a escuchar detonaciones distintas a las primeras.

Según su testimonio, luego de que los policías remontaron el tráiler incendiado, los uniformados formaron una valla frente a los manifestantes; mientras que otro grupo de agentes se ubicó a un costado de ese punto, es decir, alrededor del panteón municipal.

F. relata que los policías que se ubicaron alrededor del panteón “estaban persiguiendo a civiles y, como no los alcanzaron, les empezaron a disparar”.

Los videos que capturó con su teléfono, efectivamente, muestran que un grupo de uniformados lanzan una granada de lacrimógeno contra civiles ubicados en el camino que lleva al panteón, y luego, desde donde están esos policías, el video muestra que parten al menos cuatro destellos, que son los que la turista identifica como disparos de arma de fuego.

Es este momento, además, cuando policías estatales y federales realizaron las primeras 18 aprehensiones del operativo, siendo los arrestados un grupo de familiares que se encontraban dentro del panteón municipal preparando un entierro.

Para ese momento, según el video, faltaban unos minutos para que el reloj marcara las 9:00 de la mañana.

En esa misma zona del panteón, minutos después, J., un joven habitante de Nochixtlán, recibió un disparo en la pantorrilla.

Según su testimonio, sufrió la lesión alrededor de las 9:30 de la mañana, es decir, cuando los policías ya tenía media hora desplegados desde el crucero carretero hasta el territorio del cementerio.

“Nosotros estábamos en una orilla (del panteón) –narra–. Los que tiraron los balazos, entre ellos el que me tocó a mí, fueron los federales que se escondieron donde está la vulcanizadora Reyes (a 30 metros, del panteón, junto a la gasolinería instalada en la autopista  bloqueada).

La primera víctima

Los destellos que muestra el video, que parten desde el lugar donde hay al menos cuatro policías, se dieron a las 9:30 horas.

A esa misma hora cae muerto la primer víctima fatal, Óscar Luna Aguilar, de 23 años, que se encontraba junto con otras personas a algunos metros del grupo de policías que disparaban.

Según L., otro joven de Nochixtlán, cuando Óscar fue herido se aproximó a él para auxiliarlo, pero Óscar le dijo “ya me dieron, ya vete”.

Esas fueron sus últimas palabras, expresadas mientras la sangre le brotaba de las costillas.

“Me di cuenta de que del lado derecho había unos pinos y de ahí salieron unos federales. Al cargarlo (a Óscar), yo escuchaba que atrás de mí los policías se gritaban entre ellos que que nos agarraran y siguieron las detonaciones, pero por suerte no me tocó ninguno” de los disparos.

L. afirma, convencido, que los tres o cuatro hombres armados que les dispararon pertenecían a un grupo policiaco, y explica su convicción: “ellos traían todo el equipo antimotín, y salieron dando la espalda, y sus uniformes decían atrás ‘Policía Federal’”.

En cuanto Óscar cayó herido, un grupo de pobladores se acercó y lo subieron a un taxi, para llevarlo al hospital, pero perdió la vida antes de llegar.

De acuerdo con el certificado de defunción, la hora de la muerte fue a las 9:40 de la mañana.

L. asegura que él y Óscar habían acudido a la zona del operativo a brindar apoyo a los heridos, después del llamado que hizo el cura del pueblo, a través de altavoces.

“Nosotros nos fuimos a mano limpia, no llevábamos armas, ni siquiera llevábamos piedras –narra–. Nomás nos dijeron que era un desalojo y uno se espera golpes, patadas, pero nunca se imagina que iban a ver balazos.”

La segunda víctima: quién disparó

Casi al mismo tiempo cayó la segunda víctima mortal: Omar González Santiago, de 22 años. Z., uno de los testigos del deceso, asegura que éste ocurrió entre las 9:30 y 10:00 de la mañana, sobre la misma carretera “libre” en la que se incendiaba el tráiler, pero ya en el acceso a Nochixtlán, a unos 300 metros de distancia del panteón y del tráiler quemado, que era la zona hasta donde habían llegado los policías.

Es decir, según Z., Omar se encontraba a una distancia considerable de los uniformados, lo que, a su juicio, hace imposible que el disparo viniera del contingente policial.

En el punto donde cayó muerto Omar se ubican tres hoteles: el Juquila, el Merli, y el Fandango’s.

Por eso, los pobladores concluyeron que el disparo homicida no vino del contingente policiaco, sino del hotel Juquila, junto al que el joven estaba parado.

No existe, hasta el momento, ningún testigo que afirme haber visto a quién habría disparado desde el hotel; sin embargo, hacia las dos o tres de la tarde, el rumor de que ese era el punto desde el cual dispararon a Óscar había cundido ya entre la población de Nochixtlán y, después de la batalla, un grupo de manifestantes se congregó frente al hotel y le prendió fuego.

Tres muertos en un mismo punto

La muerte de Óscar enardeció al pueblo porque era muy conocido. Tenía un puesto de jugos y materias primas, que repartía en las casas de Nochixtlán.

Además, su madre vende tamales en el mercado y su padre es un campesino apreciado por los vecinos.

A partir de que Óscar fue herido de muerte, la mayoría de los pobladores de Nochixtlán salió a la carretera donde se desarrollaba el operativo policiaco, ya sea para arrojar piedras y bombas molotov a los policías, para auxiliar heridos, o para proporcionar trapos mojados a las personas afectadas por el gas lacrimógeno.

En la calle Progreso, que da hacia el centro del pueblo, los habitantes comenzaron a preparar bombas molotov, que luego enviaban a la línea de batalla, para que sus vecinos las arrojaran contra la policía.

G. es uno de esos pobladores, que acudió al lugar de la refriega junto con otros tres jóvenes, con la intención de prestar auxilio a los heridos.

Según su testimonio, mientras la población se congregaba cada vez en mayor número en la carretera, los disparos de la policía continuaban, y algunos iban dirigidos contra ellos.

Por esta razón, estos cuatro jóvenes intentaron guarecerse, detrás de una pequeña casa en construcción, ubicada cerca del punto donde la carretera estaba bloqueada.

Ese lugar, sin embargo, no los protegía de las balas, por lo que corrieron hacia un sembradío contiguo, y se echaron pechotierra.

En ese momento, G. fue testigo de la muerte de las siguientes dos víctimas fatales del operativo: Jesús Cadena, de 19 años, y Anselmo Cruz, de 33 años, con quienes estaba tirado en el suelo para protegerse.

El momento es confuso, dice G.

“No sé por qué corrimos hacia allá, no supe por qué el chavo se levantó”.

Se refiere a Jesús, quien recibió un disparo en la ingle, que momentos después le provocaría la muerte.

G. le dijo que estirara la pierna, para que no se desangrara y mientras se acercaba a ayudarlo, cayó herido su otro acompañante, Anselmo, quien recibió un disparo en el rostro, a pesar de que estaba pechotierra.

La bala lo impactó cuando intentó levantar el torso y la cabeza, para observar lo sucedido: el proyectil entró con una trayectoria horizontal, atravesando la quijada y destrozando el pulmón.

La hora de su muerte, según el acta de defunción, fue a las 11:00 de la mañana.

Jesús murió poco después, a las 11:30, se asienta en el documento oficial.

Según G., los disparos provenían de un costado de la súpercarretera, de un policía plantado junto a un poste de luz, que estaba parado, disparando a descubierto, por eso, afirma, es que pudo verlo claramente cuando accionó su arma larga contra ellos.

En ese mismo punto, y en ese mismo momento, murió también Yalid Jiménez, de 19 años, quien se guarecía junto con ellos.

En el acta se asienta que su defunción ocurrió a las 11:00 de la mañana por “choque hipovolémico severo producido por hemorragia interna intensa, producida por perforación de corazón, producido por proyectil disparado por arma de fuego”.

Él recibió el disparo también cuando estaba pechotierra, la bala, con trayectoria horizontal, le atravesó el costado.

¿Radicales?

A las 11:30 de la mañana, habitantes de otros pueblos como Tlaxiaco y Yanhuitlán, comenzaron a llegar a Nochixtlán, “como si estuvieran desfilando, lanzando consignas. Ahí todo se puso más violento y descontrolado”, cuenta la turista F.

El poblado de Ñumi, a tres horas de Nochixtlán, mandó tres contingentes de apoyo.

El primero llegó a mediodía, según confirmó Elías Chávez, agente del pueblo mixteco que se rige por usos y costumbres.

Elías asegura que distintos poblados llegaron a Nochixtlán, como parte del apoyo hacia los maestros que sirven en sus pequeñas comunidades y su sentido de solidaridad comunitario. 

En los siguientes minutos, los manifestantes, reforzados no sólo por la población de Nochixtlán, sino de comunidades vecinas, hicieron retroceder a los policías federales y estatales hasta el punto donde inició la batalla, es decir, casi al llegar al cruce de la carretera libre con la supercarretera.

Según T., un taxista de Nochixtlán, varios policías se ubicaron entre los sembradíos, cerca del hospital, pero su gremio se organizó con machetes para cubrir ese flanco, e impedir que los uniformados llegaran hasta el edificio donde se atendía a enfermos.

A esa hora, dice, “ya los estábamos corriendo”.

X., es un policía de Oaxaca y cuando se le pregunta si en esa zona de la mixteca hay presencia de grupos radicales o hasta crimen organizado, con seguridad lo niega.

“Aquí se roban quizá un carro, sí hay delitos comunes, pero no hay ese tipo de situaciones (guerrilla o crimen organizado). Uno conoce la noticia criminal y de eso no hay (en Nochixtlán)”, dice.

Atención humanitaria

Nochixtlán cuenta con una pequeña clínica de cuidados preventivos, que suele operar con un médico y dos enfermeras.

La mañana del 19 de junio, sin embargo, los seis médicos de la zona entablaron comunicación telefónica para organizar la atención de heridos, previendo que ésta sería necesaria, al enterarse del arribo de cientos de policías a la zona.

T. es uno de esos médicos, quien comenzó comunicaciones con el resto de sus colegas a las 7:45 horas, es decir, 15 minutos después de que iniciara el operativo policiaco.

“Los seis médicos y dos enfermeras que llegamos a la clínica establecimos un protocolo elemental para estabilizar a los heridos que requerían atención de urgencia; luego de estabilizarlos, a los más graves (cuya vida estaba en peligro) los enviábamos a otros hospitales”, mejor equipados, como el de Huajuapan, ubicado a dos horas y media de camino.

El objetivo del protocolo, explicó el médico, era “jamás negarle el servicio a nadie”.

N., una de las enfermeras que acudió voluntariamente a prestar auxilio humanitario, detalla que para las 9:30 horas, es decir, dos horas después de que inició el operativo policiaco, en la clínica ya había al menos 50 personas con heridas de bala.

“Desde las 9:15 empezaron a escucharse los disparos –narra N.–, y todos los heridos que llegaron aquí (a la clínica) tenían impacto de bala. La mayoría en los brazos, en las piernas, en los pies.”

De esos 50 heridos, al menos 13 tenían heridas de gravedad.

De hecho, en esta clínica se decretó la muerte de seis de las siete personas que fallecidos durante el operativo del 19 de junio.

Además de estos ocho trabajadores de la salud, decenas de vecinos y vecinas de Nochixtlán se sumaron a las labores de evacuación y traslado de heridos. Se improvisó en el atrio de la iglesia una zona de atención médica y a las 10 de la mañana recibieron al primer herido.

“Toda la gente corría de un lado a otro –narra Y., una de esas vecinas que voluntariamente acudió a prestar servicio humanitario a los heridos–. Llegaban (heridos) en carros particulares, en camionetas, o cargados con mantas, como camillas… y también llegaban caminando, aquellos que tenían heridas en los brazos.”

Para la evacuación de heridos fuera de Nochixtlán, además, acudieron en ayuda de la población camilleros de ocho pueblos de la zona, a bordo de sus ambulancias, provenientes de Santa María Apazco, Fortín, San Miguel Chicahua, Coixtlahuaca, Tamazulapam, Tepelmeme, Tlaxiaco y Santiago Yolomécatl; es decir, los mismos poblados de los que salió la población en caravanas de autos particulares, para apoyar a la gente de Nochixtlán.

Para las 12:00 horas, narra por su parte el doctor G., quien arribó a esa hora desde la vecina comunidad de Tlaxiaco, “el pueblo era ya un escenario terrible: nunca habíamos visto algo así en nuestras vidas, eso no era el escenario de un desalojo, era el de una guerra como las que vemos en las películas… era aterrador, y no nos dábamos abasto, nos faltaban medicamentos, vendas…”.

El doctor G. fue, de hecho, quien atendió a K., una agente de la Policía Federal que alrededor de las 11:00 horas fue retenida por pobladores, golpeada, y finalmente conducida al puesto médico improvisado en la iglesia del pueblo; así como a otro elemento de la Gendarmería (es decir, también policía federal), quien fue conducido inconsciente a causa de los golpes.

“Cuando llegué –narra el doctor–, también llegaron dos federales, muy golpeado de la cara, con la nariz inflamada. La (mujer policía) federal sólo llevaba un hematoma en la pierna izquierda, por lo que les limpiamos la cara y manos, porque estaban llenos de sangre… mientras eso pasaba, la gente afuera de la iglesia exigía que se los entregáramos, había gente del pueblo desaparecida y entonces, los vecinos, decían que si la policía no regresaba a los detenidos, entonces no iban a entregar a los federales. Sin embargo, el padre salió a contenerlos, para que nosotros auxiliáramos a los policías, y sí, se les atendió como a cualquier persona”.

La ceguera

K. es la integrante de la Policía Federal atendida por el doctor G. en el atrio de la iglesia de Nochxtlán, hospitalizada actualmente por las lesiones que sufrió durante el operativo policiaco del pasado 19 de junio, cuando quedó aislada del resto de sus compañeros agentes, y fue tundida por pobladores de Nochixtlán, que le provocaron dos cortes en la cabeza, diversos hematomas en el cuerpo y, según su testimonio, un machetazo en la pierna.

“Fue algo de verdad triste –narra, a través de una grabación proporcionada a Animal Político por la Policía Federal–, porque no se tientan el corazón.”

Según su testimonio, desde que llegó el contingente de 800 policías al bloqueo carretero de Nochixtlán, “los pobladores nos recibieron a balazos (…) y todos nos tirábamos al suelo, porque era increíble que una población se levantara en armas. No lo creíamos. Todos estábamos asombrados de que nos recibieran así”.

En la grabación, K. deja sentada su sorpresa ante un hecho particular: el que desde distintas comunidades de la región hubiesen llegado más ciudadanos, para dar refuerzos a los habitantes de Nochixtlán que enfrentaban a las policías Federal y Estatal.

“Empezaron a llegar más y más y más –exclama K.–, de muchas poblaciones, a atacarnos con todo lo que tenían”.

Una escena que ella calificó como “espantosa”, ya que se trataba de una “multitud ciega”, que “no saben qué piden ni por qué luchan”

Muy lejos del hospital en el que K. rinde su testimonio, aunque también postrado y herido, R. da una respuesta a esas preguntas.

R. es un joven de 24 años, que recibió un disparo en el vientre, mientras ayudaba a evacuar heridos, durante el operativo policiaco en Nochixtlán.

Para salvarle la vida, los médicos debieron extirparle el bazo y retirarle parte del intestino, a causa de las perforaciones de una bala que sigue alojada junto a su riñón.

R. no es maestro ni padre de familia, no tenía nada qué ver con el bloqueo carretero y, aún más, esos eran temas que no le incumbían: “yo ese día quería ir a jugar futbol, pero me levanté tarde, a eso de las 9:15 de la mañana, y ya no pude ir al juego”, se lamenta.

Por ello, reconoce, lo único que lo vinculaba con los hechos era su condición de “vecino” y, más aún, su condición de “mixteco”.

–¿Por qué decidiste salir de tu casa el 19 de junio, y acudir al lugar de los enfrentamientos?

–Yo me asomé a la calle y en ese momento vi gente del pueblo desesperada, y (a lo lejos) vi que ya estaba encendiéndose algo (en la zona de la confrontación), y entonces yo también me alarmé… Luego escuché que estaban diciendo desde la iglesia que se necesitaba apoyo, porque en esos momentos ya había gente herida… entonces, si uno ve que hay gente que necesita ayuda, ¿a poco no te dan ganas ayudarla? Por eso es que yo fui a apoyar, pues. Para sacar heridos, para acercar agua, porque “somos hermanos mixtecos, nos tenemos que apoyar”.

Esa expresión, la que invoca a la hermandad entre los pueblos de origen mixteco, surge de forma reiterada, de hecho, cuando se consulta a otros pobladores, hombres o mujeres, la razón de que habitantes de otras poblaciones, y los mismos vecinos de Nochixtlán, salieran en auxilio del pequeño grupo de manifestantes que mantenían tomada la carretera.

La maestra Lis (la única entrevistada que aceptó que su nombre fuera publicado) lo explica así:

“Yo soy una indígena mixteca y estoy orgullosa de serlo, soy originaria de aquí, y si hablamos de resistencias indígenas, mis paisanos la tienen. Nuestros usos y costumbres son que por defender nuestro suelo, nuestra tierra, y a nuestros hermanos, que venga lo que venga. Y esa es la postura de la mayoría de nosotros (…) Y ustedes pueden constatar cómo somos tratados los indígenas: pueden ver los muertos, los heridos que nos dejaron, y estamos muy molestos, porque los medios de comunicación no han dicho nada: hay dolor, hay llanto, hay sangre”.

Esa es la razón de que todo el pueblo de Nochixtlán, y todos los pueblos mixtecas de la región acudieran en auxilio de aquellos sobre los que se desplegaba un contingente de 800 policías armados y disparando.

No es ceguera de ningún tipo, pues.

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COVID: 4 motivos por los que Argentina llegó al millón de contagios pese a cuarentena más larga del mundo

El país sudamericano es el quinto con más casos en el mundo y encabeza el ranking de muertos diarios de COVID-19 por millón de habitantes. Esto, a pesar de que lleva 7 meses de cuarentena. Te explicamos los motivos.
22 de octubre, 2020
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El lunes 19 de octubre los argentinos vivieron dos hitos, que parecen contradictorios: llegaron al millón de infectados de covid-19 el mismo día en que se cumplían siete meses desde que se impuso una cuarentena, que se ha convertido en la más larga del mundo.

El país sudamericano es actualmente el quinto con más contagios en todo el planeta, después de Estados Unidos, India, Brasil y Rusia, naciones con poblaciones mucho mayores.

Esto a pesar de que Argentina fue uno de los primeros en la región en imponer restricciones masivas como la prohibición para circular (con excepción del personal esencial), el cierre de empresas y comercios, y el freno de todos los vuelos comerciales y de las rutas de autobús de mediana y larga distancia.

Estas medidas se aplicaron por decreto el 20 de marzo en todo el país, pero eventualmente se relajaron en el interior.

Allí se aplicó el Distanciamiento Social, Preventivo y Obligatorio, menos estricto que el Aislamiento Social impuesto en el área metropolitana de Buenos Aires (AMBA), donde vive el 40% de los argentinos.

Aunque también en el AMBA se fueron flexibilizando las medidas, y desde julio dejaron de aplicarse multas a las personas que violan la prohibición de circular, la cuarentena decretada por el presidente Alberto Fernández aún sigue vigente y ya se extendió una docena de veces.

El transporte público sigue siendo para uso exclusivo del personal esencial, las escuelas y universidades siguen cerradas en gran parte del país y Argentina es la única nación del mundo que aún no tiene vuelos de cabotajes, que supuestamente se reiniciarían este jueves.

Una pasajera es interrogada por policías en un autobús de Buenos Aires

Getty Images
Las autoridades han vigilado el uso del transporte público por personas que lo justifiquen.

A pesar de todo esto, el país lidera hace unas semanas el ranking mundial de muertos diarios de covid-19 por millón de habitantes.

Desde que por primera vez se reportaron más de 100 muertes diarias, el pasado 20 de julio, la curva de contagios y decesos se aceleró y en los últimos tres meses la cantidad de fallecidos pasó de unos 2400 a casi 27.000.

Datos positivos

No obstante, las autoridades resaltan que en un dato clave a Argentina le ha ido mejor que a muchos otros países, en especial en Europa y América Latina.

La tasa de mortalidad del coronavirus —es decir, la cantidad de muertos totales por millón de habitantes— es cercana a los 600, una cifra que coloca a Argentina en el puesto 15 a nivel mundial, por debajo de países como Perú, Bolivia, Chile, Ecuador, España, México, Reino Unido e Italia.

Además, el país ha logrado atravesar el aumento de casos sin provocar un colapso de su sistema sanitario, incluso en medio del invierno, algo que muchos expertos atribuyen a la cuarentena que logró “aplanar la curva” de contagios.

Este aplanamiento les dio tiempo a las autoridades sanitarias a prepararse y también permitió el desarrollo de técnicas efectivas para tratar a los pacientes, que ha reducido la tasa de letalidad.

Alberto Fernández

Reuters
El gobierno de Alberto Fernández ha resaltado que en Argentina se ha controlado la pandemia sin provocar un colapso del sistema sanitario.

La respuesta efectiva del sistema de salud logró que más del 80% de quienes se enfermaron de coronavirus ya se haya recuperado y que cerca del 2% de infectados haya fallecido.

Pero ¿cómo se explica que este país de cerca de 45 millones de habitantes haya llegado al millón de contagios y hoy esté en el top mundial de infectados y muertes diarias?

1. Pocos testeos

La mayoría de los expertos consultados por los medios locales coinciden en que la principal explicación es la falta de una mayor cantidad de testeos y una estrategia de búsqueda de contactos de personas infectadas.

Y es que si bien Argentina siguió al pie de la letra las sugerencias de la Organización Mundial de la Salud (OMS) de imponer el uso de barbijos y la distancia social, no acató la tercera pata de la estrategia: testeos y rastreos masivos, sobre todo de infectados asintomáticos, que son quienes más diseminan el virus.

Fuentes del gobierno citadas off the record explican que los testeos más eficientes son costosos, una traba para un país que incluso antes de la pandemia ya atravesaba una grave crisis económica.

Un centro de prueba de coronavirus en Argentina

EPA
Las pruebas de detección de covid-19 no han estado disponibles de manera masiva en Argentina.

Si bien la cantidad de pruebas ha variado, han sido menos que en otros países de la región y los resultados comprueban que no fueron suficientes.

Según la OMS, si uno testea correctamente, lo esperable sería tener una cifra de casos de positivos cercana al 10% o menos. En Argentina la tasa de positividad supera el 50%, indicando que se está testeando de manera insuficiente.

“Nuestro mayor déficit es no haber testeado más. El plan Detectar se implementó un poco tarde, cuando debió haber empezado más precozmente”, reconoció al diario La Nación Eduardo López, jefe del Departamento de Medicina del Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez y uno de los asesores del gobierno.

“Habría que haber aislado a los contactos y testearlos para ir adelantándose al virus. No se trata de testear en forma indiscriminada con testeos masivos, sino en la búsqueda de pacientes asintomáticos en ciertos conglomerados”, agregó al mismo medio Pedro Cahn, especialista en VIH-sida y otro de los expertos que aconsejó a las autoridades.

2. Errores de estrategia

Si bien muchos expertos en salud respaldan la cuarentena impuesta por el gobierno, las propias autoridades han admitido que no calcularon bien la extensión que iba a tener la enfermedad.

“Todos pensábamos que la pandemia en América iba a durar poquito, no como en Asia, pero sí como en Europa”, reconoció en declaraciones a Radio Continental el ministro de Salud argentino Ginés González García.

El mismo funcionario había sido criticado a comienzos de año por haber minimizado la posibilidad de que el virus originado en China llegara a Argentina, donde era verano, afirmando que el calor destruía el covid-19.

Un paciente hospitalizado en Buenos Aires

Reuters
Las autoridades no esperaban que los contagios se extendieran tan ampliamente en Argentina.

Por otra parte, algunos especialistas señalan que uno de los errores más grandes que cometió el gobierno fue no haber evitado que se infectaran los barrios vulnerables, donde el hacinamiento hace casi imposible mantener el aislamiento social.

También se ha criticado la decisión de prohibir por meses todas las actividades recreativas al aire libre, a pesar de que se ha demostrado que el riesgo de contagio en exteriores es menor.

Esto llevó además a que muchos argentinos dejaran de hacer ejercicio y aumentaran su consumo de alimentos, bebidas y drogas, debilitando su sistema inmunológico y disparando los niveles de ansiedad y depresión, en especial en niños y adolescentes.

“Estamos viendo una epidemia de enfermedad mental”, advirtió en agosto pasado el prestigioso neurocientífico argentino Facundo Manes.

Pero quizás el error que más le costó al país fue haberse concentrado en la región del AMBA, donde al principio se concentraba más del 90% de los casos, y haber descuidado la situación en el interior del país, hoy la zona más afectada.

3. El interior

A pesar de que los casos están bajando en la región metropolitana de Buenos Aires, la más poblada del país, están subiendo rápidamente en otros lados.

Desde septiembre que hay más infecciones en provincias del interiordel país que en el AMBA.

Una revisión de un peatón en Rosario, Argentina

Getty Images
El mayor aumento de casos confirmados de covid-19 se ha dado en las provincias argentinas recientemente.

Esto llevó al presidente Fernández a afirmar que ahora la principal preocupación ya no es el Gran Buenos Aires sino esas regiones.

El pasado 12 de octubre, al extender el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio en el AMBA hasta el 25 de octubre, el mandatario decretó que algunos departamentos en 18 provincias debían volver a cumplir una cuarentena estricta.

“El virus se fue a las provincias mientras pensábamos que lo teníamos controlado en el AMBA”, reconoció al diario La Nación Luis Cámera, secretario de la Sociedad Argentina de Medicina y asesor del gobierno.

El médico Daniel Gatica, quien fue atacado por familiares de un muerto de covid mientras trabajaba en los servicios de emergencia de un hospital en el norte del país, en Orán, Salta, le dijo a BBC Mundo que allí nunca se hizo cumplir el distanciamiento ordenado por las autoridades.

“Yo trabajo en la guardia los sábados a la noche y acá la vida siguió como siempre”, aseguró a finales de septiembre.

“Cuando (la gente) se tenía que cuidar, todo era joda y joda (diversión), y hoy lloran a sus muertos y reclaman atención”, criticó.

4. Hartazgo social

Lo cierto es que no solo en Salta se dejó de cumplir la cuarentena hace meses.

Ya sea por necesidad económica o por cansancio del encierro, los argentinos dejaron de acatar las órdenes de aislamiento y distanciamiento ordenadas por el gobierno.

Trabajadores de la salud protestan en Buenos Aires

Getty Images
Los trabajadores sanitarios han protestado por las condiciones en las que prestan sus servicios.

En tanto las autoridades dejaron de aplicar multas a los infractores.

Este movimiento de personas, en particular las reuniones de familia y sociales, realizadas muchas veces puertas adentro por la prohibición de usar espacios públicos, fueron un factor determinante para explicar el aumento exponencial de casos y muertes a partir de julio.

Las autoridades y sus críticos se acusan mutuamente por este relajamiento.

Los primeros apuntan especialmente contra los grupos “anticuarentena”, que incluso protagonizaron una serie de marchas —la última y una de las más masivas el pasado 12 de octubre— protestando por la falta de libertad y lo que algunos llaman una “infectadura”.

Una protesta contra el gobierno en Buenos Aires

Reuters
La oposición al gobierno ha realizado protestas sin distanciamiento social.

Para los detractores del gobierno estaba claro que una cuarentena de tantos meses era insostenible, motivo por el cual ningún otro país ordenó un cierre tan largo.

También culpan al gobierno de haber profundizado la crisis económica que generó la pandemia, llevando a decenas de miles de pequeñas y medianas empresas a quebrar ante un cierre tan prolongado.

Hay una sola cosa en la que todos están de acuerdo: la crisis sanitaria recién se superará cuando haya una vacuna, algo que según las autoridades argentinas estará disponible “masivamente” en marzo.


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