Robadas o perdidas, en un año desaparecen de PGR casi 300 armas asignadas a agentes
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Robadas o perdidas, en un año desaparecen de PGR casi 300 armas asignadas a agentes

De 2012 a 2015 la pérdida de armas de la Procuraduría se ha disparado más de 200%. A nivel nacional, solo las policías del estado de México y la Ciudad de México han extraviado o les han robado más armamento que a PGR.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
14 de junio, 2016
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En 2015 la Procuraduría General de la República (PGR) reportó la pérdida o robo de 290 armas de fuego cortas y largas asignadas a sus agentes. Es la mayor cantidad de armas perdidas por la Procuraduría desde que se tiene registro y equivalen a la quinta parte de todas las armas que las fuerzas de policía del país perdieron ese año.

Datos oficiales revelados  vía transparencia, arrojan que 2012 a 2015 creció más de 200 por ciento el número anual de armas oficiales perdidas por los agentes de la PGR. En total, desde el 2006 la Procuraduría ha perdido mil 171 armas de fuego, cifra superior incluso al número de armas perdidas por la Policía Federal pese a que esta tiene más de 40 mil elementos, por apenas 8 mil de la PGR.

A escala nacional, solamente la secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México y la Coordinación Estatal de Seguridad Ciudadana del estado de México han perdido o les han robado más armas que a PGR.

En total, hay actualmente 13 mil 259  armas de fuego reportadas como perdidas o robadas  por las corporaciones civiles de policía en el país de todos los niveles entre enero de 2006 y abril de 2016 (incluidas empresas de seguridad privada)

Por lo menos, una de cada cuatro armas “extraviadas” por los agentes de policía eran armas largas, es decir, escopetas y rifles permitidos a civiles como los AR-15.

Esta información fue transparentada por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) que es la única instancia en el país autorizada para conceder licencias de portación de armas de fuego. Las corporaciones de seguridad están obligadas a reportarle el extravío o robo de cada una de las armas que les son autorizadas.

Hay casos como el de la Ciudad de México, donde el gobierno local ha rechazado dar a conocer la cantidad de armas que han perdido clasificando la información como reservada, bajo el argumento de que  “se podría generar pánico” entre la sociedad y afectar campañas como las del canje de armas voluntario.

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PGR, pérdidas silenciosas

En la última década, la información oficial revela que los agentes de la PGR han perdido o les han robado mil 171 armas de fuego, de las cuales 917 son armas cortas y 252 armas largas. Es la dependencia civil federal con la mayor cantidad de armamento extraviado y a escala nacional, tomando en cuenta policías de todos los niveles, ocupa el tercer puesto.

De hecho, una de cada 13 armas de fuego robadas en México en la última década estaba asignada a un agente de la PGR.

Entre 2006 y 2010 la PGR logró reducir de 181 a 61 su cantidad anual de armamento extraviado En 2011 incluso la dependencia no reportó una sola pistola o rifle robado a sus agentes. Sin embargo a partir de ese momento inició una tendencia al alza que no se ha detenido.

En 2015, la Procuraduría reportó 290 armas desaparecidas, la mayor cifra anual registrada hasta el momento. Es además un alza en esta estadística por cuarto año consecutivo, y un incremento de 78 por ciento tan solo respecto a 2014, cuando la cifra fue de 169 armas extraviadas.

Sobre la pérdida del armamento a manos de sus agentes la Procuraduría General de la República no ha hecho señalamientos públicos al respecto. Animal Político consultó a la dependencia si tenían identificadas las causas de esta situación y alguna posición o investigación  al respecto, pero la respuesta fue que se revisarían los datos.

Los datos de la Sedena, revelados en respuesta a la solicitud de transparencia folio 000070077316, no diferencian en ningún caso el modelo específico de armas robadas más allá de si se trata de cortas o largas.

Los agentes de la PGR en su mayoría adscritos a la Policía Federal Ministerial, tienen autorizada la portación de pistolas de cargo calibre 380  de marcar como Glock, mientras que los elementos adscritos a su grupo táctico de reacción porta armas largas como los rifles AR-15.

A nivel federal, la segunda corporación civil con mayor pérdida de armamento es la Policía Federal con un total de mil 69 armas cortas y largas extraviadas. Es un centenar de armas menos que la PGR aunque la Policía Federal quintuplica en número de elementos operativos a la Procuraduría, y por ende cuenta con más armamento bajo su responsabilidad.

La otra corporación civil a nivel federal con licencias de portación de armas de fuego es el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (CISEN). Los agentes de inteligencia de esta dependencia perdieron 102 armas de fuego en 2007 y 2008. En los últimos años no se registran nuevos casos.

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Policías que más pierden

De acuerdo con los datos de la Sedena, hasta abril de este año hay 13 mil 259 armas de fuego perdida so robadas a los policías. De ellas, diez mil 536 fueron extraviadas por las corporaciones de seguridad pública y las procuradurías estatales o municipales.

El estado de México es la entidad líder en pérdidas de armas. Los policías estatales y los ministeriales de esa entidad han extraviado o les han robado en menos de diez años más de dos mil armas de fuego.

Varios casos de robos de armas a las fuerzas del orden en esa entidad se han hecho públicos. Apenas el pasado 18 de febrero, un grupo de delincuentes consiguió llevarse 14 armas de fuego de un módulo de la policía municipal en Nezahualcóyotl.

En mayo de 2015, fue el cuerpo de seguridad auxiliar del estado de México el que perdió cinco pistolas de cargo luego de que delincuentes sometieron a elementos de esta corporación y los desarmaron. En abril, por citar solo otro caso, nueve fusiles AR-15 bajo responsabilidad de la policía de Naucalpan fueron robados de una de las armerías de esa dependencia.

La segunda entidad en donde los policías pierden sus armas en mayor cantidad es la Ciudad de México. Los datos oficiales de la Sedena revelan que los agentes de la policía y la procuraduría capitalina acumulan mil 836 armas de fuego perdidas o robadas del 2006 a la fecha.

Esta cantidad se pudo conocer gracias a la Defensa Nacional pues la Secretaría de Seguridad Pública de la Ciudad de México argumentó, en respuesta una solicitud de transparencia, que era información reservada y darla a conocer generaría varios riesgos, entre ellos, que se genere un estado de “pánico” entre los capitalinos que a su vez, provoque que la sociedad busque armarse.

“(Dar a conocer las armas perdidas por la policía) pondría en claro riesgo la vida, la seguridad o la salud, al generar inseguridad en los habitantes de la Ciudad de México y potenciar negativamente la necesidad de la ciudadanía para asumir una cultura de seguridad preventiva, tomando las acciones necesarias para su autoprotección al adquirir artefactos para su autodefensa como lo son las armas de fuego” respondió la dependencia a la solicitud de transparencia folio 0109000258816.

Guerrero es la tercera entidad federativa con más pérdidas de armamento de parte de sus policías con 807 casos en el mismo periodo. Le siguen Michoacán con 540 pistolas y fusiles robados a sus fuerzas estatales y municipales, y luego Chihuahua con 510 armas.

En el balance anual, y tomando en cuenta las armas perdidas tanto por las policías estatales como por las federales, el 2009 ha sido el año en que ms armamento se perdido con dos mil 81 armas de fuego en total.

Roban armas también a policías privados

Las corporaciones de seguridad privada que se encuentran legalmente reguladas y que tienen licencias oficiales expedidas para portar armas de fuego, también han perdido o han extraviado fusiles y pistolas. De 2006 a 2016, el saldo es de 381 casos en total, de acuerdo con los datos oficiales de la Secretaria de la defensa Nacional.

La empresa Servicios Panamericanos SEPSA SA de CV es la que registra la mayor cantidad de amras robadas con 49 armas perdidas o extraviadas en la Ciudad de México y municipios conurbados, así como en Monterrey, Nuevo León y Guadalajara, Jalisco.

La segunda compañía privada con más pérdidas de armamento es Seguritec Transporte de Valores SA de CV con 45 casos en la Ciudad de México, el estado de México, así como en Monterrey, Nuevo León y Guadalajara, Jalisco.

Estados dos empresas se dedican fundamentalmente al traslado de valores, y el armamento de sus custodios consiste generalmente en revólveres calibre 380 así como en escopetas de distintos calibres.

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Así fue la vida del príncipe Felipe de Edimburgo: murió a los 99 años

El duque de Edimburgo se ganó el respeto de muchos británicos por su constante apoyo a la reina. BBC Mundo recuerda los principales hitos de su extensa vida.
9 de abril, 2021
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El príncipe Felipe, esposo de la reina Isabel II y padre de sus cuatro hijos, estuvo casado con ella más de 73 años, y aunque como consorte de la soberana no tenía un rol constitucional, nadie fue tan importante como él en la vida de la monarca.

Felipe, que murió este viernes a los 99 años, asumió un rol extremadamente difícil para cualquiera, quizá más para un hombre acostumbrado al mando naval, que, además, tenía fuertes opiniones sobre una gran variedad de temas.

Pero tal vez fue esa misma fuerza de carácter lo que le permitió cumplir con sus responsabilidades y darle a la reina el apoyo que necesitaba.

Y, de paso, ganarse el afecto de buena parte del pueblo británico.

De Grecia a Inglaterra

Felipe de Grecia nació el 10 de junio de 1921 en la isla de Corfú, pero como el país no adaptaba todavía el calendario gregoriano su certificado de nacimiento dice que nació el 28 de mayo de ese mismo año.

La historia de su familia es bastante convulsionada.

Su padre fue el príncipe Andrés de Grecia y Dinamarca, hijo menor de Jorge I, rey de los Helenos, y su madre, la princesa Alicia, hija mayor del príncipe Luis de Battenberg y bisnieta de la reina Victoria.

Tras un golpe de Estado en 1922, su padre fue desterrado de Grecia por un tribunal revolucionario.

Su primo segundo, el rey británico Jorge V, envió un buque de guerra para rescatar a la familia, que se trasladó a Francia.

El pequeño Felipe hizo el viaje en una cuna hecha con una caja de naranjas.

El menor de la familia, y único hombre entre cinco hermanos, su primera infancia fue relativamente feliz. Pero venían tiempos difíciles.

A los 7 años, se mudó a Inglaterra para vivir con parientes.

Para entonces, su madre había sido diagnosticada con esquizofrenia y estaba un manicomio, por lo que tuvo poco contacto con ella.

Su formación estuvo marcada por el pionero educador judío Kurt Hahn, con quien estudió primero en Alemania y cuando este tuvo que huir de la persecución nazi. en Escocia.

Su método, con énfasis en la autoconfianza, resultó ideal para un adolescente que, separado de sus padres, pasaba mucho tiempo solo.

El primer encuentro

Al aproximarse la Segunda Guerra Mundial, Felipe decidió seguir una carrera militar.

Su primer deseo fue unirse a la Fuerza Aérea Real, pero terminó integrándose a la Marina por la tradición marinera de su familia materna.

El duque de Edimburgo y la reina

PA

En un recorrido por las instalaciones donde estudiaba que hacía el rey Jorge VI junto a su esposa y las princesas Isabel y Margarita, Felipe quedó a cargo de acompañar a las dos jóvenes.

Según testigos, el encuentro causó una profunda impresión en Isabel, de 13 años, cinco años menor que su futuro marido.

Muy pronto, el joven griego comenzó a mostrarse como un buen prospecto. y para fines de 1942 era uno de los más jóvenes primeros tenientes de la Marina.

“Rudo y maleducado”

El romance entre Isabel y Felipe se inició con un intercambio regular de cartas y continuó con invitaciones a compartir con la Familia Real.

Fue después de una de esas visitas que la heredera puso en su tocador una foto de Felipe vestido en su uniforme naval.

Isabel y Felipe el día de su boda

Getty Images
La boda entre Isabel y Felipe se celebró en noviembre de 1947.

Era toda una señal, y pese a que hubo oposición por parte de algunos cortesanos, uno de los cuales describió al futuro príncipe como “rudo y maleducado”, en el verano de 1946 Felipe le pidió oficialmente al rey la mano de Isabel.

Pero antes de que el compromiso pudiese ser anunciado, el novio necesitaba una nueva nacionalidad y un apellido. Fue entonces cuando renunció a su título griego, se hizo ciudadano británico y tomó el nombre de su familia materna, Mountbatten.

La boda se celebró en la Abadía de Westminster el 20 de noviembre de 1947. El entonces primer ministro Winston Churchill la describió como un “destello de color” en medio de la posguerra.

Desde ese día, Felipe fue reconocido como Su alteza real, duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Felipe en 1953

Getty Images
El matrimonio eventualmente hizo que Felipe abandonara su carrera en la Marina.

El duque retomó su carrera naval y fue enviado a Malta, donde por un tiempo vivieron en relativa normalidad.

Un año después nació su hijo mayor, el príncipe Carlos, y en 1950 llegó la princesa Ana (los príncipes Andrés y Eduardo nacieron en 1960 y 1964, respectivamente).

La primera gran prueba que tuvo que enfrentar Felipe como marido de Isabel se produjo cuando la salud de Jorge VI comenzó a deteriorarse y ella debió asumir más responsabilidades reales.

Para poder estar a su lado, se tomó licencia de la Marina en julio de 1951. Nunca volvió a tener un papel activo.

Y pese a que no era un hombre de arrepentimientos, en una ocasión admitió que lamentaba no haber podido continuar su carrera naval.

La muerte del rey

La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

Getty Images
La reina Isabel II y el príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y dos de sus hijos.

En 1952, la pareja emprendió un viaje por África que originalmente harían el rey y la reina.

Estando en Kenia, llegó desde Inglaterra la noticia del fallecimiento de VI había por una trombosis coronaria.

Felipe fue el encargado de decirle a Isabel que su padre había muerto y ella era la nueva monarca.

Un amigo contó que para el príncipe fue un gran golpe. Parecía como si la mitad del mundo le hubiese caído encima, recordó.

Fuera de la Marina, se veía obligado a crearse un nuevo rol. La pregunta era cuál.

A medida que la Coronación se acercaba, se comunicó que si bien Felipe tendría prioridad después de la reina en todas las ocasiones, nunca ostentaría una posición constitucional.

El duque estaba lleno de ideas sobre cómo modernizar la monarquía, pero terminó desilusionado por la férrea oposición de parte de la vieja guardia de palacio.

Las fiestas y la familia

Durante los primeros años del reinado de Isabel, Felipe canalizó parte de sus energías manteniendo una intensa vida social.

El duque en un evento con amigos en la década de 1950

BBC
En los 50, el príncipe participaba con frecuencia en eventos sociales

Todas las semanas se reunía con un grupo de amigos en cuartos privados de un restaurante de Soho, en barrio bohemio del centro de Londres.

Compartían opíparos almuerzos y visitaban clubes nocturnos, y solía ser fotografiado con glomorosos acompañantes.

Una de las pocas áreas en que el príncipe tenía libertad para ejercer su autoridad era la familia, aunque perdió la batalla por imponer qué apellido llevarían sus hijos.

Él quería que fuese Mountbatten, pero la reina eligió Windsor.

“Soy el único hombre en este país que no puede darle a sus hijos su nombre”, se quejó con sus amigos”. “No soy más que una ameba”.

Proyectos propios

Con el paso del tiempo, Felipe fue encontrando su camino en proyectos ligados al bienestar de los jóvenes, uno de los problemas sociales que más le interesaban.

En 1956 lanzó el exitoso Premio del Duque de Edimburgo, que permitió que alrededor de 6 millones de jóvenes de todo el mundo se retaran física, mental y emocionalmente en una variedad de actividades al aire libre diseñadas para promover el trabajo en equipo, el ingenio y el respeto por la naturaleza.

Felipe sentado en un elefante en un viaje con la reina a India

PA
El duque trabajó intensamente en proyectos de conservación de la naturaleza.

“Si puedes lograr que los jóvenes tengan éxito en cualquier actividad, esa sensación de éxito se extenderá a muchos otros”, le dijo el príncipe a la BBC.

También fue un gran defensor de la naturaleza y el medio ambiente, aunque estuvo envuelto en algunas controversias por su afición a la caza. Su decisión de dispararle a a un tigre durante un viaje a India en 1961 es una de las más recordadas.

Eso no le impidió, sin embargo, dedicar energías y usar su influencia para respaldar la fundación del Fondo Mundial para la Naturaleza.

Fue además un gran deportista. Practicó vela, cricket y polo y fue presidente de la Federación Ecuestre Internacional.

La relación con Carlos

Como padre, tuvo altibajos, como todos.

De acuerdo al biógrafo del príncipe Carlos, Jonathan Dimbleby, la relación entre ambos era especialmente compleja.

Cuando el heredero era adolescente, Felipe insistió en que asistiera a la misma escuela en la que él se había educado, motivado por la creencia de que su filosofía podía ayudar a contrarrestar la naturaleza más bien retraída de su hijo.

Pero Carlos odió el lugar, extrañaba su casa y fue víctima constante de bullying.

Carlos llegando a Gordonstoun con su padre

Getty Images
Su insistencia en que el príncipe Carlos asistiera a la escuela de Gordonstoun provocó tensiones entre padre e hijo.

A su padre le costaba entenderlo, y más de una vez redujo al joven a lágrimas con sus reprimendas públicas.

Probablemente, su actitud reflejaba las dificultades de su, a veces solitaria, propia niñez.

Tuvo que desarrollar su independencia a muy temprana edad y podía costarle entender que no todo el mundo compartía su fuerte carácter.

En la biografía de Dimbleby también se dice que el duque de Edimburgo empujó más tarde a su hijo a casarse con Lady Diana Spencer.

Sin embargo, Felipe fue más especialmente diligente con sus hijos durante los difíciles años de sus crisis matrimoniales.

Tomó la iniciativa para intentar comprender los problemas, impulsado quizás por sus propios recuerdos de las dificultades de casarse con un miembro de la familia real.

Y aunque la ruptura de los matrimonios de tres de sus cuatro hijos -la princesa Ana y los príncipes Andrés y Carlos- le causaron una gran tristeza, siempre se negó a hablar de problemas personales.

Comentarios inoportunos

Si bien a lo largo de los años fue criticado en algunos sectores por comentarios que realizó que algunos consideraban inoportunos, muchos vieron sus gafes como un intento de aligerar el ambiente.

Príncipe Felipe, duque de Edimburgo

Getty Images
Su franqueza puso en aprietos a la familia real en numerosas ocasiones.

Hizo uno de sus comentarios más recordados mientras acompañaba a la reina en una visita de Estado a China en 1986, al hacer una mención en privado sobre los “ojos rasgados”.

Y en un viaje a Australia en 2002 le preguntó a un aborigen si “todavía se arrojaban lanzas los unos a los otros”.

Esa brusquedad que se le atribuía se suavizó un poco en los últimos años, en parte por la actitud a veces hostil del público hacia la familia real tras la muerte de Diana, la princesa de Gales, en 1997.

Una década después, en 2007, se publicaron cartas entre el duque y Diana, en un intento por refutar las afirmaciones de que Felipe había sido hostil con su nuera.

Mostraban que de hecho había sido una fuente de gran apoyo para la princesa, un hecho subrayado por el tono cálido en el que ella le escribía.

“Hice lo que creo que fue lo mejor que pude”

Felipe fue un hombre con un temperamento combativo que con frecuencia se sentía incómodo con el tacto que requería su posición.

No puedo cambiar de repente mi manera de hacer las cosas, no puedo cambiar mis intereses o la forma en que reacciono a las cosas. Ese es solo mi estilo”, le dijo una vez a la BBC.

La reina Isabel II, el príncipe Felipe, duque de Edimburgo; y Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, y el príncipe Guillermo, con los hijos de ambos.

Getty Images
A Felipe se le atribuye haber encontrado discretas maneras de actualizar a la monarquía con los nuevos tiempos (aquí aparece con Kate Middleton, la duquesa de Cambridge, el príncipe William, y los hijos de ambos).

Esto fue reconocido por el entonces primer ministro David Cameron cuando rindió homenaje a Felipe por su 90º cumpleaños en 2011: “Siempre ha hecho las cosas a su manera inimitable, con un enfoque realista y sensato que los británicos, creo, encuentran entrañable”.

Retiro de la vida pública

Después de décadas viajando junto con la reina en visitas de Estado al extranjero o para atender a eventos de las organizaciones que presidía, el duque de Edimburgo se retiró de la vida pública en agosto de 2017.

En enero de 2019, sobrevivió a un accidente de coche mientras conducía cerca de Sandringham, en el que dos mujeres que iban en el otro vehículo implicado resultaron heridas. Tras el incidente, entregó voluntariamente su licencia de conducir.

Buckingham Palace calculó que, desde 1952, el príncipe atendió 22.219 compromisos en solitario.

Felipe jugó un rol importante ayudando a la monarquía a aceptar los cambios en las actitudes sociales a lo largo de los años.

Felipe e Isabel II en 2007

PA

Pero su mayor logro fue, sin duda, la constancia de su apoyo a la reina.

Él creía que su trabajo era, como le dijo a su biógrafo, “asegurar que la reina pudiera reinar”.

En un discurso pronunciado en una celebración para conmemorar el aniversario de bodas de oro de la pareja, Isabel II le rindió homenaje.

“Es alguien que no se toma fácilmente los cumplidos, pero simplemente ha sido mi fortaleza y se ha quedado todos estos años. Yo, su familia y este y muchos otros países le debemos muchos de lo que él admitiría y de lo que nunca sabremos”.


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