Un futuro sacerdote, un taxista, un comerciante, algunas de las víctimas de Nochixtlán
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Cuartoscuro

Un futuro sacerdote, un taxista, un comerciante, algunas de las víctimas de Nochixtlán

Las familias de los jóvenes que murieron en el enfrentamiento entre manifestantes y policías los despidieron este martes. Sus amigos y conocidos los ven como héroes que ayudaron a su pueblo, Nochixtlán.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán / Nochixtlán, Oaxaca, Enviada
22 de junio, 2016
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Jesús Cadena Sánchez quería ser sacerdote. La próxima semana concluiría el bachillerato y luego buscaría entrar al seminario. Desde los 15 años comenzó a dar clases sobre catecismo en la iglesia de Nochixtlán a otros niños casi de su edad; decía que todos debían conocer las enseñanzas de Dios: ayudar al prójimo como forma de vida.

El domingo 20 de junio, Jesús acudió al llamado del padre Adrián, quien repicó las campanas de la iglesia desde las 9 de la mañana. A esa hora, según los pobladores, policías federales lanzaban gases lacrimógenos contra los pobladores que mantenían una barricada en la carretera federal como parte de las protestas de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE).

“Voy a ayudar”, le dijo a su madre al salir de su casa.

Él no estaba en la confrontación directa, dice la señora Avendaño, quien estaba en el lugar y fue herida de bala. Ella vio que Jesús bajaba botellas de agua y refresco de una camioneta proveniente de la iglesia para contrarrestar el picor del gas lacrimógeno en ojos y garganta. Estaba entregándolos a quienes participaban en la refriega y ahí “le atravesó la bala”, dice.

Jesús estaba a más de 50 metros de la hoguera en que se había convertido el tráiler atravesado en la autopista cuando fue herido con dos impactos de bala. Según Enriqueta y Miguel – pobladores de Nochixtlán – los disparos vinieron desde el Hotel Juquilita, por eso, dicen, los manifestantes quemaron el lugar.

Su hermana llevaba su foto de generación al frente del cortejo, mientras el cuerpo del joven de 19 años era llevado en un ataúd de tela blanca. Este martes 21 de junio, Jesús fue enterrado en el panteón municipal. 

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Foto: Nayeli Roldán

Su madre, Patricia Sánchez, vestida de negro, no lloraba, pero apenas podía hablar, solo miraba la fosa antes de colocaran el ataúd. Alrededor, los pobladores que acompañaban a la familia se referían a Jesús como un “héroe” que defendió a su pueblo, otros jóvenes entre lágrimas gritaban: “Por qué, por qué los asesinan, si son la esperanza de América Latina”.

Él es uno de los nueve fallecidos durante la confrontación entre pobladores y policías el domingo 20 de junio en Nochixtlán, Oaxaca, un municipio de la mixteca.

Foto: Nayeli Roldán

Foto: Nayeli Roldán

Óscar Luna Aguilar también fue sepultado este martes. Su cuerpo fue llevado al centro del pueblo, frente al kiosko. Los presenten se refirieron a él como un joven digno que defendió a Nochixtlán del ataque policiaco.

Sus padres, Blanca Aguilar y Sergio Luna, perdieron a su primogénito, “a su mano derecha”, dicen. Al ejemplo de sus dos hermanos menores. Aunque apenas tenía 22 años, era un pilar importante para la familia.

Apenas hace cuatro meses había iniciado su propio negocio, una juguería en la calle Libertad. Estaba contento de tener un ingreso extra para su familia.

Se levantaba desde las cuatro de la mañana para ayudar a su padre a cortar pastura que vendían afuera de su casa. Apenas amaneciendo, iba con su madre a vender tamales en el mercado del pueblo, mientras sus hermanos se preparaban para ir a la secundaria. El siguiente turno era su juguería, que tanto orgullo le daba.

El balazo que recibió el domingo 20 de junio le quitó la vida y su intención de participar en la representación de la Pasión de Cristo durante el próximo festejo de Semana Santa.

Eran tan querido y conocido en el pueblo que su cortejo fue de cientos de personas que lo despidieron con coronas de flores blancas y una banda de música que acompañó al cortejo en su camino al panteón.

Yalid Jiménez Santiago tenía 29 años y dos hijos que apenas cursan el preescolar. Su familia es originaria de Santa María Apazco, una población con poco más de 400 habitantes, pero vivía en Nochixtlán.

En su taxi colectivo recorría una y otra vez los dos lugares en donde creció: Apazco-Nochixtlán. Él no siguió los pasos de sus padres, ambos maestros de primaria, pues desde los 19 años encontró en el taxi su forma de vivir.

Mucha gente de Nochixtlán acudió al sepelio el lunes 20 de junio en Apazco.  “Duele recordar”, dice Misael, un hombre de 60 años que cuenta que Yalid formó parte del comité para los festejos del pueblo en 2011. Lo conoció desde que era un niño y no duda en describir al joven como “tranquilo que no se metía con nadie”.

“¿Por qué los mataron? Nunca en mi vida había visto esto y duele, duele mucho”, dice Misael.

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La familia que no tiene huellas dactilares

Una familia en Bangladesh tiene una rara mutación genética que les ha representado dificultades en un mundo cada vez más dependiente de datos biométricos.
26 de diciembre, 2020
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Apu Sarker me mostró la palma abierta de su mano durante una videoconferencia desde su casa en Bangladesh. Al comienzo nada me pareció raro, pero cuando miré más de cerca me percaté de lo lisas que eran las superficies de sus dedos.

Apu, de 22 años, vive con su familia en una aldea en el distrito norteño de Rajshahi. Hasta hace poco, trabajaba como asistente médico. Su padre y abuelo eran agricultores.

Los hombres en la familia de Apu parecen compartir una rara mutación genética que se cree que solo afecta a un puñado de personas en el mundo: no tienen huellas dactilares.

Antes, en las épocas del abuelo de Apu, no tener huellas digitales no era gran lío. “Nunca lo pensé como un problema”, dijo Apu.

Pero después de décadas, esos pequeños surcos que se arremolinan en las puntas de nuestros dedos -llamados dermatoglifos– se han convertido en el dato biométrico más recopilado del mundo.

Se usan para todo, desde el paso por un aeropuerto hasta para abrir nuestros teléfonos inteligentes.

Un teléfono inteligente que se abre con la huella digital

AFP
Hoy en día, las huellas digitales se utilizan para operar un sinnúmero de dispositivos, como el teléfono inteligente.

En 2008, cuando Apu era niño, Bangladesh introdujo una Tarjeta de Identidad Nacional para todos los adultos y la base de datos requería una huella del pulgar.

Los funcionarios confundidos no sabían si emitirle una tarjeta al padre de Apu, Amal Sarker. Finalmente, recibió una tarjeta con el sello “SIN HUELLA DIGITAL”.

En 2010, las huellas dactilares se volvieron obligatorias para pasaportes y licencias de conducción.

Después de varios intentos, Amal logró conseguir un pasaporte mostrando un certificado de una junta médica. Nunca lo ha usado, en parte porque teme que haya problemas en el aeropuerto. Y, aunque conducir una motocicleta es esencial para su trabajo de agricultor, nunca ha obtenido una licencia.

“Pagué la tarifa, pasé el examen, pero no me dieron la licencia porque no podía dar una huella digital”, explicó.

Registro de datos biométricos en Bangladesh

Getty Images
Bangladesh ha realizado una extensa recopilación de datos biométricos de sus habitantes, sin los cuales no se puede aquirir un pasaporte, o una licencia de conducir, ni siquiera una tarjeta SIM para el teléfono.

Amal carga consigo el recibo de pago de la licencia, pero no siempre le ayuda cuando lo detienen. Le han multado dos veces. En ambas ocasiones explicó sobre su dolencia a los policías, dijo, y les mostró las puntas de sus dedos para que vieran. Ninguno le perdonó la multa.

“Siempre es un experiencia vergonzosa para mí”, contó Amal.

En 2016, el gobierno hizo obligatorio comparar la huella digital con la base nacional de datos para poder comprar una tarjeta SIM para un celular.

“Parecieron confundidos cuando fui a comprar una SIM, el software de su sistema se congelaba cada vez que ponía mi dedo en el sensor”, dijo Apu, con una sonrisa irónica.

Le rechazaron la compra. Todos los hombres de su familia tienen que usar tarjetas SIM bajo el nombre de su madre.

Amal

BBC
Los dedos de Amal Sarker no tienen los patrones distintivos que se encuentran en la mayoría de las personas.

La dolencia rara que afecta a la familia Sarker se llama adermatoglifia.

Se dio a conocer ampliamente en 2007 cuando Peter Itin, un dermatólogo suizo, fue contactado por una mujer de su país que tenía problemas entrando a EE.UU.

Su cara correspondía a la foto de su pasaporte, pero los agentes de inmigración no podían registrar sus huellas dactilares. No tenía.

Tras examinarle, el profesor Itin encontró que la mujer y ocho miembros de su familia sufrían una rara condición, con las yemas de los dedos planas y un número reducido de glándulas sudoríparas en las manos.

Trabajando con otro dermatólogo, Eli Sprecher, y la estudiante de posgrado Jann Nousbeck, el profesor Itin examinó el ADN de 16 miembros de la familia -siete con huellas digitales y nueve sin éstas.

“Los casos aislados son muy raros y no se han documentado más que unas pocas familias”, contó el profesor Itin a la BBC.

Agente de inmigración en EE.UU. verifica las huellas digitales de una pasajera

Getty Images
En muchos países, como en EE.UU., los agentes fronterizos verifican las huellas digitales de los viajeros antes de permitir su entrada.

En 2011, el equipo se enfocó en un gen, SMARCAD1, que mutó en los nueve miembros sin huellas de la familia y pudieron identificarlo como la causa de la rara dolencia. Prácticamente no se conocía nada de este gen. La mutación no parecía causar otros efectos negativos aparte de los cambios en las manos.

La mutación que se buscó durante todos esos años afectaba un gen “del que nadie sabía nada”, expresó el profesor Sprecher. Por eso tardaron años en encontrarlo.

Una vez descubierto, la enfermedad fue nombrada adermatoglifia, pero el profesor Itin la apodó “enfermedad de demora migratoria”- por su primera paciente que tuvo problemas entrando a EE.UU.- y el nombre resultó.

Amal y Apu

BBC
Amal y Apu Sarker. “No está en mis manos, es algo que heredé”, dijo Amal.

La enfermedad de demora migratoria puede afectar a varias generaciones de una familia. El tío de Apu Saker, Gopesh, que vive en Dinajpur, a unos 350km de Daca, tuvo que esperar dos años antes de que le autorizaran un pasaporte.

“Tuve que viajar a Daca cuatro o cinco veces en los últimos dos años para convencerles de que sufría la mutación”, declaró Gopesh.

Cuando su oficina empezó a utilizar un sistema de control de asistencia con huellas digitales, Gopesh tuvo que convencer a sus jefes que le permitieran utilizar el sistema antiguo: firmando una planilla de asistencia todos los días.

Un dermatólogo en Bangladesh ha diagnosticado la condición de la familia como queratodermia palmoplantar congénita, que el profesor Itin cree que evolucionó en adermatoglifia secundaria, una versión de la enfermedad que también puede producir resequedad cutánea y reducción de la transpiración en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Los Sarker na reportado todos estos síntomas.

Se necesitarían hacer más exámenes para confirmar si la familia tiene alguna forma de adermatoglifia.

El profesor Sprecher expresó que su equipo estaría “muy contento” de ayudar a la familia con pruebas genéticas.

Los resultados de esas pruebas podrían darles a los Sarker alguna certidumbre, pero no les aliviaría la carga de navegar diariamente por un mundo sin huellas digitales.

El hermano menor de Apu Sarker, Anu

BBC
El hermano menor de Apu Sarker, Anu, también heredó la rara mutación genética.

Los Sarker que padecen de esta mutación están viviendo en una sociedad que no solo les resulta más difícil de manejar, sino que no ha evolucionado para acomodar su problema.

Amal Sarker pasó la mayoría de su vida sin mucho traspié, pero ahora dice que siente tristeza por sus hijos.

“No está en mis manos, es algo que heredé”, declaró.

“Pero la manera en que mis hijos y yo nos estamos metiendo en todo tipo de problemas, es realmente doloroso para mí”.

Amal y Apu acaban de recibir un nuevo tipo de tarjeta de identidad nacional emitida por el gobierno bangladesí, tras presentar un certificado médico. La tarjeta utiliza otros datos biométricos –un escaneo de la retina y reconocimiento facial.

Pero todavía no pueden comprar una tarjeta SIM ni obtener una licencia de conducción. Expedir un pasaporte es un largo y arduo proceso.

“Estoy cansado de explicar mi situación una y otra vez. He pedido consejo a mucha gente, pero nadie puede darme una respuesta definitiva”, se quejó Apu. “Alguien me sugirió ir a un tribunal. Si todas las otras opciones fallan, eso es lo que tendré que hacer”.

Apu espera poder conseguir un pasaporte, dijo. Le encantaría viajar fuera de Bangladesh. Sólo tiene que empezar a llenar la solicitud.

Las fotos son cortesía de la familia Sarker.


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