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Cuartoscuro

Burocracia atora el presupuesto de la CAME, solo ha gastado el 17% de sus recursos contra la contaminación

La Comisión Ambiental de la Megalópolis ha invertido cerca de 15 millones de pesos en la elaboración de estudios de medición de contaminantes. El coordinador ejecutivo de la CAME, Martín Gutiérrez Lacayo, reconoció que por cuestiones burocráticas se ha frenado la inversión de los recursos.
Cuartoscuro
Por Nayeli Roldán (@nayaroldan
21 de julio, 2016
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En 2015, la Comisión Ambiental de la Megalópolis (CAME) tuvo un presupuesto de 91.7 millones de pesos para invertir en proyectos contra la contaminación ambiental, pero sólo gastó el 17 % de los recursos, alrededor de 15 mdp, en cuatro programas de monitoreo.

Dichos recursos forman parte del fideicomiso 1490, creado hace más de 20 años para los proyectos de la Comisión Ambiental Metropolitana y que era financiado con recursos de la Secretaría de Hacienda provenientes del sobreprecio de la gasolina.

En 2014, cuando la CAME inició operaciones, en sustitución de la Comisión Ambiental Metropolitana, el fideicomiso tenía 41 millones 973 mil pesos. El primer acuerdo de la CAME fue que los gobiernos participantes (Ciudad de México, Hidalgo, Estado de México, Tlaxcala, Puebla y Morelos) aportarían a este fondo, 5 pesos por cada auto verificado.

Estas aportaciones sumaron al fideicomiso 48 millones 866 mil pesos durante 2015; por lo tanto, de los recursos de 2014 y 2015, el fideicomiso tuvo 91 millones 764 mil pesos disponibles para proyectos ambientales, según el reporte de la Cuenta Pública 2015.

El coordinador ejecutivo de la CAME, Martín Gutiérrez Lacayo, explicó que “cuestiones burocráticas” han impedido que se gasten los recursos. La Comisión tuvo que diseñar, por ejemplo, su propio funcionamiento y las nuevas reglas de operación del fideicomiso en los primeros meses de 2014 y las aportaciones estatales comenzaron a fluir hasta 2015.

En entrevista con Animal Político, Gutiérrez Lacayo aseguró que el procedimiento para concretar un proyecto ambiental debe cumplir con una serie de procedimientos, según las reglas de operación.

Primero, el subcomité de evaluación y seguimiento de proyectos, integrado por funcionarios de Semarnat, y luego el Comité técnico del fideicomiso, diseñan “conceptos” de proyectos que puedan beneficiar a la megalópolis o resuelvan algún  requerimiento específico de las entidades.

En 2015, se aprobaron 16 “conceptos”, que van desde el monitoreo de emisiones contaminantes, hasta una estrategia de comunicación para la CAME y de carácter legal para hacer más operativo el fideicomiso.

Después, deben publicar las convocatorias y una vez que llegan las propuestas, analizar cuáles serán las mejores opciones. Aunque en 2015 se lanzaron siete convocatorias, sólo hubo participaron en cuatro y el resto se declararon desiertas.

Por lo tanto,  en diciembre de 2015, la CAME informó la selección de cuatro proyectos enfocados a la medición de contaminantes, por un monto de 15 millones 708 mil pesos, que comenzarían a realizarse en 2016. El 2014, dice, Gutiérrez Lacayo, prácticamente fue el tránsito burocrático de la Comisión Ambiental Metropolitana a la CAME.

¿En qué gastaron los recursos?

El proyecto con el mayor monto (5 millones 500 mil pesos) lo obtuvo el Centro Mario Molina para estudios estratégicos sobre medio ambiente A. C., por el programa para “apoyar proyectos de verificación vehicular obligatoria de la megalópolis”, cuyo objetivo era evaluar y generar recomendaciones de los programas de verificación vehicular para “incrementar su eficiencia y confiabilidad”.

La organización Geosistemas sustentables A. C., ganó el proyecto para “apoyar proyectos de generación de información geográfica para la CAME”, por un monto de cuatro millones 582 mil pesos. Según la convocatoria, debían presentar datos cartográficos de la megalópolis, mapeo de cuencas atmosféricas y de transporte de contaminantes, entre otros.

El Instituto Nacional de Ecología y Cambio Climático, obtuvo dos millones 900 mil pesos por la “elaboración de la línea base de contaminantes atmosféricos a nivel de calle de las dos primeras etapas de la ecozona de Cuernavaca, Toluca; el perímetro central de Puebla y en el corredor de transporte masivo Tuzobus en Hidalgo.

El proyecto con menor monto (dos millones 726 mil pesos) fue para “identificar las necesidades regulatorias para la homologación de políticas públicas en materia ambiental en la región y fortalecer la operación de la CAME”, que ganó Gladius asesores legales S. C.

¿Y qué tan indispensables son los proyectos?

De acuerdo con Leonardo Martínez, director de AEQUUM, A.C., Centro de Estudios sobre Equidad y Desarrollo, los proyectos de monitoreo son indispensables para la estrategia ambiental porque “lo que no se puede medir, no se puede mejorar”.

Martínez -excoordinador de Política Ambiental Urbana del Instituto Nacional de Ecología y perito en Desarrollo Urbano- asegura que la labor de monitoreo “es crucial para poder diseñar las líneas más efectivas para reducir las emisiones contaminantes”.

El también ex profesor de la Universidad Iberoamericana y del ITAM, sostiene que estos proyectos son pertinentes porque “no sabemos bien a bien la cantidad de contaminantes que se emiten por ningún tipo de fuente porque hay muchos vacíos en las metodologías”.

Otros gastos

La Comisión Ambiental de la Megalópolis está integrada por un órgano de gobierno conformado por los seis gobernadores de las entidades participantes y por el titular de la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat) y el coordinador ejecutivo.

Por lo tanto, el organismo no tiene una estructura burocrática como otras oficinas gubernamentales. De hecho, sólo tiene 11 plazas que son pagadas por la Semarnat y trabajan en oficinas de la dependencia. Sin embargo, hay cuatro vacantes.

De acuerdo con la antigua operación del fideicomiso, los recursos sólo podían usarse “para el desarrollo de proyectos y programas por parte de las entidades que conforman la Comisión”, pero ahora también lo podrán usar para gastos de operación.

Por siete plazas de dirección de la CAME, que incluye al coordinador ejecutivo, tres directores generales y tres directores, la Semarnat paga 631 mil pesos de salario bruto, según información del Portal de Obligaciones de Transparencia.

A casi tres años de su conformación, la actuación de la CAME ha sido ineficiente. El trabajo se ha enfocado en cuestiones administrativas y no en una estrategia integral para combatir la contaminación, como documentó Animal Político.

Sin embargo, el coordinador ejecutivo de la CAME, Martín Gutiérrez Lacayo, los avances sí son visibles, como la homologación de los programas de verificación en las seis entidades participantes, aunque con diferencias de carácter administrativo que no depende de la Comisión.

Asegura que aunque las sesiones de la CAME duran menos de dos horas, hay trabajo previo detrás entre los funcionarios de la Comisión, la Semarnat y los representantes de los gobiernos. Por lo tanto, llegan a las sesiones con acuerdos técnicos que son avalados por los titulares.

La crisis ambiental ha llegado a grados que no se habían visto en los últimos 14 años. Hasta el 1 de junio, el Valle de México sólo tuvo 19 días limpios, es decir, con una contaminación menor a 100 puntos en el Índice Metropolitano de la Calidad del Aire (Imeca). En contraste, se han activado ocho contingencias fase I y cuatro precontingencias que han superado los 150 puntos Imeca, según la dirección de Monitoreo atmosférico.

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Qué es la temida falla de San Andrés (y por qué preocupa tanto tras los sismos en California)

La que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años,
6 de julio, 2019
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Cada vez que tiembla en California, la pregunta se repite: ¿está más cerca el “Big One”?

Con el “Big One” se refieren a un terremoto catastrófico que, según los sismólogos, ya debió haber ocurrido.

Los temores volvieron a desatarse esta semana. Un terremoto de magnitud 7,1 sacudió la noche de este viernes la región sur de California.

Este sismo se registró tan solo un día después del de magnitud 6,4 en la misma zona.

California es propensa a los terremotos, ya que se ubica sobre una serie de fallas, es decir, regiones donde las placas tectónicas se unen.

La mayor de ellas -y la potencialmente más peligrosa- es la falla de San Andrés, que atraviesa el Estado de norte a sur y se extiende a lo largo de 1.300 kilómetros.

La falla delimita la placa norteamericana de la placa del Pacífico y es una de las más estudiadas del planeta, ya que en su práctica totalidad se encuentra sobre la superficie terrestre.

Sobre ella se asientan los enormes centros urbanos de Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU., y San Diego, y 38 millones de personas que viven en sus inmediaciones.

Cuestión de tiempo

La parte media de la falla se rompió hace unos 160 años y la parte norte en 1906, provocando el devastador terremoto de 7,8 grados que destruyó gran parte de San Francisco en 1906 y dejó más de 3.000 muertos.

Terremoto de San Francisco 1906.

Getty Images
Un terremoto de 7,8 grados destruyó gran parte de San Francisco en 1906.

Pero la que más preocupa a los científicos es la sección sur de la falla, en la que no se ha producido un sismo en cerca de 300 años, pese a que los registros geológicos indican que es la causante de un gran terremoto con una periodicidad de unos 150 años, y en todo ese tiempo ha ido acumulando tensión.

El último gran terremoto que hubo en esa zona data del año 1700, pero no se tienen detalles de cómo ocurrió al carecer de registros en esa época.

En la Conferencia Nacional de Terremotos celebrada en California en 2016, los científicos que participaron ya advirtieron que la sección sur de la falla de San Andrés está “cargada y lista” para provocar un gran temblor.

Un gran riesgo

Sismólogos del Geological Survey de Estados Unidos simularon los efectos de un gran terremoto en California para un programa de estudio.

Uno de sus modelos de computadora asume que el próximo gran evento en la falla de San Andrés será de magnitud 7,8, que iniciará una ruptura en el sur de California cerca del Mar Salton y luego se disparará hacia el norte a lo largo de la falla para golpear a Los Ángeles.

Vista de Los Ángeles.

Getty Images
Un terremoto en la sección sur de la falla de San Andrés tendría un impacto directo en Los Ángeles, la segunda ciudad más poblada de EE.UU.

Los cálculos más conservadores apuntan a que, de producirse un temblor de esa magnitud en esa sección, cerca de 2.000 personas morirían y habría más de 50.000 heridos.

Alrededor del 1% de los edificios en un área de 10 millones de personas colapsarían y alrededor de la mitad de las construcciones en la zona tendrían que ser abandonadas.

Los daños materiales superarían los US$200.000 millones.

Sistema de alerta

La viabilidad de las comunidades después de un evento así depende de la preparación.

En California, gran parte del enfoque en la planificación se ha reflejado en las normas de construcción.

Simulacro de un terremoto.

Getty Images
California estrenó este año un sistema de alerta temprana de terremotos.

Tras el terremoto de San Francisco en el norte de California se introdujeron nuevas regulaciones, obligando a que se reforzaran estructuras construidas con concreto, muchas de las cuales albergan escuelas y hospitales.

En 2014, la alcaldía de Los Ángeles propuso una normativa similar.

A principios de este año comenzó a funcionar ShakeAlert LA, un sistema de alerta temprana de terremotos similar al que existe en países con alta actividad sísmica como Japón o México.

Se trata de una aplicación móvil que avisa a los residentes del condado de Los Ángeles hasta 40 segundos antes de que se produzca un temblor de magnitud 5 o superior. Esto no solo ayuda a alertar a la población, sino también a las autoridades.

Para los expertos, la cuestión no es si la falla de San Andrés se quebrará en el sur de California, sino cuándo lo hará.


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