Cesan a médico del IMSS que denunciaba abusos contra pacientes
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Archivo Cuartoscuro

Cesan a médico del IMSS que denunciaba abusos contra pacientes

“En el IMSS yo recibía instrucciones administrativas que iban en contra de la salud de mis pacientes, y comencé a denunciar esa situación".
Archivo Cuartoscuro
Por Paris Martínez
20 de julio, 2016
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El doctor Raúl Sánchez Lozada es cirujano general egresado en 2002 con mención honorífica, además de autor de dos libros sobre tratamientos médicos, y varios artículos en la materia publicados en revistas especializadas.

En 2013, este médico del IMSS, asignado al Hospital General de Zona número 1 de Pachuca, Hidalgo, inició una lucha ética, personal: “como estudiante de medicina, en el Hospital General de México –explica– yo recibí una instrucción muy concentrada en el aspecto humanista del servicio médico, hacemos lo que hacemos por el bienestar de la gente, y el bienestar de la gente está al principio, en medio y al final del proceso, así fui formado… Pero cuando empecé a trabajar en el Instituto Mexicano del Seguro Social, me encontré con que ahí hace mucha falta ese valor por lo humano, por la vida y la dignidad de los pacientes… En el IMSS yo recibía instrucciones administrativas que iban en contra de la salud de mis pacientes, y comencé a denunciar esa situación”.

En septiembre de ese año, el doctor Sánchez Lozada recibió la orden de realizar una operación a un paciente de cáncer, aún cuando él no es especialista en oncología, lo cual dejó sentado por escrito.

Luego, el 3 octubre de 2013, denunció ante el Órgano Superior de Control del IMSS que, dos días antes, le fue ordenado dejar para el final la operación del paciente más grave de su turno, debido a que “iba a ensuciar la sala”.

Después, en noviembre de ese año, denunció que sus superiores le habían negado quirófano para operar de emergencia a una mujer con “perforación intestinal”, la cual aguardaba atención desde el turno previo. Esa mujer debió esperar a que todos los pacientes que no enfrentaban una urgencia médica fueran operados.

“Mis superiores me pedían dejar para el turno de la noche a los pacientes que llegaban a urgencias durante el día, aunque requirieran entrar al quirófano inmediatamente, con el argumento de que el médico de la noche no tenía mucha carga de trabajo; o me pedían dejar las cirugías de urgencias para el final, para no ensuciar el quirófano”.

Casos similares reportó en 2014 y en 2015 su última queja fue por la falta de antibióticos y analgésicos, requeridos por pacientes recién operados.

Entre 2013 y 2015, en el Órgano Interno de Control del IMSS se acumularon al menos una decena de quejas presentadas por el doctor Sánchez Lozada, en las que denunciaba la mala atención brindada a pacientes de Hidalgo, a causa de decisiones administrativas.

Luego, a principios de 2016, todas estas denuncias generaron un resultado: el doctor Raúl Sánchez Lozada fue separado de su cargo como cirujano del IMSS.

“No me despidieron –detalla, indignado–: me declararon incapacitado permanentemente, me declararon con psicosis… es decir, literalmente me tiraron de a loco.”

El síndrome Mobbing

“En diciembre de 2015 yo cometí un error, que cometen en realidad muchas personas en esas fechas –explica el doctor, con voz calmada–: yo me emborraché, durante una celebración familiar. Y como no tengo el hábito de beber, me sentía yo muy mal, realmente me sentía muy enfermo, entonces mi familia decidió llevarme al IMSS, y ese fue el pretexto que luego usaron para declararme incapacitado: dijeron que yo había intentado suicidarme, que había tomado alcohol y fármacos, para quitarme la vida.”

–¿Quiénes dijeron eso?

–Mis superiores, precisamente aquellos a los que yo llevaba varios años denunciando… cuando supieron que yo estaba en el hospital, bajo valoración, emitieron una incapacidad y me mandaron al psiquiatra.

Yo en realidad no había intentado suicidarme, ni nada parecido, no había ingerido medicamentos ni nada, sólo me emborraché durante la celebración con mi familia.

A partir de enero de este año, al doctor Sánchez Lozada ya no se le permitió operar en el IMSS, debido a la incapacidad médica, y durante los siguientes tres meses fue enviado por sus superiores a tres psiquiatras distintos, para ser valorado, y en todos los casos el diagnóstico fue el mismo: episodio depresivo moderado, que no limitaba sus aptitudes laborales.

“Yo pasé por un divorcio en 2012 –detalla–, y sí, es algo triste, es algo amargo, pero hasta ahí… yo no niego estar deprimido, pero en realidad creo que la razón es otra, y curiosamente dicha razón fue detectada por la última psiquiatra que me valoró. El dictamen de esta especialista señala que yo presento síndrome de Mobbing, es decir, de acoso laboral.”

Entre 2013 y 2015, destaca, “fueron varios los ataques que sufrí, a causa de las quejas que presentaba ante el Órgano Superior de Control. Me cargaban más intervenciones que al resto de los cirujanos, como en castigo, y una vez me acusaron de abandono de mi puesto. Ese día yo había tramitado adecuadamente un pase de salida, y pude comprobar que la acusación era falsa, pero ese fue el trato que empezó a haber de mis superiores en mi contra”.

Aptitudes laborales

En enero de 2016, una psiquiatra del IMSS emitió un documento interno, en el cual señala que “cuando estuvo hospitalizado (el doctor Sánchez Lozada) efectivamente su sintomatología y conducta no eran compatibles con ingesta de depresores del sistema nervioso central”.

Es decir, que no había síntomas de que hubiera ingerido alcohol y fármacos, que era el indicio de sus supuestos instintos suicidas.

A pesar de ello, se ordenó una segunda valoración psiquiátrica, según la cual este médico presenta “trastorno depresivo mayor recurrente con conducta auto lesiva y suicida”.

–Este último dictamen señala que usted es alcohólico, ¿esto es así? –se pregunta al doctor Sánchez Lozada. Él, hace una corrección.

–El dictamen concluye “alcoholismo tipo dispomanía”, que es, según la literatura médica, no poder dejar de beber, una vez que comienza la ingesta de alcohol. Y mira, aquella vez que yo me emborraché, en diciembre de 2015, fue la primera en muchos años. Y sí, lo acepto: ese día no supe cuándo parar de beber. Pero fue una única vez, y no estaba en mi horario laboral.

Ese mismo dictamen psiquiátrico, subraya el doctor Sánchez Lozada, es el que concluye que presenta “probable síndrome de Mobbing (acoso laboral)”.

Y concluye una cosa más importante aún: que este médico “es apto para reintegrarse a laborar”.

A pesar de ello, seis días después de emitido ese dictamen por el área de Psiquiatría de Medicina del Trabajo, el doctor Sánchez Lozada fue declarado por el IMSS con “incapacidad permanente”, debido a que presenta “eventos psicóticos por factores concomitantes desfavorecedores”, entre los cuales se menciona su divorcio.

–¿Considera que ésta fue una consecuencia de las quejas que presentó por la mala atención a pacientes?
–Sí, definitivamente… no sólo quisieron deshacerse de mí, sino además, su objetivo es desprestigiarme, humillarme. Pero yo aquí sigo, con la frente en alto.

Durante todo el tiempo que el doctor Raúl Sánchez Lozada laboró para el IMSS, mantuvo de forma paralela un puesto de fin de semana como cirujano de urgencias en el Hospital General de México, perteneciente a la Secretaría de Salud federal, institución en la que, concluye, “mis capacidades profesionales, como médico y como ser humano, siguen siendo valoradas”.

ACTUALIZACIÓN:

Lorena Lambros Sánchez, Coordinadora de Comunicación Social de la Delegación del IMSS en Hidalgo, envío un mail a Animal Político para hacer esta aclaración:

“Al Dr. Raúl Sánchez Lozada se le realizaron diversas valoraciones médicas, entre ellas la valoración conocida como Cédula para Determinar el Porcentaje de Pérdida de la Capacidad para el Trabajo; y después de concluir sus estudios y de evaluar la capacidad laboral del médico, se determinó que el doctor Sánchez Lozada es acreedor a la incapacidad por invalidez, con carácter definitivo y con fecha de inicio del 16 de mayo de 2016, de conformidad con la normatividad institucional y la legislación vigente”.

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La Mona Lisa: el detalle oculto que revela un nuevo significado del cuadro de Leonardo da Vinci

La pintura de 1503 de Leonardo da Vinci es la obra de arte más famosa del mundo. Kelly Grovier explora un objeto que suele ser pasado por alto y que ofrece una perspectiva diferente de la obra maestra.
2 de marzo, 2021
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Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las joyas del Museo del Louvre en París.

Algunas cosas son tan obvias que nunca las notas.

Y eso ocurre en una imagen omnipresente como la Mona Lisa.

El inagotable retrato de Leonardo da Vinci de 1503 protagonizado por Lisa del Giocondo, mujer de 24 años, madre de cinco hijos y esposa de un rico comerciante de seda florentino, es sin duda la obra de arte más famosa del mundo.

Sin embargo, ¿cuántos de nosotros hemos notado alguna vez conscientemente el objeto del cuadro que está más cerca de nosotros que cualquier otro: la silla en la que se sienta la misteriosa mujer?

No importa que sea lo único que la modelo de Leonardo agarra con su mano (literalmente todos los dedos de su mano la tocan o señalan), la silla seguramente debe ser el aspecto que más pasa desapercibido de una pintura que ha sido sobreobservada.

Escondida a simple vista, también puede ser la flecha que nos señala el camino hacia los significados más profundos de la obra.

Más allá de la sonrisa

Durante siglos, nuestra atención se ha centrado en gran medida en otro lugar en el pequeño panel de óleo sobre álamo (77×53 centímetros) que Da Vinci nunca terminó por completo y con el que se cree que continuó jugando obsesivamente hasta su muerte en 1519.

Museo del Louvre

Getty Images
La Gioconda es una de las obras más vistas y fotografiadas, pero aún guarda muchos misterios.

La preocupación por la sonrisa inescrutable de Mona Lisa es casi tan antigua como la pintura, y se remonta al menos a la reacción del legendario escritor e historiador renacentista Giorgio Vasari, que nació pocos años después de que Da Vinci comenzara a trabajar en la imagen.

“La boca, con su abertura y sus puntas unidas por el rojo de los labios a los tintes de la carne del rostro”, observó Vasari en sus célebres “Vidas de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”.

“Parecían, en verdad, no ser colores sino la propia piel (…) en el fondo de la garganta, si uno lo miraba con atención, se podía ver el latido del pulso”.

Y concluyó: “En esta obra de Leonardo, había una sonrisa tan agradable que era algo más divino que humano de contemplar, y se consideraba como algo maravilloso, en el sentido de que era algo vivo”.

El fascinante misterio de la sonrisa de Mona Lisa y de cómo Leonardo la aprovechó mágicamente para crear “algo más divino que humano” y, sin embargo, “nada más y nada menos que con vida” resultaría ser demasiado intenso para muchos.

La Gioconda

Getty Images
La sonrisa es lo más estudiado, pero sus manos también guardan secretos.

El crítico de arte francés del siglo XIX Alfred Dumesnil confesó encontrar la paradoja de la pintura completamente paralizante.

En 1854, afirmó que la “sonrisa está llena de atracción, pero es la atracción traidora de un alma enferma que retrata locura”.

“Esta mirada, tan suave pero ávida como el mar, devora”.

Si hay que creer en la leyenda, la “atracción traicionera” de la sonrisa irresoluble de la Mona Lisa consumió también el alma de un aspirante a artista francés llamado Luc Maspero.

Según el mito popular, Maspero, quien supuestamente terminó sus días al saltar desde la ventana de su habitación de hotel en París, fue conducido a una distracción destructiva por los susurros mudos de los labios absortamente alegres de la Gioconda.

“Durante años he luchado desesperadamente con su sonrisa”, se dice que escribió en la nota que dejó. “Prefiero morir”.

Las manos y los párpados

Sin embargo, no todo el mundo se ha contentado con localizar el centro de la mística magnetizante de la Mona Lisa en su enigmática sonrisa.

El escritor victoriano Walter Pater creía que era la “delicadeza” con la que se pintan sus manos y párpados lo que nos paraliza e hipnotiza haciéndonos creer que la obra posee un poder sobrenatural.

“Todos conocemos el rostro y las manos de la figura”, observó en un artículo sobre Da Vinci en 1869, “en ese círculo de rocas fantásticas, como en una tenue luz bajo el mar”.

Pater procede a meditar sobre la Mona Lisa de una manera tan singularmente intensa que en 1936 el poeta irlandés William Butler Yeats se vio obligado a tomar una frase de la descripción de Pater, dividirla en versos libres e instalarlos como poema de apertura en el Oxford Book of Modern Verse que Yeats estaba compilando entonces.

El pasaje que Yeats no pudo evitar replicar comienza: “Es más vieja que las rocas entre las que se sienta; como el vampiro, ha muerto muchas veces y ha aprendido los secretos de la tumba; se ha sumergido en mares profundos, y guarda sus últimos días en torno a ella; traficó por redes extrañas con comerciantes orientales, y, como Leda, era la madre de Helena de Troya, y, como Santa Ana, la madre de María; y todo esto fue para ella como un sonar de liras y flautas “.

El retrato “vive”, concluye Pater, “en la delicadeza con que ha moldeado los rasgos cambiantes y teñido los párpados y las manos”.

Manos de la Gioconda

Getty Images
Todos los dedos de la Mona Lisa o tocan la silla o la señalan.

La descripción de Pater aún asombra. A diferencia de Dumesnil y del desafortunado Maspero antes que él, Pater ve más allá de la trampa seductora de la sonrisa del retrato.

Se fija en una vitalidad más grande que se filtra como desde lo más profundo de la superficie.

Al argumentar que la pintura representa una figura suspendida en una incesante lanzadera entre el aquí y ahora y algún reino de otro mundo que se encuentra más allá, Pater señala la esencia mística del atractivo perenne del cuadro: su sentido surrealista de flujo eterno.

Al igual que Vasari, Pater es testigo de una presencia que late y respira -“características cambiantes”- que trasciende la materialidad inerte del retrato.

El agua

La clave de la fuerza del lenguaje de Pater es la insistencia en las imágenes acuáticas que refuerzan la fluidez del ser esquivo de la modelo (“luz tenue bajo el mar”, “sumergida en mares profundos” y “traficó… con comerciantes orientales”), como si la Mona Lisa fuera una fuente inagotable de agua viva, una ondulación interminable en los remolinos sin fin del tiempo.

Quizás lo sea. Hay motivos para pensar que tal lectura, que ve a la modelo como un manantial de eterno resurgimiento que cambia de forma, es precisamente lo que pretendía Leonardo.

Flanqueado a ambos lados por cuerpos de agua que fluyen y que el artista coloca ingeniosamente de tal manera que sugiere que son aspectos del ser mismo de su modelo, el sujeto de Da Vinci tiene una cualidad extrañamente submarina que se acentúa con el vestido verde algas.

La Mona Lisa usa una segunda piel anfibia que se vuelve más turbia y oscura con el tiempo.

La silla pozzetto

Al girar su mirada ligeramente hacia la izquierda para encontrarse con la nuestra, la Mona Lisa no está sentada en cualquier banco o taburete viejo, sino en la conocida popularmente como silla pozzetto.

Con el significado de “pozo pequeño”, el pozzetto introduce un sutil simbolismo en la narración que es tan revelador como inesperado.

Detalle de la cara de la Mona Lisa

Getty Images
La Mona Lisa es un paisaje en sí misma, dicen algunos expertos.

De repente, las aguas que vemos serpenteando con un movimiento laberíntico detrás de la Mona Lisa (ya sea que pertenezcan a un paisaje real, como el valle del río italiano Arno, como creen algunos historiadores, o enteramente imaginarias, como sostienen otros) ya no están distantes y desconectados de la modelo, sino que son un recurso esencial que sustenta su existencia. Literalmente fluyen hacia ella.

Al situar a la Mona Lisa dentro de un “pozo pequeño”, Da Vinci la transforma en una dimensión siempre fluctuante del universo físico que ocupa.

Martin Kemp, historiador del arte y destacado experto en Da Vinci, también ha detectado una conexión fundamental entre la representación de la Mona Lisa y la geología del mundo que habita.

“El artista no estaba retratando literalmente el Arno prehistórico o futuro”, afirma Kemp en su estudio “Leonardo: 100 hitos (2019)”, “sino que estaba dando forma al paisaje de la Mona Lisa sobre la base de lo que había aprendido sobre el cambio en el ‘cuerpo de la Tierra’ para que acompañara a las transformaciones implícitas en el cuerpo de la mujer como un mundo menor o microcosmos”.

La Mona Lisa no está sentada frente a un paisaje. Ella es el paisaje.

El significado del pozo

Al igual que con todos los símbolos visuales empleados por Leonardo, la silla pozzetto es multivalente y sirve más que simplemente para vincular a la Mona Lisa con la conocida fascinación del artista por las fuerzas hidrológicas que dan forma a la Tierra.

La sutil insinuación de un “pocito” en la pintura como el canal a través del cual la Mona Lisa emerge a la conciencia reposiciona la pintura por completo en el discurso cultural.

Este ya no es un retrato simplemente secular, sino algo espiritualmente más complejo.

Las representaciones de mujeres “en el pozo” son un elemento básico a lo largo de la historia del arte occidental.

Cristo y la Samaritana, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Getty Images
El símbolo del pozo es habitual, como en la obra “Cristo y la Samaritana”, de Duccio di Buoninsegna (1310-1311)

Las historias del Antiguo Testamento de Eliezer encontrándose con Rebeca en un pozo y de Jacob con Rachel en el pozo se hicieron especialmente populares en los siglos XVII, XVIII y XIX, ya que todos, desde Bartolomé Esteban Murillo hasta Giovanni Antonio Pellegrini, de Giovanni Battista Tiepolo a William Holman Hunt, probaron suerte con estas narraciones.

Además, las representaciones apócrifas de la Anunciación en el Nuevo Testamento (el momento en que el arcángel Gabriel informa a la Virgen María que dará a luz a Cristo) junto a un manantial fueron habituales entre los ilustradores de manuscritos medievales, e incluso pueden haber inspirado el retrato más antiguo que sobrevive de María.

Como emblema infinitamente elástico, como sugiere Walter Pater, la Mona Lisa es sin duda capaz de absorber y reflejar todas esas resonancias y muchas más. No hay nadie que ella no sea.

“Agua viva”

Pero quizás el paralelo más pertinente entre la Mona Lisa de Da Vinci y los precursores pictóricos es uno que se puede dibujar con las muchas representaciones de un episodio bíblico en el que Jesús se encuentra en un pozo manteniendo una conversación críptica con una mujer de Samaria.

La Gioconda

Getty Images
El agua es un elemento fundamental para entender la Mona Lisa, la gran obra de Leonardo Da Vinci.

En el Evangelio de San Juan, Jesús hace una distinción entre el agua que se puede extraer del manantial natural -agua que inevitablemente dejará a uno “sediento”- y el “agua viva” que él puede proporcionar.

Mientras el agua de un pozo sólo puede sostener un cuerpo perecedero, el “agua viva” es capaz de saciar el espíritu eterno.

Las notables representaciones de la escena del pintor italiano medieval Duccio di Buoninsegna y del maestro renacentista alemán Lucas Cranach el Viejo tienden a sentar a Jesús directamente en la pared del pozo, lo que sugiere su dominio sobre los elementos fugaces de este mundo.

Sin embargo, al colocar a su modelo metafóricamente dentro del pozo, Da Vinci confunde la tradición y sugiere, en cambio, una fusión de los reinos materiales y espirituales, una difuminación del aquí y del más allá, en un plano compartido de creación eterna.

En la apasionante narrativa de Da Vinci, la Mona Lisa es ella misma una milagrosa ola de “agua viva”, serenamente contenta al ser consciente de su propia e intensa infinitud.

Lee la historia original en inglés en BBC Culture.


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