¿Por qué la policía en Estados Unidos sigue matando a hombres negros?
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¿Por qué la policía en Estados Unidos sigue matando a hombres negros?

En sólo una semana la policía de EU ha matado a dos hombres negros más. No son pocas las voces que consideran que estos casos, al igual que los de Michael Brown, Eric Garner, Walter Scott y Freddie Gray evidencian el problema estructural de racismo y exceso de violencia.
Getty Images/BBC
Por BBCMundo
7 de julio, 2016
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Con apenas 24 horas de diferencia, esta semana se sumaron dos nombres a la lista de los ciudadanos negros muertos a manos de la policía en Estados Unidos.

El primero de ellos, a quien la policía identificó como Alton Sterling, murió el 6 de julio en Baton Rouge, en el estado sureño de Luisiana, después de que dos policías le dispararan.

Al día siguiente, otro agente mató a un hombre negro que conducía un auto en Minnesota. Junto a él iban una mujer y un niño.

No son pocas las voces que consideran que estos casos, al igual que los de Michael Brown, Eric Garner, Walter Scott y Freddie Gray evidencian el problema estructural de racismo y exceso de violencia de la policía con la comunidad afroestadounidense.

Cuatro expertos hablaron sobre el tema en el programa Inquiry del ServicioMundial de la BBC, entre ellos Charles Ramsey, el jefe del grupo de trabajo del presidente estadounidense Barack Obama que tiene como objetivo reformar la policía.

Y esto es lo que piensan.

Sam Sinyangwe: “No son incidentes aislados”

Sam Sinyangwe es un investigador y activista que fundó el proyecto Mapping Police Violence (Mapeando la violencia policial).

Sam Sinyangwe se dio cuenta que no había estadísticas de muertos a manos de la policía y de allí nació su proyecto Mapping Police Violence.
Sam Sinyangwe se dio cuenta que no había estadísticas de muertos a manos de la policía y de allí nació su proyecto Mapping Police Violence.

Tengo 24 años. Soy un hombre negro. Es increíblemente depresivo ver que mataron a personas como yo.

Empecé el proyecto a raíz de la muerte de Mike Brown, para dar respuestas. Es muy duro leer estas historias, pero es lo que debo hacer. Es importante.

Existen estadísticas de todo tipo de crímenes violentos. Pero no hay información sobre aquellos que mueren a manos de agentes de policía. Así que se me encendió una bombilla.

Busqué bases de datos de nombres que son alimentadas de forma masiva por los ciudadanos. Y después revisé la información periodística que hacía referencia a los muertos.

“Luego los clasifiqué entre los que estaban armados y desarmados. Los clasifiqué por raza, basándome en los obituarios u otras fotografías que hubiera de ellos en internet.

A raíz de lo de Ferguson, la ciudad de Misuri en la que el adolescente negro Michael Brown murió por los disparos de un policía, se puso sobre la mesa una gran pregunta: ¿hay un patrón o es un incidente aislado?

Lo que mi información muestra es que Ferguson está en todas partes. Policías que matan a personas negras, eso lo ves en todo el país.

Según los registros, la más joven de las víctimas tenía 12 años, la mayor 65. Y más de 100 estaban desarmadas.

La gente negra es tres veces más propensa que la blanca a ser víctima de la policía en Estados Unidos.

El año pasado, la policía mató a más negros desarmados que blancos armados.

Y eso teniendo en cuenta que los negros son solo el 14% de la población aquí.

En EE.UU. existe algo que se llama Vision Zero, un compromiso adquirido por los alcaldes para terminar con las muertes asociadas a los accidentes de tráfico.

Pero no hemos visto a alcaldes dar un paso al frente y comprometerse para eliminar la violencia policial de sus comunidades.

Creo que eso dice claramente cuál es el valor relativo que le adjudican a la vida de estos electores.

Lorie Fridell: “Algunos policías tienen el sesgo implícito y vinculan a los negros con el crimen”

Lorie Fridell es profesora asociada de criminología en la Universidad del Sur de Florida y fue la directora de investigación en el Foro de Investigación Ejecutiva de la Policía.

Lorie Fridell reconoce que ella, una mujer blanca y de clase media, también tiene el sesgo implícito.
Lorie Fridell reconoce que ella, una mujer blanca y de clase media, también tiene el sesgo implícito.

Soy una mujer blanca y de clase media. Disfruto de una gran cantidad de privilegios.

Y, claro, tengo implícito el sesgo del “crimen negro”; esto es, tiendo más a ver a los afroestadounidenses como amenaza que a los caucásicos.

Sospechar de una persona de una raza determinada por el estereotipo asociado a esa raza era el primer problema al que se enfrentaba la policía (en la década de los noventa), y en relación a eso llegué a entender dos cosas: que el sesgo no se limitaba a un par de agentes en un par de departamentos y que la policía de este país es generalmente bienintencionada.

No pude conciliar esas dos ideas en mi cabeza hasta el día en el que me hablaron de la ciencia de los sesgos implícitos.

Todos tenemos sesgos implícitos con los que vinculamos a ciertos grupos a estereotipos. Y esto, posiblemente, produce un comportamiento discriminador, incluso en individuos que rechazan del todo los prejuicios.

En los primeros estudios llevados a cabo por expertos en la psicología del sesgo, se sentaba a un sujeto ante una computadora y se le mostraban de forma muy rápida fotografías de hombres blancos y negros. Cada uno de ellos tenía indistintamente una pistola o un objeto neutral en la mano.

Al sujeto se le decía que, si percibía una amenaza, pulsara el botón de disparar y si no la percibía, que pulsara el de no disparar.

Los resultados de estos estudios sugieren que los sesgos implícitos afectan a la decisión de disparar o no. Algunos de ellos demuestran que los participantes “disparan” antes a un hombre negro desarmado que a uno blanco armado.

“Los agentes, como el resto de nosotros, tienen ese sesgo implícito y vinculan a los negros con el crimen”, dice Lorie Fridell.

Un reporte sobre el uso de la fuerza por parte de la policía de Filadelfia y publicado por el Departamento de Justicia de EE.UU. en marzo respalda la idea de que los policías son susceptibles a tener sesgos implícitos.

Una de las cuestiones en las que se fijaron es aquello que llaman la percepción de amenaza equivocada. Esto es, como cuando un agente creyó que la persona estaba armada y resultó que no.

Y los investigadores vieron que eso ocurría con más frecuencia cuando el sujeto era negro, incluso si el propio agente era blanco o latino.

Los agentes, como el resto de nosotros, tienen ese sesgo implícito y vinculan a los negros con el crimen. Por lo tanto, ese sesgo podría pudo haber tenido que ver con los casos de los afroamericanos muertos a manos de la policía en este país.

Uno de los mensajes importantes de nuestro entrenamiento es que los estereotipos están basados solo en parte en hechos. Pero no te da la licencia a tratar a cada individuo de un grupo como si cumpliera con el estereotipo. Es ahí donde nos equivocamos.

Es algo que tenemos que reconocer en este país, porque la gente de color está siendo representada de forma desproporcionada en relación a aquellos que cometen crímenes.

Seth Stoughton: “La cultura del “policía guerrero” pone en riesgo a los ciudadanos”

Seth Stoughton fue policía y ahora es profesor de derecho en la Universidad de Carolina del Sur.

Seth Stoughton
Seth Stoughton cree que el entrenamiento para ser policía debería centrarse más en la resolución de conflictos.

La primera regla de la policía es llegar a casa al terminar el turno. El principio clave es la supervivencia del agente. Todo entrenamiento está diseñado para promover esa idea.

Pero eso mismo termina poniendo en peligro a los civiles.

La cultura del guerrero, la creencia de que los policías son soldados comprometidos en lucha contra un elemento criminal, tuvo que ver con algunos casos en los que la policía respondió disparando y que terminaron con muertes que podrían haberse evitado.

Todo empieza con los video de reclutamiento de la policía, en los que se muestran a agentes que sostienen rifles, vestidos con armaduras y que usan la fuerza.

Eso atrae a un tipo concreto de candidato y en la academia de policía no hace más que afianzar ese perfil.

Se enseña a los policías a tener miedo, diciéndoles que la suya es una profesión muy peligrosa.

Los agentes están entrenados para que cada encuentro lo consideren un incidente potencialmente mortal.

Uno de los entrenamientos es que te acerques a una persona que merodea fuera de una tienda, con las manos en los bolsillos. Empiezas a hablar con ella tranquilamente y, de repente, saca una pistola del bolsillo y te empieza a disparar.

“Todo empieza con los video de reclutamiento de la policía, en los que se muestran a agentes que sostienen rifles, vestidos con armaduras y que usan la fuerza”, dice el experto.

El entrenamiento para ser policía consta de 60 horas de uso de armas y 60 de autodefensa.

Compara eso con el entrenamiento para la resolución de conflictos: como promedio estos cursos tienen solo ocho horas de entrenamiento (con armas), la mayor parte transcurre en el aula.

Cuando el ejército diseña una misión, tiene en mente que va a perder soldados.Pero la profesión de policía repudia con fuerza esa noción. No sea acepta ninguna baja entre los agentes.

Si todos los estados tuvieran el enfoque de aquellos en los que se registran menos muertes a manos de la policía, entonces se salvarían entre 300 y 600 vidas cada año.

Charles Ramsey: “Antes debemos solucionar problemas sociales más profundos”

Charles Ramsey es el comisario del Departamento de Policía de Filadelfia, Pensilvania, en el nordeste de EE.UU., y el presidente Barack Obama lo escogió para liderar el grupo de trabajo del informe Policing in the 21st Century:Reconnecting Police and People (Siendo policía en el siglo XXI: reconectando la policía y la gente).

Commissioner Ramsey subraya que los policías también son víctimas.
Ramsey subraya que los policías también son víctimas.

Vivimos en una sociedad en la que todo el mundo quiere señalar con el dedo, perotenemos muchos problemas con raíces muy profundos: la pobreza, la mala educación…

Tenemos que lidiar con el problema de la extrema pobreza.

Filadelfia tiene la tasa más alta de pobreza de todas las ciudades de EE.UU. Y es una economía sumergida la que sostiene a muchos de sus vecindarios: drogas, prostitución, venta ilegal de cigarrillos, etcétera.

¿Por qué se destina a una gran cantidad de policías a estos barrios? En muchos de esos lugares ocurren una cantidad desproporcionada de crímenes y hay que lidiar con esa realidad.

En los últimos siete años mataron e hirieron a muchos policías. Ocho de mis agentes fallecieron en el cumplimiento del deber, cinco de ellos tras haber recibido disparos.

Por lo tanto, también hay violencia contra la policía y hay que tomarla en consideración.

Filadelfia tiene la tasa más alta de pobreza de todas las ciudades de EE.UU., dice el comisario.Filadelfia tiene la tasa más alta de pobreza de todas las ciudades de EE.UU., dice el comisario.

Para abordar el problema, Ramsey dividió a Filadelfia en distintas áreas, cada una con sus propios equipos de policía.

Los agentes se reúnen mensualmente con la comunidad para hablar de crimen y desórdenes.

Los cadetes recién salidos de la academia son asignados a una patrulla de a pie, no empiezan automáticamente a rondar en coche.

Así llegan a conocer a la gente de la comunidad, a buenas personas atrapadas en unas determinadas condiciones.

En respuesta al informe del Departamento de Justicia, que critica el uso de la fuerza por parte de la policía de Filadelfia, el comisario puso en marcha un nuevo entrenamiento:

Los ponemos (a los agentes) en unos escenarios en los que deben ejercitar el buen juicio para que, cuando se encuentren en una situación similar en la vida real, su respuesta ante la amenaza sea más consistente.

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Alberto Pradilla

Muertos, sin atención o desaparecidos: las tragedias de familias de víctimas de la Línea 12

La tragedia de la Línea 12 tiene tres rostros: el de las víctimas mortales, el de los más de 70 heridos y el de las familias que buscan a sus seres queridos.
Alberto Pradilla
Por Alberto Pradilla y Andrea Vega
4 de mayo, 2021
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Más de 15 horas después del colapso de un tren de la Línea 12 del metro todavía hay personas que no logran localizar a sus familiares. Se han pasado la noche de un hospital a otro. En los sanatorios les dicen que ya todos los heridos están identificados y no son a quienes ellos buscan y en Locatel les piden que sigan buscando en los hospitales porque aún hay gente ingresada en calidad de desconocida.

Juan Luis Díaz Galicia, de 38 años, tomaba todos los días la Línea 12 para llegar desde Coyoacán, donde trabajaba como chofer, hasta su casa en Tláhuac. Sabía que era peligroso y no se sentía seguro en el trayecto. Pero no tenía otra opción. Él es una de las 25 víctimas del accidente. Su familia, al ver que no llegaba, comenzó a preocuparse. En el hospital Belisario Domínguez, a 5 minutos del siniestro, les confirmaron la noticia: iba en uno de los vagones que se desplomó al vacío y murió en el acto.

“Se veía que era arriesgado, pero lo usábamos por la economía o por facilitar el tiempo de traslado”, dice su esposa Juliana Torres, también de 38 años. Torres lleva desde la madrugada en las inmediaciones del Belisario García. Sabía que su esposo, con quien tiene un hijo de 17 años, tomaba diariamente este metro para regresar a casa. Al no llegar a la hora habitual comenzó a preocuparse. “Tratamos de comunicarnos, pero no lo conseguimos”, explica. La familia de la víctima comenzó el rastreo hasta que en el hospital les mostraron las fotografías para identificar el cuerpo. A mediodía todavía seguían en el hospital, esperando que la carroza se llevara los restos mortales de su esposo.

Lee más: “El Metro les cayó encima”: Línea 12 sufre uno de los peores accidentes del transporte en CDMX

En las inmediaciones de la zona cero se escucha insistentemente que la poca seguridad del Metro era un secreto a voces. Quienes mejor lo sabían eran personas como José Luis, trabajadores obligados a largos trayectos hasta su lugar de trabajo que, a pesar de que diariamente sentían miedo al pasar por la estación Olivos, tenían que regresar ya que no tenían otra alternativa. A este chofer de Coyoacán, casado y con un hijo, la necesidad de tomar un Metro que sabía que no era seguro terminó por costarle la vida.

La tragedia de la Línea 12 tiene tres rostros. El de las víctimas mortales, 25 según el último recuento de las autoridades, el de los más de 70 heridos y el de las familias que llevan toda la jornada buscando a sus seres queridos sin tener noticias.

Daniel Hernández Arguello, de 28 años, subió al metro una parada antes del accidente. Apenas avanzó 500 metros cuando el piso se vino abajo. A mediodía, su tía Laura Hernández Arguello denunciaba que se encontraba en el Belisario Domínguez sin poder ser trasladado. Según la mujer, el joven tenía daños en el estómago, un trauma craneal y sangre en los pulmones y en el centro hospitalario les habían dicho que carecían del equipo necesario.

“Queremos que lo trasladen donde lo tengan que llevar. Llevamos aquí desde las 11 de la noche. Lo drenaron, pero no pueden hacer más. ¿Están esperando a que muera?”, dijo, enfadada.

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Según la Fiscalía de la Ciudad de México en el Belisario estaban ingresadas 12 personas con diferentes pronósticos. Pero esto no impidió que familiares se acercasen al lugar con la esperanza de dar con sus seres queridos, aunque no estuvieran en la lista.

Es el caso de Cristian López Santiago, quien buscaba su sobrino Iván. Explicó que su última comunicación fue con su esposa al salir de trabajar y que perdieron la comunicación tras el accidente. Desde entonces, toda la familia busca por diferentes hospitales.

A la 1 de la tarde de este martes 4 de mayo, dos mujeres llegan apuradas al Hospital General de Tláhuac. Una de ellas va directo a la puerta a pedir informes a los policías. La otra, Guadalupe se queda a unos pasos. Acompaña a su amiga en la búsqueda de su esposo y se queda a la expectativa de los informes.

Cuenta que su amiga está buscando a su pareja, Gildardo Galicia. El señor tomó el metro para encontrarse con su esposa en el camino de regreso del trabajo de ella, en la estación Nopalera. No han tenido ninguna noticia sobre dónde pueda estar.

En este hospital no tienen registro suyo tampoco y su esposa se lleva las manos a la cabeza y se recarga en la reja. La fatiga de toda la noche recorriendo hospitales y la angustia apenas la dejan estar en pie. No quiere hablar con los reporteros y se va entre lágrimas.

Angelica Cruz Camilo llega también a buscar a su esposo, Santos Reyes Pérez. El señor venía de trabajar. Es obrero. Le marcó a su esposa cuando estaba en la estación Periférico. Fue la ultima vez que tuvieron comunicación. No hubo más llamadas ni mensajes. La última conexión de Santos fue a las 10:25.

Su esposa le ha estado llamado desde entonces. Pero el teléfono solo suena y nadie responde.

Angélica pensó que su marido ya no tardaría en llegar, que debería estar ya en el paradero de Tláhuac o en la ruta de la combi para su casa en Valle de Chalco, cuando su hijo mayor le gritó para decirle que el metro se había caído.

“Mi hijo de 10 años escuchó la noticia del accidente. Traté de no angustiarme. Pero entonces le marqué varias veces y no me respondió”.

Ya entonces sí muy angustiada, Angélica salió de su casa. “Ya recorrí varios hospitales desde la madrugada. Este, el ISSSTE de Tláhuac, el de Xoco, Potreros, Iztapalapa y no lo encuentro. De hecho a este ya había venido y no lo encontré. Pero volví a regresar porque me dijeron que había heridos en calidad de desconocidos. Pero no, me dicen que ya todos están identificados y yo no encuentro a mi esposo todavía”, dice Angélica.

Itzel Guadalupe Cortes Flores, llega al Hospital de Tláhuac alrededor de las 2 de la tarde, También está buscando a su marido, se llama Luis Said Ramirez Ramirez y tiene 39 años. Ayer a las 8 da la noche se comunicó a la casa donde vive con su esposa y sus suegros. Les dijo que iba a llegar un poco tarde, porque después de su trabajo como optometrista por el metro Allende, pasaría un rato con sus papás. Cuando hacía eso, solía llegar a casa alrededor de las 11 de la noche.

No llegó y su esposa no sabe nada de él. “Suponemos que venía en el tren que colapsó. Pero hasta ahorita no tenemos ninguna noticia sobre dónde está. Mi familia me está ayudando a buscarlo en todos los hospitales posibles y nada. Nos dicen que todos los heridos están ya reconocidos y en Locatel que no, que hay que buscarlo porque hay personas no reconocidas”.

Las mujeres volverán a dar una vuelta por todos los hospitales esperando que en un algún traslado su familiar llegue a donde ellas lo puedan encontrar.

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