Ningún muro podrá separar a México de EU: tesorera del Gobierno estadounidense
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Ningún muro podrá separar a México de EU: tesorera del Gobierno estadounidense

La tesorera del Gobierno estadounidense es hija de mexicanos y dice que el discurso del candidato republicano Donald Trump impulsa el racismo y lo usa sólo para ganar votos, pero que ni el comercio ni los vínculos entre ambos países pueden romperse.
Aldea Digital / Cortesía
Por Mael Vallejo
22 de julio, 2016
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La firma de Rosa Gumataotao Ríos –su nombre de casada-  aparece en casi 30 mil millones de billetes de dólar. Es, desde 2009, la tesorera del gobierno estadounidense y responsable de supervisar la Casa de la Moneda, la Oficina de Grabado e Impresión y el Fuerte Knox del Gobierno. Es también un vínculo clave con la Reserva Federal, el sistema bancario central del país. Y asegura que no existe muro que pueda dividir a ese país  y México.

Dice que, sobretodo, es latina. Mexicana. Nació en California pero su familia es de Guadalajara. Ella apoyó desde la primera elección al presidente Barack Obama buscando el voto latino en Virginia. Dice que está orgullosa de su herencia pero siente que esta es una época en la que es difícil –aún más- ser latino en Estados Unidos.

Las elecciones en ese país han creado un discurso de odio antiinmigrante que ha sido encabezado por el candidato republicano, Donald Trump, quien ha señalado que de ganar obligará a México a construir un muro a lo largo de toda la frontera entre ambos países.

Esta es una entrevista con la tesorera del gobierno estadounidense que se realizó en el marco del evento Aldea Digital.

Animal Político: ¿Cuáles serían las consecuencias para la relación entre ambos países si Donald Trump ganara la presidencia?

Rosa Ríos: Espero que lo que ha dicho sea sólo un discurso de esta temporada electoral. Lo que siempre pasa durante esta temporada es que hay divisiones entre partidos, entre candidatos, pero cuando se elige a un presidente entonces ya no son los rojos (republicanos) contra los azules (demócratas), sino todos están unidos bajo una bandera roja, azul y blanca. Espero que eso pase, que el discurso que ha hecho sea por cuestiones políticas solamente y que al final, si es que ganara, decida tomar la responsabilidad de unificar al país.

AP: ¿Y en caso de que no fuera sólo un discurso, sino una realidad?

RR: No puede salir nada bueno de eso. Nuestras economías son imposibles de separar, están unidas permanentemente. El flujo de materia prima que viene de EU a México, y después de los productos terminados que regresan, es imposible de frenar con un muro. Somos dependientes el uno del otro.

Trump está usando la frustración de la gente para atraer votos, pero la realidad es que la inmigración actual es la más baja desde 2007, así que los hechos son que el acceso del capital humano y los recursos entre ambos países no puede cambiar, o no debería de cambiar.

AP: Como latina, ¿qué sensación le causan los ataques de Trump a esta comunidad?

RR: México es mi país, al igual que Estados Unidos: mi familia está aquí, mi sangre está aquí. No puedo escoger entre ambos países, soy parte de los dos. Nací en California pero California antes era parte de México, así que la sangre es la misma. No hay muro que pueda separar eso. Deberíamos en enfocarnos en lo que tenemos en común en lugar de que sea al revés.

AP: ¿Cuál es la situación de los latinos en EU?

RR: Me pone triste ver la situación de los latinos porque no somos lo suficientemente reconocidos, ni se valora lo que hemos hecho por el país. Hay 50 millones de latinos en EU y 35 millones son de ascendencia mexicana, pero nunca hemos tenido un senador mexicano. El consumo de este sector poblacional es el que está impulsando la recuperación económica en el país.

El crecimiento demográfico del sector es el más grande de EU: ya es el 20% de la población y va a seguir creciendo. Entonces si vamos a seguir contribuyendo a la recuperación económica, tenemos que entender la importancia de nuestro voto: podemos decidir el rumbo de las elecciones y eso puede darle miedo a algunas personas, pero este no es el momento de emprender la retirada, sino el de avanzar.

Es momento de entender que cualquier latino puede aspirar a ser presidente, que no hay un límite para nosotros.

AP: ¿Cuál ha sido el mejor momento en su trabajo como tesorera de EU?

RR: Han sido ocho años complicados, pero lo volvería a hacer desde el principio. No sólo se trata de que sea una mujer en un cargo de esta importancia, sino de honrar a mi mamá y todas las mujeres que vinieron antes de mí. Y también  de ser una inspiración para mi hija, a quien le digo que puede ser presidenta.

AP: ¿Y el peor?

RR: El que estamos enfrentando hoy. Estoy muy orgullosa por ser latina, mexicana, y no entiendo el odio hacia los mexicanos que existe en este momento en el ambiente político. No entiendo por qué la gente cree que ese odio es la mejor forma de avanzar. Uno de los países más poderosos del mundo debería ser un ejemplo para los demás, pero no lo está siendo. El país fue creado con principios de inclusión y puertas abiertas, y el que haya gente que crea que es mejor que los demás solo por el color de piel o su etnicidad, es uno de los principales retos que tenemos este momento.

AP: ¿El racismo y el odio han aumentado últimamente o sólo ahora es mucho más notorio?

RR: Siempre ha existido pero ahora la gente está ampliando los límites de lo que puede hacer y quedar impune por ello. Si no hay consecuencias sobre lo que la gente dice, va a continuar el racismo.

AP: La situación de Estados Unidos y el mundo es muy inestable. ¿Cómo afecta la cuestión económica a su país?

RR: Tras la crisis financiera el mundo se ha puesto de cabeza. No es sólo la crisis, sino también el uso de las redes sociales, que ha cambiado mucho la forma en que obtenemos información. Ha sido una bendición y también una maldición: hasta las elecciones se han convertido en un espectáculo de entretenimiento. La tecnología ha unido mucho a la gente pero también ha complicado que mantenga los pies en la tierra. Cuando pierdes de vista el aspecto humano de lo que haces, y la conexión con la gente, es cuando nace el miedo.

La innovación tecnológica ha traído cosas increíbles para el mundo, pero a la vez ha hecho que haya una división laboral, que se pierdan muchos trabajos en EU por este afán de eficiencia. No es que se los hayan quedado los mexicanos que viven en Estados Unidos, sino que simplemente ya no existen.

También hay muchos trabajos para los cuales se necesitan capacidades tecnológicas que la gente ahora no tiene. Y eso ha causado mucha frustración: si pierdes tu empleo, tu casa por no tener esos conocimientos, es cuando el odio entra en el juego.

Lo puedes ver en esta elección, pero también en el mundo. Ese nivel de miedo no va a traer nada bueno. Lo que deberíamos de estar haciendo es buscar lo que tenemos en común. Esa unión tiene que venir de los líderes y eso no está pasando.

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Por qué el año no termina realmente a la medianoche del 31 diciembre (y no siempre dura lo mismo)

La fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es un sistema, a la larga, "inventado".
31 de diciembre, 2020
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año nuevo Nuevo

Getty Images
El momento en que comienza y termina el año es una convención.

Brindis y uvas, bailes, resoluciones y rituales… la medianoche del 31 de diciembre es un momento de festejo, esperanza y recuento para millones de personas en todo el planeta.

Un año “termina” y otro “comienza” y, con él, las aspiraciones de un mejor tiempo y de innumerables propósitos y nuevas metas.

Es el último día del calendario gregoriano, el patrón de 365 días (más uno en bisiesto, como 2020) que ha regido en Occidente desde que se dejó de usar el calendario juliano en 1582.

Su paso celebra el fin de un ciclo que ha marcado las cuentas del tiempo para diversas culturas desde hace milenios: una vuelta completa de la Tierra alrededor de su estrella.

“Lo que entendemos tradicionalmente por año, tanto en astronomía como en muchas culturas, es ese lapso que tarda nuestro planeta en darle la vuelta al Sol”, indica el astrónomo y académico Eduard Larrañaga, del Observatorio Astronómico Nacional de la Universidad Nacional de Colombia.

Sin embargo, según explica el también físico teórico a BBC Mundo, la fecha en la que comienza y termina un año no tiene su base en la ciencia, sino que es una convención, o sea un sistema, a la larga, “inventado”.

“Asumir que el año termina a la medianoche del 31 de diciembre y empieza el 1 de enero es una construcción social, una definición que se hizo en un momento de la historia”, dice.

De acuerdo con Larrañaga, dado que la base para la medición de un año es el tiempo que tarda la Tierra en darle la vuelta al Sol, el conteo de cuándo empieza y termina ese ciclo puede ocurrir, en la práctica, en cualquier momento.

“Desde el punto de vista astronómico, no ocurre nada especial el 31 de diciembre para decir que es ahí donde termina el año ni ocurre nada especial el 1 de enero para decir que ahí es cuando comienza“, señala.

“En realidad, a lo largo de la órbita de la Tierra no hay nada especial ni fuera de lo común que ocurra para marcar el cambio de un año”, agrega.

Pero no termina ahí.

La duración exacta que le damos al año de 365 días (o 366 en los bisiestos) es otra convención social.

“En realidad, hay muchas formas de medir la duración de un año” y si se hace de una u otra forma, la duración no es la misma, indica Larrañaga.

Pero ¿cómo es posible?

La duración del año

Desde que fue introducido por el emperador Julio César en el año 46 a. C., el calendario juliano sirvió para contar el paso de los años y la historia en Europa hasta finales del siglo XVI.

Sin embargo, desde entrada la Edad Media, varios astrónomos se dieron cuenta de que con esa manera de medir el tiempo se producía un error acumulado de aproximadamente 11 minutos y 14 segundos cada año.

Fue entonces cuando en 1582 el papa Gregorio XIII promovió la reforma del calendario que usamos hasta el día de hoy e introdujo los bisiestos para corregir los errores de cálculo del calendario juliano.

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Getty Images
Millones de personas celebran el cambio de año este 31 de diciembre.

Larrañaga explica que, desde el punto de vista de la astronomía, base para la definición de lo que es un año, no existe una única unidad de medida, sino al menos cuatro para contar el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol.

  • Año juliano o calendario: “Es una convención y se usa en astronomía como una unidad de medida en la que se considera que la Tierra le da la vuelta al Sol en 365,25 días”.
  • Año sideral: “Es el que tarda la Tierra en dar una vuelta al Sol respecto a un sistema de referencia fijo. En este caso, se toma como referencia el grupo de las estrellas fijas y ese año tiene una duración de 365,25636”.
  • Año trópico medio: “En este se toma en cuenta longitud de la eclíptica del Sol, es decir, la trayectoria del Sol en el cielo con respecto a la Tierra a lo largo del año, principalmente en los equinoccios. Y este dura un poco menos que el año sideral, 365,242189 días”.
  • Año anomalístico: “La Tierra, al igual que los otros planetas, se mueve en elipsis. Esa elipsis hace que el Sol en algunas ocasiones esté más cerca y más lejos de la Tierra. Pero hay un punto donde ambos están lo más cerca posible, el llamado perihelio”. Y el año anomalístico es el tiempo transcurrido entre dos pasos consecutivos de la Tierra por su perihelio. Dura 365,2596 días”.

Si bien Larrañaga señala que todos están sobre el orden de los 365 días, asumir que este es el periodo exacto de la duración de un año se vuelve una simplificación.

Pero además, no tiene en cuenta otro factor.

“Hay otra cuestión, y es que, aunque tenemos esos cálculos, no todos los años duran lo mismo, no tienen la misma duración cada vez“, dice.

El largo de los años

De acuerdo con el experto, si bien los astrónomos han tratado de calcular con precisión a través de los siglos el tiempo que tarda la Tierra en darle una vuelta al Sol, existe un problema básico que les impide obtener un número definitivo.

“Hay que tener en cuenta que la duración de los años nunca es igual debido a que en el Sistema Solar todo cambia. Tomemos el año anomalístico: mientras la Tierra se mueve alrededor del Sol, el perihelio cambia como resultado de la acción gravitatoria de otros planetas, como Júpiter”, dice.

año nuevo

Getty Images
La influencia gravitatoria de los planetas y el movimiento de la Tierra hacen que la duración del año no sea igual siempre.

El físico teórico señala que algo similar ocurre con el llamado año trópico medio, que mide el intervalo de tiempo entre dos pasos consecutivos del Sol por el punto Aries o equinoccio de primavera, o con el sideral.

“El año trópico medio también cambia, dado que depende del eje de la Tierra, que está torcido. Es como un trompo que va balanceándose. Entonces, la fecha y el momento del equinoccio también es diferente”, dice.

“Y si comparamos cuánto duraba el año sideral en 2020 con cuánto duró en el 1300 seguramente notaremos una diferencia. Siempre estaría en torno a los 365 días, pero no sería la misma duración exacta, porque el movimiento de la Tierra no es siempre el mismo”, agrega.


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