Procuraduría y Tribunal de Justicia de CDMX practican violencia contra mujeres: Derechos Humanos
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Cuartoscuro

Procuraduría y Tribunal de Justicia de CDMX practican violencia contra mujeres: Derechos Humanos

La Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México exige a autoridades capitalnas indemnizar económicamente dos mujeres víctimas de violencia institucional y de género, garantizar su rehabilitación física y dar "garantías de no repetición".
Cuartoscuro
Por Erendira Aquino
9 de julio, 2016
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Por primera vez una autoridad gubernamental deberá disculparse de forma pública e indemnizar económicamente a dos mujeres a las que se practicó violencia institucional y género, de acuerdo con una recomendación de la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal (CDHDF).

Las mujeres fueron agredidas, en 2011 y 2103, por instituciones públicas, debido a su condición de género, estableció la Comisión de Derechos Humanos capitalina, luego de analizar las quejas presentadas por las víctimas.

Basada en los casos de Yakiri Rubio y Clara Tapia, la Comisión concluyó, en su recomendación 6/2016, que en la Procuraduría General de Justicia y en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México prevalecen “prácticas y obstáculos que normalizan la violencia contra las mujeres e impiden el pleno ejercicio de sus derechos”.

Lo anterior trajo como consecuencia que Yakiri y Clara recibieran “un trato discriminatorio” por parte de las autoridades, las cuales actuaron basándose en “estereotipos de género”, causándoles una segunda agresión.

Se trata, según explicó Karla Michel Salas, abogada de ambas víctimas, de dos casos “emblemáticos que reflejan la violencia estructural que viven las mujeres en todo el país, pero particularmente en la Ciudad de México”.

La recomendación señala que, con su mala actuación, las autoridades de justicia violaron no sólo el derecho que tienen las víctimas a una vida libre de violencia, sino también su derecho a un debido proceso judicial, su derecho a acceder a la justicia, su derecho a que su integridad personal sea garantizada, así como su derecho a no ser víctimas de violencia institucional.

Lee el especial: La violencia contra las mujeres (no) es normal.

Yakiri: encarcelada por actuar en legítima defensa

El 9 de diciembre de 2013, Yakiri Rubio fue sometida por dos hombres, quienes la trasladaron a un hotel ubicado en la colonia Doctores, donde la golpearon, la violaron y uno de ellos intentó matarla, infringiéndole varias heridas con una navaja. Yakiri repelió la agresión y forcejeó con el agresor, quien resultó lesionado con una herida en el cuello, la cual le provocó la muerte.

Yakiri huyó del hotel y encontró a un policía de investigación, con quien denunció lo sucedido. Increíblemente, fue ella la que resultó acusada de homicidio y procesada penalmente.

No fue sino hasta una semana después de la agresión, el 17 de diciembre de 2013, que las autoridades gestionaron la atención psicológica y médica requerida para los casos de violación. Todo eso sucedió cuando Yaikiri se encontraba dentro del Centro Femenil de Readaptación Social de Santa María Acatitla.

Casi tres meses después de la agresión y de la reclusión de Yakiri, se reclasificó el delito de homicidio calificado a homicidio cometido con exceso de legítima defensa, quedando en libertad provisional.

Finalmente, el 21 de mayo de 2015, a más de un año de los hechos, un juez la absolvió de todo delito, ya que, concluyó, ella procedió en legítima defensa.

Hasta la fecha, el segundo agresor de Yakiri no ha sido procesado por ningún delito y permanece en libertad.

Clara: procesada por ser esposa de un “monstruo”

El 27 de junio de 2011, Clara Tapia acudió a las instalaciones de la Fiscalía Desconcentrada de Investigación en Iztapalapa, perteneciente a la PGJDF, para interponer una denuncia contra su ex pareja, a quien acusaba de mantener secuestradas a las hijas que habían procreado, impidiéndole verlas, a las cuales, además, sometía a explotación y violencia física y sexual.

A cambio de la promesa de que podría ver a sus hijas, su ex pareja la sometió a actos de violencia, intimidaciones, insultos, amenazas, e incluso le impuso limitaciones para comer o asearse.

La Fiscalía recibió la denuncia, pero no hizo nada para rescatar a las menores.

La PGJDF tardó tres meses para salir en busca de las víctimas, y sólo lo hizo cuando Clara, por investigaciones propias, pudo localizar el sitio en donde las mantenían privadas de la libertad.

Ese parecía el final del calvario para Clara, quien por fin podría recuperar a sus hijas; sin embargo, el 5 de septiembre de 2011, día en que las menores fueron rescatadas, ella fue arrestada por la Procuraduría capitalina, acusada de ser cómplice en las agresiones que las niñas sufrían a manos del padre.

Según la Procuraduría, entonces encabezada por el actual jefe de gobierno, Miguel Ángel Mancera, Clara sufría “la necesidad de mantener a toda costa la relación con el acusado” y por ello, según la versión oficial, habría permitido que sus hijas fueran sometidas a abusos.

Clara fue exhibida ante medios de comunicación por el mismo Mancera, quien la señaló como abusadora de menores en el programa televisivo “La historia detrás del mito”.

Clara pasó tres años encarcelada en el Penal de Santa Martha, luego de que un juez determinó que “carecía de autonomía” para impedir los abusos que ella y sus hijos sufrieron a manos de su ex pareja.

Jorge Antonio Iniestra Salas, a quien los medios llamaron “El Monstruo de Iztapalapa”, recibió una sentencia condenatoria de 251 años de prisión por dos homicidios dolosos, secuestro, violencia familiar, explotación laboral y corrupción de menores.

El papel de las autoridades, según Derechos Humanos

Para la Comisión de Derechos Humanos capitalina, Yakiri y Clara no sólo fueron víctimas de las personas que directamente las agredieron, sino que también fueron presa de un problema generalizado de violencia contra las mujeres, ejercida desde las instituciones encargadas de velar por la justicia en la Ciudad de México.

Según la CDHDF, tanto en la Procuraduría General de Justicia como en el Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México existen “prácticas y obstáculos que normalizan la violencia contra las mujeres e impiden el pleno ejercicio de sus derechos”.

Yakiri y Clara, subraya la recomendación 6/2016, “después de haber sido víctimas de diferentes tipos de violencia, acudieron a los órganos de procuración e impartición de justicia y se enfrentaron a un sistema que, en lugar de protegerlas y administrarles justicia… les dio un trato discriminatorio, por estereotipos de género y fueron revictimizadas”.

La Comisión de Derechos Humanos concluyó que ambas instituciones –la primera encargada de perseguir a los presuntos delincuentes, y la segunda responsable de juzgar su culpabilidad o inocencia– siguen sin aplicar los preceptos incluidos en la Ley de Acceso a las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, a pesar de que esta ley está vigente desde diciembre de 2014.

Por ello, la Comisión de Derechos Humanos del Distrito Federal exigió a la Procuraduría y al Tribunal que, además de disculparse públicamente, deberán adoptar “investigaciones y procesos libres de estereotipos”, así como otras medidas necesarias para combatir la discriminación contra las mujeres desde las instituciones de gobierno, para que casos como los de Yakiri y Clara no vuelvan a repetirise.

Asimismo, el ombudsman capitalino exigió a las autoridades capitalnas indemnizar económicamente a ambas víctimas, garantizar su rehabilitación física, así como proporcionarles “garantías de no repetición”.

A continuación puedes consultar la recomendación completa:

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Emma Coronel y el creciente papel de las mujeres en el narcotráfico de México

Emma Coronel, esposa de "El Chapo", es la última pareja de un líder del narco mexicano en ser acusada de participar activamente en los negocios de su marido. Los roles de las mujeres en estos grupos son diversos y, en muchas ocasiones, acaban siendo víctimas de la propia violencia del crimen organizado.
25 de febrero, 2021
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La acusación de Estados Unidos que llevó a la reciente detención de la esposa de Joaquín “El Chapo” Guzmán es tajante al describir su supuesto grado de implicación en las actividades delictivas del capo.

El señalamiento judicial sobre Emma Coronel, quien enfrenta cargos de narcotráfico internacional, afirma que la joven tenía absoluto conocimiento de las operaciones del cartel de Sinaloa dirigido por su marido y que, presuntamente, participó en algunas de sus operaciones.

“Coronel entendía que los ingresos de la droga que controló durante su matrimonio con Guzmán derivaban de estos envíos (de droga a EU). De 2012 a 2014, transmitió mensajes en nombre de Guzmán para promover actividades de narcotráfico mientras él intentaba evitar su captura por parte de las autoridades mexicanas”, se lee en el documento.

La joven es incluso acusada de conspirar para que “El Chapo” pudiera escapar de una cárcel en México mediante el pago de un millonario soborno a funcionarios antes de que finalmente fuera extraditado a Nueva York y condenado a cadena perpetua.

Será la justicia la que determine la veracidad de esta investigación en la que se citan testigos cooperantes anónimos y cartas, pero a juzgar por los cargos, el Buró Federal de Investigaciones (FBI, por sus siglas en inglés) parece tener claro que Coronel no era en absoluto ajena a los negocios de “El Chapo”.

Como supuestamente en su caso, la presencia de las mujeres en el narcotráfico y otras actividades del crimen organizado creció en los últimos años en México y, con ello, sus roles también han ido variando.

“El papel de las mujeres en general ha ido en aumento en estas organizaciones. Coronel viene además de una familia de narcotraficantes y, por la edad que tiene, no es una persona que haya podido estar de manera pasiva” ante lo que ocurría a su alrededor, le dice a BBC Mundo Alberto Islas, experto en seguridad.

Precisamente por ese entorno condicionante y por las características de un mundo absolutamente dominado por hombres, entender los motivos por el que las mujeres se implican en él resulta bastante más complejo que asociarlo a un simple y único deseo de poder y dinero.

Roles diversos

Según el informe de 2020 “Mujeres y crimen organizado en Latinoamérica: más que víctimas o victimarias”, las mujeres “no solo ejercen una multiplicidad de roles, sino que oscilan fluidamente entre la condición de víctimas y objetos y la de protagonistas y sujetos activos de las acciones criminales”.

No obstante, el informe de la Universidad del Rosario en Colombia e InSight Crime identifica que la mayoría de mujeres en estos grupos asumen roles criminales de baja responsabilidad que los líderes hombres les delegan.

Cartel de El Chapo

AFP
La mayoría de mujeres en el crimen organizado asumen roles de baja responsabilidad que los líderes hombres les otorgan.

Estos papeles abarcan desde trabajo en cultivos de droga, como “mulas” para transportar sustancias, en la organización logística y financiera o en labores de microtráfico o “narcomenudeo”, entre otras.

Sin embargo, y aunque son una clara minoría, el estudio destaca que también hay mujeres “que ejercen distintos papeles por voluntad propia, que pueden ser protagónicos y a veces de liderazgo”.

En el caso de México, uno de los nombres más reconocidos es el de Enedina Arellano Félix, a quien en su momento las autoridades mexicanas consideraron la única mujer al frente de una organización de narcotráfico por ser jefa del cartel de Tijuana.

Conocida como “La jefa” o “La narcomami”, llegó a esa posición después de que casi todos sus hermanos varones —fundadores del cartel— perdieran la vida o fueran capturados por las autoridades.

Otro caso muy popular es el de Sandra Ávila Beltrán o “La reina del Pacífico”, a quien se le acusó cuando fue detenida en 2007 de ser una pieza clave en las operaciones del cartel de Sinaloa.

Sin embargo, ella siempre negó tener influencia en el negocio del narcotráfico y algunos creen que, más por sus actividades, cobró más fama realmente por creerse que inspiró la novela “La reina del sur”, algo que su autor Arturo Pérez-Reverte negó.

libro de Sandra Avila

BBC
Ávila relató su historia en el libro “La reina del Pacífico: es la hora de contar”.

También está Leticia Rodríguez Lara, conocida como “La reina de la Riviera Maya”, quien controló esta zona turística y se enfrentó para defender su mercado contra el Cartel Jalisco Nueva Generación de “El Mencho”.

O Ignacia Jasso, “La Nacha”, una de las mujeres pioneras en el narcotráfico en México al dedicarse al tráfico de drogas en el estado de Chihuahua desde 1930.

Víctimas y relaciones sentimentales

“Es cierto que, y probablemente venga de la evolución de la igualdad de género en los últimos años, hay un empoderamiento ‘para mal’ de mujeres que van tomando liderazgo en estructuras criminales” en pequeñas o medianas bandas, le dice a BBC Mundo Sandra Romandía, periodista mexicana especializada en temas de narcotráfico.

Sin embargo, la experta destaca que en un gran número de casos hay un factor fundamental a la hora de entender el estatus de estas mujeres en el crimen organizado: sus relaciones familiares o sentimentales.

Así, son muchas las esposas, madres o hijas a las que se ha señalado por haberse implicado en el negocio de líderes de carteles o incluso haberlo asumido después de que estos murieran o fueran detenidos, como Enedina Arellano.

Lo vimos por ejemplo poco antes de la detención del líder del cartel de Santa Rosa de Lima, José Antonio Yépez “El Marro”, cuando su madre, hermana y prima fueron también arrestadas como presuntas operadoras financieras del grupo criminal pero fueron liberadas tras denunciar tortura.

En muchas ocasiones, novias o esposas de líderes acaban convirtiéndose en víctimas subordinadas a los hombres al ser utilizadas, por ejemplo, para ayudarlos a cometer delitos.

Según el informe de Insight Crime, el encarcelamiento de mujeres en América Latina por delitos asociados al crimen organizado, en especial el narcotráfico, aumentó en la última década.

En México, la población carcelaria femenina general creció un 56% entre 2010 y 2015, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía recopilados por el informe.

Carcel en Mexico

Getty Images
El número de mujeres en prisión en México creció un 56% entre 2010 y 2015.

“Está documentado que no todas, pero muchas de las mujeres que cumplen condena por delitos de drogas, lo hacen por lealtad a sus parejas o por amenazas de ellos“, destaca Romandía.

Según la experta, muchas de estas situaciones surgen un esquema machista en el que las mujeres tienen miedo a decir que no, lo que tiene más que ver con la estructura de valores del propio género “y no tanto como un deseo de poder de ellas” para adentrarse en ese negocio.

“Y, en muchos casos, no es más que una inercia de seguir el negocio familiar porque es lo que les dejó el esposo, y es lo que saben hacer”, agrega la coautora del libro “Narco CDMX”.

Feminicidios y crimen organizado

Según datos del servicio de emergencias 911 en México del pasado mes de agosto, en torno al 60% de los asesinatos de mujeres hasta entonces en 2020 estarían relacionado con el crimen organizado.

Pero eso no quiere decir que todas las mujeres estén involucradas en ello. En ocasiones, de nuevo, se convierten en una especie de víctimas colaterales de las actividades ilícitas de sus parejas.

Cartel en manifestacion contra violencia de genero en CDMX

AFP
Hasta el 60% de los asesinatos de mujeres durante los primeros meses de 2020 en México estaban relacionados con el crimen organizado.

“Algunas son asesinadas simplemente porque tienen un parentesco o son pareja sentimental de alguien del grupo contrario. También algunos usan los cuerpos de las mujeres para mandar mensajes amenazantes a sus rivales”, le dice a BBC Mundo la investigadora María Salguero.

Salguero, creadora del Mapa de Feminicidios en México en el que recopila desde hace años todos los que se registran en el país, dice que estas muertes vinculadas al crimen organizado se mantuvieron también en pandemia, lo que demostró que “no todas las mujeres estaban siendo asesinadas por sus parejas en el confinamiento”.

La experta no niega que haya mujeres involucradas directamente en narcotráfico, pero incluso en estos casos, alerta que muchas veces hay causas relacionadas directamente con su género que explican su decisión.

“Casi siempre hay historias de desigualdad detrás de ellas. Siendo narcomenudistas, pueden ganar como un dólar por paquete que venden. Son mujeres vulnerables que a veces tienen que sacar adelante a la familia, no encuentran trabajo… y se involucran en estos grupos, muchas veces motivadas también por el entorno”, explica.

“Buchonas”

La realidad de muchas de estas mujeres descrita por los expertos, por tanto, dista mucho de la imagen de lujo o glamour que muestran algunas películas o series de televisión sobre “reinas del narco”.

El concepto de la narcocultura es el que exalta la violencia del narcotraficante y todo el dinero ganado con su negocio criminal, mientras que sus mujeres pueden ser vinculadas al mundo del crimen organizado casi como objetos que los hombres utilizan para exhibir su poder y éxito.

Tequila de El Chapo

AFP
El nombre de “El Chapo” fue incluso registrado como marca por una de sus hijas para producir tequilas, joyas y otros artículos y como modo de atraer la atención de cierto público.

Estas mujeres, conocidas popularmente como “buchonas”, presumen con orgullo de ser la pareja de un líder criminal y de la vida de lujo que eso les permite llevar en forma de joyas, autos de lujo u operaciones quirúrgicas para lucir cuerpos esculturales.

Esa cultura del derroche y de ostentación del dinero suele ser más habitual entre parejas sentimentales de mandos medios o medios-bajos de grupos criminales.

Pero llama mucho la atención que Coronel, siendo esposa de uno de los capos más buscados del mundo como lo fue “El Chapo”, tuviera una presencia tan mediática y pública.

En los últimos meses, promocionaba empresas entre su casi medio millón de seguidores en Instagram. Intentó crear una marca de ropa y accesorios de lujo con el nombre de su marido e incluso apareció en un programa de televisión enfocado en la vida de personas o familiares vinculados en algún momento con carteles.

“Su actitud y falta de discreción fue desafiante e, indudablemente, con ese protagonismo en medios estaba cruzando líneas rojas en términos de tolerancia de las autoridades”, le dice a BBC Mundo Javier Oliva, analista y experto en seguridad de la Facultad de Ciencias Sociales y Políticas de la UNAM.

Coronel

Getty Images
Coronel tenía una presencia mediática muy poco habitual entre parejas de grandes capos del narcotráfico.

El hecho de que las mujeres en el crimen organizado no sean aún tan conocidas responde, indudablemente, a que su presencia es todavía anecdótica en comparación con los hombres. Pero Romandía pronostica cambios.

“Aún no hay un liderazgo de mujer que esté poniendo en jaque a las autoridades. Pero sí probablemente lo empezaremos a ver en los próximos años, por el papel importante que algunas están tomando en bandas de menor tamaño”, dice.

“Aún no han tenido una exposición mediática muy evidente como para que se cree un personaje o una leyenda alrededor de ellas… pero acabará ocurriendo”, concluye la periodista.


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