Procuraduría ambiental asegura más de 4 mil animales en inspección a 95 zoológicos del país
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Especial

Procuraduría ambiental asegura más de 4 mil animales en inspección a 95 zoológicos del país

Los zoológicos no comprobaron la legal procedencia de animales como coyotes, guacamayas verdes y rojas, loros corona azul, venados cola blanca, jaguares, tigres, hipopótamos, jirafas y tortugas.
Especial
Por Redacción Animal Político
21 de julio, 2016
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Autoridades de la Procuraduría Federal del Protección al Ambiente (Profepa) aseguraron a más de cuatro mil animales durante las visitas de inspección realizadas a 95 zoológicos que se encuentran en operación en el país.

De acuerdo con la Profepa, durante las inspecciones, se verificó que 20 mil 739 animales de 370 especies silvestres de aves, mamíferos y reptiles que se encuentran en los zoológicos viven en condiciones dignas, “de los cuales se verificó su legal procedencia mediante el cotejo de  documentos y sistemas de marcaje asignados a cada uno”.

“En total fueron asegurados precautoriamente 4 mil 186 animales a 58 zoológicos, toda vez que al momento del desarrollo de las inspecciones no se acreditó la legal procedencia de los ejemplares o se observaron situaciones respecto al trato digno y respetuoso”, indicó la Procuraduría en un comunicado.

Entre los ejemplares asegurados se encuentran animales como: coyotes, guacamayas verdes y rojas, aguilillas de Harris, loros corona azul, iguanas verdes, venados cola blanca, loros y pericos, jaguares, tigres, cocodrilos de pantano y de río, gato montés, hipopótamos, jirafas y tortugas.

La Procuraduría señaló que “los zoológicos del país velan por el buen cuidado y manutención de los animales, pues solo 3% (133) de los ejemplares asegurados, fue motivado por faltas sobre trato digno y respetuoso”.

Durante la inspección de zoológicos también se atendieron denuncias ciudadanas por la muerte de algunos ejemplares, como fue el caso del Parque zoológico Yumká en Tabasco.

“Otra denuncia atendida fue la de situaciones de maltrato de un tigre de bengala en el zoológico Wamerú en Querétaro, por lo que mediante la investigación de la PROFEPA se observó que la fotografía de la cual se desprendió la denuncia correspondía a un hecho suscitado meses antes, y que la herida fue producida por el mismo ejemplar que frotó su nariz con demasiada fuerza y en repetidas ocasiones, en los troncos que tiene en su albergue donde quedó impregnada sangre de la carne con que se alimentaba, lo que ocasionó las laceraciones en la parte superior de la nariz”, indicó la Profepa.

La dependencia precisó que en total se realizaron 98 visitas a 95 zoológicos, pues a los de Tangamanga, en San Luis Potosí; Altamira, en Tamaulipas, y Centenario, en Yucatán, se realizaron más de una visita.

La verificación de los zoológicos consistió en el cumplimiento de los términos y condicionantes de sus respectivos registros y sus planes de manejo, que cada uno de los recintos estuviera al corriente  con sus obligaciones administrativas, como la presentación ante la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat), de sus informes de actividades, de sus inventarios de altas y bajas de ejemplares.

La Profepa recomendó a los zoológicos llevar de forma organizada y ordenada sus expedientes y archivos documentales, para cumplir desde el desarrollo de las inspecciones, con la demostración de la legal procedencia y así evitar que se les dicte el aseguramiento de animales de sus colecciones.

Tambieén sugiere se les asigne un presupuesto acorde a sus planes de colección o a su capacidad de albergue de ejemplares.

La inspección se dio a conocer luego de que se ha reportado la muerte de cuatro animales en zoológicos de la Ciudad de México en lo que va del año.

El pasado 14 de julio se reportó la muerte de “una hembra de bisonte americano (Bison bison)”, albergada en el Bioma de Pastizales en el Zoológico de Chapultepec, donde ocho días antes murió el gorila Bantú, de casi 25 años y uno de los principales atractivos del zoológico.

El fallecimiento de Bantú se debió a una complicación cardíaca mientras estaba sedado para ser trasladado a otro zoológico, informó el gobierno local.

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COVID: por qué las vacunas de células T podrían ser la clave para la inmunidad a largo plazo

Algunas vacunas de células T ya están entrando a la etapa de ensayos clínicos. En el futuro, estas vacunas podrían ayudar al mundo a convivir con la COVID en forma más segura.
14 de enero, 2022
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Dado que la variante ómicron ha aumentado rápidamente las infecciones por covid, la atención se centra una vez más en los anticuerpos, y con razón.

Los anticuerpos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra los virus y son importantes para evitar que el coronavirus infecte nuestras células.

Esta es la razón por la que algunos países han montado campañas de vacunación de refuerzo en respuesta a los recientes aumentos repentinos de covid, con el fin de incrementar los niveles de anticuerpos.

Pero hay un problema. Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de refuerzos.

De hecho, si bien estas inyecciones adicionales mantienen una buena protección contra la covid grave, se estima que las personas que reciben una tercera dosis de la vacuna de Pfizer verán caer su protección contra el desarrollo de síntomas de covid (de cualquier grado) del 75 % al 45 % durante las diez semanas siguientes a su refuerzo.

Los científicos han cuestionado si recargar permanentemente los anticuerpos, solo para verlos disminuir pronto, es una estrategia sostenible.

Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Los anticuerpos son solo una parte de nuestro intrincado y entrelazado sistema inmunológico. Específicamente, tal vez sea hora de que nos concentremos en las células T.

Cómo funcionan las diferentes células inmunitarias

Cuando el cuerpo está infectado, digamos con un virus, responde produciendo glóbulos blancos llamados linfocitos. Los tipos principales de linfocitos son las células B, que producen anticuerpos, y las células T, que apoyan la producción de anticuerpos de células B o actúan como células asesinas para destruir el virus.

Algunas células T y células B también se convierten en células de memoria de larga duración que saben qué hacer si se encuentran con la misma infección nuevamente.

Las células B y las células T “ven” el virus de diferentes maneras.

En términos generales, las células B reconocen las formas en el exterior del virus, creando anticuerpos que se traban o acoplan con ellas (un poco como dos piezas de rompecabezas que coinciden).

Ilustración de anticuerpos (en blanco) uniéndose a las proteínas Spike del virus que causa covid.

Science Photo Library
En esta ilustración se ve a los anticuerpos (en blanco) uniéndose a la proteínas del virus que causa covid.

En cambio, las células T reconocen fragmentos de los aminoácidos que componen el virus, incluyendo fragmentos que normalmente se encuentran en su interior.

Cada virus tiene muchas características únicas, tanto por dentro como por fuera. La respuesta inmune de una persona puede acabar produciendo una variedad de células T y células B que, entre ellas, atacan una amplia gama de esos rasgos.

Esto a veces se llama “amplitud de respuesta“. Una buena amplitud de respuesta involucra a muchos linfocitos diferentes que ven diferentes partes del virus, lo que hace que sea muy difícil para el virus ocultarse completamente.

Ómicron preocupó a muchos investigadores porque una parte clave de su estructura externa a la que se dirigen los anticuerpos, la proteína espiga o spike (en rojo en la primera imagen arriba), tiene muchas mutaciones, lo que reduce la capacidad de los anticuerpos para unirse al virus y neutralizarlo.

Sin embargo, debido a que las células T se enfocan en otras partes del virus, es posible que tales mutaciones no impidan identificarlo.

De hecho, datos preliminares que aún están pendientes de revisión por pares, sugieren que éste es el caso.

Esto es tranquilizador, porque la proteína espiga del virus ha cambiado mucho durante la pandemia, lo que sugiere que siempre podría estar mutando fuera del alcance de los anticuerpos.

Sin embargo, las células T deberían ser menos susceptibles a la mutación viral. Las células T diseñadas para combatir la covid también parecen durar mucho más en el cuerpo humano que los anticuerpos.

Pero, ¿tienen las células T tienen un efecto importante?

Ya sabemos mucho sobre el papel crítico de las células T en otras infecciones virales.

Este conocimiento sugiere que, contra la covid, una buena respuesta de las células T no solo es necesaria para ayudar a las células B a producir anticuerpos, sino que también debería crear células T asesinas que puedan reconocer ampliamente el coronavirus, protegiendo contra múltiples variantes.

Todavía se está recopilando evidencia sobre la covid y las células T. Sin embargo, gradualmente se está volviendo más claro que las células T parecen jugar un papel importante en esta enfermedad.

Una mujer es vacunada contra la covid

Getty Images
Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de vacunas de refuerzo.

Se ha demostrado que la generación de células T ampliamente reactivas, que reconocen una variedad de características virales, está asociada a una fuerte respuesta contra la enfermedad.

En particular, la generación de buenas cantidades de células T asesinas ampliamente reactivas parece hacer que la covid sea menos grave.

Por el contrario, una respuesta deficiente de las células T se asocia con peores resultados para los pacientes. De hecho, se ha descubierto que algunas personas que han tenido covid grave tienen defectos persistentes en su respuesta de células T.

Muchos estudios que demuestran la eficacia de las células T en el caso de la covid tienen una característica común: la necesidad de una amplia gama de respuestas, con células T (y células B) que reconozcan múltiples características del virus. Se cree que esta podría ser la clave para experimentar una enfermedad más leve.

Esta amplitud podría incluso extenderse más allá de este coronavirus específicamente. El virus que causa covid es un betacoronavirus, y hay varios betacoronavirus que ya nos infectan, incluidos los que causan el resfriado común.

Las características compartidas entre estos virus que causan el resfriado y la covid pueden significar que las células T que ya teníamos contra el resfriado nos están protegiendo ahora contra la covid. Se están descubriendo indicios de esto tanto en adultos como en niños.

¿Qué significa esto para las vacunas?

Muchas de las vacunas diseñadas hasta la fecha, incluidas las de Moderna, Pfizer y AstraZeneca, se han centrado en un solo objetivo principal del coronavirus: su proteína espiga.

Estas vacunas han sido tremendamente efectivas en la generación de anticuerpos. También estimulan una respuesta de células T a la proteína espiga.

Pero ahora que entendemos más sobre el papel de las células T, la importancia de tener una respuesta amplia de estas células y el problema de la disminución de anticuerpos, tal vez deberíamos considerar reenfocar nuestras estrategias de vacunas y dirigirlas a generar células T y a apuntar a más de una proteína.

Mujer estornudando

Getty Images
Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Hay investigaciones en esta dirección. Se han completado los primeros ensayos clínicos de vacunas que pueden desencadenar respuestas de células T auxiliares y asesinas mucho más reactivas, y varias otras vacunas de células T también están entrando a la etapa de ensayos clínicos.

Estas vacunas de células T podrían ser la clave para fortalecer la inmunidad existente y generar una protección duradera contra síntomas graves generados por variantes del virus que causa covid.

Si esto es así, esas vacunas serían una contribución fundamental para ayudar al mundo a convivir con la covid en forma más segura.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Sheena Cruickshank es profesora de ciencias biomédicas en la Universidad de Manchester en Reino Unido.


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