#SemáforoEconómico: 7 de cada 10 empleos son informales en Oaxaca por su pobreza laboral
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#SemáforoEconómico: 7 de cada 10 empleos son informales en Oaxaca por su pobreza laboral

El bajo desempeño de la economía oaxaqueña se debe a la informalidad laboral y la pobreza, causadas por el fracaso en la implementación de políticas que incrementen la productividad laboral, detalla el Semáforo Económico.
Cuartoscuro
Por Redacción Animal Político
20 de julio, 2016
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Nota del editor: Los siguientes #SemáforosEconómicos de México, ¿Cómo Vamos? estarán dedicados al análisis de los perfiles económicos de los estados donde se instalarán las primeras Zonas Económicas Especiales. Se analizarán los indicadores que se buscan mejorar con la implementación del Programa. Esta semana es el turno de Oaxaca.

Durante los últimos 10 años, Oaxaca ha sido uno de los focos rojos del país en términos económicos. Al analizar los indicadores del #SemáforoEconómico, de México, ¿Cómo Vamos?, se observa que la suma de los esfuerzos que se han realizado para que el estado se desarrolle han sido insuficientes.

Uno de los factores que explican el bajo desempeño de la economía oaxaqueña en crecimiento, informalidad laboral y pobreza es el fracaso en la implementación de políticas que incrementen la productividad laboral en el estado.

Entre 2006 y 2015, Oaxaca creció en promedio 2% anual, mientras que el país lo hizo a un ritmo de 2.4%, posicionándose como el quinto estado con la menor tasa de crecimiento durante ese periodo. La producción en Oaxaca ha estado caracterizada por amplias variaciones en sus tasas de crecimiento, alcanzando un máximo de 5.9% durante el cuarto trimestre de 2011 y un mínimo de -4.5% durante el segundo trimestre de 2009.

En 2006, Oaxaca era el estado con el mayor porcentaje de población ocupada trabajando en la informalidad: 70.4% de los trabajadores, es decir, 7 de cada 10, eran informales. Diez años después la situación empeoró y la tasa de informalidad laboral aumentó a 74.6% de la población ocupada, son 369 mil 233 personas más en esta condición.

Asimismo, la pobreza laboral en Oaxaca se incrementó durante los últimos 10 años y se ha mantenido como el segundo estado con el más bajo desempeño en este indicador. El porcentaje de personas que no pueden adquirir la canasta alimentaria con su ingreso laboral pasó de ser 59.7% de la población del estado en 2006 a 63.2% en 2016. Hoy existen casi 446 mil personas más en pobreza laboral que las que había hace 10 años.

La estrategia para que Oaxaca logre mejorar sus indicadores económicos debe tener como base el impulso a la productividad laboral. Actualmente, un trabajador en Oaxaca produce el equivalente a $70 pesos por hora trabajada, mientras a nivel nacional cada hora trabajada genera un valor de $133 pesos. Es necesario definir claramente el enfoque que debe tener el  impulso en productividad en cada estado para que se traduzca en beneficios de largo plazo.

De acuerdo con un estudio realizado por estudiantes de la Universidad de Harvard (Lopes Teixeira et al, 2014, Enhancing Productivity Growth in Southern Mexico: the Cases of Oaxaca and Veracruz), el problema de la productividad laboral en Oaxaca debe enfrentarse a partir de distintos enfoques.

De acuerdo con este estudio, la baja productividad laboral es, por un lado, un fenómeno que se presenta en todas las industrias del estado. De las 88 industrias enlistadas en el Censo Económico del INEGI (excluyendo las relacionadas con la industria del petróleo y gas), únicamente 5 cuentan con una productividad laboral superior a la de las mismas industrias a nivel nacional. Para mejorar la productividad se debe invertir en mejoras estructurales, desde capital físico y humano, hasta combate a la corrupción.

Oaxaca es el segundo estado con menor grado de escolaridad promedio; 7.52 años mientras el promedio nacional alcanza los 9.16 años de acuerdo con la Encuesta Intercensal 2015. En términos de infraestructura física, únicamente 21.1% de las manzanas en Oaxaca cuentan con todas las vialidades pavimentadas, mientras el promedio nacional es de 42.9% de acuerdo con los últimos datos disponibles del INEGI. Adicionalmente, Oaxaca ocupa el lugar 29 de 32 entidades en el Índice Nacional de Corrupción y Buen Gobierno 2010 de Transparencia Mexicana, donde la entidad número 32 tiene los mayores niveles de corrupción.

Semáforo económico

La baja productividad en Oaxaca también proviene de la concentración de la actividad económica en industrias que son poco productivas en sí. Para mejorar la productividad desde este flanco, se deben identificar las industrias altamente productivas con potencial para ser desarrolladas en Oaxaca.

Lee: #SemáforoEconómico: Campeche, Veracruz y Tabasco, los estados que en lugar de crecer retroceden.

Las Zonas Económicas Especiales (ZEE) parten de la promesa del sexenio de incrementar la productividad y son una oportunidad para elevar la productividad laboral en Oaxaca desde ambos ámbitos. Las ZEE tienen el acierto de enfocarse en eliminar la brecha de crecimiento y productividad que divide al norte y sur del país, pero la debilidad de ser una política que, al momento, pretende utilizar la misma fórmula para impulsar a todos los estados donde será aplicada. La principal tarea del gobierno durante los próximos meses será definir la estrategia de implementación que cada estado en específico requiere para incrementar su productividad laboral, en lugar de asumir que el mismo diseño funcionará con todos por igual.

Los siguientes #SemáforosEconómicos de México, ¿Cómo Vamos? estarán dedicados al análisis de los perfiles económicos de los estados donde se instalarán las primeras Zonas Económicas Especiales. Se analizarán los indicadores que se buscan mejorar con la implementación del Programa. 

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COVID: por qué las vacunas de células T podrían ser la clave para la inmunidad a largo plazo

Algunas vacunas de células T ya están entrando a la etapa de ensayos clínicos. En el futuro, estas vacunas podrían ayudar al mundo a convivir con la COVID en forma más segura.
14 de enero, 2022
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Dado que la variante ómicron ha aumentado rápidamente las infecciones por covid, la atención se centra una vez más en los anticuerpos, y con razón.

Los anticuerpos desempeñan un papel fundamental en la lucha contra los virus y son importantes para evitar que el coronavirus infecte nuestras células.

Esta es la razón por la que algunos países han montado campañas de vacunación de refuerzo en respuesta a los recientes aumentos repentinos de covid, con el fin de incrementar los niveles de anticuerpos.

Pero hay un problema. Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de refuerzos.

De hecho, si bien estas inyecciones adicionales mantienen una buena protección contra la covid grave, se estima que las personas que reciben una tercera dosis de la vacuna de Pfizer verán caer su protección contra el desarrollo de síntomas de covid (de cualquier grado) del 75 % al 45 % durante las diez semanas siguientes a su refuerzo.

Los científicos han cuestionado si recargar permanentemente los anticuerpos, solo para verlos disminuir pronto, es una estrategia sostenible.

Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Los anticuerpos son solo una parte de nuestro intrincado y entrelazado sistema inmunológico. Específicamente, tal vez sea hora de que nos concentremos en las células T.

Cómo funcionan las diferentes células inmunitarias

Cuando el cuerpo está infectado, digamos con un virus, responde produciendo glóbulos blancos llamados linfocitos. Los tipos principales de linfocitos son las células B, que producen anticuerpos, y las células T, que apoyan la producción de anticuerpos de células B o actúan como células asesinas para destruir el virus.

Algunas células T y células B también se convierten en células de memoria de larga duración que saben qué hacer si se encuentran con la misma infección nuevamente.

Las células B y las células T “ven” el virus de diferentes maneras.

En términos generales, las células B reconocen las formas en el exterior del virus, creando anticuerpos que se traban o acoplan con ellas (un poco como dos piezas de rompecabezas que coinciden).

Ilustración de anticuerpos (en blanco) uniéndose a las proteínas Spike del virus que causa covid.

Science Photo Library
En esta ilustración se ve a los anticuerpos (en blanco) uniéndose a la proteínas del virus que causa covid.

En cambio, las células T reconocen fragmentos de los aminoácidos que componen el virus, incluyendo fragmentos que normalmente se encuentran en su interior.

Cada virus tiene muchas características únicas, tanto por dentro como por fuera. La respuesta inmune de una persona puede acabar produciendo una variedad de células T y células B que, entre ellas, atacan una amplia gama de esos rasgos.

Esto a veces se llama “amplitud de respuesta“. Una buena amplitud de respuesta involucra a muchos linfocitos diferentes que ven diferentes partes del virus, lo que hace que sea muy difícil para el virus ocultarse completamente.

Ómicron preocupó a muchos investigadores porque una parte clave de su estructura externa a la que se dirigen los anticuerpos, la proteína espiga o spike (en rojo en la primera imagen arriba), tiene muchas mutaciones, lo que reduce la capacidad de los anticuerpos para unirse al virus y neutralizarlo.

Sin embargo, debido a que las células T se enfocan en otras partes del virus, es posible que tales mutaciones no impidan identificarlo.

De hecho, datos preliminares que aún están pendientes de revisión por pares, sugieren que éste es el caso.

Esto es tranquilizador, porque la proteína espiga del virus ha cambiado mucho durante la pandemia, lo que sugiere que siempre podría estar mutando fuera del alcance de los anticuerpos.

Sin embargo, las células T deberían ser menos susceptibles a la mutación viral. Las células T diseñadas para combatir la covid también parecen durar mucho más en el cuerpo humano que los anticuerpos.

Pero, ¿tienen las células T tienen un efecto importante?

Ya sabemos mucho sobre el papel crítico de las células T en otras infecciones virales.

Este conocimiento sugiere que, contra la covid, una buena respuesta de las células T no solo es necesaria para ayudar a las células B a producir anticuerpos, sino que también debería crear células T asesinas que puedan reconocer ampliamente el coronavirus, protegiendo contra múltiples variantes.

Todavía se está recopilando evidencia sobre la covid y las células T. Sin embargo, gradualmente se está volviendo más claro que las células T parecen jugar un papel importante en esta enfermedad.

Una mujer es vacunada contra la covid

Getty Images
Los anticuerpos contra la covid no persisten tan bien, de ahí la necesidad de vacunas de refuerzo.

Se ha demostrado que la generación de células T ampliamente reactivas, que reconocen una variedad de características virales, está asociada a una fuerte respuesta contra la enfermedad.

En particular, la generación de buenas cantidades de células T asesinas ampliamente reactivas parece hacer que la covid sea menos grave.

Por el contrario, una respuesta deficiente de las células T se asocia con peores resultados para los pacientes. De hecho, se ha descubierto que algunas personas que han tenido covid grave tienen defectos persistentes en su respuesta de células T.

Muchos estudios que demuestran la eficacia de las células T en el caso de la covid tienen una característica común: la necesidad de una amplia gama de respuestas, con células T (y células B) que reconozcan múltiples características del virus. Se cree que esta podría ser la clave para experimentar una enfermedad más leve.

Esta amplitud podría incluso extenderse más allá de este coronavirus específicamente. El virus que causa covid es un betacoronavirus, y hay varios betacoronavirus que ya nos infectan, incluidos los que causan el resfriado común.

Las características compartidas entre estos virus que causan el resfriado y la covid pueden significar que las células T que ya teníamos contra el resfriado nos están protegiendo ahora contra la covid. Se están descubriendo indicios de esto tanto en adultos como en niños.

¿Qué significa esto para las vacunas?

Muchas de las vacunas diseñadas hasta la fecha, incluidas las de Moderna, Pfizer y AstraZeneca, se han centrado en un solo objetivo principal del coronavirus: su proteína espiga.

Estas vacunas han sido tremendamente efectivas en la generación de anticuerpos. También estimulan una respuesta de células T a la proteína espiga.

Pero ahora que entendemos más sobre el papel de las células T, la importancia de tener una respuesta amplia de estas células y el problema de la disminución de anticuerpos, tal vez deberíamos considerar reenfocar nuestras estrategias de vacunas y dirigirlas a generar células T y a apuntar a más de una proteína.

Mujer estornudando

Getty Images
Si queremos desarrollar una inmunidad duradera a la covid, tal vez sea el momento de analizar nuevamente nuestra respuesta inmunitaria más amplia.

Hay investigaciones en esta dirección. Se han completado los primeros ensayos clínicos de vacunas que pueden desencadenar respuestas de células T auxiliares y asesinas mucho más reactivas, y varias otras vacunas de células T también están entrando a la etapa de ensayos clínicos.

Estas vacunas de células T podrían ser la clave para fortalecer la inmunidad existente y generar una protección duradera contra síntomas graves generados por variantes del virus que causa covid.

Si esto es así, esas vacunas serían una contribución fundamental para ayudar al mundo a convivir con la covid en forma más segura.

*Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Puedes leer la versión original aquí.

Sheena Cruickshank es profesora de ciencias biomédicas en la Universidad de Manchester en Reino Unido.


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