Un campesino de 73 años relata cómo lo golpearon policías el día del operativo en Oaxaca
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Cuartoscuro Archivo

Un campesino de 73 años relata cómo lo golpearon policías el día del operativo en Oaxaca

El habitante del poblado de Huitzo acusa que policías federales lo golpearon el pasado 19 de junio, el mismo día del operativo en Nochixtlán, aunque no era parte de las protestas.
Cuartoscuro Archivo
Por Paris Martínez
24 de julio, 2016
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V. es un campesino de 73 años, que ha pasado toda su vida en Huitzo, un pueblo que queda a mitad de camino entre la ciudad de Oaxaca y Nochixtlán.

La edad, la vida entera de trabajo en el campo y una operación en la rodilla practicada hace algunos años, obligan a V. a caminar muy lentamente, avanzando apenas unos centímetros en cada paso, siempre encorvado sobre un bastón.

Aún así, V. es un hombre que ama el campo, y por esa razón camina cada día un kilómetro, desde su casa hasta su parcela, ubicada a las afueras del poblado, para alimentar a su “burrito”, y para cultivar alfalfa.

La parcela de V. está a un lado de la caseta carretera de Huitzo, en la cual, el pasado 19 de junio, simpatizantes del movimiento magisterial montaron un bloqueo carretero, con la intención de dificultar el operativo policiaco que en ese mismo momento se realizaba en la localidad vecina de Nochixtlán.

V., sin embargo, no era parte de la manifestación.

“Yo fui a la parcela –narra– para darle de comer al burrito, para cuidar mi alfalfa, porque ya no puedo cultivar otras cosas, ya me canso y no puedo estar mucho tiempo parado. Y la alfalfa no necesita tanto trabajo para crecer”.

Desde su parcela, alrededor de las 9:00 de la mañana, V. se percató de que muchos de sus vecinos comenzaban a congregarse en la caseta carretera, por lo que decidió apurar su faena y volver lo más pronto posible a casa.

Una hora después, alrededor de las 10:00 de la mañana, a la caseta carretera llegó un contingente de la Policía Federal, apoyados con un helicóptero, con la intención de retirar el bloqueo de Huitzo, y al ver a sus vecinos huir de la carretera, V. también emprendió el camino a casa, llevando consigo a su burro, pasito a pasito.

Fue entonces que “pasaron varios policías, unos ocho, venían desde la autopista, gritando cosas a la gente, oí cosas como ‘oaxaqueños frijoleros’, mentando madres, pues, aventando piedras y todo… Y yo, lo único que les dije fue que no hablaran así, porque está mal, ¿o no? ‘Fíjense cómo hablan’, les dije, y con eso nomás se me fueron encima tres policías”.

Un golpe en el rostro echó al anciano de 73 años al suelo, y ahí fue pateado por los tres policías en todo el cuerpo.

Luego, ahuyentaron a su burro y se fueron, no sin antes arrojar lejos el bastón con el que V. camina.

“Se llevaron el bastón –narra, enojado–, les dije todavía yo ‘échenme mi bastón, para que yo camine’, pero qué me lo iban a entregar, lo tiraron por ahí… ‘aprovechados’, les grité… cómo pueden pegarme así”.

Como prueba, V. exhibe su torso, lleno de moretones, su brazo derecho, morado e inflamado, así como los abultamientos detrás de su oreja y en la espalda.

El reporte del examen médico practicado a V. señala que este anciano de 73 años presenta “múltiples lesiones dolorosas a la palpación en la región del cráneo; brazo derecho con inflamación importante en hombro, que le imposibilita el movimiento; dolor a la palpación de toda el área dorsal y lumbar, con agudización en áreas renales; dolor en ambas extremidades inferiores”.

Los policías federales “actuaron como cobardes –señala X., hermana de V.–, ¿cómo pueden pegarle a un hombre grande, con bastón, patearlo en montón? Eso no tiene otro nombre. Eso es de cobardes”.

El operativo en Huitzo

Las siete víctimas mortales que ese día dejó el operativo policiaco en Nochixtlán, la comunidad vecina, restó atención pública a los hechos ocurridos de forma paralela en Huitzo, en donde no hubo muertos ni heridos de bala, pero sí decenas de personas lesionadas por la policía, e intoxicadas por los gases lacrimógenos que se arrojaron contra la población, lo mismo desde posiciones en tierra, que desde el helicóptero que la Policía Federal empleó en estas acciones.

Tal como narran testigos que participaron en los hechos, el bloqueo montado por simpatizantes del movimiento magisterial en Huitzo, el pasado 19 de junio, era custodiado por menos de 30 personas, sin embargo, tal como ocurrió en Nochixtlán, los vecinos de Huitzo salieron en apoyo a los manifestantes, cuando la policía arremetió contra ellos.

“Como a las 7:00 de la mañana nosotros vimos pasar el convoy de camiones de la policía (federal y estatal) con rumbo a Nochitlán –narra el maestro I.–, eran como 25 camiones, y entonces, los vecinos de Huitzo comenzamos a salir a la carretera. Y para las 9:00 de la mañana, decidimos bloquear el paso, para impedir que enviaran más policías desde Oaxaca a reforzar el operativo en Nochixtlán”.

Para ese momento, explica el maestro I., desde Nochixtlán comenzaban a llegar informes de familiares y conocidos, reportando que la Policía Federal estaba disparando con armas de fuego en contra de la población.

“Pero nosotros no teníamos más que piedras para aventarle a los policías, entonces, cuando empezaron a lanzar gas, “la gente entonces se replegó un poco, corrimos hacia las lomas que están junto a la carretera, y los policías se vinieron detrás de nosotros. Afortunadamente no hubo heridos de bala, la policía usó nada más sus toletes, estuvo el forcejeo muy duro, la población indignada resistió bastante, hasta que llegaron los helicópteros, aventando más gas, y entonces sí lograron replegarnos”.

Alrededor de las 11:00 de la mañana, la señora X., la hermana de V., fue avisada de que al anciano lo habían golpeado en su parcela, y que ahí permanecía, lesionado. X. es una señora de edad avanzada también, pero recia, de carácter fuerte.

“Yo estaba aquí en la casa –narra ella– cuando me vinieron a avisar, y no lo pensé dos veces: me subí a la camioneta (una vieja pick up) y me fui a toda velocidad a la parcela. Recogí a mi hermano como pude y no sé ni cómo (por la falta de espacio), pero le di vuelta a la camioneta sobre la misma vereda y me regresé… pero así como arranqué, empezaron a lanzarme bombas de gas desde el helicóptero, ¡parecía una guerra!”

“Yo aceleré lo más que pude, nomás rogando a dios que la camioneta no se me fuera a quedar por los brincos, y entonces me encontré gente que venía también huyendo, y me paré para que se subieran a la camioneta, y más bombas nos aventaban… todo pasó muy rápido, entramos al pueblo, a la zona habitada, y el helicóptero nos siguió, ya sin aventar nada, entonces metí la camioneta a la casa, bajé a mi hermano y a las demás personas, y luego me volví a llevar la camioneta lejos de la casa, por temor a que fueran a volver…”

Durante un recorrido por la parcela de esta familia de campesinos se constató que en distintos puntos del área quedaron los restos de al menos una decena de granadas de gas lacrimógeno.

Entre los matorrales, además, pudo localizarse el bastón arrebatado a V. por sus agresores.

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Northwestern Medicine

Mayra, la primera persona en recibir un trasplante doble de pulmón por COVID-19

Cuando Mayra Ramírez despertó otra vez a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado. Esta es su historia.
Northwestern Medicine
7 de agosto, 2020
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Cuando Mayra Ramírez despertó a mediados de junio tras haber estado sedada y conectada a un respirador por más de 40 días no entendía todavía muy bien qué había pasado.

Estaba en una cama de un hospital de Chicago, conectada a decenas de cables, aparatos y monitores, una escena similar al último recuerdo que tenía, cuando fue ingresada con los síntomas inequívocos de COVID-19 a finales de abril.

Pero las marcas frescas de las cicatrices mostraban que algo había sucedido mientras ella estaba en un coma inducido, en un no-tiempo de inconsciencia y pesadillas recurrentes.

“No fue hasta semanas después de que desperté que me di cuenta de que me habían hecho un trasplante de pulmones el 5 de junio y de que era el primer caso en Estados Unidos que lo recibía como un paciente de coronavirus”, cuenta en entrevista con la BBC.

Los médicos de Ramírez -de 28 años y sin ninguna enfermedad conocida que pudiera agravar su estado- habían visto su salud deteriorarse progresivamente desde que ingresó.

La joven había llegado al hospital con falta de aire, pero unas semanas después sus pulmones ya estaban “como un queso gruyer“.

A inicios de junio, llamaron a la familia en Carolina del Norte para que se despidiera de ella: no le daban dos días de vida.

Pero casi a último minuto los médicos decidieron probar una técnica que, hasta donde se conoce, no se había practicado antes con un paciente de coronavirus en EU.

“Mayra, más allá de la enfermedad, estaba saludable y también es joven, por lo que si éramos capaces de arreglar sus pulmones, todo lo demás debería estar bien”, cuenta a la BBC el cirujano Ankit Bharat, uno de los responsables del trasplante.

Dos días después iniciaron el procedimiento, sin tener ninguna esperanza -o certeza- de cuáles serían los resultados.

El lugar del silencio

Mayra, que es originaria de Carolina de Norte, se había mudado en 2014 a Chicago, donde comenzó a trabajar como asistente legal.

Mantenía una vida saludable: le gustaba correr, viajar y en su tiempo libre solía visitar a sus amigos o su familia o jugar con sus perros.

Cuando la pandemia comenzó a golpear el estado de Illinois, el temor de enfermarse la llevó a reforzar las precauciones: comenzó a trabajar de forma remota y asegura que apenas salía de casa.

Mayra

Northwestern Memorial Hospital
Mayra todavía se recupera de su operación.

Pero en abril comenzó a sentirse inusualmente mal y algunos síntomas recurrentes se mostraron como un mal augurio.

“Es la cosa más difícil por la que he pasado en mi vida. Estaba trabajando desde casa cuando empecé a perder el olfato y el sabor. Estaba muy cansada, me faltaba el aire y no podía caminar grandes distancias”, recuerda.

Contactó con la línea nacional de COVID para seguir sus consejos. Le recomendaron que se aislara en casa y vigilara sus síntomas.

Pero cada día se sentía peor.

“El 26 de abril ya no pude soportar más y fui a emergencias. Tomaron mis signos vitales y mi oxígeno en sangre estaba muy bajo. A los 10 minutos ya me estaban pidiendo que designara a alguien para que pudiera tomar decisiones médicas por mí“, recuerda.

Fue su último recuerdo por más de un mes.

Una cama de hospital

BBC
La joven estuvo en un ventilador por más de un mes.

La joven fue sedada y conectada casi inmediatamente a un respirador y a una máquina ECMO (oxigenación por membrana extracorpórea), un dispositivo que brinda soporte cardíaco y respiratorio.

“Estuve durante seis semanas en el respirador”, dice.

De todo ese tiempo solo recuerda unos malos sueños que todavía la atormentan.

“Durante esas semanas tuve pesadillas que todavía me afectan hoy, mientras todavía sigo tratando de recuperar algunas capacidades mentales y cognitivas”, asegura.

El momento decisivo

Pero luego de un mes y medio en un respirador Mayra no mostraba mejoría y sus pulmones ya mostraban daños irreversibles.

“Entonces fue cuando le dijeron a mis padres que yo tenía un daño pulmonar agudo y les pidieron que vinieran al hospital a decir adiós porque yo no pasaría de la noche”.

El equipo médico del Chicago’s Northwestern Memorial Hospital, sin embargo, decidió tomar una decisión arriesgada: completaron una evaluación urgente, la consultaron con la familia y como último recurso decidieron someterla a un trasplante doble de pulmón.

Era un procedimiento que se había probado antes en países como Austria y China para pacientes de coronavirus, pero no existía referencia hasta ese momento de otro caso similar en EU.

“Inmediatamente después del trasplante su corazón comenzó a bombear sangre de forma correcta a todos los demás órganos”, afirma el doctor Bharat.

“Cuatro semanas después estaba fuera del hospital. Ahora está en casa, hablando bien, con niveles de oxígeno adecuado”, agrega.

Según un comunicado del hospital, el caso de Ramírez y de otro hombre sometido poco tiempo después a una intervención similar muestran que los trasplantes dobles de pulmón pueden ser también una opción para casos críticos de coronavirus.

Para Ramírez, tras la operación, no solo comenzó el largo proceso de la recuperación, en el que ha tenido que aprender a respirar e incluso a caminar de nuevo.

También, dice, ha tenido que lidiar con las profundas cicatrices emocionales y psicológicas que los últimos meses han dejado en su vida.

“Ahora me siento mucho mejor que cuando desperté tras el trasplante. Estuve durante tres semanas en un proceso de rehabilitación que me ha ayudado drásticamente a mejorar mis habilidades físicas, pero todavía estoy tratando luchar con esto desde un punto de vista mental”.

“Es un proceso lento, pero estoy mucho mejor”.

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