Profesionistas cubanos siguen huyendo del país pese a la apertura política con EU
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Profesionistas cubanos siguen huyendo del país pese a la apertura política con EU

Roberto es uno más de los ciudadanos cubanos que buscan huir de su país orillado por la difícil situación económica; su familia y un amigo han reunido 10 mil dólares para que llegue a Estados Unidos y se acoja a la Ley de Ajuste.
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Por Fernando Donate Ochoa
14 de agosto, 2016
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El dedo de Roberto Castillo se desliza por el mapa y muestra una de las posibles rutas que seguirá por Centroamérica cuando salga de Cuba. El destino final será los EstadosUnidos (EU) de Norteamérica donde se acogerá a la Ley de Ajuste para cubanos, que permite a los nacidos en la isla que pisen territorio estadounidense solicitar la residencia legal.

La travesía será difícil y llena de riesgos, pero es la única opción que le queda a Roberto para salir de las carencias económicas y la falta de oportunidades que vive en Cuba.

“Tengo 31 años y soy ingeniero mecánico. Trabajé en la fábrica ’26 de julio’ de implementos agrícolas en Holguín y nunca vi los resultados de mi trabajo”, dice Castillo.

Su salario en la fábrica de 650 pesos al mes (unos 26 dólares americanos) no eran suficientes para sufragar los gastos de alimentación en un país donde la carne de cerdo cuesta 35 pesos la libra (1 dólar con 40 centavos); el arroz, cinco; y el frijol, diez, los principales componentes de la cocina cubana.

También las prendas de vestir son escasas y caras: un pantalón cuesta 500 pesos (20 dólares), una camisa, al igual que un par de zapatos, 300 (12 dólares).

Castillo vive junto a su madre, el padrastro y un hermano menor en una casa de dos cuartos, aún sin terminar de construir. Los materiales de construcción se comercializan a precios prohibitivos para la mayoría de la población. Un saco de cemento puede costar hasta 140 pesos cubanos (alrededor de 6 dólares), la quinta parte de su salario como ingeniero.

“El dinero no alcanza, todo es muy caro, los alimentos, la ropa y los materiales de la construcción”, agrega.

Ante las dificultades, la familia no se quedó de brazos cruzados. Sacaron una licencia como cuentapropistas –trabajadores por cuenta propia—, y desde hace más de dos años tienen una cafetería en el portal de la casa, administrada por el padrastro de Roberto, quien puso el dinero para iniciar.

“Dejé de trabajar con el Estado porque el negocio privado me deja más dinero, un promedio de mil pesos mensuales (40 dólares); pero no es suficiente para resolver nuestras necesidades económicas”, dice Roberto.

Así viven los cubanos a 56 años del bloqueo norteamericano

Calcula que el viaje para salir de Cuba le costará cerca de 10 mil dólares americanos. La cifra incluye el boleto de avión, que tendrá que ser de ida y vuelta para despistar a los agentes de inmigración del primer destino. Los gastos de hospedaje y de transportación hasta México, y el pago a los coyotes completan el total del dinero.

La suma la ha reunido con parte de lo ahorrado por la familia y un préstamo de un amigo que tendrá que reponer con intereses en un plazo de dos años.

Ante la falta de oportunidades para lograr un progreso económico en sus vidas, la familia está de acuerdo en que Roberto utilice los ahorros para el viaje.

“Mi padrastro me convenció para que realizara el trayecto. Desde un inicio él me brindó apoyo material y moral. Mi madre también está de acuerdo, por eso yo no puedo fallar. Del dinero que yo envíe de EU depende el futuro de mis seres queridos”, afirma convencido.

“Aposté todo o nada, la vida es riesgo, y tengo fe que voy a lograrlo”, expresa mientras aprieta con su mano derecha una imagen de la Virgen de la Caridad del Cobre, la patrona de Cuba.

Como parte de los preparativos para el viaje, Roberto Castillo escribió una lista con los países de libre visado para los cubanos, donde incluyó a Rusia y Trinidad y Tobago.

“Pienso que por el Caribe el viaje será más fácil y barato”, dice.

Sabe que la travesía será difícil y tendrá que enfrentarse a obstáculos que comenzarán en los módulos de inmigración del aeropuerto, donde correrá el riesgo de ser denegada su entrada a raíz de los miles de cubanos que quedaron varados en Costa Rica el año pasado y los que están en estos momentos en Quito, Ecuador y Turbo, Colombia.

También ha escuchado las historias sobre los llamados “coyotes”, personas que lo guiarán en todo el viaje por Centroamérica hasta llegar a EU.

“Conozco casos de cubanos que han sido víctimas de estafas y han perdido todo su dinero o han resultado muertos en manos de los coyotes”, afirma.

Pero estas historias no lo detienen en su empeño de lograr una vida mejor que, como cuenta, nunca encontrará en Cuba.

Antes de la reforma migratoria de 2013, el gobierno cubano impedía a sus ciudadanos viajar libremente.

La mayoría de los cubanos salían del país ilegalmente y llegaban a tierras norteamericanas en balsas improvisadas.

La travesía comenzaba por el litoral norte cubano, desde un punto cercano a las costas de la Florida.

Durante el itinerario, algunos lograban su objetivo, pero la mayoría veía frustrado su viaje al ser interceptados en alta mar por la guardia costera norteamericana, o cuando sus balsas recalaban en otros países caribeños. En ambos casos, eran deportados a Cuba.

En el año fiscal 2015, según datos del Centro de Investigación Pew, la Guardia Costera americana detuvo a  tres mil 505 cubanos en el mar, el número más alto de cualquier país.

Por eso, Castillo siempre desechó la idea de alcanzar tierras norteamericanas a través del mar, montado en una balsa.

“Las balsas son un invento rústico y puedo naufragar y morir ahogado; o durante la travesía me puede interceptar una lancha guardacostas y devolverme a Cuba”.

Ahora asegura que tiene todo listo, y que partirá en los próximos días. “Saldré de Holguín en ómnibus hasta la Habana”, dice mostrando el boleto.

A la capital llegará un día antes del vuelo y allí se alojará en el Ulloa, un hotel que está cerca del zoológico de La Habana y que presta su servicio en moneda nacional.

“Este hotel queda muy cerca de una parada de la guagua que me dejará en el aeropuerto”, afirma.

Roberto piensa que pronto se derogará la Ley de Ajuste Cubano a partir del descongelamiento progresivo de las relaciones entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos que inició en diciembre de 2014.

“Un día éramos enemigos y al otro día amanecimos con la noticia del restablecimiento de las relaciones”, cuenta.

En Cuba no mejorarán las cosas aunque se caiga el embargo. Las oportunidades se dan una vez en la vida y esta de salir del país tengo que aprovecharla ahora”, asegura Roberto, un ingeniero cubano que se encuentra por iniciar el viaje más largo de su vida y con el cual busca ayudar económicamente a su familia.

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Qué es el “desvelo en venganza” que practican millones de jóvenes trabajadores en China

Para muchos trabajadores jóvenes chinos el tiempo libre es más importante que el sueño después de sus largas jornadas de trabajo, aunque saben que esto no es saludable. ¿Qué impulsa este comportamiento?
7 de diciembre, 2020
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Trabajadora en China

Getty Images
Muchos empleados en China trabajan el notorio “horario 996”: desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Emma Rao pasó casi tres años en el notorio “horario 996” en China: trabajando desde las 9 de la mañana hasta las 9 de la noche, 6 días a la semana.

Rao, que es originaria de Nanjing, se mudó al centro financiero de Shanghái hace unos cinco años para trabajar para una compañía farmacéutica multinacional.

El trabajo rápidamente se apoderó de su vida.

“Estaba casi deprimida”, dice. “Me privaron de toda mi vida personal”.

Después de su turno, que a veces incluía horas extra, tenía una pequeña ventana para comer, ducharse e irse a la cama, pero sacrificó el sueño para ganar algo de tiempo personal.

A menudo, Rao navegaba por internet, leía las noticias y miraba videos en línea hasta bien pasada la medianoche.

Tiempo propio a costa de la salud

Rao estaba haciendo lo que los chinos han llamado “bàofùxìng áoyè”, o “procrastinación a la hora de dormir”.

La frase, que también podría traducirse como “la venganza de quedarse despierto hasta tarde”, se difundió rápidamente en Twitter en junio tras una publicación de la periodista Daphne K Lee.

Ella describió el fenómeno como cuando “las personas que no tienen mucho control sobre su vida diurna se niegan a dormir temprano para recuperar algo de libertad durante las horas de la noche”.

Su publicación claramente tocó un punto sensible.

Con más de 4.500 “Me gusta” en Twitter, Kenneth Kwok escribió: “Típico de 8 a 8 en la oficina, (para cuando) llego a casa después de la cena y me ducho son las 10 pm. Repite la misma rutina. Se necesitan unas pocas horas de ‘tiempo propio’ para sobrevivir”.

No está claro de dónde proviene este término.

La primera mención que encontré fue en un blog con fecha de noviembre de 2018, aunque sus orígenes probablemente sean anteriores a esto.

El autor de la publicación, un hombre de la provincia de Guangdong, escribió que durante la jornada laboral él “le pertenecía a otra persona” y que solo podía “encontrarse a sí mismo” cuando llegaba a casa y podía acostarse.

Esta venganza de postergar la hora de dormir es triste, escribió, porque su salud está sufriendo, pero también es “genial” porque ha obtenido un poco de libertad.

Es posible que la frase se haya popularizado en China, pero el fenómeno que describe probablemente está más extendido, con trabajadores agobiados en todo el mundo que posponen la hora de acostarse para reclamar un valioso tiempo personal, aunque saben que no es bueno para ellos.

Límites borrosos

Los expertos han advertido durante mucho tiempo que la falta de sueño es una epidemia mundial de salud pública a la que no se presta atención.

La Encuesta Global del Sueño de Phillips de 2019, que recibió más de 11.000 respuestas de 12 países, mostró que el 62% de los adultos en todo el mundo sienten que no duermen lo suficiente, con un promedio de 6,8 horas en una noche entre semana en comparación con la cantidad recomendada de ocho horas.

Las personas citaron varias razones de este déficit, incluido el estrés y su entorno para dormir, pero el 37% culpó a su agitado horario de trabajo o escuela.

En China, una encuesta nacional realizada en 2018 mostró que el 60% de las personas nacidas después de 1990 no dormían lo suficiente y que las que vivían en las ciudades más grandes eran las que más sufrían.

Las empresas tecnológicas que crearon la cultura 996 suelen tener su sede en las grandes ciudades y sus prácticas laborales han influido en otros sectores.

Un informe reciente de la emisora estatal CCTV y la Oficina Nacional de Estadísticas indicó que el empleado chino promedio solo pasaba 2,42 horas por día fuera del trabajo o dormido, 25 minutos menos que el año anterior.

Gu Bing, un directora creativa de 33 años de una agencia digital en Shanghái, a menudo trabaja hasta tarde y dice que rara vez se va a dormir antes de las 2 am.

“Aunque estoy cansada al día siguiente, no quiero dormir temprano”, señala.

A Gu le encantaba acostarse tarde cuando tenía 20 años, pero ha comenzado a pensar en adoptar hábitos de sueño más “normales”.

Sin embargo, sus amigos también suelen estar despiertos a mitad de la noche.

“Realmente necesito ese tiempo. Quiero estar sana pero ellos (sus empleadores) me han robado el tiempo. Quiero recuperar mi tiempo”.

Dejando a un lado las largas horas en la oficina, otra parte del problema es que los patrones de trabajo modernos significan que a las personas les resulta más difícil trazar límites entre el trabajo y el hogar, dice Ciara Kelly, profesora de psicología del trabajo de la Escuela de Administración de la Universidad de Sheffield.

Los correos electrónicos y la mensajería instantánea significan que los empleadores siempre pueden estar en contacto.

“Esto puede hacer que sintamos que estamos ‘siempre en el trabajo’, porque el trabajo puede llamarnos en cualquier momento”, dice.

Jimmy Mo, de 28 años, analista de una empresa de desarrollo de videojuegos en la metrópoli sureña de Guangzhou, ha descubierto que combinar su pasión por los videojuegos con el trabajo es una espada de doble filo.

“El trabajo también es mi hobby. Me encanta sacrificar mi tiempo libre por esto”, dice, y explica que debe jugar diferentes juegos después del trabajo, y también tomar clases en línea para mejorar sus habilidades profesionales.

También tiene pasatiempos como el yoga y el canto. Poder hacer todo significa que Mo no suele acostarse hasta las 2 am.

Sabe que esta falta de sueño puede exacerbar un trastorno de salud que tiene, y que dormir más podría hacerlo más saludable y feliz, pero dice que siente la presión de sus compañeros para hacer y lograr más.

Un círculo vicioso”

Aunque a la gente le puede molestar que el trabajo exprima su tiempo libre, reducir el sueño probablemente no sea la mejor “represalia”.

La falta de sueño, especialmente a largo plazo, puede provocar una serie de efectos nocivos, tanto mentales como físicos.

En el libro de Matthew Walker “Why We Sleep: Unlocking the Power of Sleep and Dreams”, el neurocientífico es contundente: “cuanto más breve es tu sueño, más corta es tu vida”.

Y la gente, en general, lo sabe: todos los entrevistados para este artículo sentían que sus patrones de sueño no eran saludables, pero aun así se quedaban despiertos hasta tarde en la noche.

La psicología puede explicar la razón por la que las personas optarían por aprovechar este tiempo libre incluso a expensas del sueño.

Una creciente evidencia apunta a la importancia del tiempo libre alejado de la presión laboral; la falta de separación puede provocar estrés, reducción del bienestar y agotamiento.

“Una de las partes más importantes de la recuperación del trabajo es el sueño. Sin embargo, el sueño se ve afectado por la forma como logramos separamos del trabajo”, dice Kelly, de la Universidad de Sheffield.

Es importante, explica, tener tiempo libre cuando podemos distanciarnos mentalmente del trabajo, lo que explicaría por qué las personas están dispuestas a sacrificar el sueño por el ocio después del trabajo.

“Las personas se quedan atrapadas en un círculo vicioso cuando no tienen tiempo para separarse de su trabajo antes de irse a dormir, y es probable que esto afecte negativamente a su sueño”, señala Kelly.

La verdadera solución, sugiere, es garantizar que las personas tengan tiempo para participar en actividades que proporcionen este desapego. Sin embargo, esto a menudo no es algo que los empleados puedan lograr por sí mismos.

Heejung Chung, sociólogo laboral de la Universidad de Kent y defensor de una mayor flexibilidad en el lugar de trabajo, considera que la práctica de retrasar el sueño es culpa de los empleadores.

Abordar el problema beneficiaría a los trabajadores, pero también ayudaría a garantizar un “lugar de trabajo saludable y eficiente”, señala.

“En realidad, es una medida de productividad”, explica. “Necesitas ese tiempo para relajarte. Los trabajadores necesitan hacer otras cosas además del trabajo. Es un comportamiento arriesgado hacer solo una cosa”.

Trabajador en China

Getty Images
En algunos casos, el trabajo desde casa debido a la pandemia ha difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Mayor flexibilidad

Desde la pandemia, empresas de muchos países han implementado políticas de trabajo desde casa, lo cual ha significado una mayor flexibilidad en la vida laboral pero también, en algunos casos, difuminando aún más las fronteras ya débiles entre el trabajo y el hogar.

Todavía no está claro cómo esto podría afectar el tipo de cultura laboral donde los empleados tienen que evitar el sueño para recuperar algo de tiempo libre.

Chung dice que un cambio genuino requiere un giro institucional en muchas empresas.

“Es difícil para las personas reaccionar (a su situación laboral)”, señala.

Pero aconseja a los empleados que hablen con sus colegas y se acerquen colectivamente a su jefe, con pruebas, si quieren pedir un cambio.

Sin embargo, esto podría no estar disponible en China.

De hecho, los informes sugieren que las empresas se están atrincherando aún más en lo que se se trata de horas extras mientras intentan recuperarse de las pérdidas causadas por covid-19.

Krista Pederson, consultora que trabaja con multinacionales y corporaciones chinas de Pekín, dice que ha observado esta tendencia.

Las empresas chinas consideran que su cultura laboral tiene ventajas frente a los mercados como Estados Unidos o Europa, donde la gente tiende a trabajar menos horas: “saben que tienen trabajadores dedicados que son despiadados y que harán lo que sea necesario para salir adelante, incluido trabajar todo el tiempo”, asegura.

Con una cultura laboral tan exigente, los empleados seguirán abordando el problema de una manera que les funcione.

A pesar trabajar sin descanso, Gu Bing ama su trabajo y acepta que le roben su tiempo libre.

“A veces, creo que la noche es perfecta, incluso hermosa”, señala. “Mis amigos y yo conversamos por la noche y a veces escribimos canciones juntos. Es tranquilo y calmado”.

Y existe la opción, para los afortunados, de conseguir otro trabajo, que es lo que hizo Emma Rao, cambiando finalmente su trabajo 996 por uno un poco menos exigente.

Sin embargo, Rao ha descubierto que es difícil deshacerse de los viejos hábitos.

“Es una venganza”, dice sobre su hora de acostarse tarde. “Para recuperar algo de tiempo para ti”.


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