Homicidios en México: estas son las 50 ciudades con mayor y menor número de asesinatos
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Homicidios en México: estas son las 50 ciudades con mayor y menor número de asesinatos

Colima y Guerrero concentran siete de las ciudades mexicanas con las tasas más altas de homicidio; en contraste Nayarit e Hidalgo tienen a 4 de las 5 ciudades con el menor índice de asesinatos.
Cuartoscuro
Por Arturo Angel
29 de septiembre, 2016
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Tecoman, Manzanillo y Acapulco son las tres ciudades mexicanas con más de cien mil habitantes con la tasa más alta de homicidios en el país. El nivel de violencia en 2016 en esos municipios es tal que, en promedio, una de cada mil personas ha sido asesinada.

A nivel nacional la tasa de homicidios dolosos al concluir el 2016 será de 15 casos aproximadamente; en estas tres ciudades la tasa supera los 100 asesinatos.

A partir del trabajo estadístico de Data4, sustentado en cifras del Sistema Nacional de Seguridad Pública y el Consejo Nacional de Población (Conapo), Animal Político pudo identificar las 50  localidades con más de cien mil habitantes del país que tienen la mayor tasa de homicidios y las 50 que cuentan con el menor nivel.

En el caso de las más violentas, el cuarto lugar lo ocupa Iguala, Guerrero, con una tasa de 95 homicidios dolosos por cada cien mil habitantes; le siguen Chilpancingo con una tasa de 82 asesinatos, y Zihuatanejo con un promedio de 76 crímenes.

En séptimo sitio se encuentra Colima, Colima, con una tasa de 75 asesinatos por cada cien mil habitantes; le sigue Apatzingán, Michoacán, como 75 casos; Chilapa de Álvarez, Guerrero, con una tasa de 73 homicidios en promedio.

El “Top Ten” de las ciudades más violentas del país lo completa Zamora, Michoacán, con una tasa de 71 homicidios por cien mil habitantes.

Las otras 40 ciudades que se ubican entre las 50 con mayor nivel de homicidio registran tasas de homicidio que van de los 20 a los 65 crímenes por cada cien mil habitantes.

Guerrero y Veracruz son los estados con más ciudades en el listado de las 50 más violentas con seis cada una, aunque los municipios de Veracruz están por debajo de la posición 20.

Hay otros 15 estados con al menos una ciudad dentro de las 50 más violentas. En el caso del Estado de México figuran dos municipios: Tlalnepantla con 23 homicidios por cien mil habitantes y Zumpango con 22 en promedio.

La Ciudad de México aparece con una delegación entre las 50 localidades con cien mil habitantes más violentas. Se trata de Cuauhtémoc que cerrará 2016 con una tasa de 21 homicidios, esa cifra duplica a la de Iztapalapa que aun cuando tiene un mayor número de averiguaciones por homicidio, su número de habitantes genera una tasa de 10 asesinatos, incluso por debajo de la media nacional.

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Las 50 menos violentas

En contraste, en México hay dos ciudades que aun cuando tienen más de cien mil habitantes no registran homicidios según los datos oficiales y por lo tanto, su tasa de asesinatos es de cero. Se trata de Santiago Ixcuintla, Nayarit, y Tula de Allende, Hidalgo.

A esto se suma tres ciudades que aun cuando han registrado algún crimen en su territorio, su tasa de homicidios es inferior a un asesinato por cada cien mil habitantes. Se trata de Metepec, Esyado de México, con una tasa de 0.63 asesinatos; Mineral de la Reforma con una tasa de 0.87 casos; y Bahía de Banderas con 0.92.

En la sexta posición de las ciudades más seguras se encuentra San Felipe del Progreso, Estado de México, con una tasa de 1.05 homicidios por cada cien mil habitantes. Le sigue Huejutla de Reyes, Hidalgo, con 1.17 casos e Hidalgo del Parral, Chihuahua, con una tasa de 1.28 homicidios.

El Top Ten de las ciudades más seguras lo cierra Aguascalientes, Aguascalientes, que en 2016 tiene una tasa anualizada de 2.5 homicidios por cada cien mil habitantes.

En total, entre los 50 municipios con más de cien mil habitantes que tienen las tasas más bajas de homicidios, hay ocho del estado de México incluyendo su capital Toluca. También hay cinco de Chiapas y cinco delegaciones de la Ciudad de México: Coyoacán, Tlalpan, Cuajimalpa, Magdalena Contreras y Benito Juárez.

Destaca el caso de Puebla, que aun cuando cerrará 2016 con  al menos 37 homicidios, estos representan una tasa de cinco casos por cien mil habitantes pues en la capital poblana vive más de un millón de personas.

Todas las ciudades de este listado tienen una tasa de homicidios que va de cero hasta seis casos pro cien mil habitantes. Es decir, su nivel de homicidios no llega ni a la mitad de la tasa nacional anualizada que es de 15 casos.

Hay doce estados del país que registran por lo menos una ciudad dentro de las 50 más seguras: Se trata de Nayarit, Hidalgo, Aguascalientes, Coahuila, Chiapas, Yucatán, Durango, Querétaro, Puebla, San Luis Potosí, Nuevo León y Quintana Roo.

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¿Y la nueva estrategia?

El 30 de agosto el gobierno federal anunció una nueva estrategia especial que se desplegaría en 50 municipios que concentran más del 40 por ciento de todos los homicidios cometidos en lo que va del año. Hasta ahora no se ha detallado con precisión en qué consistirá este nuevo plan y cuándo comenzará a funcionar.

El gobierno federal no ponderó las tasas de asesinato sino que tomó en cuenta los 50 municipios con mayor número de averiguaciones previas por homicidio doloso. Dicha lista, solo incluye 23 de los 50 municipios con más de cien mil habitantes que tienen las tasas más altas de homicidio.

Además, Data 4 documentó que si se toman en cuenta las tasas de homicidios de los más de dos mil 400  municipios sin separar a los que tengan menos de cien mil habitantes, en realidad solo cinco entrarían en la estrategia federal anunciada: Acapulco, Manzanillo, Tecomán, Iguala y Guadalupe Calvo.

La metodología

Para conocer la frecuencia real de asesinatos entre municipios, Data 4 calculó las tasas de crímenes por cien mil habitantes con los datos del SNSP y del Consejo Nacional de Población CONAPO. Las tasas se anualizaron, es decir, se hizo una proyección de los homicidios con que cerrará cada localidad a partir de la tendencia que mostraron de enero a agosto.

A continuación se muestra el listado de los municipios. Animal Político tomo en cuenta  localidades con más de cien mil habitantes.

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Cómo se forman los huracanes y por qué son tan frecuentes en México, Estados Unidos y el Caribe

La explicación científica es apasionante y te ayudamos a entenderlo con mapas, gráficos e imágenes satelitales.
30 de agosto, 2021
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Los huracanes son las tormentas más grandes y violentas del planeta.

Cada año, entre los meses de junio y noviembre, azotan la zona del Caribe, el golfo de México y la costa este de Estados Unidos, en algunas ocasiones arrasando con edificios y poblaciones.

Sus homólogos son los tifones, que afectan al noroeste del océano Pacífico, y los ciclones, que lo hacen al sur del Pacífico y el océano Índico.

Zonas donde se forman ciclones tropicales

BBC

Todos son ciclones tropicales, pero el nombre “huracán” se usa exclusivamente para los del Atlántico norte y del noreste del Pacífico.

Pero, ¿cómo se forman y por qué suelen afectar a esta zona del mundo?

Huracanes, bombas de energía

El mecanismo más común de formación de huracanes en el Atlántico — que provoca más del 60% de estos fenómenos — es una onda tropical.

La onda empieza como una perturbación atmosférica que crea un área de relativa baja presión.

Suele generarse en África Oriental a partir de mediados de julio.

Si encuentra las condiciones adecuadas para mantenerse o desarrollarse, esta área de baja presión empieza a moverse de este a oeste, con la ayuda de los vientos alisios.

Origen de la onda tropical y los vientos globales

BBC

Cuando llega al océano Atlántico, la onda tropical puede ser el germen de un huracán, pero para que este se forme necesita fuentes de energía, como el calor y el viento adecuado.

En concreto, es necesario que la superficie del agua esté por encima de los 27ºC y que haya una capa espesa de agua caliente en el océano.

También tiene que haber, por un lado, vientos con un giro horizontal para que la tormenta se concentre. Por el otro, vientos que mantengan su fuerza y velocidad constante a medida que suben desde la superficie del océano.

Si hay cortante de viento, o variaciones del viento con la altura, esto puede interrumpir el flujo de calor y humedad que hace que el huracán se forme.

Además, tiene que haber una concentración de nubes cargadas de agua y una humedad relativa alta presente en la atmósfera.

Ingredientes para un huracán

BBC

Todo esto tiene que ocurrir en las latitudes adecuadas, en general entre los paralelos 10° y 30° del hemisferio norte, ya que aquí el efecto de la rotación de la Tierra hace que los vientos puedan converger y ascender alrededor del área de baja presión.

Cuando la onda tropical encuentra todos estos ingredientes, se crea un área de unos 50-100 km, donde empiezan a interactuar.

“El movimiento de la onda tropical funciona como el disparador de esa tormenta”, explica a BBC Mundo Jorge Zavala Hidalgo, coordinador general del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Y es esta tormenta la que hace de catalizador: empieza el baile de calor, aire y agua.

El área de baja presión hace que el aire húmedo y caliente que viene del océano suba y se enfríe, lo que alimenta las nubes.

La condensación de este aire libera calor y provoca que la presión sobre la superficie del océano baje aún más, lo que atrae más humedad del océano, engrosando la tormenta.

Los vientos convergen y ascienden dentro de este área de baja presión, girando en dirección contraria a las agujas del reloj — por influencia de la rotación de la Tierra — y dando a los huracanes esa imagen tan característica.

A medida que la tormenta se hace más poderosa, el ojo del huracán — el área central de hasta 10 km — permanece relativamente tranquilo.

A su alrededor se levanta la pared del ojo, compuesta de nubes densas donde se localizan los vientos más intensos.

Más allá, están las bandas nubosas en forma de espiral, donde hay más lluvias.

La velocidad de los vientos es la que determina en qué momento podemos llamar a este fenómeno “huracán”: en su nacimiento es una depresión tropical, cuando aumenta de fuerza pasa a ser una tormenta tropical y se convierte en huracán cuando pasa de los 118 km por hora.

Pasos de depresión a ciclón tropical

BBC

A partir de ahí, se suelen clasificar en cinco categorías según la velocidad sostenida del viento. En el Atlántico, se usa la escala de vientos Saffir-Simpson para medir su poder destructivo.

Tal es su fuerza que los vientos de un huracán podrían producir la misma energía que casi la mitad de la capacidad de generación eléctrica del mundo entero, según la Administración Nacional de Océanos y de la Atmósfera de Estados Unidos (NOOA, por sus siglas en inglés).

Escala de vientos Saffir-Simpson

BBC

Sin embargo, no es el viento sino la marejada y las inundaciones que provoca la lluvia que descarga el huracán las que generalmente causan la mayor destrucción y pérdida de vidas.

En Estados Unidos, por ejemplo, la marejada provocada por ciclones tropicales en el Atlántico fue responsable de casi la mitad de muertes entre 1963 y 2012, según datos de la Sociedad Americana de Meteorología (AMS, por sus siglas en inglés).

Además de estos factores, la destrucción causada por un huracán va a depender de otras circunstancias, como la velocidad a la que pasa, la geografía del territorio y la infraestructura de la zona afectada.

Mujer en su casa inundada

Getty Images
“Amanda” y “Cristóbal” no llegaron a ser huracanes pero dejaron lluvias extraordinarias y mucha destrucción en México y Guatemala en mayo de 2020.

“No necesariamente el daño o el peligro asociado a un ciclón tropical corresponde a su categoría. Por ejemplo, el ciclón de mayor categoría no tiene por qué tener asociada más precipitación”, dice Jorge Zavala Hidalgo a BBC Mundo.

México, Estados Unidos y el Caribe: las zonas más vulnerables

Uno de los factores que explica que esta parte del mundo sea propensa a los huracanes es que el océano Atlántico, en las latitudes tropicales, tiene la temperatura adecuada para su formación durante más meses al año.

Otro es el movimiento de las grandes corrientes de vientos que empujan a los huracanes.

Los vientos alisios — las corrientes de vientos globales en el trópico — van de este a oeste llevándolos hacia las costas del Caribe, el Golfo de México y el sur de Estados Unidos.

El recorrido de estos vientos también está influenciado por la rotación de la Tierra — el llamado efecto Coriolis — que hace que tiendan a desviarse hacia el norte.

Recorrido de los huracanes en el Atlántico norte en 2019

Wiki Project Tropical Cyclones/Tracks/Nasa/Xyklone
Los huracanes que se formaron en el Atlántico norte durante el 2019 siguieron distintos recorridos según las corrientes globales de viento u otros fenómenos – como los anticiclones – que encontraban en su camino.

En el Atlántico, mientras los huracanes avanzan se desvían levemente hacia el norte; y al superar aproximadamente los 30°N, suelen encontrase con los vientos del oeste, otra de las grandes corrientes globales, que hacen que se curven hacia el este.

En su camino van a toparse con el anticiclón de Bermudas-Azores que va a determinar si se dirigen hacia el Golfo de México o hacia Estados Unidos.

Los anticiclones son regiones de alta presión atmosférica con aire más seco, menos nubes y vientos que giran en la dirección de las agujas del reloj en el hemisferio norte.

El anticiclón de Bermudas actúa como un obstáculo y si los huracanes quieren avanzar tienen que bordearlo. Por este motivo, el tamaño y la posición del anticiclón puede determinar hacia dónde va un ciclón tropical.

Gráfico de localización del anticiclón de Bermudas-Azores

BBC

Si es débil y está más posicionado hacia el este, los huracanes lo rodean y siguen hacia el norte, alejándose del Caribe.

Por lo contrario, si es más fuerte y se encuentra al suroeste, un ciclón tropical puede dirigirse hacia el Golfo de México o hacia Florida.

La posición del anticiclón cambia según el año, las estaciones y puede variar en cuestión de días.

“A causa de esas variaciones, un huracán puede seguir una trayectoria muy distinta hoy que otro que pasa tres o cinco días después”, explica Jorge Zavala Hidalgo, del Servicio Meteorológico Nacional de México.

Siguiendo la misma lógica, los anticiclones y otras masas de aire son responsables de que un huracán se recurve hacia el oeste, como pasó en 2012 con el huracán Sandy, por ejemplo.

Huracán Sandy en Nueva York

Getty Images
En su camino hacia el norte, el huracán Sandy (2012) se curvó azotando las costas de Nueva York y Nueva Inglaterra, en Estados Unidos.

Después de tocar tierra en Cuba, Sandy empezó a desplazarse hacia el noreste, pero un anticiclón en Groenlandia y un frente frío bloquearon su camino. Eso provocó que Sandy retrocediera hacia la costa este de Estados Unidos, causando destrucción en Nueva York y Nueva Jersey.

En el Pacífico Este, a pesar de que es una zona más activa que el Atlántico Norte, tocan tierra menos huracanes.

“Lo que sucede es que esas tormentas suelen dirigirse hacia el oeste o noroeste. Algunas pueden retroceder hacia las costas de México si los vientos son los adecuados, pero la mayoría se dirigen a latitudes más altas, encuentran aguas más frías y desaparecen”, dice a BBC Mundo Gary M. Barnes, profesor retirado de la Universidad de Hawái, Estados Unidos.

Por qué casi no vemos en Sudamérica

Si bien la parte norte del Atlántico puede ofrecer las condiciones ideales para la formación de huracanes, no ocurre lo mismo bajo la línea del Ecuador.

“El Atlántico Sur es más tranquilo porque no hay onda tropical — es un fenómeno más común en el hemisferio norte — y hay más variaciones en la velocidad y en la dirección del viento, algo que inhibe la formación de huracanes”, explica Barnes.

Simulación de todos los huracanes entre 1985 y 2015

NASA
El efecto Coriolis es demasiado débil en la línea del Ecuador para que los vientos giren y formen huracanes.

Además, los ciclones tropicales normalmente no se forman si no están al menos a unos 500 kilómetros del Ecuador, ya que el efecto Coriolis es demasiado débil para hacer que los vientos giren y formen un huracán.

Aunque es un fenómeno que pasa con poquísima frecuencia en Sudamérica, sí se han registrado huracanes en las costas del sur de Brasil.

En 2004, el ciclón tropical Catarina dejó 11 muertos y más de 30.000 personas desplazadas.

¿Y cómo puede impactar el cambio climático?

“El cambio climático provoca que la temperatura de la superficie del océano y la capa gruesa sean más calientes y eso es un problema. Tenemos teorías que dicen que si el océano es más cálido eso puede traducirse en tormentas más fuertes e intensas.”, dice el meteorólogo Gary M. Barnes.

Hay indicaciones de que las áreas en que un ciclón encuentra condiciones para mantenerse y sobrevivir se están extendiendo con el paso del tiempo, según Jorge Hidalgo, coordinador del Servicio Meteorológico Nacional de México.

“Quizás el número de ciclones no aumente pero la distribución de categorías puede cambiar. Es decir, que haya más huracanes de categoría mayor y menos de categoría menor”, añade Zavala.

Los científicos coinciden, ,sin embargo, en que es muy pronto para medir el impacto del cambio climático en la formación y avance de los huracanes.

“Es probable que las tormentas se intensifiquen muy poco a poco, pero vamos a necesitar muchísima data para probar que el calentamiento global va a provocar huracanes más fuertes. En 25 años puede que tengamos evidencias”, concluye Barnes.

Agradecimiento a José Manuel Gálvez, meteorólogo del la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA).


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