A Benjamín se lo llevó la seguridad privada de un rave, y desde entonces está desaparecido
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Especial

A Benjamín se lo llevó la seguridad privada de un rave, y desde entonces está desaparecido

La empresa Ommix responsable del concierto rave no ha querido esclarecer lo que ocurrió con Benjamín ni quién fue el responsable de la seguridad privada esa noche.
Especial
Por Paris Martínez
3 de octubre, 2016
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Benjamín Ulises volvió a su casa, en Ecatepec, el 10 de julio de 2013, luego de pasar varios meses en Colima, desarrollando las labores de soldador que dominaba, pese a su corta edad, apenas 19 años.

”Él estuvo conmigo sólo 17 días”, narra Mónica, su mamá, hasta el día 27 de julio, cuando “a él lo invitan a una fiesta de música electrónica, de las llamadas ‘rave’, y ahí desapareció.”

Benjamín, junto con seis primos, acudió el 27 de julio de 2013 al noveno Festival Atmosphere, organizado por la empresa Ommix, realizado en la ex hacienda de San Antonio Xala, en Hidalgo, y luego de ingresar al lugar, su rastro se desvaneció.

“Sus primos dejaron de verlo alrededor de las 4 de la mañana del 28 de julio, mientras la fiesta continuaba –narra la señora Mónica–. Ellos lo dejan de ver, pero no lo buscan, y yo me entero que lo perdieron hasta la noche del 28 de julio, cuando los muchachos volvieron de Hidalgo.”

Aunque la Procuraduría de Hidalgo inició una averiguación previa por la desaparición de Benjamín, “hasta la fecha no hay ningún resultado, porque las autoridades saben todo lo que ocurre en esas fiestas, saben que son organizadas por gente ligada al crimen organizado, saben que esas fiestas son organizadas para vender drogas a montones, pero no les interesa hacer nada.”

Las únicas pistas de lo que ocurrió con Benjamín, lamenta la señora Mónica, fueron encontradas por ella misma, a partir de investigaciones propias.

“Hacia finales de 2013 apareció en YouTube un video de unos segundos, tomado dentro del festival Atmosphere. En ese video se ve a mi hijo, cuando está siendo golpeado por varias personas, y se ve cómo llega personal de seguridad privada (con chalecos, radios y un tolete), y se lo llevan.”

El video, subraya la señora Mónica, apareció en YouTube de forma misteriosa, fue montado por un usuario que no proporcionaba ninguna información sobre su identidad, y abarca exclusivamente el momento en el que Benjamín es golpeado y luego inmovilizado por el personal de seguridad privada, que lo alejan del punto desde donde el video es tomado.

“Ese video sólo estuvo unos días en YouTube, y luego desapareció –advierte Mónica–. Nosotros pudimos descargarlo y mostrárselo a la PGR, y sus peritos pudieron analizarlo y concluyeron que, efectivamente, el joven al que golpean es mi hijo Benjamín.”

Sin embargo, no pudo determinarse quién montó ese video en internet, pero es evidente, subraya, que quien lo hizo tenía la intención de mostrar exclusivamente el momento en que Bejamín es golpeado.

La siguiente pista, narra Mónica, llegó después a través de Facebook, en donde ella abrió un perfil de usuario, con el fin exclusivo de pedir ayuda a través de redes sociales para dar con el paradero de Benjamín.

“Lo reportamos como desaparecido, y poco después nos llegaron mensajes de Facebook de gente que estuvo en el rave, es gente que no se identifica, pero que me dice que a Benjamín lo golpearon los de seguridad privada, que lo golpearon de una manera muy fea, hasta dejarlo inconsciente.”

Eso, lamenta, “es lo único que tengo yo como línea de investigación”.

–¿Es posible saber qué empresa brindó la seguridad privada en ese evento? –se pregunta a la mamá de Benjamín.

–Desgraciadamente, estos eventos son semiclandestinos. Por ejemplo: para el festival Atmosphere 2013, los organizadores obtuvieron permiso de la alcaldía de Pachuca. Sin embargo, hasta la fecha ni la PGR, ni la Procuraduría de Hidalgo, ni la del Estado de México, que también tiene una investigación, han logrado definir quién es el representante de la supuesta empresa Ommix, que es como se presentan los que realizan este rave cada año. Por lo mismo, tampoco se sabe qué empresa o grupo dio el servicio de seguridad privada.

Eso no es todo: en el permiso emitido por las autoridades municipales en 2013, se establecía que durante el evento habría permanentemente seguridad pública, policías, fuera del lugar, “pero eso no se cumplió, según los testimonios de asistentes que yo he recabado, incluidos los de mis sobrinos.

Tampoco hubo ambulancias, como señalaba la autorización. Es decir, no había ninguna autoridad garantizando la seguridad de los asistentes, ni nadie para ayudarlos en caso de que requirieran ayuda. Así desapareció mi hijo. Y este es un problema que se ha repetido: luego de que denuncié la desaparición de Benjamín en 2013, el festival Atmosphere se fue de Hidalgo y se lo trajeron al Estado de México.”

Paradójicamente, denunció la mamá de Benjamín, por un lado la Procuraduría del Estado de México le dice que no han logrado determinar quién está detrás de Ommix, y por el otro, autoridades municipales de la entidad les extienden permisos para realizar fiestas de música electrónica.

Y nuevamente, lamentó, “en los siguientes festivales realizados aquí (en el Estado de México), tampoco ha habido ni seguridad pública ni ambulancias para atender a los muchachos. Y eso lo sé porque yo he ido, cada vez desde que desapareció Benjamín, para investigar la forma en la que estos festivales operan”.

–Y, ¿cómo operan?

–Los organizan en lugares muy alejados, en donde no pueda haber personas ajenas. A los muchachos les quitan en la entrada todo lo que llevan, les quitan los cigarros, las cervezas, incluso las drogas, sólo les dejan el dinero. Y ya que entran, les venden todo otra vez, los cigarros, el alcohol, las drogas, las que les quitaron en la entrada, y otras distribuidas por los mismos organizadores. Y si los muchachos o las chicas abusan, no hay nadie que pueda auxiliarlos, aunque ahí debería haber auxilios médicos, máxime cuando son niños y niñas.

Mónica habla, mientras sostiene a su lado la ficha de búsqueda de su hijo, en la que se ofrece una recompensa gubernamental de 3 millones de pesos, para quien proporcione información que permita localizarlo.

“Benjamín es un chico trabajador, estuvo trabajando muchos meses en Colima, y cuando volvió, él me dijo ‘mamá, no me vuelvo a ir, no me gusta estar solo”.

De ahí la urgencia por encontrarlo.

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Elecciones en Brasil: 3 claves para entender el áspero duelo entre Bolsonaro y Lula da Silva

La mayor democracia de la región celebra este domingo unos comicios marcados por la extrema polarización y las dudas sobre cómo reaccionaría el presidente ante una posible derrota.
2 de octubre, 2022
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A primera vista, las elecciones de este domingo en Brasil pueden parecer una típica disputa latinoamericana por votos entre la derecha y la izquierda política.

Sin embargo, este duelo electoral que tiene como protagonistas al presidente brasileño de ultraderecha, Jair Bolsonaro, y al expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva es especial por donde se lo analice.

Las últimas encuestas colocan a Lula como líder en las intenciones de voto, con una ventaja de entre seis y 14 puntos sobre Bolsonaro. Algunas dejan abierta la posibilidad de que gane la presidencia en esta primera vuelta, sin tener que ir a un balotaje el 30 de octubre.

Pero la dureza de la lucha electoral, el ánimo de los votantes y, sobre todo, las dudas sobre cómo actuaría Bolsonaro ante una posible derrota, llevan a expertos en política brasileña como Marco Antonio Teixeira a advertir que esta elección es “atípica”.

Tres claves ayudan a entender lo que ocurre en la mayor democracia de América Latina.

1. Polarización extrema

Si bien hay 11 candidatos presidenciales registrados, esta elección en Brasil es un pulso entre Bolsonaro, de 67 años, y Lula, de 76.

La idea de organizar una “tercera vía” nunca se concretó en la práctica.

El candidato que sigue en las encuestas, el centroizquierdista Ciro Gomes, figura con menos de 10% de las intenciones de voto.

A diferencia de elecciones anteriores en que los contendientes se veían como adversarios, ahora hay una fuerte polarización donde se instaló la noción de “enemigo político”, explica Vera Chaia, profesora de ciencia política en la Pontificia Universidad Católica de São Paulo.

“Con el enemigo no tienes diálogo, no respetas al otro: eso es lo que está ocurriendo”, dice Chaia a BBC Mundo. “La propagación del odio y la visión estrecha del candidato Bolsonaro hacen que esta elección sea muy exasperada”.

Manifestaciones a favor de Lula e Bolsonaro

Reuters
Brasil vive una fuerte polarización política entre Lula y Bolsonaro.

Ese nivel de crispación se apreció claramente en el último debate de candidatos presidenciales el jueves por la noche, donde Bolsonaro y Lula intercambiaron acusaciones de mentir y tener pandillas dedicadas al desvío de fondos en sus gobiernos.

Durante la campaña, Bolsonaro planteó los comicios como “una lucha del bien contra el mal”, se presentó como garante de los valores conservadores y cristianos, y se refirió a Lula como un “ladrón” que puede llevar a Brasil hacia un socialismo como el de Venezuela.

El presidente ha sido acusado de incitar la violencia política, con frases como la que lanzó en mayo al hablar de las alianzas de sus rivales: “Es bueno, un tiro solo mata a todo el mundo, o una granadita”.

Bolsonaro ha negado que sus palabras estimulen la violencia.

Pero Lula lo responsabilizó por el homicidio de un simpatizante suyo que, según la policía, fue apuñalado en agosto por un seguidor del presidente tras una discusión política en un área rural del estado de Mato Grosso.

En julio, un militante del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula fue asesinado a tiros por un policía que irrumpió en su fiesta de cumpleaños que homenajeaba al expresidente y gritó: “¡Aquí somos de Bolsonaro!”

Funeral del militante del PT Marcelo Arruda en Foz de Iguaçu

AFP
El asesinato del militante del PT Marcelo Arruda sacudió a Brasil en julio.

Lula ha buscado ampliar su base electoral con acuerdos como el que alcanzó con su candidato a vicepresidente, Geraldo Alckmin, un exrival suyo de centroderecha al que derrotó en las elecciones de 2006.

Pero el líder izquierdista tampoco rehuyó de la confrontación directa con Bolsonaro, a quien ha calificado de “genocida” por su respuesta a la pandemia de covid-19, y sostuvo que en las elecciones se juega “la democracia contra el fascismo”.

Con un debate alejado de las propuestas de gobierno, es probable que la tensión política aumente más en Brasil si ningún presidenciable supera la mitad de los votos válidos en la primera vuelta y hay un segundo turno entre Lula y Bolsonaro.

2. Un mar de angustias

Con este panorama, los brasileños parecen mirar con recelo la campaña electoral: tres de cada cuatro votantes (67,5%) teme sufrir agresiones por motivos políticos, según una encuesta de la firma Datafolha.

Pero esa está lejos de ser la única inquietud de la población.

De hecho, las mayores preocupaciones de los brasileños pasan por temas económicos como el desempleo o la inflación, así como por la salud, según distintos sondeos.

Fila de búsqueda de empleo en Brasil.

Agência Sindical
La tasa de desempleo en Brasil cayó a 9,1% pero aun es una de las mayores preocupaciones de los votantes.

Esta elección será la primera en Brasil luego de la pandemia que golpeó con dureza al país y dejó más de 685.000 muertes mientras Bolsonaro comparaba el covid con una “gripecita” y se mostraba escéptico sobre las vacunas para combatirlo.

La economía brasileña entró en recesión en 2021 y, si bien volvió a crecer desde hace casi un año y la tasa de desempleo cayó a 9,1% en julio, la mejora está lejos de ser percibida por la población en general.

El 15% de brasileños (unos 33 millones de personas) pasa hambre y más de la mitad de la población padece (125 millones de personas) padece en algún grado de inseguridad alimentaria, de acuerdo a un estudio de la red Penssan.

Algunas noticias recientes han causado escalofríos.

El agosto, un niño de 11 años en la región metropolitana de Belo Horizonte llamó a una línea policial de emergencia para informar que no había “nada” que comer en su casa, luego de ver a su madre desesperada por la falta de alimentos para sus hijos.

Mujer con hijo en brazos busca comida en un armario.

Getty Images/AFP

“La mayoría de la población brasileña está angustiada”, dice Chaia. “En Brasil ocurrió un retroceso total: en lugar de ir para adelante, Brasil fue para atrás”.

Muchos en el país añoran los años de 2003 a 2010 en que Lula gobernó en medio de un boom económico impulsado por altos precios de las materias primas y millones de personas ascendieron a la clase media con programas sociales del gobierno.

Bolsonaro y sus seguidores, en cambio, recuerdan el desplome que tuvo la economía brasileña bajo el mandato de la sucesora de Lula, Dilma Rousseff, y los grandes escándalos de corrupción que surgieron en los gobiernos del PT.

El propio Lula estuvo 19 meses preso por un caso de corrupción, pero el Supremo Tribunal Federal brasileño anuló sus condenas en 2021 por fallas en el proceso que condujo el entonces juez Sergio Moro, quien luego fue ministro de Bolsonaro.

Un hombre en Brasil muestra un plato que tiene escrita la palabra "hambre" en portugués.

Reuters
La el hambre y la inseguridad alimentaria moderada afecta a tres de cada 10 brasileños.

El gobierno de Bolsonaro, que también ha sido salpicado por denuncias de corrupción, aumentó 50% el programa Auxilio Brasil de subsidios a los pobres en agosto, hasta 600 reales (unos 115 dólares) por persona.

Pero nada indica que con esto el presidente haya eliminado la ventaja de Lula en las encuestas, que en las últimas semanas reflejaron una carrera estable.

3. Incertidumbre sobre el desenlace

Para que un candidato gane en primera vuelta, precisa superar la mitad de los votos válidos (es decir, descontando del total los sufragios en blanco o nulos).

Algunas de las últimas encuestas ubican a Lula próximo a ese umbral de 50% de los votos válidos.

Datafolha e Ipec, dos grandes encuestadoras brasileñas, proyectaron el sábado que el expresidente tenía el 50% y 51% de los votos válidos respectivamente.

Como el margen de error de esos sondeos es de dos puntos más o menos, señalaron que no es posible anticipar si Lula ganará en primera vuelta o irá a un balotaje con Bolsonaro en cuatro semanas.

Eso puede depender en buena medida del nivel de participación este domingo: los votantes de baja renta y escolaridad, que tienden a apoyar más a Lula, también suelen tener mayores índices de abstención. Por eso, el izquierdista llamó en los últimos días a votar.

Claro, las encuestas pueden errar y la diferencia entre los candidatos podría ser menor o mayor de lo que proyectan.

Pero lo que vuelve más peculiar esta elección es la incertidumbre sobre si Bolsonaro reconocería una victoria de Lula.

A semejanza de lo que hizo su “amigo” Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Bolsonaro ha buscado sembrar dudas sobre la fiabilidad de las encuestas y, sobre todo, del sistema de votación de su país, sin presentar pruebas para ello.

Además ha repetido, como hacía Trump, que aceptará el resultado de las elecciones “siempre que sean limpias”.

Jair Bolsonaro

Reuters
Bolsonaro ha planteado dudas sobre la fiabilidad del sistema electoral brasileño, sin presentar pruebas.

Muchos se preguntan si Bolsonaro se prepara así para actuar también como Trump en caso de ser derrotado y denunciar un fraude en su contra, intentando seguir en el poder.

“Nunca antes en la historia de este país (…) discutimos una reelección y también si el resultado será impugnado o no”, dice Teixeira, politólogo de la Fundación Getulio Vargas, a BBC Mundo. “Eso es inédito en la democracia brasileña”.

La preocupación es tal que un manifiesto en defensa de la democracia y el sistema electoral del país recogió en agosto la firma de más de un millón de brasileños, desde artistas y deportistas hasta intelectuales y expresidentes.

Bolsonaro pareció moderar su retórica en días recientes, por ejemplo al declarar que si pierde la elección pasará la banda presidencial y se retirará de la política.

Pero algunos cuestionan si eso respondió apenas a un esfuerzo del presidente por captar votos de centro.

Luis Inácio Lula da Silva

Reuters
Lula figura como favorito en las encuestas aunque es probable que tenga que disputar un balotaje con Bolsonaro.

Distintos analistas ven un riesgo de que, si el Bolsonaro denuncia un fraude en su contra, sus seguidores arremetan contra las instituciones como hicieron los trumpistas el año pasado en el Capitolio de Washington.

En los actos de Bolsonaro es común ver carteles pidiendo “intervención militar” y en plena campaña la policía registró las casas de empresarios simpatizantes del presidente por discutir en WhatsApp sobre la posibilidad de un golpe de Estado, aunque ellos niegan haber cometido delito alguno.

Las Fuerzas Armadas ganaron protagonismo en el gobierno de Bolsonaro, un excapitán del Ejército que ha expresado nostalgia por el régimen militar que gobernó Brasil entre 1964 y 1985 y ha elogiado a uno de los torturadores de ese régimen.

Para estas elecciones, los militares plantearon cuestionamientos a la justicia electoral sobre las urnas electrónicas y prevén hacer un seguimiento propio del escrutinio, algo también novedoso en el país.

Teixeira descarta que las Fuerzas Armadas brasileñas como institución tengan intenciones golpistas.

Pero advierte que las dudas planteadas desde la propia presidencia sobre el desenlace de las elecciones “dejan todo en un estado que contribuye a la inestabilidad”.


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