Sólo se recupera 1 de cada 100 bienes culturales robados en México
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Sólo se recupera 1 de cada 100 bienes culturales robados en México

México tiene resultados pobres en la recuperación de bienes culturales robados, carencias en su registro y en la coordinación de las autoridades para preservarlos.
Por Tania L. Montalvo y Arturo Daen
17 de octubre, 2016
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Memoria robada

El tráfico del patrimonio cultural es una actividad que conecta desde anticuarios y políticos en Buenos Aires hasta narcos en Guatemala, y desde coleccionistas bajo sospecha en México hasta diplomáticos en Costa Rica y Perú. Este especial –conformado por varias entregas– fue realizado entre cinco equipos periodísticos del continente y revela el esquema del mercado internacional del arte que permite la venta de objetos robados de templos, museos públicos y colecciones privadas. Es la primera investigación periodística del tráfico cultural con datos masivos e incluye un banco de datos que constituye el inicio del primer censo latinoamericano de bienes culturales robados.

A iniciativa de OjoPúblico, se conformó una alianza de equipos periodísticos integrada por La Nación (Costa Rica), Plaza Pública (Guatemala), Animal Político (México) y Chequeado (Argentina).


Una imagen muy clara del tráfico de bienes culturales en México es una iglesia donde los fieles se hincan ante ocho imágenes falsas. El altar mayor de la parroquia de Santa Isabel de Portugal —ubicada en la colonia Santa Isabel Tola, un barrio pobre en el noreste de la capital— es un retablo de oro que luce una Virgen de Guadalupe, una escena de la Crucifixión de Cristo a la que flanquean dos imágenes de arcángeles, y cuatro retratos de santos. Todas son copias de pinturas de los siglos XVII y XVIII que fueron robadas en agosto de 2008.

Aquel día, el párroco Jaime Hernández mandó a repicar las campanas para anunciar el robo. El sonido de esa alerta está tan vivo entre los pobladores de Santa Isabel Tola como las versiones y especulaciones que surgieron después y que pronto fueron puestas en duda. Por ejemplo, que los ladrones no pudieron entrar por la ventana porque es demasiado pequeña; o por qué no había vigilancia si las pinturas eran tan valiosas; o las razones de que la Policía no actuara si había sido alertada esa misma madrugada, y los agentes ni siquiera quisieran entrar al templo para revisar lo que había ocurrido.


Parroquia de Santa Isabel de Portugal.

Mientras la investigación seguía su curso, el padre Hernández y los pobladores de Santa Isabel Tola juntaron poco más de medio millón de pesos —casi 30 mil dólares— con rifas y colectas para mandar a hacer réplicas y revestir el altar de su templo. Sabían que las piezas originales nunca serían recuperadas.

La realidad les da la razón: nueve de cada diez bienes culturales  —entre los que se cuenta piezas arqueológicas, objetos litúrgicos y arte religioso— reportados como robados en México nunca son recuperados, según cifras oficiales revisadas por Animal Político como parte del proyecto Memoria Robada, la primera investigación regional sobre tráfico de patrimonio cultural con datos masivos.

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La revisión incluye información del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y la Procuraduría General de la República (PGR), desde el 2003 hasta la fecha, sobre robo de bienes culturales como las imágenes robadas de la Iglesia de Santa Isabel.

En los últimos 13 años, el INAH ha acumulado una lista de 4 mil 757 objetos arqueológicos o históricos con reporte de robo en México, que es considerado un delito federal. Sin embargo, la PGR sólo tiene datos de 67 obras recuperadas en ese lapso y restituidas a su lugar de origen. El cruce sugiere que la capacidad de recuperación es de apenas 1.4%.

Animal Político solicitó una entrevista con la directora del área de conservación del patrimonio del INAH —organismo encargado de la conservación y protección de las piezas arqueológicas e históricas anteriores al siglo XIX—, pero fue rechazada.

“Ni las autoridades eclesiásticas ni el gobierno mexicano prestan atención al saqueo en el país”, dijo en entrevista Elisa Vargaslugo, directora del Instituto de Investigaciones Estéticas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y una de las principales voces en el ambiente cultural mexicano, quien exige coordinación entre instancias de gobierno para poner fin al robo y tráfico de arte.

Los registros oficiales no sólo muestran pocos resultados en la recuperación de bienes culturales robados: también revelan carencia de información, seguimiento y descoordinación entre los responsables del tema.

Desde 2003, el INAH ha dado cuenta de al menos 333 casos distintos de robo, todos reportados ante la PGR, según pudo conocer Animal Político a través de un pedido de información pública. Sin embargo, en ese mismo lapso la PGR sólo tiene registro de 62 averiguaciones previas o indagatorias por distintos robos de bienes culturales reportados tanto por el INAH como por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que tiene a cargo la conservación y protección del arte contemporáneo. Es decir, la mayoría de delitos contra el patrimonio cultural mexicano ni siquiera llega a ser investigado.

Una muestra evidente es lo ocurrido en 2014. Ese año, el INAH registró 11 hechos distintos en los cuales se robaron un total de 230 piezas: 223 arqueológicas y siete históricas. La PGR señala que no ha iniciado alguna averiguación en ese periodo.

Animal Político solicitó una entrevista con la subprocuraduría especializada en este tipo de robos, pero hasta el cierre de este informe no obtuvo respuesta.

La Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos establece en el Artículo 53 penas de hasta 12 años de prisión para quien saque del país, sin el permiso correspondiente, bienes culturales que son considerados patrimonio nacional.

También incluye penas de hasta 10 años de cárcel para quien dañe o altere bienes arqueológicos, históricos o artísticos, y para quien comercie con ellos, los transporte, reproduzca y exhiba sin la autorización debida.

Pero en casos como el saqueo en la parroquia de Santa Isabel de Portugal, ocho años después, no hay ningún responsable, nadie ha sido detenido y ninguna obra ha sido recuperada.

“No sabemos dónde están las pinturas. Tal vez algún día aparezcan en un museo de Europa”, dijo José Martínez, habitante de la zona.

Tesoro desconocido

México no conoce con certeza cuántas ni qué tipo de piezas constituyen el universo de su patrimonio de bienes culturales. No existe un registro pormenorizado y único sobre las piezas arqueológicas, de valor histórico (incluyendo el arte sacro) o artístico que hay en el país.

El investigador Bolfy Cottom, del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), dijo en entrevista que durante la última década esa institución ha avanzado en el propósito de catalogar todas las obras del país. Sin embargo, rechazó dar detalles de esos avances y señaló que el trabajo para lograr el registro “es inmenso” y el progreso, “lento”.

A la magnitud del reto, apuntó Cottom, se suma que año a año las instituciones culturales mexicanas sufren recortes de presupuesto y de personal: en 2012, el INAH y el INBA recibieron en conjunto 108.2 millones de dólares para ese fin. Para este 2016, el presupuesto de ambas instituciones para la conservación del patrimonio cultural fue de apenas 87.3 millones de dólares.

El presupuesto asignado por la Cámara de Diputados para la Conservación del Patrimonio Cultural de la Nación disminuyó en términos reales 28% en los últimos cinco años.

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El recorte podría continuar, pues según los datos de la Secretaría de Hacienda sobre el proyecto de presupuesto del gasto público 2017 del gobierno mexicano, la cifra para la protección de bienes culturales podría ser 8 mil dólares inferior.

Y no sólo es cuestión de presupuesto, el próximo año hay un nuevo reto: la entrada en vigor presupuestal de la Secretaría de Cultura.

Hasta diciembre de 2015 la conservación y protección del patrimonio cultural estuvo en manos de la Secretaría de Educación Pública a través del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), un órgano que estuvo a cargo de coordinar las actividades de todas las dependencias de gobierno vinculadas a cualquier tipo de actividad cultural.

Conaculta dejó de existir oficialmente el 18 de diciembre de 2015, pero como para ese entonces el presupuesto 2016 ya había sido aprobado por la Cámara de Diputados, la Secretaría de Cultura no tuvo presupuesto asignado.

En 2017, la Secretaría de Cultura ejercerá por primera vez recursos para la protección y conservación de bienes culturales a través de las nuevas unidades administrativas y oficinas ligadas al INAH y al INBA.

Será la primera vez que México contará con una secretaría de estado directamente vinculada al tema, pues siempre lo había hecho a través de subsecretarías u organismos descentralizados que eran coordinados por la autoridad educativa del país y no por una cultural.

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El arte sacro, un cliente frecuente

Paul Achar, presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas, afirmó  en entrevista que el poco presupuesto para tener un registro público sobre las obras que el país posee facilita su robo y desaparición, pues muchas veces ni siquiera existen datos sobre las piezas y por eso es más sencillo venderlas y trasladarlas.

El caso de la parroquia de Santa Isabel de Portugal es un ejemplo. Trabajadores de la iglesia afirmaron que las autoridades culturales no hacían un seguimiento riguroso al estado de las obras en el templo. Cuando la comunidad optó por mandar a hacer réplicas de las pinturas robadas, no pudo acudir a registro oficial alguno. Los vecinos tuvieron que buscar imágenes de las obras en sus álbumes familiares para poder recrearlas.

Animal Político solicitó una entrevista al INAH sobre este caso, pero no obtuvo respuesta. En la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis Primada de México dijeron que no tenían disponibles los datos sobre el robo ni las características de los óleos.

En el país existen más de 19 mil sitios dedicados al culto religioso, de acuerdo con información que aparece en la página del poder Legislativo mexicano.

El sacerdote José Raúl Hernández Schäfler, encargado de la Comisión de Arte Sacro de la Arquidiócesis Primada de México, dijo que para combatir la falta de registros la iglesia católica está elaborando un catálogo con las obras que se encuentran en cada uno de los templos del país.

El religioso reconoció en entrevista que completarlo podría tardar 15 años, a partir de este 2016, y que ello implica que continúe la pérdida de patrimonio:  “Como no existe un catálogo completo, pormenorizado, con todos los elementos de descripción, de medidas, de fotografías, entonces es muy difícil dar la información a aduanas, a la PGR, a los ministerios públicos, porque no se tiene un catálogo adecuado”.

En junio de 2010, el gobierno mexicano informó que el INAH, el Conaculta y la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) tenían un avance de 75% en la elaboración de un catálogo del arte sacro bajo resguardo en el país, pero seis años después las fuentes consultadas no pudieron confirmar la existencia o publicación del documento.

Del total de piezas que el INAH ha reportado como robadas y no han sido recuperadas en los últimos trece años, 827 —el 17.3%— son piezas históricas, entre las que se incluyen obras de arte sacro.

A estas cifras se suman los casos no reportados. El sacerdote José Raúl Hernández Schäfler reconoció que al faltar piezas en una iglesia, lo más común es que el mismo personal religioso elija no denunciar. Esto hace que muchos de los robos de piezas de arte sacro sean invisibles.

Según la PGR, el gobierno federal cuenta con un Catálogo de Bienes Culturales Robados que consta de 539 páginas con fotografías e información detallada sobre cada pieza robada, pero tras una solicitud de información pública dijo que el documento está reservado por tratarse de investigaciones en curso o información que forma parte de alguna.

La única información pública disponible con detalle sobre bienes culturales robados en México es la de la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol), a la que Animal Político accedió como parte del proyecto Memoria Robada, una investigación internacional que analiza el tráfico de patrimonio cultural en América Latina.

La base de datos de Interpol sobre México cuenta con 320 registros que incluyen información sobre el tipo de obra, imagen o nombre de la pieza; sitio y fecha de desaparición, o detalles como tamaño y autor.

Aunque la información de Interpol se basa en la que reporta la misma PGR tras el robo de un bien cultural, los datos disponibles en México no coinciden con los de la policía internacional.

Interpol, PGR, INAH e INBA poseen un registro distinto sobre los bienes perdidos en el país, no sólo en cuanto a número de piezas desaparecidas, sino también respecto a los detalles de cada una, fechas o características.

“Si tuviéramos un catálogo en el que quedara perfectamente estipulado quién es el propietario, hablando de bienes del país, sería mucho más sencillo encontrar las piezas, rastrearlas”, dijo Paul Achar, presidente de la Sociedad Mexicana de Autores de las Artes Plásticas.

Las autoridades mexicanas no cuentan con información sobre qué obras con reporte de robo están bajo sospecha de haber salido del país. Los vecinos de la comunidad de Santa Isabel Tola rumoran que las pinturas robadas de su templo en agosto de 2008 salieron de inmediato hacia el exterior.

En realidad, no hay datos que confirmen o rechacen esa versión.

Mientras tanto, el INAH reporta que entre 2006 y 2016 logró recuperar piezas arqueológicas mexicanas en diez ciudades estadounidenses como Dallas, Houston, Mc Allen, El Paso, Laredo y San Antonio en el estado de Texas; Los Ángeles y San Francisco en California; Miami en Florida; y Albuquerque en Nuevo México. También en localidades no especificadas de Seattle, Kansas City, Boston, Brownsville y Carolina del Norte.

Ese instituto también ha recibido información de piezas robadas en México que en los últimos diez años han aparecido en Italia, España, Bélgica y Alemania.

El problema es que México cuenta con siete tratados bilaterales vigentes en materia de recuperación de patrimonio cultural, pero ninguno con un país europeo, sino con Estados Unidos, Guatemala, El Salvador, Belice, Perú, Uruguay y Chile.

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La Secretaría de Relaciones Exteriores mexicana rechazó informar sobre el proceso para restituir bienes culturales robados al argumentar que se trata de negociaciones diplomáticas vigentes con esos países.

El sacerdote Jaime Hernández insistió en que ya no espera un avance de las investigaciones para recuperar los óleos de la parroquia de Santa Isabel de Portugal. Dijo que los actuales óleos “no le piden nada a los pasados” en belleza. Aunque las obras robadas eran del siglo XVII y XVIII, “las nuevas son obras muy fieles. El recuperar la vista del retablo y sus óleos nos hizo trabajar mucho, hizo conciencia en la comunidad, se bendijo nuevamente el retablo, y ya es de nuevo una expresión de la esperanza de la gente”.

Pero para otros habitantes consultados, el rendirle culto a réplicas en la iglesia sigue representando un agravio, el recuerdo de la falta de control sobre el patrimonio del pueblo, y de la falta de resultados de las autoridades.

“Al principio fue muy sonado el caso, pero ya no se sabe nada, nadie ha estado pendiente de la investigación”, dijo una mujer que trabaja en una panadería, frente a la iglesia donde la gente se hinca y reza frente al recuerdo de un robo.

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Por qué ahora menos mexicanos están regresando a su país desde EU

Por primera vez en más de una década, los mexicanos que están regresando a su país luego de vivir en EU. son menos que los que están migrando. ¿Es el fin de la llamada "migración cero"?
1 de septiembre, 2021
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Hasta hace no mucho, la tendencia era que más migrantes mexicanos regresaban a su país desde Estados Unidos que los que iban a buscar el “sueño americano”.

El fenómeno fue llamado migración “cero” (las cifras incluso estaban por debajo de cero), pues la balanza se mantenía más cargada del lado del regreso de los mexicanos.

Pero eso podría estar cambiando.

El centro de estudios Pew Research Center (PRC) mostró que cada vez menos migrantes mexicanos vuelven a su tierra, mientras que los que migran al país del norte siguen haciéndolo en un número constante.

“Lo más reciente que vimos es que el retorno cayó. Volvió a niveles que habíamos visto más o menos de 1995 a 2000“, explica a BBC Mundo Ana González Barrera, autora del estudio del PRC publicado en julio.

“Y entonces, aunque no ha subido la migración de mexicanos hacia Estados Unidos, el número que se han regresado se detuvo. Y esto hizo que el flujo se volviera otra vez positivo. No había estado en números positivos desde hace más de una década“, señala.

Los cambios en la migración de mexicanos hacia/desde EE.UU.. La migración "cero" se sostuvo en el periodo de 2005 a 2014. Algunos años y periodos no son contados, o se sobreponen, debido a cómo se registra la migración en ambos países y la información disponible..

Sin embargo, para la investigadora sobre migración Luciana Gandini, de la Universidad Nacional Autónoma de México, los números aún no muestran que la migración “cero” esté finalizando.

Pero sí hay políticas más duras de EE.UU. que están deteniendo a los mexicanos migrantes en la frontera.

“Ese nivel de control fronterizo es el que está evitando el cruce de flujos de diverso tipo hacia EE.UU.”

¿Por qué se dio la migración “cero”?

Antonio Villanueva es uno de los cientos de miles de mexicanos que en la década pasada contribuyeron al fenómeno de la migración “cero”.

El hombre de 46 años, originario de Michoacán, llegó en 1998 al estado de Colorado y regresó a México en 2010, cuando el empleo en la rama de la construcción fue uno de los más golpeados por la crisis económica de 2008.

“No había nada. Todas las cuadrillas estaban paradas. (…) Yo andaba solo, no traje familia, así que pare mí fue más fácil la decisión de volver ”, explica a BBC Mundo.

https://www.youtube.com/watch?v=bvQq8iw2ghM&pp=sAQA

En las últimas dos décadas, la gran afluencia hacia el norte desde México fue decayendo e incluso tuvo un efecto inverso: en el periodo de 2005 a 2014 más mexicanos volvieron a su país que los que se fueron.

A eso se le consideró una migración “cero”, o “menos de cero”.

“El máximo de retornados a México desde EE.UU. fue sobre todo en el periodo entre 2005 y 2010, siendo el principal factor de esos años la pérdida de empleos derivada de la gran recesión de 2007 y 2008”, explica González Barrera.

La crisis económica de esos años afectó sectores que emplean a muchos mexicanos, entre ellos la agricultura y la construcción.

porcentaje de mexicanos en las industrias estadounidenses

Cecilia Tombesi / BBC

Pero también el endurecimiento de las leyes y estrategias migratorias generaron más deportaciones y detenciones, lo que desincentivó el cruce.

Villanueva, que había regresado a México en 2010, dice que se volvió a EE.UU. “en los tiempos de las autodefensas en Tierra Caliente”, un periodo de violencia en el estado de Michoacán en 2012.

“Batallé bastante en la frontera. Estuve cinco o seis meses en Matamoros porque estaba difícil cruzar”, explica el hombre que ahora vive en el sur de Florida.

Los controles fronterizos y las deportaciones en la época de Barack Obama inhibieron la migración mexicana hacia EE.UU., según el PRC.

Agentes de la patrulla fronteriza y un migrante

Reuters
EE.UU. ha incrementado su seguridad fronteriza más que nunca en las últimas dos décadas.

Sin embargo, también hubo en México factores demográficos que alteraron la balanza de la histórica migración mexicana al país vecino.

La población mexicana ha envejecido en su conjunto, lo que ha movido la fuerza laboral: ya no hay tantos jóvenes que necesitan las mejores oportunidades laborales que ofrece EE.UU., como en la segunda mitad del siglo XX.

Y las necesidades familiares ya no son las mismas: “Antes, en una familia de nueve personas, dos o tres de ellos vendrían, por ejemplo. Y ahora hay familias de 4 personas, incluyendo papás, por lo que no hay tantas personas dispuestas a hacer el viaje”, dice González Barrera.

Si bien la mayoría de migrantes retornados entrevistados a su retorno a México dijeron que volvían para reunificar la familia, tanto Gandini como González Barrera dicen que esa respuesta no suele ser el motivo único o principal.

¿Por qué los mexicanos vuelven a su país?. Principales motivos (%). .

De forma similar ocurre en el sentido inverso: “La gente que se quiere ir de México no solo es por un tema económico, es por la persecución del narco, por las violencias institucionales, por el crimen organizado. Querer salir de las comunidades tiene que ver con una situación mucho más compleja, quizás, que hace una o dos décadas atrás”, dice Gandini.

¿Qué está pasando ahora?

En Estados Unidos viven unos 47 millones de inmigrantes no nacidos en ese país (de 329 millones de habitantes), de los cuales una cuarta parte son de origen mexicano.

Ese número ha sido históricamente tan grande producto de lo que el PRC llama “una de las migraciones masivas más grandes de la historia moderna”: unos 16 millones entre 1965 y 2015.

Según el cambio visto por el PRC entre 2013 y 2018, en ese periodo unos 870.000 mexicanos migraron a EE.UU., pero solo 710.000 optaron por regresar, una diferencia de 160.000 a favor de la migración.

¿Por qué los mexicanos emigran a otro país?. Principales motivos (%). .

“Esto hizo que el flujo se volviera otra vez positivo, que no había estado en números positivos desde hace más de una década. Pero sigue estando a niveles muy bajos históricamente”, añade.

Para Gandini, sin embargo, 27.000 migrantes por año entre 2013 y 2018 (lo que da el número aproximado de 160.000) es una cifra muy pequeña: “En la época de oro o de bonanza de la migración, esos números rondaban alrededor del medio millón por año”.

“Entonces todavía estamos lejísimos de lo que era el patrón migratorio tradicional de México a Estados Unidos”, añade.

Además, en los últimos años los mexicanos han tenido mayores oportunidades de migrar legalmente a través de las visas de trabajo temporales que benefician tanto a trabajadores agrícolas como a profesionales, parte de los acuerdos de libre comercio.

La frontera de Tijuana

Getty Images
Hoy más mexicanos pueden entrar a EE.UU. legalmente que en las décadas pasadas.

“Sí nos hemos dado cuenta que en años recientes más mexicanos están aquí con un estatus legal que antes. Ahora la mayoría de mexicanos o más de la mitad está aquí con un estatus legal y antes, la década pasada, era al revés. La mayoría estaba con un estatus no autorizado”, dice González Barrera.

Un futuro incierto en la balanza

Para Antonio Villanueva, volver a México como lo hizo en 2010 está para “pensarse dos veces”.

“Con todo lo que ha habido con (el presidente Donald) Trump, está más caro y más difícil sobre todo regresar si las cosas no salen bien allá en Michoacán”, dice.

Estudios del PRC y otras instituciones estadounidenses señalan que la mejora de la economía en México es un incentivo para el retorno de mexicanos. Villanueva dice que sí hay mejores condiciones que cuando se fue la primera vez en 1998, “pero no tanto”.

Planta de producción automotriz en México

Getty Images
El empleo manufacturero en México, como las plantas automotrices, han dado oportunidades a los mexicanos.

Gandini explica que las cifras no muestran una mejora económica en México. La pobreza en 2008 y 2018 era prácticamente la misma (49%), así como el empleo informal (48%-52%).

“Las condiciones de origen están igual o peor, depende cómo se lo mire”, dice.

En los últimos años, los mexicanos siguen intentando emigrar a EE.UU. pero se han encontrado con políticas como la “deportación exprés” instaurada en el gobierno de Trump.

“La detención tenía una duración de 96 minutos. Imagínate lo que implica esto, que no te alcanzan ni a preguntar el nombre”, dice Gandini.

“Y eso hace que no puedas contabilizar ese flujo porque la gente no cruza, o cruza pero es deportada inmediatamente. Entonces no puedes medir esa cantidad de personas”.

Gráfico de detenciones en la frontera EE.UU.-México

BBC

González Barrera coincide en que no es claro qué pasará con la balanza de la migración, si seguirá siendo positiva hacia los cruces a EE.UU. o se mantendrá en la tendencia “cero”.

“Los últimos datos del lado mexicano muestran que el retorno de mexicanos sigue a la baja hasta 2020. Y es probable que sigamos viendo la misma tendencia hasta antes de la pandemia, que cambió muchas cosas”, señala.


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