La historia de los braceros mexicanos que murieron por esperar un empleo en Estados Unidos
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La historia de los braceros mexicanos que murieron por esperar un empleo en Estados Unidos

Miles de personas aguardaron en el desierto para ser contratados como braceros en los años 50 y 60 en el pueblo de Empalme, Sonora. Varios murieron en la espera.
Especial
Por Alberto Nájar // BBC Mundo
1 de octubre, 2016
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Cuando bajó del tren, David Contreras no podía creer lo que estaba frente a él.

Cientos de hombres jóvenes esperaban bajo el sol del desierto a que alguien desde el fondo de una bodega los llamara.

Muchos permanecían sentados, otros en el suelo, aturdidos por el intenso calor.

Ese fue la escena que encontró David al llegar a Empalme, Sonora, en 1962.

Tenía 17 años y como todos los que se encontraban en el lugar buscaba contratarse en alguna granja de Estados Unidos.

En Empalme, que entonces era un pueblo de pescadores, funcionaba el único centro de contratación en México para el Programa Bracero.

Lo que encontró David Contreras fue una pesadilla. “Éramos miles, miles, miles” le cuenta a BBC Mundo.

“Había mucha gente que no era contratada porque venían enfermos o se enfermaban allí. No los podían aceptar de ninguna manera”.

“Ya no tenían con qué regresarse a sus tierras, andaban por las calles buscando qué comer. Hubo gente que se llegó a morir de hambre, de sed. No había quien hiciera algo por ellos”.

El único reconocimiento

No se sabe cuántas personas murieron mientras esperaban un contrato temporal de empleo.

La historia de lo que sucedió en esa época se ha recuperado a través de testimonios de los trabajadores.

Braceros mexicanos toman el almuerzo en el cultivo donde trabajanEl Programa Bracero fue un acuerdo binacional que pretendía abastecer de trabajadores mexicanos agrícolas a los campos de cultivo y granjas estadunidenses.

La Alianza de Exbraceros del Norte, una de las organizaciones que representan a los sobrevivientes, ha recabado varios de ellos.

Rosa Zárate, una de sus representantes, le dice a BBC Mundo que fueron inhumados en fosas comunes, porque nadie reclamó los cuerpos.

Y es que la mayoría de quienes se concentraron en ese pueblo viajaron solos, con poco dinero que se agotó con rapidez.

Pero no hay registro oficial de esas muertes. Las documentaciones históricas se basan en entrevistas a extrabajadores de la época.

Ahora la Alianza realizó la Caravana Holocausto Bracero para recordar lo que sucedió en esos años.

Es uno de los capítulos menos conocidos en la relación entre México y Estados Unidos.

Un grupo de sobrevivientes partió de Los Ángeles, California, hasta Empalme donde se inauguró una estatua dedicada a los braceros. Es el único monumento para ellos que existe en México.

Monumento al bracero mexicano en Empalme, Sonora.ALIANZA EXBRACEROS DEL NORTE
Monumento al bracero mexicano en Empalme, Sonora.

“Queremos que busquen el lugar donde los enterraron, ahora tal vez es difícil porque la ciudad creció, pero se puede intentar”, insiste Rosa.

David Contreras, ahora de 73 años de edad, fue uno de los que participaron en la caravana.

Como las pocas veces que ha regresado a Empalme tiene una mezcla de sentimientos. “Fue algo muy fuerte para todos nosotros”, cuenta.

“Lo que vivimos aquí sí fue real, es una desgracia”.

Miles de contratos

El anciano fue uno de los 4,5 millones de jóvenes mexicanos que participaron en el Programa Bracero, el cual funcionó entre 1942 y 1964.

Fue un acuerdo binacional pretendía abastecer de trabajadores agrícolas a los campos de cultivo y granjas estadunidenses.

David Contreras
David Contreras se integró al Programa Bracero en 1962.

Al principio fue para sustituir a los hombres que combatían en la Segunda Guerra Mundial.

Pero luego la Casa Banca lo estableció como una estrategia de apoyo para los productores de su país.

En el tiempo de vigencia del Programa se establecieron varios centros de contratación en ciudades como Mexicali, Hermosillo o Ciudad de México.

El último fue en Empalme, en la costa del Océano Pacífico. Es una región semidesértica, donde las temperaturas en verano superan los 45 grados centígrados.

Este lugar de reclutamiento permaneció en operación hasta que terminó el Programa. No hay un dato oficial sobre cuántas personas fueron contratadas allí.

El libro Me llamo Empalme, escrito por Mondaca Ochoa cuenta que al inicio de 1956 en esa ciudad había 1.500 braceros, y en abril el número se había duplicado.

Al finalizar 1957 en el pueblo de pescadores habían sido contratados 167.000 trabajadores.

Tantas personas en un espacio pequeño provocaron serios problemas de abastecimiento y hacinamiento, han documentado investigadores como Pedro de Alba.

En una serie de artículos publicados en diarios nacionales en 1954 señalaba que los centros de contratación de braceros “era uno de los panoramas más desoladores” que había visto.

Un panorama que parecía repetirse en Empalme “con la concentración masiva de braceros y la escasez crónica de servicios mínimos”, señala Jorge Durand, uno de los investigadores que más ha documentado la migración mexicana a Estados Unidos.

Y es que la demanda de un espacio en los campos agrícolas de Estados Unidos era enorme, recuerdan los sobrevivientes.

Incluso en esos años algunos diputados reclamaron en el Congreso que México enviaba a sus mejores trabajadores a enriquecer a un país ajeno.

La espera

Cuando se abrió el centro de contratación de Empalme, en 1956, Gabino Hernández fue de los primeros en llegar.

Esperó cinco meses antes de tener una oportunidad. No era sencillo.

Braceros esperando ser seleccionados
Miles y miles de braceros competían por unos cuantos puestos y frecuentemente se daban peleas.

Todos los solicitantes debían permanecer en el patio junto a la bodega donde se realizaba el reclutamiento.

Era un espacio amplio pero no cabían todos, le cuenta Hernández a BBC Mundo. Allí esperaban a que se llamara a los trabajadores de cada estado a una primera entrevista para mostrar los documentos que les permitirían salir del país.

Sólo había 50 lugares por cada llamado, recuerda, y nada más había una oportunidad. Y eran miles los que esperaban la convocatoria. Las peleas para ganar un lugar eran frecuentes.

Si no alcanzaban un espacio debían esperar semanas o meses a que se les convocara de nuevo.

Mientras, buscaban la forma de sobrevivir. “Comíamos una vez al día, cuando se podía”, recuerda.

“Se murió gente, había muchos con muchas necesidades. Si te contrataban tenías comida y servicio médico pero mientras nada, era arreglártelas con el pueblo”, cuenta.

“Y ellos tenían los medios (recursos) pero no para recibir a esa cantidad de gente”.

La selección

Pero la prueba de Empalme era el primer paso. Los elegidos viajaban en tren hasta Mexicali, en la frontera con Estados Unidos, donde cruzaban al pueblo de El Centro donde debían superar el último filtro.

El trato era humillante, recuerda Gabino Hernández. Todos debían desnudarse y enseguida les rociaban con un polvo desinfectante.

“Te echaban el polvo con una manguera con aire, lo metían en todas partes”, cuenta Gabino. “Luego te revisaban las partes íntimas para ver si tenías enfermedades venéreas”.

“Te apretaban bien fuerte el pene para ver si sacabas algo. Luego tenías que hacer sentadillas y después debías agacharte para que te revisaran allí”.

Los exbraceros mexicanos reclaman pagos retenidos por el gobierno de México.ALIANZA EXBRACEROS DEL NORTE
Los braceros mexicanos reclaman pagos retenidos por el gobierno de México.

En ese momento muchos tenían varios días sin comer. Cuando eren elegidos les entregaban un paquete de comida que, por solidaridad, solían entregar a los que se quedaban.

Cuando llegaban a la revisión médica estaban débiles, cuenta Gabino Hernández. “Nos formaban en un patio y así de pie le sacaban sangre a cada uno. Algunos se desmayaban, imagínese, sin comer, cansados por el calor y el viaje”.

Estas personas eran expulsadas del programa.

Y después de todo eso los braceros mexicanos enfrentaban a sus empleadores. Los granjeros recorrían las filas de trabajadores para seleccionarlos.

“Les apretaban los brazos, las piernas, les abrían la boca”, cuenta Rosa Zárate. “Querían a los más fuertes, preferían a los jóvenes y altos”.

Los sobrevivientes del proceso llegaban entonces a los campos agrícolas donde recibían un dólar por hora, equivalente a 12,5 pesos de la época.

En México el salario por el mismo trabajo era de cinco pesos por jornada de ocho o diez horas al día.

Valía la pena, dice David Contreras. “Por eso queríamos venir a Estados Unidos para ganar más. Pero el sufrimiento era extremo”.

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Los inesperados 'efectos colaterales' positivos de la vacuna contra COVID

Los estudios experimentales ya han comprobado la eficacia de las vacunas. Pero la experiencia práctica muestra que los beneficios de la vacunación van mucho más allá de lo esperado.
Getty Images
18 de marzo, 2021
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¿Las vacunas contra el covid-19 protegen contra la infección o previenen los casos graves de la enfermedad?

Esta pregunta ha suscitado numerosos debates entre la comunidad científica en las últimas semanas.

Por lo que se sabe hasta ahora, las vacunas ya aprobadas en varios países tienen una buena efectividad en la prevención de cuadros de covid-19 con síntomas (recuerde bien la palabra síntomas).

Pero eso no quiere decir que sus beneficios se limiten a esto: la experiencia en el mundo real, en las campañas de inmunización más avanzadas en algunos países, indica que las dosis que se utilizan actualmente traen otros beneficios en la lucha contra la pandemia.

Los datos de Israel, donde la vacunación está más avanzada, sugieren resultados mejores que los esperados, como una caída dramática en los casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

También hay evidencia de que las vacunas ayudan a combatir los síntomas leves que, aunque tenues, igual mandaban a los pacientes al hospital.

Misma estrategia, varios desenlaces

Para entender cómo los científicos llegaron a estas conclusiones, es necesario remontarse al 9 de abril de 2020, cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS) publicó un documento que definiría las reglas del juego.

En las directrices, la entidad estableció los requisitos mínimos para que se apruebe una vacuna contra el “nuevo” coronavirus.

Entre una serie de criterios técnicos y especificaciones, una regla se destacó como la más importante: la vacuna contra la covid-19 debía tener una tasa mínima de efectividad del 50% frente a una de estas tres circunstancias: la infección en sí, la enfermedad sintomática o las formas graves de la enfermedad.

Tales requisitos no son novedad: existen vacunas que se usan contra otras enfermedades infecciosas que son excelentes para evitar que el virus invada el cuerpo de un individuo y comience a replicarse en su interior.

Este es el caso, por ejemplo, de las dosis contra el sarampión y la fiebre amarilla. Quien los toma está bien protegido de los virus que causan estas enfermedades.

Un niño recibiendo una vacuna

Getty Images
La vacuna contra el sarampión evita la infección de esta enfermedad.

Otros productos no son capaces de detener la infección en sí, pero evitan que evolucione y afecte demasiado al organismo, lo que requeriría hospitalización y atención médica especializada.

La vacuna contra la gripe encaja perfectamente en esta categoría: quien recibe la inyección a principios de otoño corre un riesgo considerable de contraer el virus durante los próximos meses. Pero, si ocurre, los síntomas de la enfermedad serán mucho más leves y no requerirán estadías prolongadas en salas y unidades de cuidados intensivos.

Esto es bueno para el individuo, que no siente que su salud se vea afectada, y para el sistema de salud en su conjunto, que no colapsa con la llegada de varios pacientes al mismo tiempo, especialmente en invierno, cuando la circulación de los virus que afectan al sistema respiratorio crece mucho.

¿Qué hicieron con la covid-19?

La pandemia, por supuesto, trajo algunos desafíos adicionales a la carrera científica: la humanidad necesitaba una solución rápida. No era factible esperar años para el desarrollo de una vacuna.

Para acelerar el proceso, todas las farmacéuticas y centros de investigación diseñaron las pruebas clínicas de sus candidatas a vacunas para ver si serían efectivas contra la enfermedad con síntomas, el segundo resultado establecido por la OMS.

Línea de producción de una vacuna.

Getty Images
Probada a gran escala en Brasil, la tasa de eficacia de CoronaVac fue de 50%. Pero en la vida real, sus efectos podrían tener mayor alcance.

En la coyuntura actual, no sería factible medir si las vacunas previenen la infección (el primer resultado), por dos razones principales.

Primero, porque una parte considerable de los infectados por el coronavirus no presenta ningún síntoma. Y, en segundo lugar, tal estrategia requeriría un aparato y una inversión financiera absolutamente gigantescos.

“Cada estudio involucró a decenas de miles de voluntarios y, para saber si cada uno de estos participantes no contrajo el virus, sería necesario realizar pruebas diagnósticas a todos ellos durante varias semanas seguidas. ¿Te imaginas el costo de eso?”, pregunta la microbióloga Natalia Pasternak, presidenta del Instituto Questão de Ciencia, de Brasil.

La otra opción sería evaluar el poder de las vacunas frente a las condiciones más graves, que requieren hospitalización y suponen mayor riesgo de muerte.

La dificultad estaría en el tiempo de observación necesario: en EE.UU. se estima que, de cada 200 personas infectadas por el coronavirus, una muere.

Los investigadores tardarían varios meses en lograr un número mínimo de muertes suficiente para realizar los cálculos estadísticos que determinan la tasa de efectividad y, como vimos anteriormente, el plazo para crear una solución nunca ha sido tan ajustado.

En vista de las limitaciones, todos los competidores terminaron siguiendo el camino intermedio: las pruebas clínicas de la fase 3 se diseñaron para establecer cuánto protegen las candidatas a vacunas contra el covid-19 sintomático, como se explicó en los párrafos anteriores.

Así es como muchas candidatas a vacunas avanzaron en los ensayos clínicos, fueron aprobadas o están siendo analizadas actualmente por agencias reguladoras.

Punto de inflexión

Pero aquí aparece una controversia importante en esta historia: ¿cómo se define un síntoma de covid-19?

Cada farmacéutica y cada centro de investigación estableció sus propios criterios para enmarcar lo que sería una sospecha de infección por coronavirus.

“En las pruebas de CoronaVac, Sinovac y el Instituto Butantan, por ejemplo, se instruyó a los voluntarios para que informaran de cualquier malestar que sintieran, por leve que fuera”, describe Pasternak.

Posteriormente, estos participantes se sometieron a la prueba molecular (hisopado nasofaríngeo) para saber si tenían la enfermedad o no.

Una mujer recibe la vacuna en Francia.

Reuters
La vacunación busca la protección comunitaria, por lo que el éxito del proceso no debe evaluarse a partir de resultados individuales.

“Moderna, en cambio, estableció que, para realizar tal examen, el individuo debía tener al menos dos síntomas o un signo muy claro de covid-19, como falta de aire”, agrega la especialista.

Esta diferencia, por supuesto, tuvo un impacto en los resultados de los análisis preliminares. No es exagerado especular que un número considerable de participantes que recibieron la vacuna de Moderna desarrollaron condiciones leves y moderadas de la enfermedad. Sin embargo, como no fueron sometidos a los métodos de diagnóstico, no supieron que tenían la infección.

Esta es una de las razones por las que los científicos no centran tanto su análisis en las tasas de eficacia: en el mundo real, puede ser que el 50,4% de CoronaVac se vuelva un poco más alto, mientras que el 94% de Moderna termine ligeramente reducido, y no hay problema con eso.

“Debemos entender que la vacuna no es como un medicamento con el que tratamos a una persona. La vacuna es algo que protege a la comunidad. No se puede analizar desde un punto de vista individual, sino de cómo se protege a toda una población”, explica la epidemióloga Denise Garrett, vicepresidenta del Instituto Sabin, una organización internacional sin fines de lucro que promueve la inmunización en todo el mundo.

Observaciones paralelas

Para demostrar su seguridad y eficacia, cada nueva vacuna se somete a un verdadero rito científico, que implica una serie de pasos.

“Todo comienza con experimentos en cultivos de células animales, donde vemos si las moléculas tienen potencial para funcionar en humanos”, explica el doctor Jorge Kalil, profesor de inmunología clínica de la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo.

Vacuna de moderna

Reuters
Todas las vacunas autorizadas fueron sometidas a rigurosas pruebas.

Si los resultados son buenos, el producto se prueba en humanos, en tres fases.

“Comenzamos con un número limitado de voluntarios en la fase uno y, a medida que avanza el conocimiento, evolucionamos a decenas de miles de participantes en la fase tres”, resume Kalil, quien también es director del Laboratorio de Inmunología del Instituto del Corazón (InCor), en Sao Paulo.

Las vacunas contra la covid-19 han atravesado (y siguen atravesando) esta maratón.

La tasa de eficacia sobre la covid-19 sintomática se establece precisamente en esta etapa de tres ensayos clínicos.

Pero eso no es lo único que miden los científicos: aprovechan toda la estructura para hacer estudios y mediciones “paralelas”, que se conocen como resultados secundarios.

No son el objetivo principal de ese trabajo, pero son conocimientos que también ayudan a comprender el poder de ese candidato para la inmunización.

“Además de saber que CoronaVac tenía una tasa de eficacia general del 50% contra la enfermedad sintomática, la investigación mostró una protección del 78% contra los síntomas leves que también necesitaban asistencia médica. Este fue un resultado secundario observado”, ejemplifica Kalil.

Por lo tanto, aunque se han diseñado estudios clínicos para evaluar la capacidad de las vacunas para prevenir el covid-19 sintomático, muchas de las pruebas ya indicaron que los beneficios podrían ser más prometedores.

Y esa evidencia ahora se está confirmando, con los primeros resultados de la vida real de las campañas de inmunización contra el coronavirus.

El ejemplo de Israel

Con aproximadamente 8,8 millones de habitantes, Israel fue el primer país del mundo en iniciar y expandir rápidamente una campaña de vacunación contra la covid-19.

“El país se ha convertido en un caso de estudio perfecto, ya que está utilizando la misma vacuna en toda la población y aplicando las dosis a un ritmo muy rápido”, señala Pasternak.

Puntos ce vacunación en Israel.

Getty Images
Israel tiene la campaña de inmunización contra la covid-19 más avanzada del mundo.

Los datos publicados la semana pasada por el Ministerio de Salud de Israel y las farmacéuticas responsables de la vacuna revelan resultados que superan las expectativas, como la caída dramática de casos, hospitalizaciones y muertes por covid-19.

“Los últimos análisis revelan que los individuos no vacunados tienen 44 veces más riesgo de desarrollar una infección sintomática y 28 veces más probabilidades de morir por la enfermedad”, dijeron las entidades, en un comunicado difundido a la prensa.

Nota: las pruebas de fase tres de inmunización de Pfizer y BioNTech se crearon para observar y medir la eficacia contra la covid-19 sintomática. Pero, en la experiencia de la vida real, todo indica que las dosis también son capaces de prevenir la infección (el primer elemento mencionado por la OMS) y las condiciones muy graves (el tercer elemento).

Además de Pfizer/BioNTech, las vacunas de Moderna y AstraZeneca/Oxford ya muestran efectos similares en lugares donde se aplican a gran escala.

“Esto significa que las vacunas pueden tener un impacto en la transmisión viral y, cuantas más personas estén protegidas, más difícil será para el virus encontrar a alguien vulnerable”, argumenta Garrett.

Pie en el acelerador

Hay un ingrediente adicional que exige campañas de inmunización aún más rápidas: el descubrimiento de nuevas variantes del coronavirus.

https://www.youtube.com/watch?v=lGUuIKrNxbE

Ya se sabe que estas versiones del agente infeccioso se propagan con mayor facilidad y que incluso pueden afectar a personas que ya tuvieron la enfermedad en los meses anteriores.

Otro temor es que estas mutaciones en el código genético viral hagan que las vacunas sean menos efectivas o que incluso las dejen completamente desactualizadas.

Precisamente por eso hay que acelerar la vacunación. “Las variantes son preocupantes. Las vacunas que tenemos en este momento dan cuenta de los tipos de coronavirus que se han descrito hasta ahora. Por lo tanto, no podemos dejar margen y tiempo para que aparezcan otras versiones y se escapen de la solución que tenemos”, advierte Pasternak.

La microbióloga apunta que, además de poner un pie en el acelerador de la vacunación, es necesario invertir más en secuenciación genética y vigilancia genómica para identificar estas nuevas amenazas desde su origen, antes de que se extiendan a otros rincones.


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